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MANUAL DE FORMACI“N POL­TICA - Ministerio del Interior

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Manual de forMación política
“Los jóvenes son el sostén principal del gobierno, ellos son la garantía para que este proyecto avance y se profundice”.
Contactos: Alem 168 – 5 Piso. (C1003AAO) Ciudad Autónoma de Buenos Aires Tel: (011) 4346 – 1545 /// 4339 – 0800 int: 71545 * 71294 E-mail: [email protected] www.mininterior.gov.ar
/formacionpolitica @fpolitica
Manual de forMación política
Manual de forMación política
Florencio Randazzo Ministro del Interior
Luis Eduardo Di Rocco Secretario de Asuntos Políticos
Norberto García Subsecretario de Asuntos Políticos
Juan Ignacio Mincarelli Director del Instituto Nacional de Capacitación Política
Instituto Nacional de Capacitación Política Manual de Formación Política. - 1a ed. - Buenos Aires : Ministerio del Interior. Instituto Nacional de Capacitación Política, 2012. 304 p. ; 29x21 cm.
ISBN 978-950-41-0015-7
índice
Módulo 2 ....................................................................................................... 49 Sociedad, nación, Estado y gobierno
Módulo 3 ....................................................................................................... 113 La economía para el desarrollo
Módulo 4 ..................................................................................................... 163 Historia y formación del pensamiento nacional
Anexo I ......................................................................................................... 287 Manuel Belgrano: patriota, abogado, periodista, economista, maestro y general
Anexo II ....................................................................................................... 302 Modelos de Estado, sus funciones y fundamentos de legitimidad Línea de tiempo
9una HerraMienta para la forMación
Este manual que les acercamos desde el Instituto Nacional de Formación Política del
Ministerio del Interior, busca ser una herramienta necesaria para el desarrollo de las ac-
tividades que nuclean el Programa de Formación Política 2012, no solo desde los temas
desarrollados teóricamente en cada módulo, sino desde las problemáticas y realidades
que atraviesa la práctica en lo cotidiano.
El manual cuenta con cuatro módulos; el primero se refiere a Política, poder y militancia,
entendiendo a la militancia como la actividad organizativa que desarrolla todo hombre
que se encuentra enmarcado en una causa, y la herramienta de que se vale para ello es
la política. Entonces, para transformar la realidad, para que esta coincida con el proyecto
y logre los objetivos de la causa, se construye poder.
El segundo módulo, Sociedad, Nación, Estado y gobierno, trabaja sobre la idea de que
la sociedad no es un todo cerrado, ya que está constantemente abordada por diferentes
ideologías, políticas y culturas. Es aquí donde vinculamos al Estado con la sociedad; y es
el gobierno, conformado por un conjunto de personas, el que conduce ese Estado.
En el módulo Economía para el desarrollo definimos a la economía como una ciencia
social la cual estudia la manera en que se administran los recursos con el objeto de pro-
ducir bienes y servicios que serán distribuidos para su consumo entre los miembros de
la sociedad, con la finalidad de que alcancen el máximo nivel de bienestar posible.
Por último, el módulo de Historia y formación del pensamiento nacional es un recorrido
histórico por los hechos más importantes y destacados del país; entendiendo que esos
periodos del pasado nos sirven para comprender nuestro presente y construir nuestro
futuro.
Con este material que hoy tienen en sus manos, y que también podrán encontrar de ma-
nera digital, buscamos llevar a cabo un proceso de Formación Política, una transferencia
de conocimientos concreta, que sirva para la preparación de todo militante o dirigente
político que quiera contribuir con la consolidación de este Estado.
Nos incentiva nuestra vocación de militantes. Nos motivan las ganas de llegar al final
del camino habiendo hecho nuestro aporte para que el Modelo Nacional y Popular per-
manezca en el tiempo.
Lic. Juan Ignacio MincarelliEl Ministro Florencio Randazzo conversando sobre el contenido final del Manual de Formación Política junto al Director, Juan Mincarelli.
11
Introducción
Este primer módulo plantea temas fundamentales de la formación
política, comenzando por el mismo concepto de política, relacionándolo
con la praxis y su importante papel en un proyecto colectivo. Más
adelante introduce diversos enfoques sobre el poder, para enlazarlo
con el liderazgo y culmina en nociones sobre militancia; se cierra así
un recorrido teórico de las bases de la formación política, abriendo, al
mismo tiempo, el camino al desarrollo de los siguientes módulos.
El marco Quienes hacemos política, damos con actos testimonio de nuestras convicciones, de aquello que,
al fin y al cabo, nos impulsa a actuar y que nos hace persistir en el esfuerzo y en el objetivo.
