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revista número 116

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Text of revista número 116

  • TARRACO

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  • Tarragona tie-ne algo de es-pecial para el visitante. Aunque no se tenga gran conocimien-to del mundo clsi-co, si se da un paseo por el

    casco viejo, podr recrear dis-tintos edifi cios de la que fuera la colonia ms importante de toda la Hispania romana. Ca-pital de la provincia Citerior, y ms tarde de la tarraconense, tuvo etapas en las que vio el impulso de Roma, que cons-truy, invirti y embelleci una gran ciudad a orillas del Mediterrneo, asentada so-bre tres terrazas superpuestas.

    En los ltimos treinta aos la poltica municipal ha dado un gran impulso para el redes-cubrimiento de la Tarragona romana. Se han demolido edi-ficios que nos despistaban, y as hoy podemos recorrer los restos del circo en la plaza de Catalua, cenando en el res-taurante Les voltes, por ejem-plo; tomarnos una pizza en Pulvinar, donde podremos pi-sar algunas losetas originales del circo; entrar en el anfitea-tro para ver la baslica martirial; pasear por el foro observando pedestales de estatua con ins-cripcin honoraria, empotrados en distintos muros; subir hasta la catedral y entrar en ella para comprobar cmo una pared de

    la sacrista coincide con la cella del templo dedicado al culto imperial

    En aquella imperial Tarraco, de la que en la fachada del museo arqueolgico se nos re-cuerda que fue llamada opus Scipionum (obra de los Escipiones), los hombres moran y

    eran enterrados (obvio). La ciudad conserva la que est considerada an como la ms completa necrpolis tardorromana de

    occidente por la variedad tipolgica de enterramientos: cremacin e inhu-

    macin; sarcfago, urna, nfora, bajo tejas, mausoleo, atades de madera, etc. Fue excavada por J. Serra i Vilar en 1925. Esta necrpolis surgi en torno a una baslica martirial dedicada a san Fructuoso y a sus dos diconos, protomrtires de la iglesia hispana (ao 259). Entre todo el ajuar encontrado, con-viene destacar una mueca de marfi l del siglo IV, que apare-ci dentro de un sarcfago con los restos de una nia de unos seis aos. Mide 23 cm de altura y est articulada por los hombros, codos, caderas y rodillas. Se conserva en el Museo Arqueolgico de Ta-rragona.

    En muchas de sus tum-bas haba un epitafi o; algu-nos estaban redactados en verso. De este modo Tarra-gona nos brinda una de las colecciones ms completas de epitafi os del Imperio y, sin duda, la mejor de toda Hispania tanto en cantidad como en calidad.

    DIRECTOR:Jess Pozo Nmero 116enero febrero 2016 EDITA: Funespaa, [email protected]

    REDACTORA JEFE: Nieves Concostrina

    COORDINADORA:Isabel Montes

    DISEO : Romn Snchez

    FOTOGRAFA: J. Casares

    COLABORAN EN ESTE NMERO:Javier del Hoyo, Juan Menchn Bes, Ana Valtierra, Carlos Santos, Javier Gil Martn, Pedro Cabezuelo,Yolanda Cruz, Pilar Estopin, Javier Foseca y Gins Garca Agera.REDACCIN, ADMINISTRACIN Y PUBLICIDAD: C/ Doctor Esquerdo 138. 5 Planta 28007 Madrid.

    TELF.: 917003020 INTERNET: www.revistaadios.esE Mail: [email protected] IMPRIME: JOMAGRAF COMUNICACINPRODUCCIN: Jos Luis Martn

    DEPSITO LEGAL: M-32863-1996La opinin de los artculos publicados no es compartida necesariamente por la revista y/o los

    editores, y la responsabilidad de la misma recae exclusivamente sobre sus autores. Funespaa, S.A.Madrid, 2016 Todos los derechos reservados.Contenidos periodisticos producidos por Candela Comunicacin S.L.Publicidad en Adis: Siluro Concept: Telf: 91 366 47 79

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    TARRAGONA/ LA MUERTE EN LA ANTIGEDAD CLSICA

    Los ms BELLOS EPITAFIOS de la antigua Tarraco

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    Javier del Hoyo

    Inscripcin sepulcral del auriga Eutiches.

  • TARRAGONA/ LA MUERTE EN LA ANTIGEDAD CLSICA

    Grandes monumentos funerariosA unos siete kilmetros de Tarragona, en el trmino de Constant, se encuentra el mau-soleo de Centcelles, uno de los ms impre-sionantes de toda la pennsula, cuyo interior ha estado habitado hasta los aos setenta por una familia y que, tras la rehabilitacin de los arquelogos alemanes Schlunk y Hauschild, ha sido devuelto al pblico y es actualmente visitable. Destaca fundamentalmente por la estructura y por los mosaicos de la bveda, que contienen escenas bblicas y de caza en distintos registros. Estn muy deteriorados, pero la parte conservada es de una calidad extraordinaria. Aunque la funcionalidad del edifi cio est en entredicho, sigue pesando la idea de que fuera el mausoleo del emperador Constante, asesinado en el ao 350 d.C.

    Si tomamos de nuevo el coche, a solo seis kilmetros de la ciudad en direccin a Tamarit, nos encontramos con la llamada Torre de los Escipiones, torre distribuida en tres plantas, de 4,40 x 4,70 m en la base, que en reali-dad es un monumento funerario en mrmol lumaquela de mala calidad, de algo ms de 9 metros de altura en su estado actual. Se encuentra al pie de la carretera N-340, y en su da junto a la va Augusta. La tradicin po-pular pens que se trataba de la tumba de los hermanos Publio y Gneo Escipin, quizs por las dos fi guras que hay en el segundo cuerpo, cuya iconografa hay que asociar sin embargo a dos Atis, fi gura de muerte y resurreccin. En ese segundo cuerpo estaba la cmara mor-tuoria con el ajuar del difunto. El epitafi o ver-sifi cado en latn nos recuerda: Ensalzad las obras que dej al morir, olvidndose de l. / Erigi para los suyos un solo sepulcro, donde han de permanecer para siempre (traduccin de J. Gmez Pallars).

