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  • El Cid en el teatro del Siglode Oro espaol.

    Las mltiples caras de una figura persistente 2

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  • La presencia del Cid en la literatura del Siglo de Oro no ha pasadodesapercibida para los estudiosos, que desde hace casi un siglo le han venidodedicando su atencin en una serie de trabajos especficos. Estos se hancentrado particularmente en el teatro, que adems de ser el gnero literarioque ha experimentado una mayor atraccin hacia el personaje, es tal vez elque mejor puede hablarnos de los sentimientos e ideas de aquella sociedad,dada su penetracin en los distintos sectores. Gracias a esos estudios, dispo-nemos hoy de un nmero notable de referencias bibliogrficas de las piezasque componen su repertorio particular, as como de clarificadores apuntessobre los temas, las fases, los tonos y los posibles significados de esa insisten-te comparecencia del hroe castellano medieval ante los espaoles de la EdadModerna1. A ello deben incorporarse las novedades resultantes de los trabajospreparatorios de la presente exposicin, que han logrado ensanchar la nminade obras y autores de tema cidiano que figuraban en los listados previos. Conel aliciente, adems, de que los nombres implicados en estas adiciones corres-ponden a dramaturgos importantes -independientemente de que la seguridadde la autora no haya obtenido an respaldo definitivo en algn caso:Caldern, Mira de Amescua y Rojas Zorrilla, quien, por cierto, tambincelebra centenario en el presente ao.

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    El Cid en el teatro del Siglo de Oro espaolEl Ciden el Teatro de los Siglos de Oro

    El Cid en el teatro del Siglode Oro espaol.

    Las mltiples caras de una figura persistente

    Germn Vega Garca-LuengosUniversidad de Valladolid

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  • El CidPgina51captulo 2

    El Ciden el Teatro de los Siglos de Oro

    Tambin sus espadas se recuerdan de forma seria o jocosa esta bipola-rizacin es consustancial a la mentalidad y el arte barrocos. Al segundo tipocorresponde esta del primer acto de La hermosura aborrecida, de Lope:

    DON SANCHO Tello, nunca yo miro en los soldadoslas galas, sino el nimo y las obras.Esto importa que tenga, y buena espada.

    TELLO Buena espada? En llegando a lo que es eso,no me la gana el mismo Cid Ruy Daz.sta es Tizona, porque tizna pechos;y sta es Colada, porque cuela vidas,con sta he hecho cosas nunca odas.

    La serrana de la Vera, tambin de Lope, rememora la reaccin del Cidmozo cuando su padre le muerde el dedo para probarlo, como al resto de los her-manos. En el tercer acto de la comedia del mismo poeta La venganza venturosa,un personaje, que cree pasar por trance parejo al de Rodrigo, alude a la venganzaque ste tom del bofetn dado a su padre:

    Cielos, tan ingrato he sidoque no hay amor que me debanlas canas de aquella caraa quien todo mi ser debo?Mejor hizo el Cid mancebocon una hazaa tan rara,venganza del bofetnque le dio a su padre el Conde,porque el noble as responde.

    Hay alusiones a sus hijas en Los malcasados de Valencia, de Guilln deCastro, o en El mejor mozo de Espaa y La venganza venturosa, ambas de Lope.De la afrenta de Corpes se hace eco una jcara del maestro del gnero Quionesde Benavente, La que se cant en la compaa de Olmedo; tambin en La mayorvirtud de un rey, La venganza venturosa y Juan de Dios y Antn Martn, las tres deLope. En el tercer acto de esta ltima se lee:

    LUIS Si dice cmo se llama,sabrn nombre y calidad.

    ELVIRA Elvira.LUIS A fe de espaol,

    El Cid en el teatro del Siglo de Oro espaol

    CUANTOS CIDES HAY EN LA CIDERA

    Las palabras del epgrafe pertenecen al captulo 29 del Quijote deAvellaneda: con ellas el Sancho Panza espurio reniega de que su amo ahora secrea el Cid. Poner el nfasis en las mltiples caras que adquiere el personajebarroco no sera la intencin del escudero en esos momentos, pero lo que diceexpresa muy bien esa realidad. Rodrigo Daz de Vivar se puso todas las mscarasen el Siglo de Oro. Hay un Cid guerrero, un Cid cortesano, un Cid personajesecundario, un Cid sagrado, un Cid burlesco. La riqueza de aprovechamientos desu figura habla de la vitalidad de su memoria y -segn la idea de Aurora Egido- desu conversin en mito2.

    La confluencia del romancero y de las crnicas en el teatro a medida queavanzaba la segunda mitad del siglo XVI tena que dar como resultado una aten-cin especial a la materia cidiana, cuya presencia en esas vetas era muy intensa.Componente de la cultura compartida de los espaoles de la poca, estaba prestaa ser evocada en las situaciones ms dispares por el comn de las gentes, y a pro-porcionar a los profesionales de la escritura dramtica episodios y personajes deindudable fuerza dramtica, aparte de sus posibilidades para encarnar las ideasque intentaron potenciar los diferentes grupos de opinin: nobleza, valenta,patriotismo, religiosidad, etc.

