Eduard Hanslick

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    co~zE

    EN LA MOSICA.

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  • DE LA BELLEZA EN LA MSICA

  • Impreuta y Fundicin de la Viuda Hijos de Garcia, Gampomanes. 6.

  • DE LA BELLEZAEN LA MSICA.

    E N S A O OS R E F O R M A E N LA E S T T I C A M U S I C A LPOE

    EDUARDO HANSLICK

    Profesor en la U niversidad de V iena.

    T R A D U C C IO N

    POE LA

    SEORA DOA ELISA DE LXN DE GARCA DANA.

    MADRID:GASA EDITORIAL DE MEDINA

    CampomaneSj 8.

    TVEHSITilIi'^o

  • PROLOGO DE L A QUINTA EDICION.

    Esta quinta edicin no se diferencia de la tercera (1865), ni de la cuarta (1876), por ninguna modificacin importante: solo ha recibido algunas adiciones y cambios de pura forma. Mis convicciones son siempre las mismas; la situacin de los partidos musicales no ha variado, aunque ahora se miran con mayor encono. As, pues, el lector me permitir que repita aqu las observaciones que hice en la tercera edicin. En primer lugar quiero hacer constar que conozco claramente los defectos de este libro, pero que encierra la manifestacin de ideas que han llegado ser mi continua preocupacin, y que dimanan naturalmente del principio en que se funda mi f esttica. Esas ideas

  • sn cada vez ms difciles de modificar. Por otra parte ^la favorable acogida (que ha sobrepujado todas mis esperanzas) obtenida por las precedentes ediciones, y el inters tan lisonjero para m con que lian sealado su xito bombres comoiTis- cher, Straus, Lotze, Lazarus, etc., y sobre todo ltimamente Hemholtz, me prueban que mis ideas, aun en la ligereza inconexin de su expresin primitiva^ han cai- do en buena tierra.

    Adversarios apasionados me hn atribuido la intencin d hacer guerra cuanto concierne al sentimiento; pero el lector desinteresado se convencer fcilmente, y solo fijando nn poco la atencin, de que me limito protestar contra la mezcla abnsiv del sentimiento con la ciencia; es decir, que combato los soadores que blasonando de instruir los msicos, solo les hacen ver sus desvarios. Es mi opinin, que en ltimo anlisis la belleza consistir siempre en la evidencia inmediata del seiltimiento, pero estoy tambin firmemente persuadido de que por ms que se apele l sentimiento ca

    VIIIda instante, nunca saldr de tan banales recursos ninguna verdadera ley musical.

    Esta conviccin reasume en el presente ensayo la parte que pudiramos llamar negativa, y que se dirige sobre todo y ante todo contra la generalizada opinin de que la msica debe expresar sentimientos. No hay, por otra parte, medio de examinar cmo se puede deducir de eso la negacin absoluta del sentimiento en la msica. La rosa exbala su aroma, pero la ex^oresion de la idea del aroma no le es inherente; el bosque difunde umbra frescura, pero no expresa el sentimiento de la sombra ni el fresco. Y esto no es una ociosa polmica de lexicologa; el sentido que se da generalmente la palabra en cuestin, ba introducido gravsimos errores enla esttica musical. Expresar una cosa, implica siempre dos factores diversos y separados, de los cuales el uno se aplica ocasionalmente al otro por nn acto particular.

    Emmanuel Geibel expresa tal idea con una preciosa imgen, y del modo ms claro y concluyente que puede hacerlo el

    IX

  • lenguaje filosfico, en estos versos de sus Nuevas'goesias (1857).

    Por qu no consigues nunca pintar la msica con palabras?Porque como elemento pursimo desdea las frases y el pincel.El sentimiento es como el fondo tranquilo y trasparente de un rio;Sobre l se precipita henchido y rpido el sonoro torrente de la msica (1).

    Si adems esta hermosa cuarteta ha sido escrita, como creo poder suponerlo, bajo la impresin producida por mi modesta obra, me parece que mi opinin, acusada de hereja principalmente por los espritus poticos, no se aviene del todo mal, con la verdadera poesa.

    A la proposicin negativa corresponde otra positiva que formulo as: La belleza de una obra musical, es especfica la

    (1) Warum glckt ea dir nie, Musik mit Wor- tem zu schildern'?

    Weil sie, ein rein Clement, Bild und Gedan- ken versclimht.

    Selbst das Geflit ist nur wie ein sanfb durcbscheinender Flussgrund,

    Drauf ihr klingender Strom sehwellend und sinkend entrollt.

    X I

    msica', es decir, que reside en la relacin de los sonidos, sm que tenga nada de comn con otro rden de ideas extraas extramusicales.

