Leadbeater Charles En el crepusculo

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Leadbeater Charles En el crepusculo

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  • 1. En el crepsculo C. W. LEADBEATER www.santimonia.com
  • 2. Reunidos unos cuantos individuos, a la cada de la tarde, en amigable pltica, laconversacin recay sobre el suicidio. Reunanse de este modo una vez al mes, cuandoel sol, al ocultarse, invita a participar de la quietud que se esparce sobre la naturaleza;los habitantes de las grandes ciudades no gozan de esa hora de silencio del crepsculovespertino; en ellas no se oyen los sonidos encantados de las campanas tocando avsperas uno y otro da. El pequeo crculo sola discutir un punto cualquiera deinters que hubiese surgido dentro de la esfera de percepcin de cualquiera de susindividuos en el mundo fsico, en el astral y en el mental; y el nmero de suicidiosregistrados a la sazn por los peridicos, haba hecho recaer la conversacin, esta vez,en asunto tan debatido (1).-Si se pudiese hacer comprender a esa gente que no pueden matarse, - observ el Pastormeditabundo; - que slo consiguen libertarse de sus cuerpos, y que indudablementepierden en ello, puede ser que no se mostrasen tan dispuestos a abrirse agujeros en elcuerpo o a hacerlos en el agua.Ah est la dificultad, - dijo el erudito. -Las horrendas historias que nos refieren nuestros videntes de los resultados del suicidioen el mundo astral no son muy conocidas del pblico, y aunque se las conozca no soncredas.-En mi opinin, pintan un infierno real y verdadero, -coment la Marchesa. - Uno denuestros videntes me refiri una historia el otro da, que era tan espantosa en sushorrores, como cualquiera de las descripciones del Infierno de Dante.-Contad la otra vez, oh Vagabundo Astral! - exclam el ms joven de la reunin, cuyoapetito por cuentos era insaciable. - Contadla otra vez.-Pues bien: trtase de una historia horripilante, - principi diciendo el Vagabundo entono tmido y de excusa. - Hace algunos cientos de aos haba dos amigos, mediomercaderes, medio aventureros, que por algunos aos haban viajado juntos,compartiendo la buena y la mala fortuna. El ms viejo, Hassn, haba salvado al msjoven, llamado Ibrahim, de perecer de hambre y sed en el desierto; pues lo encontrtendido sin conocimiento junto a su camello, al cual haba matado para obtener unltimo sorbo. Hassn, que pasaba a la sazn solo por aquel sitio para ir a reunirse con sucaravana, encontr sobre las ardientes arenas al hombre y la bestia, ambos muertos en laapariencia. El corazn del hombre, sin embargo, lata an dbilmente, y pudo revivir lobastante para que Hassn lo montara sobre su camello y lo salvara. Ibrahim, que eramontaraz, temerario y colrico, sinti desde aquel da una afeccin loca por su salvador,y durante algunos aos vivieron como hermanos. Sucedi que tropezaron casualmente 1
  • 3. con una banda de rabes, y vivieron un poco de tiempo con ellos; y entonces quiso lamala suerte que la hermosa cara de la hija del jefe atrajera las miradas de ambos, ylos dos hombres se enamoraron perdidamente de la misma muchacha. El carcter deHassn, ms firme y bondadoso, se capt su confianza y su cario, mientras que lapasin furiosa de Ibrahim slo le causaba terror; y cuando ste se di cuenta de laverdad, despertse el tigre en la salvaje naturaleza del joven. Devorado por furibundoscelos, Ibrahim resolvi, en meditacin sombra, conseguir a toda costa su deseo, y mata Hassn traidoramente en ocasin en que ambos tomaban parte en un combate contrasus enemigos; luego parti a galope al campamento, saque la tienda del jefe, ycogiendo a la muchacha, la atraves sobre su veloz camello y huy. Durante un brevetiempo vivieron juntos, poca tormentosa de pasin febril y de sospechas celosas porparte de l; de sumisin sombra y de constantes planes de fuga por parte de ella. Unda, al volver de una corta excursin, encontr la jaula vaca, que el pjaro haba voladoy que sus tesoros haban sido robados. Furioso por su amor burlado y por el odio, labusc locamente algunos das, y por ltimo, en una tempestad de celos y dedesesperacin, se arpoj en la arena, se degoll, y balbuciendo una maldicin, expir.Un choque como de fuerza elctrica, una llamarada de fuego crdeno, una agonaconcentrada de tejidos que se desgarraban, de partes que se separaban con violencia, yla estremecida forma etrea fue violentamente arrancada de su denso doble, y aquelhombre ciego y alocado se encontr an vivo, mientras que su cadver yaca inertesobre la arena. Tras confuso torbellino de sensaciones, de agonizante lucha, como la delnadador ejercitado cuando se hunde bajo las olas, Ibrahim se encontr en el mundoastral rodeado de lgubre y densa obscuridad, un ser vil en todos sentidos, desesperadoy abrumado de horror. Los