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Tópicos del Seminario ISSN: 1665-1200 [email protected] Benemérita Universidad Autónoma de Puebla México Solís Zepeda, María Luisa Noticias del Fondo Greimas de Semiótica Tópicos del Seminario, núm. 22, julio-diciembre, 2009, pp. 205-249 Benemérita Universidad Autónoma de Puebla Puebla, México Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=59411894008 Cómo citar el artículo Número completo Más información del artículo Página de la revista en redalyc.org Sistema de Información Científica Red de Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal Proyecto académico sin fines de lucro, desarrollado bajo la iniciativa de acceso abierto

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  • Tpicos del Seminario

    ISSN: 1665-1200

    [email protected]

    Benemrita Universidad Autnoma de Puebla

    Mxico

    Sols Zepeda, Mara Luisa

    Noticias del Fondo Greimas de Semitica

    Tpicos del Seminario, nm. 22, julio-diciembre, 2009, pp. 205-249

    Benemrita Universidad Autnoma de Puebla

    Puebla, Mxico

    Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=59411894008

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    Noticias del Fondo Greimas de Semitica

    Durante el 2009, el Fondo Greimas de Semitica se ha enrique-cido con diversas obras de Ciencias del lenguaje y de Semitica.En esta ocasin presentamos las reseas de cuatro libros que sehan incorporado a este acervo biblio-hemerogrfico. Hacia elfinal ofrecemos informacin relativa a los acontecimientos aca-dmicos suscitados en el mbito de la semitica y disciplinasafines, tanto en Mxico como en el extranjero.

    La primera resea de esta entrega a cargo de Blanca AlbertaRodrguez se refiere a la obra de Viviana Crdenas, La zonavisuogrfica en la escritura de nios. Cmo piensan y usan losnios la puntuacin? La autora de este libro es profesora e in-vestigadora de la Universidad de Salta, Argentina, quien realizuna estancia de docencia en nuestro Programa, en el que impar-ti el curso Teoras lingsticas del siglo XX durante mayo de2008.

    Roberto Flores, profesor e investigador de la Escuela Nacio-nal de Antropologa e Historia (ENAH), da cuenta de uno de losestudios ms importantes de la semitica contempornea y surelacin con la fenomenologa, nos referimos a Phusis et logos,de Jean Claude Coquet.

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    Desiderio Blanco, por su parte, realiz la resea del libro co-lectivo Les ges de la vie, editado bajo la direccin de IvanDarrault-Harris y Jacques Fontanille.

    Por ltimo, presentamos una breve descripcin del librode Ral Dorra titulado Sobre palabras. Este libro ha sido pu-blicado por la editorial Alcin de Crdoba, Argentina a finesde 2008.

    Nuestras Noticias cierran con la informacin ms relevantede acontecimientos acadmicos que tuvieron lugar durante el ao2009 en el mbito de la Semitica. De esta seccin ha sidoresponsable Vctor Alejandro Ruiz, becario del Programa deSemitica y Estudios de la Significacin.

    Mara Luisa Sols Zepeda

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    Reseas

    Viviana Crdenas, La zona visuogrfica en la escritura de ni-os. Cmo piensan y usan los nios la puntuacin? Salta, Ar-gentina: Editorial de la Universidad Nacional de Salta [EDUNSA],2008, 426 pp.

    Mi primer conocimiento del trabajo de Viviana Crdenas fue suartculo Lingstica y escritura: la zona visuogrfica, publica-do en el nmero 6 de Tpicos del Seminario dedicado a la di-mensin plstica de la escritura. Se trataba de una parte labase terica de su tesis doctoral con la que obtuvo de la Uni-versidad de Valladolid en 2002 el mximo reconocimiento, cumlaude. Por fortuna, esta innovadora investigacin que lleva porttulo La zona visuogrfica en la escritura de nios, ha sidopublicada como libro en junio de 2008 por la Universidad Na-cional de Salta, centro de adscripcin de la autora, y viene aenriquecer el creciente acervo del Fondo Greimas.

    Aquella mi primera lectura del artculo de Viviana Crdenasfue hecha como estudiante desde las investigaciones literarias yresult iluminadora. El neologismo zona visuogrfica acua-do por la autora para agrupar los diversos recursos grficos (es-pacio, color, maysculas, variaciones tipogrficas y signos depuntuacin) que dan figura a la pgina dotndola de visibilidady legibilidad, tambin arrojaba luz sobre un registro de signi-ficacin poco estudiado en los textos poticos que enfatizan ladimensin visual. Me pareci posible, entonces, adoptar el con-cepto de zona visuogrfica, que pone el acento en el aspecto vi-sual y plstico de la escritura, como una categora de anlisisms extensa y abarcadora, por ejemplo, la de verso, para darcuenta de los efectos de sentido derivados de la configuracinde la pgina. Dicho concepto, homologable al de puntuacin dela lingista francesa Nina Catach, puede verse como una apor-tacin, sin duda no calculada por la autora, cuyo mbito es el

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    lingstico, al campo de los estudios literarios; la pertinencia deeste concepto para la literatura merece, no obstante, ser ponde-rada y discutida.

    Esta vez vuelvo a leer La zona visuogrfica en la escriturade nios. Cmo piensan y usan los nios la puntuacin?, ahoradesde la mirada de una profesora en cuya tarea cotidiana obser-va los mismos problemas estudiados por Viviana Crdenas, pero,a diferencia de ella, carece de las herramientas para compren-derlos en profundidad. Quizs por esto no he dejado de sentirmede alguna manera interpelada, digamos, inscrita tambin en estelibro. Y, por esa misma razn, esta obra es un alumbramientopara quienes nos dedicamos, en este pas, al ejercicio docente,prdigo en alegras y frustraciones, campo muchas vecesensombrecido por la ignorancia.

    Tal como lo anuncia el subttulo Cmo piensan y usan losnios la puntuacin?, Viviana Crdenas se propone indagar, des-de una perspectiva lingstica, cules son los usos y concepcio-nes de los nios sobre las marcas que conforman la zonavisuogrfica. Empresa difcil por diversas razones de orden con-ceptual, histrico, metodolgico, incluso material. No obstante,la autora ha sabido abrirse paso con suma inteligencia y nos ofre-ce una investigacin de un rigor notable, cuidadosamente argu-mentada hasta en las ms mnimas decisiones y escrita con en-tera claridad y orden.

    El libro se abre con la nota Quintiliano, Saussure y el maes-tro de primaria de Ral Dorra y con una introduccin de la au-tora en la que describe con puntualidad la confeccin del libro.ste se compone de seis captulos los tres primeros dedicadosa construir la base conceptual, terica y metodolgica para elanlisis desplegado en los dos captulos siguientes y el ltimocontiene las conclusiones. La obra concluye con una extensa bi-bliografa y tres anexos.

    En el captulo uno, Hacia una definicin terica de la zonavisuogrfica, la autora resea y discute el lugar que ha tenidola escritura en la disciplina lingstica. Excluida desde el origen

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    al adjudicarle un carcter de mera representacin de lo oral, laescritura ser verdadero objeto de estudio a partir de las reflexio-nes de Joseph Vachek, para quien existe una relacin no de de-pendencia sino de complementariedad entre los sistemas que ldenomina lengua escrita y lengua hablada, respectivamente. Elreconocimiento de una cierta autonoma posibilit una visinde la escritura como sistema o, como preferira Catach, pluri-sistema, en el que Viviana Crdenas distingue tres zonas que engrado ascendente van alejndose de lo oral: fonogrfica,visuogrfica y semasiogrfica. Ya hemos dicho cules son losrecursos que constituyen la zona visuogrfica, pero an no quesu uso implica un anlisis de la escritura misma por parte de losusuarios. Si ya de suyo la escritura supone un anlisis de la ca-dena verbal, las marcas visuogrficas, al analizar la cadenaalfabtica, resultan una metaescritura, cuyo propsito es doble:por un lado, restituir la continuidad de un habla ya transformadainevitablemente por la escritura y, por otro, hacer visible la or-ganizacin de lo dicho.

    Despus de dar cuenta de la nominacin, constitucin hist-rica, composicin y naturaleza de la zona visuogrfica en el pri-mer captulo, en el segundo, la autora hace una revisin crtica yexhaustiva de los antecedentes de investigacin, para situar lasuya. Encuentra as un vaco; no hay una tradicin y menos aunen Latinoamrica; la mayora de los estudios se han realizado enotros pases, en otras lenguas, desde diversos enfoques tericos,y casi siempre restringidos a los signos de puntuacin dejandofuera los otros recursos visuogrficos. O bien ellos, como suce-de con la psicogentica, estn volcados sobre el proceso de ad-quisicin de la escritura, entendida sta como apropiacin delsistema alfabtico; o sobre el problema de la ortografa que tieneun impacto social ms notorio que la puntuacin (cuya impor-tancia para la escritura es, sin embargo, mayor). Distintos fac-tores explicaran esta dispersin; aunque Viviana Crdenas halogrado ubicarse en este panorama heterogneo, y dialogar y dis-cutir con las distintas teoras bsicamente las que se inscriben

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    en los estudios lingsticos y psicolngsticos tpicos centra-les para su investigacin: la delimitacin del objeto de estudio,los factores que inciden en el uso de la marca grfica (edad,escolarizacin, contacto con lengua escrita, gnero discursivo),la naturaleza y direccin del proceso de desarrollo de la marcagrfica y el valor de las convenciones.

    En el tercer captulo, se da cuenta de la orquestacinmetodolgica. Viviana trabaj con 56 nios de tercero y quintogrado de primaria de tres escuelas: una urbana, la del Cerro dela capital de Salta, dos rurales de Cafayate, Santa Brbara y SanAgustn. A los nios se les pidi que redactaran una carta (g-nero descriptivo) para un intercambio epistolar iniciado por losnios de la escuela urbana, y que reelaboraran por escrito uncuento tradicional (gnero narrativo), El caso del zorro y el quir-quincho. Los socios, previamente escuchado. Asimismo, seis ni-os de cada escuela fueron entrevistados en las sesiones de revi-sin de sus escritos. La muestra la constituyen 112 textos y 48entrevistas. Puesto que el propsito ha sido, en primer trmi-no, establecer las regularidades en el uso de las marcas visuo-grficas y las concepciones de los nios sobre ellas, y en segundotrmino, indagar la naturaleza del proceso de adquisicin delas marcas, las variables empleadas fueron las funciones de seg-mentacin y calificacin que cumplen stas. El mbito de anlisisha sido el texto y la unidad de descripcin, el enunciado, en-tendido como el elemento lingstico sintcticamente indepen-diente y autnomo desde el punto de vista del significado, queconstituye una unidad mnima de comunicacin. Todas estasdecisiones metodolgicas estn plenamente justificadas por laautora.

