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BOLETIN “EL CINCEL”

Edición Especial

Preuniversitario Popular y Revolucionario

...”Que Chile vuelva a ser el País de los Trabajadores, el de los más humildes y el

de los Luchadores Incansables...”

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INDICE

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2.- Indice. 3.- Editorial.

4.- Notas sobre el Chile del Bicentenario y sus Recursos Naturales.

6.- Paradigmas Educativos.

8.- Bolivia, un hermano Bicentenario.

10.- Alcances de la Organización Territorial al Bicentenario.

11.- La otra Patita de Cueca

12.- Entrevista.

15.- A 100 años de “Lo Popular” en el discurso de la prensa. 1910-2010

16.- L a C i u d a d d e l H o y

19.- Dos Fotos sin Maquillaje

21.- Glosa Propósito de la Revolución en Latinoamérica.

23.- Agenda Cultural

EQUIPO EJECUTIVO:

-Roberto Vargas, Rodolfo Quiroz, Gerardo Pando, Bernardo Toledo.

EQUIPO EDITORIAL:

-Laura de las Heras, Andrés Celis, Alejandro Urbina, María Fernanda Oliva-res

DISEñO Y DIAGRAMACION:

-Joaquín Campillay

EQUIPO EDITORIAL

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EDITORIAL

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“Chile será para el Bicentenario un país mejor”, Michelle Bachelet.

Estimados amigos y amigas, compañeros y com-pañeras, trabajadores y trabajadoras, pobladores y pobladoras. Con esta frase de la popular ex Presiden-ta de Chile, queremos iniciar la Edición Especial Bi-centenario del boletín El Cincel. Por la contundencia e ignorancia contenida en la afirmación, no nos permiti-mos postergar ni un momento la siguiente interrogan-te: ¿Es en verdad Chile un país mejor ahora que nos encontramos sumidos en el año del Bicentenario?

Para contestar la pregunta habria que repasar pri-mero cuál es el Chile que tenemos hoy; luego, ver a quién le conviene este “mejor país” y finalmente, re-flexionar sobre si es el Chile que queremos, que soña-mos y por el cual luchamos.

A 6 meses del terremoto y maremoto que sacu-dieron nuestro ámbito geográfico, las familias de las regiones más dañadas todavía viven en precarias con-diciones, esperando la llegada de una vivienda digna y de un trabajo estable. A su vez, la pobreza del país se ha incrementado un 1,4% entre 2006 y 2009, pa-sando del 13,7% al 15,1% según la Encuesta Casen. Está claro, que la alegría nunca llegó. Hay 33 mineros atrapados bajo 700 metros, quienes han sobrevivido debido a la experiencia de trabajar siempre bajo pre-carias condiciones y a la fortaleza que tienen como grupo. Por otra parte, la justicia quiere obligar a comer a 32 comuneros mapuche en huelga de hambre, dete-nidos por defender sus tierras. Se siguen aprobando construcciones de termoeléctricas e hidroeléctricas para solucionar el problema energético de Chile, con costos de alto impacto para el ambiente, el trabajo de amplias comunidades, y sobretodo, para la salud de la población. Y así un largo etc. de contingencias y pro-blemas arrastrados por décadas, que develan una y otra vez, las fallas estructurales de un país controlado por una clase minoritaria que busca su beneficio eco-nómico en la explotación y la inseguridad de la gran masa trabajadora.

Frente a todo este panorama actual, ¿habrá algo que celebrar en el Bicentenario?

Para empezar sería bueno hacer un leve repaso a lo que han sido estos 200 años. En términos institucio-nales, hay que señalar que en 1810 la discusión a ata-jar era Monarquia o Republica; luego, en 1910, el inte-rrogante pasaba por ser industrializados o productores de materias primas; 100 años después, sigue siendo esta la misma pregunta, lo cual nos hace entender que hay una intención clara de no querer avanzar en esta problemática.

Ahora, también hay que señalar que en este último siglo los trabajadores chilenos, dieron grandes mues-tras de ser capaces de levantar un proyecto institu-cional de gobierno -como lo fue el de la Unidad Po-

pular- de organizarse, de ser solidarios con los de su clase, de producir, de culturizarse… En sí, de ser y hacer un país realmente desarrollado y efectivamente para el bienestar de todos y no de unos pocos. Si bien, todo ese poder creador fue aniquilado bajo las feroces garras de una dictadura nunca antes vista en el país. Dictadura que asesinó a su propio pueblo para soste-nerse, y que bajo las sombras de los fusiles introdu-jo un sistema político-económico que como suma, ha perpetuado el poder de una clase económica y política minoritaria que hasta el día de hoy sigue gobernando bajo distintos dizfraces y nombres.

Con todo lo anterior podríamos entonces declarar, que más que celebrar, hay que reflexionar sobre el Bi-centenario de la patria. Perder el miedo, sacarse los fantasmas de la derrota que por años nos han segui-do como pueblo, pues a pesar de todo, hemos sido capaces de ser un ícono de lucha dentro de nuestra América.

De este modo es como nos imaginamos un Chile mejor. Ese Chile inexistente para las luces del exitismo oficial del Gobierno y su Bicentenario. Un Chile soli-dario, trabajador, cariñoso, luchador y humano. Ese Chile que vemos en los mineros y sus familias con su inagotable espíritu de lucha y capacidad de salir adelante; ese Chile solidario y comprometido con los más pobres y con los golpeados por todas las catástro-fes naturales; el país de los trabajadores jóvenes que aún a riesgo de perder lo poco y nada que tienen de trabajo, se lanzan a levantar sindicatos, defender sus derechos y apoyar a otros compañeros; el país que asume que Chile surge de pueblos originarios, y que por lo tanto, merecen respeto, reconocimiento y tierras donde desarrollar su cultura; país que logra vencer el individualismo cuando apoya y solidariza con trabaja-dores o estudiantes en huelga o movilización, e inclu-so, cuando cede el asiento a alguien que es mayor; país que logra organizarse en pos de los suyos, cuan-do en los barrios y cerros se hacen platos únicos para la alivianar una enfermedad de algún vecino; país que sabe reclamar por lo que es de todos, como lo ocurrido últimamente con Punta de Choros y, hace ya varios años, con lo de los cisnes en Valdivia, Ralco y Pascual Lama; país que sabe divertirse, cuando en septiembre los cielos se cubren de volantines de colores; ese país que valora lo popular como lo propio y lo más noble y que no considera que lo revolucionario es parte de un pasado, sino el desafío de un prometedor futuro. Un país aún joven, pero sabio, que es capaz de enten-der que estos 200 años no son sólo 4 dias de fiesta y “tomatera”, sino una invitación a cuestionarse porqué después de tanto años, y de tanta riqueza producida, tanta pobreza y angustia aún es vivida por gran parte de los chilenos.

Inevitablemente esto nos hace preguntar, ¿hasta cuándo seguiremos siendo las manos que producen las riquezas de unos pocos? ¿Por qué no reemprende-mos la lucha para que desde este Bicentenario, Chile vuelva a ser el país de los trabajadores, el de los más humildes y el de los luchadores incansables?

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No cabe duda que el mal llamado ‘Bicentenario de la Independencia Nacional’, es una buena excusa para reflexionar sobre lo que ha sido el proceso de cons-trucción de la historia chilena. Al respecto, las reflexio-nes desarrolladas ante este hito se podrían agrupar entre aquellas ligadas a las clases dominantes, cuyo fin es legitimar, valorar e imprimir un aire de triunfa-lismo a lo que ellos llaman fiesta nacional, mientras que, de otra parte, están aquellas reflexiones que se esfuerzan por desenmascarar este discurso hegemó-nico y por construir un discurso alternativo. Las si-guientes notas se inscriben en este último horizonte.

Diversos son los temas que se podrían considerar para una reflexión crítica en torno al bicentenario. Por lo ge-neral, el grueso de los análisis se enfoca en las orga-nizaciones de trabajadores, en la clase dominante, en los proyectos políticos etc. En otras palabras, el eje de análisis es la ‘sociedad en sí’, no existiendo un co-nocimiento acabado de las relaciones de base socie-dad-naturaleza que son primordiales en el contexto de surgimiento y desarrollo de tales organizaciones y pro-yectos. Pues bien, a través de estos apuntes intenta-remos ampliar el arco reflexivo incorporando esta idea. Nos esforzaremos por esbozar cuál es el carácter de las interrelaciones entre naturaleza y sociedad en una determinada fase de desarrollo del capitalismo chile-no: la fase neoliberal del Chile del Bicentenario. Este estilo de crecimiento y de organización social impues-to en el país, ha determinado una particular forma de interacción sociedad-naturaleza , donde el uso de los recursos naturales del país está íntimamente vinculado con un estilo de crecimiento economicista definido por la explotación ‘privada – depredadora’ de los recursos naturales; explotación que los defensores de este mo-delo, por más que lo han dicho, no han podido diver-sificar, ya que la economía local sigue sosteniéndose fundamentalmente en la explotación minera del co-bre, que representa hoy el 51% de las exportaciones .

A fin de comprender su origen, se delineará el ca-rácter de la interrelación sociedad- naturaleza, des-de la perspectiva capitalista y luego se procederá a contrastar cómo dicha relación se expresa hoy.

En principio intentaremos esbozar brevemente, dos visiones antagónicas acerca de cómo se puede plan-

NOTAS SOBRE EL CHILE DEL BICENTENARIO

Y SUS RECURSOS NATURALES

Gisela López López- Eduardo González Navarro

tear, tratar de estudiar y entender la relación sociedad-naturaleza . La primera, parte del hecho de que la rea-lidad objetiva es una totalidad compleja en constante transformación, de ahí que: a) se conciba al hombre como parte de la naturaleza y a su desarrollo histórico condicionado por el tipo de relación que se establece entre ambos. Existe, en consecuencia, una dependen-cia del hombre, respecto a los recursos naturales, b) los estudios socio-históricos deben incluir el estudio del ambiente y sus recursos naturales y de esta ma-nera, evitar una abstracción a-temporal, ampliando las posibilidades de reflexión, c) desde este enfoque se deben examinar sociedades históricas concretas, puesto que las diferentes maneras de interacción con la naturaleza y sus recursos, condicionan distintos comportamientos y formaciones económico sociales.

Contrariamente a la óptica señalada, encontramos hoy, la visión hegemónica planteada desde el capitalismo. Ésta se caracteriza, al menos, por lo siguiente: a) la naturaleza es entendida como una fuente de recur-sos explotables, económicamente rentables y no en su condición sistémica; b) desde aquí se establece una división entre recursos naturales de otras partes de la naturaleza ‘no valiosas’ como fuente de valori-zación del capital, y c) en la lógica de valorización del capital, se establece un raciocinio de búsqueda por el ‘crecimiento permanente de la economía’ o por el de-sarrollo unidireccional y ascendente, es decir, por acu-mular y acumular riqueza a partir de la explotación de ciertos recursos naturales, lo que conlleva el supuesto -erróneo por cierto- de que la naturaleza es ilimitada.

Véase Brailovsky, Antonio y Foguelman, Dina. Memoria Verde. Historia ecológica de la Argentina, Editorial Sudamericana S.A, Buenos Aires, 1991, pp., 9-21 González, Raúl y Trautmann, Marilú. “Minería privada, el saqueo en números”, Diario UNO, 23 de mayo de 2010, p., 8. Vitale, Luis. Hacia una historia del ambiente en América Latina, Edito-rial Nueva Imagen S.A, México DF, 1983, pp., 9-25.

Por su parte, la ‘novedad histórica’ del Chile del Bicente-nario radica en que el país está en “manos extranjeras”. Es decir, los ejes fundamentales de su economía son controlados por capitales foráneos que se expresan en su dominio de recursos como el agua, electricidad, gas y por supuesto, en la minería del cobre. Este proceso se explica por las privatizaciones sistemáticas impulsadas por el neoliberalismo pinochetista y concertacionista.

Sobre el cobre cabe recordar que Chile tiene una larga tradición de explotación de este recurso natu-ral por parte de sociedades extranjeras, sólo interrum-pida por el ‘interregno’ de la nacionalización realizada por el gobierno de la Unidad Popular. En la actualidad, la Gran Minería Privada produce la mayor proporción del Cobre que se exporta. CODELCO, la empresa Es-tatal, ha pasado de producir el 95% del cobre (luego de

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la nacionalización) a poco más de una cuarta parte. Sin embargo, CODELCO aporta al fisco más de 4 millones de dólares por tonelada extraída, mientras que el sec-tor privado lo hace solo en 1,7 millones de dólares .

Hoy la humanidad no puede vivir sin electri-cidad y esta última sin el cobre es inviable. Es decir, el mundo no puede vivir sin cobre y el 50% del cobre que necesita la humanidad es chileno . Los estudios de proyección de explotación de cobre afirman que Chile tiene una capacidad extractiva, sólo hasta 150 años más, es decir, algo así como dos generaciones.

