Bandera Social - Bandera Social Semanario An£Œrquico-Colectivista CONDICIONES DE LA SUSCRIPCI£â€œN l'n
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  • Bandera Social Semanario Anárquico-Colectivista

    CONDICIONES DE LA SUSCRIPCIÓN

    l'n trimejtre: un» peseu en U Región Española; número suelto, 5 céntimos; pa- j u t t e d e 3o ejemplares, una peseta; para las demás Regiones, i'5o trimestre, y paque- te i ' io pesetas. " • / i f

    Las suscripciones se pagarán en sellos de i 5 céntimos ó en papel y letras de fácil cobro.—l.os remitidos á precios convencionales.

    Se admiten suscripciones: en Madrid, en la Redacción y Administración de este S>emai)ario; en Barcelona, dirigirse ai .'íccretario del C . L. del» Federación, y en Mon- tevideo, a /ácanas Rabassa, calle del Uruguay, núm. 409.

    MADRID 18 DE FEBRERO DE 1886.

    A ñ o I I .— ;> ívnn . 5 2 .

    SE PUBLICA TODOS LOS JUEVES

    Consagrada esta publicación á la defensa de los principios anárquico colectivistas, todos los obreros tienen derecho á la inserción de cuantos documento,s tengan rela- ción con este lin, asi como .i que se den á luz cuantos abusos y velaciones se comet.ii en el taller siempre que lo paranticcn con su ñrma-

    Administración y Hedacción Calle de Fuencarral, núm. y^, duplicado, donde se dirigiré toda la cohespondencia

    • i nombre del AÜMl.MSTRADOR.

    « E L I M P A R C I A L " C O N T R A « E L I M P A R C I A L »

    Apenas llegaclos lia^ta nosotros las priincraá noticias de los sucesos ocurridos en Londres, asaltó á nuestra imaginación este pensamiento: «¡Buenos van á poner a los trabajadores mañana los periódicos burgueses!»

    Así es que procuramos adquirir todo lo antes posible un Imparcial, para conocer los detalles, aunque apasionado.-!, del becbo.

    Y no hicimos la elección de El Imparcial por- que creamos esto es un periódico serio, comedi- do y de significación é importancia en el estadio de ía [irensa, sino por su cualidad de ser uno de los periódicos callejeros que más madrugan y la dicha que ha tenido de encontrar corresponsales en varias capitales de otras regiones qua se iden- tifiquen con su conducta y le corresponsaleen sin alterar los tonos generales de su imparcialesca fi te ra tu ra.

    Ya adquirido el estimado Proteo, le desplega- mos lijándonos desde lue'go en la sección edito- rial, que contenía un articulo titulado Los sucesos do Londres.

    El que conozca la manera de pajear que tiene El Imparcial, el que se haya fijado en la aversión inconmensurable que profesa este periódica haci i t.n!]. líos obreros que de un modo más • nii 'to pro'.estan de las injusticias sociali que se cuuieten con una clase providente de todas las dichas que disfrutan los pazguatos del privile- gio, no habrá nionesler transcribamos uno p u r uno h)S insultos velados, las suposiciones gratui- tas, los conceptos injuriosos que el dichoso p e - riódico, sin fe alguna política, sin creencia deter- minada, ni otro norle que un beiielicii» iiiduslrial, lanzaba por tabla á todos los trabajadores, amo- tinados y sin amotinar.

    Aquelarticulo, ó lo que fuera, parecía un ser- món de injurias, vomitado por una boca tan des- comunal y espeluznante como la en donde se de- posita la correspondencia en correos.

    Si; aijuel artículo era un aborto; para escribir así—pensábamos á medida tpie íbamos Icyondo no es menester haber pisado las aulas; 'sobra y busLa con frecuentar el Rastro ó alguno de esos tugurios donde á úllima hora descabezan el sue- ño los que han pasado muchas horas entregados libaciones alcohólicas.

    * * *

    Comprendemos que á El Imparcial no le sean sirnpáticas las ideas socialistas ni las ideas anar- quistas, porque inspiradas éstas en un criterio de acrisolada justicia y en un vehemente y racional principio de que «todo el que quiera comer trabaje» en algo dc lo útil y provechoso quo en sus múltiples ramas abrazan las ciencias y el tra- bajo humano, quizá, sin quizá, tuviera que modi- ficar su conducta si quería comer ese pedazo de pan (negro y falto de peso) (¡ue tantas privacio- nes , tantos insultos y tanta decepción nos cuesta hoy á nosotros poder adquirirlo.

    l'ero, aun a.si pensando, nosotros creemos que eslo no excluiría para que, una vez siquiera, al ocuparse del hambre que deben sufrir cincuenta mil seres humanos, en una sola capital, que en su verdadera ciñ'a, sin exagerar, ascenderán entre esnosas é hijos á más de 200.000, dejara á u í T lado su característica autopatía, y se inspirara en el cuadro pavoroso que debe presenciarse en las viviendas de aquellos infelices obreros, azuzados por ese secreto motor que se llama hambre.

