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Freud, Martin - Sigmund Freud, Mi Padre

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Text of Freud, Martin - Sigmund Freud, Mi Padre

Sigmund Freud, mi padreMartin Freud

INTRODUCCIN. por Su Alteza Real la princesa Georgia de Grecia. Viaj a Viena en 1925 para someterme a un anlisis con el profesor Freud y en los aos siguientes pas varios meses y semanas en Viena con el mismo propsito. As tuve oportunidad de trabar relacin con su familia y pude presenciar la armoniosa atmsfera de esa casa hasta que, en 1938, Hitler destruy tanta felicidad. A Martin Freud, autor de este libro, lo conozco desde hace treinta aos. Hijo mayor de Freud, fue, como lo dice en esta obra, puesto a cargo del Verlag, la firma editora que haba creado su padre. Con frecuencia lo trat como editor y tambin en el crculo familiar. Pude apreciar entonces su vivaz personalidad, su humor juvenil, que jams le dej, aun en las ms difciles circunstancias, y que no ha afectado el paso del tiempo, como podr atestiguar el lector de este libro. Martin evoca en toda su frescura las impresiones infantiles del nio vivaz que fue bajo la vigilancia de su gran padre, sus vacaciones en las montaas, todo impregnado del aroma de las frutillas silvestres y de los grandes hongos (Herrenpilze) que a su padre tanto le gustaba descubrir bajo los grandes abetos, en los bosques que tanto quera. Nos hace ver su crecimiento, cmo eligi su carrera bajo la gua de tal padre y su obra est salpicada de deliciosas ancdotas, especialmente la del "Astrlogo y Psicoanalista" que abrum con cartas a su padre. Luciendo una gran barba, con peluca y convenientemente disfrazado, Martin personific al "Astrlogo y Psicoanalista" y visit a su padre. Gozamos con l de experiencias de alpinismo y sufrimos con l accidentes y con l contemplamos varios de los importantes acontecimientos polticos de aquellos tiempos. Combati en la primera guerra mundial y gan una bien merecida Cruz Militar como oficial del ejrcito austraco. Leemos sobre la invasin austraca de Polonia, la guerra en Italia, el Armisticio, y sus meses de cautiverio. Nos cuenta de las dos guerras civiles austracas y finalmente de los terribles das de la invasin de Austria por Hitler, cuando destruy la paz y el encanto de la Viena que conoc durante tantos aos, plena de mirto, msica y, para quienes vivan en el ambiente de Freud, de la serenidad de la investigacin cientfica. La mayora de los alumnos y colaboradores de Freud, que haban constituido la Sociedad Psicoanaltica Vienesa, se dispersaron, como ya se haba separado el grupo de Berln. Algunos viajaron a los Estados Unidos, otros a Inglaterra, donde en junio de 1938 el mismo Freud se refugi con su familia, bienvenido por todos. Mientras Ana, la menor de sus hijas, fue la nica en seguir los pasos de su padre y se convirti en una eminente analista, Martin fue para su padre en el exilio, el hijo devoto que siempre haba sido, y en cada una de mis visitas a Londres lo encontr en casa de su padre,

as como tambin a su hermano Ernest, el arquitecto, y a Matilde, la hija mayor de Freud. Supe de la intencin de Martin de escribir un libro de sus recuerdos de juventud y de los agitados aos siguientes. Me complace ver que realiz su propsito y deseo a los lectores del libro que tengan tanto placer al leerlo como yo, y como Martin mismo tuvo al evocar los recuerdos de un pasado distante pero siempre vivido. MARIE BONAPARTE.

CAPTULO I.

Comienzo esta historia pocos das despus de finalizar las celebraciones del centenario de Sigmund Freud en Londres. Se han pronunciado las ltimas conferencias y difundido las emisiones radiales para sealar la ocasin y, asimismo, se han escrito los ltimos artculos al respecto. Muchos asistieron para admirar y respetar, algunos para criticar y hubo algunos francamente incrdulos, pero nadie neg que mi padre fue un genio. En la raza humana no hay muchas personas geniales: cada una es un fenmeno raro. Tener por padre a un genio no es una experiencia comn: en consecuencia, como hijo mayor de Sigmund Freud, soy miembro de una pequea minora, objeto de cierta curiosidad, pero la sociedad no me considera necesariamente con mucho favor. Pareciera que la sociedad no estuviese preparada a dar estentreos vtores cuando alguno de nosotros trata de trepar a la fama y la gloria. Personalmente, no me quejo. Nunca tuve ambicin de escalar las alturas, aunque, debo admitirlo, he sido muy feliz de estar al abrigo de la gloria reflejada. Sin embargo, creo que si el hijo de un padre grande y famoso quiere llegar a alguna porte en este mundo debe seguir el consejo de la Reina Roja a Alicia tendr que duplicar la velocidad de su marcha si no quiere detenerse donde est. El hijo de un genio es slo eso, y su probabilidad de lograr la aprobacin humana por algo que pueda hacer, difcilmente existe si intenta reclamar una fama separada de la de su padre. Conozco algo de psicoanlisis y creo firmemente en las teoras de mi padre; pero no me siento llamado a explicarlas aqu. El Sigmund Freud sobre el cual escribo no es el celebrado cientfico en su estudio o en el estrado de conferencias; es mi alegre y generoso padre en el crculo de su familia, en su casa, o errando con sus hijos por los bosques, pescando en un bote de remos en un lago alpino o escalando montaas. Permtaseme hacer aqu un breve retorno al pasado para decir algo de la infancia de mis padres, de mis abuelos y de mis tos y tas. No espero dar muchos datos nuevos acerca de ellos. Cuanto puedo hacer es agregar mis recuerdos personales de quienes desempearon papeles en la historia de mi familia. Mi padre naci el 6 de mayo de 1856 en Freiberg, una muy antigua y pequea ciudad

industrial morava que entonces perteneca al imperio austrohngaro. Su madre, Amalia, era la segunda esposa de su padre, Jakob Freud, nacido en 1815, y veinte aos menor que l. El resultado era curioso, porque los hijos de Jakob y su primera mujer eran ya crecidos y uno de ellos, Emanuel, estaba casado y era padre. Emanuel era algunos aos mayor que su madrastra Amalia y viva en la vecindad. Mi padre era to de su primer compaero de juegos, el hijo de Emanuel que tena un ao ms que l. Cuando mi padre tena unos cuatro aos, Jakob Freud, cuya pequea empresa textil declinaba al igual que la importancia industrial de Freiberg, decidi liquidarla. Con su joven esposa y sus dos hijos, Sigmund y Ana, dej Moravia y se traslad a Viena. Emanuel emigr a Inglaterra y triunf establecindose en Manchester en el comercio textil de su padre. Conoc a Jakob, Amalia y Emanuel. Yo tena siete aos cuando muri mi abuelo y puedo recordarlo claramente, porque era frecuente vistante a nuestro piso en Viena, en Bergasse. Cada miembro de mi familia quera a Jakob y lo trataba con gran respeto. Era alto de espaldas anchas, ms o menos de la misma talla que alcanc cuando me desarroll. Era muy carioso con nosotros, los nios. Nos traa pequeos obsequios y acostumbraba a relatarnos cuentos, casi siempre guiando sus grandes ojos pardos, como si quisiera decir: "No es una gran broma lo que hacemos y decimos?" Cuando muri, en octubre de 1906, mi padre escribi a su amigo, el doctor Flies: "A travs de uno de los oscuros senderos que hay tras la conciencia, la muerte de mi padre me ha afectado profundamente. Yo lo apreciaba mucho y lo comprenda muy bien. Con su peculiar mezcla de profunda sabidura y fantstico iluminismo significaba mucho en mi vida..." Vi con frecuencia a mi abuela Amalia. Aunque era una anciana cuando yo era nio, la comprenda. Yo era ya adulto cuando muri. Haba sido muy bella, pero eso ya haba desaparecido desde que la recuerdo. Por un tiempo pareci como si fuese a vivir eternamente, y mi padre estaba aterrado al pensar que ella podra sobrevivirlo y en consecuencia que le informaran de su muerte. La abuela era de Galitzia oriental, que entonces formaba an parte del Imperio Austraco. Era de origen judo y muchos ignorarn que los judos galitzianos son una raza peculiar, no slo diferente de las dems razas que habitaban Europa, sino absolutamente diferente de los judos que haban vivido en Occidente durante algunas generaciones. Los judos galitzianos tenan poca gracia y carecan de modales y sus mujeres no eran por cierto lo que denominaramos "damas". Eran muy emotivos y se dejaban dominar fcilmente por sus sentimientos. Pero, aunque en muchos sentidos parecan ser, para la gente ms civilizada, brbaros indmitos, de todas las minoras fueron los nicos que enfrentaron a los nazis. Fueron hombres de la raza de Amalia los que combatieron al ejrcito alemn en las ruinas de Varsovia; y se puede decir que cuando se oye hablar de judos que muestran violencia o beligerancia, en vez de humildad y lo que parece dbil aceptacin de un destino cruel a veces asociado a los pueblos judos, se puede sospechar con seguridad la presencia de hombres y mujeres de la raza de Amalia. No es fcil vivir con esta gente, y mi abuela, verdadera representante de su raza, no era una excepcin. Tena gran vitalidad y mucha impaciencia; tena hambre de vida y un espritu indomable. Nadie envidiaba la ta Dolfi, cuyo destino era dedicar su vida al cuidado de una madre anciana que era un huracn. En cierta oportunidad ta Dolfi llev a Amalia a comprar un sombrero nuevo, y quiz no tuvo la prudencia de recomendarle lo que le pareca "adecuado". Al estudiar cuidadosamente su imagen coronada por el sombrero, que

