novae res 8

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Número 8 de la revista novae res, editada por la asociación novae res en 2006, y distribuida gratuitamente en la Universidad de Granada

Text of novae res 8

  • novae resPublicacin editada por la asociacin novae res Difusin gratuita

    novae resSegunda Etapa Ao 2 Nmero 8

    El grillo color luna III (Relato)ARTE, POESA, HUMOR,...

    DEPORTE UNIVERSITARIO

    CONCURSO DE RELATOS NOVAE RES

    El cielo, el infierno y el mundo estn en nosotros. El hombre es un abismo, Henri Frdric Amiel

  • novae res 8 Pg. 2

    w w w . n o v a e r e s . n e t

    g r a n a d a @ n o v a e r e s . n e t

    c o m u n i c a c i o n @ n o v a e r e s . n e t

    6 5 4 9 1 9 0 3 9

    A p a r t a d o 1 9 3 1 8 0 8 0 G r a n a d a

    a modo de editorial

    para contactar con nosotros, as de fcil:

    Revista NOVAE RES, Depsito legal:

    GR-2171/2006

    NUESTRA FOTO DE PORTADA El fotgrafo: Alberto Benito

    Algunos os preguntaris qu es y por qu. Si respondiera a

    alguna de las preguntas la foto habra perdido su sendo.

    Slo tengo dos movos por los que me decid a hacer la foto;

    el primero es hacer volar vuestra capacidad abstracva; la

    segunda y quizs la ms importante: la belleza que reside en

    aquellas pequeas cosas. Gracias, Serrat.

    Si quieres colaborar con tu ayuda econmica, tambin nos encontrars en La caixa:

    2100-2520-24-0210036954

    El inerno ha sido el terror de generaciones de creyentes. Es una de las ms viejas pesadillas de la humanidad, vinculada al temor de lo desconocido que se plantea al abandonar la vida, miedo de algo despus de la muerte, regin misteriosa de la que nadie volvi jams. He aqu el enigma que nos empuja a soportar los males presentes ms bien que a lanzarnos hacia esos otros de los que no sabemos nada, escribe Shakespeare en la clebre perorata de Hamlet. As es como empieza la introduccin al autor de este muy interesante libro que este mes traemos a nuestra editorial, HISTORIA DE LOS INFIERNOS, de Georges Minois, publicado por Paids. Un manto de silencio se cierne sobre el inerno del ms all. Silencio de las autoridades, silencio del clero parroquial: Cuntos sacerdotes osan an hablar del inerno, si no es para relegarlo, conuna pizca de conmiseracin irnica, al trastero de las creencias medievales ya ampliamente superadas? Silencio de los medios catlicos. Es intil ya buscar las palabras inerno, juicio, condenados y condenacin en los ndices de las revistas catlicas y populares o cientcas. Y as es como termina, o casi termina que no es el prrafo nal. Pero entre un prrafo y otro nos encontramos con casi quinientas pginas llenas de inernos, demonios,

    condenaciones, torturas de los ms variopinto, inernos varios de religiones varias; nos embarcamos en una nave que viaja entre maldiciones, condenas, miedos, recorriendo los empos y las religiones, los pases y los connentes, siempre navegando entre las maldades de los humanos y las an ms maldades de dioses y otros seres de vengavo carcter. Es as, termina hablando del silencio sobre el que se ha cernido al inerno, sobre el mantonegro con que se ha cubierto el habitculo de tantos y tantos demonios, que a la vez esconda las ms bajas pasiones de los humanos, y de lo que seran y son capaces de hacer los unos con los otros, pero es bueno o es malo ese silencio? Cierto que ya no se reprime como antao, amenazando con la condenacin eterna y las torturas sin n, pero ha desaparecido, por ello, el inerno, o simplemente se ha tapado o ha cambiado su aspecto y su ubicacin? De verdad hemos aprendido los humanos, tras siglos y siglos de amenazas, que esos dioses a los que damos vida eran buenos y los malos ramos nosotros? De verdad hemos acabado con el inerno, o lo hemos transformado? Diciles preguntas,... bueno,

    mejor dicho diciles respuestas, las preguntas son muy fciles de hacer! Quizs, y conociendo a los humanos, dentro de lo limitado que es ese conocimiento, aparecen ms que sospechosas dudas sobre el n del inerno; acaso los humanos hayamos recurrido al infanlismo de cerrar los ojos para negar la existencia, a la animalidad del avestruz que esconde la cabeza, acaso nos hayan convencido de que eso es lo bueno: cerrar los ojos a un inerno que ya no reprensentan los arstas pero que no se ha ido, que sigue entre nosotros. Quizs esos dioses condenadores, unos dioses, por otro lado, bastante humanos, sean los que hayan aprendido y no los humanos que alimentamos a los dioses. Quizs los humanos hayamos perdido con ese silencio del inerno, con ese tapar la condenacin eterna; quizs porque antes ramos ms o menos buenos, pero luego confesbamos y asunto casi resuelto, podamos seguir viviendo pues habamos espantado a los demonios; ahora, en cambio, han conseguido que los demonios clsicos, sean nuestros demonios, antes eran ajenos a nosotros, eran lejanos engendros que casgaban

