Los Bestiarios

  • View
    55

  • Download
    2

Embed Size (px)

DESCRIPTION

Novela taurina de Montherlant

Text of Los Bestiarios

  • 5 - ^ LOS BESTIARIOS

    TSOVBLTA DB TOR.OS POR_ HE-IMFLY D E -Ov O Ts' T H L nSTN T rt^) T R ' A D U C C I O I DB-PE-DRO S'ALnvI'AS

  • LOS. BESTIARIOS

  • LOS BESTIARIOS NOVELA, POR H E N R Y D E M O N T H E R L A N T . TRADUC CIN DE P E D R O S A L I N A S .

    B I B L I O T E C A N E V A

    M A D R I D

  • Establecimiento t ipogrf ico de El Adelantado de S e g o v i a

  • Miserable manera de sentir aquella en que el cuerpo no tiene parte directa.

    . MARCEL CARA YON.

  • A GASTON DOUMERGUE

    PRESIDENTE D E LA REPUBLICA FRANCESA

    Presidente:

    A usted debemos las corridas de toros, con muerte, en el Medioda de Francia. Aunque ya haban entra-do, haca medio siglo, en las tradiciones del pueblo meridionalen lo profundo le pertenecan desde sus orgenes, se nombr en el ao 1900 una comisin parlamentaria para que dictaminase sobre ellas. Us-ted slo en contra de la comisin entera, logr usted hacer que triunfara la fe. Cunto me complace aque-lla frase que itsted dijo a sus adversarios, y que sue-na al triste acento de Sneca: Se compi'ende que los hombres tengan pocos amigos cuando los animales tienen tantos.

    Quiz se acuerde usted an de otra frase: Las corridas de toros han contribuido y no poco a mante-ner el vigor de la nacin espaola. Pero indudable-mente, Juan Jacobo Rousseau, que la escribi (en el Gobierno de Polonia), ser tambin un bruto inhuma-no, un sostn de la regresin.

    Ha nacido usted, se ha criado usted en la religin del toro. En Nimes la violenta, esa Roma de las Galias, el arco de Augusto, el circo, donde se luchaba con los cornpetos en tiempo de Suetonio, las piedras

  • D E D I C A T O R I A

    tienen esculpidas la bestia mgica. He visto a veinte mil almas, en la -plaza, aclamando al Sol, al salir de entre las nubes. Sino con su inteligencia, con sus entraas, saban que desde hace treinta siglos adoran al Sol y al toro, que es un signo solar. En el Me-dioda taurino la pasin de los toros tiene races an ms hondas que en la misma Espaa. Para haber dicho esto, que es tan exacto, aunque sorprenda a los profanos, hay que haber ponderado ese amor en s mismo.

    Qu delicia sera hablar en su despacho del El-seo, entre una biblioteca y un jardn , de toros y nada ms que de toros. Dios mo! Usted mismo me lo con-tara: cuando siendo muchacho su padre le llevaba a la corrida del pueblo y tena la coquetera de pasar, estando ya empezada la corrida, por el plan, donde estaba el toro suelto. Le llevaba a usted cogido de la mueca, pero sin embargo, usted se senta muy con-tento de que el toro estuviese al otro lado. Aos ms tarde, en una de esas cabalgadas, en que los vaque-ros de la Gamarga entran a galope en el pueblo, ro-deando el ganado de la corrida, un da le derrib a usted uno de los toros y apenas incorporado, se ech usted a perseguirlos con sus camaradas de juego.

    Dos diputados franceses, que estaban de paso en Crdoba cuando el entierro del gran Lagartijo mandaron una magnfica corona: llevaba su nombre de usted y el del seor Pams, cataln. Y era usted ministro cuando en Aguas Vivas, en una capea, baj usted al ruedo y el toro le embisti un momento.

    En la fachada de la iglesia de Gaveirac, un altar tauroblico recuerda un taurobolio celebrado en N i -mes en el siglo m , en honor del Emperador. Yo, en honor vuestro. Presidente, querra... Pero no, estas pginas no le irn dedicadas. Le serviran de moles-tia. Ms an, quiz. Muchos humanitarios se jactan de haber disparado sus revlveres contra los tolderos

    8

  • D E D I C A 7 O R I A

    que vinieron hace treinta aos a dar una corrida junto a Par s . La bondad es como tantos productos: la autntica cura, la falsificada puede matar. Y tiemblo a la idea de desencadenar . contra usted un terrorismo de color rosa.

    Djeme, pues, que brinde este libro al pueblo me-ridional, sobre todo a las gentes del Languedoc y de la Provenza, que honran a su dios y a su rio con el mismo nombre. (1) Uno de los hermanos catalanes celebrados por Mistral, eleva para ellos la libacin en una nueva Copa: un rhyton de negra sangre en forma de testa de toro.

    (1) En sus notas al Poema del Rdano. Mistral recuer-da que la palabra provenzal Bouan, una de las que sirven para designar al tro, es precisamente el nombre emble-mtico del gran ro.

    9

  • Aquel ao de 1909, al acercarse las vacaciones de verano, la condesa de Briconle decidi mandar a su hijo a Lourdes, con los camilleros que trans-portan enfermos, para hacer algn beneficio a su alma. Alban estaba acabando el cuarto ao del ba-chillerato en un colegio particular muy elegante de Auteuil. Como ai conde le aterraba la idea de verse solo con su hijo quince das, y la condesa estaba enferma, sta rog a su madre, condesa de Coantr, que acompaara a Lourdes al nio Alban.