En nuestro presente, tiempo más amigable para la política que la última década del siglo pasado,
nuestra práctica se despliega en una tensión. Por un lado, discursos y prácticas que la bastardean —sea
en nombre de valores elevados, sea en nombre de una “libertad extrema” —; por el otro, la profunda
e innegable verdad de que la política es la única fuerza transformadora con que el pueblo cuenta para
alterar su realidad.
es necesario tomar en cuenta la distribución del
poder en la sociedad y las herramientas con las
que cuentan los diferentes actores para conseguir
que sus intereses sean escuchados y atendidos.
Hacer esto representa un salto cualitativo
en nuestra manera de entender el mundo, dado que hay que pasar de una mirada estructurada a partir de
modelos idealistas a otra realista o, lo que es lo mismo, debemos dejar de ver al mundo como querríamos
que fuera y verlo como realmente es.
Política, Poder y militancia
módulo 1
Esta mirada realista sobre la sociedad implica comprender la constelación de intereses que actúan en ella, los engranajes que mueven a los seres humanos, los fines que buscan, la competencia por el poder y el dinero.
12 13Argumentos que desprestigian a la política como herramienta transformadora de la realidad.
1. A partir de 1976, se instala el discurso que argumenta: “La política es cosa de corruptos e
incapaces”. 2. Con la dictadura, se prohíbe la participación y la formación política.
Comienzan a desaparecer los cuadros políticos
nacionales.
3. Con la vuelta de la democracia, la política queda reducida a “lo electoral”, incapaz de resolver problemas de
fondo.
4. Se valoriza solo la gestión “técnica”. El discurso neoliberal afirma: “Hay que
gestionar”.
de vida de la gente.
5. A partir de 2001 se produce una
movilización masiva y popular.
Esto es comprender la constelación de intereses que actúan en la sociedad, los engranajes que
mueven a los seres humanos, los fines que ellos buscan, la competencia por el poder y el dinero.
El mundo moderno piensa a la política como una amenaza potencial a la libertad y la vida privada,
pues le reconoce al Estado un poder capaz de influir en la vida de todos, al punto de hacer peligrar la
libertad individual, en la sociedad civil y, por ende también, la de acumular riquezas.
En esta visión liberal republicana se debe poner frenos al abuso del poder a partir de controles
entre los poderes estatales, a la vez que el voto libre oficia como garantía de recambio en el gobierno.
En este punto, la construcción ideológica del liberalismo económico y político muestra sus fisuras, pues
los supuestos de esta construcción parten de una visión de clase de la realidad; es decir, la posición de
un sector particular de la sociedad.
Por un lado, debemos señalar que el poder no se concentra solo en el Estado, sino que empresas,
corporaciones y neocorporaciones (como los medios) poseen un poder real y considerable a la hora de
moldear voluntades e influir en decisiones.
Por el otro, tales actores no son visibles,
no tienen representación como los ciudadanos,
no votan. O el reverso de ello, no necesitan
votar, pues pueden influir indirectamente
sobre el poder; no tienen representantes,
por lo tanto no pueden ser controlados, a
la vez que aparecen siempre como actores
desinteresados que enarbolan la bandera de alguna libertad o de la justicia.
Entonces, un debilitamiento de la política en su sentido más amplio, pero también de la
participación y del voto, solo favorece a aquellos que no lo necesitan para hacer valer sus intereses, a la
vez que una menor cultura política en la población los deja con mayor libertad de acción.
El resultado paradójico del desprestigio de la política es, en consecuencia, que favorece el
interés de quienes conspiran contra la participación popular y la democracia, a la vez que anula la única
herramienta con la que cuenta el pueblo para transformar su realidad, alimentando así una espiral
descendente.
necesitan votar para defender sus intereses porque tienen la capacidad
de ejercer el poder de manera directa.
14 15 Evolución de la política
Existe una multiplicidad de definiciones para abordar la política; para revisarlas podemos
remontarnos a la época de Aristóteles [siglo IV a. de C.], periodo en el cual se empezó a estudiar el tema
de manera sistemática. Cada una de las definiciones formuladas a partir de esa época hasta el presente
ofrece explicaciones en algún grado plausibles.
Todas estas aproximaciones abordan aspectos de la política, podríamos decir que ponen el énfasis
en alguno de sus aspectos. Con respecto a la acción, también podemos apreciar que, a lo largo de la
historia, se han desplegado diferentes prácticas, que representaban lo que la política era para el sentido
común de la época.
Todas estas prácticas presentaban diversidad de sujetos, medios, espacios, o diferentes
combinaciones de estos, por lo cual también es posible pensar en un significante que permanece, la
palabra política, que englobaría a una multitud de prácticas, relacionándose con todas ellas a partir de
un medio común, el poder, y de un espacio, la comunidad.
No obstante, estaríamos dejando afuera algunas otras definiciones más generales. Sobre esta
base, entonces, y tomando en cuenta aquellas definiciones que proceden normativamente, sería
oportuno pensar desde lo que la política hace efectivamente, pues cualquier petición de principio, por
ser valorativa,1 deja afuera de ella aspectos de la realidad.