Si consideramos que el cobre es un mineral no renovable, debemos entender que su extracción im-plica que parte de la riqueza natural y económica del país disminuye para siempre. En el esquema neolibe-ral de privatización, vía concesión, estas riquezas van a la burguesía transnacional y no quedan en el país.

La mirada del Chile del Bicentenario, des-de la interrelación sociedad chilena-naturaleza es preocupante, dado que en la actual formación social capitalista, la humanidad ve amenazada su existen-cia ya sea por el impacto del cambio climático o bien porque importantes fuentes de riqueza proporcio-nadas por el ambiente están en vías de desapare-cer. El capital debilita y destruye sus propias bases de producción . Nuestro país, controlado por el ca-pital extranjero, realiza su aporte en esa dirección.

La lógica de “crecimiento sostenido y permanente” im-pulsada por esta (i)rracionalidad que ve a la naturale-za como una fuente inagotable, sin límites de rique-zas, adquiere hoy más que nunca signos alarmantes.

De lo anterior se desprende la tarea de convertir los temas de ecología en un reto político, es decir, am-pliar la reflexión, la generación de planteamientos,

de movilizaciones sociales, en fin, ensanchar el es-pacio de construcción política. Tal tarea es un im-perativo del actual proceso de lucha de clases; es por consiguiente, un desafío de aquéllos que nos identificamos con los anhelos de transformación ra-dical de la sociedad en un sentido anticapitalista.

En el ‘Chile de Bicentenario’ se hace más urgente que nunca poner en el centro de la lucha política el resca-te de la propiedad nacional de los recursos naturales. El rescate de lo que Eduardo Galeano, inteligente-mente llamara, “las fuentes subterráneas del poder” .

González, Raúl y Trautmann, Marilú. “Chile en Manos extranjeras”, Dia-rio UNO, 6 de junio 2010, p., 8-9. González, Raúl y Trautmann, Marilú. “Minería privada, el saqueo en números”, Diario UNO, 23 de mayo de 2010, p., 8.

Alcayaga, Julián. Manual del defensor del Cobre, edición electrónica, www.defensadelcobre.cl p., 16 Esto es lo algunos marxistas han llamado “teoría de la segunda con-tradicción del capital”, Galafassi, Guido. Reseña de “Causas Naturales. Ensayo de marxismo ecológico” de James O’connor, Revista Theomai, Argentina, Edición electrónica, N° 5, 2002. Galeano, Eduardo. Las venas abiertas de América Latina, Edición electrónica, www.rebelión.org, p., 114.

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Una realidad cierta en el ámbito educacional, pero que no es posible advertirla inmediatamente - por la concepción predominante de sentido común (lo neutro, lo objetivo)- es el hecho de que cualquier proyecto educativo es el resultado de una ideolo-gía dominante que articula una imagen de sociedad que es necesaria de adquirir y reproducir en toda la población y sobretodo, en las clases dominadas.

Con esto se refiere Gramsci al concepto de he-gemonía al mencionar que el poder de una clase so-bre otras, no está dado simplemente por el control y aplicación de aparatos represivos del Estado como la policía o el ejército, pues si así lo fuera dicho poder sería relativamente fácil de derrocar (bastaría opo-nerle una fuerza armada equivalente o superior que defendiera dichas clases). Dicho poder está además sostenido y reforzado por la cultura que aquellos que están en el poder logran ejercer sobre la población, a través del control del sistema educativo, de las insti-tuciones religiosas y de los medios de comunicación.

Dentro del ámbito educativo, el paradigma cons-tructivista importado desde España como esquema educativo ideal de una sociedad desarrollada de ha-bla hispana, representa desde hace años en Chile la batuta pedagógica. Dentro de los países en vías de desarrollo –en el que se incluye Chile- uno de los argumentos más reiterados para aplicar este para-digma es que si este modelo lo usan los países de-sarrollados, a los países en vías de desarrollo les debiera funcionar de igual manera. Así de básico.

A grandes rasgos, el paradigma Constructivista, representa el imaginario posdictadura de sociedad democrática, en la cual se intenta romper con la re-lación vertical entre profesor y alumno, dándole ma-yor protagonismo y autonomía a este último, mientras que el docente sería sólo un “mediador” del proceso de enseñanza-aprendizaje. Todo sostenido bajo el precepto de que cada estudiante construye de mane-ra individual su propio conocimiento, pues representa una estructura que relaciona los saberes adquiridos en la educación formal con sus experiencias previas.

Esto, que haría pensar que la formación de pro-fesores y el sistema educativo en general, poseen un fuerte respaldo estatal, como lo es en los países de-sarrollados que hoy se miran como ejemplo, en rea-lidad no es más que el desligue creciente del Estado en materia de educación. En el plano docente, refor-

PARADIGMAS EDUCATIVOSBoris Padilla G.

mas como la LGE que han permitido que el profesor no sea necesariamente un profesional de la educa-ción para poder impartir clases, ha generado que el mercado educacional siga creciendo en desmedro de políticas estatales, pues se le permite ofrecer va-riados programas de validación docente en perío-dos de formación irrisorios o bastante cuestionados.

Ello no ha hecho más que desprestigiar y desva-lorizar la labor del profesor dentro del mundo educa-tivo en particular y de la sociedad en general; al bor-de de ser considerado casi un fracaso profesional.

Estas modificaciones educacionales, bajo la retóri-

ca de la “igualdad de oportunidades” -que en realidad es la apertura del mercado de la educación- lo que ha ido develando paulatinamente es la clara intención de formar solamente una masa de obreros altamente pro-ductivos, en vez de la formación de ciudadanos inte-lectuales, profesionales y/o técnicos (pero no menos productivos por cierto) a cargo de una planta docente de alta formación y preparación. Esto viene a conso-lidar la visión empresarial de sociedad, que en todo ámbito busca disminuir costos, optimizar la producción y aumentar la renta. En el caso educacional, se pri-vilegian determinadas asignaturas por sobre otras, los profesores se contratan por horas o por meses, pero se le intensifican sus exigencias laborales, y se busca la mayor cantidad de logros en mediciones como el SIM-CE, la PSU y PISA para captar más estudiantes y lograr reconocimientos e incentivos financieros. Ejemplos de ello, son la reducción en los contenidos de filosofía para incluir aspectos de psicología. Mientras que por otro lado, se reduce considerablemente las horas que puede dedicar un profesor a planificar y evaluar su tra-bajo, dedicando gran parte del tiempo a hacer clases.

Hoy en día, el sentido común suele preferir aquello que no está “contaminado” por influencias políticas o de otra índole, ya que da la sensación de que no puede haber malas intensiones en aquello que se hace desin-teresadamente. Pero, ante este escenario, resulta, sino

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de una ingenuidad extraordinaria, de una pasividad preocupante (o sospechosa), el aceptar que el actual ámbito educativo sea una práctica neutra y alejada de cualquier influencia o propósito. Los grupos económi-cos y empresariales chilenos y mundiales tienen claro el porqué de esta práctica educativa o de este modelo de educación. Más aún cuando la economía de Chile hace ingreso formal a la OCDE, el grupo de los más “ricos del mundo”. En definitiva, habría que reflexionar quién realmente se ve beneficiado de esta supuesta ausencia de influencias que el modelo educativo actual pregona.

Esto además nos lleva al análisis de la situación actual de los planes y programas, que si bien están enfocados a un aprendizaje cada vez más comple-jizado, no buscan bajo ninguna circunstancia inter-venir matices que afecten de manera estructural los conceptos sociales, morales, ni muchos menos polí-ticos o económicos de la manera actual de concebir la sociedad, promoviendo una concepción desligada de la historia, de su entorno y de cualquier aspecto a posteriori medular sobre nuestra forma de enten-der el mundo. Lo que se traduce en sujetos pasivos y con criterios e intereses exclusivamente pragmáticos.

De esta manera, el sector dominante de la socie-dad, busca mantener su poder sobre el sector opri-mido, imponiendo sus creencias, valores e ideología, y por sobre todo, conservar y reproducir la sociedad en que tiene lugar esta dominación, consiguiendo así un estado de homogeneización en el pensamiento y en la acción y restringiéndose la producción cultural e intelectual a todo aquello que conserve dicho estado de las cosas. Es por ello que se utilizan planes y pro-gramas únicos para todo el país, con dinámicas que se repiten un año tras otro e impidiéndole o dificultán-dole al profesor innovar, debido al poco tiempo que posee para pensar su quehacer, optando finalmente por adoptar, contradictoriamente al modelo construc-tivista adoptado, dinámicas verticales y paternalistas.

Una vez asegurada la persuasión de un sistema de creencias por sobre otro, esta contradicción pasa discretamente a un segundo plano y es así como se entiende que la educación actual y la sociedad en general se posicionan como la única posible. Es de esta manera como se hace evidente el hecho de que una sociedad, una cultura y en particular, una edu-cación deshistorizada no podrían jamás considerar concepciones y situaciones históricas que no sean las propias inmediatas, facilitando de esa manera el mantenimiento y la reproducción del status quo.

En el plano educativo, esta ausencia de contexto ha sido causal de diversas fuentes investigativas, la bús-

queda de metodologías, enfoques y consideraciones que apuntan a otorgar una dirección, un porqué a aque-llo que está escrito en la pizarra, aterrizando el conteni-do a lo cotidiano. Sin embargo, aún no logran regenerar una razón de vida para dicho contenido y para quienes los adquieren, sucumbiendo rápidamente frente a la calidad y cantidad de algoritmos que deben ser repe-tidos y, en el mejor de los casos extrapolados a otras situaciones similares. De esta manera se consagra la formación de sujetos que se remiten exclusivamente a la ejecución y perpetúan además la monopolización de las instancias donde se construye nuevo conocimiento.

Finalmente, en el ámbito de la práctica educativa, se hace fundamental el reconsiderar, analizar y criticar los planes y programas actuales. Entender qué ima-gen de sociedad representan y ver cómo se relacionan estos planes y programas con aquellos aspectos que resultan centrales a la hora de entregar una educa-ción estandarizada, con el fin de volcarlos hacia una práctica educativa que otorgue un panorama global del contexto donde se encuentran los estudiantes que reci-ben educación formal, con vistas hacia el desarrollo de sujetos críticos y con conciencia del lugar que ocupan en la sociedad, inclinando la balanza en el sentido de la construcción de una sociedad que supere las injusticias y la explotación. Una práctica educativa que entienda al conocimiento y la sociedad de forma integral, permi-tiendo entregar a los estudiantes conocimientos, diná-micas y capacidades asociadas a una mirada crítica y acorde con un rol protagonista en sus roles dentro de la sociedad, tanto en la actualidad como en el futuro.

Antonio Gramsci: Teórico marxista italiano. Su princi-pal aporte fue el considerar a la cultura como un factor crucial en la dominación de un sector de la sociedad por sobre otro.

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“…no queremos, ciertamente, que el Socialismo sea en nues-tra América calco y copia.Debe ser creación heroica…”

José Carlos Mariátegui

Bolivia es más de lo que su imagen internacional vende, es decir, es más que altiplano, charangos, zam-poñas, cholas y llamas. Es un país que tiene una historia condimentada con vastas luchas y combativos episodios, luchas que hasta el día de hoy perduran y gracias a las cuales tienen hoy de presidente a Evo Morales Ayma.

El Estado Plurinacional de Bolivia, extraordinaria-mente rico en recursos naturales, está a la vanguardia de los procesos de izquierda latinoamericanos y reconstruc-tores del socialismo, con una clara lógica comunitaria, gracias a su elevado componente indígena-campesino.

Hablando de democracia, Bolivia puede sen-tirse orgullosa en al menos dos aspectos funda-mentales para nuestras repúblicas latinoame-ricana: tener una Constitución que realmente contempla e impulsa el accionar político y social de todos sus ciudadanos y reconocer con todas sus de-rechos a sus 36 naciones originarias reconocidas.

Sin embargo, para los Estados Unidos, los países donde se benefician las grandes mayorías y no sólo un puñado de personas como suele suceder, los conside-ran piedra de tope o enemigos para sus intereses; de ahí todo el andamiaje comunicacional y financiero que se ensambla para desprestigiarlos y desestabilizarlos.

Según algunas investigaciones , Estados Unidos mediante la USAID (Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional) tiene destinado para este año 2,2 mil millones de dólares para Latinoamérica, y es en Bolivia donde se utiliza gran cantidad de aquel presu-puesto. Cabe agregar, que se suma a esto lo consignado para las zonas de catástrofe en Chile a raíz del terremoto.