    Dos aurigas en la fl or de la edadJunto a estas tumbas ms suntuosas, te-nemos epitafi os ms sencillos en cuanto al soporte. Uno de los ms interesantes es el del auriga Eutyches, inscrito en un bloque de caliza de 75 cm de altura, que muri a los 22 aos de una terrible enfermedad. Tras una in-troduccin en prosa dicindonos que se llama Eutyches, a la que acompaa un relieve de un auriga con la palma de la victoria, nos cuen-ta en letra pequea y en primera persona, a lo largo de doce versos, la cruel muerte que hubo de padecer.

    En este sepulcro reposan los huesos de un auriga que estaba comenzando su carrera, / aunque no desconoca el arte de dirigir las riendas con la mano. / Yo, que ya me atre-va a subirme a carros de cuadrigas / y, sin embargo, no pasaba de los de dos caballos. / Los crueles hados envidiaban mis aos, / hados contra los que no puedes oponer tu vo-luntad. / Y cuando tuve que morir, no me fue concedida ni la gloria del circo, / para que la gente querida me pudiese llorar. / Enfermeda-des que me abrasaban por dentro quemaron mis entraas, / y las manos de los mdicos no las pudieron vencer. / Deja caer fl ores sobre

    mis cenizas, te lo ruego, viandante; / quizs, mientras yo estaba vivo, fuiste t uno de mis

    seguidores.Otro epitafi o que ahora se conser-

    va en Sevenoaks, en casa de la familia del general J. Stanhope, regalo que le

    hizo el ayuntamiento de Tarragona por su ayuda a la ciudad en los

    enfrentamientos de 1712, y que gracias a las pesquisas de J. Gmez Pallars hemos tenido la oportunidad de volver a ver, est dedicado al auriga Fus-co, de quien se nos dice que perteneca a la faccin azul. Sabemos que en el circo ha-ba cuatro importantes fac-ciones que se distinguan por el color de su divisa: verdes, rojos, blancos y azules. El epitafi o inscrito en un ara funeraria est bajo techado, y su traduc-cin es la siguiente:

    Placa funeraria con invectiva.

    Torre de los Escipiones.

  • TARRAGONA/ LA MUERTE EN LA ANTIGEDAD CLSICA

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    Hemos consagrado un altar a Fusco, del equipo azul,

    hecho con nuestros recursos, afi cionados como ramos y devotos suyos,

    para que todos lo reconozcan como monumento funerario y prenda de afecto.

    La fama la mantienes completa, por tus carreras has merecido alabanzas.

    Has competido con muchos; a nadie has temido, desdichado.

    A pesar de sufrir envidias, siempre has callado, ntegro.

    Has vivido honradamente, mortal, has ido al encuentro de tu destino.

    Quienquiera que seas t, que lo lees, intenta ser como l.

    Detente, caminante, lee con calma, si recuerdas quin fue,

    si has conocido cmo fue este hombre.

    Teman todos a Fortuna; t, sin embargo, dirs solo esto:

    Fusco tiene ya la inscripcin de la muerte, tiene una tumba.

    La piedra cubre los huesos, ya est bien! Fortuna, que te vaya bien.

    Hemos vertido lgrimas por este inocente, y ahora verteremos vino.

    Rogamos que reposes plcidamente. Ninguno comparable a ti!

    Al epitafi o en latn le han aadido una lnea en caracteres y lengua griega: Por siempre ja-ms se hablar de tus carreras.

    El epitafi o de un orfebreUn epitafi o aparecido en 1930 en la necr-polis paleocristiana, donde se encuentra ac-tualmente conservado, est dedicado a Julio Estatuto, el epitafi o de un orfebre que se en-cuentra lleno de juegos de palabras, especial-mente alusivas a su nombre:

    Este era Julio Estatuto, importante de nombre y de ofi cio,

    pues comerciaba el oro para hombres, mujeres y nias.

    Colmado de recursos, era feliz en sus costumbres, en su vida y en su ofi cio.

    No se contentaba con un amigo, sino que disfrutaba de muchos.

    Esta fue siempre su vida: lavarse por la maana y despus de la hora sexta.

    Dej como futuros herederos de su taller a aquellos gracias a los cuales,

    igual que en el establecimiento, ser conservado el nombre de Estatuto,

    tres ofi ciales prcticamente de la misma edad y destreza.

    Yo, uno de sus discpulos, el primero de todos ellos, he escrito estas lneas,

    yo, Secundinio Felicsimo, aunque esto tan solo de nombre.

    Maestro, he hecho lo que he podido: he favorecido

    intereses equivalentes a los recibidos de ti.

    Aado, con estas palabras, sentido a tu tumba, da igual dnde,

    como extranjero, sirvas a tus amigos y a m entre ellos.

    As, cuando cada ao te ofrezcamos estos votos,

    que podamos decir con voz piadosa: Carnuncio, que la tierra te sea ligera.

    Inscripcin empotrada en los muros del foro de Tarragona.

  • TARRAGONA/ LA MUERTE EN LA ANTIGEDAD CLSICA

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    Un epitafi o en forma de dilogo En el Museo Arqueolgico de Ta-rragona podemos ver una placa de mrmol, cuyo texto rompe todos los moldes a los que estamos acostum-brados. Se trata del epitafi o de un matrimonio de libertos, compuesto por Nicomedes y Optata, en que parecen ti-rarse los trastos a la cabeza en un dilogo alejado de los tpicos de costumbre. Tras las interpretaciones que hacia 1975 hiciera G. Alfldy, a quien siguieron otros epigrafi stas latinos, recientemente Jaime Siles y Ricardo Hernndez han rehecho la lectura y han pro-puesto la siguiente traduccin:

    A los dioses Manes. Terencio Nicomedes a Luceya Optata, liberta y esposa.

    Optata: Yo lo he hecho como he podido; y ahora t recelas de mi hijo.

    Nicomedes: Te has pasado toda la vida fuera de casa; muchos se lo pasaron bien a tu costa.

    Optata: Com a expensas de los dems en todo momento: soy una rata caprichosa.

    Se lo hizo a la que bien se lo mereca.

