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  • ERRANCIA… POLIÉTICAS NOVIEMBRE 2017

    http://www.iztacala.unam.mx/errancia/v16/polieticas_7.html

    LA INTERSUBJETIVIDAD COMO ELEMENTO

    INELUDIBLE DE TODA ÉTICA

    JORGE ALBERTO ÁLVAREZ DÍAZ*

    Resumen: Para la elaboración de un sistema ético se requiere de la noción de un “yo” y de

    un “nosotros”. Desde la ontología, un problema básico que tiene un reflejo en la ética se

    refiere a las posibilidades y límites entre lo “objetivo” y lo “subjetivo”. En este texto se

    plantea un esbozo de la dificultad de si se puede partir del “yo” para llegar al “nosotros” o

    si la vía en realidad es partir del “nosotros” para llegar al “yo”. Se propone que existe una

    vía más reciente en la historia del pensamiento (fundamentalmente Siglo XX) en donde no

    se parte de la esa dicotomía, sino que es posible asumir una tercera vía a través de la

    “intersubjetividad”.

    Palabras clave: Nosotros, intersubjetividad, ética.

    1. Del “yo” al “nosotros”

    Esta primera sección resultaría ser una especie de exordio. ¿Es posible pensar en

    grupo? O bien, ¿Es posible pensar individualmente? ¿Pueden dibujarse nítidamente los

    límites de individuo y del grupo? Habría que cuestionarse ambas cosas, en una doble vía,

    “de ida y vuelta”, en una relación dialéctica, como se quiera, pero habría que cuestionarse

    este punto desde el principio. ¿Cuál principio? Siempre que quiera hablarse de subjetividad,

    o de grupo; en el fondo, continuamente es algo que se hace.

    ¿Por qué algo tan abarcante? Tal vez habría que hacer algo de etimología, filología, un

    breve esbozo de “arqueología del saber”. Si en psicoanálisis el hablar de “grupos” (e

    * Departamento de Atención a la Salud. División de Ciencias Biológicas y Salud. Universidad

    Autónoma Metropolitana.

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    instituciones) es pasar del “yo” a “nosotros”, de lo individual a lo grupal, ¿Qué podría

    querer decir el “nosotros”? El Diccionario de la Real Academia Española (DLE, que se

    supone que tiene no solamente una función informativa sino también normativa), dice del

    “nosotros” y “nosotras” (del latín nos y otros) que se trata de “formas de nominativo de

    primera persona plural en masculino y femenino. Usadas con preposición en los casos

    oblicuos. Por ficción, que el uso autoriza, algunos escritores se aplican el plural, diciendo

    nosotros, en vez de yo”.

    Aquí van desvelándose las primeras cuestiones interesantes. El pronombre personal latino

    nos, ya significaba "yo y los que conmigo se asocian" (el “nosotros”). El latín nunca utilizó

    el nos con un significado similar al yo, más que como recurso literario esporádico

    indicativo de modestia entre ciertos escritores, pero nunca en el habla (y habría que

    recordar que el latín conocido actualmente, en tanto que lengua muerta, era el latín culto, el

    eclesiástico, el de la curia y las clases educadas, no el latín de pueblo). Parece ser que el

    empleo de nos con valor de yo sólo aparece a partir de la Edad Media en boca de reyes y

    altas jerarquías eclesiásticas y seculares: es el plural mayestático (si el rey hablaba lo hacía

    a la vez en nombre del pueblo; si hablaba el Papa, lo hacía a la vez en nombre de Dios).

    Pero esto parece que no debería haber afectado en nada al habla común: la gente normal y

    corriente diría yo para referirse a sí mismo.

    El pronombre latino nos parece estar vinculado a una raíz indoeuropea *nes- (nosotros),

    presente en muchas lenguas indoeuropeas (no solamente la española). Sobre la forma latina

    nos, y con un sufijo -ter contrastivo, se forma también en latín el posesivo noster, nostra,

    nostrum (nuestro). En realidad, nos es un plural sociativo. Desde el latín, un "yo" emisor en

    el acto de la comunicación nunca tiene plural más que el sociativo: el “nosotros” indicará

    siempre un “yo” y “aquellos que conmigo están vinculados”, ya sea por relación lógica o de

    contexto y en cuyo nombre también el hablante o se apropia de la representatividad (en el

    ejemplo del DLE, “¿qué tal estamos?”). De la misma manera vos (“vosotros”, usado no

    solamente en la península ibérica sino en algunos contextos fuera de ella, como en

    Argentina) puede designar en el acto de la comunicación no sólo al grupo de los receptores

    presentes (los distintos "tú"), sino también a un “tú” y a “todos los que a él se vinculan” por

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    una relación lógica o de contexto. Actualmente resulta cuando menos curioso, que en

    España se asume que el “vosotros” asume mayor familiaridad o confianza con los

    hablantes, en tanto que el “ustedes” resultaría más distante.