    El cuarto captulo, Las marcas grficas en los escritos in-fantiles, contiene una caracterizacin de los textos producidospor los nios, as como su anlisis pormenorizado cuantitativa ycualitativamente, en dos dimensiones: a) la exterior, que corres-ponde a la organizacin de la pgina para orientar al lector, b) lainterior, el ncleo textual donde se observan en detalle la fun-

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    cin, clase y lugar (en el lmite de los enunciados o en el interiorde ellos) donde las marcas pueden, o no, aparecer; asimismo, seconsideran sus posibles vnculos con los recursos verbales.

    ste es un captulo sumamente aleccionador. Imposible ago-tar en una resea la riqueza del anlisis. Sin embargo, no puedodejar de llamar la atencin sobre un aspecto frecuente y tal vezpoco entendido en mi entorno escolar: tanto en sistema presen-cial pero sobre todo en el de distancia, los chicos rodean sustareas con dibujos o fotos de ellos mismos, animaciones, colo-res, etc., lo cual provoca casi siempre la queja de los profesores,pues slo ven en estos agregados un distractor, una inutilidadque nada tiene que ver con el aprendizaje y que slo saturan suspantallas. Si bien el empleo de los recursos visuogrficos impli-can un determinado grado de conciencia metalingstica y porlo tanto de inteligibilidad, algunos de ellos los menos impues-tos por las convenciones como el color, el subrayado, las va-riantes tipogrficas en todos los casos se acumulan e intensi-fican justo en los lugares en que se efectan desembraguesenunciativos, cuando el enunciador quiere hacerse visible al otro,imprimiendo as una fuerte emotividad a lo escrito, porque loque hacen es precisamente inscribir al sujeto. Por ello los pe-queos, as como mis estudiantes, muestran gran destreza, liber-tad y creatividad en esos lugares que, vale la pena sealar, seubican curiosamente en la periferia de la pgina, como si estu-viesen siendo excluidos de la escritura o como si lucharan porhacerse un lugar visible (y audible) en ella.

    Esto parece ir de la mano con otra cuestin aun ms impor-tante, la constitucin del sujeto en el lenguaje. Hay evidenciaque cuestiona el supuesto de que a mayor cantidad de marcasgrficas interiores, mayor calidad del texto. Esto no siempre esas, pues existen casos en que la presencia de tales marcas noes garanta de la coherencia de un texto; en realidad, la coheren-cia depende del grado de compromiso del sujeto con su propiapalabra y con la palabra ajena. Muchas veces un mismo usuariopuede resolver de distinta forma las exigencias de uno u otro

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    gnero, de modo que resulta un acierto que Viviana Crdenas,como apunta, recupere tanto la posibilidad de hablar de sujetosno necesariamente constituidos desde siempre en el lenguaje,como la de estudiar la incidencia de las distancias culturales ysociales en este funcionamiento del sujeto en el discurso.

    Inestimable de igual manera es el quinto captulo porque nosacerca a las reflexiones que los pequeos, en sesiones de correc-cin, hacen sobre sus escritos, en un esfuerzo metalingstico yacompaados por la aguda sensibilidad de la investigadora. Elhaber dado voz a los nios me ha parecido sumamente signifi-cativo; en la docencia esto se vuelve fundamental, toda vez quecon frecuencia la dinmica de correccin consiste en que el pro-fesor tiende a tachar el error con la indeleble tinta roja, a ve-ces de manera sorda, sin preguntarse al menos por qu ese errorest ah, qu supuestos tiene el estudiante que justifican su pre-sencia. En los textos estudiados, nos damos cuenta de que casisiempre los nios que los escriben tienen una razn para escri-bir como escriben y de que muestran un alto grado de concien-cia comunicativa, pragmtica. No obstante, segn sea el gnero,pueden llegar a organizar, segmentar o calificar sus textos de unmodo inesperado, desde el punto de vista de las convenciones.Sucede que los criterios de los nios son de naturaleza tex-tual y no sintctica; las unidades que emplean atienden a unaspecto visual como la pgina (en el caso de la carta) o a un aspectotemporal, rtmico (en el caso del cuento), o a requerimientos detipo expresivo. De tal manera que la relacin entre gnerodiscursivo y marca grfica, y la relacin entre cadena verbal ymarca grfica, se vuelven determinantes para comprender lasproducciones infantiles.

    Finalmente, en el ltimo captulo, la autora hace un balancede la investigacin y presenta conclusiones generales a partir delas regularidades encontradas en el anlisis de los captulos an-teriores, y las contrasta con los estudios descritos en el segundocaptulo. Una de las hiptesis que se comprueba, por ejemplo,es que la presencia de la marca grfica est en relacin con la

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    forma en que los nios perciben las unidades en que pueden seg-mentar el texto. Dicha percepcin, a su vez, est relacionada conel grado de continuidad o discontinuidad del discurso. De ma-nera que, puede decirse, a mayor continuidad, menor percep-cin de unidades y por lo tanto menor presencia de marcas gr-ficas. Sin embargo, en ltima instancia, el factor decisivo, queincide con mayor fuerza, segn el anlisis realizado, es la moda-lidad y el grado de contacto que los pequeos tienen con la len-gua escrita. La autora afirma que es determinante la clase derelacin que el sujeto establece con el discurso y la lengua cuan-do textualiza, as como la forma en que percibe la organizacindiscursiva y el vnculo entre los recursos verbales y grficos.Los resultados obtenidos por Viviana Crdenas son valiosos ens mismos no slo por cuanto avanzan en un campo de investi-gacin apenas explorado, sino tambin porque pueden orientarel diseo de los cursos de lengua. Y porque adems nos recuer-da, me recuerda, que no es detrs sino dentro de la escritura,donde hay alguien que interroga, se interroga, piensa, planea,duda, revisa, buscando hacerse visible y audible ante un otro queespera.

    Blanca Alberta Rodrguez

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    Jean-Claude Coquet. Phusis et Logos. Une phnomnologiedu langage. Pars: Presses Universitaire de Vincennes, 2007,296 pp.

    La importancia de Jean Claude Coquet para la Semitica de laEscuela de Pars es suficiente para que una resea de su obraque tenga como misin incitar a la lectura debiera ser una tareavana: la obra de Coquet se basta sola y no necesita de recomen-daciones. En cambio, dar a conocer sus articulaciones principa-les, explicitarlas para facilitar una lectura, ardua sin duda, noslo es recomendable sino incluso necesario. En ese sentido, elreseista se arma de una pluma con la que habr de subrayar,glosar, comentar al autor.

    Alumno de Benveniste y de Greimas, Coquet ha sido profe-sor en la Universidad de Uppsala, en la de Poitiers, la Escuelade Altos Estudios en Ciencias Sociales y la Universidad Pars 8-Vincennes. Adems del libro aqu reseado, es autor deSmiotique Littraire, La Qute du sens y los dos tomos de Lediscours et son sujet, que sustent como tesis de estado. Su obraes notablemente consistente y estable en sus intereses, pues a lolargo de su vida acadmica no ha dejado de abogar por una re-flexin sobre los vnculos entre el lenguaje y su sujeto, por unasemitica subjetal, como l la llama.

    En Phusis et Logos, el autor pugna por el establecimiento deuna disciplina largo tiempo anunciada pero que an hace falta,me refiero a una fenomenologa del lenguaje: la descripcin delos hechos lingsticos y el estudio de los procesos de su apare-cer en la conciencia. Se ocupa de esa tarea fundacional como undesarrollo de las corrientes de la lingstica saussuriana de corteeuropeo y de la semitica greimasiana, al tiempo que toma sudistancia con respecto a ellas. Mediante un gesto similar de des-apego y cercana, se sita aparentemente al margen de la con-frontacin disciplinaria con otras corrientes de anlisis lings-tico y de estudios filosficos del lenguaje, pero sostiene con ellasun denso debate a lo largo de todo el libro.

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    Encontramos en su obra dos orientaciones fenomenolgicasde la significacin, ya presentes en Husserl: la produccin y laobservacin, mi lengua o la lengua-objeto. De esas dos orienta-ciones, elige un retorno al sujeto hablante. Habla en nombre deesta oposicin, cuyo origen encontramos en Benveniste, cuandoste postula que la referencia en el lenguaje remite a la realidaddel discurso (1966: 262) y no designa, como la lingstica delengua inglesa sostiene, una entidad o un estado de cosas en elmundo.

    Principio de realidad vs. Principio de inmanencia

    Al situarse en el principio de realidad, lo hace en nombre delretorno a las cosas mismas que preconizaba Husserl, pero quenuestro autor gusta remitir a Sneca:1 Res ipsas intueri meliusest (es mejor mirar las cosas mismas), es decir, es mejor pre-servar el vnculo del ser de razn con el ser natural, el vnculoentre el lenguaje y el universo de las sensaciones. Bajo su pers-pectiva, la realidad no es simplemente aquello a lo que se hacereferencia cuando se hace una afirmacin: la realidad se tornapresente en el lenguaje desde el momento en que el lenguaje seerige en una situacin determinada, cuando el lenguaje adquie-re existencia en acto como discurso y da existencia al sujetoenunciante, en palabras de Benveniste (1966: 260: las traduc-ciones son mas, R. F.): Ego es quien dice Ego. Diferente esesta mirada de quien considera un conjunto de oraciones (seapotencial o realizado) o un corpus textual desligado de la ins-tancia de enunciacin, en ambos casos el analista se limita alestudio de la lengua y se acoge bajo el principio de inmanencia;contempla las lenguas como un conjunto de enunciados que na-die profiere y cuyo contenido es de naturaleza exclusivamenteinteligible, en detrimento de toda manifestacin sensible.

    1 En el libro reseado, as como tambin en la presentacin de Littratures,132 o en mltiples conferencias.

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    La lengua se inscribe en el principio de inmanencia, el len-guaje en el principio de realidad y la primera se apoya en el se-gundo, relacin unilateral de dependencia que hace surgir a unadel otro y que permite a la reflexin operar el trnsito desde lalengua al lenguaje. En estas distinciones se encuentra el funda-mento de esta otra oposicin:

    Enunciacin vs. Enunciado

    El logos, la inteleccin, cuyo asiento se encuentra en la inma-nencia, se apoya en la physis, en el vnculo perceptual y sensiblecon el mundo, principio de realidad. De modo que, si el concep-to remite a lo real, no lo hace en nombre del referencialismo,sino en virtud de que el enunciado, que es producto del ejerciciode la lengua, remite a la instancia que le da origen, la enuncia-cin, como el logos remite a la physis. Esa es la virtud del retor-no al sujeto hablante que autoriza al autor a hablar de la reali-dad desde la semitica: la interrogacin acerca del modo en que,con la lengua, se habla del mundo se ve complementada conuna acerca del modo en que, con el lenguaje, nos expresamos;complementariedad que se torna patente si se formula en trmi-nos del ser: cmo es que se habla del ser?, cmo es que el serse expresa y, al hacerlo, adquiere su identidad?