Desde esta perspectiva, nuestro trabajo se va a encaminar a describir lo que el sujeto hace, y
ha hecho a lo largo de la historia, cuando hace política, porque en el reconocimiento de esta acción
podemos incluir las circunstancias ideológicas, sociales, históricas, económicas y hasta psicológicas en
las que se impregna nuestro accionar.
Lo que un sujeto hace, entonces, como hombre político, es una praxis. Esta es, ni más ni menos
que “mundo en acto”, o si se lo prefiere formulado de otro modo, la manera en la cual el ser humano
interactúa con el mundo, tanto para reproducirlo como para cambiarlo.
Es acción, impregnada de sentido y concepciones, pero también nutrida de puntos ciegos,
imponderables e incertidumbre, pues la acción no deja de ser una hipótesis de causas y efectos basada
en la experiencia, comprensión y construcción del mundo que heredamos y que nos damos.
De este modo podremos comprender
que, aunque la manera de hacer política no
es igual en la Grecia clásica que en nuestro
país en el presente, hay en esa praxis una
permanencia, un núcleo inconmovible, y es
el sencillo hecho de que cuando actuamos
políticamente le damos forma a lo que
asumimos que es el mundo y la comunidad en la cual vivimos.
En otras palabras, actuamos lo que valoramos, lo que creemos apropiado o justo; hacemos, al fin
y al cabo, lo que creemos que haría cualquiera en nuestro lugar. Por ende, en ese presuponer, invocamos
al otro, a la comunidad, al ethos de esa comunidad.
1. Valorar es establecer jerarquías, por lo cual asignar valores a una acción como la política es restringirla a solo esa jerarquía, dejando de lado otras posibles combinaciones de factores.
Actuar políticamente, actuar —a secas— implica la creencia en lo que se busca o en lo que se
desea, ya que se hace política para obtener resultados, para cambiar las cosas, y se lo hace asumiendo
hechos, dando por sentado cuestiones, con lo cual la certeza de los resultados disminuye a medida que
la apuesta es mayor.
La incertidumbre, por lo tanto, caracteriza a la vida, y también a la política. En ese salto de fe
que es actuar está lo mejor y lo peor de las personas y de la política, pues como seres que deseamos
depositamos nuestros deseos en la acción. Por
esta razón, entonces, una definición de política
no puede ser normativa, porque el deseo y la
imaginación humana no tiene límites, y la política
tampoco. Para bien y para mal.
Esta es una tensión inherente al hacer
política; por ello tenemos que prepararnos,
intelectual y espiritualmente y, sobre todo, ser
inteligentes. No se trata de una inteligencia
formal, de coeficiente, o de pura intelectualidad.
Nos referimos a una inteligencia sana, que se apoya en el valor de soñar y persistir, que es indispensable
para construir un nosotros, para hacer de la pasión por nuestros sueños el motor de la política.
Recordemos que sentir y comprender no se oponen; son vitales e inseparables para una vida en
democracia, es por ello que la inteligencia es indispensable. Tal como lo señaló Albert Camus, la historia
nos demuestra que cuando se apaga esta inteligencia llega la noche de las dictaduras. Estemos, pues, a
la altura de los requerimientos de nuestra lucha.
La incertidumbre, por lo tanto, caracteriza a la vida, y también a la política. En ese salto de fe que es actuar está lo mejor y lo peor de las personas y de la política, pues como seres que deseamos depositamos nuestros deseos en la acción.
La acción no deja de ser una hipótesis de causas y efectos basada
en la experiencia, comprensión y construcción del mundo que
heredamos y que nos damos.
17 1. La unidad de concepción como punto de partida de las praxis
En su desarrollo, toda actividad humana implica una combinatoria entre acciones y concepciones,
pues la persona, ser social desde la cuna, incorpora en todo lo que hace aquello que ha adquirido por
medio de la socialización.
Así, entonces, podemos decir que toda acción humana, y más aún aquellas orientadas hacia lo
social, tienen incorporadas un significado, el cual ha sido construido históricamente por la sociedad que
creó dichas acciones. Por lo tanto, podemos afirmar que toda acción humana significativa es una praxis,
la cual en su devenir pone en escena lo que es el mundo para el sujeto que la realiza.
La noción de praxis ha recibido un amplio tratamiento en la filosofía política, sobre todo en las
orientaciones marxistas, pero no es de allí de donde extraemos la noción, sino del psicoanálisis, el
cual pone de relieve la dimensión ética del actuar, que, a nuestro entender, es central en la política, al
orientarse su fin hacia la transformación social.
La dimensión ética implica a la vida en común;
por lo tanto, en la política, equivale a la comunidad
deseada, a aquello por lo cual el que milita, el que
hace política, lucha en el día a día.
