10 Palabras Clave Ante El Final de La Vida

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    22-Oct-2015

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<ul><li><p>10 palabras claveante el final de la vida</p><p>Francisco Javier Elizari Basterra (director)</p></li><li><p> Editorial Verbo Divino, 2007. Printed in Spain.Impresin: Grficas Lizarra, Villatuerta (Navarra).Depsito legal: NA. 381-2007.</p><p>ISBN 978-84-8169-712-4</p><p>Editorial Verbo DivinoAvenida de Pamplona, 4131200 Estella (Navarra), EspaaTelfono: 948 55 65 11Fax: 948 55 45 06Internet: http://www.verbodivino.esE-mail: evd@verbodivino.es</p><p>Dibujo de tapa: Miren Sorne.</p></li><li><p>Colaboradores .......................................... 7</p><p>Presentacin ............................................. 11Francisco Javier Elizari Basterra </p><p>Morir, hoy ................................................ 19Salvador Urraca Martnez </p><p>Cuidados paliativos .................................. 67Javier Barbero Gutirrez</p><p>Calidad de vida ....................................... 115Francesc Torralba Rossell</p><p>Muerte digna ........................................... 155Marciano Vidal Garca</p><p>Dar malas noticias ................................... 199Jos Carlos Bermejo Higuera</p><p>Limitacin del esfuerzo teraputico .......... 245Juan Carlos lvarez Prez</p><p>Alimentacin artificial ............................. 303Juan Aristondo Saracbar</p><p>Eutanasia ................................................. 345Francisco Javier Elizari Basterra</p><p>Contenido</p></li><li><p>Voluntades anticipadas............................. 389Ana Mara Marcos del Cano</p><p>La muerte clnica ..................................... 427Juan Luis Trueba Gutirrez</p><p>6 / Colaboradores</p></li><li><p>Juan Carlos lvarez Prez. Doctor en Medicinay Ciruga. Jefe clnico del Servicio de Urgenciasdel Hospital San Francisco de Ass, de Madrid.Codirector del Master en Biotica de la U. P.Comillas. Profesor de los Master en Biotica dela Universidad Complutense de Madrid y de laIPS/OMS. Profesor de la Facultad de Medicina,Universidad San Pablo-CEU. </p><p>Juan Aristondo Saracbar. Doctor en Teologapor la Universidad de Lovaina (Blgica). Pro-fesor de Moral en la Facultad de Teologa delNorte de Espaa, sede Vitoria-Gasteiz.</p><p>Javier Barbero Gutirrez. Psiclogo clnico.Magster en Biotica. Adjunto del Servicio deHematologa del Hospital Universitario LaPaz, de Madrid. </p><p>Jos Carlos Bermejo Higuera. Director del Cen-tro de Humanizacin de la Salud de los Re-ligiosos Camilos, de Tres Cantos (Madrid).Director de la Escuela de Pastoral de FERS,Madrid. Director del Master en Counsellingy del Master en Humanizacin de la Inter-vencin Social de la Universidad RamnLlull en Madrid. Profesor en el Camillianum,Roma.</p><p>Colaboradores</p></li><li><p>Francisco Javier Elizari Basterra. Profesor de Bio-tica durante 30 aos en el Instituto Superiorde Ciencias Morales, Madrid. Miembro duran-te varios aos de la Comisin Nacional deReproduccin Humana Asistida.</p><p>Ana Mara Marcos del Cano. Profesora titularde Filosofa del Derecho, UNED. Secretariageneral de la UNED. Profesora de Bioticaen el Instituto Superior de Ciencias Morales,Madrid. Directora del Curso de Experto enBioderecho, UNED. Directora del Curso deExperto en Inmigracin y Multiculturalismo,UNED.</p><p>Francesc Torralba Rossell. Profesor titular deFilosofa de la Universidad Ramn Llull,Barcelona. Investigador del Instituto Borjade Biotica, Barcelona. Director del AnuarioArs Brevis. Presidente del Comit de ticaAsistencial de la Fundacin SAR. Miembrodel Comit de tica Asistencial del HospitalSan Rafael, Barcelona. Jefe Acadmico de laCtedra Ramn Llull-Blanquerna. </p><p>Juan Luis Trueba Gutirrez. Doctor en Medicinay especialista en Neurologa. Profesor asociadode Medicina (Neurologa) en el Hospital Uni-versitario Doce de Octubre, Madrid. Presidentede la Asociacin de Biotica Fundamental yClnica. Profesor y miembro del ConsejoAsesor de la Ctedra de Biotica, UniversidadP. Comillas, Madrid.