acept probarse, Amalia, que tena ms de noventa aos, exclam finalmente: "No llevar ste; me envejece". Eran ocasiones memorables las reuniones familiares en el piso de Amalia. Se realizaban en Navidad y vsperas de Ao Nuevo, porque Amalia ignoraba las fiestas judas. La comida revelaba opulencia: generalmente nos servan ganso asado, frutas abrillantadas, tortas y ponche, ste diluido para nosotros, los nios. Cuando yo era joven mi to Alejandro an era soltero y se encargaba de animar las reuniones. Era el corazn y el alma de estas fiestas. Preparaba juegos que se jugaban en orden, y en cada ocasin se recitaban poemas escritos que eran muy aplaudidos. Pero siempre, a medida que caa el atardecer, todos perciban un ambiente de creciente crisis, mientras Amalia tornbase inquieta y ansiosa. Hay gente que cuando est inquieta y perturbada, oculta tales sentimientos porque no quiere afectar la paz de quienes los rodean; pero Amalia no era de sas. Mi padre siempre asista a esas reuniones no s que haya faltado alguna vez pero su jornada era larga y siempre llegaba ms tarde que los dems. Amalia lo saba o quiz era una realidad que no poda aceptar. Pronto se la vea corriendo ansiosa hacia la puerta y al rellano para mirar escaleras abajo. Vena? Dnde estaba? No se haca muy tarde? Este ir y venir poda sucederse durante una hora, pero se saba que cualquier intento de detenerla causara un estallido de clera que era mejor evitar hacindose el distrado. Y mi padre siempre llegaba a su hora, pero nunca cuando Amalia lo aguardaba en el rellano de la escalera. Recuerdo a mi to Emanuel, el hermanastro de mi padre, como un anciano. Naci en 1832 y era setenta y cinco aos mayor que yo. Como dije, emigr a Inglaterra, a Manchester, donde se estableci en el comercio textil. Pero hay algo particular. To Emanuel, como hijo de Jakob Freud, el pequeo comerciante textil que no haba tenido xito en Freiberg, Moravia, no tena importancia social ni de otra clase cuando lleg a Manchester. Pero en 1913, cuando viaj desde Viena para pasar con l unas cortas vacaciones, lo encontr viviendo en una casa grande y cmoda en Southport. Esto poda parecer bastante natural en un hombre que hubiera hecho fortuna mediante el arduo trabajo y su capacidad, pero lo que me sorprendi desde entonces, despus de vivir en Inglaterra durante dieciocho aos y de tratar con ingleses en muchas actividades, es el hecho de que to Emanuel se haba convertido en todos sus detalles en un digno caballero ingls. Aunque me recibieron en muchos hogares ingleses, nunca encontr una casa que pareciese tan tpicamente inglesa como la de to Emmanuel n Southport; y esto se aplica a su vestir, sus maneras y su hospitalidad. No soy ingls de nacimiento, y los aos ms importantes de mi vida los pas en Austria y en consecuencia difcilmente poda haber aspectos de la conducta de to Emanuel y su familia que traicionasen al europeo del centro que escapasen a mi atencin. Mi impresin de la metamorfosis de to Emanuel se complet cuando teniendo alrededor de ochenta aos se retir de los negocios y los dej a cargo de su hijo Sam. Recuerdo tambin algo anterior de to Emanuel. Durante mi juventud en Viena, sintiendo mucho afecto por su hermanastro (mi padre), to Emanuel vena a vernos a veces; lo recuerdo por los obsequios que nos compraba. Le gustaba gastar dinero pero detestaba derrocharlo. En consecuencia la seleccin de los presentes era siempre una oportunidad grande y muy metdica en la cual el costo del obsequio tena mucho menos importancia que su uso o su valor como entretenimiento. Me quera mucho porque era el hijo mayor de su amado hermano, pero no era fcil vivir con l. Mi padre permita a sus hijos seguir sus propias ideas para divertirse sin la interferencia paterna, pero no pasaba lo mismo con to Emanuel. Recuerdo que una vez en Southport quise salir en un bote de remos y mi to decidi que

fuese en calesita, cosa que me disgustaba. Como resultado de la larga discusin no fui en ninguno de los dos. Y finalmente, algo acerca de los antepasados de mi madre. Vena de una familia de intelectuales. Dos tos suyos eran conocidos hombres de letras y su abuelo haba sido el Gran Rabino de Hamburgo, personaje que logr importancia histrica entre los judos de esa ciudad, donde era conocido como cochem, el sabio. Su retrato tengo una copia del aguafuerte muestra un definido rostro de filsofo. Nacida en Hamburgo, mi madre lleg a temprana edad a Viena con sus padres y su hermana Minna. La abuela Emelina era un personaje mucho menos vital que Amalia, pero para nosotros tambin era importante y la recuerdo bastante bien. Era juda ortodoxa, profesante, que odiaba y despreciaba a la alegre Viena. Fiel a las severas normas de la ley juda ortodoxa, usaba Scheitel, lo que significaba que al casarse haba sacrificado su cabello y su cabeza estaba cubierta con dos apretadas trenzas postizas. Permaneca con nosotros a veces y los sbados la oamos entonar plegarias judas con una vocecita firme y melodiosa. Todo esto, bastante comn en una familia juda, nos pareca extrao a los nios criados sin ninguna enseanza del rito judo. Pero aunque abuela Emelina pareca suave, dbil y angelicalmente dulce, estaba siempre resuelta a salirse con la suya. Recuerdo cuando estbamos todos en un paseo familiar y nos sorprendi una terrible tormenta. "Los ancianos y los nios primero", nuestros padres ubicaron a la abuela y un buen hato de nios en el nico carruaje disponible y nos enviaron a casa. Como iba tirado por un solo caballo y era un carruaje muy pequeo, bamos como sardinas en lata, y como las ventanillas estaban cerradas el ambiente se hizo pronto muy pesado y casi sofocante. Los nios queramos abrir las ventanillas; la abuela las mantuvo cerradas por la lluvia y en seguida se inici una batalla entre un puado de fuertes rapaces y una frgil anciana. Los pequeos no fueron obstculo para la dama y las ventanillas siguieron cerradas. Fue un milagro que todos siguisemos con vida cuando el carruaje lleg a casa. Deseo completar la historia familiar de los siete hijos de mi abuelo Jakob y de mi abuela Amalia. Ana, de carcter alegre y feliz, una verdadera vienesa, se cas con el hermano de mi madre, Eli Bernays, y muri en Nueva York a los noventa y siete aos, en paz y rodeada de sus adorados hijos. Las otras cuatro nias fueron menos afortunadas. Rosa, la siguiente, se cas con un destacado abogado de Viena y vivi un tiempo en un departamento en el mismo piso que ocupbamos en Bergasse 19. Era la hermana favorita de mi padre, y se haca querer por su gran encanto, mucha gracia y dignidad. La gente la comparaba con la famosa actriz Eleonora Duse. Me parece que recin a los setenta aos se le cay el primer diente. Cuando viuda, ya de sesenta cumplidos, an poda provocar el amor de los jvenes, de lo cual estaba muy orgullosa, y no guardaba discrecin alguna al respecto. Pero se vio rodeada por las sombras cuando perdi a sus hijos supradotados y cuando, para hacer ms enftica su soledad, ensordeci totalmente. Finalmente, fue asesinada por los nazis, probablemente en Auschwitz. sta es una breve frase a la cual la historia del hombre europeo, durante los ltimos diecisis aos, ha dado el carcter de lugar comn; pero implica un mundo de degradacin, una srdida irrealidad de la dura realidad. Finalmente, fue asesinada por los nazis, probablemente en Auschwitz. Uno se imagina la incomodidad fsica entre los olores y la dieta de inanicin, hasta que se crea en la mente de una anciana acostumbrada a las comodidades normales algo ms all de la indignacin, una muerte viviente en el insomnio, que va lenta pero misericordiosamente al sueo eterno. El tiempo ha suavizado el impacto de estos crueles

acontecimientos, pero osaremos olvidar que los seres humanos pudieron hacer eso a una anciana y a muchos otros miles de ancianas? Esto me hace recordar en especial a la hermana menor de mi padre, Dolfi, que como ya dije dedic su vida a cuidar de Amalia, su madre. No era astuta ni se destacaba y podra decirse que la constante atencin de Amalia haba suprimido su personalidad reducindola a un estado de dependencia del que nunca se recuper. Fue la nica de las hermanas de mi padre que no se cas. Tal vez esto la hizo un tanto rara y susceptible a las impresiones o pronsticos de futuros desastres que nosotros considerbamos ridculos y hasta un poco tontos. Recuerdo que un da paseaba con ella en Viena cuando pasamos junto a un hombre vulgar, probablemente un gentil, que no haba reparado en nosotros. Atribuyo a una fobia patolgica o a la estupidez de Dolfi que me aferrase el brazo, aterrorizada, y susurrase: "Oste lo que dijo ese hombre? Me trat de sucia y apestosa juda y dijo que era tiempo de que nos maten a todos". Por entonces la mayora de mis amigos eran gentiles y me senta perfectamente feliz y seguro con ellos. Parece raro que mientras ninguno de nosotros profesores, abogados y gente educada tena idea de la tragedia que destruira a los hijos de la raza juda, una solterona encantadora pero ms bien tonta previ o pareci prever ese futuro. Dolfi muri de inanicin en el ghetto judo de Theresienstadt. Las otras tres hermanas fueron muertas muy probablemente en Auschwitz. As fue como cuatro hermanas de mi padre sufrieron horriblemente en sus ltimos das. Alejandro era diez aos menor que mi padre y para l no haba dinero que pagase una educacin universitaria. A una edad relativamente temprana tuvo que abandonar sus estudios para ganarse la vida, pero aun sin un ttulo universitario y con las consiguientes desventajas, lleg lejos. Fue el principal experto austriaco en transportes. Era el asesor de la Cmara de Comercio de Viena y profesor de varias academias. Finalmente lo designaron consejero (Kaiserlicher Rat). El gobierno aprob sus proyectos sobre los problemas de transporte durante la primera guerra mundial. Siendo hermanos, mi padre y Alejandro no pudieron haber sido ms distintos en su punto de vista de la vida, pero siempre fueron buenos amigos. En contraste con Sigmund, Alejandro era muy aficionado a la msica; poda silbar perfectamente toda una opera. Adems, era un excelente narrador de cuentos y poda imitar el acento de los personajes de sus relatos. Algunos podan ser austracos comunes, otros eran judos de distantes lugares del imperio, otros extranjeros que hablaban nuestro idioma con ms cuidado que facilidad, pero sin embargo lo hablaban y to Alejandro captaba su acento. Vena con frecuencia a Bergasse y antes de ser padre pas muchos domingos con los hijos de su hermano.

CAPTULO II.

No me referir a lo que se conoce de la infancia de mi padre hasta los cuatro aos. Estos relatos han sido objeto de mucha interpretacin psicoanaltica. Lo que imagino es que, en general, mi padre era un nio de buena conducta, saludable y robusto, completamente normal, que amaba profundamente a sus padres y muy animoso con sus compaeros de juegos. Sin duda el cambio desde la linda ciudad morava de Freiberg con sus suburbios rurales, al atestado barrio judo de Viena, nada limpio, el Leopoldstadt, fue, despus de la primera excitacin de lo nuevo, chocante para el nio. Los judos que vivan en Leopoldstadt no eran del mejor tipo. Una cancin popular en Viena que contena el verso "Cuando los judos cruzaban el mar Rojo, todos los cafs de Leopoldstadt quedaban vacos", sugiere que perdan mucho tiempo. Pero en este barrio los alquileres eran bajos y la situacin econmica de la familia de mi padre era ajustada. Sin embargo, cuando mis abuelos advirtieron que su hijo no era comn, le prestaron especial atencin y desde sus tiempos de escolar, durante la universidad y hasta que fue interno en el Hospital General de Viena, le dejaron utilizar una habitacin para l solo, privilegio que era el nico de la familia en gozar. Esta atencin a un miembro de la familia, a expensas de los dems, se basaba, simplemente, en la firme creencia de Jakob y Amalia de que su Sigmund tena dotes extraordinarias y estaba destinado a ser famoso. Por eso, ningn sacrificio era demasiado por l. Podra haberse hecho mimado y ser, en consecuencia, perjudicial para los dems hijos, pero no fue as. No mostraba egosmo, excepto en un punto raro: era inflexible su demanda de que no se tocase el piano en el departamento. Lo consigui entonces y, puedo mencionarlo, tambin despus, cuando tuvo su propio hogar. Su actitud hacia los instrumentos de msica de cualquier clase no cambi en toda su vida. Nunca hubo piano en Bergasse y ninguno de sus hijos aprendi a tocar un instrumento. Esto era raro en Viena entonces y probablemente tambin hoy se considerara extrao, porque saber tocar el piano se considera parte esencial de la educacin de la clase media. En realidad, no creo que el mundo haya perdido mucho por la incapacidad total de los miembros de la familia Freud para tocar El Danubio Azul, y puedo agregar que esta incapacidad parece haberse transmitido hasta a los nietos de Sigmund Freud. Jakob, mi abuelo, era muy simptico pero no tuvo mucha suerte con sus negocios en Viena, que entonces estaba sufriendo una seria depresin econmica. Gradualmente se fue haciendo impotente e ineficaz en sus esfuerzos por mejorar la situacin de su familia. Mi padre pareciera haber asumido parte de esa responsabilidad cuando era joven. Era en realidad muy buen hermano y ayudaba a sus hermanos con sus lecciones, explicndoles lo que suceda en poltica en el mundo de entonces y supervisando su eleccin de los libros. Segn mi ta Paula, se mostraba severo si los encontraba haraganeando. Sorprendi a Paula gastando dinero en una bombonera, algo que aparentemente se supona que no deba hacer. La reprendi con tanta severidad que cincuenta aos despus ella no haba olvidado ni perdonado cuando se lo contaba al pequeo escolar, hijo del respetado y temido hermano mayor. El gabinete reservado para el hijo favorito en el humilde departamento de Leopoldstadt no fue abandonado cuando mi padre fue a vivir en el hospital, en Viena. Pasaba all los fines de semana y segn mi ta Ana muchos amigos venan a visitarlo a su habitacin. La presencia de cinco jovencitas en el departamento no produjo el menor efecto en ellos: las muchachas

