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Latín y Cultura Clásica La cantidad y el acento 1 PREPARADORES DE OPOSICIONES PARA LA ENSEÑANZA C/ Sagasta, 20 – 1º 28004 Madrid Tel.: 91 308 00 32 REV.:11/15 Email: [email protected] Web: http://www.preparadores.eu TEMA 3 : Cantidad vocálica y silábica. El acento latino. Repercusión en el verso y en la prosa. La pervivencia de la colocación del acento latino en las lenguas romances peninsulares. Autor: José Antonio Castilla Esquema: 1. Introducción: locus desperatissimus 2. La cantidad 2.1. La cantidad vocálica 2.2. La cantidad silábica 3. El acento 3.1. Posición del acento histórico 3.2. Naturaleza del acento histórico 3.2.1. Conceptos básicos: intensidad y altura 3.2.2. Tesis de la escuela francesa 3.2.3. Tesis de la escuela alemana 3.2.4. Replanteamiento de la cuestión 3.2.5. Conclusiones sobre el acento histórico 3.2.6. Conclusiones sobre el acento prehistórico 4. Repercusión del acento en el verso y en la prosa 4.1. El metro en el verso y en la prosa 4.2. El ritmo en el verso y en la prosa 5. La pervivencia de la colocación del acento latino en las lenguas romances peninsulares 5.1. Pervivencia de la acentuación clásica 5.2. Desplazamiento del acento 5.2.1. Consideración previa 5.2.2. En los hiatos 5.2.3. Ante el grupo muta cum liquida 5.2.4. Rehechos analógicos 5.2.5. Recomposiciones 6. Bibliografía

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    REV.:11/15

    Email: [email protected] Web: http://w

    ww.preparadores.eu

    TEMA 3: Cantidad voclica y silbica. El acento latino. Repercusin en el verso y en la prosa. La pervivencia de la colocacin del acento latino en las lenguas romances peninsulares.

    Autor: Jos Antonio Castilla Esquema:

    1. Introduccin: locus desperatissimus 2. La cantidad

    2.1. La cantidad voclica 2.2. La cantidad silbica

    3. El acento

    3.1. Posicin del acento histrico 3.2. Naturaleza del acento histrico

    3.2.1. Conceptos bsicos: intensidad y altura 3.2.2. Tesis de la escuela francesa 3.2.3. Tesis de la escuela alemana 3.2.4. Replanteamiento de la cuestin 3.2.5. Conclusiones sobre el acento histrico 3.2.6. Conclusiones sobre el acento prehistrico

    4. Repercusin del acento en el verso y en la prosa

    4.1. El metro en el verso y en la prosa 4.2. El ritmo en el verso y en la prosa

    5. La pervivencia de la colocacin del acento latino en las lenguas romances peninsulares 5.1. Pervivencia de la acentuacin clsica 5.2. Desplazamiento del acento

    5.2.1. Consideracin previa 5.2.2. En los hiatos 5.2.3. Ante el grupo muta cum liquida 5.2.4. Rehechos analgicos 5.2.5. Recomposiciones

    6. Bibliografa

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    1. INTRODUCCIN: LOCUS DESPERATISSIMUS De todas las propiedades fonolgicas de la lengua latina, la prosodia es actualmente la ms debatida (Pulgram 88). Y sin duda, entre esas propiedades, el acento se ha convertido en el locus desperatissimus de la lingstica latina (Ballester 19902: 311, Fanego 15), en un problema aparentemente irresoluble para el que no se han dejado de proponer explicaciones de lo ms variopintas e incluso radicalmente contrapuestas, las cuales, en palabras de Pulgram (93), no han hecho sino llevar una y otra vez a un callejn sin salida. Precisamente, este hecho y la abrumadora masa de explicaciones aportadas vienen a demostrar que ninguna de las soluciones propuestas ha resultado plenamente satisfactoria (Puentes Romay 507). Como veremos, la raz del problema y la razn de tan hondas discrepancias entre los estudiosos parecen hallarse no en la comprensin de los resultados objetivamente observados, sino en la interpretacin de los conceptos bsicos manejados, sumamente complejos, todava insuficientemente investigados y casi con toda seguridad errneamente interpretados hasta hace muy pocas dcadas. Sin una adecuada comprensin y sin una precisa definicin de conceptos tales como amplitud, frecuencia, intensidad, musicalidad y otros que caen dentro del terreno de la Fontica Acstica y Experimental, cualquier intento de comprender los hechos lingsticos y las descripciones que de ellos hicieron los autores antiguos acabar en fracaso. 2. LA CANTIDAD 2.1. La cantidad voclica El latn, como el griego y el antiguo indio, entre otras lenguas, hered del indoeuropeo la cantidad voclica como rasgo distintivo, es decir, como propiedad fonolgica. Toda vocal poda ser breve (breuis, correpta) o larga (longa, producta) y en funcin de esta oposicin cuantitativa podan distinguirse entre s dos palabras o dos formas de una misma palabra que compartieran sus restantes rasgos. De esta propiedad elemental de la lengua latina fueron naturalmente conscientes los autores antiguos, por ejemplo, Cicern (v. texto en pg. 13) y Quintiliano, quien observa que una misma letra da un sentido u otro

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    segn sea larga o breve, haciendo que, por ejemplo, malus signifique rbol o bien hombre no bueno 1.

    BREVE LARGA BREVE LARGA

    mlus malo

    mlus manzano / mstil

    dco proclamo

    dco digo

    mlum desgracia

    mlum manzana

    lgit lee

    lgit ley

    plus estanque

    plus palo

    ppulus pueblo

    ppulus lamo

    terr tierra

    terr por tierra

    clo cultivo

    clo cuelo

    mto siego

    mto mido

    slum suelo

    slum solo

    luis ligero

    luis liso

    ltum barro

    ltum amarillo

    unit viene

    unit vino

    mans mano

    mans de la mano

    Sin embargo, y aunque los autores antiguos nunca hablen de ello, es muy probable que en latn la cantidad por s sola no fuese sentida por el hablante como suficientemente distintiva, dado que a menudo sucede que tanto el receptor como el canal distan mucho de ser los ideales (Pulgram 259). As pues, en un momento determinado de su historia, el latn, llevado por la tendencia a la hipercaracterizacin o redundancia, comenz a combinar la cantidad con otra propiedad fonolgica que contribuy a reforzar las oposiciones: el timbre o grado de abertura. Las vocales largas acabaron pronuncindose cerradas y las breves abiertas: slum / slum, fonticamente ['sOlUm] / ['solUm]. Para autores como Pulgram, Iordan-Manoliu (127) y Vnnen (70), esta doble oposicin de cantidad y timbre habra estado presente en el sistema voclico latino desde los primeros tiempos, mientras que para otros como Lausberg (209) habra irradiado a Roma desde el dominio osco-umbro. Sea como fuere, lo cierto es que el latn termin abandonando esta redundancia en detrimento de la oposicin cuantitativa y, por tanto, en beneficio de la cualitativa. Este hecho est constatado por la confluencia en romance de las vocales breves (abiertas) , con las largas (cerradas) , en las nuevas vocales cerradas e, o: urdem / undere >

    1 Inst. or. 1.7.2 (trad. de Ruiz de Elvira): eadem littera alium atque alium intellectum, prout correpta uel producta est, facit: ut "malus" arborem significet an hominem [] distinguitur.