    La enunciacin tiene que ser enunciada, esa es la condicinfenomenolgica de su examen, pero a diferencia de Greimas nose trata de limitar el examen a la enunciacin-enunciada, a esesimulacro de enunciacin que se encuentra en los textos y quees considerado, por este ltimo, como el nico objeto de cono-cimiento al alcance de la mirada analtica. La enunciacin pre-cisa presentarse, tiene que enunciarse. No se trata de una simplelocalizacin de marcas que permiten reconstruir la imagen quela enunciacin construye acerca de s misma, sino de consideraral discurso entero como la presencia de la enunciacin: epifanade la presencia como titula H. Parret uno de sus ltimos libros.Si todo el discurso es enunciacin enunciada entonces es posi-

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    ble comprender que su examen no puede limitarse al campo dela predicacin acerca de la enunciacin, situada en la inteligibi-lidad y que slo permite experiencias de pensamiento, sino quetiene que abarcar todo el territorio de la experiencia, incluyendola sensible y que por ello remite a la physis.

    Vale la pena detenerse en la importancia de la nocin de re-presentacin y mostrar su fundamento en la fenomenologa. Enla lengua cotidiana, la palabra representacin se emplea en di-versos sentidos: como imitacin o copia de algo, simulacin oatribucin de una apariencia a algo, equivalencia de una con otra,etctera. De esa multiplicidad de acepciones es posible destacarla que remite a un acto de recreacin, a un proceso por el quealgo adviene a la existencia no slo una sino mltiples veces,como una pieza musical o una obra teatral se ejecuta mltiplesveces para existir, dado que su existencia como partitura o libre-to no es suficiente: esa pera ha sido representada n veces.Coquet tiene el cuidado de advertir que no se trata de una simplepuesta en escena, porque se estara frente a un simulacro, y nofrente al proceso de recrear una experiencia. Con la fenome-nologa se intenta un acercamiento a la enunciacin como even-to, en su propio aparecer, y no una descripcin a partir de unaapariencia. Se trata de lograr una recreacin de la experienciavivida a partir del lenguaje. Dice Benveniste (1966: 25): Lalengua re-produce la realidad. Es preciso entender esto literal-mente: mediante el lenguaje, la realidad es producida de nuevo.Quien habla hace que el evento y la experiencia del evento re-nazcan en su discurso [subrayado del autor].

    Al comentar el libro de Coquet, P. Fabbri seala que el anli-sis de la nocin de representacin es el parteaguas de su fenome-nologa del lenguaje con respecto la filosofa del lenguaje. Espreciso transformar la existencia del mundo en experiencia delevento y en recreacin de la experiencia mediante las formasque el lenguaje crea. A manera de ejemplo, esta perspectiva essusceptible de ser trasladada al discurso histrico, el cual apare-cer, en consecuencia, como una forma semitica mediante la

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    que se procura invocar de nuevo la experiencia del evento pasa-do. Al respecto es posible remitirse al historiador mexicano,Edmundo OGorman (1949), quien ensea que tal recreacinslo es posible para el individuo pues, por un lado, es un actopersonal, no compartido, y por el otro, aquello que es recreadoes singular, posee los rasgos de la particularidad y no de la ge-neralidad: es mi versin de la historia tal como la acabo de com-prender, mediante mi acto de lectura, la que me permite recrearla experiencia del evento. Como escribe OGorman (pg. VII),refirindose a las cartas de Coln:

    [] lea el lector esta apasionada historia en los prrafos todava mo-jados del agua salada del mar de China y del golfo de la India [] ydjese de estatuas y de conmemoraciones, de discursos oficiales y dehistorias de tedio. Al abrir las pginas que siguen, olvide cuanto creeque sabe, y, leyendo estas cuatro navegaciones portentosas; quiz locambie por lo que no sabe que ahora ignora.

    En estas lneas es posible apreciar el modo en que, a partirdel contenido inteligible del relato, la apasionada historia, seopera un trnsito hacia la experiencia corporal de los prrafostodava mojados del agua salada. En trminos de Coquet, estaexperiencia del lector retoma la toma de contacto experiencialdel navegante (prise), es una re-presentacin, una re-prise, cuyaconsecuencia cognitiva es doble: por una parte, el olvido del sa-ber exclusivamente inteligible y la incorporacin como expe-riencia propia, revivida, de un saber hasta ahora ignorado.

    La investigacin de Coquet se apoya en una constatacin fun-damental de carcter existencial: estamos siempre en busca deidentidad. Dentro de esa bsqueda el lenguaje tiene un privile-gio, pues realiza dos tareas: otorgar identidad, informar acercade ella. Informa acerca de la identidad personal, as como la delprjimo y la del mundo. Asigna identidad, pero de acuerdo a lafrmula de Benveniste en torno a Ego, esa identidad es peculiar,pues se trata de la identidad que se asume al usar el lenguaje. Aldecir lo anterior se corre un riesgo, pues presenta al lenguaje

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    como un instrumento. En lugar de esto sera posible intentar unaformulacin menos comprometedora: la identidad se asume alpracticar la actividad lingstica. Es decir, no se trata de unaidentidad esencial, sino una de carcter circunstancial, dado quela prctica del lenguaje se realiza en situaciones especficas:siempre que se habla se habla aqu y ahora. La circunstancia a laque aqu se alude es la de una experiencia mltiple: experimen-tamos el lenguaje y, al hacerlo, tambin nos experimentamos anosotros mismos, al prjimo y al mundo; no slo hablamos deellos sino que los conocemos, los sentimos, los padecemos, in-telectual, sensible, corporalmente. De modo que la identidad asobtenida en virtud del lenguaje es compleja y cambiante.

    Adems de ser una experiencia per se, el lenguaje en actotranscribe una experiencia del mundo, es una experiencia quese inscribe en la diferencia que da ttulo al libro.

    Physis y Logos

    La experiencia corporal es, en primera instancia, en la instanciade base, un contacto corporal, cuerpo a cuerpo, en donde la vidahace de m un texto: el cuerpo graba la experiencia del mundo,para despus dar cuenta inteligible de ella mediante un procesode traduccin. La traduccin es la reproduccin de la que hablaCoquet: una recreacin que se efecta bajo una modalidad dis-tinta. Es as que la instancia corporal sirve de base para la ins-tancia cognitiva.

    Frente al inmanentismo caracterstico de los aos sesenta ysetenta, en que se privilegi el logos y se malinterpret la physis,Coquet se propone dar ahora lugar a la relacin con el mundo.Invita a recordar que en esos aos, el plano fenomnico era elplano del texto (fuera del texto no hay salvacin), concebidocomo el enunciado, con notoria exclusin de la enunciaciny la percepcin en nombre del antipsicologismo. Pero ya desdeSemitica de las pasiones y, de manera ms acentuada, desde De laimperfeccin, se inici un camino que en el momento era visto

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    como un viaje a las profundidades del sentido, a sus bases sensi-bles y perceptuales. Desde entonces, la reduccin al enunciadoen detrimento de la enunciacin ha sido considerada provisio-nal, como una puesta momentnea entre parntesis. No importa,frente a esta exclusin Coquet privilegia un retorno a la physis,entendido como un retorno a la experiencia del mundo, delque el logos no puede separarse, dado que se concibe como laenunciacin del mundo, como su voz: hecho comprensible sise reconoce el lugar privilegiado del lenguaje en el vaivn entreel mundo y su logos.

    Argumenta la dependencia entre physis y logos y no busca suseparacin, as como tampoco aboga por la unin, puesto quehace propuestas de descripcin de ese vnculo. Encuentra en ellenguaje y el cuerpo las razones de la dependencia y, por eso,asume una postura enfticamente fenomenolgica para postularuna unidad fundamental entre cuerpo y lenguaje. De este modose ve llevado a plantear un continuo entre el lenguaje, el mundoy el ser. Corresponde a su teora de las instancias instrumentaresa continuidad.

    Me parece que Coquet introduce el trmino instancia me-diante una doble referencia: por un lado, a Benveniste y, por elotro, a Freud. La expresin instancia enunciante (Coquet) espostulada a partir de la instancia de discurso (Benveniste, I:251):actosdiscretosynicosmedianteloscualeselhablanteactualiza la lengua como habla. Pero el trmino instancia tam-bin remite a los componentes de la personalidad, caractersti-cos del psicoanlisis: el ello, el yo y el super yo. El trmino tie-ne races en la psicologa de Emmanuel Mounier, en dondedesigna cada una de las partes del aparato psquico capaces deactuar. Sin entrar en ms detalle, nicamente con el afn de pre-cisar el contorno semntico del trmino hay que sealar que pro-viene del verbo instar que significa pedir o solicitar algo, espe-cialmente a una autoridad; de donde deriva el sentido jurdicodel trmino, que nombra al organismo competente para recibiresas peticiones y actuar para resolverlas. Se trata de una peti-

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    cin que supone el reconocimiento de la autoridad a la que sedirige, de ah que sea deferente. Aadamos el hecho de que esasolicitud posee valor de intensidad, pues se acompaa de unaexigencia viva y de carcter urgente, pues es condicin sine quanon para obtener lo deseado. De modo que una instancia es uncomponente de la psique que se presenta como el asiento u ori-gen de una capacidad de accin que es puesta en obra a partir delas vivas exigencias y solicitudes urgentes que se le presentan,condicin imprescindible de esa experiencia del lenguaje quellamamos discurso. En el sentido de exigencia es pariente, todadistancia guardada, de la conminacin (sommation) de la semi-tica tensiva mediante la cual los actantes del discurso, sujeto yobjeto, se determinan recprocamente. Pero la conminacin serealiza entre protoactantes, mientras que la instancia es un com-ponente de Ego, una etapa por la que pasa en el camino a laasuncin de una identidad. Para Coquet, cada instancia modelasu universo de discurso: por ello se les dice enunciantes. Lasinstancias del discurso forman la osamenta del lenguaje, son ins-tancias enunciantes porque enuncian nuestra identidad, la delprjimo y la del mundo. Enuncian lo que somos en circuns-tancias precisas, de acuerdo a nuestra experiencia; permiten dis-cernir la identidad permanente o provisional del locutor y delauditor, la cual puede ser:

    - Corporal (perceptiva): el no sujeto;- Judicativa: el sujeto;- Pasional o pulsional: el tercero inmanente;- Ideolgica, simblica (las creencias en general): el terce-

    ro trascendente.

    Esas instancias no son personas sino componentes convoca-dos por el discurso con vistas a la produccin y recepcin delmismo discurso de acuerdo al rgimen especfico elegido. As elno-sujeto remite a un tema que ha dado dolores de cabeza a loslingistas, cuando no se han contentado con ignorarlo: eseno-sujeto remite en su terminologa al papel semntico de

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    experimentante cuya definicin tradicional es, por decirlo sua-vemente, un poco tautolgica, lo que no hace sino poner enevidencia la debilidad de la teora de la referencia en que se sus-tenta. Como evidencia, tomo al azar algunas definiciones que seencuentran en diccionarios y manuales de la disciplina.

    a) Participante animado y humano que padece un cambio detipo psicolgico.

    b) Entidad que experimenta un estado psicolgico expresa-do por el predicado.

    c) Entidad sensoria que experimenta un estado psicolgico.