    Urna cineraria de vidrio.

    Mueca de marfi l, hallada en ajuar funerario de la tumba de una nia de seis aos.

  • TARRAGONA/ LA MUERTE EN LA ANTIGEDAD CLSICA

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    Como puede verse, no es un epitafi o al uso. Se trata de una invectiva contra la difunta y transgrede, por tanto, el principio de hablar bien de los muertos, que como norma so-la regir en la antigedad el tono y tema de los epitafi os. La difunta, liberta y esposa del dedicante, es acusada de haber desatendido la casa, de haber cometido adulterio, haber practicado la promiscuidad y de ser un ejem-plo de parasitismo, aludiendo a que es una rata. Aparece, pues, caracterizada como la anttesis del ideal de la mujer tradicional ro-mana. Optata era lo contrario de la mujer de su casa que habitualmente elogian las ins-cripciones.

    Por el tema del adulterio y por la forma dialogada, parece guardar relacin con la tradicin del mimo, que todava en el siglo III d.C. estaba viva en Tarraco. Esta inscripcin sera una parodia construida sobre el estilo formular de las inscripciones sepulcrales y de las frmulas empleadas en las decla-raciones de divorcio, en las que lo que se comunica es que la affectio que vinculaba a los cnyuges ha dejado de existir y que, por lo tanto, la relacin matrimonial entre ellos se ha disuelto. La innovacin del texto tarraconense estriba en que utiliza la piedra como procedimiento de comunicacin del divorcio y no el nuntium, el libellum o las

    litteras. Traducen Siles y Hernndez una de estas en bsqueda de paralelos: Aqu tiene grabadas para siempre sus marcas de infa-mia la liberta Acte, bruja, prfi da, traidora, sin corazn: clavo y cuerda para que se cuelgue, y pez candente para que queme su malvado corazn! Despus de haber sido desinteresadamente manumitida, se fue con un amante, enga a su patrono y, mientras ste yaca enfermo en el lecho, le rob sus sirvientes: una esclava y un esclavo; de ma-nera que el anciano muri solo, abandonado y desposedo. Tengan las mismas marcas de infamia Himno y quienes se fueron con Zsimo.

    Indicadores de la riqueza cultural de

    Tarragona.

    Mausoleode Centcelles.

  • TARRAGONA - NECRPOLIS

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    Hay frases que por lapidarias que sean, no dejan de ser de una vera-cidad absoluta, sea donde sea, sea cuando sea. La primera que viene a la me-moria se la o a una perso-

    na ya mayor, y por ello muestra cierta irona e incluso sarcasmo: Morir es ley de vida. Es aquel lapidario memento mori (recuerda que morirs) de los latines cada da ms olvidados, pero cada vez ms necesarios en una sociedad de excesi-va velocidad que no nos deja mirar hacia atrs y otear de dnde venimos, ni incluso mirar hacia adelante con serenidad para saber hacia dnde vamos; o que es incapaz siquiera de asir el fugaz presente y entender quines somos. La segun-da es la inscripcin en un monumento alusivo a una cruenta batalla de la Guerra Civil de 1936-1939: Si nos olvidis ser cuando moriremos.

    El fi n de la vida fsica es, nos agrade o no, una verdad absoluta. Y la necesidad de perdurar, tambin. De aqu la creencia en el ms all o en la nada, o el deseo de permanecer gracias a las obras, al recuerdo, a la familia, los amigos, los hijos Son pulsiones inherentes a toda socie-dad humana. La imagen del ser querido fallecido tiempo ha, al rezo, la vela encendida el da de Difuntos o las fl ores en la lpida de la tumba, donde cclicamente se van cincelando los nom-bres de los que poco a poco van acompaando a los que pasaron al otro lado del ro Aqueronte, van supliendo, consolando, calmando o aliviando esta tribulacin humana ante lo inevitable y el vaco que nos deja. Ciertamente, el sentimiento ante la muerte no deja de ser una sensacin, un misterio que nos acompaa desde los albores de la Humanidad.

    La actual sociedad occidental, hija de la fi -losofa de los griegos, el derecho de los roma-nos y del monotesmo de los judos, no es ajena a esta realidad. Y es en poca romana cuando cristalizan estos tres elementos que conforman la esencia de la actual cultura europea. Es casi

    un milenio en que en el Mare Nostrum se for-jan unas relaciones norte-sur, este-oeste, unas formas de pensar, de creer, de entender la vida que, lejos de romperse con el paso de los siglos, conforman nuestra manera de ser y de estar. Las visiones de la vida, las religiones, las ciudades, el derecho, la administracin son de una forma u otra, hijas o nietas de Roma. Su capacidad de adaptacin cultural, de sincretismo es paradjica y slo comparable con lo que est sucediendo en la actualidad cuando mezclamos nacionalida-des, razas, creencias, fi losofas hasta modas en el vestir. Hablamos un latn evolucionado que genera las lenguas romances, conservamos tra-diciones de raz romana como las ofrendas a los antepasados convertidas en huesos de santo o

    panellets; adoptamos otras de origen celta como la veneracin a los espritus del Samhain a fi nales de noviembre que cristianizamos en el siglo IV con la festividad de los Mrtires, ahora Todos los Santos, y as un largo etctera.

    Las ciudades romanas como eslabn de un largo proceso de estructuracin del mundo antiguo y a un mismo tiempo inicio de un largo periplo histrico que genera las actuales urbes, nos muestran esta realidad. Y Tarragona, la vieja Colonia Iulia Urbs Triumphalis Tarraco, no es una excepcin.

    Pasear por TarragonaLa importancia del pasado romano de Tarraco no pasa inadvertida por la magnifi cencia de sus mo-

    Tarraco, CIUDAD VIVA

    Joan Menchn BesArquelogo municipal. Ayuntamiento de Tarragona

    Evocaciones desde el mundo funerario

    Impresionante entrada a la

    Necrpolis Paleocristiana de Tarragona con el

    edifi cio de la Fbrica de Tabacos.