En Bolivia, la USAID ha ejercido su injerencia de distintas maneras. Por una parte está el financiamiento a movimientos opositores a Evo Morales enraizados básicamente en la zona oriente, sobre todo en Santa Cruz . En el último tiempo se han experimentado una serie de movilizaciones de trabajadores públicos, cam-pesinos y pequeños comerciantes. También, se ha financiado a un grupo paramilitar en Bolivia, liderado por Eduardo Rózsa Flores, donde se preparaban per-sonas de la Unión Juvenil Cruceñista. Otra manera de

BOLIVIA, UN HERMANO B I C E N T E N A R I O

Leonardo

operación de USAID en Bolivia es mediante las ONG’s (Organizaciones No Gubernamentales), forma que hoy por hoy es la más acentuada. Estas ONG’s financian proyectos sociales, sobretodo campesinos con el fin de “ayudarlos”. Pero como nada es gratis en la vida, su objetivo es eminentemente político y por supues-to pretende generar contradicciones con el gobierno.

Hace muy poco, del Departamento de Pando ha sido expulsada la USAID, que por palabras del mismo Evo Morales es definida como “…una agen-cia de penetración ideológica-política en organi-zaciones sociales que busca consolidar intereses específicos del imperialismo en territorio nacional”

Es cierto que todas estas acciones y movilizacio-nes han golpeado al gobierno en su popularidad, pero también es completamente verdadero que algunas de-mandas y reivindicaciones son justas, y que el pueblo en su conjunto tiene todo el derecho de presionar para que se cumplan, pues muchas de ellas –y aunque sea un gobierno de izquierda- están obstaculizadas por la burocratización del Estado. El problema es que estas justas demandas se entremezclan con las maniobras desestabilizadoras promovidas desde Estados Unidos.

En el último tiempo, el gobierno boliviano ha sufrido reveses que más que alarmar, son señales que deben ser subsanadas. Por una parte, están las elecciones recién pasadas de Alcalde, Concejales, Gobernadores y Asambleístas, donde el MAS (Movimiento Al Socialis-mo, el partido de gobierno) no pudo ganar las alcaldías de La Paz, de Achacachi y El Alto. En este último, el movimiento derechista Unidad Nacional sacó un 40% del electorado. Estas 3 zonas son del Departamento de La Paz y eran consideradas bastiones del MAS, debido a las movilizaciones producidas históricamente a favor de los intereses del pueblo y en los últimos años, en apoyo a Evo, quien fue ratificado en las elecciones pre-sidenciales pasadas con un 81%, consolidando al bino-mio presidencial de Evo Morales y Álvaro García Linera.

Uno de los factores que hay que considerar para comprender el alto nivel de representatividad del Go-bierno (63% a nivel nacional en las presidenciales y un 68,5% en las municipales), y que luego se transforma en leve baja electoral o en una sensación de “retro-ceso” o “estancamiento” es que muchos de quienes pertenecieron anteriormente a la derecha y al centro político, desde un tiempo a esta parte se han ido alis-tando en las filas del MAS, con el fin de conseguir un puesto de trabajo y beneficiarse personalmente del proceso, no teniendo un real interés o conciencia del camino para generar el Socialismo Comunitario en Bolivia. En esto, el propio gobierno y amplios secto-

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res políticos y sociales reconocen que estos son ejem-plos de los mezquinos intereses particulares que aún existen, y que a ello se suma que todavía existe una élite dirigente que sólo designa y no se preocupa de-masiado de formar políticamente a sus militantes y a las bases populares. Saben que deben afrontar e ir erradicando desde hoy esos males para evitar du-ros y complejos procesos a mediano y largo plazo.

En este sentido, el MAS no es el típico y tradicional partido político de izquierda que encontramos en Chile. El MAS, en definitiva, es una gran confederación de organizaciones sociales; por tanto su lógica de creci-miento y de desarrollo político es de tipo sindicalista, de presión y negociación. Si a eso le sumamos las co-rrientes políticas existentes dentro, podremos entender que sus pasos sean más lentos y falentes. Que sea una gran confederación de organizaciones sociales tiene su arista más positiva en la extraordinaria inserción que tiene en la población; la masividad con la que cuenta es gigante, pero encuentra su punto frágil en cuanto a la consolidación política y en la aún minoritaria can-tidad de cuadros que puedan avanzar política e ideo-lógicamente a nivel masivo. En cuanto a esto, una de las maneras que se manejan y atisban como trascen-dentales es la decidida formación política tanto de sus

militantes como del pueblo, para así dar un salto cuali-tativo de sentidas, pero simples demandas reivindica-tivas a la defensa del gobierno como la consecución de una sociedad realmente justa y digna para todos.

Aún así, y a pesar de que falta mucho, estos pro-blemas son aún menores con respecto a los grandes e indiscutibles avances de Bolivia. Por lo mismo, y para evitar derrotas o crisis insostenibles, el gobierno de Evo y el MAS, como su principal fuerza política, saben que hay señales que se deben escuchar y reconocen que tienen el desafío de profundizar su proceso y en ello su-perar sus falencias en virtud de repensar su continuidad.

Sin duda que en este país se ha avanzado, no obstante falta mucho por profundizar, eliminar y crear para poder decir con real certeza que este proceso avanza a paso firme y de vencedores.

Reconocemos que Bolivia es una realidad distinta a la nuestra. Hay muchos tópicos que pueden ser ana-lizados en extensión y por cierto, de manera distinta, debido a las grandes diferencias que guardan ambos países en su estructura económica, social y cultural. No se puede analizar este proceso con lentes chilenos o desde lo que uno idealmente espera que se haga. Cada proceso tiene su ritmo, tiempo y métodos; pero lo legí-timo es que se mantenga el horizonte, y este horizonte no traspase los límites de la dignidad humana, como menciona con firmeza el Che, que hoy renace en las conciencias de este pueblo hermano en el que murió.

Si estamos convencidos de que Chile tiene que

cambiar. Y debe hacerlo en el sentido y en los inte-reses de los trabajadores y el pueblo latinoame-ricano; debemos aprender mucho de Bolivia. De cómo avanza, de cómo construye a niveles masi-vos la conciencia del pueblo e incluye sus falen-cias y errores para lograr superarlos satisfactoria-mente en todo el andar de su lucha y movilización.

“USAID, NED y CIA: La agresión Permanente” Eva Gollinger y Jean-Guy Allard. Ed: Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información, del Gobierno Bolivariano de Venezuela.

Intervención que también se hace en África, el medio oriente y varios países latinoamericanos, bajo –entre otros- el argumento de ser gobiernos “antidemocráti-cos” y que atropellan los derechos humanos.

Artículo Evo y USAID, en www.rebelion.org

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ALCANCES DE LA ORGANIZACIÓN TERRITORIAL AL BICENTENARIO.

Rodolfo Quiroz.

Hablar de la geografía del Bicentenario es una aven-tura colosal y necesaria. Esto porque tendríamos que describir y explicar la distribución de los chilenos, de sus actividades y sus interacciones con la naturaleza a lo largo y ancho de los doscientos años del territorio na-cional. Y en efecto, existen diversas posibilidades geo-gráficas para pensar un bicentenario. Sin embargo, hay una dinámica que trasciende. Se trata de los conceptos operacionales que la clase política dominante articuló para la organización territorial del país. Conceptos que en cierta forma, dieron vida a la República y se reinven-taron a partir del pulso de la economía internacional. Es necesario aclarar que el trazado del territorio chileno, no ha sido una línea rígida, sino cambiante e impuesta

por la fuerza. De ello muy bien lo sabe el Pueblo Ma-puche, que dentro de su historia con la Colonia Españo-la, tuvo una cierta autonomía territorial que progresiva-mente fue anulada por la ocupación del Estado chileno.

No es muy original decir que Chile es un Estado centralista. Más interesante es reconocer que este hecho es uno de los ejes centrales del poder político chileno. Cuando Diego Portales impulso la Constitu-ción de 1830 marcando el carácter unitario del país ya habían pasado seis constituciones (1812; 1814; 1818; 1822; 1826; 1828). En todas ellas, salvo el intento fede-ralista de 1826, se daba un énfasis a la concentración de las decisiones políticas en Santiago. La pieza clave de este proceso, fue el hecho de que los Intendentes fueran (y aún lo son) designados por el presidente de la República (1844). Este centralismo, fácilmente palpa-ble, si analizamos el trazado del ferrocarril que anexa-ba y buscaba solo aquellas localidades vinculantes a Santiago, generaba irritación por parte de algunas eli-tes de ciudades emergentes. De ahí los conflictos por autonomía en las provincias de Concepción (1851) y Atacama (1859), siendo rápidamente contenidos por Santiago. Haciendo un oficio simbólico por estos su-cesos, la Constitución de 1925 definió asambleas provinciales, que finalmente nunca fueron legisladas.

Tras la segunda guerra mundial, se concibió la idea

del Estado de Bienestar. Para el caso chileno, se arti-culó en función de la sustitución de las importaciones. Este proceso gatilló las mayores transformaciones ur-banas regionales de estos doscientos años. Asociado a la industria, afloraron los servicios, el comercio y la construcción. El país se volvió más complejo y al mis-mo tiempo las principales economías capitalistas del mundo concibieron el “ordenamiento territorial”, que vendría siendo la aplicación espacial de la economía keynesiana. Los Estados (entre ellos el chileno) debían ser capaces de ejercer una mayor democracia de sus territorios. En la década del sesenta, por primera vez en Chile la organización territorial del país era parte de la agenda política (campaña de Eduardo Frei Montal-va). Se creó la Oficina de Planificación Regional que planteó once regiones más la Metropolitana. Se dio un impulso productivo de inversión regional a través de la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO). Sin embargo, no hubo ruptura del proceso anterior y se siguió prevaleciendo el carácter centralista. Con la Dic-tadura Militar (1973-1990) el plano no fue tan diferente. Se implementaron las primeras formulas econométri-cas del territorio. La regionalización militar se basaba en la idea de los polos de desarrollo, que en definitiva establecieron un mayor tramado de desequilibrios terri-torios, haciendo más extensivamente la explotación de recursos naturales y una recomposición de centros y pe-riferias regionales. Aunque indirectamente del proceso regional, cabe destacar que en este proceso se descen-tralizaron ciertas funciones del Estado, como lo fueron algunas decisiones en Intendencias y Gobernaciones, y se buscó desconcentrar ciertas atribuciones del es-tado central a otros organismos territoriales, como fue el traspaso de la educación y la salud a los municipios. Pero toda esta dirección del proceso se debió a la llega-da de economistas de la escuela de Chicago, quienes desde fines del setenta, dieron los sustentos teoricos-ideologicos, para transformar el Estado de Bienestar en el actual Estado Neoliberal. Con los Gobiernos de la Concertación la historia es la misma, aunque simbó-licamente se generan dos nuevas regiones, pero sin tocar ni un margen de la Constitución que rige los tér-minos territoriales del país. Raya para la suma, existe consenso político del cómo se organiza el país. ¿Será que es conveniente a las lógicas del poder existente?

Pues bien, más allá que la regionalización y la orga-nización del territorio al Bicentenario sea fuente de jolgo-rio o crítica, hay que tener claro que no es azarosa, por el contrario, ha sido el resultado de fuertes reflexiones y mutaciones donde la clase política dominante ha diseña-do su propia lógica de poder y sin duda que lo ha hecho bien. Por tanto, ¿No sería conveniente reflexionar qué organización territorial podría ser más pertinente para el proceder político de los que se organizan para hacer de este país, uno más justo y solidario? A los 200 años aún no existe una propuesta, habrá que hacerla pronto,

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porque el que instala al espacio dentro de su proyecto social, instala el deseo insoslayable de la conquista.

LA OTRA PATITA DE CUECAAndrés Celis

Capsula: Extracto de Informe de Regionalización de 1975.

