Seminario XI Lacan

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Text of Seminario XI Lacan

  • EDITOR ASOCIADOJUAN GRANICA

    TRADUCCION DEJUAN LUIS DELMONT-MAUzu

    Y JULiETA SUCRE

    UNICA EDICIONAUTORIZADA

    LA REVISION DE LA TRADUCCIONES DE DIANA RABINOVICH

    CON EL ACUERDO DEJACQUES.ALAIN MILLER

    Diseo de la ColeccronRolando 6 Memelsdorff

    EL SEMINARIODEJACQUES LACAI{

    LIBRO 11DCINACIOI

    LOS CTJATRO

    FUNDA]VIENTALE,SDEL PSICOANALIS

    --

    1964___._I Est o-"

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    TEXTO ESTABLECIDO-PORJACQUES.ALAIN MILLER

    EDICIONES PAIDOSBUENOS AIRES - BARCELONA

    MEXICO ,,_' . ,,..

  • VI

    LA ESQUIZIA DEL OJO Y DE LA MIRADA

    Esquizia del sueto.Facttcidad del ttaurruLM auri c e ill erie au-Po nty.

    .

    La tmdicin filosfica.' El mimetismo.

    El omnivoyeur.En el sueo, eso muesfis,

    Contino.Ls record la Wiederholung

    -y ya les dije lo suficiente comopara que subrayen en la referencia etimolgica que les di, halar, laconnotacin cansosa que entraa.

    Halar, tirar de. Tkar de qu? Tal vez, jugando con la ambige-dad de la palabra en francs, tlrer au sorf, "echar la suerte". EseZwang nos dirigira entonces hacia la carta obligada

    -si hay unasola carta en eljuego, no puedo sacar otra.

    El carcter de coqjunto, en el sentido matemtico del trmino,que presenta el manojo de significantes,'y que lo opone, por ejem-plo, a lo indefinido del nmbro entero, nos permite concebir unesquema en el cual se aplica de inmediato la funcin de la cartaobligada. Si el sujeto es el sujeto del significante

    -determinado porl:-. podemos imaginar la red sincrnica de tal.manera que produicaen la diacronfa efectos preferenciales. Entiendan que no se trata eneste caso de efectos estadlsticos imprevisibles, sino que la estructuramisma de la red implica los retornos. Es la figura que toma paranosotros, a travs de la elucidacin de lo que llamamos las estrate-gias, el automaton de Aristteles. Por eso mismo, traducimos por

    75

  • DE LA MIRADA ENO ONTO A MTNUSCULA

    automatismo el Zwang de la Wiederholungzwang, compulsin a larepeticin.

    I

    Ms adelante les procurar los hechos que sugieren que, enciertos momentos del monlogo infantil, imprudentemente califica-do de egocntrico, se obsenran juegos propiamente sintcticos.Estos juegos pertenecen al campo que llamamos preconsciente, peroforman, por decir asf, el lecho de la reserva inconsciente

    -que hade entenderse en el sentido de reserva de indios, dentro de la redsocial.

    La sintaxis, desde luego, es preconsciente. Pero su sintaxistiene que ver con la reserva inconseiente que escapa al sujeto.Cuando el sujeto cuenta su historia, actfia, latente, lo que rige aesa sintaxis y.la hace cada vez ms ceflida. Ceida con respecto aqu? A lo que Freud, desde el principio de su descripcin de la

    Decir que ese ncleo se refiere a algo traumtico no es ms queuna aproximacin. Hay que distingui la resistencia del sujeto deesta primera resistencia del discurso, cuando ste procede al cei-miento en torno al ncleo. Porque la expresin "resistencia delsujeto" implica en demasfa un yo supuesto, y nada ms asegura-cuando nos acercamos al ntlcleo- que ste sea algo que an justi-fique la calificacin del yo.

    El nricleo ha de ser designado como real -real en tanto la identi-

    dad de percepcin es su regla. A la postre, se basa, como Freud 1oseala, en una especie de muestra, que nos asegua que estamos enla percepcin por la sensacin de realidad que la autentifica. Ququiere decir esto?

    -pues que del lado del sujeto eso se llama eldespertar.

    La vez pasada abord lo que entraa la repeticin con el sueodel capftulo siete de La lnterpretacin de los suefios, porque laeleccin de ese sueo rtan sellado, tan cerrado, doble y triplemeritecerrado, ya que no es analizado

    -es muy significativa por tratarsede lo que mueve, en rlltima instancia, al proceso del sueo. La reali-dad que determina el despertat, es en verdad el ruido ligero contrael, cual se mantiene el imperio del sueo y del deseo? No ser ms

    76 7',7

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    LA ESEfZ=IA.DEL AIO y DE tA'fefrRADA

    bien otra cosa? No ser lo que se expresa en el fondo de la angustiade ese sueo?

    -a saber, lo ms fntimo de la relacin del padre conel ho, y que surge no tanto de esa muerte sino de lo que ella es,allende en su sentido de destino.

    Entre eso que sucede como por azar, cuando todos duermen-la vela que cae y la mortaja en llamas, el acontecimiento sin sen-tido, el accidente, la mala suerte- y lo conmovedor, aunque velado,del "Padre, acoso no yes que ardo?", existe la misma.relacinque la que se nos presenta en una repeticin. Esto toma figuraspara nosotros en la apelacin de neurosis de destino o neurosis defracaso. No falla la adaptacin,sino tyche, el encuentro.