    nuestra maldad, ahora los demonios son nuestros, estn en nosotros y por eso no los vemos, nosotros nos hemos converdo en nuestros propios demonios, nosotros somos nuestros autncos y nicos jueces y verdugos, animados a ello, por supuesto, por nuestros modernos dioses. Existe ms tragedia, condenacin ms cruel y eterna que la que nos inigimos a nosotros mismos, tanto en esta vida como en la otra, condenndonos a condenarnos? Quizs sea preferible el inerno anterior, el inerno de los poetas, el inerno de los arstas, el inerno que podamos ver y que nos aterraba, el inerno cruel que nos aplicaban, a este inerno moderno, actual, en el que las penas nos las aplicamos nosotros mismos.

    Historia de los inernos Georges Minois. Ed Paids.

    Barcelona, 2005.

  • novae res 8 Pg. 3

    Bienvenido/a esta pgina. En ella podrs ver diferentes cuadros que por uno u otro motivo me parecen interesantes, bien por el tema que relatan o simplemente por las sensaciones que despiertan. Una cosa es mirar y otra ver. Mira los cuadros, y dime que ves.

    Es evidente que cuando una persona mira un cuadro ver una serie de aspectos y otros que no ver. De los aspectos o caractersticas que vea, unas las podr denir y otras no sabr cmo. Las que pueda denir las podr transmitir, las otras le ser imposible. De las caractersticas que pueda transmitir, unas sern comprendidas por los interlocutores y otras no. En resumen, una cosa es mirar y otra ver, una cosa es transmitir y otra recibir. Espero transmitir con suciente claridad para que la inmensa mayora pueda recibirlo. Una verdadera pintura del ms pequeo hombre es capaz de interesar al hombre ms grande (Thomas Carlyle). CARAX

    Hasta hace pocos aos no se tena constancia de la existencia de este cuadro.

    Fue encontrado en una caja de

    madera oculta durante aos

    en una vieja casa de la ciudad

    de Breda, ciudad meridional

    de Holanda donde se produjo

    la capitulacin de Nassau

    frente a las tropas de Felipe IV

    capitaneadas por Spinola.

    Diferentes estudios

    y anlisis de los pigmentos

    utilizados, materiales y tcnicas

    empleadas demostraban que se

    trataba un cuadro del S. XVII.

    Su autor era desconocido, al

    igual que la identidad de la

    mujer retratada. Sin embargo,

    recientes investigaciones,

    muchas de ellas que respondan

    a un claro inters por intentar

    ver la mano de Vermeer (La

    joven de la perla) detrs de la

    obra, han podido aclarar todo

    el misterio que envolva a esta

    pintura.

    En realidad la obra

    es de un autor totalmente

    desconocido, al parecer

    llamado Oigres Khall, de

    origen norteafricano que viaj

    al centro de Europa a mediados

    del S. XVII. Nuevos documentos

    encontrados, la mayora de

    ellos pertenecientes al archivo

    de Joseph Thophile Thor,

    historiador y crtico que rescat

    del olvido a Vermeer en el S.

    XIX, con la ayuda del marchante

    de arte John Smith, podran

    aclarar adems la posible

    relacin que podra haber entre

    La joven de la Argolla de

    Khall y La joven de la Perla

    de Vermeer.

    Al parecer los dos

    pintores llegaron incluso a

    conocerse. Este hecho se

    produjo en La Haya en 1662,

    cuando Vermeer fue convocado

    para hacer una peritacin

    sobre una coleccin de telas

    vendidas a Federico Guillermo,

    gran elector de Brandemburgo,

    y se desconocen por completo

    las razones por las que Khall

    pudiera encontrarse all, pero

    s se sabe que era considerado

    un pintor fracasado que nadaba

    a contracorriente del gusto de

    la poca.

    El caso es que Vermeer

    se qued muy impresionado

    con una de las obras del

    pintor norteafricano, que

    haba llamado La joven de la

    Argolla. Al parecer la mirada

    de la modelo, la paleta o gama

    de colores tan compatible y

    sobretodo por el contraluz

    hicieron que se despertara en el

    pintor holands un gran inters

    por esta obra.

    Tres aos despus de

    este encuentro en La Haya

    nacera La joven de la Perla,

    considerada una de las obras

    maestras de la pintura, y nunca

    ms se supo de La joven de la

    Argolla hasta que apareci en

    una polvorienta caja de madera

    hace apenas unos aos.

    Este cuadro va dedicado

    a todos vosotros, a los que no

    veo hace tiempo, a los que nunca

    coincidimos para tomar un caf,

    a los que el ritmo frentico de

    nuestras vidas hace que apenas

    sepamos unos de otros, y que

    solo tengamos conciencia de

    nuestra existencia a travs de

    un comentario fugaz, un e-mail

    reenviado, y por qu no a travs

    de esta revista.

    Espero que os guste el

    cuadro. Como habris imaginado

    no existe ningn pintor llamado

    Oigres Khall, y por supuesto

    que jams ha tenido nada que

    ver con Vermeer.

    Se trata de un nombre

    totalmente inventado -