Creemos que este primer esfuerzo documentario de la Comisión Nacional de Reforma Administrativa (CONARA) servirá de útil guía a los niveles nacionales, regionales, provin-ciales y comunales para comprender el esfuerzo denodado que realiza nuestro país en esta etapa, iniciando el despegue económico paulatino, después de una dura coyuntura derivada del caos de todo orden que heredamos.Tenemos fe en el destino de Chile: su juventud, sus hombres, sus mujeres; su inmenso territorio, pleno de riquezas complementarias, muchas aún sin explotar; el mar de Chile con sus insospechadas fuentes de recursos; la Antártida chilena; el Pacífico, océano del futuro; su cultura y su unidad nacional.Creemos que la regionalización sin ser la solución a los problemas que arrastran por años, es la llave maestra que ha generado la motivación de técnicos y profesionales que, con el sistema antiguo, debían vegetar en las zonas alejadas de la capital, pues sus ideas y proyectos se desvanecían en el embrollo burocrático; y las largar y tediosas tramitaciones de documentes hacia y desde la capital que, una correa sin fin, dilataban toda solución, hasta que el cansancio hacía muchas veces abandonar positivas ideas. Ahora el panorama se ha revertido. Las nuevas responsabilidades, las futuras delega-ciones de atribuciones y el incremento presupuestario que traerá pronto la recuperación económica del país, más el panorama fértil de las inversiones extranjeras y de la diversi-ficación de las exportaciones, junto con despertar las iniciativas regionales, representan un desafío para todos los chilenos, a fin de ofrecer un terreno propicio a las inversiones mediante proyectos, estudios y capacitación humana.El desafío es positivo y los chilenos siempre han crecido en los momentos estelares de nuestra ejemplar historia patria. Ahora somos actores de ese desafío y nuestros hijos serán los orgullosos herederos de este proceso pionero.Esperamos este libro sirva de orientación de los complejos y variados estudios que componen la Reforma Administrativa integra y el proceso de Regionalización en que se encuentra abocado el Supremo Gobierno y, en especial, S.E. el Presidente de la Repúbli-ca, general de Ejército don AUGUSTO PINOCHET UGARTE, con el asesoramiento de esta Comisión Nacional, con el fin de transformar a nuestra Administración Pública en un ins-trumento ágil, moderno y eficiente, que sirva como impulsor de los planes de desarrollo económicos, físicos y sociales que llevaran a Chile a recuperar el sitial que le corresponde en el concierto de la naciones iberoamericanas.

Que hay características propias de cada pue-blo, eso sin lugar a dudas, pero de que se pueden ver más en la superficie, cuando este pueblo fes-teja, eso es una verdad que no se puede ignorar.

Nosotros, como buenos chilenos, solemos feste-jar para las fiestas patrias con algún asado o su em-panada, vino o chicha. Pero existe todavía un ma-yor distintivo; y es que incluso el más “Pokemon” de nuestro pueblo no se queda con las ganas de bailar una buena cueca. Y es ahí donde viene un enredo, pues, de pequeños, nos enseñan ese enjambre de movimientos nuevos como el ocho, el escobillado, la media luna, el zapateo, el pañuelo y tantos otros térmi-nos para poder traspasarnos este baile de tierra (como precisara Margot Loyola), cuyo origen hasta hoy es desconocido, pero que no sólo se practica en Chile, si no que en una gran parte de nuestra América del sur.

Mas, por falta de conocimiento en nuestras ense-ñanzas básicas o por simple exacerbación patria, nos sentimos orgullosos, por que la cueca como baile, es el oficial de “Chilito”, y nos representa a todos. Ahí preci-samente radica un problema. No siempre ha sido así.

Desde fines del siglo XIX, bastante antes de ser de-clarado baile nacional, la cueca ya era popular en todo el país, sin embargo, no se había cerrado su forma, ni su estructura como coreografía. Se bailaba como al pueblo le nacía, heredado en el más estricto rigor

folclórico; tradición del pueblo, pura y neta: El nieto que bailaba más zapateado que su padre, pero que le gustaba más la vuelta corta , o que en el norte es interpretada por bandas de bronces o que en Chiloé es mas larga o que en el centro existía la cueca larga obligatoria o voluntaria, ( como explica V. Parra en la introducción de su disco de la cueca) o incluso que se puede bailar solo si es en un velorio, eran un sin fin de gracias populares que se cortaron, cuando en el año 1979, bajo el Decreto No 23 de la Dictadura militar, se declaró que la cueca como baile nacional, tan solo de-bía ser bailada de una forma, una sola estructura y sólo unos pasos. Olvidando así, toda la tradición del pueblo, dañándola de esta manera en lo más profundo de su ser. Pues, a modo de ejemplo, se puede hacer una sola receta del pebre, pero no se puede obligar a todo un país a que se usen las medidas que ahí se indican. En-tonces ahora un baile de origen y variable popular, esta determinado a que sea una coreografía fría y única.

Extraño caso es lo que le siguió a esta orden de la dictadura: la proliferación de clubes de cueca que ense-ñaban el baile “oficial” a lo largo de todo Chile. Un país tan largo, con tantas características distintas: el clima, la comida, la ropa, las fiestas religiosas, las tradiciones por herencias o cercanías a pueblos originarios, etc. se ve sometido, además de la represión fáctica de aquellos años, nuevamente, pero en su expresión de fiesta, por tanto una represión ideológica . Así fue y así ha quedado.

Pero no me decaigo por esto, por que el pueblo chileno (como lo ha demostrado muchas veces) esta formado por hombres y mujeres creadores, por tanto, el pueblo igual baila la cueca agachado, como robán-dole la mirada a la compañera, y la baila de “jeans” en cualquier tipo de superficie, no sólo en salones o pretendiendo estar en ellos. Lo hace sobre tierra o sobre pasto o simplemente donde quiera, aún cuan-do la cueca haya sido impuesta como un icono na-cionalista de aquella triste época de nuestro país.

Durante este Septiembre, que se promete pan y circo, carnaval y desfiles, donde se escuchará, se cantará y por sobre todo, se bailará la oficial “Cueca del Bicentenario”.

Por el contrario, hagamos una celebración dándole un verdadero sentido folclórico; bailemos como nos nazca, pues así es la cultura popular: heredada y transmutada de boca en boca y de paso en paso por el propio pueblo.

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En esta edición especial, se ha hecho necesario rea-lizar un diagnóstico y fijar algunas perspectivas del movimiento popular y de trabajadores que contemple, desde el último siglo, los triunfos, derrotas, aprendiza-jes de la clase trabajadora y los desafíos que emer-gen a la luz de las nuevas luchas que deberá enfren-tar. En este sentido también es clave el papel que desempeña la juventud, la organización y la teoría revolucionaria. Sobre estos temas, el profesor Jorge Gonzalorena Döll, sociólogo, historiador, economis-ta y catedrático de la Universidad de Valparaíso –en-tre otras casas de estudio- y que hoy colabora con la Universidad Popular desarrollando una cátedra abier-ta sobre las escuelas del pensamiento económico, hace expresa su visión comprometida y militante en una entrevista que entrega varios elementos que hoy son relevantes para la reconstrucción de una alterna-tiva popular, clasista, anticapitalista y antiimperialista.

Desde una perspectiva histórica circunscrita a Chile, durante el siglo que va de 1910 a 2010, ¿cuál es el diagnóstico que hace hoy del movimiento de trabaja-dores?

Me parece necesario situar la respuesta en dos planos diferenciados. Por una parte, el movimiento obrero ha sido en este último siglo un actor protagónico de la his-toria de la nación, habiendo llegado a adquirir en cier-tos momentos un peso gravitante sobre el curso de los acontecimientos. Su rol ha sido el de constituir la princi-pal fuerza democratizadora del país, permitiendo abrir progresivamente mayores espacios de libertad y con-

quistando mayores derechos para la población trabaja-dora. Simultáneamente, se ha destacado como el más claro defensor de los intereses de la nación en la lucha por recuperar su soberanía frente al dominio imperia-lista y terminar con el saqueo de nuestras riquezas. La progresiva incorporación a la vida política de la mujer, de los jóvenes, de los analfabetos, de los campesinos y los pobladores ha sido posible por iniciativa de las organizaciones sociales y políticas de los trabajadores.

Sin embargo, abordando el segundo plano, tras la de-rrota de 1973 el movimiento obrero se vio seriamente debilitado. No logra sobreponerse aún, ni en el plano social ni en el plano político. Ello a pesar de algunas luchas muy significativas como las desarrolladas en los últimos años por los mineros de La Escondida, los mi-neros subcontratados, los trabajadores forestales, etc. Aún siguen en pie las disposiciones legales que preca-rizan el empleo, los salarios y la previsión. Se observan, además, los efectos de la erosión provocada sobre su conciencia y disposición de lucha por la progresiva pér-dida de su anterior identidad política. Ello se expresa en la debilidad y dispersión actual de las organizaciones sociales y políticas que se reclaman del movimiento obrero, el alto grado de confusión que reina en ellas, el escepticismo en las posibilidades de la lucha, las ilusio-nes basistas en unos, el espíritu de conciliación en otros, el debilitamiento del sentimiento antiimperialista, etc.

En este mismo periodo, ¿cuál cree usted que ha sido el mayor triunfo y la mayor derrota de la clase trabajadora en Chile? Ideológicamente, el mayor éxito de los trabajadores ha sido siempre el desarrollo de la capacidad de irse transformando progresivamente en una “clase para sí”, adquiriendo conciencia de sus intereses, defendiendo tenazmente sus derechos y levantando la aspiración de forjar una sociedad mejor, democrática, justa y solidaria.

Ello cobra expresión en un accionar dirigido a construir organizaciones de lucha en sus lugares de trabajo y también en sus poblaciones. Pero lo realmente decisivo ha sido la creciente toma de conciencia para constituir-se también en sujeto político a través de la organización de poderosos partidos de clase. En definitiva, afrontan-do y sobreponiéndose a las dificultades y altos costos, los sectores más conscientes y abnegados de los traba-jadores lograron poner en pie una lucha política capaz de convocar y poner en marcha un vasto movimiento

“…PONER NUEVAMENTE EN PIE DE COMBATE AL PUEBLO TRABAJADOR CHILENO...”

Entrevista a Jorge Gonzalorena Döll

Por Bernardo Toledo y Roberto Vargas

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popular que alcanzó las puertas mismas del poder.

En cuanto a la principal derrota ha sido, obviamente, el aplastante triunfo de la contrarrevolución en 1973 que, como sabemos, no sólo representó un enor-me costo político y social para los trabajadores sino también un enorme sufrimiento físico y la pérdida de muchas vidas a manos de la represión desatada por los guardianes del gran capital. En efecto, el golpe de 1973 no estuvo dirigido sólo contra el gobierno del presidente Allende sino, ante todo, contra la amenaza que llegó a representar para los intereses dominan-tes el liderazgo alcanzado por el movimiento obre-ro y popular, sus organizaciones sociales y políticas, poniéndolos en pie de lucha por sus intereses, dere-chos y aspiraciones, levantando un proyecto históri-co de transformación social que estaba comenzando a abrirse paso a través de la movilización popular.

Pero si bien la más inmediata derrota es la de 1973, no es la única ni la más importante en una escala histórica más amplia. Ha habido también otros reve-ses: la represión desencadenada por la dictadura de Ibáñez (1927-1931), la “ley maldita” que desde 1948 a 1958 proscribe al PC, el encauzamiento de la mo-vilización antidictatorial hacia el escenario escogido por la dictadura en la década de 1980, la degenera-ción política e ideológica del PS que se extiende des-de mediados de la década de 1970 hasta 1990, etc.

Además, hay que considerar que, en el plano interna-cional lo más grave ha sido, sin duda, la degeneración burocrática del Estado soviético surgido de la revolu-ción de octubre de 1917 y la subsecuente degenera-ción política del movimiento comunista internacional a manos del stalinismo. Ello no sólo tuvo por efecto desaprovechar las enormes potencialidades revolu-cionarias generadas por la crisis del capitalismo, par-ticularmente en el periodo de entreguerras, facilitan-do con ello el accionar y la victoria del capital en los más diversos escenarios, sino que conllevó también un enorme descrédito del proyecto socialista ante los ojos de millones de trabajadores, culminando finalmen-te con la restauración en frío del capitalismo en Euro-pa oriental y en gran parte de Asia. Aun el movimien-to obrero y popular no se sobrepone de esa derrota.

En base a lo ya comentado, ¿cuáles han sido las lec-ciones fundamentales que es posible extraer de estas victorias y derrotas?

Las lecciones son fundamentalmente políticas y tienen que ver con las debilidades de diverso orden que exhibía el proyecto histórico de la clase trabajadora a través de los partidos políticos que la lideraban. El comportamien-to de la clase dominante frente a la amenaza que para

la preservación del poder y privilegios llegó a represen-tar el movimiento obrero y popular era completamente esperable y había que prepararse para hacerle frente e intentar derrotarlo en todos los terrenos. El que la iz-quierda se mostrara en definitiva incapaz de hacerlo es una responsabilidad imposible de eludir. Lo que fracasó en 1973 fue, entonces, la política tradicionalmente refor-mista de la que estaban empapados los viejos partidos de la izquierda chilena, así como a escala internacional lo que realmente fracasó no fue el proyecto socialista sino el régimen de despotismo burocrático presenta-do por el stalinismo como un sinónimo del socialismo

¿Qué papel asigna usted a los diversos partidos políti-cos en estas derrotas?

Ellos fueron los que con sus pueriles ilusiones refor-mistas y sus constantes vacilaciones políticas pavi-mentaron el triunfo de la contrarrevolución. En mo-mentos de crisis social generalizada y aguda como la que se vivía en Chile en 1973, lo clave es, preci-samente, la calidad de la conducción política de las fuerzas populares, la lucidez, responsabilidad y coraje político que ésta sea capaz de exhibir. Como dijo el revolucionario francés, Saint Just, “quien hace revolu-ciones a medias no hace sino cavar su propia tumba”.