  • numentos como la Muralla, el Anfi teatro, la Can-tera del Mdol, la torre de los Escipiones sino tambin por su integracin en la ciudad medieval, moderna y contempornea. Es algo que hace de Tarragona una ciudad muy especial donde an se puede pasear por el mercado de verdura los mircoles y sbados en el lugar donde se celebra desde la Edad Media, junto a los viejos muros del Recinto de Culto Imperial y el Foro Provincial. Se repiten los rituales como el pilar caminant, es decir un castell humano que por la fi esta de Santa Tecla se desplaza a pie desde la Catedral hasta el Ayuntamiento, siguiendo buena parte del itinerario de las procesiones del culto al empera-dor, Corpus, Viernes Santo o de las festividades locales. Una ciudad especial en la cual la Catedral se construye sobre los cimientos del que sera el primer templo construido en honor al emperador Augusto, o que an mantiene alcantarillas cons-truidas en el siglo I.

    Lo cierto es que la herencia del pasado de Roma es ms importante de lo que nos imagi-namos. No est slo en las piedras, en el urba-nismo, en las casas o en el subsuelo. Aparece de forma impenitente cuando menos nos espe-ramos. Por ejemplo, el da de la fi esta mayor de Santa Tecla, 23 de septiembre, coincide con el natalicio del emperador Augusto; y el de la fi es-ta mayor pequea de San Magn es el 19 de agosto, cuando muri. Y recordemos que este importante personaje vivi dos aos en Tarraco, convirtindola de facto en la capital del Imperio.

    Pasear por Tarragona es un ejercicio de in-mersin al pasado, de vuelta a los orgenes y de evocacin a la eternidad. Son ms de 2.600 aos de vida urbana, que se dice pronto. Los primeros vestigios, sencillos y humildes como vasijas de cermica, nforas que contenan alimentos, son del siglo VII a.C., y nos evocan gentes que vi-

    van, sentan, comerciaban con fenicios, griegos, etruscos, y que son nuestros antiguos ancestros. La Tarrakon ibrica se fusiona con el campamen-to militar que organiz Gneo Escipin en la lejana II Guerra Pnica (218-206 a.C.) que pronto ser la capital de la Hispania Citerior.

    Una ciudad de primer orden entre las pro-vincias romanas, con sus murallas, sus templos, sus calles, sus mercados, su foro, sus edifi cios de espectculos, pero tambin una ciudad donde el da a da se combinaba con el papel poltico derivado de su capitalidad. Gentes de todo el Me-diterrneo llegaban, pasaban, estaban un tiempo o echaban races. Las viejas inscripciones -ms de 1.500 segn los ltimos estudios epigrfi cos- nos hablan de sus ofi cios, de sus creencias, de sus orgenes: galos, itlicos, griegos, egipcios, libios, sirios, turcos, palestinos por dar algunos ejemplos de los lugares de procedencia.

    Y Tarraco fue la ltima morada de muchos de ellos, y casa solariega de sus sucesores. Los negocios, la vida militar, la agricultura, la admi-nistracin, les dio la estabilidad para asentarse y mezclarse con los viejos cesetanos, tribu bera de la zona, o con los primeros colonos itlicos. Una ciudad pues crisol de orgenes, formas de pensar, de creer y no creer, de vivir y tambin de morir.

    Frente a la organizacin cannica de las ciuda-des romanas, fuera de sus murallas se organizaban los suburbia, o barrios extramuros. No pensemos que se trata del urbanismo a veces marginal de nuestras ciudades, con viviendas sencillas y hbitat de las clases ms desfavorecidas. Los suburbios romanos podan ser esto, pero mucho ms. En ellos tenemos residencias de clases altas, espacios de comercio, de fbricas, barrios tan normales como los intramuros, en incluso ms ricos, como serian los de los puertos, dedicados al comercio y los ser-vicios. Pero tienen una caracterstica especial que

    an se observa en ciudades orientales, especial-mente del mundo islmico.

    Estos barrios suburbiales se desarrollan de forma orgnica siguiendo las vas, los cami-nos, las calzadas de acceso a las ciudades. Y precisamente las leyes romanas establecan la prohibicin de enterrarse dentro de los cascos urbanos, tras las murallas. Medida higienista donde las haya, con su correspondiente expli-cacin religiosa o ritual.Torre de los EscipionesEsto provocaba que en los suburbios convivieran de forma natural los lugares dedicados a la vida con los espacios dedicados al enterramiento: las necrpolis o ciudades de los muertos. Seran zo-nas ms o menos amplias, donde las gentes de la ciudad realizaban sus sepelios y rendan culto a sus antepasados. La arqueologa nos muestra casas, villas suburbanas que con el tiempo se abandonan y se convierten en pequeos cemen-terios donde reciban sepultura las familias, sus esclavos e incluso sus clientes. En otros casos, el proceso es el contrario: sobre pequeas ne-crpolis ya olvidadas se construyen viviendas suburbanas. Un ejemplo, aunque ya un poco distanciado del bullicio del centro de la urbe, es la torre de los Escipiones. Es un monumento del siglo I decorado con dos imgenes de Atis, divini-diad oriental. Su inscripcin funeraria nos llama a recordar a los all enterrados, representados con un relieve plano que sera el soporte de la pintura de un matrimonio de poca romana. Construido junto a la Va Augusta, era el mausoleo de unos ricos terratenientes de Tarraco. As junto a las vas, mostraban su capacidad econmica e invi-taban al ejercicio de la piedad al pedir el recuerdo de los allegados y los viajeros. Ciertamente, tras veinte siglos su recuerdo perdura.