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    it. vrde / vndere (pero hrbam > erba) y frmam, bccam > frma, bcca (pero mrtem > morte)2. 2.2. La cantidad silbica Segn la gramtica tradicional, la vocal sola o combinada con una o ms consonantes forma el grupo fontico ms elemental, la slaba (sullabhv en la gramtica griega, de sullambavnw tomar con, agrupar). Esto quiere decir que en latn, como en griego o en castellano, el ncleo silbico est constituido por la vocal.3 Si al ncleo no le sigue ninguna consonante tautosilbica, la slaba es abierta o libre. Si la vocal es breve, se dice que la slaba consta de una sola mora (mra dilacin, duracin, representada por el signo ** **) y es breve: por ejemplo, r-g-r se compone de tres slabas abiertas y de tres moras. Si la vocal es larga, la slaba consta de dos moras4 y es larga: por ejemplo, r-g-r tiene tres slabas pero cuatro moras, ya que la segunda slaba consta de dos moras (-g-). Tambin puede suceder que la vocal sea seguida por otra vocal con menor grado de abertura o por otro sonido an ms cerrado, una semivocal: cae-lus, tau-rus. Esa vocal ms cerrada o esa semivocal forman con el ncleo el llamado centro silbico, que se identifica con lo que tradicionalmente se ha conocido como diptongo. El centro silbico-diptongo vale por una vocal larga: la slaba a la que pertenece consta de dos moras y es larga: c-lus, t-rus (Ballester 19901: 38). Pero no slo pueden completar ese centro silbico una vocal ms cerrada o una semiconsonante, sino que tambin puede hacerlo otro tipo de sonido an ms cerrado, la consonante: rec-tus (Ruiz de Elvira 298). En este caso, la slaba se denomina cerrada o trabada, pero a efectos prosdicos es equivalente a una slaba abierta acabada en vocal larga o diptongo, ya que consta de dos moras (rc*- = rec-). Dicho de otro modo, la slaba trabada es larga por posicin (longa positine, traduccin del griego makra; qevsei), a diferencia de la slaba abierta acabada en vocal larga o diptongo, que es larga por naturaleza (natur, fuvsei)5.

    2 V. Tema 6, pg. 24. 3 En indoeuropeo y en antiguo indio, como es sabido, tambin pueden ser ncleo silbico las sonantes (lo que se indica por medio del signo ): *km-tom, vr-kah. Cf. serbio Srpska, croata Hrvatska. 4 Dos moras no tienen por qu equivaler a dos slabas breves: segn Ruiz de Elvira 296, una slaba larga viene a tener una duracin de una breve y media aproximadamente (como se aprecia en el par ing. leave / live). Cf. Monteil 113-114. 5 En cierto modo, tambin es trabada y larga por posicin la slaba que contiene un diptongo de segundo elemento u, ya que en este caso cierra la slaba una semiconsonante (en el caso del griego, siempre sucede as: ai, au, etc.).

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    Conviene recordar que es la slaba trabada la que cuenta como larga (rec-), ya que su ncleo voclico conserva siempre la cantidad originaria, como muestra su resultado en romance: cntum > ciento, tnsum > tieso, transursum > travieso, pntem > puente, cnstat > cuesta, crnu > cuerno frente a undit > vende y frma > horma (Fanego 336; vase Tema 6, pg. 24). El siguiente esquema muestra las distintas partes de tres slabas largas, por naturaleza las dos primeras (g, cae), por posicin la tercera (rec).

    SLABA LARGA

    CENTRO SILBICO

    NCLEO SILBICO LMITE SILBICO LMITE

    SILBICO

    MORA 1 MORA 2

    g e* e*

    c a* e*

    r e* c*

    3. EL ACENTO 3.1. Posicin del acento histrico El acento latino de poca histrica estaba condicionado por la cantidad de la penltima slaba: si sta era larga por naturaleza o posicin, recaa sobre ella y, si era breve, recaa sobre la antepenltima: amtur [a"matUr] y dicntur [di "kUntUr] frente a dictur ["dikItUr], domna frente a gallna, regre (inf.) frente a regre (2 sg. pres. ind. pas.). Si la palabra era bislaba, el acento recaa sobre la penltima slaba, cualquiera que fuese su cantidad, ya que el acento no poda recaer sobre la ltima: unit (pres.), unit (perf.), untus. A la ley de la penltima o trisilabismo alude de forma inequvoca Cicern: La propia naturaleza, dando al lenguaje de los hombres una especie de modulacin, puso en todas las palabras una slaba aguda, slo una y no ms all de la tercera slaba a partir de la ltima.7

    6 Este autor (32) recuerda, a este propsito, que la traduccin latina positio es errnea, ya que qevsi" significaba en este contexto convencin, acuerdo, concepto filosfico opuesto a fuvsi". 7 Orator 58 (trad. de E. Snchez Salor): ipsa enim natura, quasi modularetur hominum orationem, in omni uerbo posuit acutam uocem nec una plus nec a postrema syllaba citra tertiam.

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    Las excepciones a esta ley se deben a hechos fonticos o morfolgicos que se consumaron con posterioridad a su entrada en vigor: apcope en illc < *ill-c, reajuste en dind < din < *den < *dend (distinta interpretacin en Ballester, v. infra pg. 16), adicin de encltica en itque [I"takwE] o creacin de compuestos insuficientemente acoplados como calefcit [kalE"fakIt] (Bassols 44 ss, Kent 66). Trubetzkoy reformul la ley de la penltima en unos trminos ms sencillos: El acento recae en la penltima mora descontando la slaba final: amtur: amatur, dicntur: dicntur, dctur: dicitur. Esta tesis choca con una objecin, considerada por algunos ms bien como una excepcin (Ruiz de Elvira 295, 305): en formas como un *clum, el acento no puede afectar a la penltima mora descontando la ltima slaba porque recaera detrs del ncleo silbico, en una consonante, que no es susceptible de recibir acento. 3.2. Naturaleza del acento histrico 3.2.1. Conceptos bsicos: intensidad y altura Cuando los rganos de fonacin vibran, producen perturbaciones en cualquier medio elstico (por ejemplo, el aire). Estas perturbaciones se denominan ondas sonoras. Cada onda alcanza una determinada amplitud que aumenta con la fuerza ejercida sobre las molculas de aire. La amplitud se relaciona con la intensidad: cuanto mayor es la amplitud de la onda, ms intensamente golpean las molculas en el tmpano y ms fuerte se percibe el sonido. En trminos tradicionales, la intensidad o amplitud de la onda caracteriza al acento intensivo: la slaba que lo lleva se pronuncia con mayor intensidad que las restantes. Este acento tambin se conoce como dinmico o espiratorio (Quilis 312). Por otro lado, la onda efecta un nmero determinado de oscilaciones o ciclos por segundo (cps), conocido con el nombre de frecuencia. La frecuencia est relacionada con el tono o altura: cuanto mayor es la frecuencia, ms alto o agudo es el sonido; cuanto menor, ms bajo o grave. La altura o frecuencia de la onda caracteriza al acento musical: la slaba que lo lleva se pronuncia con mayor altura, es decir, ms aguda, que las restantes. Este acento tambin se denomina meldico o tonal.

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    A la izquierda, tres ondas peridicas: a) y b) son, respectivamente, cinco y tres veces la frecuencia de la onda c), es decir, representan sonidos cinco y tres veces ms agudos que sta (A. Quilis 1981: 51).

    A la derecha, la flecha vertical indica la amplitud de la onda y la horizontal su ciclo.

