Panelistas: Rodolfo Moguillansky, Jaime Szpilka, Estela ... 3 Amati Mehler (Amati Mehler, J., 1995),

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    IPAC Berlin 2007: Perversin, actuacin, recuerdo, repeticin? Panelistas: Rodolfo Moguillansky, Jaime Szpilka, Estela Welldon La ecuacin personal del analista en el psicoanlisis con pacientes

    perversos. Ponencia de Rodolfo Moguillansky: 0-Introduccin Mi intervencin en este Panel, dedicada a explorar cmo interviene la

    ecuacin personal del analista en el psicoanlisis con pacientes perversos, tendr

    como teln de fondo mis ponencias en los Paneles sobre Perversin en el

    frustrado IPACongress de Toronto del 2001 (Rodolfo Moguillansky, 2001 a) y en el

    IPACongress de Ro de Janeiro del 2005 (Rodolfo Moguillansky, 2005).

    En aquellos textos que siguen una lnea conductora en la que vengo

    escribiendo hace aos (Moguillansky, R. et al 1991; Moguillansky, R., 1999;

    Moguillansky, R, 2001 b; Moguillansky, R, 2005) -, planteaba que la perversin es

    una entidad per se, con peculiaridades en la construccin de la fantasa fundadas

    en la escisin del Yo y la desmentida de la castracin1 - que explican en los

    perversos una tendencia que se materializa en actuaciones perversas2.

    1 Elucidar que decimos los analistas cuando hablamos de castracin dara para todo un congreso. A los efectos de esta ponencia slo aclarara que, cuando hablo de castracin, no centro esta nocin en la presencia o ausencia de pene. Pensarla de ese modo, a m juicio, es transformar una teora sexual infantil en una teora psicoanaltica. La perspectiva abierta por Melanie Klein (Klein, M., 1957) respecto de la envidia al pecho en correlacin con la envidia al pene nos permite definir la castracin como el reconocimiento de una falta ontolgica, no una falta de pene. Con castracin entonces aludo al reconocimiento de la incompletud, a la imposibilidad del sujeto de encontrar en s mismo todo el orden deseante, todos los objetos. La contribucin de Lacan (Lacan, Jacques, 1958) en este punto ha sido central al descentrar al pene como el significante de la falta y en cambio proponer la nocin de falo no remitiendo con l a un objeto parcial sino como ordenador de todo intercambio posible. Lacan (Jacques Lacan, 1958) dice que el falo en la doctrina freudiana no es una fantasa, si hay que entender por ello un efecto imaginario. No es tampoco como tal un objeto (parcial, interno, bueno, malo, etc.) en la medida en que ese trmino tiende a apreciar la realidad interesada en una relacin. Menos an es el rgano, pene o cltoris, el falo es un significante 2 Planteaba en los textos que cit que era importante exigir dentro de la definicin de perversin la presencia de actuaciones perversas sexuales a pesar de lo difcil que es hoy en da delimitar que es una manifestacin perversa de la sexualidad, sobre todo despus de la revolucin que trajo la discusin sobre genero. Sin embargo propona, junto a otros autores (W. Gillespie 1951; Lacan 1956; Piera Aulagnier 1966, etc.), que si bien hay que centrar la especificidad de la perversin en una estructura mental perversa, hace tambin a

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    En esas ponencias:

    Distingua, desde premisas fundadas en el psicoanlisis, entre la

    actuacin perversa y el sueo.

    Propona que los psicoanalistas podemos fundamentar que la

    actuacin perversa y el sueo son el resultado de funcionamientos psquicos

    diferenciables metapsicolgicamente de los que podemos dar cuenta en nuestra

    prctica.

    Sugera que, mediante el psicoanlisis, se pueden modificar las

    determinaciones inconscientes de la actuacin perversa; que lo desmentido, que lo

    desestimado en la actuacin perversa, al ser soado, se lo puede significar e

    inscribir como conflictos desiderativos similares a los que subyacen a una

    formacin del inconsciente neurtica.

    Mostraba evidencia del transito en el psicoanlisis de pacientes desde

    un padecimiento derivado de una estructura perversa a un funcionamiento con una

    conflictiva prxima a la neurosis. Ilustraba esta transformacin - con vietas

    extradas del psicoanlisis de pacientes (Moguillansky, R., 1991; 1999; 2001; 2004)

    que cumplan al consultar con los requisitos exigibles para diagnosticar una

    perversin - desde constelaciones transferenciales que podan ser caracterizadas

    como actuaciones perversas a la elaboracin de esos conflictos en la sesin los que

    podan ser pensados a travs de sueos.

    Estas consideraciones acerca de cmo concebir la perversin, hechas desde

    la especificidad de nuestra prctica, tienen la ventaja de que nos permiten no

    quedar atados a cambiantes definiciones que la cultura ha ido haciendo sobre que

    es lo que se considera perverso.

