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jung - la interpretación de la naturaleza y la psique - la sincronicidad como un principio de conexión causal

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  • l escribir este trabajo cumplo, encierta manera, una promesa que porespacio de largos aos no tuve el

    valor de cumplir. Las dificultades inherentesal problema como tal, lo mismo que las desu presentacin, me parecieron siempredemasiado grandes; y demasiado grandetambin la responsabilidad intelectual, sin lacual no es lcito abordar un asunto de esandole; insuficiente, finalmente, mipreparacin cientfica. Si ahora, venciendomis temores, me resolv, no obstante, a latarea, ello se debe principalmente a que, porun lado, mis experiencias con el fenmenode la sincronicidad han ido acumulndose dedcada en dcada, a la vez que, por el otro,mis investigaciones sobre la historia de lossmbolos, en particular las consagradas alsmbolo del pez, me acercaron cada vez msal problema...Espero no se interprete como arrogancia elque en el transcurso de la exposicin solicitea mis lectores una mente ms abierta y unavoluntad ms pronta de lo comn. En efecto,se impulsa al lector no slo a aventurarse porregiones de la experiencia humana oscuras,dudosas y sembradas de prejuicios; se leimponen tambin las dificultadesintelectuales implcitas en el estudio de untema tan abstracto.Como todo lector podr advertir despus dela lectura de algunas pocas pginas, deninguna manera pretendo aportar unadescripcin y esclarecimiento exhaustivos deun conjunto de hechos tan complicados; slointento plantear el problema con el fin deaclarar, sino todos, por lo menos algunos desus mltiples aspectos y relaciones. Tal vezpueda as abrirse un acceso a un campotodava envuelto en la oscuridad, pero desuma importancia filosfica."

    Del "Prefacio" de C. G. JUNG

    A

  • Carl G. Jung

    LA INTERPRETACINDE LA NATURALEZA

    Y LA PSIQUELa sincronicidad como un principio

    de conexin acausal

    PAIDSBarcelona

    Buenos AiresMxico

  • Ttulo original: Naturerklrung und Psyche (Studien aus demC. G. Jung-Institut, IV) Publicado

    en alemn por Rascher Verlag, Zurich

    Traduccin de Haraldo KahnemannSupervisin de Enrique Butelman

  • NDICE

    Prefacio....................................................................................... .9

    Captulo I. Exposicin.............................................................. 11

    Captulo II. Un experimento astrolgico .............................. 54

    Captulo III. Los precursores de la idea de la sincronicidad 85

    Captulo IV. Conclusiones ....................................................... 107

    Resumen...................................................................................... 125

  • P R E F A C I O

    AL escribir este trabajo cumplo, en cierta manera, una promesaque por espacio de largos aos no tuve el valor de cumplir. Lasdificultades inherentes al problema como tal, lo mismo que lasde su presentacin, me parecieron siempre demasiado grandes; ydemasiado grande tambin la responsabilidad intelectual, sin lacual no es lcito abordar un asunto de esa ndole; insuficiente,finalmente, mi preparacin cientfica. Si ahora, venciendo mistemores, me resolv, no obstante, a la tarea, ello se debe princi-palmente a que, por un lado, mis experiencias con el fenmenode la sincronicidad han ido acumulndose de dcada en dcada, ala vez que, por el otro, mis investigaciones sobre la historia delos smbolos, en particular las consagradas al smbolo del pez, meacercaron cada vez ms al problema. Por ltimo, tambin influyel hecho de que desde hace veinte aos, en diversos lugares de misescritos, he ido insinuando la existencia del fenmeno mencionado,sin procurar explicarlo. Quisiera, pues, poner fin, aunqueprovisionalmente, a un estado de cosas tan poco satisfactorio, tra-tando de exponer de modo coherente todo cuanto tengo que deciral respecto. Espero no se interprete como arrogancia el que enel transcurso de la exposicin solicite a mis lectores una mentems abierta y una voluntad ms pronta de lo comn. En efecto,se impulsa al lector no slo a aventurarse por regiones de la ex-periencia humana oscuras, dudosas y sembradas de prejuicios;se le imponen tambin las dificultades intelectuales implcitas enel estudio de un tema tan abstracto. Como todo lector podr ad-vertir despus de la lectura de algunas pocas pginas, de ninguna

  • 10 C. G . J U N G

    manera pretendo aportar una descripcin y esclarecimiento exhaus-tivos de un conjunto de hechos tan complicado; slo intentoplantear el problema en forma de aclarar, si no todos, por lo me-nos algunos de sus mltiples aspectos y relaciones. Tal vez puedaas abrirse un acceso a un campo todava envuelto en la oscuri-dad, pero de suma importancia filosfica. Como psiquiatra y psi-coterapeuta tuve a menudo oportunidad de entrar en contactocon los fenmenos que aqu se examinan, pudiendo convencermede su hondo significado para la experiencia interna de mis pa-cientes. En la mayora de los casos se trata de cosas que no suelenmencionarse en voz alta por no parecer ridculo. Siempre cons-tituye para m motivo de nuevo asombro el que sean tantas laspersonas que han tenido experiencias de esa ndole y del cuidadocon que se oculta cuanto hay en ellas de inexplicable. Por eso miinters en este problema tiene un fundamento humano al par quecientfico.