    3.2.2. Tesis de la escuela francesa Si la posicin del acento latino nos es bien conocida tanto por el testimonio de los antiguos como por su continuacin en las lenguas romances, no podemos decir lo mismo de su naturaleza. An se discute la naturaleza del acento del latn clsico, es decir, si se manifestaba por medio de la intensidad o del tono, por modulacin de amplitud o de frecuencia (Allen 1973: 151). La denominada escuela francesa sostiene que este acento era musical fundamentndose en dos hechos. Por un lado, la mtrica latina se basa en la oposicin de slabas breves y largas, lo que slo sera posible en lenguas dotadas de acento musical, y adems es prcticamente indiferente al acento, al contrario de lo que sucede en lenguas con acento intensivo como el espaol (Bassols 49, Fanego 20). Por otro lado, todos los autores romanos afirman inequvocamente que el acento latino era de ndole musical. As, el gramtico Sergio, citando a Varrn8: El acento distingue la entonacin, cuando una parte de la palabra baja hacia una entonacin grave o sube hacia una aguda. En otros lugares se llega a hablar, como en griego, de tres tipos de acento: Es admirable, en efecto, la naturaleza de la voz, que tiene en total tres tonos: el flexionado (inflex), el agudo (act) y el grave (grau).9 Segn Ballester (19902: 312-313), el agudo aludira, en un sentido amplio, al acento en general y, en un sentido restringido, al acento ascendente, que recae sobre la segunda mora de una slaba larga (fdere: fidere, cf. timhv: time), por oposicin al circunflejo o descendente, que recaera

    8 De accentibus Keil 4.525 (trad. de Ruiz de Elvira): Ab altitudine discernit accentus, cum pars uerbi aut in graue deprimitur aut sublimatur in acutum. 9 Cicern, Orator 57.

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    sobre la primera mora (amre: amare, cf. timw'men: timavomen). Finalmente, grave no significara otra cosa que ausencia de acento (mtr, cf. kata; th'": kat tes). Cf. Puentes Romay 504. En una lengua con acento musical y cantidad voclica fonolgica, el acento que recae sobre toda slaba larga consiste en una inflexin tonal (uox flectitur10), es decir, la altura afecta a parte del centro silbico. Si la slaba acentuada es breve, el acento se caracteriza por la ausencia de inflexin tonal: la altura afecta a toda la vocal y hay inflexin de una slaba a otra, pero no dentro de la vocal breve (Quilis 324, Ruiz de Elvira 296):

    reg

    ere, fidere, c

    elus, conf

    ctus, r

    gere

    3.2.3. Tesis de la escuela alemana Radicalmente en contra de esta manera de interpretar los hechos se posiciona la llamada escuela alemana. Sostiene sta que en una fecha temprana el latn (siglos V-IV a. C., segn Bassols 43) o con anterioridad el itlico (Kent 66) sustituy el acento musical y libre del indoeuropeo por un acento intensivo y fijo, que recaa siempre sobre la slaba inicial. Este acento de intensidad inicial habra sido el responsable de un fenmeno que slo puede afectar a las vocales tonas: el debilitamiento de las vocales en slaba intermedia y final. Este debilitamiento se manifiesta en forma de apofonas (*'per-fcio > perfcio, *'per-fctos > perfctus), sncopas (*'breuma > *breuma > brma, *'dexters > *'dexters > dexter, *'ambcpts > anceps) y apcopes (*'faciont > faciunt). Posteriormente, poco antes de los inicios de la transmisin literaria, este acento de intensidad inicial se habra convertido en un acento de intensidad condicionado por la cantidad de la penltima slaba. Este nuevo acento habra surgido como un acento secundario que, tras verse reforzado, habra reemplazado al primitivo acento inicial, que no obstante pudo perdurar como acento secundario en el verso saturnio (''su'perbiter, ''sa'pientia)11 y todava en Plauto, que segn el testimonio de los antiguos se esforzaba por hacer coincidir ictus12 y acento de

    10 Vitrubio, De architectura 5.4. 2, citado por Fanego 19, quien advierte que el pasaje, como el de Orator 57, est referido al latn cantado y, por tanto, cabe suponer que en el hablado la modulacin era menos variada. 11 V. Tema 4, punto 5.6.1. 12 Tambin llamado tiempo marcado. Uno de los tiempos o partes del pie se constituye en tiempo marcado que articula en torno a s los dems tiempos o partes, de modo que el fluir rtmico se organiza a base de una serie de tiempos marcados recurrentes a intervalos consabidos, constituidos precisamente por los tiempos no marcados. En lucha con no pequeas dificultades, buena parte de los estudiosos modernos han admitido en el ritmo cuantitativo de los versos griegos y, sobre todo, latinos la existencia de un factor de intensidad (el ictus) que marcara las partes relevantes de dicho ritmo (llamadas, en consecuencia, partes fuertes). Para unos dicha marca consista en una

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    palabra, de lo que se deducen las acentuaciones 'facilius, 'sequimini, 'cecidero, 'mulierem (Bassols 51, Kent 66, Ballester 19901: 45). Por otro lado, segn esta escuela, en la mtrica latina el acento intensivo habra estado por encima del ritmo cuantitativo, que en buena medida habra sido extrao al latn. Esta preponderancia del acento vendra indicada por la mencionada coincidencia entre ictus y acento lxico en la segunda parte del verso, a diferencia de lo que sucede en el verso griego, donde el acento meldico es irrelevante para los patrones mtricos (Allen 1970: 86, 1973: 154), aunque la cuestin del ictus sigue siendo muy controvertida. Algunos autores, entre ellos Luque Moreno (58, 59), niegan que en poca arcaica y clsica lo normal fuera la lectura mediante ictus, ya que este procedimiento artificial e incluso artificioso slo se habra extendido en fecha tarda para imitar la estructura rtmico-mtrica de los versos cuantitativos y perdurado hasta la actualidad como simple recurso didctico para reconstruir desde nuestra perspectiva de hablantes de una lengua moderna una imagen ms o menos lejana de lo que pudo ser por parte de los hablante griegos o latinos (es decir, hablantes de unas lenguas con una prosodia de cantidades) la ejecucin de unos versos basados precisamente en la cantidad silbica.13 Para salvar el inconveniente que supone el testimonio unnime de los antiguos, los defensores del acento intensivo argumentan que los gramticos latinos no hacan otra cosa que adoptar los esquemas y la terminologa del griego, desentendindose de la realidad de su propia lengua. As, Allen (1973: 151): Es inconcebible que el latn hubiera desarrollado un sistema de acentuacin meldica que coincidiera hasta el ms mnimo detalle con el griego, y slo podemos aceptar que los gramticos han aplicado errnea y servilmente el sistema griego a la descripcin del latn. Segn este autor (1970: 84), slo hay que leer a Pompeyo y Prisciano para comprender hasta qu punto la teora escolar de sus contemporneos estaba calcada de la griega, puesto que uno y otro distinguen rma de Msa, como a{rma de Mou'sa y hms de hmus como kwvmoi" de kw'mo".14 Por su parte, Pulgram (90) citando a Jakobson: Gran parte de nuestra informacin deriva de gramticos de tercera categora, hombres cuya perspectiva era estrictamente libresca, cuya percepcin de la realidad era dbil, que se empeaban en hacer encajar los hechos con sus

    intensificacin de la voz (ictus vocal); para otros, en un golpe (ictus mecnico) producido por la mano, por el pie, etc. (Luque Moreno 10, 52). V. Tema 4, punto 5.4. 13 Este autor aduce como prueba el verso 6.99 de Eneida hallado en un papiro egipcio que iba dirigido a estudiantes que hablaban griego y que marca los acentos, no los tiempos marcados: quin] ptius pcem aetrnam pacts[que hymenaeos. 14 Pompeyo: Non possumus dicere rma (esto es, *arma), citado por Ballester 19902: 319.