Praxis Una praxis es toda acción que desarrolla un ser humano que lo pone en condiciones de construir
sentido y actuar en el mundo a partir de su acervo personal y cultural. Así, actuar políticamente es una
praxis, ya que cuando se hace política se ordenan medios y fines en función de las concepciones y las
valoraciones del actor político.
La primera implicancia que se puede derivar de ello es que la política no tiene una forma universal,
ya que herramienta de transformación que es, se adapta a los fines que se busca alcanzar con ella. No es
igual la política para el liberalismo que para un proyecto popular, como tampoco lo es la concepción de la
democracia, formal en el primer caso, basada en la participación, la inclusión y la igualdad en el segundo.
Siguiendo una estricta definición, praxis es “toda acción que pone al hombre en condiciones de
tratar lo real (el mundo como un conglomerado de impresiones sensoriales) por lo simbólico (el acervo
cultural y lingüístico del sujeto)”.
Esta definición, desarrollada por Lacan en
su Seminario XI, condensa en una breve expresión
la manera en la cual interactuamos con el mundo
como seres provistos de lenguaje. En tal sentido
podemos decir que la persona no trata con la
naturaleza o las cosas en sí, sino que, a partir de la
cultura y el lenguaje, posee una suerte de segunda
naturaleza desde la cual construye su mundo.
Toda acción humana significativa es una praxis.
“Praxis es toda acción que pone al hombre en condiciones de tratar lo real (el mundo como un conglomera- do de impresiones sensoriales), por lo simbólico (el acervo cultural y lingüístico del sujeto).”
Jacques Lacan, 1977.
18 19 Punto de partida
En la noción de praxis, en consecuencia, tenemos todos los elementos para comprender la práctica
política, tanto en lo que hace como en lo que la condiciona y que, en última instancia, puede marcar los
límites de un proceso transformador.
Delimitar lo que hacemos al hacer política no
es otra cosa que ampliar los límites de lo posible, cosa
que solo es postulable en la medida en que podamos
expandir las fronteras de la realidad, patria en la cual
habitamos todos los que hacemos política.
Pasemos, pues, a demarcar las coordenadas
de la política para, de este modo, dar espacios más amplios para ese acto fundante que siempre es lo político
como imaginación de una sociedad posible encarnada en la voluntad de un líder y su pueblo.
La política, praxis singular Dijimos que la política es una praxis transformadora de la realidad, y que el sentido de esta
transformación depende de la fuerza que lleva adelante la práctica política, ya que no existe una política
neutral; la neutralidad siempre es la máscara de algún interés que, por motivos tácticos, trata de hacer
pasar el propio interés por interés colectivo.
Para desplegar totalmente la capacidad transformadora de la política debemos dar cuenta de sus
partes, de lo que se hace al hacer política, pues el potencial transformador solo se encuentra en un
proyecto y se articula en él. Como todo cambio social implica un cambio cultural, el militante, el político,
debe comprender lo que despliega en su acción y que esta brota de sus concepciones y valores, de una
concepción ética.
Como toda acción humana procede de su universo simbólico, se trate de sus deseos más primarios
o más sublimes, de sus esperanzas, de sus sueños, anhelos o incluso de las más meditadas decisiones,
para comprender el hacer política es necesario repasar lo que hacemos a veces sin ser plenamente
conscientes de ello.
La política La política, como está orientada a interactuar en la realidad, a modificar el orden de cosas
existentes, es un tipo de acción teleológica, por lo cual está atravesada por la lógica medios-fines.
Al hacer política, las personas expandimos los límites de la realidad
e imaginamos una sociedad posible, encarnada en la voluntad de
un líder y su pueblo.
Por lo tanto, en la práctica de la política, lo primero que se requiere es un diagnóstico que, a
partir de su interpretación del mundo, organice los medios de los que se dispone para alcanzar los fines
deseados. O sea, en este punto, y sin que quizás se advierta, para quien hace política se pone en juego
otra pregunta, ¿el fin justifica los medios?
Como sucede con toda acción, la política requiere del tiempo para su desarrollo, de tal modo que
el presente (que es el escenario en el cual se conjuga la política) implica al pasado y al futuro como sus
partes inseparables.
El horizonte hacia el cual nos dirigimos es el futuro deseado: la meta a la cual se quiere arribar.
Pero si sumamos mayor complejidad al análisis, incorpora probabilidades de ser, es decir, implica el
diagnóstico como estado al que se llegará si no se modifican las cosas. O sea, nuestro proyecto propone
un futuro a alcanzar, y lo opone a otro futuro que probablemente llegará si no intervenimos.
Entonces, en su doble función de deseado y no deseado, el futuro introduce en el horizonte del ser
político la cuña de su libertad, de su capacidad
para transformar la realidad y modificar el
devenir.
más allá…