    En la ejecucin de mi trabajo cont con la asistencia y lacolaboracin activas de muchos amigos, a quienes menciono en eltexto. Aqu deseo expresar mi especial agradecimiento a la Dra.Liliane Frey-Rohn, quien elabor con gran cuidado el materialastrolgico.

    C. G. JUNG

  • CAPTULO IE X P O S I C I N

    SABIDO es que diversas conclusiones de la fsica moderna, al con-mover los fundamentos de la validez absoluta de las leyes natu-rales, convirtindola en relativa, operaron un cambio fundamen-tal en nuestra imagen del mundo basada en las ciencias naturales.Las leyes naturales son verdades estadsticas, esto es, slo son com-pletamente vlidas donde se trata de magnitudes macrofsicas,mientras que en el mbito de las magnitudes nfimas el pronsticose vuelve incierto o imposible, por cuanto las magnitudes nfimasno se conducen conforme a las leyes naturales conocidas.

    El principio filosfico en el cual se basa nuestra concepcinde la legalidad natural es el de causalidad. Pero si el nexo entrecausa y efecto posee una validez nicamente estadstica, o sea,una verdad relativa, entonces tambin el mismo principio decausalidad tiene, en ltimo trmino, una aplicacin slo relativapara la explicacin de los procesos naturales, y supone, enconsecuencia, la existencia de uno o varios otros factores, necesa-rios para una explicacin adecuada. Lo que viene a significar queel nexo vigente entre ciertos sucesos puede ser en determinadascircunstancias de ndole no causal, o sea, que exige otro prin-cipio explicativo.

    Desde luego, sera intil buscar acontecimientos acausalesen el mundo macrofsico, por la sencilla razn de que los he-chos carentes de nexo causal y que requieren una explicacin porotra va, exceden nuestra imaginacin. Pero ello en modo algu-

  • 12 C . G . JUNG

    no quiere decir que no existan. Su existencia al menos su posi-bilidad se desprende lgicamente de la premisa de la verdadestadstica.

    El planteamiento propio de las ciencias naturales apunta a he-chos regulares, y en la medida en que caen dentro de la rbitade la experimentacin, susceptibles de ser reproducidos. Con esose dejan de lado los sucesos nicos y raros. Adase que el expe-rimento impone a la naturaleza condiciones restrictivas, porcuanto pretende impulsarla a responder a las preguntas concebidaspor el hombre. Cada respuesta de la naturaleza, por lo tanto, h-llase ya influida por la ndole de la pregunta planteada, no pu-diendo ser el resultado final sino un producto hbrido. La lla-mada concepcin cientfica del mundo basada en tales productosno puede, en consecuencia, ser otra cosa que una visin parcialque adolece de prejuicios psicolgicos y en la cual se echan de me-nos aquellos aspectos que no por ser imposibles de registrar es-tadsticamente dejan de tener importancia. Parece, empero, quepara registrar de alguna manera esos casos nicos o raros, no hay,por de pronto, otro recurso que las descripciones individuales igual-mente "nicas". As se llegara tal vez a una catica coleccin decuriosidades que evocara el recuerdo de los antiguos gabinetesde las ciencias naturales, donde al lado de fsiles y monstruos ana-tmicos se hallaba tambin el cuerno del unicornio, la raz demandragora que semeja la figura de un hombrecito y una sirenadesecada. Las ciencias naturales descriptivas, sobre todo y en pri-mer trmino la biologa, conocen muy bien tales "casos nicos",y para ellas basta, por ejemplo, un solo ejemplar de algn servivo, por inverosmil que ste sea de por s, para demostrar suexistencia. Concedamos, s, que en tal caso multitud de observa-dores tienen oportunidad de convencerse, por sus propios senti-dos, de la existencia de semejante criatura. Mas donde se tratade acontecimientos efmeros que no dejan otros rastros demostra-bles que los del recuerdo conservado en algunas cabezas, all yano es suficiente un nico testigo, y ni siquiera varios de ellosbastan para dar credibilidad incondicional a un acontecimientonico. Sabemos demasiado bien cuan poca confianza merecen las

  • LA INTERPRETACIN DE LA NATURALEZA Y LA PSIQUE 13

    afirmaciones de testigos. En ese caso se impone imperiosamentela necesidad de indagar si el suceso, nico al parecer, es realmentenico en la experiencia, o si acaso se han producido aconte-cimentos iguales, o por lo menos similares, en otro lugar. El con-sensus omnium desempea aqu un papel psicolgicamente muyimportante, pero empricamente algo dudoso, ya que slo en ca-sos excepcionales demuestra ser valioso para establecer hechos. Laciencia emprica no dejar de tenerlo en cuenta, pero no debereposar en l. Acontecimientos nicos, transitorios y cuya exis-tencia no cabe negar, pero tampoco demostrar con medio algu-no, nunca podrn ser ob