    Y en estos cementerios, que en Tarragona

    A partir de los siglos I y II, se van imponiendo las inhumaciones, con sarcfagos de pie-dra, mrmol, plomo, atades, dispuestos directamente en la tierra, o tambin en mausoleos o recintos funerarios cerrados. Las clases ms humildes utilizaban cajas formadas por tegulae o tejas planas, nuevas o recicladas, nforas, cajas de losas de piedra

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    TARRAGONA - NECRPOLIS

    Reportage grfi co: Jess Pozo

  • TARRAGONA - NECRPOLIS

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    los conocemos desde el siglo I a.C. hasta el V d.C. observamos cmo primero se practicaba la incineracin, depositando las cenizas en urnas de barro, otros casos en urnas de vidrio, que demuestran una mayor riqueza econmica y por tanto social. Ultimas moradas que humildemente se depositan en un hoyo o que se dejan en un mausoleo que ya muestra una clase social aco-modada. Junto a ellas, especialmente a partir de los siglos I y II, se van imponiendo las inhumacio-nes, con sarcfagos de piedra, mrmol, plomo, atades, dispuestos directamente en la tierra, o tambin en mausoleos o recintos funerarios ce-rrados. Las clases ms humildes utilizaban cajas formadas por tegulae o tejas planas, nuevas o recicladas, nforas, cajas de losas de piedra

    Quizs el paso de la incineracin a la inhu-macin nos indica una economa energtica a la hora de tratar el cuerpo del fallecido. El cos-te de una pira funeraria es alto por la cantidad de combustible, y no todo el mundo se lo poda permitir. Y la necesidad de un sepelio honroso o asequible llev a que los romanos se asociaran para poder garantizarlo, naciendo los collegia, las asociaciones funerarias, con sus cementerios propios. Es un claro precedente de las confra-das y gremios de la Edad Media. El ms all les preocupaba como ahora.

    Pero tambin el paso a la inhumacin se debe a un cambio de mentalidad ante la muer-

    te. Entender el hecho biolgico no como el fi n, sino como el inicio de otra vida conlleva la ne-cesidad de conservar el cuerpo. El ejemplo de la cultura egipcia es claro, con los procesos de momifi cacin. Los enterramientos no pocas ve-ces se acompaan de objetos personales, desde los alfi leres que sujetan el sudario, a cinturones, apliques, joyas del ajuar personal a ofrendas a los difuntos: lacrimatorios, botellitas de perfumes, juguetes, instrumental mdico, platos, alimentos o las monedas para pagar al barquero Caronte para pasar la Laguna Estigia. El ms all est presente y el deceso se entiende como algo ms que una simple realidad fsica.

    En las casas de los romanos el espacio re-servado a los antepasados era comn. En un lugar preeminente como el patio o impluvium estaba el larario, pequeo altar donde se renda culto, recuerdo a los mayores, a los dioses lares y los penates, protectores de la casa. Las excava-ciones nos obsequian regularmente con peque-

    as aras donde ardan ofrendas en su honor.La mentalidad romana no se extraa ante la

    llegada de religiones de origen oriental, donde se da respuesta a lo que sucede tras la muerte: otra vida, la resurreccin, el juicio de las Naciones De la mano de comerciantes, de mercaderes, de militares, de modas llega el culto a Mitra, el culto a Isis, el culto a Cibeles, el culto a Atis, el ju-dasmo, y tambin el cristianismo, que todos ellos dan respuestas a lo que hay tras el morir.

    Roma es sincrtica y adaptable. Estos ritua-les, estas creencias se entremezclan entre ellos y con las viejas tradiciones como el culto a los dioses manes, las ofrendas a los antepasados, los gapes funerarios. En no pocas tumbas nos encontramos por ejemplo con conducciones que las conectan con el exterior, e incluso sobre ellas se construyeron las mensae (mesas) funera-rias. Son el exponente claro de las ofrendas de alimentos a los fallecidos, y a la celebracin de gapes fnebres con los antepasados, sobre su

    ltima morada que ser la de sus allegados. Precisamente donde se han localizado algunas de estas mensae es en la Necrpolis Paleo-cristiana, lo cual demuestra cmo los primeros cristianos de Tarraco tenan tambin tradiciones de claro origen pagano.

    Las inscripciones funerarias nos indican no slo la fe y las costumbres de los ancestros, con alusiones a los dioses manes, sino que se combi-nan tambin con las propias de su religin, como sucede con los cristianos. Tambin nos hablan de sus ofi cios, de su origen, de las relaciones perso-nales y familiares gracias a las dedicatorias. Son un excelente testimonio escrito de una sociedad tan rica y compleja como la nuestra.

    Ciertas comunidades como la juda tambin estn presentes en Tarraco, algunas inscripcio-nes as lo testifi can, como la de la famosa pileta trilinge del Museo Sefard de Toledo, procedente de nuestra ciudad. Es testimonio de una sina-goga en los siglos V-VI. Hace ya unos cuantos aos, en la zona de Mas Rimbau-Mas Mallol, las excavaciones arqueolgicas nos brindaron una amplia necrpolis de los siglos III a VII. Una de las tumbas, cubierta con losas de piedra, estaba de-corada con una sencilla menorah o candelabro judo de siete brazos. Apareci tambin parte de una inscripcin funeraria dedicada a un Samuel, y no pocas nforas procedentes de la actual zona de Israel-Palestina-Lbano que evocan quizs el consumo de alimentos kosher. Pero lo ms in-quietante es la especial situacin del cementerio, en una loma separada de Trraco por una va-guada. Esta colina la conocemos como la Oliva, y la topografa nos recuerda la imagen de Jerusa-ln con el valle de Josafat y su gran cementerio. Quizs es casualidad, pero en este mundo pocas cosas quedan ya al azar

    Pero sin duda el cambio ms radical en lo

    El Museo de la Muerte, lugar en que se puede comenzar

    a aprender sobre Tarraco.

    Diversos objetos de cristal encontrados en las tumbas.

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    TARRAGONA - NECRPOLIS

    que se refi ere al posicionamiento ante la muerte acontece con el cristianismo. En el 259, el obispo Fructuoso y sus diconos Augurio y Eulogio son ejecutados en el Anfi teatro al no querer abjurar de su fe. Las cenizas fueron venerablemente recogidas y se enterraron en uno de los cemen-terios al uso, precisamente el que haba junto a la va que cruzaba el ro Francol. Sin duda, su tumba fue lugar de respeto y peregrinacin de los primeros cristianos. Con la ofi cializacin del cristianismo, a fi nales del siglo IV, se construy una iglesia martirial y una serie de edifi cios que entendemos sera el episcopio o sede del obispo metropolitano de Trraco. Posiblemente su pro-motor fue el metropolitano Himerio, personaje de gran importancia en su tiempo.

