Beccaria Resumen

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resumen del libro beccaria

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resumen del tratado de los delitos y de las penas

RESUMEN DEL LIBRO: TRATADO DE LOS DELITOS Y DE LAS PENASCURSO: CRIMINOLOGA DOCENTE: MAG. HONORES YGLESIAS, CARLOS ANTONIOALUMNOS: CHICO CABELLOS, FRANCO FLORES ARQUEROS, YESSICA GONZLES CABANILLAS, LESLIE QUISPE CABANILLAS, ALIS CAROL RUBIO CASTRO, CARLOS DIEGO SANDOVAL GMEZ, MARA CLAUDIA TIRADO LA MATTA, ROSSY TORIBIO CRUZADO, SHIRLEY BEATRIZVIDARTE GIL, FRANKLINCICLO: VII BTRUJILLO PER2014NDICETRATADO DE LOS DELITOS Y DE LAS PENAS6CAPTULO I: ORIGEN DE LAS PENAS6CAPTULO II: DERECHO A CASTIGAR6CAPTULO III: CONSECUENCIAS6CAPTULO IV: INTERPRETACIN DE LAS LEYES7CAPTULO V: LA OSCURIDAD DE LAS LEYES7CAPTULO VI: PROPORCIN ENTRE LOS DELITOS Y LAS PENAS7CAPTULO VII: ERRORES EN LA GRADUACIN DE LAS PENAS8CAPTULO VIII: DIVISIN DE LOS DELITOS8CAPTULO IX: DEL HONOR9CAPTULO X: DE LOS DUELOS9CAPTULO XI: DE LA TRANQUILIDAD PBLICA9CAPTULO XII: FIN DE LAS PENAS10CAPTULO XIII: DE LOS TESTIGOS10CAPTULO XIV: INDICIOS Y FORMAS DE JUICIO10CAPTULO XV: ACUSACIONES SECRETAS11CAPTULO XVI: DEL TORMENTO11CAPTULO XVII: DEL ESPRITU DEL FISCO12CAPTULO XVIII: DE LOS JURAMENTOS12CAPTULO XIX: PRONTITUD DE LA PENA12CAPTULO XX: VIOLENCIAS13CAPTULO XXI: PENA DE LOS NOBLES13CAPTULO XXII: HURTOS13CAPTULO XXIII: INFAMIAS14CAPTULO XXIV: OCIOSOS14CAPTULO XXV: DESTIERROS Y CONFISCACIONES15CAPTULO XXVI: DEL ESPRITU DE FAMILIA15CAPTULO XXVII: DULZURA DE LAS PENAS16SUPLEMENTO AL CAPTULO XXVIII: CONSIDERACIONES SOBRE LA PENA DE MUERTE - POR EL SEOR CONDE ROEDERER17CAPTULO XXVIII: DE LA PENA DE MUERTE18CAPTULO XXIX: DE LA PRISIN19CAPTULO XXX: PROCESOS Y PRESCRIPCIONES19CAPTULO XXXI: DELITOS DE PRUEBA DIFCIL20CAPTULO XXXII: SUICIDIO21CAPTULO XXXIII: CONTRABANDOS21CAPTULO XXXIV: DE LOS DEUDORES22CAPTULO XXXV: ASILOS22CAPTULO XXXVI: DE LA TALLA23CAPTULO XXXVII: ATENTADOS, CMPLICE, IMPUNIDAD23CAPTULO XXXVIII: INTERROGACIONES SUGESTIVAS Y DEPOSICIONES24CAPTULO XXXIX: DE UN GNERO PARTICULAR DE DELITOS24CAPTULO XL: FALSAS IDEAS DE UTILIDAD25CAPTULO XLI: COMO SE EVITAN LOS DELITOS25CAPTULO XLII: DE LAS CIENCIAS26CAPTULO XLIII: MAGISTRADOS27CAPTULO XLIV: RECOMPENSAS27CAPTULO XLV: EDUCACIN27CAPTULO XLVI: DEL PERDN28CAPTULO XLVII: CONCLUSIN28COMENTARIO SOBRE EL LIBRO DE LOS DELITOS Y DE LAS PENAS POR VOLTAIRE29CAPTULO I: MOTIVO DE ESTE COMENTARIO29CAPTULO II: DE LOS SUPLICIOS30CAPTULO III: DE LAS PENAS CONTRA LOS HEREJES30CAPTULO IV: DE LA EXTIRPACIN DE LAS HEREJAS32CAPTULO V: DE LAS PROFANACIONES34CAPTULO VI: INDULGENCIAS DE LOS ROMANOS SOBRE EL PARTICULAR35CAPTULO VII: DEL CRIMEN DE LA PREDICACIN Y DE ANTONIO35CAPTULO VIII: HISTORIA DE SIMN MORN36CAPTULO IX: DE LOS HECHICEROS37CAPTULO X: DE LA PENA DE MUERTE37CAPTULO XI: DE LOS TESTIGOS38CAPTULO XII: DE LA EJECUCIN DE SENTENCIAS38CAPTULO XIII: DE LOS TORMENTOS39CAPTULO XIV: DE ALGUNOS TRIBUNALES DE SANGRE39CAPTULO XV: DE LA DIFERENCIA QUE HAY ENTRE LAS LEYES POLTICAS Y LAS NATURALES40CAPTULO XVI: DEL CRIMEN DE ALTA TRAICIN, DE TITO OATES Y DE LA MUERTE DE AUGUSTO DE THOU41CAPTULO XVII: DE LA REVELACIN HECHA DE LA CONFESIN43CAPTULO XVIII: DE LA FALSA MONEDA44CAPTULO XIX: DEL ROBO DOMSTICO44CAPTULO XX: DEL SUICIDIO44CAPTULO XXI: DE CIERTA ESPECIE DE MUTILACIN45CAPTULO XXII: DE LA CONFISCACIN