    En Lourdes, Alban anduvo, por tres semanas, detrs de los camilleros. Para colocarle en la dis-posicin de nimo conveniente, su madre le ha-ba prestado una historia de las cofradas de peni-tentes, as que Alban se tena por un reprobo que est haciendo penitencia. Le entusiasmaba la idea de ser un gran pecador. Y tambin la de ser un gran cristiano.

    Se anunciaba una corrida de toros en la plaza o arenas de Bayona. Se decidieron a ir, sencillamen-te porque la palabra arenas ejerca en Alban una fuerza elctrica. Porque mientras le preparaban para la primera comunin, la condesa de Coantr haba regalado a su nieto la edicin para nios de Quo Vadis y desde entonces Alban se senta roma-no. Se haba saltado las pginas dedicadas al apstol San Pedro.

    11 -

  • H E N n Y D E M O N T H E R L A N T

    La corrida de toros fu para el chico la segun-da de las tres grandes revelaciones... no s si de-cir de su juventud o de su vida. La primera, haba sido aquella revelacin del paganismo en un libro de designios edificantes. La tercera, ha-bra de ser la revelacin de la carne, pasando por el corazn.

    Mir con pasin, agitndose en la almohadilla y dando cabezadas cada vez que el toro corneaba. Como no saba nada de la tcnica de la lidia, gr i -taba ms alto que los dems, pero sin entenderlas, las palabras espaolas que los bien informados proferan por alrededor suyo, sin entenderlas mu-cho ms que l. Y , sin embargo, a pesar de no en-tender nada, le exasperaba estar colocado entre dos seoras: lo que ellas entendieran, pensaba l, deba ser an menos que nada. Cuando el pblico se desbord-en contra del mal matador, Alban, fuera de s, hizo una bola con el programa, tan bonito, y que pensaba haber guardado como re-cuerdo, y le tir a la cabeza del infame. No le di. Pero le haba tirado a todo alcance, con toda su fuerza, queriendo acertar y hacer dao.

    Inmediatamente, sin dejar de ser romano, se hizo taurino. Aprendi el espaol, se suscribi a los peridicos espaoles de toros. Llevaba corba-tas de color encarnado rabioso y con eso ya se sen-ta matador del todo. Las paredes de su cuarto las tena llenas de estampas de toros y toreros.

    Contagi a la escuela. En las prcticas de qu-mica nombrar el taurocolato era volver a la clase frentica. Los profesores que no queran a Alban le decan para reprenderle: Es una idea, es un modo de hablar de torero, lo cual les pareca una comparacin mortificante. Y aunque el muchacho era, por lo general, el primero en los ejercicios de composicin, la broma usual consista en decir

    12

  • L O S B E S T I A R I O S

    que escriba como una vaca espaola, y es que el ingenio entre nosotros no se resigna a estar oculto.

    Por ampliacin todo fu convirtindose en es-paol. Se peinaba con peine de plomo, para obs-curecerse el color del pelo. En el verano, a la hora ms calurosa, se tenda en los peldaos de la escalinata, con un sombrero de fieltro calado hasta los ojos, sortijas en las manos y una manta al hombro, para hacer de mendigo castellano. Todo eso cristaliz en Carmen, que fu a oir hasta siete veces en la misma temporada. La obertura le vol-va a uno loco.

    Cuando vinieron las vacaciones, en San Sebas-tin, en Pamplona y en Burgos, Alban, esta vez ya solo, vi diez corridas y se roz con los hom-bres del oficio. Le di lecciones un matador viejo que, siendo muy malo para torear, se dedic a pro-fesor. Junto a Burgos, el escultor Gangotena or-ganizaba en su finca becerradas, sin picadores, con becerros de uno o dos aos, y all se diverta la juventud como la nuestra en el tennis o en el campo de foot-ball. Alban tore y mat a algunos animalitos de aqullos. Atropellado, ignorante, valiente, enredador, entretuvo primeramente por la pasin con que trabajaba, pero que luego caus cierto susto a dos o tres personas sensatas, cuan-do le vieron el rostro descompuesto por el ca-lor con que se haba entregado a la lidia. Recono-cieron que tena sangre torera y eso lo disculpa casi todo. Desigual? S es verdad, pero esa es la prueba de que es un artista. Peliz lugar comn! Aceptmosle sin profundizar.

    Se acord la familia de Alban de un primo suyo con quien apenas si se trataban, porque viva en un rincn perdido de Francia, no iba nunca a Pa-rs y apenas si contestaba las cartas, y le manda-

    - 13 -

  • H E N Q y D E M O N T H E Q L A N T

    ron a Alban que pas en su casa las ltimas sema-nas de Septiembre.

    E l marqus de X . . . perteneca a una ilustre fa-milia florentina, emigrada el siglo xv a la Pro-venza (uno de los suyos haba puesto mano en el asesinato de Jul in de Mdicis) y que desde en-tonces posea su palacio en Avin. En la poca en que sus iguales corren detrs de una rica here-dera o venden autos de segunda mano, el marqus se haba desterrado, l solo, a una pequea masa de Camarga, a criar, para los juegos regionales, toros salvajes de la isla amarga; su misin profun-da era mantener la pureza, las tradiciones, el co-razn peculiar del pueblo meridional.

    Este hombre, que se pasaba los das a caballo, entre toros y vaque

Search related