    Alrededor de la iglesia martirial se desarroll una importante necrpolis paleocristiana, una de

    las ms importantes del mundo antiguo. Una va-riada diversidad de tumbas, desde las sencillas nforas a los grandes sarcfagos de proceden-cia africana o itlica, las laudas sepulcrales de mosaicos, mausoleos nos indican su riqueza. Y tambin nos dan un nuevo mensaje: la proxi-midad a los restos de los mrtires es importante para conseguir llegar al cielo. Es la tradicin del culto martirial y el enterramiento ad sanctos (junto a los santos).

    El conjunto se complementa con una villa suburbana, quizs la residencia episcopal, y otra iglesia funeraria con atrio, que se puede entender como un monasterio del siglo V. Este importante conjunto paleocristiano contina con fuerza has-ta el siglo VI. Entonces empezamos a encontrar otros puntos de enterramiento.

    Precisamente el fi nal del Imperio romano,

    en el 476 implica que los obispos se conviertan defi nitivamente en los responsables polticos de las ciudades. Y en el caso de Tarraco, el principal espacio de representacin del poder imperial es ocupado por el metropolitano. Nos referimos al Recinto de Culto Imperial, en lo alto de la colina de la ciudad, ya en transformacin a lo largo del siglo V.

    Es entonces cuando el obispo traslada all su sede episcopal. Construye su nueva catedral, la Santa Jerusaln citada en el Oracional de Verona, libro de liturgia visigtica procedente de Trraco. Junto a ella, se genera la correspondiente necr-polis como demuestran las tumbas de los siglos VI-VII excavadas en la actual Catedral de Tarra-gona. Una jarrita litrgica con restos de incienso nos hablan de la tumba de un clrigo, y el espec-tacular sarcfago de Betesda en la fachada de del templo medieval apuntan hacia esta realidad.

    Cuajan nuevas costumbres funerarias: el enterramiento junto a las iglesias. Y estas ya se construyen dentro de las ciudades, como vere-mos despus a lo largo de la Edad Media hasta prcticamente los siglos XVIII-XIX cuando los ce-menterios pasan de nuevo a estar extramuros en virtud de una real cdula del rey Carlos III.

    Pero Tarraco an nos reserva algunas sor-presas. En el viejo Anfi teatro, escenario del marti-rio de Fructuoso y sus diconos, en el siglo VI se erige una iglesia y a su lado una necrpolis de personajes privilegiados. Su baptisterio nos mar-ca el rito inicial del cristiano, y sus tumbas, el fi n, que no es ms que el principio de la vida eterna.

    Y en una casa de esta poca, en el interior de la ciudad, las excavaciones arqueolgicas nos descubrieron la tumba de dos nios de corta edad. No es un hecho extrao en las sociedades antiguas, e incluso hay casos en poca medieval o posteriormente. Los infantes, los albados (ni-os bautizados que mueren antes de tener uso de razn) son almas puras que guardan la casa. Enterrarlos en ellas es un factor de proteccin ante los malos espritus. Otra vez se mezclan las costumbres y las tradiciones.

    Ciertamente, la muerte en Tarraco tambin es ley de vida, y el recuerdo de estas gentes de hace ms de dos milenios est presente an en-tre nosotros, con lo cual en cierta manera, estn vivos en nuestro imaginario.

  • TARRAGONA - ARTE

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    Uno de los sitios ms impresio-nantes que uno puede visitar, es el Anfi teatro de Tarraco. Un an-fi teatro en Roma era un edifi cio pblico que se usaba para espectculos. Es algo propia-mente romano, es decir que no fue heredado. Tena forma circular u ovalada que formaba una especie de culo. En la parte central se haca el espectculo en cuestin. Alrededor se construa un gradero donde se sentaba el pblico dependiendo de la clase social. En el caso del de Tarragona, su relativo buen esta-do de conservacin, la historia de sus mrtires cristianos muertos en su arena, y el mar que casi lo acaricia por uno de los lados, hace que una no se canse jams de visitarlo. El mejor sitio para perder la nocin del tiempo es sen-tado en lo alto del gradero, en el lado en el que uno puede contemplar el mar y la arena, con los restos de las iglesias de fondo. Testigo de cmo barbarie y civilizacin pueden ir de la mano cuando hablamos de especie humana.

    Tarraco era una ciudad densamente pobla-da cuando en el siglo I a. C. se quiso construir el anfi teatro. Por este motivo se hizo al exterior de la ciudad, al lado de la puerta que conduca a Roma. El edifi cio tena una arena en forma elptica envuelto por un gradero dividido en las tres tradicionales secciones (imma, me-dia y summa cavea, dependiendo de la altu-ra) divididas por pasadizos anulares. Tambin tribunas para autoridades (pulpiti) situadas en los extremos del eje menor del edifi cio. All se sentaran el gobernador provincial y las autori-dades locales. Tambin el editor o patrocinador

    del espectculo. Es importante sealar cmo la poblacin se sentaba en el anfi teatro siguiendo un riguroso orden social: los mejores asientos y fi las estaban reservados para gobernadores, nobles, sacerdotesLos ltimos en la zona de arriba, para la gente ms humilde. Adems, un gran nmero de asientos estaban reservados de manera exacta, por medio de inscripciones grabadas.

    La arena era una pista elptica con un p-dium que la aislaba de gradera, impidiendo as que las fi eras o los gladiadores atacaran a los que acudan a divertirse. Debajo haba dos galeras subterrneas en forma de cruz, que no eran visibles desde fuera. Se abran con mecanismos de contrapesos y poleas,

    que permitan el acceso a la pis-ta de animales y hombres. A la arena se entraba por dos grandes galeras que es-taban situadas en los extremos del eje mayor que desembocaba en dos puertas. Una de ellas se cono-ca como Porta Trimphalis, y era por donde acceda

    la procesin triunfal (pompa) con la que co-menzaba el espectculo. La otra era la Porta Libitinensis, y era por donde se sacaban los cadveres en direccin al cementerio. Al ex-terior, lo que podamos ver era una inmensa elipse de arcadas superpuestas que hemos perdido porque con el paso de los aos se ra-piaron las piedras y se reutilizaron para otras construcciones.

