10 Palabras Clave Ante El Final de La Vida

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  • 10 palabras claveante el final de la vida

    Francisco Javier Elizari Basterra (director)

  • Editorial Verbo Divino, 2007. Printed in Spain.Impresin: Grficas Lizarra, Villatuerta (Navarra).Depsito legal: NA. 381-2007.

    ISBN 978-84-8169-712-4

    Editorial Verbo DivinoAvenida de Pamplona, 4131200 Estella (Navarra), EspaaTelfono: 948 55 65 11Fax: 948 55 45 06Internet: http://www.verbodivino.esE-mail: evd@verbodivino.es

    Dibujo de tapa: Miren Sorne.

  • Colaboradores .......................................... 7

    Presentacin ............................................. 11Francisco Javier Elizari Basterra

    Morir, hoy ................................................ 19Salvador Urraca Martnez

    Cuidados paliativos .................................. 67Javier Barbero Gutirrez

    Calidad de vida ....................................... 115Francesc Torralba Rossell

    Muerte digna ........................................... 155Marciano Vidal Garca

    Dar malas noticias ................................... 199Jos Carlos Bermejo Higuera

    Limitacin del esfuerzo teraputico .......... 245Juan Carlos lvarez Prez

    Alimentacin artificial ............................. 303Juan Aristondo Saracbar

    Eutanasia ................................................. 345Francisco Javier Elizari Basterra

    Contenido

  • Voluntades anticipadas............................. 389Ana Mara Marcos del Cano

    La muerte clnica ..................................... 427Juan Luis Trueba Gutirrez

    6 / Colaboradores

  • Juan Carlos lvarez Prez. Doctor en Medicinay Ciruga. Jefe clnico del Servicio de Urgenciasdel Hospital San Francisco de Ass, de Madrid.Codirector del Master en Biotica de la U. P.Comillas. Profesor de los Master en Biotica dela Universidad Complutense de Madrid y de laIPS/OMS. Profesor de la Facultad de Medicina,Universidad San Pablo-CEU.

    Juan Aristondo Saracbar. Doctor en Teologapor la Universidad de Lovaina (Blgica). Pro-fesor de Moral en la Facultad de Teologa delNorte de Espaa, sede Vitoria-Gasteiz.

    Javier Barbero Gutirrez. Psiclogo clnico.Magster en Biotica. Adjunto del Servicio deHematologa del Hospital Universitario LaPaz, de Madrid.

    Jos Carlos Bermejo Higuera. Director del Cen-tro de Humanizacin de la Salud de los Re-ligiosos Camilos, de Tres Cantos (Madrid).Director de la Escuela de Pastoral de FERS,Madrid. Director del Master en Counsellingy del Master en Humanizacin de la Inter-vencin Social de la Universidad RamnLlull en Madrid. Profesor en el Camillianum,Roma.

    Colaboradores

  • Francisco Javier Elizari Basterra. Profesor de Bio-tica durante 30 aos en el Instituto Superiorde Ciencias Morales, Madrid. Miembro duran-te varios aos de la Comisin Nacional deReproduccin Humana Asistida.

    Ana Mara Marcos del Cano. Profesora titularde Filosofa del Derecho, UNED. Secretariageneral de la UNED. Profesora de Bioticaen el Instituto Superior de Ciencias Morales,Madrid. Directora del Curso de Experto enBioderecho, UNED. Directora del Curso deExperto en Inmigracin y Multiculturalismo,UNED.

    Francesc Torralba Rossell. Profesor titular deFilosofa de la Universidad Ramn Llull,Barcelona. Investigador del Instituto Borjade Biotica, Barcelona. Director del AnuarioArs Brevis. Presidente del Comit de ticaAsistencial de la Fundacin SAR. Miembrodel Comit de tica Asistencial del HospitalSan Rafael, Barcelona. Jefe Acadmico de laCtedra Ramn Llull-Blanquerna.

    Juan Luis Trueba Gutirrez. Doctor en Medicinay especialista en Neurologa. Profesor asociadode Medicina (Neurologa) en el Hospital Uni-versitario Doce de Octubre, Madrid. Presidentede la Asociacin de Biotica Fundamental yClnica. Profesor y miembro del ConsejoAsesor de la Ctedra de Biotica, UniversidadP. Comillas, Madrid.

    Salvador Urraca Martnez. Doctor en Psicologa.Licenciado en Filosofa y Letras. Profesor titularde Metodologa en la Facultad de Psicologa dela Universidad Complutense de Madrid. Coor-dinador del rea de Psicologa y Medicina dela revista Jano (1985-1996).

    8 / Colaboradores

  • Marciano Vidal Garca. Profesor ordinario en elInstituto Superior de Ciencias Morales, Ma-drid. Ha enseado, como profesor ordinario, enla Universidad Pontificia Comillas, Madrid, y,como profesor invitado, en la AcademiaAlfonsiana, Roma.

    Colaboradores / 9

  • Si tuviramos que destacar una idea dominan-te en 10 palabras clave ante el final de la vida, stabien podra ser la aspiracin a un morir mejor, esdecir, ms humano, referido no slo al instantepostrero de la vida, sino, sobre todo, a su fase lti-ma, ms o menos larga. Porque el morir en nues-tra sociedad es manifiestamente mejorable.