¿Cuáles serían entonces los elementos necesarios para el fortalecimiento y rearticulación de la clase tra-bajadora?

Resulta clave el rearme ideológico y programático de la vanguardia obrera y popular. Es en la claridad política, en la capacidad organizativa y en la decisión de lucha de esa vanguardia que descansa la posibilidad de avanzar en la recomposición del movimiento obrero como suje-to social y político; en su disposición a llevar adelante una orientación de lucha inconfundiblemente unitaria, clasista y democrática que vaya sentando la bases de esa rearticulación del sujeto popular. El despliegue de tales esfuerzos a su vez reclama la construcción de un partido político revolucionario que pueda darles la con-tinuidad y coherencia debidas. Lo que plantea la impe-rativa y urgente necesidad realizar un trabajo paciente y perseverante de reelaboración programática en el plano político y de reeducación, reorganización y mo-vilización en el plano social que permita poner nueva-mente en pie de combate al pueblo trabajador chileno.

Comprendo que, en vista de todas las experiencias fra-casadas y de las dificultades que conlleva una empresa política como esta, obligada en las circunstancias ac-tuales a marchar a contracorriente, esta es una deci-sión difícil. Pero constituye un paso indispensable por representar una ineludible necesidad y que, como tal, terminará por abrirse camino de una u otra manera. Lo

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lo que realmente fracasó no fue el proyecto socialista sino el régimen de despotismo burocrático presenta-do por el stalinismo como un sinónimo del socialismo

¿Cuáles serían entonces los elementos necesarios para el fortalecimiento y rearticulación de la clase tra-bajadora?

Resulta clave el rearme ideológico y programático de la vanguardia obrera y popular. Es en la claridad política, en la capacidad organizativa y en la decisión de lucha de esa vanguardia que descansa la posibilidad de avanzar en la recomposición del movimiento obrero como suje-to social y político; en su disposición a llevar adelante una orientación de lucha inconfundiblemente unitaria, clasista y democrática que vaya sentando la bases de esa rearticulación del sujeto popular. El despliegue de tales esfuerzos a su vez reclama la construcción de un partido político revolucionario que pueda darles la con-tinuidad y coherencia debidas. Lo que plantea la impe-rativa y urgente necesidad realizar un trabajo paciente y perseverante de reelaboración programática en el plano político y de reeducación, reorganización y mo-vilización en el plano social que permita poner nueva-mente en pie de combate al pueblo trabajador chileno.

Comprendo que, en vista de todas las experiencias fra-casadas y de las dificultades que conlleva una empresa política como esta, obligada en las circunstancias ac-tuales a marchar a contracorriente, esta es una deci-sión difícil. Pero constituye un paso indispensable por representar una ineludible necesidad y que, como tal, terminará por abrirse camino de una u otra manera. Lo más probable es que una organización revolucionaria se vea, por un espacio de tiempo que puede ser pro-longado, reducida a la condición de pequeño grupo de propaganda, forzado a hacer una larga travesía por el desierto antes de arraigar de manera sólida y conquis-tar el reconocimiento y respeto de la clase trabajadora. Pero normalmente uno no puede elegir las condiciones en que se debe desplegar la lucha. Sólo se elige el modo en que uno mismo se planta sobre ese escenario.

¿Cuál es la importancia y qué función debe desarrollar la juventud en esta tarea?

Los jóvenes han constituido siempre, con su ener-gía, coraje, decisión y espíritu de sacrificio, la fuerza que ha sido capaz de derribar los mayo-res obstáculos y por eso han desempeñado un papel tan protagónico en todas las revoluciones.

¿Qué función cumple la teoría revolucionaria en esta tarea?

Como sostuvo Lenin, sin teoría revolucionaria no pue-de haber movimiento revolucionario. De las condicio-nes de existencia que sobrellevan los trabajadores bajo el capitalismo, sometidos al despotismo y las arbitrariedades de sus patrones, puede emerger a lo más una rebeldía espontánea frente a la explotación y diversas formas de resistencia. Pero para pasar de la rebelión a la revolución se torna indispensable contar con un proyecto político que potencie, unifique y orien-te ese descontento hacia el objetivo de transformar a la clase trabajadora en clase dirigente de la nación. Ese proyecto revolucionario de emancipación del tra-bajo sólo puede surgir y tener posibilidades de éxito si se apoya en un conocimiento profundo y acertado de la realidad social en todos los planos. Afortunada-mente contamos con una formidable herencia teórica sobre la cual podemos apoyarnos, pero ello no nos exime de la necesidad de pensar por cuenta propia y esforzarnos por actualizar nuestra visión teórica de la realidad para descifrar el significado de las nuevas e inéditas situaciones que encaramos en esta lucha.

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A 100 AÑOS DE “LO POPULAR” EN EL DISCURSO DE LA PRENSA.

1910-2010Israel Fortune

El lenguaje es básicamente una codificación de la realidad que nos permite abstraerla, retenerla al interior de nuestra conciencia y así darle entendimiento. Pero no hacemos lenguaje solamente para entender la reali-dad, sino también -y tal vez principalmente- para comu-nicarla, lo que hace de este un hecho intrínsecamente social, una cuestión de producción colectiva. Ahora bien, en términos políticos, vale decir, de las relaciones que establecen los individuos o grupos en torno a sus intereses, la definición de lo real, de aquello que existe, la manera en que existe o debería existir, es también una conquista que debemos lograr quienes luchamos por modificar las relaciones de producción existentes en el actual estado del desarrollo capitalista, el que contempla dentro de sus mecanismos de reproducción, la existencia de sólidos aparatos ideológicos a través de los cuales ejerce la hegemonía cultural. Es así que Voloshinov sostenía que “el signo [como componente del lenguaje] llega a ser arena de la lucha de clases”.

De esta manera quienes controlan hoy los medios de producción, poseen también potentes medios a través de los cuales difunden la ideología dominante, en la que está contenida no sólo la fundamentación de su perma-nencia en el poder, sino también -lo que es más grave- la definición de lo que nosotros mismos somos y el cómo debemos actuar en tanto sujetos de la dominación.

Uno de los principales aparatos ideológicos son en este sentido los medios de comunicación de masas, entre los que, a pesar de las nuevas tecnologías y de su larga data, la prensa sigue cumpliendo un impor-tante papel en la medida que marca diariamente en lo inmediato, la pauta de aquello que a criterio de sus propietarios es conveniente informar (lo que se conoce hoy como la “agenda” noticiosa) y genera en el largo plazo corrientes de opinión que son asumidas como lo natural o lo común por el conjunto de la sociedad.

Trayendo a esta reflexión el contexto del bicente-nario nacional en que nos encontramos (y qué me-jor semillero que este para el afloramiento de ideas tan ideológicas como la chilenidad, el espíritu patrio, el mítico concurso de banderas en que Chile ha-bría quedado segundo y el discurso de que esta vez si estamos a las puertas del desarrollo, todo aque-llo en nombre de la llamada “unidad nacional”),

puede resultar de particular interés la visión que sobre este asunto tenían las organizaciones y movi-mientos sociales de hace cien años, que para las al-turas del 1910, ya se constituían orgánicamente para pasar de manera concreta desde las reivindicaciones sociales a las políticas en un contexto que a priori resulta no poco similar al actual: un modelo econó-mico que beneficiaba a un reducido porcentaje de la sociedad, diseñado para insertar a nuestro país en la “pujante” economía mundial, que generaba una po-blación flotante y sin futuro que vivía (o sobrevivía) al día en un clima de creciente inestabilidad laboral

Quizás la gran diferencia que puede constatarse es la existencia y el alto nivel organizativo de los movimien-tos sociales a los que se hizo referencia (principalmen-te formados por trabajadores, pero que contaron con la solidaridad y el apoyo de otros grupos, como artesanos y pobladores), los que en su acción “concreta” fueron capaces de poner en jaque al modelo oligárquico consti-tuido en el llamado período parlamentario (1891-1925). Pero paralelamente a esta acción concreta, existía tam-bién la conciencia de estos movimientos en cuanto a su identidad como sujetos populares, entendidos como sujetos de la dominación. Es así que se desarrolló una fuerte “prensa obrera”, la que si bien era de carácter lo-cal, de periodicidad irregular y de producción artesanal, pudo hacer frente a la prensa más “instituida” tanto en lo político como en lo económico (a principios de del siglo XX, la empresa periodística El Mercurio S.A.P. se consagraba como la más importante del país), princi-palmente porque la mayor tecnología que poseían las empresas periodísticas todavía no se distanciaba tanto de los viejos métodos de impresión, también porque en ese momento aun no aparecía el fenómeno conocido como “cultura de masas” y finalmente porque la situa-ción de algidez social existente era compatible con los discursos que esta nueva prensa –la obrera- impulsaba.

El mayor representante de la prensa obrera fue El Despertar de los Trabajadores, fundado en 1912 por Luis Emilio Recabarren como órgano de difusión del también naciente Partido Obrero Socialista (POS), el que fue publicado hasta 1926. En la editorial de

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su primer número se dejan en claro las dos principa-les funciones que dicha publicación –así como toda la de este tipo- se proponía cumplir: la organizati-va cuando sostiene que “Informará esencialmente a los trabajadores de todas las acciones que realice la clase trabajadora en el mundo”; y también –y he aquí el énfasis- la función pedagógica, pues “des-de el punto de vista social, la misión de este periódi-co será especialmente educativa, procurando elevar cuanto más sea posible el nivel de cultura del pueblo”.

Ahora bien, echando una rápida mirada al presen-te, es fácil notar la inexistencia actual de este tipo de prensa. Ello obedece a motivos políticos, económicos y culturales cuyo desarrollo a lo largo del siglo posibilitó el surgimiento y consagración de otro tipo de prensa popular que en lugar de basarse en la racionalidad y la culturización con fines políticos y sociales, inclinó su discurso hacia una matriz que operaba desde lo dramá-tico en dirección a lo recreativo para satisfacer intereses económicos. Es así que en la actualidad el panorama se dibuja de la siguiente manera: en lo político el acuer-do logrado por la clase dirigente en torno a la manten-ción del modelo neoliberal impuesto por la dictadura militar, ha imposibilitado la conformación de un sistema de prensa democrático y representativo de todos los sectores sociales, pues para los medios de comunica-ción se han asumido las lógicas del mercado como los mejores reguladores de dicho sistema. Esto conduce directamente a hablar de lo económico, pues al no ha-ber un apoyo desde el Estado y considerando la masi-vidad que hoy necesita alcanzar todo medio de comuni-cación para ser solvente, se requiere para el caso de la prensa diaria, el contar con costosas tecnologías y con una cadena eficiente de elaboración de material infor-mativo, producción física del medio (impresión) y distri-bución del mismo, proceso que requiere un patrimonio que supera la decena del millón de dólares. Por ello ni siquiera la prensa alternativa más organizada ha podi-do salir de su carácter de periódica. Pero la masividad no sólo tiene que ver con lo económico, sino también con lo cultural -entendido esto en el campo de lo discur-sivo- pues la desventaja de los discursos alternativos en el espacio público, termina por favorecer a aquel que sostiene el orden político y económico existente.

Los elementos recién descritos se traducen en la actual existencia del llamado duopolio de la prensa en Chile, el que está conformado por las empresas perio-dísticas El Mercurio S.A.P. y COPESA, cuyos medios estandarte de publicación diaria y distribución nacional son respectivamente El Mercurio y La Tercera. Desde ellos se difunde de manera explícita el proyecto de de-sarrollo que la clase dominante sostiene: autoritario en lo político y neoliberal en lo económico. Sin embargo existe otra faceta de este duopolio, al que pocas veces se hace referencia, su faceta “popular” conformada por

“ L A C I U D A D D E L H O Y ”

María Fernanda Olivares.

“El espacio, además de ser un instrumento de conocimien-to, es por excelencia, el medio del que se vale la experiencia individual y colectiva para materializar sentimientos de perte-nencia e identidad.”

I. Kant

El ser humano desde sus comienzos de existen-cia ha buscado un lugar o un espacio para asentar sus vivencias individuales y colectivas. Por la necesi-dad de comunicar y exteriorizar sus experiencias una de estas manifestaciones ha sido la generación de las ciudades. la ciudad como concepto constituye un paradigma y un objeto, como objeto es una sucesión de territorios en los que la gente, de manera más o menos efímera, establece un arraigo, se repliega,

Las Últimas Noticias y La Cuarta (siguiendo el mismo orden de propiedad). En ella los sectores populares son interpelados desde un lenguaje vulgar y recurriendo a un estilo sensacionalista por medio de material infor-mativo mayoritariamente consistente en crónica roja y espectáculo. Así se aleja la definición de “lo popular” de la perspectiva entendida por la prensa obrera de princi-pios del siglo XX y se acerca a una más coherente con el neoliberalismo: la de una masa ignorante cuyo único propósito de vida es consumir entretención, pues para este sector de la sociedad ni siquiera es una opción el progreso individual por medio del emprendimiento –dis-curso estrella de la ideología neoliberal- cuestión que agudamente sintetiza Jacques Chonchol (quien fuera Ministro de Agricultura de Salvador Allende) al señalar que para el neoliberalismo “las desigualdades que exis-ten en toda sociedad son consideradas algo positivo por-que constituyen una fuente de dinamismo económico”.