</p><p>Salvador Urraca Martnez. Doctor en Psicologa.Licenciado en Filosofa y Letras. Profesor titularde Metodologa en la Facultad de Psicologa dela Universidad Complutense de Madrid. Coor-dinador del rea de Psicologa y Medicina dela revista Jano (1985-1996).</p><p>8 / Colaboradores</p></li><li><p>Marciano Vidal Garca. Profesor ordinario en elInstituto Superior de Ciencias Morales, Ma-drid. Ha enseado, como profesor ordinario, enla Universidad Pontificia Comillas, Madrid, y,como profesor invitado, en la AcademiaAlfonsiana, Roma.</p><p>Colaboradores / 9</p></li><li><p>Si tuviramos que destacar una idea dominan-te en 10 palabras clave ante el final de la vida, stabien podra ser la aspiracin a un morir mejor, esdecir, ms humano, referido no slo al instantepostrero de la vida, sino, sobre todo, a su fase lti-ma, ms o menos larga. Porque el morir en nues-tra sociedad es manifiestamente mejorable.</p><p>Al perseguir este objetivo, no podemos olvi-dar que la mejora del morir tiene tantas carascomo personas. Este punto es capital, pero siqueremos trabajar lcidamente en el empeo, esnecesario recordar que cada momento histrico,cada sociedad, deja, en algn grado, su propiahuella en la ltima etapa de la vida por medio denormas, leyes, costumbres, ritos, ideas ticas, prc-ticas mdicas, creencias, aspiraciones, temores, in-terrogantes, etc.</p><p>Aunque mucho de lo aqu expresado es vli-do tambin para otros lugares, la imagen quesirve de marco de referencia es la de la sociedaddesarrollada. Si nuestro horizonte ms directohubiera sido el morir en reas menos desarrolla-das, habra sido preciso cambiar no pocas pala-bras, pues all el final de la vida y toda ella estmuy marcado por la pobreza y sus tremendassecuelas. En dichas zonas, graves cuestiones dejusticia subyacen al modo de morir. </p><p>En algunas partes de la sociedad desarrollada,hacia finales de los sesenta o principios de los</p><p>Presentacin</p><p>Francisco Javier Elizari Basterra</p></li><li><p>setenta (siglo XX) se extiende paulatinamente enla conciencia social una sensacin nueva: muchospacientes mueren mal o, dicho con otras pala-bras, de modo no deseable. En esta imagen delmal morir entran componentes variados: dolor,sufrimientos, prolongacin considerada excesivade la vida, decadencia del paciente, etc. La nuevapercepcin no se poda achacar al morir en cuan-to tal, sino permtaseme la expresin al malmanejo del morir, a una mala gestin, cosa per-fectamente evitable. Las conexiones del malmorir, en ese momento, eran numerosas: entreellas, no pocos destacan, como muy importante,los grandes avances tecnolgicos aplicados a lamedicina, capaces de prolongar la vida, a veceshasta condiciones muy penosas. Semejante proe-za tcnica pudo contar, en ocasiones, con todaslas bendiciones de un aliado, la idea moral de lasantidad de la vida, tal como era entendida poralgunas corrientes, no por todos. </p><p>La conciencia del mal morir no se quedentonces callada: formul quejas, acusaciones,deseos de cambio. Las sugerencias e intentos demejora eran variados. Desde la tica y las leyes sebusc poner algn freno a la lgica desbordadade la tecnologa en medicina. Una de las formas dehacerlo fue el nfasis tico y legal puesto en laautonoma del paciente (consentimiento infor-mado, rechazo de tratamientos, voluntades antici-padas, etc.), en la esperanza de contrarrestar elpaternalismo mdico y el orgullo tecnolgico des-medido.</p><p>Otra respuesta digna de subrayar es la crea-cin progresiva, lenta, de los cuidados paliativos,una cara muy distinta de la otra medicina, agre-siva, tecnolgica. Por encima de estos cuidados,y de modo ms general, se prest ms atencin ala formacin de los profesionales sanitarios enorden a mejorar la comunicacin con el pacien-te, en lnea con el nuevo dogma de la autonoma.Gracias a todo ello y a otras iniciativas, hemos de</p><p>12 / 10 palabras clave ante el final de la vida</p></li><li><p>reconocer pasos muy positivos; los avances hansido importantes, pero los caminos por recorreren esa direccin son largos. </p><p>Centrndonos en la sociedad desarrolladaactual, dnde colocar los acentos en el empeopor mejorar el final de la vida de los pacientes?Sin ninguna pretensin exhaustiva, indiquemosalgunos.