    La funcin de este edifi cio era recoger es-pectculos, pero este trmino en Roma difi ere (y mucho) a lo que nosotros hoy en da enten-

    demos por diversin. Los ludi o juegos, eran un regalo a la poblacin general, una celebracin colectiva, pblica y gratuita, y ligadas al calen-dario de fi estas religiosas. Duraban todo el da, a lo largo de cual se repartan las diferentes actividades. En el anfi teatro, principalmente se celebraban cuatro distracciones:

    1Venationes: Eran caceras de fi eras. En sus orgenes, un solo hombre con una lanza se enfrentaba a osos o alguna fi era nor-teafricana. Con el tiempo se aburrieron, y fue-ron complicndolo ms, trayendo animales de todos los puntos del imperio, que enfrentaban en duelos inverosmiles: toros contra elefan-tes, cocodrilos contra panteras La captura y transporte de estos animales de los confi nes del imperio exiga una frrea organizacin. Las unidades militares situadas en las provincias orientales y africanas se van a especializar en su captura. Incluso se iban construyendo gran-des escenarios como si fuera una obra de tea-tro, para emular los lugares de dnde venan. Animales ms cercanos, como ciervos, jabals o cabras se van a utilizar para reproducir his-torias mitolgicas. Se pretenda as demostrar el poder el Roma, que gobernaba en todo el mundo conocido.

    2Damnationes: Son penas de muerte. Lo ms comn era que fuera ad bestias, es decir que pusieron al condenado frente a los animales para una lucha desigual. Otras eran de condenado contra condenado. A veces se montaban escenografas o representaciones de tipo teatral para llevarlos a cabo. El resultado era siempre el mismo: un gran bao de sangre. La pena capital por un delito de desercin, co-barda en combate o abandono del puesto era antigua, pero aqu le sacaron partido, convir-tindolo en un espectculo que serva de lec-cin para el resto. El objetivo, dar a conocer al pueblo lo que le pasaba a quien daba un paso en falso fuera de la dura ley romana.

    MORIR EN LA ARENA:

    Ana Valtierra

    Prof. Dra. Facultad de CCSS y EducacinUniversidad Camilo Jos Cela

    Mosaico de los gladiadores.

    Anfi teatro de Tarraco

  • En el caso del anfi teatro de Tarraco, aqu muri el obispo San Fructoso y los diconos Elogio y Augurio, durante las persecuciones decretadas contra los cristianos por los empe-radores Valerio y Galieno. Es importante resal-tar que las persecuciones romanas contra los cristianos no tuvieron motivos religiosos. Los romanos, adaptaban con facilidad e integraban con naturalidad religiones ajenas a la pennsula itlica, como dioses griegos, egipcios y orien-tales.

    3. Naumaquas: o luchas de barcos. Eran espectaculares. Pensemos que para lle-varlas a cabo tenan que inundar la parte de abajo del anfi teatro, y luego reproducciones de barcos luchaban.

    4Munus (Gladiadores): lo ms popular. Gladiator era el que viva de su gladius o espada. Los juegos de gladiadores tienen su origen en ritos funerarios. Corresponde a la costumbre de realizar sacrifi cios humanos durante los funerales. La costumbre de reali-zar duelo con armas delante de la tumba del difunto va a ser algo bastante habitual en los pueblos itlicos. En el siglo III-II a. C., sabemos que estos combatientes son ya prisioneros de guerra. En el siglo I a. C. el Senado roma-no intent intilmente controlar el aumento desmesurado de las luchas de gladiadores, pero sin ningn xito. El emperador Augusto organiz el espectculo, y estableci las ca-tegoras de gladiadores en funcin de las ar-mas ms utilizadas, para las que eran entre-nados. Tenan bastante ingenio: el retiarius (pescador) llevaba un tridente (como el dios del mar) y una red; el secutor (perseguidor) una espada corta y escudo; el murmillo una espada corta, casco y gran escudo Un gla-diador era algo muy caro y no siempre eran combates a muerte, tal y como nos ha hecho creer el cine o las series. A muerte eran los munera sine missione, festivales ms caros

    y ms valorados. En ellos, cuando un gladia-dor subyugaba a otro, si el editor de los juegos pona al pulgar hacia abajo en ese gesto que seguimos usando, era matado.

    En el Museo Arqueolgico Nacional conser-vamos un mosaico del siglo III proveniente de Roma, que nos habla de la lucha de una pareja de gladiadores: Astyanax y Kalendio, como est escrito. En la franja de abajo, el secutor Astianax est cubierto por una red que ha lanzado el re-tiarius Kalendio, que le ataca con el tridente. A la derecha, con tnica, tenemos al lanista. En la parte de arriba, Kalendio yace ensangrentado y levanta su daga en seal de rendicin. Las ins-

    cripciones en negro confi rman el resultado: VICIT para Astyanax (vence) y junto a Kalendio se dibu-ja , abreviatura de Obiit (muerto).

    A pesar de la gran fama que poda ad-quirir un gladiador, y las pasiones que le-vantaba entre el pblico, era una profesin considerada indigna o infame En origen eran prisioneros de guerra, pero con el tiempo el derecho romano prevea para los condenados por delitos comunes la damnatio ad ludum que obligaba al delicuente a trabajar un de-terminado tiempo como gladiador. Esto va a provocar que surja la profesin de lanista, un empresario-reclutador que ofreca gladiado-res para los espectculos a cambio del dinero que le daba el editor. Los va a alojar en el ludus gladiatorium, una casa que serva tam-bin como local de entrenamiento.