QUE LLEVAN CONSIGO LOS DELITOS DE QUE ACABAMOS DE HABLAR46CAPTULO XXIII: DE LOS PROCEDIMIENTOS CRIMINALES Y DE ALGUNAS OTRAS FORMAS47RESPUESTA DE BECCARIA A LAS NOTAS Y LAS OBSERVACIONES DE UN FRAILE DOMINICO SOBRE EL LIBRO DE LOS DELITOS Y PENAS51CAPTULO I: ACUSACIN DE IMPIEDAD51CAPTULO II: ACUSACIONES DE SEDICIN52ESTUDIO PRELIMINAR SOBRE EL TRATADO DE LAS VIRTUDES Y DE LOS PREMIOS POR GUILLERMO CABANELLAS52CAPTULO I: LA OBRA DE DRAGONETTI52CAPTULO II: EL CIUDADANO RAMN SALAS53CAPTULO III: EL MARQUS DE DRAGONETTI53TRATADOS DE LAS VIRTUDES DE LOS PREMIOS PARA SERVIR DE CONTINUACIN AL TRATADO DE LOS DELITOS Y DE LAS PENAS54CAPTULO I: ORIGEN DE LA VIRTUD54CAPTULO II: DE LOS PREMIOS DEBIDOS A LA VIRTUD55CAPTULO III: PROPORCIONES ENTRE LAS VIRTUDES Y LOS PREMIOS55CAPTULO IV: ERRORES EN LA DISTRIBUCIN DE LAS RECOMPENSAS55CAPTULO V: DIVISIN DE LAS VIRTUDES56CAPTULO VI: DE LA INVENCIN DE LAS ARTES57CAPTULO VII: DE LA AGRICULTURA57CAPTULO VIII: DE LA NAVEGACIN58CAPTULO IX: DE LA GUERRA59CAPTULO XI: DE LAS CIENCIAS63CAPTULO XII: DE LA POLTICA64CAPTULO XIII: DE LA JURISPRUDENCIA65CONCLUSIN66ANEXOS68

TRATADO DE LOS DELITOS Y DE LAS PENASCAPTULO I: ORIGEN DE LAS PENASLos hombres tenan una libertad que les era intil por la incertidumbre de conservarla. Sacrificaron cada uno una porcin de su libertad para formar una soberana para el bien de cada uno. Pero era tambin necesario defenderlo pues usurpaciones privadas de cada hombre procuraban no solo quitar su porcin de libertad si no tambin tomar la de los dems. Para evitar esas usurpaciones se necesitaban los motivos sensibles, que son las penas, establecidas contra los infractores que quisiesen sumergir las leyes de la sociedad en su caos antiguo.CAPTULO II: DERECHO A CASTIGARTodo acto de autoridad de hombre a hombre, que no se derive de la absoluta necesidad, es tirnico. El soberano tiene derecho a castigar los delitos sobre la necesidad de defender el depsito de la salud pblica de las particulares usurpaciones.Fue la necesidad quien oblig a los hombres a ceder parte de su libertad propia, y es cierto que cada uno no quiere poner en el depsito pblico si no la porcin ms pequea que sea posible.CAPTULO III: CONSECUENCIASSolo las leyes pueden decretar las penas de los delitos; y esta autoridad debe residir nicamente en el legislador, que representa toda la sociedad unida por el contrato social. Ningn magistrado puede aumentar la pena establecida contra un ciudadano delincuente.El soberano puede nicamente formar leyes generales que obliguen a todos los miembros, pero no juzgar cuando alguno haya violado el contrato social. Es pues, necesario que un tercero juzgue de la verdad del hecho, y veis aqu la necesidad de un magistrado, cuyas sentencias sean inapelables, y consistan en meras aserciones o negativas de hechos particulares.CAPTULO IV: INTERPRETACIN DE LAS LEYESTampoco la autoridad de interpretar las leyes penales puede residir en los jueces criminales por la misma razn que no son legisladores. Los jueces reciben las leyes como un juramento tcito o expreso, que las voluntades reunidas de los sbditos vivientes han hecho al Soberano, como vnculos necesarios para sujetar o regir la fermentacin interior de los intereses particulares. En todo delito debe hacerse por el juez un silogismo perfecto. Cuando el juez por fuerza o voluntad quiere hacer ms de un