celos, la rabia, la furia de la pasin burlada y del amortraicionado, desgarraban las cuerdas de su corazn, y la fuerza de aquellas, que ya no segastaba en mover la pesada masa del cuerpo fsico, infliga una agona mucho msaguda de lo que jams soara como posible en la tierra. La forma sutil responda a cadapalpitacin del sentimiento, y cada dolor centuplicaba su fuerza as que los sutilessentidos contestaban a cada oleada de angustia, porque no exista la muralla del cuerpoque quebrantase la fuerza de aquellas olas cuando se precipitaban sobre el alma. Ah,aun dentro de este infierno, un infierno todava ms negro! Y qu es esa cosa informe,horripilante, que flota a su lado como llevada por una corriente invisible, sin sentido,ciega, con indicaciones horribles de heridas siempre abiertas, con cogulos de sangreftida? El aire se hace an ms pesado y ms ptrido a medida que aquella cosa avanza;y es el viento lo que, cuando aquello pasa, gime: Hassn!... Hassn!... Hassn!?Con un grito ahogado en un ronco sollozo, Ibrahim salta hacia adelante y se precipitaloco, sin saber donde, para huir de este terror flotante, de este cadver aborrecido de unamigo traicionado. Seguramente ha conseguido escapar, ha huido con la velocidad deun antlope perseguido; al pararse anhelante, algo surge por encima de su hombro; miraaterrorizado en torno suyo... all est!Entonces principia una caza, si se le puede dar tal nombre cuando el cazador esinconsciente y pende insensible del perseguido, pareciendo siempre deslizarselentamente, sin objeto, y sin embargo, siempre al lado, corra el otro la que quiera.Abajo... ms abajo, en precipicios sin fondo de lbregos vapores, una pausa, y elhorripilante contacto de la masa informe flotante, con todo el horror que la envuelvecomo una nube. Fuera, fuera de aqu!A las cavernas ms asquerosas del vicio, donde las almas encadenadas a la tierra serefocilan en las orgas ms abyectas, y aquellas aglomeraciones le protegernseguramente contra el temido intruso; pero no, avanza flotando como si all no existiesemultitud alguna, y aparentemente sin objeto se balancea junto a sus hombros. Si 2
  • 4. hablase, si maldijese, si viese, si diese deliberadamente fuertes golpes, un hombrepodra hacerle frente; pero esta masa ciega, silenciosa, informe y flotante, con supresencia lgubre persistente, es enloquecedora, intolerable, y, sin embargo, no haymedio de escapar de ella. Oh! Quien estuviera otra vez en el ardiente desierto, con elfirmamento sin lmites encima, hambriento, robado, traicionado, abandonado, pero enun mundo de hombres fuera de estos horrores insensibles, flotantes, en profundidadessin aire, lgubres, viscosas!Los tonos tranquilos del Pandit rompieron el silencio en que se haba desvanecido lavoz del Vagabundo:-Eso parece hacer ms reales las pinturas de Naraka. No son cuentos de viejas, despusde todo, si el mundo astral contiene tales resultados de los crmenes cometidos aqu .-Pero Ibrahim no ser perseguido siempre de este modo, - dijo nuestro jovenzuelocompasivamente, a la vez que en su aura vibraban ondas del ms precioso color rosado.-Seguramente que no, - contest el Vagabundo, sonriendo. - El infierno eterno no esms que un espantoso sueo de la ignorancia que ha seguido a la prdida de la gloriosadoctrina de la reencarnacin, que nos demuestra que todo sufrimiento no hace ms queensear una leccin necesaria. Ni todos los suicidas aprenden sus lecciones encircunstancias tan tristes como las que rodeaban al desgraciado Ibrahim. Contadnos,Pastor, ese asunto del suicida, a quien vos y nuestro jovenzuelo habis ayudado laotra noche.-Oh! No puede llamarse una historia! - dijo el Pastor, perezosamente. - Es una meradescripcin; pero tal como es, all va. Haba un hombre que se vi agobiado por grannmero de desgracias que le atormentaron hasta un punto inadmisible, en una palabra,hasta el punto de producirle una fiebre cerebral. En su estado normal de salud, era muybuena persona; pero se vi reducido a una lastimosa ruina de nervios dislocados. En esteestado pasaba una noche por un campo en donde haca unos sesenta aos que uncalavera se haba suicidado; y este elementario, atrado por su mrbida melancolase peg a l y empez a insinuarle pensamientos de suicidio. Este calavera habaderrochado su fortuna en el juego y en la mala vida, y culpando al mundo de susdesaciertos, se haba matado, jurando vengar en otros sus supuestos agravios. Esto lohaba llevado a cabo, induciendo al suicidio a gentes cuya situacin de nimo los dejabaabiertos a su influencia, y nuestro pobre amigo fue vctima suya. Despus de lucharunos das contra estos impulsos diablicos, sus excitados nervios cedieron, y se suicidpegndose un tiro en aquel mismo campo. De ms est el decir que se encontr al otrolado en el subplano ms bajo de Kamaloka, en me