Por consiguiente el desafío que se plantea de aquí en adelante consiste en situar en el espacio público un discurso alternativo que aglutine las diversas reivindi-caciones que los distintos actores sociales levantan. Esto sólo es posible mediante el encuentro de dichos sectores en el terreno de lo discursivo en la medida que hacen frente a la ideología dominante, lo que como ya se ha señalado, es también una dimensión de la lucha de clases. En tal sentido, una de las ta-reas más urgentes es la de reasignar a “lo popular” su valor como un elemento sobre el cual la dominación es ejercida. A dicho fin puede ser muy útil observar la experiencia de la prensa obrera de hace cien años como una pauta de acción que en el escenario actual, debe asumir nuevas características que hoy es nece-sario pensar. Esto además teniendo siempre en cuenta la perspectiva general, la cual en materia discursiva, consiste en resignificar la realidad actual desde una perspectiva que haga posible pensar que las cosas son posibles de otra manera: una manera digna y justa.

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busca cobijo y seguridad. Como paradigma, la ciu-dad va constituyendo la identidad del habitante, se proyecta como reflejo del acto y una cultura social.

En la era moderna se definía sólo como la distin-ción espacial entre lo rural de lo no rural, rápidamen-te fue adquiriendo relevancia y mayor contenido con la emancipación y traslado de grandes contingentes de habitantes que laboraban en el campo hacia las grandes fábricas y espacios que el desarrollo indus-trial fue levantando vertiginosa y concentradamente en otros territorios. Así, la ciudad fue siendo conside-rada como el lugar donde primaba la técnica. Hoy, a la luz de sucesivas revoluciones en la industria y en las relaciones sociales, la ciudad ha ido tomando otra concepción, denominándose sólo como una aglome-ración de sistemas que permiten una funcionalidad de acuerdo a las actividades que se desarrollan en ella.

Sin embargo, esta concepción de ciudad, que hoy está sumida en un profundo enfoque funcional a la mo-dernidad y la tecnología, y donde es considerada sólo como un objeto de uso o de mero circuito de circula-ción de personas o cosas, se le hace necesario agre-gar o considerar complementariamente el cómo se ha constituido o formado la identidad de sus habitantes.

Asumiendo esa necesidad y poniéndome en esa si-tuación, enfrentarme y ser parte de la ciudad, en primer lugar implica colocar mi persona dentro de la expansión de este territorio del cual obtengo información y por el cual entiendo su cinética. No obstante, cuando observo a los demás y los reconozco como parte de esta misma dinámica, suelo pensar si todos somos conscientes de ser, pertenecer y ver a este territorio como algo propio y en constante transformación. Conciencia tal que de al-gún modo nos afecte y nos genere preguntas al respecto.

Dentro de los recorridos y conversaciones que ten-go a menudo, lo más recurrente es ver que el habi-tante de estas ciudades ha dejado de sorprenderse. Es decir, ya no se interroga en profundidad sobre el

lugar en que desenvuelve su vida y pone en marcha sus experiencias. Mi preocupación en esto, es que la ciudad ha dejado de ser vivida y comprendida por nosotros como la poseedora de las vivencias y expe-riencias de cada uno y de las de nosotros como co-munidad, precisamente porque como habitantes cada día pareciera que nos hemos hecho más ajenos a ésta.

Dicho de otro modo. Siendo habitantes de nues-tras ciudades, caminamos como solitarios visitantes e indiferentes de las acciones y transformaciones sociales que cotidianamente le suceden, disponién-donos de manera pasiva a los factores que invisible-mente nos impone la modernidad y la tecnología y donde prima lo político-económico para determinar nuestro modo de cómo organizarnos, vivir y pensar.

Debido a las nuevas formas de vivir que tenemos, y que se centran en un exacerbado individualismo pro-pio de los antivalores e ideas del sistema capitalista, la ciudad hoy se ha convertido en espectadora de la amnesia que tenemos frente a sus constantes trans-formaciones. A diferencia de décadas pasadas, donde el valor de lo social, de lo colectivo era fundamental en nuestras ciudades, hoy el marco personal y priva-do marcan la pauta. Acá debemos reconocer que todo modelo de sociedad trasciende de su matriz política particular, al desarrollo y planeamiento de los espacios y territorios en que se desarrolla -en nuestro caso las ciudades- y por lo tanto, si este modelo cambia, tam-bién se transforman los lugares y modos en que las ciudades se desenvuelven con el actuar de su colec-tividad social respectiva. Tarde o temprano, toda la constitución de la cuidad cambia, ya que calles, pla-zas y edificios pasan a ser significantes de la memoria colectiva en su cultura y desarrollo actual o presente.

Si hacemos un balance de la actualidad de Chile en comparación con el período de los años ´40 o ´60, en el cual las ciudades tuvieron su máximo avance en planea-miento urbano y social, hoy constatamos que nuestras ciudades, al igual que las grandes metrópolis globales, expresan los profundos quiebres y graves situaciones sociales que el actual modo de vida genera. Algunos de los siguientes criterios nos demuestran esta realidad:

Agravamiento:Gustavo Remedi , plantea que los diversos proce-

sos y componentes que el nuevo modelo cultural gene-ra se expresa en la ciudad, entre otras formas, con el agravamiento de la desigualdad, la marginalidad y la polarización es¬pacial de los habitantes; la tendencia a la fractura urbana; la suburbanización como forma de escape y como otra forma de «modernización disfraza-da»; el impacto del automóvil y las «vías de circulación rápida»; la consolidación del «barrio-mundo» y de la «casa-mundo», reforzados, respectivamente, por una

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concepción clasista e in¬dividualista del mundo; el va-ciamiento, abandono y deterioro de la infraestructura y los espacios públicos tradicionales en contraposición a la emergencia de «pseudo-espacios públicos» como su-permercados, templos religiosos, shoppings, etc.; la for-mación de nuevas zonas especializadas (de residencia, producción, consumo, recreación, etc.); la tendencia a la concentración de la propiedad y control de los flujos y espacios virtuales principales (televisión, computadora).

Dominio de la Modernidad: La ciudad se ha ido mecanizando, respondiendo a

la consolidación del modelo capitalista en nuestro país y en el mundo en general; es decir, la modernidad ha permitido que el habitante pertenezca a una “sociedad del espectáculo”, donde la ciudad como espacio del desarrollo comunitario se volcó a ser un espacio pre-parado para el consumo, la valoración del individuo y el dinero y para la idiotización funcional que promueven los medios de comunicación. En consecuencia, aque-llos espacios que fueron recuperados en el pasado por organizaciones cívicas y movimientos sociales, por la prensa opositora, las movilizaciones y marchas, y por la vida en torno a los almacenes de barrio y la conversa-ción de la esquina, hoy bajo diversos argumentos son negados o invalidados por el sistema para así privatizar la ciudad, excluyendo de paso, la participación activa y protagonista del habitante en la composición de ésta.

Desarraigo a favor del modelo.El desarrollo económico entre 1979 y 1984 requirió

que el suelo urbano sea declarado bien no escaso, su-primiendo así muchos controles que el Estado poseía sobre la expansión urbana del suelo. Se eliminaron las restricciones, de modo de permitir que el crecimiento natural de las áreas urbanas sea siguiendo las ten-dencias del mercado. Esto produjo aceleradamente la densificación poblacional de la ciudad y la apropiación de zonas rurales para aportar al acelerado crecimien-to. El atochamiento y el caos comenzaron a ser parte constitutiva en la imagen de ciudad. Aparecieron las inmobiliarias como grandes actores de convulsión de las ciudades y por lo tanto el suelo urbano se volvió un próspero negocio de suculentas ganancias y no como un derecho adquirido para el desarrollo del ciudadano.

Preferencia a los espacios de consumo.Las normativas municipales comienzan a desvir-

tuarse, permitiendo grandes edificios y grandes espa-cios de consumo dentro o sobre zonas patrimoniales y espacios públicos característicos de la ciudad, que-dando éstos como el patio trasero de estas grandes moles de concreto. La ciudad se vuelve una copia de las metropolis globales y la cultura se vuelve una sola, girando en torno al consumismo e individualis-mo desenfrenado. Lo común, lo colectivo queda en la

memoria de aquellos que se volcaban hacia la ciudad y la vivían en sus acto más intimo. El paseo domini-cal a la plaza de la ciudad en donde todo el pueblo se juntaba ahora se vuelve expresión de la composición socioeconómica del espacio urbano. Ahora el sector privado es el principal encargado de materializar las iniciativas de desarrollo urbano, de dar vida a la ciudad

El desarrollo urbano no puede ser concebido como un proceso aislado, de índole privada y don-de se percibe a la ciudad como una variable inde-pendiente a la sociedad que se establece en ella, donde no se considere fundamental una inserción y participación social activa en una estrategia integral del ordenamiento espacial de las actividades eco-nómicas, políticas, artísticas, culturales, entre otras.

La planificación coherente y sostenible del desarro-llo urbano sólo puede ser efectiva si se le otorga poder para desarrollar acciones en que no se omita el trata-miento estratégico de los procesos que operan a nivel de la estructura social que le darán vida y movimiento.

Por lo mismo, la colectividad que somos, la comu-nidad que constituimos por habitar y vivir en nuestras ciudades, debemos volver a comprenderla dentro de la polis, como sociedad viva, una sociedad urbana, una sociedad de verdaderos y plenos ciudadanos políticos.

Cápsula informativa.

Existen ciertos períodos de desarrollo urbano, en consonancia a las políticas de desarrollo que el país ha vivido y que permiten tener más elementos para com-prender el actual estado en que las ciudades y nosotros como sus habitantes nos encontramos. Así, para Rosas Vera , las políticas de planificación física en nuestro país desde los años 40 en adelante se agruparían en tres períodos o enfoques históricos.

1. Enfoques Higienistas: Iniciados a principios del siglo XX y motivado por preocupaciones higienistas ante la crisis de las ciudades, se refieren básica-mente a luchas sociales y sindicales por establecer normas, leyes y reglamentos sobre la vivienda y el entorno construido. Esta etapa finalizaría en la década del 40 a causa de dos factores: El terremoto del 39, que provoca la creación de normas y reglamentos más integrales acerca del desarrollo y construcción de ciudades y por otra parte, la consolidación de la CORFO que para dar impulso industrial, requirió de normativas más exigentes en materia de planificación urbana.

2. Enfoques progresistas y desarrollistas: El auge de estos enfoques se da en los años 60´ que coincide en Chile con el período del desarrollo económico e industrial hacia adentro, y en el mundo capitalista occidental, en un crecimiento económico evidente, un apogeo del Estado asistencial y un desarrollo orientado hacia el consumo interno de los países.

3. Enfoques estructurales de base económica: Se refiere a dos modelos antagónicos entre sí: Uno basado en la concepción socialista, donde el Estado asume un rol protagonista tanto en el control sobre los medios de producción, la redistribución del ingreso y la planificación económica. El otro modelo, basado en la concepción capitalista, asigna al mercado el rol de ser el mejor ente asignador de recursos y relegando al Estado a un papel meramente indirecto, subsidiario y de defensa. En Chile, mediando dictadura militar y por otras diversas razones, se implementó el segundo modelo y el primero solo quedó en un nivel teórico genera.

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DOS FOTOS SIN MAQUILLAJEGerardo Pando

1910 es el año en que sucedieron en Chile distin-tos sucesos, que vale la pena recordar con el único afán de refrescar nuestra memoria histórica y te-ner una imagen de lo que fuimos hace ya cien años.

Este es el año en que se ven desfilar por el si-llón presidencial, cuatro mandatarios. Pedro Montt falleció en el mes de Agosto en Alemania; inmedia-tamente asume Elías Fernández Albano quien fa-llece el mes entrante; a este lo sucede Emiliano Fi-gueroa, quien fuera el encargado de la presidencia para la “importante celebración centenaria”, y dos meses después asume el cargo Ramos Barros Luco.

