Pato Salvaje

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  • Henrik Ibsen

    EL PATO SALVAJE

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    Texto de dominio pblico. Este texto digital es de DOMINIO PBLICO en Argentina por cumplirse ms de 30 aos de la muerte de su autor (Ley 11.723 de Propiedad Intelectual). Sin embargo no todas las leyes de Propiedad Intelectual son iguales en los diferentes pases del mundo. Infrmese de la situacin de su pas antes de la distribucin pblica de este texto.

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    ACTO PRIMERO En casa de Werle. Despacho lujoso y confortable. Libreras repletas y muebles tapizados. En medio de la habitacin, un escritorio con papeles y registros. Lmparas encendidas, de pantallas verdes, esparcen suave luz. Por la puerta de dos hojas del foro, cuyos cortinajes estn levantados, se ve un gran saln elegante, alumbrado con lmparas y candelabros. En el despacho, a la derecha del primer trmino, una puerta pequea conduce a las oficinas. A la izquierda, chimenea con carbones encendidos. Ms al fondo, puerta de dos hojas tambin, que da al comedor. Pettersen, de librea, y Jensen, de frac, ordenan el despacho. En el saln dos o tres criados arreglan y encienden las luces. Del comedor viene un rumoreo de conversaciones y risas. Con el golpe de un cuchillo en un vaso se anuncia un brindis. Silencio. Se reanuda la conversacin entre aplausos y bravos. PETTERSEN. - (Mientras enciende una lmpara sobre la chimenea y la cubre luego con una pantalla.) Has odo. Jensen? El viejo se ha levantado para brindar en honor de la seora Soerby. JENSEN. -(Corriendo un silln.) Es verdad lo que dicen, de que hay algo entre ellos? PETERSEN. - El diablo lo sabr. JENSEN. - En sus tiempos creo que era bastante mujeriego. PETTERSEN. - Acaso. JENSEN. - Parece que da esta comida por su hijo. PETTERSEN. - S; vino ayer. JENSEN. - No saba que el seor Werle tuviera un hijo. PETTERSEN. - Pues s que tiene un hijo, pero no se mueve nunca de la fbrica de Ekdal. En todos los aos que llevo en esta casa no ha venido ni una sola vez a la ciudad. OTRO CRIADO INTERINO. - (Desde la puerta del saln.) Oiga, Pettersen: aqu hay un viejo que... PETTERSEN. -(Refunfuando.) Diantre! Quin ser a estas horas? (Ekdal, padre, aparece por la puerta del saln. Viste gabn muy rado, con cuello alto, guantes de lana, y en la mano sostiene una gorra de piel y un bastn. Bajo el brazo trae un paquete envuelto en papel gris. Lleva peluca de color castao rojizo y barbita canosa. Pettersen va hacia l.) PETTERSEN. -Pero, hombre, qu viene usted a hacer aqu? EKDAL. - (A la puerta.) Es indispensable que entre en el despacho, Pettersen. PETTERSEN. - Hace una hora que est cerrada la oficina EKDAL. -Eso me han dicho en el portal, amigo. Pero Graaberg est an ah. Sea amable, Pettersen, y djeme pasar. (Seala con el dedo la puerta disimulada.) He venido por aqu otras veces. PETTERSEN. -Bueno, bueno pase entonces. (Abre la puerta.) Pero no se olvide usted de salir por la puerta de siempre porque tenemos invitados. EKDAL. -Ya lo s. Vaya! gracias, buen Pettersen. Gracias, viejo amigo. (Entre dientes.) Imbcil! (Entra en las oficinas.) 3

  • El pato salvaje www.infotematica.com.ar (Pettersen cierra la puerta detrs de l.) JENSEN. - Tambin ste es empleado de la casa? PETTERSEN. - No. Slo le dan copias cuando hay mucho trabajo. Pero en su poca era todo un seor el viejo Ekdal. JENSEN. - S, por supuesto, tiene aire de algo. PETTERSEN. - Ya lo creo. Como que fue teniente, figrese! JENSEN. - Carayl Nada menos que teniente! PETTERSEN. - S; pero despus se dedic a negocios de bosques o algo por el estilo. Dicen que le hizo una mala pasada al seor en una ocasin. Los dos eran socios de la fbrica de Hoidal, sabe usted? Oh! conozco muy bien al viejo Ekdal. Muchas veces hemos bebido una botella de cerveza juntos en el caf de la seora Eriksen. JENSEN. - Supongo que poco podr convidar el pobre hombre. PETTERSEN. - Vamos, Jensen! Ya supondr usted que soy yo el que convida. Creo que hay que ser amable con la gente de posicin cuando les ha ido mal. JENSEN. - Quebr? PETTERSEN. - Peor, an; estuvo en la crcel. JENSEN. - En la crcel? PETTERSEN. - S, estuvo preso. (escuchando.) Chist! Ya empiezan a levantarse de la mesa. (Dos criados abren de par en par la puerta del comedor.) La seora Soerby sale conversando con un par de seores. Poco a poco van apareciendo todos los comensales, entre ellos el Director Werle, Hjalmar Ekdal y Gregorio Werle, que llegan los ltimos.) SEORA SOERBY. - (De paso, al criado.) Pettersen, haga usted servir el caf en el saln de msica. PETTERSEN. - Est bien, seora. (La Seora Soerby y los dos seores pasan al saln y tuercen a la derecha. Pettersen y Tensen siguen el mismo camino.) UN SEOR GORDO Y PALIDO. - (A un Seor Calvo) Uf, qu comida ...! Menudo trabajo ...! EL SEOR CALVO. - Con un poco de buena voluntad es increble lo que se puede hacer en tres horas. EL SEOR GORDO.SI; pero, despus..., mi querido chambeln, despus... EL SEOR CALVO. - Oigo que van a servir el caf y los licores en el saln de msica. EL SEOR GORDO. - Magnfico! Al parecer, la seora Soerby va a tocar algo. EL SEOR CALVO. - (Bajando la voz.) Con tal que seora Soerby no se olvide de nosotros... EL SEOR GORDO. - No, de ningn modo; Berta no abandona a sus viejos amigos. (Salen riendo por la puerta del saln.) EL DIRECTOR WERLE. - (En voz baja y preocupado) No creo que se haya fijado nadie, Gregorio. GREGORIO. - En qu?