no tuvieron nunca ni la sospecha de una mirada de reojo. Los visitantes se dirigan directamente al gabinete y desaparecan sin dejar rastros, para iniciar discusiones cientficas con Sigmund. La ta Ana se consolaba aos despus, admitiendo que aunque no haba escasez de hermosas muchachas en Viena dispuestas a entretener a los apuestos jvenes mdicos, stos saban que slo haba un Sigmund Freud en la ciudad, con quien podan debatir sus problemas. De todas maneras, recordaba que las muchachas de la familia Freud eran demasiado tmidas y recelosas para intentar atraer la atencin. No me propongo hablar de los primeros estudios de mi padre, ni de su carrera sino en cuanto afectan a mi historia. De todas maneras, es poco lo que puedo decir de primera intencin, porque raras veces nos hablaba de su trabajo y nunca me encontr con ninguno de sus condiscpulos. S que con frecuencia en la escuela gan premios en libros por su labor. Cuando yo era nio me dio uno de los libros de premio y ese libro, estudio de la vida animal en los Alpes, por el escritor suizo Tschudy, ha adquirido status de herencia. Lo estudi muy atentamente y el resultado feliz fue que cuando viaj a los Alpes saba mucho de marmotas y cabras alpinas y todos se enteraron de mis conocimientos. Entregu este libro a mi hijo, que lo aprecia mucho, pero ahora que su hijo, mi nieto, demuestra inters por la lectura, el libro que entregaron a mi padre cuando nio pronto estar en manos de su biznieto. Se sabe cuan profundamente fue influido mi padre por su trabajo en Pars bajo la direccin del famoso Jean Martin Charcot y cuan intensamente fue cautivado por la personalidad del maestro En cierto modo esta influencia se mantiene an. Mi padre admiraba tanto a Charcot que decidi dar a su hijo mayor su nombe. Jean Martin, nombre muy raro en Austria y que ahora confunde a las autoridades de Inglaterra. Con frecuencia me tratan de "Querida seora". Mi padre conoci a mi madre en abril de 1882 y aparentemente se enamor de ella a primera vista. Se comprometieron, pero antes de casarse tuvieron que vencer lo que pareca ser una infinita cadena de dificultades. Por milagro han sido conservadas las cartas que mi padre escribi a mi madre durante su noviazgo. Ninguno de sus hijos se sinti inclinado a leerlas, considerndolas demasiado sagradas; pero cuando Ernest Jones inici su biografa de mi padre con aprobacin y apoyo de nuestra familia, pensamos que su contenido podra tener mucho valor para l y se las confiamos. Dir que hizo excelente uso de las mismas. El obstculo ms serio para el casamiento de mis padres era la pobreza; algo que soportaban y gozaban en comn: los dos eran pobres. Mi padre haba preferido la labor cientfica a la prctica mdica comn; pero pareca no haber futuro financiero en ello y tuvo que abandonar su trabajo terico y empezar la prctica mdica. Como dice en su autobiografa, el punto crucial sobrevino en 1882, cuando su maestro, por quien tena la mayor estima, "corrigi" la generosa imprevisin de Jakob, aconsejndole enrgicamente, en vista de su mala situacin financiera, que abandonase la teora por la prctica e ingresase al Hospital General, en Viena. Pocas semanas antes de disponer su casamiento en 1886, mi padre tuvo que servir durante un mes en el ejrcito austraco durante Lis maniobras en Olmuetz. Moravia Empez como Oberarzt (teniente) pero fue ascendido a Regimens-uzt (capitn) durante ese breve servicio. Podra citarse una carta escrita desde all a su entonces mejor, ms til y paternal amigo, el doctor Jofef Breuer, para demostrar que mientras las armas y su manera de matar han cambiado dramticamente desde entonces, las actitudes humanas hacia el servicio militar no han cambiado mucho.

Despus de agradecer al doctor Breuer por haber visitado a su "hijita" habla de su experiencia en el cuerpo mdico austraco. Haba dado conferencias sobre higiene rural y stas tuvieron mucho pblico y fueron traducidas al checo; agregaba alegremente que no lo haban confinado en el cuartel por ningn crimen. "Jugamos a la guerra todo el tiempo escribe. Una vez hasta sitiamos una fortaleza. Juego a ser un mdico del ejrcito que cura lesiones en las que se notan plidas heridas. Mientras mi batalln ataca estoy recostado en un terreno pedregoso, con mis hombres. Hay jefatura simulada y municin de fogueo. Ayer el general pas y grit: 'Reservas, dnde hubieran estado si ellos hubieran usado municin de guerra? No vivira ni uno de ustedes!'" Olmuetz pareciera haber tenido al menos una atraccin, un caf de primera categora con hielo, sabrosas confituras y diarios. Pero durante las maniobras Olmuetz estaba bajo el rgimen militar. "Cuando dos o tres generales se sientan juntos no puedo evitarlo, pero siempre me recuerdan a los loros, porque los mamferos generalmente no ostentan esos colores (excepto la parte posterior de los babuinos) toda la tropa de camareros los rodea y nadie ms parece existir. Una vez, desesperado, aferr a un camarero por los faldones y grit: 'Mire, alguna vez puedo llegar a general, as que srvame un vaso con agua!'" Eso pareci dar resultado. Mi padre no admiraba a los oficiales. "Un oficial escriba en la carta al doctor Breuer es un ser miserable. Cada oficial envidia a sus colegas de grado, oprime a sus subordinados y teme a sus superiores. Cuanto ms asciende, ms les teme." Revelando sus sentimientos, agrega: "Detesto la idea de que se inscriba en mi cuello cunto valgo, como si fuese la muestra de un producto. Sin embargo, el sistema tiene fallas. El comandante, que lleg recientemente de Bruenn, fue a la pileta de natacin. Me asombr al advertir que sus miembros no tenan marcas de su rango". Finalmente, expresaba alivio al saber que las maniobras terminaran pronto: "Dentro de diez das ir hacia el norte y olvidar estas cuatro semanas locas". Mi padre aparentemente pens que se haba excedido algo en esta carta, porque termina disculpndose por "las tonteras que ha deslizado mi pluma", antes de "esperando visitarlo en Viena por primera vez con mi esposa". Era conveniente que mi padre abandonase una carrera terica. Varios aos despus que Bruecke le aconsejase dejarla, la pequea oportunidad de llegar a ser director de un departamento mdico desapareci para un hombre de origen judo, por grandes que hubieran sido sus trabajos cientficos. Aunque nunca lo dijo, creo que fue sta la razn principal que lo inspir a hacer cuanto pudo y con la mayor determinacin, para impedir que alguno de sus hijos estudiase medicina. Cuando nac, mi padre era docente libre (Privatdozent) en la universidad de Viena y ejerca como especialista en enfermedades nerviosas. Por entonces la familia viva en un departamento en el Suehnhaus, un palacio frente a la famosa Ringstrasse, construido en el lugar del Ringtheatre, que en la noche del 8 de diciembre de 1881 se incendi durante una representacin de los Cuentos de Hoffman, perdiendo la vida seiscientas personas. El nombre del edificio de departamentos, Suehnhaus, que significa la Casa de la Expiacin, y el hecho de que fuese construido por el emperador Francisco Jos, que cedi todas sus rentas a los deudos necesitados de quienes haban perdido la vida en el incendio del Ringtheatre, da pbulo a la historia de que una anciana archiduquesa estaba entre las vctimas. Se deca que sala del teatro en su carruaje hacia el patio cerrado que daba a la

salida cuando, temiendo que su carruaje y los caballos pudiesen aumentar el terror de la multitud que hua dominada por el pnico, orden al cochero que detuviese la marcha. Ella, el cochero, los lacayos y los caballos murieron. Mi hermana mayor, Matilde, fue la primer criatura que naci en el Suehnhaus y el emperador felicit a mis padres y envi un presente para el beb. Recuerdo a mi padre como mdico, un joven facultativo que visitaba a sus pacientes viajando en un elegante carruaje con una pareja de caballos, que se denominaba fiacre. Esto revelaba al espectador posicin y riqueza; pero mientras lo consideraban con gran respeto en los crculos mdicos, donde se prevea su futuro como brillante cientfico, la verdad es que su respetable porte y el carruaje y caballos que usaba ocultaban la pobreza de un hombre que hallaba difcil subsistir con su mujer. Entonces mi padre no estaba mejor que mi abuelo Jakob, que siempre andaba de la cuarta al prtigo. Un Einspaenner, tirado por un solo caballo, hubiera sido mucho ms econmico, pero ningn mdico respetable hubiese ido en aquel tiempo a visitar a un pacente en un Einspuenner. Viajar en mnibus o tranva sera excntrico, o luntico, y herira el amor propio del paciente, afectara los remedios prescritos y destruira la reputacin del mdico. Mi padre, como lo conoc cuando nio, era muy parecido a cualquier otro padre afectuoso de Viena, aunque a veces me pregunto si me estudi o no psicoanalticamente cuando se dedic al psicoanlisis, que se convirti en su principal actividad. Me parece, cuando pienso en ello, que puedo haber sido una provechosa fuente de estudio por mi primera aventura inconsciente no mucho despus de mi nacimiento. Mi madre necesitaba tomar un ama de leche. En aquellos tiempos las nodrizas no slo eran bien pagadas sino que por motivos obvios eran bien alimentadas; se les ofreca los alimentos ms nutritivos que podan adquirirse con dinero. La mujer que contrat mi madre, tentada por el sueldo y el alimento, omiti mencionar que no tena leche y as yo podra haber muerto de inanicin si no se hubiese descubierto a tiempo el engao. La historia de la nodriza "seca" era conocida por toda mi familia cuando tuve edad suficiente para gustar de los relatos; no me cansaba de or lo referente a la expulsin de la mujer en medio de una nube de indignacin que emerga de nuestro pequeo hogar. Como todos los mdicos de aquel entonces, tal vez ms acentuadamente en su caso, mi padre prestaba mucha atencin a su aspecto personal. No era nada vanidoso en el sentido comn de la palabra. Solamente se someta sin objeciones a la tradicin profundamente arraigada de que un mdico deba estar bien vestido y arreglado y as no se le vea jams un cabello fuera de lugar en la cabeza o en la barbilla. Su ropa, rgidamente convencional, era de las mejores telas y cortada a la perfeccin. Slo recuerdo una oportunidad de la larga vida de mi padre en la que lo vi vestido descuidadamente. Cuando sucedi, yo tena seis aos. Tal vez sea mejor explicar que, segn mi madre, el hada madrina que concede belleza a los bebs no asisti a mi nacimiento; fue reemplazada por otra hada que me otorg una bella imaginacin, y esta imaginacin se reaviv cuando me dieron un maravilloso libro de lminas llamado Orbis Pictus, el mundo en cuadros. Todas las lminas eran atractivas, pero ninguna ms fascinante que las pginas dedicadas al beduino, un hombre barbudo con vestimentas blancas y armado con armas largas y dagas enjoyadas. No era comn la presencia de beduinos en Viena y nunca haba visto uno de carne y hueso, pero mi imaginacin haba compensado mucho conjurndolo en mis sueos. Sucedi que una noche, cuando todos dormamos, una terrible explosin estremeci el edificio de departamentos en Bergasse 19, al que nos habamos trasladado cuatro aos antes,