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    teoras. Y contina: El error del romanticismo carente de sentido crtico reside en la conviccin de que los que hablaban latn necesariamente lo describan bien. Ni siquiera todos ellos hablaron el latn que describan ni fueron hablantes nativos de ninguna clase de latn. Ambos autores sealan que la propia terminologa latina revela este afn de los romanos por dotar a su lengua de un sistema similar al del griego, ya que palabras como accentus, actus y grauis no son sino simples traducciones de prosw/diva, ojxuv y baruv, lo que no prueba que el latn tuviera un acento musical. Allen aade que, de hecho, no todos los gramticos siguieron el modelo griego, ya que el autor tardo Servio afirma claramente que el acento se encuentra en la slaba que ms suena (accentus in ea syllaba est quae plus sonat). A la objecin de que el latn clsico no pierde vocales bajo la influencia del acento, estos autores responden que el acento dinmico no tiene por qu conllevar siempre ese resultado (cf. poplum > it. 'popolo frente a pueblo) y, en todo caso, esos efectos se observan incluso en conexin con el acento clsico, por ejemplo en ualde junto a ualdus y en disciplna (junto a disciplus). Por lo dems, el conservadurismo de la ortografa normativa puede ocultar casos de sncopa o llevarnos a adscribirlos a un perodo tardo: probablemente existan muchas formas populares del tipo caldus < caldus y uirdis < uirdis como en ingls [pliis] para police, que han pasado sin quedar registradas (Allen 152, Pulgram 129, Puentes Romay 516). Esta postura se vuelve extrema en algunos autores. Kent (66) y Pulgram (passim, sobre todo 119) sostienen sin reparos que entre el siglo III y el II a. C. el latn qued escindido en dos modalidades opuestas entre s, en dos dialectos de un diasistema: un latn hablado dotado de un acento intensivo, heredado de siglos anteriores, y un latn escrito caracterizado por un acento musical que habra sido introducido entre las clases educadas por los maestros griegos. Alrededor del siglo IV d. C., la decadencia de la escuela se habra traducido en el triunfo del nico acento que habra estado vivo desde que se perdi el acento musical indoeuropeo, el intensivo. Pulgram (102, 112, 263) va ms all al negar la vigencia en el latn hablado del trisilabismo y del sistema cuantitativo. La idea de un abismo tan profundo entre latn hablado y latn escrito, repugnante para muchos estudiosos como reconoce el autor (121) no resultara tan extraa si tenemos en consideracin la rgida estructura estamental de la sociedad romana y la posibilidad de comunicacin entre las clases a pesar de las diferencias lingsticas (116)15. 15 Uno no puede evitar acordarse del campesino italiano de alguna regin remota que, hoy da, puede no ser entendido por italianos que slo hablan la lengua estndar y verse impelido a confesar que no habla italiano (122).

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    3.2.4. Replanteamiento de la cuestin En las ltimas dcadas se ha ido imponiendo un modo distinto de abordar la cuestin del acento latino. Como observa Fanego (15, 16), el fracaso de todos los intentos de darle una solucin radica en el hecho de haberla tratado y maltratado desde puntos de vista ms filolgicos que estrictamente lingsticos: Los trabajos de fontica experimental (fsica y acstica) dedicados al estudio del acento han demostrado ad nauseam que la musicalidad y la intensidad son elementos concurrentes en el acento de cualquier lengua, y uno no acierta a entender por qu oscuro motivo la latina (o, si se me permite la osada, la griega) ha de verse libre de tal principio. En el mismo sentido se expresa Ruiz de Elvira (298). Habra que partir, pues, de esta realidad empricamente comprobada: intensidad y altura no slo pueden combinarse para caracterizar el acento de palabra, sino que ste es el caso ms frecuente (Ballester 19902: 312) o, formulado de un modo ms contundente, todos los acentos son tonales e intensivos simultneamente, es decir, acentos sin ms (Fanego 25). Este hecho puede resultar sorprendente para quienes en palabras de Ballester solan oponer artificialmente acento musical e intensivo como dos realidades qumicamente puras e irreconciliables, pero ms an lo es este otro: Las investigaciones ms recientes sobre la naturaleza del acento del espaol, sin duda vlidas en gran medida para la mayora de las lenguas romnicas, han puesto de relieve que, contra lo que generalmente se vena creyendo, el componente de mayor importancia que se da en l, en las realizaciones normales, es lo que con trminos acsticos se denomina variacin en la frecuencia fundamental. En trminos ms tradicionales, esto quiere decir que es, ante todo, tonal. Este factor bsico se encuentra acompaado, en primer lugar, por una ligera tendencia al alargamiento de la vocal acentuada y, por ltimo y a una distancia mucho mayor en su importancia, por una elevacin de la intensidad espiratoria (Puentes Romay 503). Con otras palabras, las lenguas vivas que siempre habamos considerado dotadas de un acento intensivo cuentan con un acento no slo predominantemente musical, sino mnimamente intensivo. La prctica totalidad de los estudios de fontica experimental aplicados al ingls, el francs, el polaco, el noruego, el sueco, el rumano o el espaol (Quilis 322 ss) coinciden en situar en segundo o tercer lugar, por detrs de la altura, el papel desempeado por la intensidad en su acento. Concretamente, en espaol sucede incluso que muchas veces una

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    vocal tona tiene una lnea de intensidad ms alta que la vocal tnica (332). Como observa Puentes Romay, el dogma del acento intensivo romnico y del griego moderno trajo como consecuencia, entre otras, un prolongado debate todava abierto centrado, por una parte, en la relacin del acento de las lenguas romnicas con el latn y, por otra, del acento de esta ltima lengua con el del griego, cuando ni siquiera era seguro que se hubiera comprendido en qu consista el acento griego (504). Segn los antiguos, el acento griego consista en una elevacin tonal de la slaba acentuada en una quinta por encima de las slabas no acentuadas (diavsthma dia; pevnte intervalo de cinco, Fanego 19, nota 35). Ello quiere decir que el acento griego era en efecto musical o meldico, pero no en el mismo sentido que en lenguas tonales como el chino o el vietnamita, en las que las solas distinciones de elevacin del tono entre una slaba y las dems o de diferentes tonos en una sola slaba tienen carcter pertinente, es decir, distintivo (Fanego 16, cf. Pulgram 116). Por ejemplo, en lumasaaba, lengua bant, la forma abone [aBone] significa vea si sus tres slabas se pronuncian respectivamente como sonidos bajo-alto-alto (_ ), y vio si la secuencia es alto-descendente-bajo ( _). No es sta la situacin del griego, donde la altura no es ms que un formante del acento junto con la intensidad y el hecho de que predomine un elemento sobre el otro no es significativo. 3.2.5. Conclusiones sobre el acento histrico Qu implicaciones tiene este replanteamiento global de la cuestin, especialmente la constatacin de que el acento de las lenguas modernas es fundamentalmente musical? En primer lugar, que el acento no ha cambiado de cualidad, ya no slo a lo largo de toda la historia del latn, sino de sus continuadoras, las lenguas romnicas (Puentes Romay 511, en contraposicin con la postura, por ejemplo, de Iordan Manoliu 122). Desde este punto de vista, dejan de tener sentido discusiones como la de la coincidencia entre acento e ictus. En segundo lugar, que, tal como afirmaban los autores romanos, el acento latino era tan musical como el griego: en palabras de Ballester (19902: 313) los romanos utilizaron, s, la terminologa griega, pero no aplicaron pedisecuamente las normas griegas a su lengua [] Hay que suponer que, o todos eran sordos o el acento era sustancialmente de idntica naturaleza en una y otra lengua. Tampoco para Fanego (19)

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    hay razn para creer en un acento diferente para el griego y otro para el latn. Segn Puentes Romay (506), es muy probable que, sin el modelo del acento circunflejo griego, la distincin entre ste (mlum, amre) y el agudo (rma, fdere) hubiese pasado desapercibida en latn, ya que en esta lengua carece de toda funcionalidad, pero, por muy superflua que en latn fuese, no autoriza a negar sin ms su existencia. Se dara, por tanto, la curiosa circunstancia de que los tericos antiguos habran tenido mejor odo y llevado a cabo descripciones ms exactas que los modernos (Ballester, ibidem), puesto que siempre haban definido como musical su acento, esto es, el nuestro, el mismo que los lingistas, hasta hace pocas dcadas, se haban empeado en definir como intensivo. Es decir, hechos exactamente contrarios a los supuestos por la escuela alemana, que hace afirmaciones como la siguiente: En una rama de la Lingstica en la que todava se estn produciendo avances, aunque lentos y a veces vacilantes, los antiguos no podan erigir un edificio terico que pudiera satisfacernos; pero habran hecho mejor si al menos hubieran descrito lo que realmente oan (Pulgram 89). Fanego, extendiendo su crtica a la idea de la preponderancia del acento intensivo sobre el ritmo cuantitativo, aade esta reflexin: si la mtrica latina tomada de los griegos era tan extraa al odo latino, acaso los poetas de Roma componan obras sin gracia y sin sentido rtmico para el auditorio?, es que tan slo unos cuantos privilegiados podan disfrutar y entender el arte potico de los griegos? (24). Si la respuesta es negativa, seran verosmiles las palabras contenidas en el famoso pasaje de Cicern:

