Las medias rojas pardo bazán

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    14-Apr-2017

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Cuando la rapaza entr, cargada con el haz de lea que acababa de merodear en el monte del seor amo, el to Clodio no levant la cabeza, entregado a la ocupacin de picar un cigarro, sirvindose, en vez de navaja, de ua crnea color de mbar oscuro, po

Cuando la rapaza entr, cargada con el haz de lea que acababa de merodear en el monte del seor amo, el to Clodio no levant la cabeza, entregado a la ocupacin de picar un cigarro, sirvindose, en vez de navaja, de ua crnea color de mbar oscuro, porque la haba tostado el fuego colillas.

Ildara solt el peso en tierra y se atus el cabello, peinado a la moda de las seoritas y revuelto por los enganchones de las ramillas que se agarraban a l. Despus, con lentitud de las faenas aldeanas, prepar el fuego, lo prendi, desgarr las berzas, las ech en el pote negro, en compaa de unas patatas mal troceadas y de unas judas asaz secas, de la cosecha anterior, sin remojar. Al cabo de estas operaciones, tena el to Clodio liado su cigarrillo, y lo chupaba desgarbadamente, haciendo en carrillos dos hoyas como sumideros grises entre lo azuloso de la descuidada barba.

Sin duda la lea estaba hmeda de tanto llover la semana entera, y arda mal, soltando una humareda acre; pero el labriego no reparaba: al humo, bah!, estaba bien l bien hecho desde nio. Como Ildara se inclinase para soplar y activar la llama, observ el viejo cosa ms inslita: algo de color vivo, que emerga de las remendadas y encharcadas sayas de la moza...Una pierna robusta, aprisionada en una media roja, de algodn...

--Ey! Ildara!

--Seor padre!

--Qu novid es sa?

--Cul novid?

--Ahora me gastas medias, como la hirmn del abade?

Incorprase la muchacha, y la llama, que empezaba a alzarse, dorada, lamedora de la negra panza del pote, alumbr su cara redonda, bonita, de facciones pequeas, de boca apetecible, de pupilas claras, golosas de vivir.

--Gasto medias, gasto medias--repiti, sin amilanarse--. Y si las gasto, no se las debo a ningun.

--Luego nacen los cuartos en el monte--insisti el to Clodio con amenazadora sorna.

--No nacen!...Vend al abade unos huevos, que no dir menos l...Y con eso merqu las medias.

Una luz de ira cruz por los ojos pequeos, engarzados en duros prpados, bajo cejas hirsutas, del labrador...Salt del banco donde estaba escarrancado, y agarrando a su hija por los hombros, la zarande brutalmente, arrojndola contra la pared, mientras barbotaba:--Engaosa! Engaosa! Cluecas andan las gallinas que no ponen!

Ildara, apretando los dientes por no gritar de dolor, se defenda la cara con las manos. Era siempre su temor de mocia guapa y requebrada, que el padre la mancase, como le haba sucedido a la Marisola, su prima, sealada por su propia madre en la frente con el aro de la criba, que le desgarr los tejidos. Y tanto ms defenda a su belleza, hoy que se acercaba el momento de fundar en ella un sueo de porvenir. Cumplida la mayor edad, libre de la autoridad paterna, la esperaba el barco, en cuyas entraas tantos de su parroquia y de las parroquias circunvencias se haban ido hacia la suerte, hacia lo desconocido de los lejanos pases donde el oro rueda por las calles y no hay sino bajarse para cogerlo. El padre no quera emigrar, cansado de una vida de labor, indiferente a la esperanza tarda: pues que quedase l...Ella ira sin falta; ya estaba de acuerdo con el gancho, que le adelantaba los pesos para el viaje, y hasta le haba dado cinco de seal, de los cuales haban salido las famosas medias...Y el to Clodio, ladino, sagaz, adivinador o sabedor, sin dejar de tener acorralada y acosada a la moza, repeta:

--Ya te cansaste de andar descalza de pie y pierna, como las mujeres de bien, eh, condenada? Llev medias alguna vez tu madre? Peinse como t, que siempre ests dale que tienes con el cacho de espejo? Toma, para que te acuerdes...

Y con el cerrado puo hiri primero la cabeza, luego el rostro, apartando las medrosas manecitas, de forma no alterada an por el trabajo, con que se escudaba Ildara, trmula. El cachete ms violento cay sobre un ojo, y la rapaza vio, como un cielo estrellado, miles de puntos brillantes envueltos en una radiacin de intensos coloridos sobre un negro terciopeloso. Luego, el labrador aporre la nariz, los carrillos. Fue un instante de furor, en que sin escrpulo la hubiese matado, antes que verla marchar, dejndole a l solo, viudo, casi imposibilitado de cultivar la tierra que llevaba en arriendo, que fecund con sudores tantos aos, a la cual profesaba un cario maquinal, absurdo. Ces al fin de pegar; Ildara, aturdida de espanto, ya no chillaba siquiera.

Sali fuera, silenciosa, y en el regato prximo se lav la sangre. Un diente bonito, juvenil, le qued en la mano. Del ojo lastimado, no vea.

Como que el mdico, consultado tarde y de mala gana, segn es uso de labriegos, habl de un desprendimiento de la retina, cosa que no entendi la muchacha, pero que consista...en quedarse tuerta.

Y nunca ms el barco la recibi en sus concavidades para llevarla hacia nuevos horizontes de holganza y lujo. Los que all vayan, han de ir sanos, vlidos, y las mujeres, con sus ojos alumbrando y su dentadura completa...

Emilia Pardo Bazn

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