cuando yo tena dos aos. Algo haba sucedido en el suministro de gas en el departamento debajo del nuestro, ocupado por un relojero. En un instante despert y vi mi habitacin brillantemente iluminada por un resplandor que reluca a travs de la ventana; y lo ms sorprendente fue ver lo que pareca ser un beduino viviente en el vano de la puerta, un beduino con el cabello negro revuelto y la barba desordenada. Estaba por cubrirme la cabeza con las ropas de cama, aterrado, cuando o que el beduino preguntaba: "Estn bien los nios?" Antes que la niera que haba acudido corriendo con un beb en brazos pudiese contestar, el beduino se haba convertido en mi padre, vestido con una larga salida de bao blanca. En realidad, la explosin caus ms ruido, luz y conmocin que daos serios, aunque es improbable que el relojero hubiese sobrevivido si no hubiera tomado la precaucin de saltar por una ventana posterior al jardn. Dir que se mud y mi padre ocup el departamento, usando sus tres habitaciones para el ejercicio de su profesin y cediendo as espacio para su familia, que creca rpidamente. Aunque an era pobre cuando empec a ir a la escuela, en mi casa no se adverta esa situacin. Los nios tenamos cuanto necesitbamos y en Navidad recibamos maravillosos obsequios de los amigos de mi padre y de pacientes agradecidos. ramos a veces tan desobedientes como cualquier otro nio, pero de un vicio no ramos culpables: de egosmo. No era consecuencia de admoniciones: slo que se era el ambiente hogareo creado por mis padres. Era como un juego. Por ejemplo, si nos daban una caja de bombones, la observacin de mi madre: "Teilt es euch! (reprtanlo entre ustedes)" haca que mi hermana mayor Matilde, tomando un cuchillo filoso, cortase un bombn que poda no ser ms grande que una avellana, en cuantas partes alcanzaba y lo repartiese. El juego tena la ventaja de hacer durar mucho la caja de bombones; pero esto no afectaba nuestra creencia de que no haba que pensar en otro mtodo. Cuando en una reunin infantil vi a una joven consumir de una vez una caja de bombones, me impresion mucho y el espectculo est tan registrado en mi mente como la explosin del gas: no volv a hablar a esa muchacha. Hasta mediados del siglo pasado la parte central de Viena estaba an rodeada por las poderosas fortificaciones que haban ayudado a los ciudadanos a rechazar los ataques de los turcos. Haca mucho que eran intiles, desde que Francisco Jos las desmantel y dio a la ciudad interior una ancha avenida que pronto fue ornada con hermosos palacios, con una variedad de estilos arquitectnicos, griego, gtico y del Renacimiento, que nos impresionaban mucho, aunque lo que ms nos atraa de la Ringstrasse eran los rboles y los bien delineados parques que se extendan a travs de casi toda su longitud. Mi padre empezaba a trabajar a las ocho de la maana y no era raro que siguiese en su labor hasta las tres de la maana siguiente, con interrupciones para almorzar y cenar; la primera pausa era amplia, para incluir un paseo que, casi siempre, abarcaba todo el crculo de la Ringstrasse, aunque a veces lo abreviaba cruzando la ciudad interior para recoger o entregar pruebas a sus editores. Sin embargo, no debe creerse que estas excursiones tomaban la forma de paseos ociosos para gozar de la belleza de la Ringstrasse y sus rboles florecientes en primavera. Mi padre caminaba a una velocidad espantosa. Los bersaglieri italianos son famosos por lo rpido de su marcha; cuando, durante mis viajes, vi correr a rienda suelta a esos soldados sumamente decorativos se me ocurri pensar que marchaban como Sigmund Freud. A veces nos contaba un chiste favorito durante nuestras marchas, uno de los que haba odo docenas de veces sin cesar de deleitarse. Cierta parte de Viena, el Franzjosefskai, tena, como todas las ciudades, su parte de chimeneas y otros adornos sobresalientes. Mi padre

explicaba con frecuencia este fenmeno contndonos la historia del caf ofrecido por la abuela del diablo. Parece que aquella vieja dama, por una u otra razn, volaba sobre Viena con una enorme bandeja sobre la cual se vea su mejor vajilla para el caf, una cantidad de cafeteras, jarras, tazas y platillos de diseo diablico. Algo sucedi, mi padre nunca nos explic qu fue, pero creo que entr en un pozo de aire: la gran bandeja se dio vuelta, el servicio de caf qued repartido por los techos de Viena, y cada pieza se peg a un techo. Mi padre celebraba siempre este chiste tanto como nosotros. Cuando tena unos meses atareados no lo veamos mucho, aunque a juzgar por su correspondencia a su ntimo amigo, el doctor Fliess, nos vea ms de lo que imaginbamos entonces, contemplando aparentemente nuestras actividades infantiles con placer y mucha diversin. Durante las vacaciones de verano, que podan durar tres meses, tombamos firme posesin de nuestro padre. l dejaba a un lado sus preocupaciones profesionales y todo era carcajadas y alegra. Tena ein froebliches Herz, que no se traduce perfectamente por "un corazn alegre".

Captulo III.

ramos seis hermanos. Los tres mayores, Matilde, yo y Oliver, nacimos en Suehnhaus; los tres menores, Ernst, Sofa y Ana, nacieron en el piso de Bergasse 19, donde la familia vivi durante cuarenta y siete aos, desde 1891 a 1938. Las cartas de mi padre a su amigo el doctor Fliess revelan su gran inters por su creciente familia, y tal vez ste pueda ser el mejor testimonio que puedo ofrecer, como miembro de la familia, que puede parecer tendencioso, porque creo que si hay una infancia completamente feliz los hijos de Sigmund Freud la disfrutaron. Respecto a mi hermana mayor, escribi: "Es un pequeo ser humano completo y, por supuesto, muy femenina". De m, deca que viva en mi propio mundo de fantasa. Le divertan mucho los poemas que compuse

cuando aprend a escribir y envi una cantidad de copias a sus amigos. Mi hermano Oliver, que no tena tiempo para fantasas y se ocupaba slo de la realidad como la vea, despreciaba mis poesas, menos por su contenido y lo que trataban de expresar que por su muy mala ortografa. Pap escriba que Oliver continuaba su exacto registro de rutas, distancias y nombres de lugares y montaas. Los tres menores ocupaban su atencin en su correspondencia por sus numerosas enfermedades. Viena era entonces un lugar muy insalubre, y cuando apareca una enfermedad nos arreglbamos para contraerla. En un intento de evitar el contagio y salvarnos de dolencias peligrosas, mis padres no nos enviaron a la escuela con los dems nios del barrio. Una gobernanta vena a nuestro departamento. Sin embargo despus me enviaron a la Volksschule, la escuela popular, para mi ltimo ao de educacin elemental. Quiz era inevitable que la gobernanta no me haya preparado para la vida escolar con los dems nios que tenan cuatro aos de experiencia. En consecuencia desempe en esa escuela un papel particular, tal vez ridculo. Quera a mi maestro, pero mi afecto estaba menos inspirado por el sentimiento que por el hecho de que tena una gran barba pelirroja, que lo distingua como persona distinta de otros adultos. Cuando nio, yo tena mucha dificultad en reconocer a las personas mayores; todas me parecan iguales. Como fui el primero de los hermanos en ir a la escuela, cualquier informacin que poda dar a los dems respecto a la experiencia diaria era ansiosamente escuchada y anunciada con esa misma ansiedad. A veces, mis oyentes eran mis padres. En mis relatos diarios haba un villano, un muchacho que se sentaba en el banco de atrs y que habiendo perdido varias oportunidades de pasar a clases superiores, era mayor y ms fuerte que sus compaeros. Mis comentarios hubieran sido muy montonos sin l. Creo que me habra avergonzado y mi pblico estara decepcionado si este villano dejase pasar un da sin cometer un delito. Pero nunca me decepcion. Cuando terminaba mi perodo en la escuela mis padres decidieron retirarme algo prematuramente, unas semanas antes de la clausura de los cursos, porque la familia sala de vacaciones y yo no tena edad suficiente para que me dejasen. El ltimo da que pas en la escuela, apenas entr el maestro me levant y me acerqu al estrado sobre el cual estaba su escritorio. Despus de subir, salud y le espet un breve discurso. Le agradec por cuanto haba hecho por m y finalic lamentando tener que irme. Todos permanecieron asombrados, en silencio; era inslito para un nio, porque semejante improvisada oratoria jams se haba escuchado en la escuela; pero el maestro, con rara sensibilidad, apreci la simpleza de mi intencin y me dijo: "Freud, ojal que siempre sigas as". Ahora s exactamente qu quiso decir con esas palabras, como lo interpretarn algunos de mis lectores, porque algunos de los que tienen mi edad pueden recordar fcilmente palabras muy distintas pronunciadas por un maestro, palabras crueles y mordaces que, no previstas por quien las dijo, son evocadas toda la vida y siguen hiriendo. Pero en ese momento las palabras del maestro de barba roja me sorprendieron. Saba que l no se haba encontrado con una bruja en la puerta de la escuela, una bruja que le diese el derecho a pedir un deseo; pero, supersticioso como era yo entonces (y ahora tambin), tem que el deseo de un maestro de escuela a quien uno quera pudiese tener la caracterstica de un hechizo. Y aunque es verdad que no segu siendo un nio, obedeciendo literalmente el deseo del maestro, me tom un tiempo sumamente largo crecer. S que en las clases inferiores de la escuela secundaria no me encontraron maduro para las tareas y mi progreso muy lento debe haber causado gran ansiedad a mi padre. Afortunadamente el hechizo del buen maestro no fue eterno.

