El pato salvaje

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obra de teatro

Text of El pato salvaje

  • Henrik Ibsen EL PATO SALVAJE

  • ACTO PRIMERO

    En casa de MRQUEZ. Despacho lujoso y confortable. Libreras repletas y muebles tapizados. En medio de la habitacin, un escritorio con papeles y registros. Lmparas encendidas, de pantallas verdes, esparcen suave luz. Por la puerta de dos hojas del foro, cuyos cortinajes estn levantados, se ve un gran saln elegante, alumbrado con lmparas y candelabros. En el despacho, a la derecha del primer trmino, una puerta pequea conduce a las oficinas. A la izquierda, chimenea con carbones encendidos. Ms al fondo, puerta de dos hojas tambin, que da al comedor. PETRA, y YOLANDA, ordenan el despacho. Con el golpe de un cuchillo en un vaso se anuncia un brindis. Silencio. Se reanuda la conversacin entre aplausos y bravos. PETRA. - (Mientras enciende una lmpara sobre la chimenea y la cubre luego con una pantalla.) Has odo. YOLANDA? El viejo se ha levantado para brindar en honor de la SEORITA ABASCAL. YOLANDA. -(Corriendo un silln.) Es verdad lo que dicen, de que hay algo entre ellos? PETRA. - El diablo lo sabr. YOLANDA. - En sus tiempos creo que era bastante mujeriego. PETRA. Ni te lo imaginas. YOLANDA. - Parece que da esta comida por su hijo. PETRA. - S; vino ayer. YOLANDA. - No saba que el seor MRQUEZ tuviera un hijo. PETRA. - Pues s que tiene un hijo, pero no se mueve nunca de la fbrica del Sur. En todos los aos que llevo en esta casa no ha venido ni una sola vez a la ciudad. YOLANDA. - (Suena un timbre. Abre YOLANDA. Desde la puerta del saln.) Oiga, PETRA: aqu hay un viejo que... PETRA. -(Refunfuando.) Que pase, que pase (El TENIENTE OLMEDO, aparece por la puerta del saln. Viste gabn muy rado, con cuello alto, guantes de lana, y en la mano sostiene una gorra de piel y un bastn. Bajo el brazo trae un paquete envuelto en papel gris. Lleva peluca de color castao rojizo y barbita canosa. PETRA va hacia l.) PETRA. -Pero, buen hombre, qu viene usted a hacer aqu a estas horas? TENIENTE OLMEDO. - (A la puerta.) Es indispensable que entre en el despacho. PETRA. - Hace una hora que est cerrada la oficina TENIENTE OLMEDO. -Eso me han dicho en el portal. Pero GALINDO est an ah. Sea amable, PETRA, y djeme pasar. (Seala con el dedo la puerta disimulada.) He venido por aqu otras veces. PETRA. -Bueno, bueno pase entonces. (Abre la puerta.) Pero no se olvide usted de salir por la puerta de siempre porque tenemos invitados. TENIENTE OLMEDO. -Ya lo s. Vaya! (PETRA cierra la puerta detrs de l.) YOLANDA. - Tambin ste es empleado de la casa? PETRA. - No. Slo le dan copias cuando hay mucho trabajo. Pero en su poca era todo un seor el viejo OLMEDO. YOLANDA. - S, por supuesto, tiene aire de algo.

