Ignacio Sotelo, Sartre

  • View
    30

  • Download
    0

Embed Size (px)

DESCRIPTION

Sobre el pensamiento existencialista de Jean Paul Sartre

Text of Ignacio Sotelo, Sartre

  • REENCUENTRO CON SARTRE

    Ignacio Sotelo (Universdad Libre de Berlin)

    En este articulo, el autor nos ofrece una relectura de su propia bio- grafia generacional resaltando el papel fundamental de la figura de Sartre. Se trata, pues, de sefialar la importancia de un autor recientemente fallecido que . En definitiva, se nos ofrece una serie de reflexiones sobre un autor de crucial importancia que Sotelo califica de

  • Aiios de distanciamiento. El ltimo libr:, de Sartre, El idiota de la familia, permaneci meses sobre la mesa antes de que tomara la decisin, casi heroica, de hincarle el diente: entretanto ya haba salido el tercer y ltimo volumen, dejando, como de costumbre, la obra inacabada. De alguna manera presentiamos que el provecho esperado no estaba en relacin con el esfuerzo exigido, que otra vez se prometia mucho ms de 10 que el autor, de que cualquier autor, pudiera dar. Evidentemente, Sartre ya no desper- taba la fascinacin que habia levantado en nuestra juventud. No es simple cuestin personal: Sartre en nuestros das ocupa una posicin muy distinta de la que tuvo en 10s aos cincuenta. Antes, un libro suyo 10 recibamos con la esperanza de una revelacin --con qu temblor e impaciencia acogi- mos, en 1960, La critica de la razn didctica-; doce, trece 6 0 s ms tarde, un nuevo libro de Sartre era eso,
  • Reencuentro con Sartre

    privilegiada para contemplar la realidad Pas el verano de 1951, recin cumplidos 10s quince, en Pars, asistiendo a 10s cursos de alengua y civili- zacin francesasn que, para extranjeros, ofreca la Sorbona. Camus y Sartre eran las vedettes, 10 mejor que podia lucir Francia, que entonces equivalia para mi al mundo. Regres a Madrid barajando

  • > de un socia- lismo cuyo objetivo fuese la realizacin de la libertad, 10 que exige , democracia que no es concebible sin ela liquidacin de la estructura social capitalista* (p. 40). Desconfianza ante 10s partidos poiticos tradicionales, comunistas o

  • Reencuentro con Sartre

    socialistas, enrollados en su propia degeneracin burocrtica. Crtica furi- bunda del estalinismo y desenmascaramiento de la Unin Sovitica como un Estado que nada tendra que ver con el socialisrno. Empeo de lograr una izquierda que hubiera sobrepasado el dilema marxismo-no marxismo, integrando en una misma tarea de lucha por la democracia real a marxistas y no marxistas.

    El trauma de la guerra convierte al nietzscheano Sartre en un escritor comprometido, dispuesto a vincular su ontologia de la libertad con el proyec- to socialista. La ocupacin alemana pone trgicamente de manifiesto que, si la sociedad est encadenada, no existe destino individual libre. La libertad del otro se revela requisito imprescindible de mi propia libertad. El infierno es el otro, pero tambin el supuesto de mi propia libertad. No va a resultar fcil hacer compatibles las dos aseveraciones que contiene esta frase. Im- posible eliminar cualquiera de sus trminos, pero tampoc0 vincularlos de manera convincente. Aqu tocamos fondo. Todo pensamiento llevado a su lmite se revela una contradiccin. dnicamente queda claro que no cabe abstraer al individuo de su contexto social: la realidad fundamentante ya no es la ctconciencian, sino la . La iilosofa de Sartre, que en sus orgenes pareca que no tena nada que ver con la poltica, alcanza asi la dimensin poltica que caracteriza a toda gran filosofia. Hasta su muerte, el tema central alrededor del cua1 gira todo su pensamiento, consiste, justa- mente, en relacionar, hasta terminar por identificarlos, libertad y socialis- mo. (Situations 10 [1976], p. 218.)

    En 1952, llega la bomba de Los comunistar y la paz. Sartre se convierte al marxismo, sin asumir por el10 la filosofia de 10s comunistas --difcil de tragar el , el que predican 10s estalinis- tas-, pero aceptando plenamente su poltica. Desaparece de repente la compleja problemtica planteada despus de la guerra, nada de ccterceras vias)>, nada de cuestiones ticas, de subjetividad, contingencia y otras zaran- dajas. Sartre se refugia radiante en el dogma recin descubierto. Con la luz de la fe resulta evidente, primero, que la clase obrera es intrnsecamente revolucionaria, que su destino histrico es el socialismo; segundo, que el Partido Comunista, pese a sus deficiencias, es el partido de la clase obrera. Ergo, no hay salvacin fuera del partido. Urge, por tanto, superar el pasado de intelectual pequeoburgus, realizando un ctnuevo tip0 de intelectual)> que asume las responsabilidades polticas que le competen.

    Con 10s aos, Sartre va ratificndose en esta fe marxista. El escribir, la literatura, como expresin de 10 absolut0 -y sin esta creencia, cm0 consagrarle una vida?-, no seria ms que la forma concreta que tom6 su neurosis infantil en un medio familiar pequeoburgus. Al tema ha dedi-

  • Reencuentro con Sartre

    de 10 poltica, evaporndolo entre dos absolutos: antes la literatura, ahora la revolucin.