    Mi objeto ha sido llevar sin pasin, en conciencia, el convencimiento al nimo de mis lectores, de un modo completo en la cuestin de La belleza en la msica, que es la verdadera cuestin de vida en nuestro arte, y donde se halla la regla superior de su esttica. Si veces en mi lenguaje toma preponderancia la polmica, espero que se me perdone, teniendo en cuenta las circunstancias en que han sido escritas estas pginas. Fue en los momentos en que ms alto clamaban los corifos de la msica del porvenir, y naturalmente arrastraron la reaccin los hombres de mi religin artstica. Al publicar la segunda edicin, acababan de aparecer las sinfonas con programa de Liszt como ltimo grito de guerra; la msica se hallaba despojada ms completamente que nunca de toda importancia propia, de todo valor intrnseco y exclusivo, y ya no se la presentaba al oyente

  • ms que como medio de evocar visiones en su imaginacin. Despus han aparecido tambin Trisan Isela, El Anillo de los Niebelungen y la doctrina de la Meloda infinita; es decir, la carencia de forma erigida en principio; la embriaguez del pio en el canto y en la orquesta, para cuyo culto especial se ha levantado un templo en Bayreuth.

    Que se me perdone, pues, si ante tales hechos y tales sntomas, no he juzgado que dehia atenuar ni abreviar la parte de polmica en mi libro; si he insistido con ms fuerza sobre la nica cosa imperecedera en nuestro arte, sobre la belleza musical tal como nos la han enseado nuestros grandes maestros; tal como los verdaderos artistas, los creadores {de gnio, la sostendrn siempre.

    XII

    Ed: H.

    Viena Junio ITO-

  • DE LA B E L L E Z H N LA MSICA.

    ENSAYO DE REPORSA EN LA ESTTICA MUSICAL.

    CAPTULO L

    La esttica del sentimiento.

    Cuanto se ha dicho hasta el dia de la esttica musical, est, casi por completo, basado en un sistema falso, saber: que esta ciencia debe tratar mnos de profundizar lo que hay de hermoso en la msica en s propia, que de retratar los sentimientos que despierta en el que escucha. Tal direccin dada al estudio corresponde en un todo los antiguos sistemas estticos, que solo consideraban la belleza en su relacin con el efecto producido por sus manifestaciones, y por consiguiente la denominaban la filosofa de la belleza, segn el origen que le atribuan, es decir, el sentimiento. [o/^ cn

  • se la dominacin misteriosa y vaga del sentimiento, y no estar (como sucede en casi todos los tratados) teniendo cada instante que apelar ese mismo sentimiento, como la nica razn de todo.

    La tendencia conocer las cosas del modo ms objetivo posible, sea separndose completamente del yo y considerndolas en s mismas, se hace sentir en nuestros dias en todos los ramos del saber humano, y debe necesariamente influir tambin en el estudio de lo bello. Pero estudio y tendencia no estarn realmente de acuerdo hasta que el esttico moderno renuncie un mtodo que empieza en el sentimiento sM&/e/ro del yo, y despus de dar un potico paseo al rededor de laina- teria que se propone tratar, viielve finalmente al punto de partida; al sentimiento. Para que el estudio de lo bello no conduzc un resultado ilusorio, es fuerza que se aproxime al mtodo cientfico natural, lo bastante al mnos para apreciar esencialmente la obra artstica y encontrar en ella la parte objetiva que queda, despus de eliminadas las mil formas contingentes la impresin recibida.

    La esttica de la poesa la pintura est mucho ms adelantada que la de la msica. Para tal progr eso hay dos causas.

    En primer lugar, la mayor parte de los que la estudian no incurren en el error de creer que la esttica de un arte determinado puede sacarse fcilmente de principios generales y de la idea metafsica de lo bello, sin tener en cuenta para nada las nuniei*sas modificacio

    nes que esta idea primordial debe recibir, segn el arte que se aplica. Las estticas especiales han dependido servilmente hasta ahora en muchos autores, del principio meta- fsico supremo de una esttica general; pero esta apreciacin est en vas de ceder el puesto una conviccin ms sana, que considera cada arte como digno de ser estudiado en su destino tcnico, propio; de ser comprendido en s y por s mismo. El sistema se va reemplazando lentamente por el estadio, y ste toma por punto de partida el axioma de que las leyes de lo bello en un arte, son inseparables clel carcter propio y mateiial del mismo en su parte tcnica.

    En segundo lugar, los estticos de la poesa la pintura, as como los crticos de arte, que puede decirse lo practican, han establecido ya y aplican regularmente el principio de que en los estudios estticos hay que preocuparse ante todo del objetivo artsticamente bello y no del sujeto que siente la impresin.

    Tal es la direccin, positiva que parece seguir casi generalmente la conciencia artstica en las artes no musicales. El poeta, el pintor, ya no se persuade de que se ha dado cuenta del gnero de belleza particular de su arte, porque ha tratado de preveer-qu sentimientos despertara su drama su cuadro, si no que se esfuerza en descubrir por qu poder ineludible agrada su obraj- la razn que la hace agradar de este modo y no de otro.

    Solo nuestro arte no le ba sido dado aun colocarse en tan ventajosa situacin. La m

  • sica separa rigorosamente sus reglas gramaticales y tericas de las investigaciones estticas, y trata de sostener las primeras en el dominio, pura y secamente intelectual, mientras impulsa las seg