</p><p>Muerte y decadencia del ser humanoEl primer punto dice relacin a un cambio</p><p>cultural respecto a la percepcin de la muerte yde las disminuciones en el ser humano. Si logramosuna transformacin en este campo, habremoscreado unas condiciones ms favorables para unmejor morir. Todos estamos invitados a esta tareasaludable, aunque envuelta en dificultades.</p><p>Hemos de ser capaces de hablar con norma-lidad de lo que es normal y no solemos mencio-nar. No se trata de complicados discursos filos-ficos o de reflexiones religiosas, todo lo cual tienesu lugar dentro de las opciones personales ypuede representar una aportacin valiosa en estamateria. Hablamos de algo ms sencillo. Lamuerte no es un mero accidente de la vida; es unhecho inevitable que forma parte de toda exis-tencia humana. Se trata de la aceptacin prctica,no meramente terica, de nuestra condicinmortal, con las correspondientes derivadas en larealidad.</p><p>Es, tambin, importante integrar en nuestropatrimonio ordinario la imagen de la decadenciacorporal y psquica. La fragilidad, las disminu-ciones, la dependencia, que, por otra parte, sonacompaantes del ser humano en alguna medi-da y de diferentes formas a lo largo de la vida, sesuelen hacer ms presentes en la etapa final. Escomprensible que las consideremos como unaherida y hasta como una humillacin. Pero nin-</p><p>Presentacin / 13</p></li><li><p>guna disminucin debe eclipsar la grandeza, ladignidad de la persona. A veces, con un lenguajeexagerado, pomposo, se dice que con la decaden-cia corporal aparece una nueva identidad del serhumano. En un sentido relativo, es admisibleesta afirmacin. Pero tales cambios, dolorosos,molestos, no tienen por qu constituir una heridamortal a la identidad humana, que permanece enlo esencial a travs de los ms variados avatares dela vida. Hemos de reconocer que en una sociedadque alimenta de modo poco lcido el dolo deuna juventud perenne, nos resultar mucho msdifcil asimilar la decadencia del cuerpo y de lamente.</p><p>Solidaridad ms que autonoma No se intenta ninguna exclusin o contrapo-</p><p>sicin, sino poner un cierto orden. La aportacinclave de la sociedad para mejorar el morir lleva elnombre de solidaridad u otros equivalentes. Lacalidad de los cuidados prestados a los pacientesen su fase final es, sin duda, su principal fuentede bienestar y debera constituir la prioridadsocial hacia ellos. Los cuidados paliativos son laimagen emblemtica de la solidaridad socialhacia quienes van a dejar este mundo. Siendo pri-mordial el tratamiento del dolor, hemos de tenercuidado para intentar dar respuesta a otros sufri-mientos del paciente. </p><p>Cuando apareci en la conciencia social lasensacin de que muchos mueren mal, se pusogran nfasis en la autonoma del paciente, enorden a corregir esa situacin. Fomentar que elenfermo tome decisiones y el respeto a sus deseoses una forma de afirmar la dignidad de la perso-na. Afortunadamente, este camino se va afian-zando entre nosotros. Sin cejar en ello, podemosaprender de Estados Unidos, el pas que, en con-junto, ms ha acentuado esta tendencia, para evi-tar algunos errores cometidos en ciertos modos</p><p>14 / 10 palabras clave ante el final de la vida</p></li><li><p>de exaltar la libertad. A veces, la familia era invi-sible y quedaba reducida al silencio, como si elenfermo hubiera de decidir siendo un hroe soli-tario. Con ello se oscureca o marginaba la valio-sa asociacin de la familia en las decisiones delpaciente y una importante aportacin al bienes-tar de ste. La libertad del enfermo no tiene porqu afirmarse a expensas de los fuertes vnculosde toda una vida familiar. Otro riesgo de la ex-cesiva exaltacin de la autonoma es una mayordificultad para integrar las pequeas o grandesprdidas de autonoma, frecuentes en la fasefinal.