    Al perseguir este objetivo, no podemos olvi-dar que la mejora del morir tiene tantas carascomo personas. Este punto es capital, pero siqueremos trabajar lcidamente en el empeo, esnecesario recordar que cada momento histrico,cada sociedad, deja, en algn grado, su propiahuella en la ltima etapa de la vida por medio denormas, leyes, costumbres, ritos, ideas ticas, prc-ticas mdicas, creencias, aspiraciones, temores, in-terrogantes, etc.

    Aunque mucho de lo aqu expresado es vli-do tambin para otros lugares, la imagen quesirve de marco de referencia es la de la sociedaddesarrollada. Si nuestro horizonte ms directohubiera sido el morir en reas menos desarrolla-das, habra sido preciso cambiar no pocas pala-bras, pues all el final de la vida y toda ella estmuy marcado por la pobreza y sus tremendassecuelas. En dichas zonas, graves cuestiones dejusticia subyacen al modo de morir.

    En algunas partes de la sociedad desarrollada,hacia finales de los sesenta o principios de los

    Presentacin

    Francisco Javier Elizari Basterra

  • setenta (siglo XX) se extiende paulatinamente enla conciencia social una sensacin nueva: muchospacientes mueren mal o, dicho con otras pala-bras, de modo no deseable. En esta imagen delmal morir entran componentes variados: dolor,sufrimientos, prolongacin considerada excesivade la vida, decadencia del paciente, etc. La nuevapercepcin no se poda achacar al morir en cuan-to tal, sino permtaseme la expresin al malmanejo del morir, a una mala gestin, cosa per-fectamente evitable. Las conexiones del malmorir, en ese momento, eran numerosas: entreellas, no pocos destacan, como muy importante,los grandes avances tecnolgicos aplicados a lamedicina, capaces de prolongar la vida, a veceshasta condiciones muy penosas. Semejante proe-za tcnica pudo contar, en ocasiones, con todaslas bendiciones de un aliado, la idea moral de lasantidad de la vida, tal como era entendida poralgunas corrientes, no por todos.

    La conciencia del mal morir no se quedentonces callada: formul quejas, acusaciones,deseos de cambio. Las sugerencias e intentos demejora eran variados. Desde la tica y las leyes sebusc poner algn freno a la lgica desbordadade la tecnologa en medicina. Una de las formas dehacerlo fue el nfasis tico y legal puesto en laautonoma del paciente (consentimiento infor-mado, rechazo de tratamientos, voluntades antici-padas, etc.), en la esperanza de contrarrestar elpaternalismo mdico y el orgullo tecnolgico des-medido.

    Otra respuesta digna de subrayar es la crea-cin progresiva, lenta, de los cuidados paliativos,una cara muy distinta de la otra medicina, agre-siva, tecnolgica. Por encima de estos cuidados,y de modo ms general, se prest ms atencin ala formacin de los profesionales sanitarios enorden a mejorar la comunicacin con el pacien-te, en lnea con el nuevo dogma de la autonoma.Gracias a todo ello y a otras iniciativas, hemos de

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  • reconocer pasos muy positivos; los avances hansido importantes, pero los caminos por recorreren esa direccin son largos.

    Centrndonos en la sociedad desarrolladaactual, dnde colocar los acentos en el empeopor mejorar el final de la vida de los pacientes?Sin ninguna pretensin exhaustiva, indiquemosalgunos.

    Muerte y decadencia del ser humanoEl primer punto dice relacin a un cambio

    cultural respecto a la percepcin de la muerte yde las disminuciones en el ser humano. Si logramosuna transformacin en este campo, habremoscreado unas condiciones ms favorables para unmejor morir. Todos estamos invitados a esta tareasaludable, aunque envuelta en dificultades.

    Hemos de ser capaces de hablar con norma-lidad de lo que es normal y no solemos mencio-nar. No se trata de complicados discursos filos-ficos o de reflexiones religiosas, todo lo cual tienesu lugar dentro de las opciones personales ypuede representar una aportacin valiosa en estamateria. Hablamos de algo ms sencillo. Lamuerte no es un mero accidente de la vida; es unhecho inevitable que forma parte de toda exis-tencia humana. Se trata de la aceptacin prctica,no meramente terica, de nuestra condicinmortal, con las correspondientes derivadas en larealidad.

    Es, tambin, importante integrar en nuestropatrimonio ordinario la imagen de la decadenciacorporal y psquica. La fragilidad, las disminu-ciones, la dependencia, que, por otra parte, sonacompaantes del ser humano en alguna medi-da y de diferentes formas a lo largo de la vida, sesuelen hacer ms presentes en la etapa final. Escomprensible que las consideremos como unaherida y hasta como una humillacin. Pero nin-

    Presentacin / 13

  • guna disminucin debe eclipsar la grandeza, ladignidad de la persona. A veces, con un lenguajeexagerado, pomposo, se dice que con la decaden-cia corporal aparece una nueva identidad del serhumano. En un sentido relativo, es admisibleesta afirmacin. Pero tales cambios, dolorosos,molestos, no tienen por qu constituir una heridamortal a la identidad humana, que permanece enlo esencial a travs de los ms variados avatares dela vida. Hemos de reconocer que en una sociedadque alimenta de modo poco lcido el dolo deuna juventud perenne