    Siguiendo en la historia, en su función nominativa y vocativa, el romance acabó

    sobrecaracterizando estas formas con un “otros” (de alteros, alter + os) de claro valor

    contrastivo. Alter es un pronombre, que si bien acabó desplazando a alius (“otro”, con el

    sentido de “distinto”, “diferente”), siempre conservó su valor contrastivo. Conferido de un

    sufijo -ter sobre alius, marca un elemento diferenciado necesariamente de un par,

    designando, unas veces "al uno", otras veces "al otro". Así se marcaba más fuertemente la

    distinción entre el grupo de los vinculados al yo hablante (“yo” y “mi grupo”, que son "los

    unos") frente al grupo del oyente (“vosotros”, "los otros").

    Ya el antecedente de la lengua española, el romance, sencillamente sobrecaracteriza

    frecuentemente las formas, tendencia ya existente en el latín vulgar tardío (por ejemplo

    "conmigo", con una doble caracterización con cum, a partir de mecum -conmigo-, en la

    expresión redundante cum mecum). De esa sobrecaracterización habría nacido la forma

    “nosotros”.

    Bajo esta exposición, como muchas otras de la llamada “cultura occidental” (donde nace y

    crece Freud, donde se postula el psicoanálisis y una forma de entender el inconsciente y lo

    inconsciente, donde se postula la subjetividad que interpreta y reinterpreta el psicoanálisis),

    parece ser que, efectivamente, es posible dar un paso de “yo” al “nosotros”. Pero, ¿esto

    siempre es así? En realidad, ¿toda lengua hace esto?

    2. La subversión del psicoanálisis

    Se ha cuestionado si el psicoanálisis es algo que pueda entenderse universalmente. Si el

    punto de partida es el sujeto, y se entiende que el sujeto del inconsciente es el sujeto del

    psicoanálisis, parecería ser que la respuesta sería un “sí” a la pretendida universalidad

    psicoanalítica. Si el sujeto del psicoanálisis es el sujeto del lenguaje, se asumiría la

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    universalidad de la lengua, y entonces vendría otro “sí”. Pero, ¿esa universalidad es tal?

    ¿Toda lengua puede dar cuenta del sujeto, se la subjetividad, del inconsciente, del “yo” y el

    “nosotros”? Habría que revisarlas todas. Como se trata de una empresa humanamente

    imposible para un ensayo, habría que centrarse en un esbozo acerca de una lengua que no

    deriva del latín ni tiene relación con el tronco indoeuropeo, una lengua de las culturas

    originarias de eso que ahora se le llama América y que con fines descriptivos se ha acotado

    por regiones; es decir, una lengua mesoamericana.

    Las lenguas originarias (entendiendo por este nombre las “amerindias”) son un mosaico

    interesante y complejo. Hacia el corazón de Mesoamérica hay varias familias de lenguas

    mayenses. Una de ellas es el tojolobal, hablada por los tojolobales. En la actualidad habitan

    en la zona centro oriental del Estado Chiapas. Es una de las aproximadamente 30 lenguas

    mayas que se reconocen actualmente. Según las estadísticas, su número de hablantes

    asciende a 43,369 (de acuerdo con el INEGI) y viven fundamentalmente en las zonas

    rurales de los municipios de Las Margaritas, Comitán y Altamirano.

    El nombre de “tojolabal” o mejor “tojol’ab’al” (según la ortografía propia más aceptada,

    más próxima a la fonética) significa en sí mismo: “discurso recto” o “palabra que se

    escucha sin engaños” ya que se compone de los vocablos tojol que significa “recto”,

    “correcto”, “justo”, “derecho”, y ‘ab’al que se refiere a la palabra que se escucha o al

    discurso que se da, quedando así los tojolabales como “hombres de la palabra recta”. Muy

    interesante, ya que implícitamente se asumen que hay otras lenguas, y que la lengua de las

    otras no es la “correcta”. Como las demás lenguas mayenses, se trata de una lengua

    ergativa, es decir, se estructura a partir de prefijos y sufijos que se unen a raíces verbales o

    sustantivas. La forma más simple para estructu