    * *

    Ya sabemos que tratándose de El Imparcial, así como do casi lodos los periódicos burgueses, cuyos redactores están á sueldo de la clase me- dia, esto es pedir penas al roble, al olmo ó al al- cornoque, que de todo tiene esa jauría de Pro- teos, que así prestan su inteligencia y su pluma para escribir por la mañana en un periódico re- publicano y contestarse por la noche en uno con- servador, moderado ó carlista, como hacen es- tas dos cosas á la vez y completan la trilogía de la desvergüenza, la desfachatez y el cinismo, des- empeñando además, por si lo anterior era poco, algún destino del gobierno á quien combaten.

    Farsa inmunda, espectáculo denigrante á que ha llegado en nuestros tiempos la política y los pohticos de todos matices. ¡.\li! Si ese pueblo que con tanto entusiasmo lee los artículos de algunos periódicos penetrara y pudiera informarse al de- tall de lo que ocurre en ciertas redacciones, esta- mos seguros que trocaría bien [ironlo su minera de pensar y no volvería nunca á hacer caso de los que, en lugar de ser los verdaderos sacerdo- tes de la ilustraci('»n y el progreso, constituyen un halo de vividores, ansiosos de que alguien "los eleve para poder satisfacer sus vicios.

    Pero no hemos ( ¡nr, sin que, aunque sea d© pasada, ju- i . | s el título ifuo si ivc de epígrafe á esto a r l i c n l u .

    Hiibif^ramos deseado ser más extensos en la de- mostración de nuostra Icsis, peto á fin de uo alar- gar este escrito, h;ib:einos do limitarnos á la sula copia de algunos de los innumerables dislates en que incurrió El Imparcial, y que pruebuii hasta qué punto le sacó de quicio lo ocurrido en Lon- dres.

    Gomo muestra, léase el siguiente párrafo:

    «Tan vasto es el problema social, y carácter tan ál- gido reviste, que todos sus coniüctos y explosiones, todas las resistencias ó represalias sólo en el dan j nos parecen ajenas; en I - demás, alcanzan proporcio- nes de una cuesñón europea, haciendo partícipes á lodos los pueblos de las a'.jitai:iones, alarmis, desma- ros ó recrudescencias que en cada t ino adquiere esa ucha incesante entre la FUERZ.\ y l.i inteligencia.••

    Pudiera muy bion haber dicho entre el dere- cho, la razón, la justicia y la moral, de una parle, y la explotación, el privilegio, la injusticia y la inmorahdad de otra.

    Esto hubiera sido lo lógico y lo procedente, cualidades que há tiempo se ausenttron de la re- dacción del colega; pero él, tan inteligente y hábil, ha preferido darnos la muestra de lo que es ca- paz dc hacer un entendimiento ofuscado por el lavor ú obligado por un capataz-director á escri- }ir sobre determinado tema.

    Y así le ha salido ello. Cuando escribía en son de ofensa eso de la «lucha incesante entre la íFUERZ.A y la inteligencia,cuan lejos estaba de pensar que unos párrafos más aliajo iba á estam- par estas líneas:

    «Y este ejemplo es tamo m.ib digno de señalarse para nuestros partidos y nuestros gobiernos, pues entre nosotros, donde no pueden ocurrir sucesos como los de Londres, ya porque no hay esas masas de o b r e r o s , a p o r q u e las Jue^tes guarniciones de las ciudades populosas reprimirían facílísimamente cualquier atentado análogo.»

    Ahora faltaba que el articulista hubiera dicho que esas fuertes guarnicit'nes estaban compuestas de filósofos, académicos, hombres científicos, ar- mados de libros para reprimir facilisimnmente cualquier atentado análogo, pues de lo contrario resulta quo no son los trab;Jjadores, sino la bur- guesía, la que sostiene con ¡̂ us fuertes guarnido-

    i .

    nes esa lucha incesante de la FUERZA contra l i inteligencia.

    Sin embargo, no es esta la única prueba de la ligereza y non sancta intención con que estab escrito el artículo en cuestión.

    Ya han leído ustedes en el párrafo copiado t iui El Imparcial dice que «entre nosotros no puodoi «ocurrir sucesos como los de Londres, etc.»; pue bien, vean lo que un poco antes decia el mismo Imparcial, y dígannos si no parece qne el tal ar- tículo está escrilo en un San Baudiho dc perversa intención:

    ^'lqui el problema obrero tiene tanta vida cou» en cualquiera otra parte, si bien la escasez de cen- tros fabriles, la subdivisión de talleres, la participa- ción que las masas tuvieron no hace muchos año en los partidos políticos y otras varias causas com plc.xas, tienen reducido el peligro á exiguas propor- ciones y el desarrollo de los conflictos á no difíciles remedios. Existen sí los gérmenes de un incendio, pequeño montón de ascuas aún, pero iay del dia en que se les facilite combustible y se desencadene el hurac.-ín de los desórdenes, llevando la llama devas- tadora hasta los cimientos de la propiedad y de la fa- milia?»

    jEs esto escribir en conciencia? ¿En l^ué que- damos: Aqui el problema obrero tiene tanta vid ("ymo en cwlquier otra parte, como se asegura Oi este párrafo, ó no tiene ninguna, como so afirm en ol anterior?

    Hasta aquí El Imparcial contra El Imparci