Este año es el Centenario, en donde la clase domi-nante se celebra a sí misma, donde se regocija de sus logros republicanos. Es el tiempo en que se jactan del “progreso de Chile” como fue llamado en ese entonces. Mientras que en el olvido quedan los sectores encarga-dos de progresar. Quienes forjaron la república se ha-cen invisibles ante el ojo del rico, pues, no se celebró la declaración de independencia lograda por los militares que lucharon contra los invasores españoles, tampo-co se celebró al militar que murió en la “Guerra contra la Confederación Perú-Bolivia”. Se festejaba el 18 de septiembre de 1810 momento en el que los nobles de Santiago, se autoconvocan y toman el control de Chile, aprovechando el encarcelamiento del rey español. Se-ría por lo tanto, el lugar común para los ricos, que sien-do ya, los dueños del “negocio” en Chile, instauran su institucionalidad, normalizando mediante leyes la pro-tección de su poder económico. Basta sólo con obser-var la cantidad de constituciones que fueron dictadas desde los distintos sectores políticos entre 1810 y 1910.

La clase dominante encontraba un sitial histórico privilegiado para conmemorarse, aprobando la entrega de 5 millones de pesos de parte del Congreso Nacional, cosa que para la época es una suma, a todas luces, es-candalosa, puesta en duda incluso desde la prensa y por cierto, desde distintos sectores sociales que veían

todo este despilfarro de dinero y de celebraciones como una gran burla a los sectores populares para los que el centenario no significaba progreso, sino dolores y su-frimientos. No olvidemos que en 1901 fue la Huelga de la Mancomunal de Iquique, en 1903 la Huelga de tra-bajadores portuarios en Valparaíso donde la represión provocó 50 muertos; en 1905 fue la Huelga de la carne en Santiago que se calcula en alrededor de 70 muertos y 300 heridos; en 1906 fue el devastador terremoto en Valparaíso; en 1907 fue la horrenda Masacre de obre-ros y familias salitreras en la Escuela Santa Maria; y por último, cabe agregar que la hacienda y el inquilinaje en el campo chileno todavía condenaba a los campesinos a un régimen de vida como el de la Colonia Española.

Tal desolador escenario patrio fue el que los sectores oligárquicos y acomodados se vistie-ron de gala para su cena centenaria, donde ce-lebraron y derrocharon hasta la embriaguez.

La Iglesia Católica, otro de los actores de este endeble Chile del centenario, se encaramaba en la escena pública agradeciendo -como le es costum-bre- a Dios por las bondades de este progreso; de-nunciando a los rebeldes de la época; excomulgan-do a quienes critican y santificando a los gestores de la Matanza de la Escuela Santa Maria. El mismo 18 de Septiembre realiza un gran “Te Deum” donde la polémica se centra en la “pataleta” del Monseñor Si-bila quien sale indignado en medio de la ceremonia, al darse cuenta que no tenía un lugar reservado en-tre las autoridades en la lujosa Catedral de Santiago.

En un renombrado texto que fue publicado en el año de la celebración, “Sinceridad: Chile intimo en 1910” del controversial Alejandro Venegas, se expone un particular y lamentable dialogo entre este escritor y el Vicario Eclesiástico de Tarapacá quien culpa a la falta de fe religiosa en la Pampa a la famosa matanza en el norte grande chileno, y por consiguiente, propo-ne a los gobernantes una suma de dinero considerable para aumentar los misioneros que lleven “el verbo” a esas almas vacías y alejadas del consuelo religioso. Por otro lado, este mismo autor hace un pequeño pai-saje de lo que son las cárceles y de la función de la iglesia en ellas, pero ante todo demuestra el hecho de

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que ahí, nadie que entre como delincuente sale como un civil reformado sino como un delincuente más au-daz, más temerario, doblemente peligroso. Que no sería casual verlo pasar nuevamente por juzgados de crímenes. En este mismo sentido, cuenta que en Chile habían 24 cárceles y de ellas, 23 contaba con un Ca-pellán fijo, en 8 de ellas contaban con Médicos y solo en 5 de ellas contaban con Profesores. Lo “anecdóti-co” es que en todas ellas los Capellanes recibían un sueldo muy por encima que los demás profesionales, y “trabajaban” la mitad de horas que estos últimos.

La prensa es otro actor importantísimo en la épo-ca. Vanagloriando la fecha y trabajando desde un co-mienzo en su titánica empresa por ocultar la barbarie chilena, la desigualdad evidente, la insalubridad de los servicios básicos y el inmenso problema de los obre-ros salitreros del norte, donde muchos mueren que-mados y sufren el robo sistemáticos de las cajas de ahorro, entre otros abusos. La prensa, con el rigor de la buena pluma, baña y limpia la imagen de la clase dominante. Los diarios de aquel entonces se esmera-ban en mostrar la vida social, al publicar casamientos, los resultados de la hípica, funerales de personeros de renombre, al mostrar la vida de Vicarios y Cape-llanes, del asenso al poder de Duques, Varones y Condes europeos, entre otros tantos del mismo corte.

Se logra entender entonces, el calibre de la crítica en aquel año hacia quienes llevaban las riendas de este país. Es Luis Emilio Recabarren que en su texto “Ricos y Pobres a través de un siglo de vida republicana” publi-cado en el mismo año, destruye el discurso hegemónico de unidad nacional que se estaba desarrollando en tor-no al centenario, sosteniendo que desde 1810 a 1910 no se han producido grandes transformaciones, que la “Guerra de Conquista” (como él denomina a la Guerra del Pacifico) es una muestra más de la ambición con la que se mueven los gobernantes chilenos alentados por el capital extranjero, mandando a obreros y campesino chilenos a matarse por tierra vendida a otros. Además sostiene que el llamado “progreso” por el que se lucen tanto los ricos, se traduce sólo en que ahora más obre-ros saben leer, pero ello no significó erradicar la mise-ria e ignorancia que predominan en su clase social. En palabras del propio Recabarren: La última clase, (...) vive hoy como vivió en 1810. Si fuera posible reproducir ahora la vida y costumbres de esta clase de aquella época y compararla con la de hoy día, podríamos ver fácilmente que no existe ni un solo progreso social” .

Cabe recordar que desde fines del 1800 se fueron creando las Mancomunales Obreras y las Sociedades de Socorros Mutuos que aglutinaron a gran parte de los trabajadores del norte para apaciguar la dura vida

que llevaban y enfrentar como clase las necesidades comunes. Y en 1909 fue fundada la Federación Obre-ra de Chile. Importante resultó para la posterior orga-nización de trabajadores, el Congreso Social Obrero, llevado a cabo en Valdivia el año de las celebraciones, compuesto por distintos sectores de la producción y presidido por Recabarren. Éste último, fue el persona-je encargado de dar dirección política a los obreros, entregando herramientas para que ellos desde sus penurias levanten organizaciones obreras alejadas de la mano de las instituciones estatales. Fue así que el año 1912 fundó el Partido Obrero Socialista, que después, luego de la influencia de la revolución bol-chevique, tomaría el nombre de Partido Comunista.

Y así una sucesión de instancias de congrega-ción entre los explotados de Chile, que fueron dan-do forma al naciente movimiento obrero que a lo largo del siglo pasado tuvo avances y retrocesos.

Ahora bien, ¿cuál es el Chile que se pre-senta a los trabajadores, su movimien-to y organización, cien años después?

No podemos hacer un paneo general de este Bicen-tenario sin tomar en consideración el nefasto retroceso que significó para los trabajadores y el poder popular, la dictadura militar. Proceso en el cual se cortó violentamen-te todo aquello que se forjo con sangre, dolor, paciencia y esfuerzo durante décadas y que fue madurando con grandes frutos durante el Gobierno de Salvador Allende.

El 2010 se nos presenta con un Gobierno de De-recha, con un movimiento de trabajadores aún débil y fragmentado, donde no se puede, por ejemplo, bajo las distintas figuras legislativas, hacer negociación por rama de producción, donde la flexibilización y la precariedad se ha instaurado como norma en cada forma que se adopte un trabajo, en que cada vez que se discute so-bre el salario mínimo se arma un escándalo de propor-ciones, más ahora con un Gobierno-empresa. Un 2010 en que un terremoto de magnitudes hizo notar todas las grietas que este país tiene, un país en que cualquier Padre o Madre se sentiría irresponsable por llevar a su hijo(a) a los servicios de salud publica por el riesgo que se corre. En donde no tiene mucho sentido ni rumbo la educación municipal (ya ni siquiera llamada Estatal). Con el mismo Partido que fundó Recabarren en 1922 que se hace parte del discurso de los Más, pero que ac-túa y se vincula sin asco con lo Menos. Y peor aún, con una Central de Trabajadores con dirigentes que van a contracorriente de los intereses de su clase y de quie-nes dicen representar, obedeciendo o siguiendo linea-mientos partidistas; una CUT alejada totalmente de la combativa central que fundó Clotario Blest en 1953, con

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un lineamiento totalmente clasista y de lucha constante. En este mismo sentido, todo el abanico de partidos de la Concertación y la Alianza, que desde su arraigo oli-gárquico, aristócrata, liberal-burgués o conservador dan forma a nuestro mal evaluado y corrupto parlamento.

Por otro lado, si bien la hegemonía de la Iglesia católica se ha visto mermada cien años después, sin embargo y a diferencia de otros países vecinos, aún tiene voz y tribuna importante para decir qué hacer y establecer parámetros de la vida común de este Chi-le de 200 años. Plantea con gran eco, la negación a ciertas libertades individuales, la negación a la ley de divorcio, la negación al aborto terapéutico, la negación al uso del preservativo, el argumento de anti-natu-ral que le cuelgan a los homosexuales, el resguardo en su seno de tendencias absolutamente retrogra-das como el Opus Dei y Los Legionarios de Cristo. Si observamos de forma general su influencia en el Chile actual, resulta aún asombrante su gran poder.

La prensa que se ha masificado y logrado llegar a sectores que hace cien años no sospechaba lle-gar, sigue infantilizando, embobando y desinforman-do a la población. Como acostumbraba hace cien años, sigue ocultando la realidad con temas vacíos e introduce en la población prolongada y repetitiva-mente el discurso de quienes ostentan el poder eco-nómico. Vea usted los noticiarios estelares, los perió-dicos de mayor tiraje, escuche las radios, la mayoría comprada por grupos económicos españoles, donde se ha tenido una larga disputa por la escasa canti-dad de música chilena que se transmite o difunde.

Chile bicentenario, donde la lenta y silenciosa gue-rra que el Estado ha declarado al Mapuche ha cobrado vidas, odio y vergüenza por parte de quienes vemos que esto parece ser un síntoma más de lo atomizados que estamos. Que olvidamos de un santiamén nuestros orí-genes y que miramos en menos a nuestros hermanos pe-ruanos y bolivianos por sus rasgos de aborigen, cargan-do semánticamente lo Latino como ejemplo de lo malo.

Este país que a 200 años de su nacimiento y me-diante los tratados de libre comercio, entrega al capi-tal extranjero lo más bello de su tierra, dejando para ella, miseria, hambre y angustias, muestra que sus actuales gobernantes y sus socios internacionales tie-nen el mismo afán de los peores españoles que lle-garon a América en busca de oro. Lo demuestra el cobre que está regado con sangre y sufrimientos de mineros, la escasa o nula preocupación por los cos-tos ambientales y sociales que implica hacer enor-mes represas o dinamitar cerros para acumular más y más riquezas, e incluso, un verdadero Royalty que

GLOSAS A PROPÓSITO DE LA ReVOLUCIÓN EN LATINOAMÉRI-

Roberto Vargas M.

“La revolución latinoamericana será, nada más y nada menos, que una etapa, una fase de la revolución mundial. Será simple y puramente la revolución socialista”.

José Carlos Mariátegui

En el aniversario de la independencia nacional, la clase gobernante ha intentado cubrir con una ima-ginería exitista las precariedades y estancamientos que ha vivido el pueblo trabajador en estos últimos cien años. Ciertamente, y no es de extrañar, que los trabajadores no tienen nada que celebrar. Ya Luis Emilio Recabarren, en la conmemoración del Cente-nario, con una astucia propia de su pluma perspicaz, insiste y logra establecer que sólo los burgueses tie-nen justa razón a tal bullada fiesta, en tanto que fes-tejan la emancipación política de la clase capitalista

Así como en el pasado los padres de la pa-tria no pensaron en extender las libertades con-quistadas a las clases populares, hoy los “oficia-les” representantes y su “oficial” oposición, no piensan abrir ni en un milímetro libertades al pueblo trabajador. La razón es evidente: el interés clasista.

El interés de los trabajadores es también un interés clasista. Y en virtud de tal mentado interés se han ela-borado estrategias políticas para y desde Latinoaméri-ca. No todas parecen ser pertinentes, ni mucho menos aplicables. Sin embargo, personas como Recabarren, José Carlos Mariátegui, el mismo Ernesto “Che” Gueva-ra y Fidel Castro, entre otros, son exponentes y partes constituyentes del punto de inflexión, frente a las dos posturas más fuertes sobre el carácter de la Revolución

a esta altura les suena como un chiste desubicado.

