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VIGILAR Y CASTIGAR .docx

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Resumen de la obra Vigilar y castigar de foucault en la que explica los metodos de castigo del siglo XVIII.

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I. SUPLICIO

1. EL CUERPO DE LOS CONDENADOSHe aqu, pues un suplicio y un empleo de tiempo. Menos de un siglo los separa. Es la poca en la que fue redistribuida en Europa y en los Estados Unidos, toda la economa del castigo. Por lo que toca a la justicia penal una nueva era, entre tantas modificaciones, sealare una. La desaparicin de los suplicios.Tenemos un hecho; en cuantas dcadas, ha desaparecido el cuerpo supliciado, descuartizado, amputado, marcado simblicamente en el rostro o en el hombre, expuesto vivo o muerto, ofrecido en espectculo. Ha desaparecido el cuerpo como blanco mayor de la represin penal.El castigo ha dejado poco a poco de ser teatro. Y todo lo que poda tener de espectculo se encontrara en adelante marcado con un ndice negativo.A partir de este momento, el escndalo y la luz se repartirn de modo distinto, dado que es la propia condena la que supone que maraca al delincuente con un signo negativo y univoco, por lo tanto los debates y las sentencias, pero la ejecucin misma es como una vergenza suplementaria, que la justicia se avergenza de imponerle al condenado, que se mantiene, pues a distancia, y tiene siempre ser confiada a otros y bajo secreto. Es feo ser digno de castigo, pero poco glorioso castigar. La ejecucin de la pena pasa a convertirse, en un sector autnomo, un mecanismo administrativo del cual la justicia se desentiende, liberndose as de su sorda desazn por un escamoteo burocrtico de la pena. Loesencial de la pena que nosotros, los jueces infligimos, no crean ustedes que consiste en castigar; trata de corregir, reformar, curar una tcnica del mejoramiento rechaza en la pena, la estricta expiacin del mal y libera a los magistrados de la fea misin de castigar.Se dir que la prisin, la reclusin, los trabajos forzados, el presidio, la interdiccin de residencia, la deportacin que han ocupado un lugar tan importante en los sistemas penales modernos- son realmente penas fsicas que, a diferencia de la multa, recaen y directamente sobre el cuerpo. Pero en ellas la relacin castigo-cuerpo no es idntica a la que haba en los suplicios. El cuerpo se encuentra aqu en situacin de instrumento o de intermediario y, si se interviene sobre l encerrndolo o hacindolo trabajar, es para privar al individuo de una libertad considerada a la vez como un derecho y un bien. La reduccin de estas mil muertes a la estricta ejecucin capital define toda una nueva moral propia del acto de castigar.Desaparece, pues, en los comienzos del siglo XIX, el gran espectculo de la pena fsica, se disimula el cuerpo suplicando y se excluye del castigo el aparato teatral del sufrimiento. Se entra en la era de la sobriedad punitiva.Pero basta mencionar tantas precauciones para comprender que la muerte penal sigue siendo en su fondo, todava hoy, un espectculo, que es necesario, precisamente, prohibir. En cuanto a la accin sobre el cuerpo, tampoco se suprime por completo amediados del siglo XIX. Sin duda, la pena ha dejado de estar centrada en el suplicio como tcnica de sufrimiento para pasar a tener por objeto principal la prdida de un bien o de un derecho. Pero castigos como los trabajos forzados o incluso la prisin mera privacin de libertad- no han funcionado jams sin cierto suplemento punitivo que concierne realmente en el cuerpo mismo: racionamiento alimentario, privacin sexual, golpes, celda. Consecuencia no perseguida, pero inevitable, del encierro.Mably ha formulado el principio, de una vez para siempre: Que el castigo, si se me permite hablar as, caiga sobre el alma ms que sobre el cuerpo. La definicin de las infracciones, la jerarqua de su gravedad, los mrgenes de indulgencia, lo que se toleraba de hecho y lo que estaba legalmente permitido, todo esto se ha modificado ampliamente desde hace 200 aos; muchos delitos han dejado de serlo por estar vinculados a determinado ejercicio de la autoridad religiosa o a un tipo de vida econmica: la divisin entre lo permitido y lo prohibido ha conservado, de un siglo a otro, cierta constancia, el objeto crimen. Aquello sobre lo que se ejerce la practica penal, ha sido profundamente modificado.Todo un conjunto de juicios apreciativos, diagnsticos, pronsticos, normativos, referente al individuo delincuente se ha alojado en el armazn del juicio penal. El cdigo francs de 1810, no se planteaba hasta el final del artculo 64 que dice que no hay ningn crimen nidelito si el infractor se hallaba en estado de demencia en el momento del acto. No solo el examen del delincuente sospechoso de demencia, sino los efectos mismos, de tal examen deban ser externos y anteriores a la sentencia. Han admitido que se podra ser culpable y loco (tanto menos culpable cuanto un poco ms loco) culpable indudablemente pero para encerrarlo y cuidarlo que para castigarlo; culpable peligroso ya que se hallaba manifiestamente enfermo. La reforma de 1832 que introduca las circunstancias