    A hales de 10s cuarenta, despus de haber recorrido todas las etapas del solipsismo, Sartre se perfilaba como un pensador capaz de reflexionar sobre la situacin concreta del hombre en esta segunda mitad de siglo, sin escaparse por una ontologia que ignorase la poltica. Su repentina conver- sin cierra las puertas a una ulterior reflexin poltica original. En ocasiones vamos incluso a pillarle repitiendo el discurso de cualquier adolescente de clase media. En la forma concreta en que expresa su com- promiso con el oprimido, podr Sartre haberse salvado como persona, pero se condena como pensador. Quiz no andemos tan descarriados cuando sospechamos en toda conversin una claudicacin intelectual. Se termina creyendo en Dios, en la Historia, en el Proletariado, qu ms da, porque no se puede aguantar ms el fro helador de un pensamiento Icido. Sartre comunista resultaba ciertamente una contradiccin difcil de digerir. Se ex- plica que sus viejos amigos de 10s tiempos de la resistencia, Maurice Mer- leau-Ponty, Albert Camus, con este o aquel motivo, terminasen rompiendo con 61. Palabras huecas parecan ahora las criticas anteriores a la congelacin estalinista del marxisme, el carcter sustancialmente burocrtico del PC, la necesidad de una via democrtica hacia el socialismo. El Saulo convertido en PauIo, en cuestiones estrictamente polticas, no tiene otra cosa que ofrecernos, que 10 que es obvio en la izquierda, o 10 que podramos en- contrar en cualquier catecisrno revolucionario. En su apoyo incondiciona1 a 10s movimientos de liberacin nacional, en su denuncia del colonialisme, en su rechazo de la intervencin norteamericana en Vietnam, (quin, en la izquierda, no estaba de acuerdo con l? El problema era y sigue siendo el definir una estrategia socialista para la Europa desarrollada, y en este punto no basta la mejor voluntad revolucionaria.

    La equivocacin garrafal, me parece, consisti en suponer que, como ocurre en filosofia, en poltica tambin se avanza radicalizndose. Desde luego, en filosofia lo difcil y oportuno es el radicalismo: llegar hasta las races, tropezar con el fondo. El pensamiento, aun el que se pretende ms radical, tiende a quedarse corto, dando todavia demasiado por sobreenten- dido. El error se descubre a menudo como falta de radicalidad por no haber ido suficientemente lejos. En cambio, el radicalismo en poltica en seguida topa con el lmite en que se manifiesta su irracionalidad. En una situacin objetivamente revolucionaria, oponer a la violencia del sistema la violencia de 10s oprimidos puede ser una dialctica que funcione; pero en todas las dems ocasiones, que son las ms frecuentes -la revolucin es siempre la excepcin-, la violencia de izquierdas manifiesta pronto su irracionalidad al desenmascararse como complementaria y legitimadora de la violencia

  • *Papers)>: Revista de Sociologia

    del sistema. En un determinado punto, la violencia de la extrema izquierda y de la extrema derecha acaban por converger, superando as su posible distincin. La violencia se revela al final como el atajo de 10s poderosos para salvaguardar sus intereses. Los carninos de 10s oprimidos son mucho mis largos y dan muchsimas ms vueltas. En filosofa una fuente de error suele ser la falta de radicaiismo; en poltica, en cambio, el principio de cuanto rns radical mejor nos arroja fuera de la poltica, en el horror que justamente la politica quiere remediar: la lucha feroz de todos contra todos. La violencia es, as, la forma de negacin de la poltica que carac- teriza a la derecha. En las condiciones de la Europa actual, predicar la accin violenta conlleva una forma de derechizacin.

    En la evolucin de Sartre cabe muy bien mostrar cmo su radicaliza- cin poltica se corresponde con una mayor credulidad filosfica. Su decisin poltica de ponerse al servicio de 10s comunistas coincide, claro est, con su conversin al marxismo ---; ponerlo en tela de juicio significaria retroceder a posiciones premarxistas. Radical en poltica, Sartre renuncia a ser10 en filosofa, poniendo nada me- nos que puertas al campo, cercas a la filosofa. Si filosofar es siempre pelear con 10s limites -sociales, conceptuales, lingiisticos- para saltarlos, admitir fronteras infranqueables es renunciar a pensar. Conceptos tan complejos y ambiguos como , , , le parecen difanos e indiscutibles. Sartre no tiene por qu referirse al pensamiento de Marx -apenas 10 hace-, porque b coloca mis all de 10 discutible. Pensar nuestro tiempo exigiria hacerlo desde las coordenadas marxistas, tratando tan slo de llenar 10s espacios vacos. La filosofa ante- rior de Sartre, el existencialisrno, dentro de las coordenadas marxistas, man- tendra asi su validez, al subrayar el carcter irreductible del individuo.

    Su conversin no conlleva una desaprobacin del pensamiento ante- rior, sino que, hegeliano ejemplar, 10 absorbe en la siguiente etapa, como un momento necesario, aunque parcial. Sartre ha mantenido una identidad bsica a travs de sus dif