    Tautologa porque entre el padecer y el experimentar, por unlado, y el cambio o estado psicolgico slo hay interdefinicin,como lo es intentar definir sentimiento como el estado de sentir.Para escapar de ella, Coquet no limita su definicin al principiode inmanencia, que hace del no-sujeto una mera categora se-mntica definida en el marco de las oraciones con verbo de cam-bio o de estado psicolgico, como las definiciones citadas su-gieren, sino que pugna por vincularlo con la instanciaresponsable de la produccin del enunciado, la instancia enun-ciante, de acuerdo al principio de realidad. Es esta la parte mspolmica de su obra, pues la identificacin de las instancias, suvalidacin no puede hacerse sin conceder gran latitud a lasinferencias. Al respecto, es preciso reconocer que cualquier teo-ra de la enunciacin debe ser construida mediante ese tipo deinferencia que llamamos presuposicin, sus datos siempre soninferidos, de ah el rechazo de Greimas a presuponer una exis-tencia fuera del enunciado. Toda su dificultad, lo que no es unobstculo menor, reside en la validez y alcance de esasinferencias. La teora de las instancias no descansa, pues, en elanlisis textual sino en los fundamentos fenomenolgicos ypsicoanalticos que el autor hace suyos.

    En concordancia con el lugar fundacional que asigna a lafenomenologa del lenguaje y que otorga un papel primario ala percepcin, en contraste con el intelecto, que es segundo,

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    identifica esa instancia enunciante con el cuerpo, el cuerpo sen-sible y sintiente, el cuerpo propio, cuerpo que en este caso setorna en cuerpo hablante o escribiente. De manera que hablar delas percepciones propias o ajenas involucra no slo a un intelec-to que reporta la experiencia como quien afirma que la tierra esredonda, sino que hace partcipe a la percepcin y la sensacinpara indicar que se trata de una experiencia personal, vivida encarne propia.

    Esto le permite reconocer una variedad de instanciasenunciantes cuya identidad conjuga diferencialmente, individua-lizacin o no y singularidad o no conforme a lo establecidopor Benveniste en De la subjetividad en el lenguaje, que semanifiestan con el empleo diferencial de los pronombres yo, se, s,l, ello, etctera. De esta manera, reconoce dos instancias arti-culadas alrededor del discurso, una de origen y la otra receptoray concibe la primera como el producto de la intervencin (o no)de una instancia corporal, otra judicativa y un tercero inmanen-te o trascendente en funcin de si el rgimen es, respectivamente,de autonoma o de heteronoma.

    La asuncin de una identidad por parte de la instancia de ori-gen es el envite de los cuatro componentes, que responden a dis-tintos regmenes. Acerca de este punto, existe un cierto riesgode confusin, pues la instancia de origen es definida por otrasinstancias, como la instancia corporal y la judicativa: el autorhabla entonces, aunque no es una designacin rgida, de una ins-tancia de origen formada a partir de sus instancias componen-tes. El trmino instancia parece ser maleable y no definirse msque por la declinacin de su paradigma. De este modo, quedaclaro que la identidad de ego no slo es resultado de una aser-cin incoativa, algo se dice acerca del mundo y del yo, sino tam-bin de una asuncin terminativa, mediante la toma de contactoexperiencial y su vuelta a representacin intelectiva, en un trn-sito continuo del cuerpo a la mente. En el diagrama, el cuerpo(a) proporciona informacin (toma) a la instancia judicativa (b)(retoma), quien la reelabora. Al hacerlo puede hacerlo de manera

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    autnoma o bajo la dependencia, heteronoma, de un actante ter-cero, ya sea interno o externo a la instancia de origen. Un dis-curso se proyecta a partir de la instancia de origen, discurso enel que aparecen personajes: el autor es resultado de tal pro-yeccin, es una instancia de origen que se enuncia y haceenunciarse a ciertos individuos; a su vez, el narrador es proyec-tado por el autor y proyecta a los personajes, los objetiva, loscrea como objetos (son puestos delante, ob-jectum). Un recorri-do similar, aunque no idntico es seguido por la instancia derecepcin, quien asume una identidad al momento de tomar con-tacto experiencial con la voz o con el texto.

    La presentacin de este modelo analtico permite a su autorestablecer una tipologa de sujetos, entre los que se cuentaun sujeto autnomo, un no-sujeto funcional que acta como unmecanismo bajo el influjo del tercero trascendente, el no-sujetolimitado a la instancia corporal, etctera. Si bien quedan claraslas caractersticas definitorias de algunos de estos sujetos, otros,como el cuasi sujeto cuyo asidero en la instancia judicativa esfrgil, piden un mayor esclarecimiento.

    Tambin es digno de mencin las frecuentes referencias tan-to a la Filosofa del lenguaje como a la Lingstica actual, tantofrancesa como de corte cognitivista. Cuando se toman en cuentalas corrientes lingsticas en boga, queda claro que al semiotistadebiera interesarle confrontar el cognitivismo, aunque slo fue-ra por el hecho de que esta corriente asume su tarea analticabajo el principio de la dicotoma del signo que distingue entreun plano de la expresin y un plano del contenido: Fonologa ySemntica, he ah las dos disciplinas bsicas. Pero al proseguirsu examen, quiz encuentre una vertiente ms arriesgada y aza-rosa en las relaciones entre cognicin y fenomenologa entreel estudio de los hechos lingsticos como producto de opera-ciones mentales y como un aparecer y una apariencia. Esta vaha sido emprendida por semiotistas y lingistas de diversa ndo-le en los ltimos aos: pensemos en J. Petitot, P. A. Brandt, P.Cadiot, J. M. Visetti, entre otros. Pero ms all de considerar

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    ambas disciplinas con el nimo de su conciliacin, hay otrosautores que buscan explotar las diferencias que derivan de suestrecha cercana, pienso en F. Rastier. Sobre este punto, la mi-rada de Coquet es crtica y las menciones, aunque frecuentes,son escasas; algunas referencias como las que hace a Givn o aTalmy son enigmticas y pediran una mayor argumentacin yesclarecimiento.

    Lingista de formacin inicial y semiotista de primera data,su discurso es claramente filosfico, pero interesar a todo aquelque se interese en el lenguaje, en el objeto, ms que en las insti-tuciones disciplinarias. Al respecto, hubiera cado bien un ndi-ce de temas y no nada ms uno de autores. La profusin, varie-dad y relevancia de autores citados indica el papel de ilustracinque juega la cita. Al respecto, el semiotista, pero sobre todo ellingista, habituados al manejo de corpus, sentir una cierta de-sazn y quiz aoren ejemplos de anlisis de acuerdo a las cos-tumbres de la disciplina. Este sentimiento no carece totalmentede razn, pero rompe con la naturaleza filosfica del ensayo.Problema de usos y costumbres sin duda, pero ms bien, de g-nero discursivo.

    La obra se divide en dos grandes apartados cuya extensinrespectiva guarda un cierto equilibrio: uno, sinttico segnpalabras del autor, presenta sus tesis articuladas unitaria-mente; el otro, analtico sirve de ilustracin, aunque msbien, los catorce artculos que componen la segunda parte am-plan los temas de la primera o son estudios sobre los que seapoy sta o que muestran una etapa decisiva del desarrollo desus ideas. Sin menospreciar la importancia de los distintos art-culos que conforman la segunda parte, una mencin especialdebe hacerse al primer artculo, La sintagmacin de Aristtelesa Benveniste, en donde argumenta la funcin asertiva en el len-guaje, adems de la predicacin, en unas pginas muy informa-tivas sobre Aristteles y Port-Royal. Igualmente, el lector podrsacar mucho provecho del artculo intitulado El juego de lasinstancias y de los pronombres personales, el cual presenta un

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    anlisis comparativo de la instancia enunciante en distintos dis-cursos a partir de sus marcas formales; en l se hace referencia ala instancia veridictoria, un tema fundamental que el libro nodesarrolla pero que se encuentra presente en su clebre artculoLhomme et la coquille, el cual forma parte de La qute dusens. Por ltimo, el lector novel interesado en integrar el pensa-miento de Coquet en el seno de las corrientes semiticas, podrconocer su punto de vista al respecto en Dos paradigmas de lasemitica europea: la narratividad y la discursividad y enLa semitica y los fundamentos de la significacin.

    Indudablemente, el pensamiento de Coquet plantea interro-gantes decisivas para el quehacer semitico. Sus aportes a unateora de la enunciacin, por polmicos que sean, no pueden serignorados. Es, pues, de lamentar el escaso eco que ha tenido suobra en Mxico y, en general, en Latinoamrica. Sin duda es unautor difcil, exigente, que no se presta a aplicaciones apresura-das, pero eso no debe constituir un obstculo para su lectura.Cabe esperar que sea remediada, al menos parcialmente, la ca-rencia y que sus libros sean traducidos al espaol. En todo caso,que sirva la presente resea como medio para poner en la mesade discusin las tesis del autor.

    Roberto Flores

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    Ivan Darrault-Harris/Jacques Fontanille (eds.), Les ges de lavie. Smiotique de la culture et du temps, Pars: PUF, 2008,382 pp.

    Hablar de edades de la vida es, sin duda, hablar del tiempo y,por supuesto, tambin de la cultura. Las etapas del decurso vitalestn marcadas por el tiempo que corre desde el nacimiento hastala muerte. Y esas marcas se inscriben en el cuerpo, y en l dejansus huellas. A partir de ah, la cultura interviene para reconocer-las, ordenarlas y darles sentido. Aparece entonces una semiticade las edades de la vida.

    Los editores agrupan las colaboraciones del volumen en cua-tro partes, bajo los ttulos siguientes: I. Las edades de la vida enla teora semitica; II. Edades y formas de vida; III. Explotacio-nes estratgicas de las representaciones de la edad; IV. Compe-tencias y culturas de la juventud y de la vejez.

    Los editores comienzan por sealar que ese recorrido, al quealudamos, goza de una continuidad sin fallas, y que, lo mismoque ocurre con el espectro de la luz solar, el espectro temporalde las edades de la vida est sometido a una segmentacin queopera en el lenguaje y la cultura: hasta el siglo XVIII no se reco-noca la infancia como etapa de la vida; formaba parte de la ni-ez. Y la etapa del lactante no es identificada hasta la segundamitad del siglo XX. Recientemente, han aparecido segmenta-ciones en el campo de la adolescencia, con sub-etapas como pre-adolescencia, adolescencia y post-adolescencia. Lo mismo estsucediendo con la vejez: adultos mayores, tercera y hasta cuartaedad. En resumen, se puede observar que las edades de la vidavan modificando la segmentacin tradicional por un doble mo-vimiento: por el lado de la adolescencia, una tendencia a la anti-cipacin: cada vez comienza ms temprano; por el lado de laadultez, y sobre todo de la vejez, una tendencia a la posterga-cin: los adultos se casan cada vez ms tarde, y los ancianosretrasan cada vez ms su vejez. Es un hecho constatado que elpromedio de vida se alarga cada vez ms. Todo esto arrastra con-

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    secuencias para las formas de vida de cada edad, as comopara su identificacin. Hace algunos aos era inconcebible queun anciano (hombre o mujer) condujera un automvil en unagran ciudad, y hoy lo vemos a diario.