</p><p>La mayor contribucin al bienestar del en-fermo en la fase final de la vida no le llega desdelos mensajes de autonoma para decidir que lepuedan transmitir la tica y las leyes. Los buenoscuidados, el acompaamiento adecuado, sonpara l la gran fuente de sentirse mejor. Y si nosreferimos a la dignidad de la persona, cundo elpaciente tiene una experiencia ms viva de la pro-pia dignidad? El reconocimiento de su autono-ma es, ciertamente, una manera de valorarle,pero la conciencia de ser una persona valiosa vamucho ms unida al cario, al buen trato, a losbuenos cuidados. Solidaridad y autonoma sonnecesarias para un mejor morir; sobre todo, laprimera.</p><p>La obstinacin teraputicaEn los anlisis sobre la aparicin en la con-</p><p>ciencia social de la sensacin del mal morir,vimos antes la parte que se pudo atribuir al desa-rrollo tecnolgico aplicado a la medicina. Cules la situacin actual en este punto? Las respues-tas seguramente no son acordes. Probablementehemos dado pasos notables evitando la prolonga-cin no razonable de muchas vidas humanas.Pero todava parecen demasiado frecuentes losesfuerzos teraputicos sin sentido. La correccin</p><p>Presentacin / 15</p></li><li><p>es complicada: ha de ser obra de los mismosmdicos, de los pacientes, de las familias; necesi-tamos un justo manejo de las reivindicacionesante los jueces por actuaciones mdicas, etc.Quisiera insistir en una idea de fondo sobre lacual se necesitan esfuerzos educativos: la vida noha de prolongarse a cualquier precio. Si esta ideaentrara como parte del sentir general, a los mdi-cos se les evitaran situaciones muy incmodas ymorir sera menos complicado. </p><p>A veces, en esta materia, a las complicacionesmdicas, ticas y legales se les aaden otras pol-ticas y mediticas, especialmente en los casos msextremos. Esto ha sucedido en el caso tan aireadode Terry Schiavo. El final de la vida de esta mujeren estado vegetativo se vio envuelto en un con-flicto familiar, siendo unos partidarios de conti-nuar la alimentacin artificial, y otros, de inte-rrumpirla. Al debate sobre este tratamiento sesumaron polticos, medios de comunicacinsocial, personas religiosas, etc., todo lo cual dio alos hechos una imagen que degener en espec-tculo aprovechado para particulares interesesms que para dar un ejemplo de deliberacin ycontraste razonado de pareceres. Los casos extre-mos hay que abordarlos, pero el acento se ha deponer en la tica de cada da, y lo mismo podradecirse de las leyes. </p><p>La religin Finalmente, me acerco a un asunto que no</p><p>forma parte del horizonte habitual abordado ennuestra sociedad en relacin con el buen morir.Aporta o puede aportar algo la religin para queun paciente viva de forma ms humana, mssatisfactoria, el final de la vida? La respuesta nopuede ser uniforme.</p><p>Hay formas de lo religioso que no ayudannada; algunas incluso pueden empeorar la situa-</p><p>16 / 10 palabras clave ante el final de la vida</p></li><li><p>cin. Donde la religin se reduce a unos ritosmuy espordicos, sus efectos son prcticamentenulos o muy escasos. Existen, tambin, vivenciasreligiosas patolgicas, por ejemplo, de la fe cris-tiana, en las que domina de tal forma el temorque el final de la vida se ve poblado de fantasmasnegros e intranquilizadores, a pesar de que hayritos y formas de apaciguar los temores. As esdifcil morir bien. Sin embargo, personas no reli-giosas, sean profesionales de la medicina o no,tienen experiencias de cmo una vivencia madu-ra de la fe cristiana algo parecido es aplicable aotras religiones influye poderosamente en unmorir pacfico, sereno y hasta gozoso, aun sin lle-gar al grado de san Francisco de Ass, que, siendouna persona...</p></li></ul>