En este 2010 se celebraran cien años más de Chi-le. La actual oligarquía política y económica, sacará una nueva foto desde distintos ángulos, retocando las partes que no se deben mostrar. Pero si le sacá-ramos a Chile una radiografía, sabríamos que exis-ten muchos huesos rotos y varios tumores todavía.

Aún así, y de todas formas, queda la difícil, pero noble tarea para quienes pensamos y queremos un Chile realmente independiente, realmente soberano en sus decisiones de construirlo donde el trabajador tenga el sitial importante que le corresponde. Queda aún en nosotros, en la generación de este bicentenario, el anhelo firme para cuando el pueblo se haga poder.

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en Latinoamérica en el siglo XX: El eurocentrismo y el excepcionalismo indo-americano. En estas breves lí-neas buscamos retomar algunos elementos en torno al mentado carácter de la Revolución en Latinoamérica.

Una figura sin duda heterodoxa y revolucionaria ad-quirió Mariátegui al enfrentarse a estas posturas que surgen en Latinoamérica. El amauta peruano, conside-raba que si bien en los países europeos sólo la clase obrera industrial tiene posibilidades de desarrollar el so-cialismo, en Latinoamérica los partidos revolucionarios deben comprender al campesinado y a los trabajado-res indígenas. Para Mariátegui, la revolución en Latino-américa será socialista o sencillamente no lo será, y si bien la burguesía, contingentemente, se puede mostrar anti-imperialista en la lucha político-económica, propo-niéndose a la cabeza en un frente amplio, incluyendo fuerzas populares, obreros y campesinos, esta lucha, por sí sola, no soluciona los problemas fundamentales de la realidad peruana ni Latinoamericana, puesto que considera en un sólo interés a dos clases, que en sí mismas son contradictorias, y por tanto irreconciliables

.Generalmente, se considera a Mariátegui como

el antecesor político e ideológico de Guevara, y es posible identificar tal vínculo en la absoluta descon-fianza de ambos en la política anti-imperialista de la burguesía nacional, la pequeña burguesía y los de-

fensores de sus intereses. Mientras Mariátegui pudo observar la experiencia mexicana donde la burguesía pactó con el imperialismo Estadounidense; Guevara por su parte, identificó la experiencia de la burgue-sía cubana, boliviana y guatemalteca, permitiéndose, desde ésas y otras experiencias, establecer que el campo popular es el enemigo principal de la burgue-sía, ya que ésta no tiene necesariamente un raigam-bre nacional y está dispuesta -inclusive- con toda la fuerza militar del aparato represivo del Estado, a arremeter en contra de sublevaciones radicales que representen los intereses de los trabajadores, como lo fue el ejemplo de las dictaduras latinoamericanas.

Efectivamente, hemos dicho, que el carácter de la revolución en Latinoamérica es socialista, necesaria-mente socialista, y como lo expresara Mariátegui,es una sola fase de la revolución mundial. De igual ma-nera, Guevara insiste en el Mensaje a la Tricontinen-tal, cuando plantea que No hay cambios que hacer: o revolución socialista o caricatura de revolución. […]

En estas breves palabras nos hemos propuesto –sintéticamente- abordar algunos elementos corres-pondientes a lo que se conoce como el problema de la naturaleza de la revolución; y que de ninguna manera lo consideramos acabado. Menos aún en momentos don-de la crisis económica mundial parece no haber termi-nado, donde los fenómenos emergentes de la economía mundial se proyectan como los nuevos imperialismos y donde existen virajes hacia la izquierda y radicalizacio-nes de la derecha en algunos países de Latinoamérica.

En nuestro país, las evidentes desigualdades económicas, expresadas en la insatisfacción de las necesidades mínimas, la precarización del traba-jo y la flexibilidad laboral, pero sobre todo el inmen-so potencial que ha demostrado el movimiento obre-ro chileno, nos llama con ímpetu a volver sobre este problema que es, en definitiva, el que nos permite trazar tácticas y estrategias coherentes de lucha.

Los textos que hemos recogidos para esta breve palabras son de Nés-tor Kohan (El capital. Historia y Método. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 2005, Ni calco ni copia, ensayos sobre el marxismo argen-tino y latinoamericano –disponible en el sitio Web: http://www.rebelion.org/docs/13312.pdf-); de Adolfo Sánchez Vásquez (Filosofía, praxis y socialismo. Tesis 11 grupo editor. Buenos Aires, 1998) y Michael Löwy. (El marxismo en América Latina. LOM Ediciones. Santiago, 2007 y “Las etapas del desarrollo social en la ‘visión del mundo’ marxista en América Latina”, en Dialéctica y Revolución. Siglo veintiuno editores, 1975) Maestro o sabio, en lengua quechua.

José Carlos Mariátegui nació en Perú en 1894.Fue un hombre ilustrado que apoyó la Reforma Universitaria. y las causas obreras. Fue escritor y profesor de la Universidad Popular González Prada. Fue perseguido y encarcelado por la defensa de causas comunistas, A fines de los años ‘20 rompió con el APRA, fundó el Partido Socialista peruano, la revista proletaria Labor, publicó su obra Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana y fundó la Confederación de Trabajadores de Perú. Su legado es importantísimo para nuestro continente, y que fue capaz de construir una lectura latinoame-ricanista del marxismo, alejándose del dogmatismo y preocupándose de un asunto de suma importancia, sobre todo para su país: la “cuestión del indio”.

El eurocentrismo se basa en una visión evo-lucionista y lineal de los procesos históricos (en el desarrollo social se sucederían rígi-das etapas), transportando mecánicamente a América Latina los modelos que explican la evolución histórica de Europa en el S.XIX. Como según ello, las condiciones en Latinoamérica no están suficientemenete maduras para una revolución socialista, hay que bucar una etapa histórica democrática y antifeudal como la que de Europa de los siglos VVII y XIX. Esta visión predominó en nuestro continente desde mediados de la década del ’30, luego que en el VI Congre-so de la Internacional Comunista (Moscú, 1928) se estudiaran los problemas de A. Latina, a través de la óptica mecanicista

El excepcionalismo indo-americano se basa en una visión de la historia que avanza por etapas imposibles de saltar. Esta visión fue defendida por el APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana), quienes absolutizaron la especificidad de América Latina y de su cultura. Para Haya de la Torre, su fundador, el espacio-tiempo de América Latina es diferente al espacio-tiempo europeo, por lo cual el capitalismo no podría destruirse, sino que habría que desarro-llarlo plenamente, fortaleciendo las burguesías nacionales. Y organizándose en un frente amplio, no sólo de trabajadores, sino que pluriclasista y antiimperialista.

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A G E N D A C U L T U R A L

CHARLAS-IV Jornadas de Historia Política Fecha: 19 y 20 de OctubreLugar, Valparaíso (por definir) Descripción: Las IV Jornadas de Historia Política tienen por finalidad avanzar en la praxis académica de los es-tudiantes y/o recién titulados, sobre temas relevantes del pasado inmediato de nuestro país. Por ello pensa-mos que cada ponencia y/o cátedra magistral, debe estar enfocada en expresar una nueva práctica de la historiografía política, que dé cuenta de la necesidad de vitalizar este ámbito disciplinario en vistas de hacer patente su utilidad teórica y práctica, orientadora de la realidad social.

CINE

-Muestra “Una Década de Cine Chileno”Lunes 6: La vida de los pecesDirección: Matías BizeAño: 2010Duración: 84 minutos Martes 7: Dawson Isla 10Dirección: Miguel LittinAño: 2009Duración: 112 minutos Miércoles 8: TuristasDirección: Alicia SchersonAño: 2009Duración: 105 minutos Jueves 9: Desierto Sur Dirección: Shawn GarryAño: 2008Duración: 108 minutos Viernes 10: La Buena Vida Dirección: Andrés WoodAño: 2008Duración: 108 minutos Miércoles 15: El BrindisDirector: Shai AgosinAño: 2007Duración: 100 minutosMiércoles 22: Cachimbairección: Silvio CaiozziAño: 2000Duración: 127 minutos Todas las funciones son a las 19:00 horas. Entrada li-berada. Ingreso por orden de llegada hasta alcanzar capacidad de la sala. Avenida Brasil 2830, Valparaíso.

TEATRO-Estreno de “Las Sillas”, de Eugene Ionesco.14 y 15 de Septiembre a las 19:00 horas. Calle Condell, 1349, Valparaíso.Presenta: Teatro Anónimo de Valparaíso.Dirección Teatral: Antonio PobleteAdhesión: 1.000 pesos

-”Circo el Gran Parrón”

Teatro Mauri. Cerro bellavista, Av. Alemania 6985, Valparaíso

Teléfono de reserva: 089690948Desde el 21/08/2010 hasta 12/09/2010 Sábado 19.00 hrs y domingo 19.00 hrs

$2500 general y $1500 estudiantes y tercera edad

MÚSICA

-Ciclo de recitales de música popular “Todos los Vier-nes”.Sala Escuela Moderna de Música, sede V Región , ubi-cado en 1 Oriente 584, esquina 7 Norte, Viña del Mar, a las 18.30 horas. La entrada es liberada.Algunos grupos que participarán son:· Lomofilia , viernes 3 de septiembre ( pop)· La Rompepaga, viernes 15 de octubre (blues, rock)· Veraguas, viernes 22 de octubre, (rock)· Carlos Caamaño Trío, viernes 29 de octubre (jazz)· Hogtrema, viernes 5 de noviembre (rock)

Laura de Las Heras

Page 24: Edición Especial

“RICOS Y POBRES”

Extractos de la Conferencia dictada por Luis Emilio Recabarren en Rengo la noche del 3 de septiembre de 1910, en ocasión del Centenario de la Independencia de Chile.

“Un pueblo que vive así sometido a los caprichos de una sociedad injusta, inmoral y criminalmente organizada, ¿qué le corresponde celebrar en el 18 de Septiembre? Nada. El pueblo debe ausentarse, debe negar su concurso a las fiestas con que sus verdugos y tiranos celebran la independencia de la clase burguesa, que en ningún

caso es la independencia del pueblo ni como individuo ni como colectividad.”

“…La fecha gloriosa de la emancipación del pueblo no ha sonado aún. Las clases po-pulares viven todavía esclavas, encadenadas en el orden económico, con la cadena del salario, que es su miseria; en el orden político, con la cadena del cohecho, del fraude y la intervención, que anula toda acción, toda expresión popular y en el orden social, con la cadena de su ignorancia y de sus vicios, que le anulan para ser consideradas

útiles a la sociedad en que vivimos. ..”

“… ¿qué cosa es lo que celebra el pueblo en este aniversario? Lo que en realidad hace el pueblo en esta fecha, estimulado por la burguesía, es gastar su dinero en torrentes

de licor que la misma clase burguesa le vende para guardar el dinero en sus cajas insaciables.”

Yo canto la Diferencia Violeta Parra (1960)

Tonada al estilo chillanejo, pueblo natal de Violeta Parra, compuesta en 1960 para las fiestas de conmemoración del 150° aniversario de la Independencia de Chile. Constituye, en cierta forma, la

declaración pública de su manifiesto artístico, su “toma de posición” frente a la sociedad.

Yo canto a la chillaneja Si tengo que decir algo. Y no tomo la guitarra Por conseguir un aplauso. Yo canto la diferencia Que hay de lo cierto a lo falso, De lo contrario no canto. Por eso, Su Señoría, Dice el sabio Salomón, Hay descontento en el cielo. En Chuqui y en Concepción Ya no florece el copihueY no canta el picaflor. Centenario de dolor. Les voy a hablar enseguida De un caso muy alarmante. Atención el auditorio Que va a tragarse el purgante: Ahora que celebramos El dieciocho3 más galante, La bandera es un calmante. Un caballero pudiente, Agudo como un puñal, Me mira con la mirada De un poderoso volcán, Y con relámpagos de oro Desliza su Cadillac10. Cueca11de oro y libertad. Yo paso el mes de setiembre Con el corazón crecido De pena y de sentimiento De ver mi pueblo afligido: El pueblo amando la Patria

Y tan mal correspondido. El emblema por testigo. De arriba alumbra la luna, Con tan amarga verdad, La vivienda de la Luisa Que espera maternidad. Sus gritos llegan al cielo, Nadie la habrá de escuchar En la Fiesta Nacional. En Comandos importantes, Juramento a la bandera. Sus palabras me repican De tricolor las cadenas, Con alguaciles armados En plazas y alamedasY al frente de las iglesias. La Luisa no tiene casa, Ni una vela, ni un pañal; El niño nació en las manos De la que cantando está. Por un reguero de sangre mañana irá el Cadillac. Cueca amarga nacional. Los ángeles de la guarda Vinieron de otro planeta, ¿Por qué su mirada turbia, Su sangre de mala fiesta? Profanos suenan tambores, Clarines y bayonetas. Dolorosa la retreta. La fecha más resaltante, La bandera va a flamear. La Luisa no tiene casa, La parada militar.