atenuantes, pero permita modular la sentencia de acuerdo con los grados supuestos de una enfermedad o a las formas de una semilocura. El juez de nuestros das hace algo muy distinto que juzgar.Y no es el nico que juzga. A lo largo del procedimiento penal, y de la ejecucin de la pena, bulle toda una serie de instancias aejas. En torno del juicio principal se han multiplicado justicias menores y jueces paralelos expertos psiquiatras y expertos siclogos, manifestados de la aplicacin de las penas, educadores y funcionarios de la administracin penitenciaria se reparten el poder legal de castigar. El papel del psiquiatra en materia penal? No experto en responsabilidad sino consejero en castigo; a el le toca decir si el sujeto es peligroso. De qu manera protegerse de el, como intervenir para modificarlo y si es preferible tratar de reprimir o de curar.Resumamos: desde que funciona el nuevo sistema penal un proceso global ha conducido a los jueces a juzgarotra cosa que los delitos. La operacin penal entera se ha llenado de elementos y personajes extrajurdicos. Si incorpora tantos elementos extrajurdicos, no es para poderlos calificar jurdicamente e integrarlos poco a poco al estricto poder de castigar; es, por el contrario, para poder hacerlos funcionar en el interior de la operacin penal como elementos no jurdicos, para evitar que esta operacin sea simplemente un castigo legal, para disculpar al juez de ser pura y simplemente el que castiga: naturalmente damos un veredicto; pero aunque haya sido este provocado por un delito, para nosotros funciona como una manera de tratar a un criminal: castigamos, pero es como si dirigiramos que queremos obtener una curacin.En primer lugar, de la ilusin de que la penalidad es arte todo (ya que no exclusivamente) una manera de reprimir los delitos y que, este papel, de acuerdo con las formas sociales con los sistemas polticos o las creencias, puede ser severo o indulgente, dirigida a la expiacin o encaminada a obtener una reparacin, a la persecucin de los individuos. Demostrar que las medidas punitivas no son simplemente mecanismo negativos que permiten reprimir, impedir, excluir, suprimir si no estn ligadas a toda una serie de efectos positivos y tiles a los que tienen por misin sostener. En una economa servil los mecanismos punitivos tendran el cometido de aportar una mano de obra suplementaria y de constituir una esclavitud civil al lado de la quemantienen las guerras o el comercio.Pero el cuerpo esta tambin directamente inmerso en un campo poltico. Este cerco poltico del cuerpo va unido, en funcin de relaciones complejas y reciprocas a la utilizacin econmica del cuerpo. El cuerpo solo se convierte en fuerza til cuando es a la vez cuerpo productivo y cuerpo sometido. No obstante es te sometimiento no se obtiene solo mediante instrumentos ya sean de violencia, ya de ideologa; puede bien ser directo, fsico, emplear a la fuerza contra la fuerza obrar sobre elementos materiales y , a pesar de todo esto, no ser violento; puede ser calculado, organizado, tcnicamente reflexivo, puede ser til sin hacer uso de las armas ni del terror y, sin embargo, permanecer dentro del orden fsico.Hay que admitir ms bien que el poder produce saber (y no simplemente favorecindolo porque les sirva o aplicndolo porque sea til); que poder saber ser implican directamente el uno al otro. En suma, no es la actividad del sujeto de conocimiento lo que producir un saber til o renuente al poder, sino que el poder saber, los procesos y las luchas que lo atraviesan y que lo constituyen son los que determinan las formas y los dominios posibles del conocimiento.Se trata de reincorporar las tcnicas punitivas -bien se apoderen del cuerpo en el ritual de los suplicios, bien se dirijan al alma- a la historia de ese cuerpo poltico.No se debera decir que el alma es una ilusin, o un efecto ideolgico. Porque existe,tiene una realidad de que esta producida permanentemente entorno, en la superficie y en el interior del cuerpo por el funcionamiento de un poder que ejerce sobre aquellos a quienes se castiga y, de una manera ms general sobre aquellos a quienes se vigila, se educa y corrige sobre los locos, los nios, los colegiales, los colonizados sobre aquellos a quienes se sujeta a un aparato de produccin y se controla a lo largo de toda su existencia. Realidad histrica de esa alma, que a diferencia de las presentadas por la tecnologa cristiana no nace culpable y castigable, sino que nace ms bien de procedimientos de castigo, de vigilancia, de pena y de coaccin.En el transcurso de estos ltimos aos, se han producido en el mundo por todos lados rebeliones de presos. Revelaciones contra toda una miseria fiscal que trata de ms de un siglo: contra el frio, el hacinamiento a la falta de aire, contra muros de vetustos, contra el hambre, contra los golpes. Pero eran tambin rebeliones contra las prisiones modelo, los tranquilizantes, el aislamiento, el servicio mdico o educativo.

2. LA RESONANCIA DE LOS SUPLICIOS.He aqu la jerarqua de los castigos que prescriban: la muerte, el tormento con reserva de pruebas las galeras por un tiempo determinado, e

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