    En el caso de los versos, el teatro entero grita si una slaba es excesivamente breve o excesivamente larga; y, sin embargo, la gente no conoce los pies, ni tiene nocin del ritmo, ni sabe por qu ni en qu le choca lo que le choca; y, no obstante, la naturaleza misma puso en nuestros odos la apreciacin de todas las largas y las breves en los sonidos, como puso la apreciacin de los tonos agudos y graves.16

    3.2.6. Conclusiones sobre el acento prehistrico Pero la consecuencia tal vez ms importante de esta revisin es que solucionara uno de los escollos aparentemente insalvables: el hecho, inslito en la historia de las lenguas conocidas, de que en el transcurso de los siglos se hubiera pasado del acento musical indoeuropeo al acento intensivo itlico y, segn la escuela francesa, de nuevo al musical de poca histrica y, finalmente, otra vez a uno intensivo, el de las lenguas romnicas (Bassols 43). Segn el punto de vista moderno, 16 De oratore 173 (trad. de E. Snchez Salor).

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    no sera necesario intercalar ningn acento intensivo entre el musical indoeuropeo y el musical de poca clsica. Que un acento de naturaleza predominantemente musical sea el causante del debilitamiento de las vocales tonas en latn no tendra nada de extrao, puesto que este fenmeno es todava muy comn en lenguas dotadas de idntico acento como el cataln: pessetes [p'sets]. Tngase presente que en la denominacin acento intensivo inicial los dos calificativos no constituyen unidad indisoluble y que bien puede hablarse de un acento inicial sin hacer mencin alguna de su pretendido carcter intensivo o tonal (Fanego 18). Se hace innecesario, pues recurrir, como haca la escuela francesa, a un supuesto esmero en la pronunciacin de la slaba inicial o a un acento secundario de carcter intensivo para explicar aquel debilitamiento (Bassols 49, Monteil 113-114, Ballester 19901: 40-41). Es ms, cabe la posibilidad de que no haya sido ningn tipo de acento ni de esmero el causante de este fenmeno, sino que habra sido la escasa relevancia funcional de esas vocales tonas la que las habra llevado a perder parte de su energa, en contraste con la estabilidad de las slabas iniciales, portadoras generalmente del lexema, y en menor medida de las finales, portadoras de las desinencias (Martinet, citado por Ballester 19901: 35). Sin embargo, an quedara una dificultad por vencer. Si la naturaleza del acento prehistrico era la misma que la del histrico, no puede decirse lo mismo de su posicin: cmo pas el latn de tener un acento inicial a desarrollar un acento condicionado por la cantidad de la penltima slaba? La tesis del acento secundario no explica por qu ste, antes de convertirse en el principal, recay precisamente en una slaba y no en otra ('su''perbter y no *'super''bter). Pulgram (94) seala que lo ms lamentable de la teora tradicional es que prescinde de explicar cmo o por qu esas transformaciones de magnitud fonolgica y tipolgica tuvieron lugar. La solucin que propone este autor es la siguiente: el latn no cont nunca con un acento inicial preceptivo, sino que tuvo desde poca prehistrica el acento condicionado por la cantidad de la penltima slaba, aunque este acento lxico sufri la competencia de un acento inicial enftico que recay sobre el prefijo de una gran parte de los compuestos (*''in'mikos > inmcus, como en ingls ''in'credible). Su carcter potestativo vendra demostrado por los numerosos casos en que no se registra la apofona (collcare, inunire, rengare, abngare, abdcere, benulus, momord, etc.). La cuestin es compleja, porque, como el propio autor reconoce, siempre cabe la posibilidad de que se trate de casos de recomposicin y, por lo dems, no explica

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    satisfactoriamente la apofona fuera de los compuestos, por ejemplo en los prstamos del griego, como amplla < *'ampr()la < ajmforeuv", 'trutna < trutav*na, etc. (102-112 e infra punto 5.2.5). La explicacin ms plausible podra ser la de Ballester, para quien el acento prehistrico no habra recado por norma en la slaba inicial, sino que tan slo habra obedecido a esta regla general: alejarse lo ms posible de la slaba final hasta recaer sobre una vocal larga o, en caso de que sta no existiera, sobre la vocal ms alejada de la slaba inicial, es decir, la primera (19901: 37)17. As, en lugar de la acentuacin *'contbernlis u *'opfcna, postulada por la escuela alemana, Ballester propone una acentuacin *contber'nlis, *opf'cna, que habra provocado el debilitamiento (respectivamente apofona y sncopa) de las vocales pretnicas. A la objecin de que las vocales pretnicas iniciales no han experimentado debilitamiento como las otras pretnicas, Ballester (41) responde que dos factores pudieron contribuir a impedirlo: el especial cuidado con que se pronunciaba la slaba inicial y el desarrollo de un acento secundario que habra actuado como barrera protectora (*''contber'nlis). En un artculo posterior (1996), este autor seala que la estabilidad de la slaba inicial puede deberse a presiones morfolgicas o lxicas: por ejemplo, distincin entre mmus y mmus (aade que en el portugus de Brasil las siete vocales tnicas se ven reducidas a cinco pretnicas y tres postnicas). En definitiva, en casos como stos la acentuacin habra sido la misma del latn clsico (contber'nlis, off'cna) y se vislumbrara una tendencia presente en el latn a lo largo de toda su historia, la de establecer una relacin directa entre acento y vocal larga: primeramente, toda vocal larga fue sentida como tnica y posteriormente, en latn tardo, toda vocal tnica fue sentida como larga: amcus, bnum > bueno (Puentes Romay 512, Ballester 19901: 49; vase adems supra punto 3.2.4 en pg. 11, infra nota 24 y Tema 6, punto 3.1.2, nota 39). As, haciendo los dos sistemas el del acento prehistrico y el del acento histrico ms afines y, en consecuencia, tendiendo un puente entre ellos, su ensamblaje resulta menos traumtico y se evita el hiato de un acento fijo inicial entre dos acentos mviles, el indoeuropeo y el clsico (40, 46).18

    17 Idntica situacin a la del panjabi, lengua en la que el acento se sita sobre una slaba interior con vocal larga y slo en inicial de no darse vocal larga alguna (Ballester 1996: 62). 18 Cf. Fanego 32: Curiosamente, la famosa ley de la penltima o acento parateleutnomo debera llamarse con mayor propiedad ley de la antepenltima. Efectivamente, aunque parezca que el acento latino se fija segn la cantidad silbica de la penltima, en rigor est fijado en la antepenltima y, slo en el caso de que la siguiente sea larga por posicin o por naturaleza, es decir, contenga una vocal larga sin trabazn consonntica o breve con trabazn, el