Por lo que dije, se ver que la educacin de los hijos de Sigmund Freud era diferente de la de otros nios. No dir que era mejor; era sencillamente distinta. S que nosotros decamos y hacamos cosas que eran extraas para los dems. Algunos, como mi maestro de barba roja, las consideraban conmovedoras. Nuestra educacin podra ser denominada "liberal", si se puede usar este trmino del cual tanto se ha abusado. Jams nos ordenaron hacer esto o no hacer lo otro; nunca nos dijeron que no hiciramos preguntas. Nuestros padres siempre respondan y explicaban todas las preguntas sensatas y nos trataban como individuos, personas con derecho propio. No pretendo abogar por esta clase de educacin: es as como fueron educados los hijos de Sigmund Freud. Pero no faltaba la disciplina. Mi madre gobernaba su casa con gran bondad y con gran firmeza. Crea en la puntualidad en todo, algo entonces desconocido en la ociosa Viena. Nadie esperaba la comida: al dar la una, todos estaban sentados a la gran mesa del comedor y en ese momento se abra una puerta para que entrase la mucama con la sopa, mientras por otra puerta entraba mi padre, para ubicarse a la cabecera de la mesa, frente a mi madre, que estaba en el otro extremo. Tenamos, desde que recuerdo, una Herrschaftskoechin, una cocinera que no trabajaba fuera de su cocina; una doncella serva la mesa y reciba a los pacientes de mi padre. Haba una gobernanta para los nios mayores y una niera para los menores, mientras una asalariada vena todos los das para hacer el trabajo rudo. Mi madre saba manejar a los servidores. La queran y respetaban y cumplan en cuanto podan. Los rea durante aos y aun en aquellos tiempos eso era excepcional en Viena. La comida de la una, la Mittagessen, era la principal del da en nuestra casa. Siempre haba sopa, carne y verduras y un postre: la habitual comida de medioda, de tres platos, variaba durante las estaciones cuando en primavera tenamos un plato adicional, los esprragos. Despus, en verano, nos servan choclos o alcauciles. A mi padre no le entusiasmaba la comida en general, pero como la mayora, tena sus preferencias. Le gustaban mucho los alcauciles, pero nunca probaba coliflor y no le gustaba el pollo. "No se debe matar las gallinas deca a veces; dejadlas vivir y poner huevos." El plato favorito de mi padre era el Rindfleisch, carne de vaca cocida; la comamos tres o cuatro veces por semana, pero nunca con la misma salsa. Nuestra Herrschftkoechin poda preparar por lo menos siete salsas distintas y todas deliciosas. Uno puede comer carne de vaca cocida en Inglaterra, pero no me puedo imaginar comindola sin disgusto, producido tal vez por una odiosa comparacin con la que serva mi madre. Debe haber tenido un secreto viens para preparar la Rindfleisch tan jugosa y sabrosa. El Mehlpeise, el postre, era siempre una obra de supremo arte culinario. El Apfelstrudel desde entonces lleg a Inglaterra, pero no es el mismo. Sera ingrato y desagradable alabar a Austria, donde nac y que me expuls, y criticar duramente un pas que me recibi y me dio hospitalidad; no lo har nunca, excepto al comparar la cocina de ambos pases: la de Austria es definidamente mucho mejor que la de Inglaterra. A pesar de la alimentacin excelente y muy nutritiva que nos serva nuestra madre tan prdigamente, todos ramos bastante delgados. Recuerdo que no tenamos paciencia con las personas robustas, a quienes desprecibamos y ridiculizbamos. Podra sealar que yo no tena reparos en comer coliflor, pero como no le gustaba a mi padre cierta lealtad me permita sentir la misma repugnancia que l. Pero este sentimiento no era lo bastante intenso para el pollo, que me gustaba mucho y del que coma cuanto poda cuando haba invitados a comer y mi madre serva pollo a discrecin.

Mientras los nios permanecamos en casa mi madre estaba ocupada desde la maana hasta la noche, y no recuerdo que haya gozado de un momento de quietud para sentarse y descansar con un buen libro, pese a que le gustaba mucho leer. Mis padres tenan muchos amigos, la mayora judos y miembros de la clase media superior, y pasaban pocas tardes sin que apareciese por lo menos un visitante, y con frecuencia ms de uno. Mientras mi madre atenda a las visitas, nos dejaban a cargo de la gobernanta o de la niera. Mis padres siempre insistan en que sus hijos tomasen mucho aire fresco e hiciesen todo el ejercicio posible; y como el jardn posterior de la casa donde vivamos era reducido y daba lstima, nos sacaban diariamente a alguno de los muchos parques pblicos. Dado que los parques que ms conoca nuestra gobernanta o la niera estaban en la Ringstrasse, en el circuito en torno al cual mi padre acostumbraba hacer su paseo, el pequeo destacamento de sus descendientes segua sus pasos, pero a ritmo mucho ms lento y con menos resolucin. Recuerdo principalmente a la niera llamada Josefina, que cuidaba a mi hermana menor, y despus de tantos aos an evoco claramente nuestra pequea procesin, el beb en el cochecito y los dems caminando a su lado, a veces con las manos sobre el manubrio. Por supuesto, no haba vehculos y cruzar la calle era menos peligroso que ahora. Creo que slo hijos desagradecidos criticaran la manera en que sus padres los educaron, especialmente cuando han sido objeto de un profundo amor y comprensin; pero hechos no previstos cuando yo era nio me permiten criticar las lecciones de ingls que nos dieron. La idoneidad de nuestra maestra de ingls no era muy suficiente, o as parece ahora. Era la hermana de nuestra gobernanta, quien la recomend. Nunca estuvo en Inglaterra y es ms que probable que nunca oyera hablar a un ingls. Sin embargo, la recomendacin fue aceptada por mis padres y nos dieron lecciones de "ingls" durante mucho tiempo. El ingls que nos ensearon indudablemente tena origen en Inglaterra, pero haba hecho un largo trnsito durante generaciones de austracos hasta perder todo parecido con el que se habla en el Reino Unido. Era un idioma especial, que se hablaba y entenda en los campos de internacin britnicos establecidos en 1940, cuando el pueblo britnico, generalmente confiado, sospech naturalmente de todos los teutones que vivan en su medio. Despus fue utilizado con xito en el Cuerpo de Pioneros, cuando prevalecieron los consejos ms serenos; pero mientras los exiliados austracos lo creamos una lengua agradable y hasta hermosa, los britnicos, bastante inteligentes para entender algunas palabras, pensaban de manera muy diferente. Mi padre, por supuesto, no comprenda los inconvenientes que podramos sufrir luego al aprender este raro ingls-austriaco, y creo que esto se deba a que no tena el menor odo musical. En realidad tena un gran sentido del lenguaje y hablaba fluidamente cualquier idioma que estudiaba. En cuanto puedo juzgar su acento era bueno. Hablaba ingls, francs, italiano y, como nuestra madre nos deca a menudo con gran orgullo, el espaol. Nunca le o hablarlo, pero s que escriba en su idioma a los editores espaoles que traducan sus trabajos. Dominaba el latn y el griego, que haba estudiado en la escuela secundaria. Cierto da un amigo muy ntimo, que dedic la vida al estudio de los antiguos y su mundo, vino a Bergasse. Yo estaba solo con mis padres y el visitante despus de cenar, tomando caf. Cuando la conversacin trat la educacin en literatura clsica me animaron a recitar los primeros versos de la Iliada de Homero, en griego. Empec con entusiasmo, pero despus de unos versos perd la ilacin y comprend que

deba volver a empezar. Interpretando mi situacin, mi padre instantneamente empez donde me haba detenido y continu muy bien, con ms aplomo que yo, aunque en realidad yo haba ledo los versos pocas semanas antes y mi padre haca treinta aos que no los recitaba. Sin embargo l tambin lleg a un punto en que le fall la memoria y empez a vacilar, mostrando tal vez una ligera laguna. Instantneamente el visitante se hizo cargo y siendo, podramos decir, un profesional, fcilmente super a los dos aficionados. Se desempe tan magnficamente que pareci olvidar a sus anfitriones y sigui recitando la Ilada infinitamente; inspirndose ms cada minuto y elevando progresivamente la voz, hasta que embargado por la belleza del antiguo poema mostr signos de honda emocin. Cuando una lgrima se desliz por su barba, mi padre me mir rpidamente, con seales de sonrisa. Tena la rara habilidad de poder transmitir un mensaje con un pequeo gesto, la clase de mensaje que a otro le requerira una frase, o hasta un prrafo. Saba que esa clase de emocin en un adulto puede producir a un adolescente una risa histrica y me adverta que como un buen muchacho deba aguardar pacientemente hasta que nuestro visitante volviese tranquilamente a tierra, no con el estremecimiento que tendra si yo lo pusiera en ridculo riendo. Mi madre, que no saba griego y en consecuencia no senta admiracin por la inmortal obra pica de Hornero, se haba retirado antes silenciosamente. Mi madre comparta la habilidad de mi padre para controlar sus emociones. Cuando convirti las habitaciones que haban sido dormitorios de mi hermano y mo en dos cuartos de estudio con mapas, pequeos escritorios y los estantes para libros, colg un trapecio en el pasillo entre ambas piezas. Mi madre se sentaba en uno de los cuartos cuando nosotros practicbamos, pendiendo cabeza abajo del trapecio sobre el infaltable colchn en el piso debajo de nosotros. Cuando me toc el turno, perd contacto y ca, no sobre el colchn sino contra un mueble. Me hice un corte bastante serio en la frente y de la incisin, bastante larga, fluy mucha sangre. Mi madre, que cosa tranquila, no dej su labor. La interrumpi lo suficiente como para pedir a la gobernanta que telefonease al mdico que viva a pocas puertas de nuestra casa y le pidiese que viniera de inmediato. Me impresion la cantidad de sangre, pero me puse de pie sin ayuda, sorprendido de que el accidente no produjera excitacin ni indicios de pnico, ni siquiera un grito de horror. Pocos minutos despus, el mdico, un gigante con gran barba negra, haba cosido la herida y me adorn con un impresionante vendaje blanco. He mencionado el telfono y es que a mediados de la dcada del noventa lo tenamos; pero los telfonos eran entonces raros en Viena, aunque los mdicos fueran los primeros en tenerlos. El nuestro fue instalado cuando yo tena seis aos, y el ruidoso aparato fue contemplado por nosotros, los nios, con temor y curiosidad. Lo colocaron bastante alto en la pared del pasillo y adems de que no podamos alcanzarlo sin ayuda, pas mucho tiempo antes de que nos atrevisemos a usarlo. De todas maneras no tenamos a quien telefonear; ninguno de nuestros amigos tena telfono en aquel entonces. Mi padre lo detestaba y trataba de no usarlo si era posible. Como en casa todo se dispona para satisfacer sus deseos, se tomaron las precauciones para evitar que lo usase. Trat el asunto con mi hermano y mis dos hermanas, que viven ahora en Londres, y les hice dos preguntas, les pregunt si saban por qu pap detestaba el telfono. Contestaron que lo ignoraban. Entonces les pregunt si alguna vez le haban hablado por telfono y las dos respondieron "Jams". Una de mis hermanas admiti que le habl una vez al llamar a casa. Contest l, porque estaba solo. Yo le habl slo una vez y fue durante la primera guerra mundial, cuando pas por Viena sin poder verlo. Haca tiempo que no me vea y quera