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  • El pato salvaje www.infotematica.com.ar EL DIRECTOR WERLE. - Tampoco lo has notado t? GREGORIO. - Qu iba a notar? EL DIRECTOR WERLE. - Hemos sido trece a la mesa... GREGORIO. - Ah! s? Eramos trece? EL DIRECTOR WERLE. - (Lanzando una ojeada a Hjalmar Ekdal.) Antes ramos doce. (A los otros comensales) Tengan la bondad, seores... (Van l y los dems por la puerta de foro hacia la derecha, menos Hjalmar y Gregorio.) HJALMAR. - (Que ha odo la conversacin.) No deba haberme invitado, Gregorio. GREGORIO. - Cmo! Se da la fiesta en mi honor, y no voy a tener derecho a invitar a mi mejor amigo? HJALMAR. - Pero creo que a tu padre no le ha gustado. Como no frecuento la casa. GREGORIO. - Es verdad, ya me lo han dicho. Quise verte y hablar contigo, porque lo ms probable es que me marche pronto. Cunto nos hemos distanciado desde nuestros tiempos de colegiales! Lo menos hace diecisis o diecisiete aos que no hemos vuelto a vernos. HJALMAR. - Tanto tiempo? GREGORIO. - Claro. Oye: y cmo te va? Tienes buen aspecto. Casi dira que ests grueso. HJALMAR. - Hum! no creo que pueda decirse precisamente grueso; pero, eso s, me siento ms viril que antes. GREGORIO. -Tienes razn. Tu fsico no ha padecido nada. HJALMAR. - (Con gesto lgubre.) Pero y mi moral? Esa s que ha cambiado Ya sabes cmo su hundi todo para m y para los mos desde que no nos vemos ... GREGORIO. - (Ms bajo.) Cmo est tu padre ahora? HJALMAR. - Querido, ms vale no hablar de ello. Mi pobre padre vive conmigo, como es lgico. No tiene a nadie ms en el mundo. Pero es tan doloroso para m hablar de esas cosas... , comprendes? Cuntame, por tu parte, cmo te ha ido all en la fbrica. GREGORIO. - He estado gratamente aislado; de modo que he tenido una buena oportunidad para meditar sobre muchas cosas. Ven aqu; podremos hablar ms a gusto. (Se sienta ante la chimenea, en un silln, obligando a Hjalmar a sentarse en otro.) HJALMAR. - (Emocionado.) Gregorio, no sabes lo agradecido que te estoy por haberme invitado a comer en casa de tu padre; eso me demuestra que ya no tienes nada contra m. GREGORIO. - (Extraado.) Cmo se te puede ocurrir que yo tuviera contra ti algo? HJALMAR. - Al menos, lo tenas hace unos aos. GREGORIO. - Cundo? HJALMAR. - A raz del desastre. Y es natural... Falt muy poco para que tu mismo padre se viera comprometido en... esas historias odiosas. GREGORIO. - Y crees que por eso iba yo a tener algo contra ti?... Quin te lo haba hecho creer?... HJALMAR. - Lo s, Gregorio; tu mismo padre me lo ha dicho. GREGORIO. - (Asombrado.) Mi padre? Ah! ya caigo... Ha sido por eso por lo que no has

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  • El pato salvaje www.infotematica.com.ar dado seal de vida en todo este tiempo, sin escribirme una palabra? HJALMAR. - S. GREGORIO. - Ni cuando te decidiste a hacerte fotgrafo? HJALMAR. - Tu padre me indic la conveniencia de que no te escribiera, de que no te contara nada... GREGORIO. - (Mirando al vaco.) S, puede que tuviese razn. Pero dime, Hjalmar: ests satisfecho de tu situacin? HJALMAR. - (Con un ligero suspiro.) Qu quieres que te diga? Al principio, como supondrs, me result un poco incmodo. Eran las circunstancias tan diferentes! En el fondo, era diferente todo. La desgracia de mi padre, la vergenza, la deshonra... GREGORIO. - (Conmovido.) S, s, lo comprendo. HJALMAR. - No poda pensar en seguir mis estudios; no nos quedaba ni un skillin 1 . En cambio, abundaban las deudas, la mayora con tu padre, segn tengo entendido... GREGORIO. - Pero... HJALMAR. - Juzgu que lo mejor que poda hacerse era romper de una vez con el pasado y con todo lo que nos ligase a l. Tu padre especialmente fue quien me lo aconsej. Y como haba tenido la bondad de preocuparse de m... GREGORIO. - Mi padre? HJALMAR. - S, no lo sabas?... De dnde crees que poda yo sacar el dinero para mi aprendizaje de fotgrafo? Y para montar mi estudio y establecerme?... La cosa cuesta lo suyo. GREGORIO. - Y ha pagado mi padre todo eso?... HJALMAR. - S, querido. Es posible que no lo supieras? Cre entend