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    Ballester considera un apoyo a su tesis las acentuaciones populares del tipo 'trgnta, qua'drgnta y otras como 'dende, 'intgrum, que no seran sino restos aislados del acento prehistrico. Por otra parte, puntualiza que lo determinante en esta norma no es la cantidad silbica sino la voclica, de ah la acentuacin *'per-fctos, en oposicin a la clsica per'fctus. De este modo, se diseara con claridad un proceso que conduce de una relevancia de la cantidad voclica a una relevancia de la silbica, constituyendo indoeuropeo y romance los trminos coherentes de este proceso: 'intgrum > in'tgrum > en'tero, in'tiero, en'tier (46). 4. REPERCUSIN DEL ACENTO EN EL VERSO Y EN LA PROSA 4.1. El metro en el verso y en la prosa En cualquier elocucin, es ineludible la sucesin de slabas largas y breves, lo que los griegos llamaban sch'ma th'" levxew" a[rruqmon forma de hablar sin ritmo (Lausberg 1966: 335 ss, citando a Aristteles y a Quintiliano). Esta sucesin se deja al azar (csus). Sin embargo, el arte (ars) pone un lmite a este discurrir irregular y catico valindose del orden. La unidad ms pequea en la sucesin regular de slabas largas y breves es el pie (pouv", ps), donde rige la convencin de que una slaba larga equivale a dos breves. En el verso (ars poetica), la sucesin de pies abarca el fluir entero del discurso y se denomina metro (mevtron, metrum). Pero en la prosa artstica (ars rhetorica) la sucesin, que se conoce con el nombre de ritmo (rJuqmov", numerus), slo afecta a los finales de frase, a las llamadas clusulas (clausulae). El final de la oracin es el lugar ms apropiado para el ritmo, pues al final de la oracin sigue una pausa antes del comienzo de la nueva oracin, pausa que hace perdurar en la memoria acstica del oyente la resonancia de la oracin que acaba (Lausberg 1966: 341). Siguiendo a Herrero Llorente (86), llamaremos prosa mtrica a esta prosa artstica de poca clsica que comparta pies y metros con la poesa, con el fin de distinguirla de la prosa rtmica de pocas posteriores, que se basada en el acento. Segn la tradicin, la prosa rtmica fue inventada por Trasmaco de Calcedonia, quien, con el fin de agradar al odo, sensible a las modulaciones de la voz, habra aadido al uso de las figuras y el cuidado del perodo el procedimiento de las acento se ve atrado a ese lugar. As las cosas, parece que los trminos son justamente los inversos: la norma es que el acento caiga en la antepenltima.

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    clusulas rtmicas. A principios del siglo I a. C., algunos oradores romanos como Craso comenzaron a imitar los finales de perodos usados por los griegos de Asia. Pronto le siguieron otros oradores, como Cicern, e incluso prosistas de otros gneros como Salustio, Quintiliano, Sneca, Plinio el Joven, Apuleyo, Suetonio, Vitruvio, Tito Livio y Tcito. La prosa mtrica est regida por el principio de la uariti: se ha de evitar la repeticin montona de clusulas, que adems de provocar hasto y cansar el odo (De or. 3.192), acercara demasiado el discurso al verso, restndole verosimilitud.19 Por ello, este principio se denomina tambin antimtrico, lo que encierra en s una paradoja que es tan slo aparente, ya que la prosa artstica se limita a guardar una equidistancia entre la poesa y la sucesin azarosa de slabas (Lausberg 1966: 338, Herrero Llorente 87). La prosa mtrica se alejaba de la poesa en la propia eleccin de los pies y metros, ya que rehua particularmente el dctilo, el troqueo y el yambo, mientras que un metro raro en la poesa como el peonio ( * * * @ @ * * *), al que corresponda el crtico ( @ * @), era particularmente grato en la prosa (Crusius 174). La clusula ms frecuente en Cicern (23,3 % de todos los perodos) es la unin de crtico y un pie final trocaico o espondeo: @ * @ @ (morte uicerunt). Le sigue (con un 11,1 % del total) la secuencia @ * @ @ * (cessit audaciae). 4.2. El ritmo en el verso y en la prosa En el latn tardo, la nocin de slaba larga y slaba breve fue sustituyndose poco a poco por la de slaba tnica y tona. Con la prdida de la oposicin cuantitativa de las vocales se perdieron los esquemas mtricos que permitan sustituir una larga por dos breves, pasando a ocupar su puesto los esquemas rtmicos basados en los intervalos entre slabas tnicas. Esta transformacin afect tanto al verso como a la prosa. De este modo, la prosa mtrica degener en prosa rtmica o cursus, donde la unidad qued constituida por la palabra. En realidad, hubo un largo perodo en que ambos ritmos subsistieron (cursus mixtus). De todas las clusulas mtricas, sobrevivieron aquellas en que el acento coincida con el ictus (Herrero Llorente 94). Ya en la prosa griega, desde el siglo IV a. C. hasta finales de la Edad Media, haba un intervalo de al 19 Aristteles, Retrica 3.8.1 (trad. de A. Bernab): La forma de la composicin en prosa no debe ser en verso pero tampoco carente de ritmo, ya que lo primero no resulta convincente (pues parece artificial), adems de que distrae la atencin, pues hace que se est pendiente de cundo volver a aparecer el elemento recurrente. Pero la forma carente de ritmo es indefinida, y debe ser definida, aunque no sea en verso, ya que lo indefinido es desagradable y difcil de entender.

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    menos dos slabas entre los dos ltimos acentos de toda frase final, hecho que tambin encontramos en la prosa latina: aJpavntwn ajnqrwvpwn, dialevgontai a[nqrwpoi, crde currmus, cpi prounciam. Acerca del momento en que se consum este proceso que condujo a la prosa rtmica existen divergencias. Segn unos, tuvo lugar en el seno de una clase administrativa y eclesistica, a partir del siglo XI, segn otros ya desde el siglo V (con el Papa Len I el Grande), IV (con San Agustn) e incluso I (con Plinio el Joven). En la Edad Media, la prosa latina mostr especial predileccin por el llamado cursus planus, constituido por dos polislabos paroxtonos (~! ~ ~ ~! ~: inimcus uirttis, dcimus sse), el cursus tardus, con polislabo paroxtono + tetraslabo proparoxtono (~! ~ ~ ~! ~ ~ : dcus perdderam) y el cursus uelox, formado por polislabo proparoxtono + tetraslabo paroxtono (~! ~ ~ ~ ~ ~! ~ : frngere conabmur). 5. LA PERVIVENCIA DE LA COLOCACIN DEL ACENTO LATINO

    EN LAS LENGUAS ROMANCES PENINSULARES 5.1. Pervivencia de la acentuacin clsica Por lo general, en las lenguas romances la slaba acentuada sigue siendo la misma que en el latn clsico o literario (Lausberg 1965: 201 ss, Iordan-Manoliu 123): ma'turu > cast. gall.-port. ma'duro, cat. ma'dur, it. ma'turo, fr. a. m'ur, pero rum. 'matur; gal'lina > cast. cat. ga'llina, gal. ga'lia, port. ga'linha, it. gal'lina, pero francoprovenzal 'dzerna, norteitaliano 'galna (Lausberg 1965: 206). Naturalmente, esto sucede sin perjuicio de que la palabra, debido a la sncopa de la vocal tona, deje de ser proparoxtona y se convierta en paroxtona: 'populu > 'pueblo, 'poble, 'povo, 'popolo, 'peuple, pero rum. po'por; 'manica > cast. gall.-port. 'manga, cat. mnega, it. 'manica, 'manche, pero provenzal manga. 5.2. Desplazamiento del acento 5.2.1. Consideracin previa En determinadas ocasiones las lenguas romances han visto desplazada la posicin del acento con respecto al latn literario. Estos cambios aparecen ya atestiguados en el llamado latn vulgar (Bassols 47, Lausberg 1965: 201), tardo (Iordan Manoliu 123) o hablado (Pulgram 102) y estn condicionados por factores unas veces fonticos (5.2.2 y