  • PETRA. - Ya lo creo. Como que fue teniente, figrese! YOLANDA. - Carayl Nada menos que teniente! PETRA. - S; pero despus se dedic a negocios de bosques o algo por el estilo. Dicen que le hizo una mala pasada al seor en una ocasin. Los dos eran socios de la fbrica de maderas, sabes? Oh! conozco muy bien al viejo TENIENTE OLMEDO. YOLANDA. Se le va muy cado al pobre hombre. PETRA. Si Hay que ser amable con la gente de posicin cuando les ha ido mal. YOLANDA. - Quebr? PETRA. - Peor, an; estuvo en la crcel. YOLANDA. - En la crcel? PETRA. - S, estuvo preso. (Escuchando.) Chist! Ya empiezan a levantarse de la mesa. (Abren de par en par la puerta del comedor. La SEORITA ABASCAL sale conversando con un par de invitados. Poco a poco van apareciendo todos los comensales, entre ellos el Director MRQUEZ, JULIN OLMEDO y Gregorio MRQUEZ, que llegan los ltimos.) SEORITA ABASCAL. - (De paso, a la criada.) PETRA, haga usted el favor de servir el caf en el saln de msica. PETRA. - Est bien, seora. (La SEORITA ABASCAL y los invitados pasan al saln) SEOR GRANADOS. - (A la Seora Castro) Uf, qu comida ...! Menudo trabajo SEORA CASTRO. - Con un poco de buena voluntad es increble lo que se puede hacer en tres horas. SEORA LAGO.SI; pero, despus..., mi querida Seora Castro, despus... SEORA CASTRO. - Oigo que van a servir el caf y los licores en el saln de msica. SEORA LAGO. - Magnfico! Al parecer, la SEORITA ABASCAL va a tocar algo. SEORA CASTRO. - (Bajando la voz.) Con tal que la SEORITA ABASCAL no se olvide de nosotros... SEORA LAGO. - No, de ningn modo; ella no abandona a sus viejos amigos. (Salen riendo por la puerta del saln.) EL DIRECTOR MRQUEZ. - (En voz baja y preocupado) No creo que se haya fijado nadie, Gregorio. GREGORIO. - En qu? EL DIRECTOR MRQUEZ. - Tampoco lo has notado t? GREGORIO. - Qu iba a notar? EL DIRECTOR MRQUEZ. - Hemos sido trece a la mesa... GREGORIO. - Ah! s? ramos trece? EL DIRECTOR MRQUEZ. - (Lanzando una ojeada a JULIN.) Antes ramos doce. (A los otros comensales) Tengan la bondad, seores... (Van l y los dems por la puerta de foro hacia la derecha, menos JULIN y Gregorio.) JULIN. - (Que ha odo la conversacin.) No debas haberme invitado, Gregorio. GREGORIO. - Cmo! Se da la fiesta en mi honor, y no voy a tener derecho a invitar a mi mejor amigo?

  • JULIN. - Pero creo que a tu padre no le ha gustado. Como no frecuento la casa. GREGORIO. - Es verdad, ya me lo han dicho. Quise verte y hablar contigo, porque lo ms probable es que me marche pronto. Cunto nos hemos distanciado desde nuestros tiempos de colegiales! Lo menos hace diecisis o diecisiete aos que no hemos vuelto a vernos. JULIN. - Tanto tiempo? GREGORIO. - Claro. Oye: y cmo te va? Tienes buen aspecto. Casi dira que ests grueso. JULIN. - Hum! no creo que pueda decirse precisamente grueso; pero, eso s, me siento ms viril que antes. GREGORIO. -Tienes razn. Sigues igual. JULIN. - (Con gesto lgubre.) Pero y mi moral? Esa s que ha cambiado Ya sabes cmo se hundi todo para m y para los mos desde que no nos vemos .. GREGORIO. - (Ms bajo.) Cmo est tu padre ahora? JULIN. - Gregorio, ms vale no hablar de ello. Mi pobre padre vive conmigo, como es lgico. No tiene a nadie ms en el mundo. Pero es tan doloroso para m hablar de esas cosas... Comprendes? Pero cuntame tu cmo te ha ido all en la fbrica. GREGORIO. - He estado gratamente aislado; de modo que he tenido una buena oportunidad para meditar sobre muchas cosas. Ven aqu; podremos hablar ms a gusto. (Se sienta ante la chimenea, en un silln, obligando a JULIN a sentarse en otro.) JULIN. - (Emocionado.) Gregorio, no sabes lo agradecido que te estoy por haberme invitado a comer en casa de tu padre; eso me demuestra que ya no tienes nada contra m. GREGORIO. - (Extraado.) Cmo se te puede ocurrir que yo tuv iera algo contra ti? JULIN. - Al menos, lo tenas hace unos aos. GREGORIO. - Cundo? JULIN. - A raz del desastre. Y es natural... Falt muy poco para que t mismo padre se viera comprometido en... esas historias odiosas. GREGORIO. - Y crees que por eso iba yo a tener algo contra ti?... Quin te lo ha hecho creer?... JULIN. - Lo s, Gregorio; tu mismo padre me lo ha dicho. GREGORIO. - (Asombrado.) Mi padre? Ah! ya caigo... Ha sido por eso por lo que no has dado seal de vida en todo este tiempo, sin escribirme una palabra? JULIN. - S. GREGORIO. - Ni cuando te decidiste a hacerte fotgrafo? JULIN. - Tu padre me indic la conveniencia de que no te escribiera, de que no te contara nada... GREGORIO. - (Mirando al vaco.) S, puede que tuviese razn. Pero dime, JULIN ests satisfecho de tu situacin? JULIN. - (Con un ligero suspiro.) Qu quieres que te diga? Al principio, como supondrs, me result un poco incmodo. Eran las circunstancias tan diferentes! En el fondo, era diferente todo. La desgracia de mi padre, la vergenza, la deshonra... GREGORIO. - (Conmovido.) S, s, lo comprendo.