    LOS CIDES DE CUALQUIER PIEZA DRAMTICA

    Quiz la mejor manera de comprobar hasta qu punto el Cid estuvovigente en el arte y la vida cotidiana del Siglo de Oro no sea la consideracin dela lista de obras teatrales que tratan sobre l, aunque es evidente su amplitud. Sinsalirnos del teatro, podran ser un testimonio an ms expresivo de esa presenciavariada y constante las mltiples veces que se le menciona en los parlamentos decualquier comedia, auto o entrems, sea cual sea su tema y la calidad del perso-naje que lo hace. Pienso que esto refleja mejor lo que deba de ser su existenciareal en la vida diaria, donde convivira con el cmulo de dichos, hechos y perso-najes que conformaban la cultura tradicional. El Cid y sus allegados, sus hechosy sus cosas, vivos en la memoria comn, deban de aflorar en cualquier momentode las conversaciones, como lo hace en las de los personajes de muchas obrasdramticas. Algunas muestras pueden valer.

    Por supuesto, Babieca es uno de los elementos del compuesto cidianoque se invoca con ms facilidad. Lo hacen, por ejemplo, Juan de la Cueva en Elinfamador, Guilln de Castro en Don Quijote de la Mancha, Lope en Las paces delos reyes.

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    El Ciden el Teatro de los Siglos de Oro

    Como sinnimo de guerrero valeroso lo utiliza Tirso de Molina en LaSanta Juana. Primera parte, Ruiz de Alarcn en La crueldad por el honor,Caldern en Con quien vengo, vengo, Rojas Zorrilla en Abre el ojo o Moreto enLa cautela en la amistad. Ser un Cid o un segundo Cid o un nuevo Cidson expresiones habituales para encomiar la valenta de los personajes a quie-nes se aplican. En La estrella de Sevilla se le llama a Sancho Aulaga el Cidandaluz o el Cid cordobs. No siempre se utiliza en sentido recto: NuevoCid se le nombra ya en el propio reparto al Alfrez fanfarrn al que darmuerte Catalina de Erauso, la protagonista de La Monja alfrez de Prez deMontalbn.

    La lexicalizacin y funcin superlativizadora que adquiri el antropnimohacen posible su conjugacin. En la segunda jornada de Gurdate del aguamansa, de Caldern, se dice: Ya a los dos siguen / los filos de la Tizona, / con-migo van dos mil Cides.

    Se le asocia con otros hroes de la milicia bblica, mitolgica o medieval:Sansn, David, Marte, Hctor, Bernardo del Carpio con ste especialmente.Como en los dems casos, tales agrupaciones tambin suelen derivar hacia lo bur-lesco. Al comienzo de Ms pesa el rey que la sangre, de Luis Vlez de Guevara, elgracioso habla as de su amo:

    Estas astashan de servir a mi dueo,que a estas horas en la tallaes un Roldn paladn,un don Urgel de la Maga, un Hrcules, un Sansn,un Galafre, una montaa,un Bernardo, un Cid, un Marte,un diablo en Cantillana.

    Se le hermana con figuras que se consideran reales, pero tambin conotras decididamente literarias, como en la tercera jornada de Al pasar el arroyo,de Lope:

    Es el Cidvuesa merced por ventura,Amads o Esplandin,los que obligados estna emprender toda aventura?

    El Cid en el teatro del Siglo de Oro espaol

    que si vos os llamis Sol,aunque en tanta escuridad,que sois las hijas del Cid.

    BEATRIZ Y querisnos azotar?ALONSO Mas servir y regalar

    como Condes de Madrid,que no los de Carrin.

    De la proverbial cobarda de los de Carrin tambin hay huellas en lasegunda jornada de La varona castellana, del propio Fnix:

    VELA No quieres t que me espantede un len?

    MARA Por qu razn,si no os dieron sangre, infante,los Condes de Carrin,para temor semejante?

    VELA Ms sangre tengo del Cidque no de aquesos cobardes.

    Mientras que la cobarda de Martn Pelez se evoca en los inicios de lacomedia de Guilln de Castro La fuerza de la costumbre:

    Padre, no me afrentes ms,porque ya de suerte estoyque habr de empezar en tia cobrar nueva opinin,[]Ser otro Martn Pelez,que cobarde se corride que le quit el escaoel famoso Campeador.

    Las arcas de arena del engao a los judos son tradas a colacin por Lopede Vega en La noche toledana y en El nuevo mundo descubierto por Cristbal Coln.Tambin Lope en Querer la propia desdicha recuerda el lance post mortem en elque el judo coge de la barba al de Vivar.

    Pero aparte de estas evocaciones, en la mayora de las ocasiones en queel Cid aparece mencionado en el teatro del Siglo de Oro es de forma escueta comoreferente proverbial del valor, el honor, la lealtad, etc.

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    El Ciden el Teatro de los Siglos de Oro

    muchas comedias (pinsese que en ella se sita ms de la mitad de las de capa yespada) y que no tiene rima fcil. Pero la explicacin de esta concurrencia nodebe hacerse slo desde la mtrica; ms importante sera el inters en contrapo-ner las ideas que representan ambos trminos: Madrid es concebida como motorprincipal de unos cambios de costumbres que distancian los nuevos tiempos de laEspaa tradicional de la que el Cid se considera emb