    La semitica no puede dejar de interesarse por estos fenme-nos, puesto que inciden, de una manera o de otra, en las formasde vida y en la cultura. Se habla hoy de una cultura de losjvenes, pero se puede hablar igualmente de una cultura de latercera edad, o de la cuarta, o de la quinta.

    La edad es, ante todo, un fenmeno que concierne al cuerpo,a sus representaciones y a las formas significantes que produceo soporta. Todas las modificaciones que el cuerpo sufre al pasarde una edad a otra constituyen, en conjunto, una forma de vidacoherente, y la semitica se esfuerza por tomarlas en cuenta tam-bin en conjunto, empezando por la dimensin polisensorial yterminando por las diferentes formas de expresin semitica ypor su sincretismo. De ese modo, podr sacar a la luz la encar-nacin especfica de las formas semiticas que caracterizan cadauna de las edades de la vida, dentro de cada sociedad.

    La primera seccin, con el ttulo Las edades de la vida en lateora semitica es iluminada desde el final de dicha parte por lacolaboracin fundante de Jacques Fontanille: Edades de la vida:los regmenes temporales del cuerpo. El autor comienza porpostular que las edades de la vida no pueden ser definidas sino se hace a partir del cuerpo en devenir, una vez que han sidosocializadas y culturizadas, y despus de una especificacin desu relacin con el tiempo. Para eso, se plantea, primero, definirlas propiedades y las figuras de los regmenes temporales perti-nentes, y luego trata de establecer las figuras del cuerpo y surelacin con el tiempo. El tiempo y el cuerpo se dejan aprehen-der, desde un punto de vista semitico, en cuanto a conjuntos defiguras: figuras temporales y figuras corporales. Unas y otrasconstituyen configuraciones: regmenes temporales por un lado,y tipos corporales, por otro. Los regmenes temporales se carac-terizan por las figuras tpicas que comportan y por las propiedades

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    que dichas figuras determinan. Las figuras temporales funcio-nan como figuras-signos, y son los constituyentes de los re-gmenes temporales; por ejemplo, el instante, la ocasin,o una generacin (aevus). Las propiedades no temporales dis-tinguen a unos regmenes temporales de otros, como, por ejem-plo, la sucesin o la perspectiva. Estas propiedades no sonespecficamente temporales, sino ms bien modales, actanciales,enunciativas, y, en general, aspectuales y rtmicas. Es decir queoperan como exponentes. A su vez, las figuras temporales(iconos reconocibles) se caracterizan en dos niveles distintos:por rasgos figurativos, que son constituyentes de las figuras:el cronotipo ascendente y el cronotipo decadente son dos de esosrasgos figurativos, que concurren a producir la figura del pre-sente, segn G. Guillaume; y por propiedades no temporales, queson ms bien exponentes, como la direccin y la perspec-tiva, las cuales permiten distinguir el instante del presente.Los regmenes temporales son configuraciones, es decir, con-juntos sintcticos de figuras y de propiedades; las figuras soniconos temporales, o sea, partes de tiempo reconocibles yaislables, que pueden ser denominadas, como sucede con lasedades de la vida. Porque la vida introduce un rgimen tem-poral especfico, que consiste en un curso orientado y regidopor un deber-ser (necesidad), entre un lmite inicial (el na-cimiento) y un lmite final (la muerte). Jean-Claude Coquet, enLa qute du sens, define ese tipo temporal como el tiempodel tercio actante (o Destinador) y lo opone al tiempo delprimo actante, y especialmente al tiempo subjetivo (tiempopropio del sujeto), que sera, por tanto, el tiempo de la experien-cia, as como el tiempo del tercio actante sera el tiempo de laexistencia.

    Fontanille avanza la hiptesis de que los dos grandes regme-nes que J.-C. Coquet plantea corresponden ms o menos a losdos grandes paradigmas filosficos en materia de ontologa tem-poral: el tiempo de la existencia y el tiempo de la experiencia, yesta distincin ontolgica podra incluso ser considerada como

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    el fundamento epistemolgico de una semitica del tiempo, ca-paz de proporcionar la categora elemental, a partir de la cual seformara la primera distincin semitica a la que se referirandirectamente, todas las reflexiones sobre el tiempo. En efecto,la mayor parte de las representaciones del tiempo constituyen elsub-producto de un desembrague ontolgico: en el ser no en-contramos ni tiempo ni cambio, mientras que en la existencia(en el estar), vivimos en el cambio e inventamos formas tem-porales para hacerle frente. El tiempo de la existencia se espe-cializa como el tiempo del mundo, como el tiempocronolgico, el tiempo cosmolgico o el tiempo mtico. Laexperiencia, en cambio, rechaza el desembrague ontolgico yopta por el embrague, el cual permite la captura del tiempode la existencia por el tiempo de la experiencia. El tiem-po de la experiencia se caracteriza como tiempo vivido,tiempo subjetivo, tiempo de la percepcin o tiempo delcuerpo sensible.

    El tiempo de la vida puede someterse a cada uno de esosdos regmenes: al de la existencia en cuanto sucesin entrelmites y flujo orientado; al de la experiencia en cuanto que esvivido, puntual o durable, contrado o alargado. Las operacio-nes que permiten pasar de un rgimen a otro son: el desembra-gue, que busca la integracin del tiempo de la experiencia en eltiempo de la existencia, y el embrague, que logra capturar eltiempo de la existencia por el tiempo de la experiencia. Ese do-ble movimiento entre los dos regmenes temporales de base en-gendra diferentes formas intermedias, que se pueden identificarglobalmente como tercer tiempo social. Ese es el tiempo del ca-lendario, el tiempo litrgico, el tiempo de las prcticas sociales,y el tiempo de las edades de la vida. Cada uno de esos tiem-pos constituye casos particulares, coloreados por uninvestimiento temtico especfico, del tercer tiempo social. Sinos colocamos en el punto de vista de la existencia, tendremosque ver con el cuerpo como organismo del mundo; si nos ubi-camos en el punto de vista de la experiencia, tendremos que ver

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    con el cuerpo como cuerpo propio. El cuerpo sometido altiempo del tercio actante es un cuerpo material orgnico, cuyapropiedad principal consiste en estar dotado de un principio deauto-organizacin dinmico (una energa que le proporciona laanimacin necesaria para ser un actante). La estructura mate-rial y energtica de ese cuerpo mundano es la que porta elrgimen temporal de la carrera hacia la muerte. En cam-bio, el que se compromete con el tiempo subjetivo es el cen-tro sensible de la experiencia: experiencia de sus propios lmi-tes. Esta experiencia de los lmites propios culmina con laestabilizacin de la forma percibida del cuerpo propio, quees la forma de la envoltura. Pero, adems, en cuanto carne,puede tener la experiencia de su propia deformacin, de sus mo-ciones ntimas y del desplazamiento. Si el cuerpo propio fue-ra definitivamente independiente del cuerpo mundano, la cues-tin de las edades de la vida cambiara de sentido, ya que laexperiencia del cuerpo propio jams sera afectada por la edad;pero la tensin y la dialctica que se entabla entre el tiempo dela experiencia y el tiempo de la existencia concierne igualmentea la relacin que se establece entre los dos tipos corporales.

    De la misma manera, se distinguen y se confrontan el cuer-po de la existencia (cuerpo mundano) y el cuerpo de la expe-riencia (cuerpo propio); y de igual modo, un tercer cuerpo(el cuerpo socializado, el cuerpo como configuracin cultural),es el que surgir de esa tensin y de su resolucin. Los tipossemiticos del cuerpo que sern solicitados por el rgimen tem-poral de las edades de la vida no son ni figuras del cuerpo dela existencia, ni figuras del cuerpo de la experiencia, sino msbien figuras de ese cuerpo social y cultural, tercer cuerpo porta-dor de la semiotizacin de la existencia somtica y de la expe-riencia corporal.

    Desde un punto de vista semitico, los cuerpos sern consi-derados bajo el ngulo de su capacidad para figurar comoactantes en semiticas-objetos (textos, imgenes o situacionesde interaccin). Para que una cosa material cualquiera pueda

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    devenir un actante, es preciso que se le pueda reconocer por lomenos un principio dinmico, una capacidad para suscitar o parapadecer transformaciones, y para eso, es necesario que presenteuna tensin global entre una estructura material energtica y unaexterior; la forma exterior, estable o inestable, da testimonio delas interacciones entre la mayor o menor resistencia de la es-tructura material a las presiones que se ejercen sobre ella convistas a las transformaciones. En otros trminos, se reconoce unactante (un icono actancial) por el tipo de equilibrio que ofre-ce entre la forma de su continente y la estructura de su con-tenido. Recuperando el modelo establecido por el autor enSoma y Sema, las figuras corporales de base son: el cuerpo-en-voltura, el cuerpo-carne, el cuerpo-cavidad y el cuerpo-punto.

    El cuerpo-envoltura es solicitado: (i) en cuanto soporte delas huellas observables y objetivas (formas, tonicidad aparente,arrugas, manchas, etc.) y (ii) en cuanto experiencia de sus lmi-tes propios y de su deformacin en el tiempo;

    El cuerpo-carne es requerido: (i) en cuanto estructura org-nica sometida al tiempo de la existencia, y (ii) en cuanto soportede la experiencia temporal ntima (bienestar o malestar asocia-dos a las mociones ntimas);

    El cuerpo-cavidad es un cuerpo habitado, poblado por ac-tores y por figuras sensibles, cuya frecuencia de aparicin deter-mina, entre otras cosas, las rutinas corporales (vs las innova-ciones y los descubrimientos);

    El cuerpo-punto es un cuerpo actualizado: (i) por las modifi-caciones del estilo de movimiento (velocidad, amplitud, etc.), y(ii) por la experiencia del desplazamiento (sentimiento de coor-dinacin, de continuidad o de discontinuidad).

    El rgimen corporal especfico de las edades de la vida in-troduce diferencias cualitativas y etapas en el flujo continuo dela carrera hacia la muerte, y, por otro lado, unifica y estabilizalas diversas experiencias que determinan, para un sujeto dotadode juicio, las experiencias individuales. En la medida en que lasedades de la vida componen un rgimen temporal de concilia-

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    cin entre el rgimen de la existencia y el de la experiencia, di-cha conciliacin puede ser considerada como una relacin ex-presiva (como una funcin semitica). Los diferentes regmenessemiticos de esa relacin expresiva se encuentran en elcruce de las figuras temporales con los tipos corporales. De talmodo que:

    A la deformacin de la envoltura corresponden las inscrip-ciones;

    A las mociones de la carne, corresponden las trazas; A la agitacin del cuerpo-cavidad, corresponden las

    digesis (escenas interiores); A los desplazamientos del cuerpo-punto, corresponden las

    deixis.