  • JULIN. - No poda pensar en seguir mis estudios; no nos quedaba ni un cntimo. En cambio, abundaban las deudas, la mayora con tu padre... GREGORIO. - Pero... JULIN. - Juzgu que lo mejor que poda hacerse era romper de una vez con el pasado y con todo lo que nos ligase a l. Tu padre especialmente fue quien me lo aconsej. Y como haba tenido la bondad de preocuparse de m... GREGORIO. - Mi padre? JULIN. - S, no lo sabas?... De dnde crees que poda yo sacar el dinero para mi aprendizaje de fotgrafo? Y para montar mi estudio y establecerme?... La cosa cuesta lo suyo. GREGORIO. - Y ha pagado mi padre todo eso?... JULIN. S, Gregorio. Es posible que no lo supieras? Cre entender que te lo haba escrito. GREGORIO. -Pues no me ha dicho ni una palabra. Lo habr olvidado. Adems, nuestra correspondencia se reduce a cuestiones de negocios. De manera que fue mi padre...? JULIN. - S, l fue. Nunca quiso que lo supiese nadie; pero fue l. Y tambin gracias a l pude casarme. No sabas eso tampoco? GREGORIO. -Tampoco lo saba. (Asiendo a JULIN del brazo.) Pero querido JULIN, no puedes figurarte lo que me alegra todo esto... y lo que me remuerde al mismo tiempo... Tal vez en algunas cosas haya sido injusto con mi padre... S porque ello demuestra corazn, demuestra que tiene algo de conciencia. JULIN. - Dices conciencia? GREGORIO. - S conciencia, o como quieras llamarlo. No encuentro palabra para expresar el alegrn que me das contndome eso de mi padre. Conque te has casado, JULIN? Yo no puedo decir otro tanto. Espero que, como hombre casado, seas feliz. JULIN. - Sin duda. Ella es una mujer tan guapa y tan buena conmigo. GREGORIO. -(Algo extraado.) Me lo imagino... JULIN. - Te aseguro que no reconoceras a RITA. GREGORIO. - RITA? JULIN. - S, hombre. No te acuerdas de que se llamaba RITA? GREGORIO. - RITA?... No me acuerdo ni por asomo... JULIN. - Pero has olvidado que estuvo sirviendo en esta casa durante algn tiempo? GREGORIO. - (Mirndole.) Se trata de RITA OSORIO? JULIN. -Eso es, de RITA OSORIO. GREGORIO. - La que administraba la casa durante los dos ltimos aos de la enfermedad de mi madre? JULIN. -La misma. Pero, Gregorio, estoy seguro de que tu padre te escribi que me haba casado. GREGORIO. - (Ponindose de pie.) S; en efecto, me lo escribi (Da algunos pasos por la estancia.) Aunque, calla... , me parece que s... , ahora recuerd