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    5.2.3), otras veces morfolgicos (5.2.4) y otras semnticos (5.2.5). En todos los casos, lo que vienen a demostrar estos desplazamientos del acento es que, con seguridad, en este latn no literario ya haba dejado de operar la ley de la penltima y, por tanto, tambin la oposicin de cantidad voclica (Lausberg 1965: 202, Pulgram 130). 5.2.2. En los hiatos Cuando los hiatos e, o, o estn repartidos entre la slaba antepenltima y la penltima, el acento pasa de aqulla a sta. Este fenmeno, que segn Bassols se remonta al siglo III d. C., se debe a la tendencia de cualquier lengua hablada a deshacer los hiatos: en primer lugar, las dos slabas se funden en una, surgiendo un diptongo e, o, o, y a continuacin el acento se transfiere a la vocal ms sonora e, o, de ah la acentuacin i, i, e (este ltimo pronto se convierte en i20); finalmente, la vocal ms cerrada, primer elemento del diptongo, consonantiz (y posteriormente tendi a desaparecer): j, j. Por ejemplo, el diminutivo fillus se pronunci en latn vulgar *fililu, como demuestran los resultados cast. hijuelo, it. figliuolo y fr. filleul (con diptongacin regular de o < tnica). Anlogamente, el latn cre a partir de auus abuelo y auia abuela otro diminutivo *avilu21, que en latn clsico habra tenido la acentuacin *aulus; la forma vulgar est exigida por el fr. aeul, el cast. abuelo y el gall.-port. av / av. Otros ejemplos: de puteus, putlus > Putelum > Pozuelo, it. Pozzuolo; de hamus (cf. cat. ham), *hamcelu > *hamcilu > anzuelo.

    LAT. CLSICO LAT. VULGAR CASTELLANO GALL.-PORT. CATALN

    mulerem mulire mujer muller / mulher muller

    paretem parite pared parede paret

    abetem abite abeto abeto avet

    lintolum lintelu lenzuelo lenol llenol

    5.2.3. Ante el grupo muta cum liquida

    20 Appendix Probi: faseolus non fassiolus. 21 Una forma no diminutiva *aviu est atestiguada indirectamente por el cataln avi (fem. via).

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    Cuando la ltima slaba de una palabra de ms de dos slabas comenzaba por el grupo consonante + r, el acento recaa en la antepenltima, ya que el grupo no formaba posicin, es decir, no estaba repartido entre dos slabas y no provocaba el alargamiento de la slaba precedente: n-t-grum (con corte tautosilbico del grupo gr). Sin embargo, el latn vulgar acentu la penltima, tendiendo adems a tratarla como vocal breve en slaba abierta, tal como demuestran los testimonios romances: intgrum > it. intiro e intro, fr. y prov. entier, rum. ntreg; tntrum > tontrum > tronido, fr. tonnerre.

    LAT. CLSICO LAT. VULGAR CASTELLANO GALL.-PORT. CATALN

    ntgrum intgrum entero enteiro enter

    tnbrae tenbras tinieblas trevas tenebres

    cthdra cathdra cadera cadeira cadira

    clbra colbra culebra cobra colobra

    Las explicaciones que se han dado a este desplazamiento del acento son variopintas. En primer lugar, es preciso recordar que en latn preliterario la acentuacin fue con seguridad proparoxtona, con corte heterosilbico (*ntg-rom 22), de lo contrario el resultado habra sido *ntgrum (Rodrguez Pantoja 371 ss, Ruiz de Elvira 300). Ms tarde, la pronunciacin tautosilbica del grupo llev, en virtud de la ley de la penltima, a la acentuacin proparoxtona ntgrum. No obstante, a imitacin de la poesa griega, Ennio introdujo la variante mtrica intg-rum, con corte heterosilbico, que desde entonces convivi en poesa con nt-grum. Segn Bassols y Lausberg, en el habla popular esta combinacin de consonantes tambin produjo alargamiento por posicin y, por tanto, acentuacin paroxtona. La explicacin de Iordan-Manoliu es ms compleja: el deseo de evitar una sucesin de tres sonidos consonnticos fren la sncopa de la vocal breve postnica y el acento, liberado de la cantidad condicionadora (Pulgram 130), pas a la penltima slaba. En el caso concreto de ntgrum, la accin conjunta de la analoga con el nominativo integer y la anaptixis23 habra producido un acusativo *intgerum que por sncopa habra dado intgrum. Para la explicacin de Ballester, v. supra, pg. 16.

    22 Compuesto del prefijo privativo in-, la raz de t-n-g- y el sufijo adjetival *-ro-: *in-tag-ro-m. 23 Cf. fr. a. souvrain > fr. souverain, cast. cronista > coronista.

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    Sea como fuere, lo cierto es que la acentuacin paroxtona termin imponindose incluso en el latn culto, de ah que un autor como San Isidoro de Sevilla (560-636) escribiera: Barbarismo es la pronunciacin de una palabra con una letra o un sonido corrupto; como cuando se alarga la slaba primera en lugar de la de en medio, por ejemplo en latebrae, tenebrae.24 5.2.4. Rehechos analgicos Las formas de un paradigma pueden influirse recprocamente en cuanto a la posicin del acento. Unas veces la posicin originaria del acento cambia en unas lenguas romnicas y otras veces en otras, aunque es el romance iberorromnico, especialmente el castellano, el que ms ha reestructurado sus paradigmas verbales creando numerosas formas diferenciadas del latn clsico por lo que a la acentuacin se refiere. Por ejemplo, frente al italiano, el francs y el cataln, que suelen conservar la acentuacin proparoxtona del infinitivo de la tercera conjugacin, el castellano y el gallego-portugus innovan al desplazar el acento a la penltima slaba, confundiendo esta conjugacin con la segunda: prndre > it. 'prendere, fr. cat. 'prendre frente a cast. gall.-port. prender; crdre > 'credere, croire, 'creure frente a creer, crer; bbre > bere, boire, beure frente a cast. gall.-port. beber. Los infinitivos del tipo battre dejaron paso en una parte de la Romania al tipo bttere bajo el influjo de formas como btto < btt, battis < btts. As se explica el it. 'battere, el fr. battre y el cat. batre, frente al gall.-port. bater y cast. batir, este ltimo con paso a la cuarta conjugacin; futre > *fttere > 'fottere, foutre, fotre, rum. fute frente a foder, hoder > joder; sin embargo, consre > *csere > fr. coudre, rum. coase frente a it. cu'cire, cat. co'sir, con paso a la cuarta conjugacin (cusire atestiguado por San Isidoro), y cast. gall.-port. coser. Por otro lado, en una parte de la Romania, la tercera persona del plural del pretrito perfecto de indicativo, que, a pesar de tener la desinencia -runt25 se pronunciaba paroxtona en latn literario, pas a ser proparoxtona bajo la presin de las dems personas: fecrunt > fcerunt > it. 'fecero, fr. a. 'firent, rum. a. 'fecer; dixrunt > dxerunt > 'dissero, fr. a. 'distrent > dirent, rum. 'ziser. Frente a esta situacin, el castellano presenta formas paroxtonas influidas por la segunda persona del singular y del plural (fecst, fecstis): hicieron, dijeron. 5.2.5. Recomposiciones 24 Etimologas 1.32.1: Barbarismus est uerbum corrupta littera uel sono enuntiatum [] sono, si pro media syllaba prima producatur, ut latebrae, tenebrae. Obsrvese, por cierto, cmo el autor confunde acentuar con alargar (Rodrguez Pantoja 374). 25 V. Tema 17, pg. 15.

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    Las influencias recprocas se dan no slo entre formas de un mismo paradigma, sino tambin entre palabras de una misma familia. Es lo que sucede en aquellos verbos compuestos que, mediante una desmembracin acentual, hacen perceptibles sus elementos, proceso que se conoce como recomposicin. En latn vulgar este fenmeno fue posible gracias a la prdida de la cantidad fonolgica y el consiguiente abandono de la ley de la penltima: mplcat > implcat > it. impiega, fr. emploie; rngat > rengat > riniega, renie, cast. reniega, gall.-port. cat. renega; rcpit > recpit > riceve, reoit, recibe; con restitucin del timbre anterior a la apofona: cntnet > contnet > it. cast. contiene, fr. contient, cat. cont.