    Gracias a las edades de la vida, las dos dimensiones de larelacin con el tiempo, experiencia y existencia, entran en unarelacin semitica, en la que los formantes sensibles de la expe-riencia se convierten en expresiones para las posicionesexistenciales, que funcionan entonces como contenidos. Enesa perspectiva, concluye Fontanille, los cuatro tipos de huellas:las inscripciones, las deixis-itinerarios, las digesis-escenas in-teriores y las trazas sensorio-motrices constituyen las figurastpicas de la iconizacin de las distintas fases de la experiencia-existencia.

    En La smiotique et la vie, Smir Badir se plantea la posi-bilidad de la semiotizacin de la vida. Despus de revisar la po-lmica que ha enfrentado a los antivitalistas con los vitalistas enel mbito de la lingstica, aborda la cuestin central de su tra-bajo: en qu circunstancias la vida es susceptible de servir deinstrumento modelizador para una teora semitica? La cuestin,segn el autor, slo tiene sentido si tenemos en cuenta que lasemitica de obediencia hjelmslevo-greimasiana ha sido hastamuy poco antivitalista por indiferencia o por denegacin de todapertinencia vitalista, y si, por otra parte, dicha cuestin se colo-ca en el horizonte de un monismo o de un dinamismo entre co-

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    nocimiento y ser, entre concepto y vida, entre semiosis y real.Al proponer la vida como instrumento modelizador de la teorasemitica, S. Badir se cuida muy bien de no confundir la vidacon su concepto.

    En consecuencia, tiene que proceder a neutralizar los argu-mentos antivitalistas que impedirn contestar a su pregunta cen-tral. En primer lugar, no es correcto decir que hablar de vidadel lenguaje es usar una metfora. De ninguna manera. La ex-presin vida del lenguaje no seala un ncleo semntico co-mn entre la concepcin de la vida y la concepcin del lengua-je. Lo que hace es elevar el sentido a un nivel de abstraccindonde los conceptos usualmente empleados para dar cuenta delnivel de observacin emprica exigen ser reexaminados. A la se-mitica le corresponde el mrito de haber mostrado cmo se lle-ga a tales abstracciones y cul es su utilidad. Por consiguiente,est dispuesta a recibir la vida entre sus medios de accin.

    Frente al argumento antivitalista segn el cual, la vida no estomada en sentido literal, Smir Badir pregunta simplemente:y qu es la vida en sentido literal? No es nicamente la vidala que se acerca al lenguaje, es el lenguaje el que se acerca a lavida. Gracias a los trabajos de J. Petitot (1985) sobre la morfo-gnesis del sentido, los intereses de la biologa y de la lingsticahan terminado por convergir. Y la semitica es el lugar de eseencuentro.

    Hablar de vida del lenguaje es desdear el detalle comple-jo de los hechos. Aunque esa formulacin pudiera encerrar bue-na parte de verdad, no se puede aceptar la consecuencia. La abs-traccin, cuya causa es la vida, expresa un esfuerzo de sntesis,y hoy en da a las visiones sintticas se les reconoce un valorcientfico inherente. La modelizacin semitica ofrece tambinuna perspectiva sinttica a los problemas y a los corpus queanaliza.

    El autor repasa a continuacin aquellos caracteres vitalesque los vitalistas han atribuido al lenguaje. Entre esos caracte-res, destacan:

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    1) La autonoma con relacin a la voluntad humana. La semi-tica tiene entre sus propsitos la modelizacin de sistemaselaborados en distintos grados de autonoma en relacin conel sujeto intencional o con el agente. Dicha autonoma es re-lativa, pues no hay forma semitica ms que para una sustan-cia semitica; pero en ningn caso remite a una causalidadpsicolgica que se mantendra fuera de la semitica. La se-mitica produce un mtodo de objetivacin del hacer huma-no en el que cada uno de sus niveles tiene su consistencia ysu vida propia.

    2) Crecimiento y cambio: La vida manifiesta cierto sistema or-ganizado y cierto proceso, innovador. En ese sentido, reneuna sincrona y una diacrona. Se puede hacer la hiptesisde que ese gesto sinttico es adecuado para intentar unadescripcin diacrnica de las ideas, de los conceptos, delas nociones o de los significados. La vida de una pala-bra ocupa un espacio particular en un logosistema, que,como el lecho de un ro, no cesa de desplazarse y de fran-quear fronteras. Podemos tratar de describir las puntas in-tensivas y las capas extensivas de un espacio semejante yenlazar as un espacio con un tiempo. As hace la vida y ashace la historia.

    3) Estado de equilibrio. La vida expresa una norma naturaliza-da. La semitica ha sentido siempre lo normativo como algoembarazoso. Epistemolgicamente, ha tratado siempre de se-parar lo descriptivo de lo normativo. Si la vida expresa elestado denotativo de una semiosis, la semitica, por su parte,no se limita al anlisis de las posibilidades; puede muy bienadaptarse a una razn prctica.

    4) Carcter lgico. La vida es semitica. Dicho de otro modo,es lgica tanto como esttica y tica; es una razn apoyadaen lo real y en la calidad. En tal sentido, la negacin de lavida no es la muerte sino lo monstruoso, por ilgico, inmoraly antiesttico. Es preciso considerar la vida a la manera delsigno, como una entidad bifaz, cuya propiedad reside en la

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    interaccin de sus dos caras. Lo que llamamos vida es, segnS. Badir, lo viviente y lo vivido al mismo tiempo.

    Lo viviente es aquello que es predicado, sustantivado y sus-tanciado, organizado y recorrido. Lo vivido, por el contrario, pre-dica y organiza; es una instancia de subjetivacin, el principiode organizacin en accin en lo viviente.

    Saussure puso siempre reparos a la vida porque no permitacaptar el hecho semiolgico. Pero ese era el Saussure del Cursode lingstica general; sin embargo, en los Manuscritos, elSaussure nocturno rescata el valor semitico de la vida. Hayalgo as como el anlisis anatmico de la palabra? No. El anato-mista separa en un cuerpo organizado partes que, despus de laabstraccin de la vida, siguen siendo, no obstante, el hecho dela vida.1

    El autor subraya el valor de esa expresin. Con ella se alcan-za la esencia del lenguaje, el carcter vital y semiolgico dellenguaje. Hay en l algo que describir, y es el hecho mismodel lenguaje: su sentido, y tambin sus formas. Entre el ser dellenguaje y su conocimiento, entre la vida lingstica y su con-ceptualizacin lingstica, hay un trabajo de abstraccin rever-sible. Y en eso consiste lo semiolgico: en que todo lo que esdistinto en un plano expresin o contenido repercute enel otro plano. Porque hay que reconocer que el lenguaje, en cuan-to cosa viviente, es exactamente lo que se diga que es en cuantocosa vivida; y que las querellas entre lingistas son solamentemetafsicas.

    Finalmente, S. Badir pasa a hacer unas breves reflexionessobre la semitica y las formas de vida. Si la semitica ha sidoinicialmente antivitalista, sera falso decir que no se ha preocu-pado de la vida. Si la semitica es antivitalista, lo es porque esdiscontinuista. Habra que decir, a la luz de las ltimos desarro-

    1 F. de Saussure, crits de linguistique gnrale, Pars, Gallimard, 2002,pp. 257-258.

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    llos de la semitica (J. Fontanille, Cl. Zilberberg, E. Landovski),que ha sido discontinuista, pues a partir de De la imperfeccin,est recuperando los dominios de lo continuo, y por tanto, seorienta hacia las perspectivas vitalistas. En el recorridogenerativo del plano de la expresin, J. Fontanille coloca en elsexto nivel las formas de vida. Con esta expresin, se reordenala problemtica filosfica de la relacin entre lo inteligible (laforma) y lo sensible (la vida). En el mismo ao de la publica-cin de Prolegmenos a una teora del lenguaje (L. Hjelmslev,1943), Henri Focillon publica una obrita, ya clsica para el pen-samiento esttico, Vida de las formas. De las formas de vida a lavida de las formas, hay antagonismo, asimilacin o dinamis-mo?, se pregunta S. Badir. Para Focillon parece claro que noexiste antagonismo, pues se desliza insensiblemente de la vidacomo forma a la vida de las formas. El autor confa en que en lasemitica ocurra lo mismo, a tal punto que la expresin formade vida resulte pronto redundante.

    En El mundo de la adolescencia o la prdida de la autori-dad, Pierre Boudon aborda, desde una perspectiva filosfica,los problemas que plantea el ejercicio de la autoridad frente a laetapa de la adolescencia. Para explicar dicha crisis, elabora uninteresante modelo que le permite explicar las relaciones y de-terminaciones que se establecen entre el contrato y la Ley. Ba-sndose en un texto de Hannah Arendt, concibe la adolescenciacomo estado provisional entre la edad adulta y la niez. Lo cualquiere decir que la adolescencia no es una edad autnoma,sino que depende de sus contornos, y da lugar a un sub-conjuntoheterogneo. Esto no quiere decir que en ese periodo se desco-nozca la nocin de ley: sencillamente funciona de otra manera:sobrepasa los lmites jurdicos para inscribirse en el mbitode las relaciones entre naturaleza y cultura, mbito propio de loque llamamos civilizacin. El uso de las expresiones na-turaleza y cultura no es emprico, sino epistemolgico. A losumo, podemos hablar de un dominio de las formas naturales (elcosmos) y de un dominio de las formas culturales (taxonomas,

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    organizacin social, sistemas de normas). Desde esta posicin,reformula su propio modelo para dar cabida en l a la naturalezay a la cultura, sin dejar de lado, claro est, ni el contrato ni laLey.

    Dominique Ducard reflexiona sobre la violencia de las im-genes en El dolo de los jvenes: discurso sobre la violencia delas imgenes. Tres informes oficiales sobre el tema suscitan elinters del autor. Y a partir de ellos, revisa los argumentos sobrela cuestin de la imagen, desde su modelo teolgico, pero conuna visin semitica y con una concepcin de las edades delsigno visual.