hablarme y por una vez super su prejuicio. Escuch claramente su voz y aparentemente no perdi una palabra de lo que le dije. Mi teora es que cuando mi padre se comunicaba hablando con otro ser humano, la conversacin deba ser muy personal. Lo miraba a uno a los ojos y poda leer sus pensamientos. Entonces era absolutamente imposible intentar decir lo que no fuese la verdad y no es que alguna vez yo tuviese la oportunidad de decirle ms que la verdad. Consciente de este poder cuando miraba a una persona, senta que lo perda cuando enfrentaba la boquilla de un telfono inerte. Pap dej la educacin de sus hijos casi totalmente en manos de nuestra madre, pero esto no alter su profundo inters mientras nos observaba sonriente. Y siempre, cuando nos suceda algo, un lamentable accidente o incidente que asuma las proporciones de una tragedia para nosotros, cuando en realidad lo necesitbamos, descenda de la cima del Olimpo para ayudarnos. ramos buenos chicos, aunque yo, un chico bastante bueno, era a criterio de mi madre la oveja negra del pequeo rebao. Y es verdad que tena dificultades con ms frecuencia que mis hermanos. Sin embargo, esto era ventajoso, porque ms frecuentemente me rescataba mi padre. El clima de Viena permite patinar al aire libre hasta tres meses en el invierno, cuando la temperatura rara vez sube de cero grados, y despus de la escuela patinbamos en una pista de hielo natural, en el famoso Augarten. Tres de nosotros estbamos all un da, Matilde, Ernst y yo. Ernst y yo nos tomamos las manos cruzadas y nos divertamos describiendo crculos cuando, como fcilmente le sucede a una pareja de patinadores, tropezamos con un anciano caballero de larga barba blanca. Aunque no le hicimos caer, lamentablemente le hicimos perder su no muy estable equilibrio y fue trastabillando, en una confusin muy cmica. Ernst no pudo contener la risa e hizo comentarios no muy amables, que oy el anciano. Lo haba comparado con un viejo chivo y l naturalmente se enfureci y gesticul lo suficiente para llamar la atencin de otros patinadores, incluso uno muy habilidoso que pensando que yo era el culpable y atrado por el papel de defensor del venerable anciano, pas junto a m demorando su carrera para abofetearme, imaginando que castigaba a un insolente atorrante. Normalmente una bofetada en aquellos das no significaba mucho para un muchacho: era aceptada como parte de su educacin; pero de esa manera, aquella bofetada era una tragedia para m. De una manera extraa o por alguna rara razn, tena lo que puede denominarse el complejo del "honor". Tena adherido ese elemento inmaterial o como quiera llamrsele, conocido como honor para los oficiales militares y estudiantes de sociedades de duelistas, algo que no deba ser atacado excepto con peligro para el atacante. Trat de abalanzarme sobre mi adversario, un hombre maduro que sin embargo no era ms grande que yo; pero fui retenido por una multitud de espectadores que nos haba seguido al borde externo de la pista, donde, con los patines puestos, estaban inquietos sobre el entarimado de madera y gritaban estentreamente todos a la vez. El incidente haba causado sensacin. El patinador se mantena a prudente distancia, pero el encargado de la pista, revestido de autoridad, estaba mucho menos nervioso. Me quit el boleto de temporada. El ataque y ahora este acto de expulsin hubieran enlodado mi preciado honor si el suelo no estuviese tan helado. Mientras los espectadores se encaraban en el entarimado de madera, discutiendo iracundos, alivi la tensin un hombrecito obeso que trataba de llegar a nuestro lado trepando por la helada pendiente de la pista que iba hasta el entarimado. Cay y se desliz una cantidad de veces, pero finalmente nos alcanz, con las manos y la cara araados y el traje negro muy

manchado. Despus de un momento logr abrirse paso entre la multitud y se acerc a m. Me entreg su tarjeta y se present como abogado. Me dijo que haba sido testigo del ataque, que poda iniciar proceso al agresor y en consecuencia yo tena la mejor oportunidad de ganar el juicio. Esta oferta slo aument mi desesperacin. En todos los cdigos de honor que haba estudiado con tanta atencin se insista en que en ninguna circunstancia una parte agraviada poda llevar su agravio ante el tribunal: se deca que tal acto era sumirse en un abismo de vergenza y cobarda. Para peor ya saba algo de lo ocurrido en tales casos, cuando en la Viena de entonces se fijaban multas por las pequeas ofensas. La que se impona por una bofetada era de media corona en moneda inglesa, pero seguramente habra una rebaja si la cara abofeteada era la de un nio. El abogado, que por supuesto no representaba a la profesin legal vienesa, evidente pensaba que ramos hijos de una familia rica y que su defensa le sera beneficiosa en muchos sentidos. Recibi una furiosa negativa y se retir apabullado. El incidente tenda a disiparse en un miserable apaciguamiento cuando intervino mi hermana Matilde. Matilde era una joven atrayente y vivaz, muy popular, y siempre la acompaaban muchos caballeros cuando patinaba. Reuni a cuantos pudo y encabez una expedicin hacia la oficina del encargado. ste, un gigante de cara rojiza, se vio impotente ante el asalto y, temiendo sin duda verse en dificultades, se inclin ante la tormenta y entrego a Matilde mi boleto de temporada. Yo, preocupado an por mi honor lesionado, no tena idea de lo que mi hermana y sus amigos haban hecho al gigante, pero s que cuando sali de su oficina pareca mucho ms pequeo y el color haba abandonado sus mejillas. Matilde se dirigi hacia m a la cabeza de su tropa, agitando victoriosamente el boleto como una bandera. Volvimos a casa con nuestra historia, hablando todos a la vez a nuestros padres, para quienes la menor de nuestras aventuras era interesante y mereca su atencin; y creo que habra gozado tanto como Matilde y Ernst si no me hubiese abofeteado un experto patinador y mi honor no hubiese sido agraviado y quedado herido y metafricamente sangrante. Me pareca que todo mi futuro haba sido destruido por aquella desgracia. Cuando llegase el momento del servicio militar no podra ser oficial. Sera un pelador de papas; o el hombre que blanqueaba el empedrado del lugar del desfile; poda pasar el servicio militar vaciando tachos de basura o limpiando letrinas pero jams sera un orgulloso oficial. Estaba deshonrado, era un descastado. No vala la pena seguir viviendo. Despus de tantos aos aquello me parece completamente ridculo, pero entonces mi dolor era real. Pap escuch la historia con profundo inters, pero cuando finalizaron todos los detalles de la aventura, me invit a acompaarle a su estudio. Me hizo sentar y pidi que le contase todo, desde el principio al fin. Escuch atentamente mientras le refera todo, pareciendo convencerle que mi honor, entonces tan preciado para m, haba sido afectado y que mi grave enfoque del incidente era perfectamente natural. Tengo buena memoria para los detalles, aunque recuerdo muy poco de lo que dijo; pero s que a los pocos minutos lo que haba parecido una tragedia desgarradora asumi proporciones normales; se convirti en una insignificancia desagradable y sin sentido. Mi padre haba utilizado conmigo la hipnosis o el psicoanlisis? No lo s. Cierta vez, en los Alpes bvaros, observ a un guardabosques liberar a un animalito atrapado en la red de un cazador furtivo. Suavemente, una tras otra, empez a aflojar las cuerdas que lo retenan, sin prisa y resistiendo sin impaciencia el debatirse del animal hasta que separ todas las cuerdas y aqul qued libre para huir y olvidarlo todo.

Yo haba estado atrapado en una red de orgullo, prejuicio, temor y humillacin; mi padre advirti que no poda encontrar solo el camino de la libertad. Separ todas las cuerdas que me retenan con la misma paciencia y determinacin que mostr el guardabosques bvaro. Elimin de mi mente perturbada todo el temor y la humillacin, y me liber. Como ya dije, recuerdo poco o nada de lo que me dijo y creo que esto es tpico de todo tratamiento similar, cuando se trata con xito un trauma: uno no slo olvida la lesin sino tambin la cura. Sin embargo, recuerdo que mi padre no neg el derecho moral de devolver el golpe cuando uno es castigado.

Captulo IV.

Como ya lo he explicado, veamos poco a mi padre cuando, gran parte del ao, trabajaba de diecisis a dieciocho horas al da. Por supuesto, ste puede ser el destino de muchos hijos de mdicos ocupados con enfermedades mentales y fsicas, que atacan a los seres humanos sin reparar en el reloj; pero aunque esto no se aplicaba a nosotros nos pareca que no lo veamos por el contraste que produca su presencia en nuestras vacaciones de verano. Entonces no era frecuente que estuviese lejos de nosotros, desde las primeras horas de la maana hasta que nos hacan acostar. Durante mi infancia los ingresos de mi padre por su ejercicio de la medicina fluctuaban mucho; haba temporadas en las que era absolutamente esencial la estricta economa en el manejo de la casa. Si esto suceda durante el verano, viajbamos en tercera clase al lugar de

vacaciones que hubieran elegido mis padres. Era un desafo para mi madre que creo que a ella le gustaba afrontar. To Alejandro tena cierta influencia con los ferroviarios, hasta el punto de conseguir reservar todo un compartimiento de tercera para nosotros. En Austria, en aquellos tiempos, un compartimiento de tercera slo tena duros bancos de madera, pero mam, con ayuda de frazadas, cojines y almohadas, pronto converta el lugar inhspito en un lujoso dormitorio con ambiente hogareo, que sin embargo no destrua nuestra sensacin de correr una aventura. Siempre calculaba exactamente cuntos nios se acomodaban a lo largo de los asientos y si haba nios de ms poda colocar una o dos hamacas. Ella y la nurse, si la haba, se acurrucaban en los rincones. Mi padre vendra con nosotros de buena voluntad, pero mam saba que lo que constitua una batalla victoriosa para ella, sera para el una ordala, y siempre lograba, posiblemente con sutilezas desconocidas para nosotros, hacerlo viajar solo y cmodo. Cuando tuve edad suficiente para pensar en eso admir la manera en que mam se las arreglaba para dirigir y mantener en perfecto orden nuestras excursiones de verano. Estaban los nios, una o dos servidoras y siempre mucho equipaje. Las servidoras, tal vez una gobernanta y una nurse, muy eficientes en el ambiente familiar hogareo, parecan desalentadas, impotentes e intiles, desde que empezaba la expedicin y todo quedaba en manos de mi madre, que durante uno de estos avances desde la base hogarea esperaba que aumentase la familia. Pero nunca se perturbaba ni perda detalle, cambiando su papel normal de una ama de casa comn y prctica por el fro genio organizador y calculador de un avezado oficial del estado mayor prusiano. No s cmo se sentan durante esos viajes la gobernanta y la nurse, la eficiencia de mi madre las poda congelar por lo menos al punto de gelatina, pero los nios adorbamos los trenes, el barullo y el movimiento que anticipaban la partida por varias semanas. Alguien, no recuerdo quin, nos dio a cada uno una mochila que poda colgarse al hombro con una correa y das antes del viaje atbamos y desatbamos las mochilas y las llevbamos con nosotros. "Ya se puede ver el viaje?", pregunt a pap mi impaciente hermana Sofa durante uno de esos deliciosos perodos de anticipacin, y esta pregunta qued como clsica en nuestra familia. Mi padre la us muchas veces, aos ms tarde, en una carta a mi hermano Ernst, pocos das antes de partir en su ltimo largo viaje de Viena a Londres. Las primeras vacaciones que recuerdo fueron en el Adritico, en otoo de 1895, pocos meses antes de nacer mi hermana menor, Ana. Viena est lejos del mar. El Adritico, aunque distaba una larga jornada de tren de la capital, era el ms cercano. En aquellos tiempos gran parte de la costa adritica perteneca al imperio austraco. Ahora, por supuesto, esa parte pertenece a Yugoslavia y los nombres han cambiado. Fuimos a Lovrana, que ahora se llama Lovran, un pequeo y tranquilo pueblito de pescadores cerca del balneario mucho ms de moda de Abazzia, que despus se llam Opatija. El hotel donde nos alojamos era el nico del pueblo y recuerdo que era muy cmodo. El clima, como es habitual en esa parte de Europa a principios de otoo, era esplndido. La costa es rocosa, pero frente al hotel haba una pequea caleta excavada o natural que tena una angosta franja de arena blanca con agua lmpida y poco profunda donde los nios podan chapotear tranquilos. Pasbamos todo el tiempo posible en la caleta, protestando cuando nos llevaban a comer y a acostarnos. To Alejandro, que era soltero an, nos acompaaba y tanto l como mi padre estaban raras veces fuera del agua y quedaban completamente tostados por el sol hasta donde lo permitan los decorosos trajes de bao del siglo pasado. stos cubran los hombros y parte del brazo. Los de las mujeres eran an peores: deban cubrirse las piernas con largas medias