    6. BIBLIOGRAFA - ALLEN, W. S., Vox latina: A guide to the pronunciation of Classical

    Latin, Cambridge University Press, 1970. Obra demasiado concisa, insuficiente para ahondar en este tema. Por lo dems, muchas de sus partes son reproducidas ms o menos literalmente en la obra de 1973.

    - ALLEN, W. S., Accent and rhythm. Prosodic features of Latin and Greek: A study in theory and reconstruction, Cambridge University Press, 1973. Estudio imprescindible para lograr una profunda comprensin de los conceptos bsicos de la prosodia latina y de la griega (v. gr. pg. 154). Se inclina por desacreditar el testimonio de los gramticos latinos, posicionndose a favor de la escuela alemana y del acento intensivo de poca histrica, esencialmente distinto del griego.

    - BALLESTER, X., La posicin del acento prehistrico latino, Emerita 58, 1 (1990), pgs. 33-50. Interesante artculo que, sin entrar de lleno en la naturaleza (musical o intensiva) del acento prehistrico latino, revisa la teora de la escuela alemana salvando la dificultad del salto del acento prehistrico al histrico, al tender de manera ingeniosa un puente entre ambos: el acento, rehuyendo la slaba final, recae sobre la ms alejada de ella a menos que encuentre el obstculo de una vocal larga.

    - BALLESTER, X., El acento latino segn los antiguos, Emerita 58, 2 (1990), pgs. 311-322. Artculo revisionista con respecto a la tesis hasta hace poco predominante segn la cual los gramticos latinos no hacan sino seguir servilmente la terminologa aplicada por los griegos a su lengua. El autor analiza con todo detenimiento los trminos utilizados por los antiguos, cuya inteligencia y rigor han sido, en su opinin, injustamente considerados. Poco recomendable para los fines del opositor, dada su complejidad, imposible de condensar en un tema como ste.

    - BALLESTER, X., La tipologa y el acento prehistrico latino, Emerita 64, 1 (1996), pgs. 59-64. Rpido repaso a una nueva serie de argumentos encontrados por el autor para rebatir la tesis del acento inicial.

    - BASSOLS DE CLIMENT, M., Fontica latina, Madrid, CSIC, 1981. Muy claro en el tratamiento de la cuestin del acento, aunque poco profundo y, sobre todo, muy anticuado en lo que se refiere a los conceptos bsicos de Fontica Acstica. Se desentiende, por lo dems, de otras cuestiones de prosodia, entre ellas de la cantidad voclica y silbica.

    - CRUSIUS, F., Iniciacin a la mtrica latina, Barcelona, Bosch, 1987. Estudio muy sinttico que slo interesa para adquirir nociones de verso y prosa mtrica.

    - FANEGO PREZ, T., El latn y la ley de la penltima: un paralelo en irlands, Cuadernos de filologa clsica: Estudios latinos 17 (1999), pgs. 9-35. La primera parte del artculo (hasta pg. 25) hace un clarificador y valioso repaso de los argumentos en pro y en contra de la naturaleza musical o intensiva del acento latino, consignando las

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    teoras ms modernas acerca de la musicalidad y la intensidad del acento en general. Una vez comenzada la lectura, se echa en falta que el autor profundice en sus interesantes razones, que tan slo esboza, para dar una solucin a esta debatida cuestin, pero en la segunda parte abandona la lnea iniciada, debido al propsito del artculo, y se centra en la comparacin con los hechos del irlands. Esta parte es menos valiosa para el tema que nos ocupa y, en principio, de difcil comprensin, dada la lengua con la que se establece la comparacin.

    - GROOT, A. W., La prose mtrique des anciennes, Pars, Socit ddition Les Belles Lettres, 1927. Non uidi.

    - HERRERO LLORENTE, V. J., La lengua latina en su aspecto prosdico, Madrid, Gredos, 1971. til sobre todo para conocer las clusulas de la prosa rtmica basada slo en los intervalos entre slabas acentuadas.

    - KENT, R. G., The sounds of Latin: a descriptive and historical phonology, Nueva York, Kraus Reprint Corporation, 1966. En lnea con la escuela alemana, defiende la existencia de un acento intensivo desde poca prehistrica y la idea de una honda y temprana separacin entre latn literario y latn hablado. Evidentemente anticuado, aunque til por otras razones, entre ellas la abundancia de datos.

    - LAUSBERG, H., Lingstica Romnica, Vol. I, Madrid, Gredos, 1965. til para todo lo relativo a la pervivencia y desplazamiento de la posicin del acento latino en las lenguas romnicas.

    - LAUSBERG, H., Manual de retrica literaria: fundamentos de una ciencia de la literatura, Vol. I, Madrid, Gredos, 1966. Contiene un detenido estudio de la terminologa clsica referida a la prosodia y una exhaustiva enumeracin de las clusulas oratorias basadas en la mtrica cuantitativa.

    - LUQUE MORENO, J., Arsis, thesis, ictus: las marcas del ritmo en la msica y en la mtrica antiguas, Universidad de Granada, 1994. Profundiza de un modo clarificador en la debatida cuestin del ictus, contra cuyo carcter preceptivo y genuinamente antiguo se pronuncia con rotundidad.

    - LUQUE MORENO, J., De Pedibus, De Metris. Las unidades de medida en la rtmica y en la mtrica antiguas, Universidad de Granada, 1995. Non uidi.

    - MONTEIL, P., Elementos de fontica y morfologa del latn, Universidad de Sevilla, 1992. Interesa la parte dedicada a la evolucin de las vocales interiores y finales (112-114), donde la nocin de acento inicial es sustituida por la de dinmica de la palabra.

    - PUENTES ROMAY, J. A., Acento tonal en romance y en latn: algunas implicaciones, Moenia, 3 (1997), pgs. 503-518. Artculo verdaderamente puesto al da, uno de los ms clarificadores: desentraa la raz del problema del acento remontndose a conceptos instrumentales de Fontica Acstica, estableciendo una conexin con el griego e intentando hacer ver no slo que el testimonio de los antiguos es digno de crdito, sino que el objeto de sus descripciones, el acento, no ha cambiado de naturaleza en su paso a las lenguas romances (y al griego moderno).

    - QUILIS, A., Fontica acstica de la lengua espaola, Madrid, Gredos, 1981. Importantsimo manual que ha marcado un hito sobre todo en la Filologa Latina de Espaa: sin l es imposible ahondar de manera adecuada en el problema del acento latino (y griego). Indispensable para comprender la verdadera naturaleza del acento no slo del espaol sino de las dems lenguas a las que tradicionalmente se ha atribuido un acento intensivo y, por ende, para acercarse a la autntica naturaleza del acento latino. La obra abunda en referencias a estudios de Fontica Acstica aplicados al ingls, el francs, el polaco, el lituano, el espaol y otras lenguas. Profundiza en aspectos tcnicos.

    - RODRGUEZ PANTOJA, M., Acento latino clsico y acento vulgar: el tipo tenebrae, Revista Espaola de Lingstica, 17/2 (1987), pgs. 371-381. Breve repaso a la cuestin del acento latino y romance en relacin con el grupo muta cum liquida.

    - RUIZ DE ELVIRA Y SERRA, M. R., Sobre el acento latino, Cuadernos de Filologa Clsica 21 (1988), pgs. 295-306. Se posiciona decididamente a favor de la naturaleza musical del acento latino, sin descartar la participacin de la

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    intensidad, partiendo de la tesis de Trubetzkoy segn la cual es la mora y no la slaba la que gobierna el acento latino (como el griego), pero amplindola con una reformulacin cuyas objeciones tal vez no termina de rebatir satisfactoriamente.

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