    La preocupacin oficial se centra en los lmites de edad paraestablecer la responsabilidad social frente a la visin de imge-nes de violencia. Los jvenes sucumben ante la naturaleza pri-maria, esencial, de la imagen, puesto que la imagen no lograrasu objeto si no suprimiera la distancia que separa al espectadordel espectculo. Una imagen captada como una imagen sera unaimagen fallida. En ese efecto de abolicin de la distancia, intro-duce el autor los debates entre iconoclastas e iconodlicos(veneradores de los iconos). Para estos ltimos, la condicin deposibilidad de la imagen artificial que es el icono, se encuentraen la imagen natural que es el cuerpo carnal divinizado de Cris-to. Dicho de otro modo, el misterio de la Encarnacin del Verbojustifica el uso litrgico de las imgenes; y por tanto, el usocatequstico. Los iconoclastas, por el contrario, han denunciadola idolatra sustancialista que pervierte la veneracin del proto-tipo en adoracin de la rplica, por la ilusin de la presenciainmediata de lo divino, de donde deriva todo gnero de supersti-ciones. El icono es fundamentalmente analgico y mediato; ellazo simblico que soporta consiste en una relacin de semejan-za formal con aquello que representa. La mirada que se fija enel icono se sostiene por el eco del misterio de la Encarnacin.Generalizando, se puede decir que el modo de visibilidad pro-pio del icono, sobre el cual debera regularse nuestra mira decara a las imgenes, pone al sujeto en relacin con lo ntimo,

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    que es transfigurado en el artefacto por la fuerza metamrficade la imagen.

    Entre una imagen esquematizada de la juventud y una moda-lidad de la imagen visual se establece una convergencia. Se tra-tara, en tal caso, de elaborar un plan que ayudase a la madura-cin de la mirada. En la poca de la videoesfera (Debray), enla que domina lo visible, los jvenes estn sometidos al poderde la imagen (afectos y sentimientos) y centrados en el cuerpo(sensorium). El signo visual, en su funcin ms profunda y msprimitiva, corresponde a los primeros tiempos del ser humano,puesto que las vas primitivas del conocimiento del mundo sonlas de la percepcin, y especialmente de la percepcin visual.Lo importante aqu es, finalmente, la manera en que unaesquematizacin de la clase de los jvenes, que subyace a losdiscursos psicolgicos y sociales, concuerda con una reflexinespeculativa sobre la imagen, que se reencuentran en un esque-ma lgico y genrico del pensamiento-signo (Occam) cuandoparticipan conjuntamente en la elaboracin de una doxaaxiolgica de lo visual.

    La segunda parte se centra en el tema de Las edades y lasformas de vida, y las tres colaboraciones que la integran anali-zan textos concretos. El primero, firmado por Marion Colas-Blaise, analiza la obra de Julien Gracq, bajo el ttulo de Lasedades de la vida en Julien Gracq: el juego, la infancia y el mito:retos y estrategias . La autora, despus de recorrer la obra deGracq, se centra principalmente en la novela Rivage des Syrtes(1951). Antes de entrar en el anlisis particular de las formasdiscursivas complejas de la novela, se pregunta por las condi-ciones modales de la reactualizacin del discurso de la infancia.Para Gracq, la centralidad de la infancia se sita en el juego, elcual es definido como una accin libre, sentida como ficticia ysituada fuera de la vida corriente, capaz no obstante de absorbertotalmente al jugador; una accin desligada de todo inters ma-terial y de toda utilidad. Tres rasgos caracterizan, segn Gracq,la experiencia ldica: 1) la privatizacin del espacio-tiempo

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    ldico; 2) la funcin imaginante; 3) el comercio de la intensidad yde la extensidad. En Le Rivage des Syrtes, la mira incidentey la valencia incoativa sirven de soporte a una sensibilizacin ya una renovacin de los valores. La transformacin principalconsiste en la liquidacin de la carencia tmica, del tedio supe-rior, que marca una desafeccin y una devaluacin genera-lizadas y que genera el gesto fundador del personaje Aldo,figura emblemtica que encarna millones de deseos dispersose inconfesados. Aldo trata de amoldar su discurso al discur-so infantil, llevando al extremo la ilusin de la experiencia vi-viente. El juego cumple la funcin de avanzar la posibilidad deuna mutacin aspectual y de una confrontacin con un modeloheternomo.

    Despus del crucero, la juventud es la llamada a mantener elprogreso, es decir, desde el punto de vista tensivo, una lgicaimplicativa ascendente, ritmada por momentos concesivos queaseguran el relanzamiento del movimiento. Sin embargo, laoposicin entre la desmesura del adolescente y la mesura deladulto desliga la realidad de las contingencias histricas y so-ciales en provecho de modelos de inteligibilidad que se suponeson universales. La convocacin insistente de la configuracinanalgica del cuerpo socio-poltico como viejo, acenta eldescentramiento y abre el discurso a lo intertextual e incita aldesciframiento simblico. Como consecuencia, da lugar a unanaturalizacin de la concepcin de las edades de la vida. Eldominio que el tiempo de la existencia ejerce sobre el tiempodel actante social, va creciendo con la edad.

    El trabajo de Luisa Ruiz Moreno, titulado La vejez, la pr-dida modal vs la memoria y la espera, analiza un relato de Ma-ra Teresa Andruetto, La vibracin del universo. La autora partede la hiptesis de que la vejez como forma llega a ocupar ellugar de la vejez como edad en calidad de presupuesto, lo cualpermite la constitucin, gracias al proceso discursivo, de una ver-dadera forma entre ambas; dicho de otro modo, una estructuraque las subsume y las hace pasar a la calidad de trminos depen-

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    dientes de la vejez-forma-de-vida. Con modelos bien elabora-dos, nos permite comprender que la vejez-forma, una vez queha hecho entrar a la vejez-edad en un estado de dependencia,la ha colocado en una forma tal que tanto la vejez-forma como lavejez-edad son slo variantes de la vejez-forma-de-vida,invariante ms all de la cual lo nico que se puede hacer, segnla autora, es asomarse al sentido amorfo de la vejez, es decir,a la vejez abandonada a su suerte.

    En tal sentido (F: vejez-forma-de-vida), sera la forma de vidade Victoria, la antigua concertista y profesora de msica quemanifestar (F) en un estilo de vida (E), del que da cuenta elnarrador del relato La vibracin del universo. La discursividaddel relato despliega en (E) lo que condensa (F) en la compleji-dad que se establece entre la vejez-forma (F1) y la vejez-edad(F2). Y es esa oposicin solidaria la que permite a (F) liberarsedel sentido amorfo de la vejez.

    A la par, la vejez como forma y la vejez como edad se confi-guran segn dos regmenes: el rgimen de la memoria y el rgi-men de la espera, para la vejez como forma; el rgimen de laapata y el rgimen de la terminacin, para la vejez como edad.En el rgimen de la memoria, S1 (Victoria) se ubica en la inter-seccin de dos ejes que avanzan hacia profundidades diferentesde la memoria: la intensidad y la extensidad. Por el eje vertical,una memoria muy interna o tnica, que corresponde a la prcti-ca de Vernica cuando contempla las fotografas de su vida pa-sada y recuerda los nombres de sus alumnos y sus habilidadespersonales. Sobre el eje horizontal, la memoria se extiende so-bre los acontecimientos cotidianos, sobre las expresiones, sobrelos usos y prcticas que hacen presentes las diferentes dimen-siones constitutivas del sujeto. En consecuencia, la memoria quese extiende privilegia su atencin sobre los deberes y costumbresdomsticas y tiene por efecto el don de s, el laxismo y el consenti-miento, que se manifiesta como docilidad o como debilidad.

    El rgimen de la apata, que se refiere a los otros, a los vie-jos que la rodean, se organiza igualmente por la interseccin

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    de los ejes de la intensidad y de la extensidad. Pero esta vez, S2(los viejos) se colocan en el vrtice de las coordenadas. Laintensidad es ahora la intensidad de la distancia que se esta-blece entre el sujeto y los objetos, y la extensidad constituye eleje en el que los valores se hacen presentes en forma de prdi-das: prdida del odo, prdida de la palabra, prdida de lamotricidad Victoria tiene su propia prdida: ha perdido la fle-xibilidad de las manos, lo que le impide seguir con su carrera deconcertista.

    Finalmente, Luisa Ruiz Moreno trata de organizar la vejez-forma (F1) y la vejez-edad (F2) en un conjunto coherente, ha-ciendo ver cmo se integran las dos formas en una totalidad msenglobante, que sera la vejez como estilo de vida, y que eldiscurso dispone como lo muestra el cuadro:

    Valencia Intensidad ExtensidadValor

    Vejez-forma memoria espera alta larga

    Vejez-edad apata terminacin baja corta

    Si la forma del universo, concluye la autora, se manifiesta enuna vibracin: la msica, Victoria manifiesta su forma en la ten-sin del estilo sostenido por una lgica concesiva, que podraenunciarse de la manera siguiente: aunque la vejez como edadse imponga, la vejez como forma hace resistencia, lo cual bienpodra ser entendido como una atenuacin frgil y perecible delhorror: la ilusin de la vida, pero una atenuacin de todos mo-dos, que, en cuanto tal, mantiene la vida en su valor.

    La contribucin de Jean-Michel Wirotius, La vejez y ladiscapacidad en los textos reglamentarios y en el discurso mdi-co: aplicacin de normas sociales y cambio de forma de vida,

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    examina un corpus de textos oficiales, de los que ofrece abun-dantes datos estadsticos. En ellos descubre la reiteracin de lossintagmas personas de edad avanzada / persona discapa-citada. En los enunciados escritos de ese corpus, se trata habi-tualmente de establecer un esquema narrativo de tipo manipula-cin-solucin, que propone a un sujeto (persona discapacitada opersona de edad avanzada) hacer valer sus derechos, a partir de unanlisis de criterios sociales y mdicos, para obtener las atribu-ciones que la sociedad le ofrece. La nocin de persona, que eshabitualmente repetida delante de edad avanzada y dediscapacitada, no tiene en ambos casos la misma significacin.La secuencia persona de edad avanzada se refiere ante todo alcontexto social, y en ese caso, es reemplazada a veces por eltrmino poblacin, mientras que la secuencia personadiscapacitada se refiere siempre a una situacin ms individual.Las categoras esenciales son representadas por la cantidadversus la calidad y por lo social vs lo individual, que corres-ponden a datos graduales, de lo ms cuantificable a lo menoscuantificable, para uno de los sintagmas, y del mbito social al m-bito individual, para el otro. La edad y la discapacidad son trminosque se complementan mutuamente, cada uno de ellos aporta al cam-po semntico dimensiones que el otro no posee, pero que son nece-sarias para el sentido global de la secuencia y para el sentido decada uno de los trminos. El sintagma persona de edad avanza-da, por s solo, no tiene el mismo sentido que el sintagma per-sona discapacitada, ni a la inversa. Con la aplicacin del mo-delo del espacio tensivo, Wirotius puede mostrar cmo las personasde edad avanzada se ubican en el encuentro de las valencias cuan-tificado y social, mientras que las personas discapacitadasaparecen en el cruce de lo no cuantificado y lo individual.De donde extrae la siguiente conclusin: la edad y la discapacidadtienen una proximidad semntica, caracterizada por:- la desvalorizacin;- las carencias posibles: a) de libertad, de dignidad, de huma-

    nidad, de igualdad con una seal que remite a mecanismos

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    de indignacin; b) de actividad, de capacidad, de accesibili-dad, de solidez, que remiten a mecanismos de compensacin;c) de seguridad, de autoridad, de solidaridad, que apuntan amecanismos de proteccin.