negras. No recuerdo haber visto a mi madre o su hermana en traje de bao, en la costa del Adritico o en los lugares de veraneo, donde haba lagos. Es probable que ambas fuesen demasiado modestas o vanidosas para exhibirse aun en trajes de bao del siglo diecinueve; posiblemente no saban nadar. Mi padre y mi to Alejandro, naturalmente, se alejaban ms de la orilla de lo que nos permitan a los nios; a veces, se negaban a volver hasta para comer, tanto gozaban de cada minuto en aquella agua salada tibia, y un camarero vadeaba o nadaba para alcanzarles una bandeja con refrescos y cigarros y fsforos. Hasta quince aos despus la familia Freud no volvi a pasar las vacaciones a la orilla del mar. Mi padre haba sido feliz en Lovrana, pero prefera las montaas al mar y as fue como ao tras ao con dos excepciones, fuimos a las montaas: a Estiria, Baviera y el Tirol. La mayora de los lugares los visitamos ms de una vez. Aunque no haba cambios en nuestra manera de vivir en Bergasse, y no gastbamos ms en alimentacin, ropa, servicio y diversiones, cuando la situacin financiera de mi padre mejor gradualmente la diferencia se not en las vacaciones: bamos ms lejos, viajbamos ms cmodamente y nos alojbamos en hoteles ms caros. Mi padre siempre expresaba su disgusto por Viena, de manera que cuando por una cantidad de razones decidi que la familia pasara la mayor parte del verano de 1900 en Schloss Bellevue, mansin en las colinas a cuatro o cinco millas de Bergasse, escribi a su amigo, el doctor Fliess: "Estoy tan ansioso como un muchacho por la primavera, el sol, las flores y un poco de agua azul. Odio a Viena con un odio positivamente personal, y, al contrario del gigante Anteo, obtengo nuevas fuerzas cuando saco los pies del suelo de esta ciudad donde vivo. Por los nios debo renunciar a la distancia y las montaas y gozar de la constante vista de Viena desde Bellevue..." Pero evidentemente la vida en Schloss Bellevue fue mejor de lo que l esperaba. El 12 de junio volvi a escribir al mismo amigo: "La vida en Bellevue resulta muy agradable para todos. Las maanas y atardeceres son deliciosos. El aroma de las aacacias y los jazmines sucedi al de las lilas y banos de los Alpes; las rosas silvestres estn en flor y todo, como hasta yo lo advierto, parece haber florecido sbitamente". No estoy convencido de que el disgusto de Sigmund Freud por Viena, expresado con frecuencia, fuese profundo o real. No es difcil para un hombre de Londres o Nueva York, ambos apegados a sus respectivas ciudades de residencia, decir: "Cmo odio a Londres, cmo aborrezco a Nueva York!" Dicen la verdad del da, de una hora o un momento; no es necesariamente una actitud fija. Y mi opinin es que a veces mi padre odiaba a Viena y otras amaba a la vieja ciudad y, que en general, le tena apego. Poda haberse ido de all en cualquier momento durante los muchos aos seguros antes que la sombra de Hitler se cerniese sobre el alegre cielo de la ciudad; pero no lo hizo, ni, segn mis conocimientos, pens seriamente en emigrar. Y hasta finalmente, cuando todo lo obligaba a partir, lo hizo con gran pesar y slo despus de fuerte persuasin. Mi padre no era hurao: le gustaba la compaa y era habitual verlo en los lugares de veraneo en animada conversacin, caminando de aqu para all con nuevos amigos. Eran gente educada, no figurones: directivos del comercio, la industria y tal vez un editor de diarios, un artista o un poltico. Pero Schloss Bellevue era diferente: porque all haba gente de la pequea burguesa, y aunque tales diferencias de clase no interesaban a Sigmund Freud, hablaban en realidad distinto lenguaje. Haba actuado con comodidad en el saln de Pars de Jean Martin Charcot, de fama mundial; pero se senta completamente perdido y desorientado con la gente

que haba tomado habitaciones o departamentos en Bellevue. No tena nada en comn para ninguna clase de conversacin. Haba un padre mayor con cuatro o cinco hijos, todos jugadores de ftbol y muy cordiales. Los llamaran "alegres" en Inglaterra. Estos jvenes me trataban muy bien y a menudo me dejaban participar en sus juegos de ftbol; y estoy especialmente agradecido al hijo mayor, que me ense a tratar a los hijos de los cuidadores que tenan mi edad y queran asustarme, cosa que de lo contrario habra aceptado tranquilamente por mi educacin. Me ense cmo defenderme de esta agresin. A mi padre no le era totalmente indiferente la cordialidad de los futbolistas que, debe reconocerse, lo trataban con el debido respeto, aun cuando en una oportunidad le invitaron a participar de un partido de bolos. La casa tena una gran cancha de bolos cubierta. Pap vacil y contest "Oh, no, no", pero mam, con espritu de vacaciones, lo persuadi para que aceptase. Se quitaron el saco y empezaron a jugar. Mi padre tena buena puntera y los bolos que arrojaba rodaban fuertemente a lo largo de la cancha, causando respetables estragos. Al observarlo me sonroj, o creo que as fue, cuando sigui lo que me pareci una anticuada costumbre de correr un poco tras los bolos despus de arrojarlos. Consider que esto era raro y sent algo de pnico, temiendo que los futbolistas riesen y se burlasen de l; pero nadie ri y el juego sigui con buen desempeo de mi padre, que casi gan. En realidad fue vencido por uno de los jvenes, que jugaba muy bien. ste asumi un burln aire de triunfo y acercndose a la puerta y extendiendo los brazos, exclam: "Escuchadme todos. Soy el vencedor. Ahora Europa puede besarme la mano". A mi padre no le gust esto. Se excus cortsmente y ofreciendo el brazo a mi madre la llev a dar un paseo. Lamentablemente las relaciones de los Freud con la familia de futbolistas se enfriaron rpidamente despus de este incidente. El joven que haba ganado a mi padre en los bolos, que era una buena pieza, regres una tarde a Bellevue en un fiacre con una jovencita de dudoso y alegre aspecto. Peor an, estaba tan ebrio que sus hermanos tuvieron que llevarlo del carruaje a la casa. Desconozco qu le sucedi a la joven de aspecto alegre pero dudoso; se perdi de vista durante la confusin que sigui cuando el padre de los futbolistas advirti el estado de su hijo, que consider requera inmediata atencin mdica. A esto se vio obligado mi padre, quien hizo todo lo necesario, pero cuando poco despus de este incidente otro hermano volvi a su casa, a media noche, seriamente afectado de la misma dolencia, y llamaron al doctor Freud que estaba durmiendo, ste se enfureci y le prohibi para siempre volver a molestarlo. Despus terminaron todas las relaciones diplomticas entre los Freud y los futbolistas de Scholss Bellevue.

Captulo V.

La eleccin del lugar de vacaciones de verano para la familia era siempre trabajo de mi padre y lo tomaba muy en serio; era un arte aos despus cuando actuaba como una especie de pionero, errando por las montaas hasta que encontraba lo que consideraba ms adecuado para la familia. Hasta 1895, cuando an ramos nios, nuestros planes de veraneo no eran ambiciosos: nuestros padres se conformaban con lugares a no ms de dos o tres horas de viaje en tren desde Viena, como al pie del Rax y del Schneeberg, estribaciones orientales de la cadena alpina. Pero despus de 1895 fuimos ms lejos, al Alt-Aussee, lo cual no era sin embargo una eleccin rara ni arriesgada, porque muchas familias de la clase media de Viena, buena parte de las cuales eran judas, viajaban all. Alt-Aussee no era entonces un lugar de veraneo popular para turistas, con hoteles especiales para ellos, aunque haba unas pocas antiguas hosteras. La mayora alquilaba chalets para los meses de verano a los pobladores locales, pequeos granjeros, criadores de ganado y empleados de los yacimientos de sal. Las relaciones entre los terratenientes temporarios y los residentes veraniegos eran amistosas y cordiales, y esto se aplicaba a nuestra familia, aunque no fuimos a Aussee ms que tres veranos consecutivos. Algunas familias haban ido siempre all y estaban tan ntimamente relacionadas con los propietarios que era muy comn encontrar a los hijos de los campesinos pasando la Navidad en Viena con los inquilinos veraniegos de sus padres. La casa que alquilamos estaba en una colina, con una magnfica vista de las montaas, un placer sereno para quienes realmente prefieren las montaas, como nuestra familia y especialmente mi padre, sentimiento que me transmiti, inapreciable don que an conservo. Y a tiro de piedra empezaban los bosques de pinos que nos pareca que se extendan hasta el fin del mundo, sobre cerros y montaas. Esos eran nuestros dominios para los juegos veraniegos. La tierra alta sobre la cual estaba nuestro chalet se llamaba Oberstressen y estaba a medio camino entre el pueblo mercado de Markt-Aussee y el lago entre bosques y montaas de imponente belleza. Aunque las aguas del lago eran verde oscuras posean una claridad casi transparente. Era una regin encantadora, pero debe reconocerse que parte de su encanto era resultado directo de un clima sumamente hmedo, aun ms que la zona de los lagos inglesa, a la que se parece. La mayora de los lozanos prados eran algo pantanosos, lo que haca que ciertas flores creciesen en abundancia, especialmente los narcisos, que crecan silvestres y blanqueaban los prados a fines de primavera. Mi padre se deleitaba con la notable variedad de hongos comestibles que crecan en los bosques y claros. La caracterstica dominante del panorama era el Dachstein, la montaa ms alta de la regin, que tena 9.000 pies y la cima coronada de nieve, fuente de un glaciar. El Dachstein, que siempre veamos desde nuestras ventanas y balcones cuando el tiempo era bueno, ejerca gran fascinacin sobre m cuando nio, fascinacin que no desapareci cuando muchos aos