    1-Tenemos que definir la clnica de la perversin en el seno del mtodo analtico

    En esta nueva presentacin si bien parto de que el psicoanlisis ha realizado

    un enorme trabajo terico para comprender la perversin y descifrarla en sus

    races inconscientes, tambin es cierto que pese a disponer de ese capital terico

    tenemos por delante la tarea de seguir definiendo clnicamente, como lo exigi

    un fenmeno definitorio de la perversin que haya una manifestacin perversa de la sexualidad.

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    Amati Mehler (Amati Mehler, J., 1995), el concepto de perversin, sin abandonar el

    mtodo psicoanaltico.

    Para cumplir con ese dictum tenemos que aportar, desde la especificidad de

    nuestro campo, como se nos presenta la perversin en el seno del mtodo

    psicoanaltico, en especial como la perversin aparece en la realidad intersubjetiva

    de la relacin analtica3, y tambin como juega en este campo la singular realidad

    psquica del analista

    2-El campo y la ecuacin personal del analista en el psicoanlisis de pacientes perversos

    Tenemos una larga tradicin en explorar las peculiaridades del nicho que se

    crea entre analista y analizando en el psicoanlisis con pacientes perversos.

    Hace aos Riesenberg-Malcolm (Ruth Riesenberg-Malcolm 1970) abogaba

    por el anlisis de la experiencia de la perversin en la transferencia, analizar como

    se despliega en la relacin con el analista y no centrarlo slo en la diseccin del

    simbolismo del acto perverso.

    Es para nosotros un clsico la insistencia de Betty Joseph (Betty Joseph,

    1971) acerca de que la perversin slo poda resolverse mediante el anlisis de lo

    que se produce en la transferencia. Recordemos como Betty Joseph describa la

    erotizacin del vnculo, la utilizacin de la palabra o el silencio para proyectar la

    excitacin en el analista, cmo mediante la pasividad se provocaba la impaciencia e

    intentar lograr que la acte.

    Tambin ha sido importante, en esa demarcacin clnica dentro del mtodo,

    la introduccin de la nocin de perversin de transferencia que debemos a H.

    Etchegoyen. Etchegoyen (H. Etchegoyen, 1977) defini una forma especfica que

    pretende unificar los diversos fenmenos clnicos que se observan en el tratamiento

    3 Para definir la realidad intersubjetiva me sumo al modo en que la concibe Juan Pablo Jimnez (J. P. Jimnez, 2004), como aquella regin de nuestra realidad personal o psquica que asumimos es compartida por nuestro prjimo. Este mundo compartido, que se expresa y se estructura en el lenguaje, de alguna manera el ms real de todos, es la realidad humana y socializada de nuestra vida familiar, de nuestro trabajo, el mundo de nuestra experiencia cotidiana ms inmediata, en interaccin constante y dialctica con nuestras emociones y fantasas, nuestros sueos y pensamientos ms inconscientes. De acuerdo con esta definicin de realidad intersubjetiva como realidad compartida, lo que en psicoanlisis llamamos realidad psquica tendra un aspecto idiosincrsico, no comunicable propiamente interno, y otro aspecto comunicable, que tambin sera externo, desde el momento en que es accesible para la realidad psquica del prjimo.

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    de este grupo de pacientes (p.78) que se caracteriza por la erotizacin del vnculo,

    por un tipo peculiar de relacin narcisista de objeto que trata de construir

    permanentemente una ilusoria unidad sujeto-objeto y por la utilizacin de la

    comunicacin para provocar excitacin e impaciencia en el analista. Estos rasgos

    acompaan todo el proceso teraputico, lo mismo que una actitud polmica y

    desafiante, por lo general latente, que para Etchegoyen debe ser descubierta y

    referida a la disociacin del yo, a la confusin sujeto-objeto y a la transformacin del

    deseo en ideologa.

    En el pensamiento psicoanaltico son ya usuales los conceptos acuados por

    Racker, 1948; Heimann, 1950; Bion 1950, 1974, 1996; Kriss, 1950; Sandler, 1976;

    Botella, 2003 para comprender lo que le ocurre al analista en el seno del mtodo.

    Esa tradicin nos permite a los analistas utilizar la contratransferencia como un

    instrumento de observacin en la que no solamente observamos e interpretamos lo

    que percibe en el paciente, sino que incluimos en nuestra comprensin los datos

    provenientes de la observacin respecto de nosotros mismos, de nuestras

    reacciones emocionales y la posible conexin o no, entre stas y lo que existe en el

    mundo interno del paciente.

    Destacara en ese camino que, en el psicoanlisis con pacientes perversos,

    toma todo su espesor lo que nos deca Merton Gil (Merton Gil, 1994): La situacin

    teraputica es una dada, es decir interviene inexorablemente la psicologa de dos.

    El analista est siempre influenciando al pacie