silogismo, se abre la puerta a la incertidumbre.No hay cosa tan peligrosa como aquel axioma comn, que propone por necesario consultar el espritu de la ley.Un desorden que nace de la rigurosa y literal observancia de una ley penal, no puede compararse con los desrdenes que nacen de la interpretacin. Obliga este momentneo inconveniente a practica la fcil y necesaria correccin en las palabras de la ley que son ocasin de la incertidumbre, impidiendo la fatal licencia de raciocinar, origen de las arbitrarias y venales altercaciones.CAPTULO V: LA OSCURIDAD DE LAS LEYESCuanto mayor fuese el nmero de personas que entienden la ley, menos frecuentes seran los delitos, pues la ignorancia y la incertidumbre ayudan la elocuencia de las pasiones.Sin leyes escritas no tomar jams una sociedad forma fija de gobierno, en donde la fuerza sea un efecto del todo y no de las partes.CAPTULO VI: PROPORCIN ENTRE LOS DELITOS Y LAS PENASNo solo es inters comn que no se cometan delitos, an es el que sea menos frecuente, a proporcin del dao que causan en la sociedad. As pues ms fuertes deben ser los motivos que retraigan los hombres de los delitos, a medida que son contrarios al bien pblico, y a medida de los estmulos que los inducen a cometerles. Debe por esto haber una proporcin entre los delitos y las penas, encontrndonos con una escala de desrdenes, cuyo primer grado consiste en aquellos que destruyen inmediatamente la sociedad y el ltimo en la ms pequea injusticia posible cometida contra los miembros particulares de ella. Entre estos extremos estn comprendidas todas las acciones opuestas al bien pblico, que se llaman delitos, y todas van aminorndose por grados insensibles desde el mayor al ms pequeo. Bastar al sabio legislador sealar los puntos principales, sin turbar el orden, no decretando contra los delitos del primer grado las penas del ltimo.Cualquier accin no comprendida entre los lmites sealados, no puede ser llamada delito o castigada como tal, sino por aquellos que encuentran su inters en darle este nombre. Si se destina una pena igual a dos delitos, que ofendan desigualmente a la sociedad, los hombres no encontrarn un estorbo muy fuerte para cometer el mayor, cuando hallen en l unida mayor ventaja.CAPTULO VII: ERRORES EN LA GRADUACIN DE LAS PENASLa verdadera medida de los delitos es el dao hecho a la sociedad, y por esto han errado lo que creyeron serlo la intencin del que los comete. La intencin depende de la impresin actual de los objetos y de la interior disposicin de la mente, que varan en todos los hombres, y en cada uno de ellos con la velocsima sucesin de las ideas, sera necesario forma no un solo cdice particular para cada ciudadano.Otros miden los delitos ms por la dignidad de la persona ofendida, que por su importancia, respecto del bien pblico. Si esta fuese la verdadera medida una irreverencia contra el supremo Ser debera castigarse ms atrozmente que el asesino de un monarca; siendo la diferencia de la ofensa de una recompensa infinita por la superioridad de la naturaleza.CAPTULO VIII: DIVISIN DE LOS DELITOSAlgunos delitos destruyen inmediatamente la sociedad o quien la representa, otros ofenden la particular seguridad de alguno o algunos ciudadanos en la vida, en los bienes o en el honor, y otros son acciones contrarias a lo que cada uno est obligado de hacer o no hacer, segn las leye