despus la cruc numerosas veces y la escal no slo hasta la cima sino hasta varios de los picos menos accesibles que surgan del glaciar. Supe que mi padre lo haba cruzado por el lado sur yendo solo. Fue probablemente en 1891, cuando visit Schladming durante un fin de semana. Era una hazaa de la que poda estar orgulloso, pero jams la mencion. No tena entrenamiento de alpinista. En el lado norte hay un largo y seguro sendero angosto que lleva a la cima del Dachstein en una serie de infinitas curvas, pero la ruta del sur, que tom mi padre, es seguida generalmente slo por experimentados alpinistas, o por lo menos con un gua. El camino conduce a una pared de empinadas rocas. Hay apoyos de hierro, escaleras y cables de acero para hacer menos difcil el ascenso cuando hay buen tiempo, pero cuando estn cubiertas de hielo y nieve, son un obstculo ms que una ayuda para el escalador. Para escalar el Dachstein por el lado sur haba que tener gran perseverancia, no sufrir de vrtigo y ser fuerte y de manos y pies firmes. En una palabra, el ascenso sobre las rocas y el hielo requera mucho valor. Mi padre me dijo que no haba hallado la menor dificultad en la expedicin y no tuvo sensacin de peligro o incomodidad. Sin embargo la facilidad con la cual hizo lo que quera, escalando en su juventud, nunca afect su comprensin cuando le cont aos despus mis experiencias alpinas. Pero me he adelantado en la historia y debo retroceder hasta los aos entre 1896 y 1898, hace sesenta aos, mucho tiempo para los ms jvenes, que a su debido tiempo aprendern que los sucesos de su niez quedan ms definidos que muchos otros ms importantes, ocurridos cuando mayores. Mam y los nios siempre partan de Viena en junio, y pap nos segua un mes despus y permaneca con nosotros unas semanas antes de salir con su hermano o un amigo en extensas giras de turismo, con ms frecuencia a Italia. Su llegada era siempre la culminacin de las vacaciones de veraneo. Durante la temporada del Aussee ramos an muy nios, el mayor tena once aos y el menor slo tres; pero apenas pasaba un da sin que pap nos llevase a caminar en el bosque. El genio organizador de mi madre no era visible, pero creo que ella haba dispuesto que ningn nio poda participar de las excursiones con mi padre hasta que tuviese su entrenamiento de esfnteres apto para la casa y el bosque. Como se consideraba que la presencia de una gobernanta o niera en aquellos deliciosos paseos con pap significara restricciones, la necesidad de atender a este detalle se hizo evidente: mi madre nunca hubiese esperado que pap actuase de niera. Su fuerza expedicionaria nunca poda jactarse de tener ms que cinco exploradores de tierna edad. Cada salida era una aventura interesante; pero todos convenamos en que el lugar ms fascinante era un claro en las laderas del Tressenstein, la empinada colina boscosa al pie de la cual estaba nuestro chalet. El claro se llamaba Baerenmoos en un poste indicador y Beerenmoos en otro, y as poda traducirse en un cartel como el pramo de los osos y en el otro como el pramo de las bayas, falta de precisin que provocaba la indignacin de mi hermanito Oliver, que entonces estaba en el segundo grado en la escuela. Como nunca encontramos osos y s muchas bayas, Oliver se conformaba con la versin de las bayas. Creo, como lo crea hace casi sesenta aos, que nuestros paseos con pap eran mucho ms excitantes y entretenidos que los de otras familias. Iba a decir que esto se deba a que estaban tan organizados; pero la palabra no sirve, porque es muy fra y nuestras excursiones tenan el calor de una deliciosa historia bien elaborada y que nunca careca de culminacin. Las excursiones de nios conducidas por nuestro padre, Sigmund Freud, tenan siempre un

objetivo especial: poda ser la bsqueda o recoleccin de algo o explorar un lugar determinado. Con frecuencia, era recoger las deliciosas bayas silvestres de los bosques; y como nuestras vacaciones se extendan durante el verano tenamos toda la temporada de bayas silvestres, desde las frutillas a los arndanos y zarzamoras de principios de otoo. A fines del verano nuestro objetivo era recolectar hongos comestibles; pero nunca lo tratbamos con los pobladores locales fuera de nuestro crculo. Consideraran como un trabajo muy aburrido pasar muchas horas da tras da recogiendo hongos, algo que slo hacan las pobres ancianas con cestos muy viejos que llevaban al mercado para ganar unas coronas. Todos reconocan que las setas frescas eran un excelente alimento, pero otros hongos, muy parecidos, eran venenosos y pocos veranos pasaban sin que los visitantes padeciesen intoxicaciones alimentarias agudas, ocasionalmente fatales, despus de ingerir lo que haban recogido como setas. Lo cual les pareca una buena razn para que la gente prudente dejase en paz a las setas. No tenamos miedo. Pap nos haba enseado mucho acerca de los hongos y no recuerdo una ocasin en que hayamos trado una especie venenosa para que la controlase y la aceptase como inocua. No haba nada de aburrido en esas excursiones; por el contrario, nos resultaban excitantes y divertidas y gozbamos de ellas como otros gozan del tenis, el golf, la caza y otros costosos deportes de moda. Nuestro asalto a las setas nunca era al azar. Pap haba hecho una exploracin previa para encontrar una zona fructfera; y creo que uno de los ndices que usaba era la presencia de un hongo venenoso de vivos colores, rojo con lunares blancos, que siempre apareca con nuestro favorito, el Stenpilz, menos fcilmente visto, que mi diccionario me dice que es el boletas amarillo comestible. Una vez hallada la zona, pap poda dirigir a su pequea tropa. Cada soldadito tomaba posicin y comenzaba la escaramuza a intervalos adecuados, como una patrulla de infantera bien entrenada que atacase en un bosque. Jugbamos a que cazbamos algn animal fugitivo que nos eluda y siempre haba competencia para decidir quin era el mejor cazador. Siempre ganaba pap. Los hongos comestibles varan mucho de tamao y hasta de forma, desde los ms jvenes que denominbamos bebs, bolitas pardo-claro que se ocultaban y eran difciles de descubrir, a los ejemplares maduros que eran blandos y con frecuencia tan grandes que no se podran cubrir con un sombrero de hombre. A stos los llambamos Alte Herrn, viejos caballeros, y los dejbamos: su tejido no era firme ni eran sabrosos. Al mencionar el sombrero de hombre, tena presente el de pap, generalmente de felpa verde griscea, con una ancha cinta de seda verde oscuro. Estos sombreros se ven ocasionalmente en Inglaterra, donde se los llama sombreros austracos. Cuando pap haba encontrado un ejemplar de hongo realmente perfecto corra hacia l y lo cubra con el sombrero, tocando el silbato de plata que tena en el bolsillo del chaleco para convocar al pelotn. Todos corramos al or el silbato y slo cuando estbamos reunidos pap sacaba el sombrero y nos dejaba inspeccionar y admirar su hallazgo. El trabajo de mam empezaba cuando llegbamos a casa. Ayudada por su hermana Minna limpiaba y pelaba las setas antes de indicar a la cocinera cmo se cocinaban. Cuando la temporada era buena tenamos setas casi todos los das, pero nunca nos cansbamos de comerlas. Estas excursiones raras veces o ninguna seguan caminos o senderos: las hacamos a travs de montes silvestres y bosques. Nos vestan para esas ocasiones, los varones con botas, gruesas medias largas y pantalones cortos de cuero. Cuando regresbamos, las medias de los

varones estaban cubiertas de cardillos y las polleras de las nias poco menos. Como era trabajo de mam sacarlos de las medias y polleras, a veces se quejaba medio en serio y se preguntaba con frecuencia por qu recorramos senderos intransitables y expresaba su creencia de que para seguirnos en nuestras correras habra que tener astas, como un ciervo. Esta ltima observacin invariablemente inspiraba argumentaciones y disputas, mientras tratbamos de explicarle que las astas seran un gran inconveniente y no una ayuda para quienes se deslizaban entre los rboles y bajo ramas a poca altura. El interrogante no surga entonces, pero cuando miro viejas fotografas de las mujeres de mi familia, llego a la conclusin de que aun con astas para apartar las ramas que se interpusieran, sera un trabajo arduo seguirnos mientras corretebamos en los bosques y montes. Con sus largas polleras flotantes, los cuellos rgidos en torno a la garganta y sus corss que impedan toda libertad de movimiento, nunca podran haber pasado sobre los rboles cados; ni saltar sobre las zanjas secas o con agua y estaran demasiado cargadas para abrirse paso entre la densa vegetacin llena de zarzas. Sin embargo las mujeres no estaban conscientes de la menor incapacidad, y gozaban tranquilamente de sus paseos en senderos civilizados. Durante esos das en Aussee mam y su hermana eran an bastante jvenes, tenan entre treinta y treinta y cinco aos. Ahora, las mujeres de su respetable clase media consideraran normal pasar sus vacaciones de verano en un chalet aislado, vestidas con pantalones y pullovers, con zoquetes y sandalias, y podran tener el cabello corto. He insistido en mi vivida imaginacin cuando nio y despus, pero mi imaginacin no llegara al punto de imaginar a mi madre vestida de esa manera; y aunque mi imaginacin se hubiese desprendido de donde est en mi cabeza, su ms elevado vuelo nunca llegara a esbozar a ta Minna, aun en los das ms clidos y soleados, dando vueltas en shorts. Nada podra ser ms absurdo, ms completamente imposible, aun cerca de lo sacrlego. Conoc a ta Minna durante casi toda mi vida y la conoc muy bien, pero nunca advert que tuviera piernas. Hay otra cosa que ha cambiado en las costumbres de las vacaciones desde los das de mi juventud. Ahora, cuando la gente regresa de las vacaciones, est siempre tostada por el sol; eso es lo primero que se nota cuando llegan a la ciudad y parece ser buen signo de que se han divertido. Pero en mi juventud, cuando vivamos en Viena, la gente sala de vacaciones para huir del ca lor del sol en las ciudades. No recuerdo a mis padres o mayores tomando baos de sol. Sin embargo, cuando despus de tres aos en Aussee mis padres decidieron cambiar, no fue porque hubiese mucho sol all, sino al contrario, era por el exceso de agua que en 1897 nos dio una interesante aunque desagradable experiencia cuando vimos una gran inundacin. Empez, como la inundacin bblica, con lluvias continuas da tras da, pero no lo bastante intensas para impedir nuestras excursiones diarias; era un tiempo perfecto para las setas, aunque menos agradable para mam, porque siempre regresbamos empapados y cubiertos de lodo. Usbamos capas de loden sobre nuestras ropas, cuadrados de gruesa tela impermeable de lana con agujeros para la cabeza cortados en el centro. Lo spero del material haca que todo menos los rboles se adhiriese; de manera que traamos a casa medio monte, ramas, hojas, insectos y hasta pequeos caracoles, con todo lo cual tena que lidiar mam. Como muchos senderos y caminos se inundaban y cada suave corriente se convena en furioso torrente, nuestras excursiones deban acortarse. Puente tras puente fueron destruidos a medida que las aguas de la inundacin se extendieron por el pueblo, el mercado de Aussee y demolieron una cantidad de casas. En Obertreseen, en lo alto del valle y su ro, estbamos

relativamente a salvo, pero poco ms abajo las casas tuvieron que ser evacuadas y los pobladores con su ganado llevados a lugar seguro. Como la mayor parte del tiempo lo pasbamos recorriendo el monte con pap, el pabelln de msica en el cual una banda generalmente tocaba alegres polcas y Landlers, no nos interesaba en lo ms mnimo, pero cuando este pabelln, que estaba en una colina, fue usado para el ganado refugiado de la inundacin atemorizadas bestias de toda clase, incluso vacas, ovejas, cabras y hasta cerdos, todos juntos y protestando tuvimos ms en cuenta el pabelln que hasta entonces. Hasta nuestra freudiana carencia de gusto musical nos permiti saber que la msica de los animales asustados era menos atrayente que las alegres polcas que generalmente se oan en el pabelln. Pap siempre reciba abundante correspondencia, aun durante sus vacaciones veraniegas con nosotros, y haba hecho un convenio especial con el encarga