Sofocles Edipo rey

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Text of Sofocles Edipo rey

  • El personaje de Edipo expresa con la mxima pureza lo trgico en la historia de la literatura.Constituye la tragedia ms universal de Sfocles y su huella es evidente en la historia de laliteratura espaola. Edipo rene las condiciones idneas para servir de paradigma al hombreque, consciente de sus limitaciones, sabe hacerles frente. En Edipo rey la ignorancia no esculpable de nada y la inteligencia no puede evitar la catstrofe. Y ah radica su intensodramatismo: en poner en evidencia que en situaciones extremas la inteligencia humana significalo mismo que la ignorancia.

  • Sfocles

    Edipo ReyePUB v2.0

    Polifemo7 11.10.11

  • Ttulo original: Oidipous TyrannosSfocles, 430 - 415 a. C.

    Editor original: Polifemo7 (v1.0 a v2.0)ePub base v2.0

  • PERSONAJES:EDIPO.

    SACERDOTE.CREONTE.

    CORO DE ANCIANOS TEBANOS.TIRESIAS.YOCASTA.

    MENSAJERO.SERVIDOR DE LAYO.OTRO MENSAJERO.

  • (Delante del palacio de Edipo, en Tebas. Un grupo de ancianos y de jvenes estn sentadosen las gradas del altar, en actitud suplicante, portando ramas de olivo. El Sacerdote de Zeus seadelanta solo hacia el palacio. Edipo sale seguido de dos ayudantes y contempla al grupo ensilencio. Despus les dirige la palabra.)

    EDIPO. Oh hijos, descendencia nueva del antiguo Cadmo Por qu estis en actitud sedente antem, coronados con ramos de suplicantes? La ciudad est llena de incienso, a la vez que de cantos, desplica y de gemidos, y yo, porque considero justo no enterarme por otros mensajeros, he venido enpersona, yo, el llamado Edipo, famoso entre todos. As que, oh anciano, ya que eres por tu condicin aquien corresponde hablar, dime en nombre de todos: cul es la causa de que estis as ante m? Eltemor, o el ruego? Piensa que yo querra ayudaros en todo. Sera insensible, si no me compadeciera antesemejante actitud.

    SACERDOTE. Oh Edipo, que reinas en mi pas! Ves de qu edad somos los que nos sentamoscerca de tus altares: unos, sin fuerzas an para volar lejos; otros, torpes por la vejez, somos Sacerdotesyo lo soy de Zeus, y otros, escogidos entre los an jvenes. El resto del pueblo con sus ramospermanece sentado en las plazas en actitud de splica, junto a los dos templos de Palas y junto a la cenizaproftica de Ismeno. La ciudad, como t mismo puedes ver, est ya demasiado agitada y no es capaztodava de levantar la cabeza de las profundidades por la sangrienta sacudida. Se debilita en las plantasfructferas de la tierra, en los rebaos de bueyes que pacen y en los partos infecundos de las mujeres.Adems, la divinidad que produce la peste, precipitndose, aflige la ciudad. Odiosa epidemia, bajocuyos efectos est despoblada la morada Cadmea, mientras el negro Hades se enriquece entre suspiros ylamentos! Ni yo ni estos jvenes estamos sentados como suplicantes por considerarte igual a los dioses,pero s el primero de los hombres en los sucesos de la vida y en las intervenciones de los dioses. T que,al llegar, liberaste la ciudad Cadmea del tributo que ofrecamos a la cruel cantora y, adems, sin habervisto nada ms ni haber sido informado por nosotros, sino con la ayuda de un dios, se dice y se cree queenderezaste nuestra vida. Pero ahora, oh Edipo, el ms sabio entre todos!, te imploramos todos los queestamos aqu como suplicantes que nos consigas alguna ayuda, bien sea tras or el mensaje de algn dios,o bien lo conozcas de un mortal. Pues veo que son efectivos, sobre todo, los hechos llevados a cabo porlos consejos de los que tienen experiencia. Ea, oh el mejor de los mortales!, endereza la ciudad. Ea!,apresta tu guardia, porque esta tierra ahora te celebra como su salvador por el favor de antao. Que deninguna manera recordemos de tu reinado que vivimos, primero, en la prosperidad, pero camos despus;antes bien, levanta con firmeza la ciudad. Con favorable augurio, nos procuraste entonces la fortuna.Snos tambin igual en esta ocasin. Pues, si vas a gobernar esta tierra, como lo haces, es mejor reinarcon hombres en ella que vaca, que nada es una fortaleza ni una nave privadas de hombres que laspueblen.

    EDIPO. Oh hijos dignos de lstima! Vens a hablarme porque anhelis algo conocido y noignorado por m. S bien que todos estis sufriendo y, al sufrir, no hay ninguno de vosotros que padezcatanto como yo. En efecto, vuestro dolor llega slo a cada uno en s mismo y a ningn otro, mientras quemi nimo se duele, al tiempo, por la ciudad y por m y por ti. De modo que no me despertis de un sueoen el que estuviera sumido, sino que estad seguros de que muchas lgrimas he derramado yo y muchoscaminos he recorrido en el curso de mis pensamientos. El nico remedio que he encontrado, despus de

  • reflexionar a fondo, es el que he tomado: envi a Creonte, hijo de Meneceo, mi propio cuado, a lamorada Ptica de Febo, a fin de que se enterara de lo que tengo que hacer o decir para proteger estaciudad. Y ya hoy mismo, si lo calculo en comparacin con el tiempo pasado, me inquieta qu estarhaciendo, pues, contra lo que es razonable, lleva ausente ms tiempo del fijado. Sera yo malvado si,cuando llegue, no cumplo todo cuanto el dios manifieste.