    Lo formulado por Aristteles -que la tyche se define por slo

    poder provenir de un ser capaz de eleccin, proairesis, que la ty-che, buena o mala fortuna, no puede provenir de un objeto inani-mado, de un nio, de un animal- se ve aquf controvertido. El acci-dente de este sueo ejemplar nos lo muestra. Ciertamente, Aris-tteles marca en este punto el mismo lfmite que lo detiene al bordede las formas extravagantes de coryducta sexual, que slo puedecalificar de teriotes, monstruosidades.

    El aspecto cerrado de la relacin entre el accidente, que serepite, y el sentido velado, que es la verdadera realidad y nos llevahacia la pulsin, nos proporciona justamente la certeza de que ladesmitificacin de ese artificio del tratamiento que se llama la transferencia no consiste en reducirla a la llamada actualidad de lasituacin. La direccin sealada por esta reduccin a la actualidadde la sesin, o de la serie de sesiones, no tiene siquiera un valorpropedutico. El concepto exacto de la repeticin ha de obtenerseen otra direccin que no podemos confundir con el conjunto de losefectos de transferencia. Cuando abordemos la funcin de latransferencia, nuestro problema ser el de saber cmo la transferencia,puede llevarnos al meollo de la repeticin.

    Por eso mismo es necesario fundamentar primero la repeticinen la propia esquizia que se produce en el sujeto respecto del en-cuentro. Esta esquizia constituye la dimensin caracterlstica deldescubrimiento y de la experiencia analltica, que nos hace aprehen-der lo real, en su incidencia dialctica, como algo que llega siempreen mal momento. Precisamente por ello, lo real en el sujeto resultaser lo ms cmplice de la pulsin

    -a la cual llegaremos en riltimo

  • DE LA MTRADA COMO ONETO A MINUSCULA

    trmino, porque slo el recorrido de este camino nos permitirconcebir de qu se trata.

    A fin de cuentas, por qu es tan traumticl la escena primaria?Por qu se presenta siempre demasiado pronto o demasiado tarde?Por qu el sujeto encuentra en ella o demasiado placer

    -asf, almenos, concebimos prirnero la causalidad traumatizante del obse-sivo* o demasiado poco, como en la histrica? por qu no despier-ta en seguida al sujeto, si es cierto que es tan profundamente libi-dinal? Por qu el hecho es en este caso dystychia? por qu lapretendida maduracin de los pseudo-instintos est transfija, tras-pasada, urdida de tquico, dira

    -a partir de la palabra tyche?Por ei momento, nuestro horizonte es lo facticio que aparece en

    la relacin fundamental con la sexualidad, En la experiencia analf-tica es preciso partir de Io siguiente: si la escena primaria es traum-tica, la empata sexual no sostiene las modulaciones de lo analiza-ble, las sostiene un hecho facticio. Un hecho facticio, como el queaparece en la escena tan ferozmente acosada en la experiencia deEl hombre de los lobos; la extraeza de la clesaparicin y reapari-cin del pene.

    La yez pasada quise sealar dnde est la esquizia del sujeto. Estaesquizia persiste despus del despertar. Persiste entre el regreso alo real, la representacin del mundo que ha logrado por fin volver aponerse de pie, los brazos alzados, qu desgracia, qu pw, quhorror, qu necedad, qu tdiota se, que se qued dormldo, y laconciencia que se vuelve a trarnar, que sabe que vive todo eso comouna pesadilla pero que, sin embargo, se recupeta a s misma, yo soyquien vivo todo eso, no neceslto pellizcarme para saber que nosueo. Pero sucede que aqu esa esquizia slo representa la esquiziams profunda, que es preciso situar entre lo que refiere al sujeto enla maquinaria del sueo, la imagen del hijo que se acerca, con unamirada llena de reproche y, por otra parte, aquello que lo causa y enlo cual cae: invocacin, voz del nio, solicitacin de la mirada

    -pa-dre, acaso no ves, . .?

    1

    Aqul -libre cle proseguir, en el camino por donae los llevo, la

    vfa que mejor nre 'parczca- paso mi gancl:rillo a travs de la labor y78 79

    I,A ESSUIZIA DEL OJO Y DE LA MIRADA

    salto del lado donde se plantea la pregunta que se ofrece como en-crucijada, entre nosotros y todos los que intentan pensar el caminodel sujeto,

    Este camino, en tanto es bsqueda de la verdad, habr quedesbrozarlo con nuestro estilo de aventura, con su trauma reflejode facticidad? O localizarlo donde siempre lo ha hecho Ia lltradicin, a nivel de la dialctica entre lo verdadero y la apariencia, lftomada a partir de la percepcin en lo que tiene de fundamental- llmente ideica, esttica, digamos, y acentuada mediante un centra- llmiento visual?

    No es mero azar -que podamos referir al oden de 1o mera-

    mente tlquico- el que su publicacin ponga al alcance de ustedesesta semana el libro pstumo de nuestro amigo Maurice Merleau-Ponty sobre Lo vtsible y lo invlslble

    En esto se expresa, encarnado, lo que hacfa la alternancia denuestro dilogo, y no tengo que remontarme mucho para evocar elCongreso de Bonneval, donde su: interyencin dej sentado culera su camino, intemrmpido en un punto de la obra que no la dejainacabada, cosa que se peicibe en el trabajo abnegado que debemosa Claude Lefo