    La tercera parte, con el ttulo de Exploraciones estratgicasde las representaciones de la edad, rene cinco colaboracionesen las que se analizan las diversas formas en que el periodismoy la publicidad explotan las representaciones de la edad.

    Finalmente, la cuarta parte estudia las Competencias y cultu-ras de la juventud y de la vejez, estableciendo interesantes rela-ciones entre ellas. El volumen, de 382 pginas, se cierra con lacontribucin de Ivan Darrault-Harris, coeditor de la obra quecomentamos, quien, bajo el ttulo Un modelo generativo de loscomportamientos y de los discursos adolescentes, se proponeaplicar un modelo etnosemitico al anlisis de los comporta-mientos y de los discursos adolescentes. Despus de defender elpunto de vista etnosemitico, trata de mostrar la existenciade una interseccin conceptual, y, ms precisamente, de unaposible y heurstica articulacin con el psicoanlisis. Segnel autor, la etnosemitica encuentra plenamente el psicoanlisisen la reafirmacin de una ausencia de lazo de causalidad linealentre los procesos orgnicos, los procesos psquicos y loscomportamientos. Segn eso, la hiptesis central del trabajoes doble:

    1) en el plano de la forma del modelo, se trata de una estratifi-cacin de niveles, que va desde el nivel de base, constituidopor el cuerpo y por el psiquismo (la realidad psquicafreudiana) hasta el nivel de superficie donde se perciben lasproducciones semiticas verbales y no verbales. Las relacio-nes entre niveles no son relaciones de causalidad, sino de con-versin semitica;

    2) en el plano del contenido modelizable, los niveles bsicosestarn constituidos, en consecuencia, tanto por el cuerpocomo por el psiquismo, constituyentes de la instancia de

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    enunciacin. El autor adelanta que el modelo debera permi-tir la formalizacin del engendramiento especfico de la sig-nificacin en la adolescencia, respetando la diversidad deestilos individuales y socioculturales posibles.

    Y eso es lo que consigue finalmente el autor con la represen-tacin esquemtica del engendramiento de la significacin en eladolescente, gracias a dos tipos de representacin:

    a) Un conjunto de esferas semiticas engastadas unas enotras, a partir de un ncleo somato-psquico, que articula elcuerpo en mutacin y el universo fantasmtico. Alejndoseprogresivamente de ese ncleo, se encuentran, sucesiva-mente, las esferas: epidrmica (inscripciones corporales: tatua-jes, piercings, etc.), cosmtica (peinado, uas, maquillajes,etc.), vestimentaria, prottica (celular, lector de CD, Ipod, etc.),verbal oral, verbal escrita. Todo adolescente se caracteriza,segn el autor, por el investimiento relativo de esas esferassemiticas, que participan activamente en la puesta en es-cena de sus emociones y de sus acciones.

    b) Un modelo generativo que rinde cuenta del engendramientode las significaciones no-verbales y verbales, pone de relievela triparticipacin de las elecciones semiticas: por el ladodel acto (del paso al acto), con la tentativa de realizacin delos fantasmas; por el lado de la realizacin simblica, con lacreacin de los lenguajes adolescentes, con el gusto por eldiscurso epistolar y autobiogrfico; y entre los dos, mezclan-do el hacer con el decir, la prctica, tan frecuente, de la inju-ria, incluso en son de broma.

    Desiderio Blanco

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    De las adquisiciones del Fondo

    Ha ingresado al acervo del Fondo Greimas de Semitica, el li-bro Sobre palabras, de Ral Dorra, director de nuestro progra-ma. El libro fue publicado en 2008 por la editorial Alcin deCrdoba, Argentina. Considero oportuno transcribir un fragmen-to de la Presentacin que abre el volumen, en la que el propioautor expone cmo fue concebida y estructurada su obra:

    Los textos que integran este libro insisten sobre viejos tpicos que serenen entre s no para formar un sistema sino para esbozar algo comouna pequea, y expansiva, constelacin: la oralidad, la escritura y cier-tas formas literarias que se alimentan de ambas; o la memoria, que esotra escritura pero una escritura mvil y en constante reconfiguracinpues est permeada por el olvido, tan esencial a ella, tan situada en suinterior como lo invisible se sita en el interior de lo visible; o la voz,que es forma de la materia fnica pero tambin imagen que construyeel texto. El libro se ocupa de estos temas as como de las figuras que,necesaria o espontneamente, ellos evocan: figuras literarias, figurasretricas y tambin figuras humanas; por ejemplo, la figura de aquelque suelta su canto o la del que elabora la pgina; la figura del queescucha y aplaude, la del que lee y medita o imagina y que, con losmateriales as recogidos, obra de modo tal que la palabra contina,recomienza.

    Estos temas vienen de lejos pero insisten en ser materia de nuevasreflexiones o quiz slo de nuevas combinaciones. As, siguiendo esaderiva, las pginas que entrego intentan referirse a la lujosa jactanciadel payador cuya ntima fidelidad al gaucho Fierro consiste en desorsu consejo pues l, el payador, es de los que tiemplan el estrumento/ por slo el gusto de hablar: reunir, digo, esa habla-espectculocon la escucha visual de aquellas voces ensimismadas, hurfanas, in-cesantes que llegan a nosotros con la escritura de Juan Rulfo en laescritura-Rulfo. El libro quiere hacer, adems, el recuento de las va-riadas, semiconscientes formas en que, llevados por la necesidad decomunicar, los annimos hablantes recuperan, transforman y difun-den figuras de una retrica de uso en el cotidiano intercambio demensajes; quiere eso, as como tambin quiere observar las a vecesdisciplinadas y otras veces simplemente gozosas formas de escuchar

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    las estrofas populares que engalanan el decir de mujeres u hombresiletrados cuyos lujos son la materia de folklorlogos empeados enelaborar sus cancioneros con una fidelidad siempre puesta en cues-tin. Porque pasar de la oralidad a la escritura es algo ms problem-tico de lo que un distrado podra suponer.

    Observar estos trasvasamientos supone volver la atencin sobre lams difundida de las artes visuales, la escritura, cuyo quehacer con-siste en reelaborar los sonidos del habla y articular las figuras delmundo para responder al deseo de fijar aquello que parece alejarse enel momento mismo en que aparece, como si estuviera hecho slo detiempo y por lo tanto no fuera otra cosa que transcurso, o, como sedira ahora, discurso.

    Atencin que se explaya en horizontes verbales a los cuales inte-rroga pero que tambin se detiene en ciertas propuestas ya ms locali-zadas: la del poeta cuyos versos, entregados a los enigmas del tiem-po, buscan construir una mirada dbil y una memoria frgil donde losobjetos se borren, pero esa memoria frgil no hace sino recuperarlosporque ella termina por ser olvido que inventa las mismas imge-nes de la fugacidad; o la tumultuosa respiracin y la afiebrada varie-dad de respuestas que desata en un sujeto perplejo la voz (nica cadavez, y cada vez de nuevo milagrosa) de algn intrprete de cancionespopulares; o la reveladora observacin de Alfonso Reyes sobre el tar-tamudeo de un personaje pico en cuya dificultad verbal alcanzan aatisbarse profundas transformaciones en la esttica del hroe; o lasiempre huidiza, conflictiva nocin de oralidad que nunca puede ha-cerse sino desde la escritura y por lo tanto no puede hacerse sino comonegatividad; o, en fin, la sentenciosa diccin del gaucho Fierro ahorarecogida en la ntima lectura de Jorge Luis Borges, el estorboso, elinevitable, aquel Borges a quien ms de una vez hubiramos queridonegarle la razn.

    Materias del presente libro. Motivos de los que, como apuntamosal comienzo, no sabra decirse si regresan o progresan. Estas recadassobre ciertos temas pueden ser pensadas de diversas maneras y condistintos humores: humildemente, como reiteracin ms o menos mo-ntona; pretenciosamente, como profundizacin ms o menos conti-nua. A m me gustara creer que siguen la deriva del poema o de lamsica. Hace ya tiempo que se ha pensado la estructura del poemacomo un avance en la lnea del sentido y un retorno en la lnea delsonido. Para que el poema siga, ciertos temas es decir, ciertos fraseos,ciertos acentos y ciertas curvas tonales deben regresar porque un

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    verso es eco o contrapunto de otro verso. As procede tambin la me-moria, y si los estudios literarios son, por lo menos en algn sentido,memoria literaria, nada tiene de raro que, en no infrecuentes casos,avancen volviendo sobre sus huellas.

    Gran parte de estos textos son versiones revisadas de artculosque aparecieron en revistas que, como suele ocurrir, ms tardan enaparecer que en desaparecer de la vista de sus potenciales lecto-res. He tratado de mantener los ttulos originales pero no siempreme ha sido posible porque las modificaciones que en un par deellos introduje han hecho que el ttulo original perdiera pertinen-cia. Es difcil releer sin corregir, sin dejarse tentar por la idea deque lo que uno alcanza a decir hoy es preferible a lo que ha dichoayer, aunque probablemente no pase de ser la ilusin que mueve lamano de cualquier corrector. Los textos que he seleccionado paracomponer este libro han sido agrupados, como se ver, en dos sec-ciones: escansiones, voces. Lo he hecho as porque los que serenen en la primera son motivo de segmentacin temtica y losque se renen en la segunda conciernen a ciertos autores o ciertoslibros cuyas voces estn en la lista, larga, de aqullos a los quedebo momentos de privilegio. El lector juzgar si esta divisin sejustifica de ese modo o si slo ha respondido al hbito racionalizantede interrumpir lo continuo, de buscar simetras donde slo hay flujo.Porque, en otro sentido, todo aqu es escansin y todo es voz: obser-vacin atenta y escucha agradecida.

    Transcribo a continuacin el ndice del libro:

    Como quien entra en materia 7

    I. EscansionesEl arte del payador 13Borges estorba la fiesta de los sesenta 41Sobre la necesidad de la figura 51Grafocentrismo o fonocentrismo? 73Esttica y quehacer de la escritura 95

    II. VocesEl folklorlogo ante el folklore 109Qu es lo que cuenta el meldico perplejo? 135

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    La escritura-Rulfo: una potica de la voz 157Pacheco se pregunta cmo pasa el tiempo 181Lengua sin manos 201

    Mara Luisa Sols Zepeda

    Actividades acadmicas y editoriales

    Los das 4 y 18 de marzo, 1 de abril, 6 y 27 de mayo y el 17de junio de 2009, en la Universidad de Pars IV-Sorbonne, secelebr el Seminario Intersemitico de Pars, con la temticaSemitica del espacio, espacio y significacin.

    Del 8 al 12 de junio del 2009 se llev a cabo el XII Curso deespecializacin en semitica Inflexiones de la experienciaesttica, organizado por el Programa de Semitica y Estu-dios de la Significacin, e impartido por el Dr. RaymundoMier Garza, de la Universidad Autnoma M