    SACERDOTE. Con oportunidad has hablado. Precisamente stos me estn indicando por seas queCreonte se acerca.

    EDIPO. Oh soberano Apolo! Ojal viniera con suerte liberadora, del mismo modo que viene conrostro radiante!

    SACERDOTE. Por lo que se puede adivinar, viene complacido. En otro caso no vendra as, conla cabeza coronada de frondosas ramas de laurel.

    EDIPO. Pronto lo sabremos, pues ya est lo suficientemente cerca para que nos escuche. Ohprncipe, mi pariente, hijo de Meneceo! Con qu respuesta del orculo nos llegas?

    (Entra Creonte en escena.)

    CREONTE. Con una buena. Afirmo que incluso las aflicciones, si llegan felizmente a trmino,todas pueden resultar bien.

    EDIPO. Cul es la respuesta? Por lo que acabas de decir, no estoy ni tranquilo ni tampocopreocupado.

    CREONTE. Si deseas orlo estando stos aqu cerca, estoy dispuesto a hablar y tambin, si lodeseas, a ir dentro.

    EDIPO. Habla ante todos, ya que por ellos sufro una afliccin mayor, incluso, que por mi propiavida.

    CREONTE. Dir las palabras que escuch de parte del dios. El soberano Febo nos orden,claramente, arrojar de la regin una mancilla que existe en esta tierra y no mantenerla para que llegue aser irremediable.

    EDIPO. Con qu expiacin? Cul es la naturaleza de la desgracia?CREONTE. Con el destierro o liberando un antiguo asesinato con otro, puesto que esta sangre es la

    que est sacudiendo la ciudad.EDIPO. De qu hombre denuncia tal desdicha?CREONTE. Tenamos nosotros, seor, en otro tiempo a Layo como soberano de esta tierra, antes

    de que t rigieras rectamente esta ciudad.EDIPO. Lo s por haberlo odo, pero nunca lo vi.CREONTE. l muri y ahora nos prescribe claramente que tomemos venganza de los culpables

    con violencia,EDIPO. En qu pas pueden estar? Dnde podr encontrarse la huella de una antigua culpa,

    difcil de investigar?CREONTE. Afirm que en esta tierra. Lo que es buscado puede ser cogido, pero se escapa lo que

    pasamos por alto.EDIPO. Se encontr Layo con esta muerte en casa, o en el campo, o en algn otro pas?

  • CREONTE. Tras haber marchado, segn dijo, a consultar al orculo, y una vez fuera, ya no volvims a casa.

    EDIPO. Y ningn mensajero ni compaero de viaje lo vio, de quien, informndose, pudierasacarse alguna ventaja?

    CREONTE. Murieron, excepto uno, que huy despavorido y slo una cosa pudo decir conseguridad de lo que vio.

    EDIPO. Cul? Porque una sola podra proporcionarnos el conocimiento de muchas, siconsiguiramos un pequeo principio de esperanza.

    CREONTE. Deca que unos ladrones con los que se tropezaron le dieron muerte, no con el rigor deuna sola mano, sino de muchas.

    EDIPO. Cmo habra llegado el ladrn a semejante audacia, si no se hubiera proyectado desdeaqu con dinero?

    CREONTE. Eso era lo que se crea. Pero, despus que muri Layo, nadie surga como su vengadoren medio de las desgracias.

    EDIPO. Qu tipo de desgracia se present que impeda, cada as la soberana, averiguarlo?CREONTE. La Esfinge, de enigmticos cantos, nos determinaba a atender a lo que nos estaba

    saliendo al paso, dejando de lado lo que no tenamos a la vista.EDIPO. Yo lo volver a sacar a la luz desde el principio, ya que Febo, merecidamente, y t, de

    manera digna, pusisteis tal solicitud en favor del muerto; de manera que veris tambin en m, con razn,a un aliado para vengar a esta tierra al mismo tiempo que al dios. Pues no para defensa de lejanos amigossino de m mismo alejar yo en persona esta mancha. El que fuera el asesino de aqul tal vez tambin dem podra querer vengarse con violencia semejante. As, pues, auxiliando a aqul me ayudo a m mismo.Vosotros, hijos, levantaos de las gradas lo ms pronto que podis y recoged estos ramos de suplicantes.Que otro congregue aqu al pueblo de Cadmo sabiendo que yo voy a disponerlo todo. Y con la ayuda dela divinidad aparecer triunfante o fracasado.

    (Entran Edipo y Creonte en el palacio.)

    SACERDOTE. Hijos, levantmonos. Pues con vistas a lo que l nos promete hemos venido aqu.Ojal que Febo, el que ha enviado estos orculos, llegue como salvador y ponga fin a la epidemia!

    (Salen de la escena y, seguidamente, entra en ella el Coro de ancianos tebanos.)

    CORO. ESTROFA 1 Oh dulce orculo de Zeus! Con qu espritu has llegado desde Pito, la ricaen oro, a la ilustre Tebas? Mi nimo est tenso por el miedo, temblando de espanto, oh dios, a quiense le dirigen agudos gritos, Delios, sanador! Por ti estoy lleno de temor. Qu obligacin de nuevo mevas a imponer, bien inmediatamente o despus del transcurrir de los aos? Dmelo, oh hija de laurea Esperanza, palabra inmortal!

    ANTSTROFA 1 Te invoco la primera, hija de Zeus, inmortal Atenea, y a tu hermana, Artemis,protectora del pas, que se asienta en glorioso trono en el centro del gora y a Apolo el que flecha adistancia. Ay