    Normalmente la carrera de gladiador no per-mita sobrevivir a muchos combates. Si lo lograba, poda llegar a jubilarse y recobrar la libertad. Era raro, casi siempre el destino de los gladiadores era morir en la arena. A pesar del deshonor que supona ser gladiador, los casos de senadores e incluso emperadores que quisieron combatir en la arena fueron mltiples, generando escndalos muy grandes. Uno muy sonado fue el del empe-rado Cmodo, que se hizo clebre por la pelcula Gladiator. Tena pasin por los ludi, y se dice que luch en 753 combates, una cifra que no es real. Nunca perdi ningn combate, pero no era una lucha igualitaria. Se deca que los gladiadores eran drogados antes de llegar a la arena, que lu-chaba contra gladiadores desarmados, torturaba esclavos y celebraba grandes orgas en las que dilapidaba las riquezas del reino. Estuvo muy mal visto por el pueblo romano, que lo consider in-digno de un emperador. Se llegaron a propagar rumores, como que Cmodo era hijo de un gla-diador con el que su madre Faustina haba man-tenido relaciones durante unas vacaciones. Todos estos excesos provocaron varias conspiraciones que buscaban su muerte, y en una de ellas tu-vieron xito.

    Mosaico romano Venatio.

    leo Pollice Verso (1872) del pintor francs Jean-Lon Grme.

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  • TARRAGONA - GASTRONOMA Y TURISMO

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    Junto al cementerio, en la parte ms alta de Pauls, que a su vez est en la parte ms meridional de Catalunya, sale una senda difcil de olvidar. Monte arriba, te

    lleva hasta las crestas del Tossal dArguill, pasando sobre sugestivos barrancos, por plcidas praderas, junto a nemorosas fuentes, regatos y lagunas, a medida que se abre el cielo y se ensancha el horizonte. Con un poco de suerte, sern unas cabras montesas quienes te indiquen, antes de coger hacia la izquierda una pista forestal, que ests ya cerca del Tossal. Volvers al pueblo por el Coll de la Gillaberta, importante cruce de caminos que conocen muy bien los senderistas de Els Ports de Beseite, que es donde nos encontramos, ah donde el sur de Catalunya se funde y confunde, incluso en el habla y otros aspectos de su cultura, con el sureste de Aragn. Si desde el Arguill has vivido la sensacin de estar viendo entero el antiguo reino, creyendo divisar en la lejana los mismsimos Pirineos, desde el pico de l`Aigua, que est cerca de tu ruta, ya en su ltimo tramo, podrs ver en toda su grandeza el Mediterrneo y el Delta del Ebro.

    Los romanos saban dnde se metan cuando echaron el ancla en el conjunto de comarcas que hoy constituyen la provincia de Tarragona. Pocos territorios hay en esta pennsula que ofrezcan tantos encantos naturales, tantos felices vestigios del pasado y tan ricos productos autctonos. Los del litoral los conoce todo el mundo, especialmente los riojanos, navarros y aragoneses que ven las playas de la Costa Dourada como propias;

    Carlos Santos

    SABORES y secretosSalou y Cambrils son desde hace medio siglo solicitadsimos destinos para el turismo familiar, elevado en fechas ms recientes a su mxima potencia por la creacin de Port Aventura.

    Pero incluso los ms acrrimos adictos al sol y playa estn descubriendo los encantos de la Tarragona interior, que empiezan ah mismo. A un paso de la Costa Dourada est el Priorat, donde se hace vino desde el siglo XII, cuando llegaron de Francia los monjes que dan nombre a la comarca, y en las ltimas dcadas ha dado

    un salto histrico. El trabajo de soadores como Ren Barbier y Alvaro Palacios la han convertido en una de las denominaciones vitivincolas ms reconocidas y de las que mejor entienden los gustos actuales, con criaturas tan signifi cadas como LErmita, uno de los mejores vinos del mundo conocido. Siguiendo la senda de esos grandes vinos el viajero descubrir las sendas naturales de una tierra a la vez agreste y productiva, a la vez lejos y cerca del mar, a la vez transparente y llena de secretos.

    En Tarragona no solo se hacen

    algunos de los mejores vinos del mundo sino tambin algunos de los mejores aceites de Espaa. De Siurana salen cada ao magnfi cos arbequinos, como el Antara, que se llevan una y otra vez los codiciados premios del ministerio de Agricultura, con esa caracterstica tan particular de la aceituna arbequina que le permite arramblar con todos los aromas frutales de los alrededores. Pero buenos aceites hay en toda la provincia. Desde los que se producen en su parte ms septentrional, la Conca del

    Barber, hasta los que se elaboran con las olivas milenarias de El Montsi, en la punta meridional, lindando ya con la Comunidad Valenciana.

    Aunque Priorat y Siurana sean las DO tarraconenses ms conocidas -en vinos y en aceite, respectivamente- no son ni mucho menos las nicas. Por todas sus comarcas hay productos de calidad, con sus correspondientes

    Pantano e iglesia de Siruana.

    Edifi co modernista de Pinell de Brai.

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    indicaciones geogrfi cas protegidas, y en todas se empieza a practicar un turismo donde el disfrute de la naturaleza est cada vez ms ligado al disfrute de los productos naturales. Sin olvidar los del litoral, claro. Hay que recordar, aunque sea un recuerdo agridulce, que algunos de los atunes rojos ms cotizados en el Tsukiji, el mercado de pescado De Tokio, proceden de estas costas.

    Donde hay sabor, hay belleza. En algunos municipios, como El Pinell de Bray o Gandesa, merecen una visita los edifi cios modernistas que desde las primeras dcadas del siglo XX albergan las cooperativas agrarias. Los cooperativistas, que entendan esos centros como templos del progreso, los encargaban a los mejores arquitectos, en estos dos casos a un mismo discpulo de Gaud. Junto a esos bellos ejemplos de la pujanza agroalimentaria del siglo pasado, puedes visitar impresionantes yacimientos arqueolgicos de origen ibero como el Coll del Moro, al lado de Gandesa, sin olvidar los constantes, trascendentes, solemnes, omnipresentes rescoldos de la Tarraco romana, claro.

    Junto a las evocaciones milenarias,

    mar ms luminoso, ofrece un inesperado extra. A un paso de La Rasquera (que se hizo famosa cuando su joven corporacin municipal plante en serio la puesta en marcha de una plantacin de cannabis) se atraviesa el ro como en el siglo XIX: en un transbordador manual, sin motor, con unos cables y aprovechando la fuerza de la corriente. Aunque debe de ser uno de los pocos que estn en servicio en la Europa actual, en las pelculas del Oeste los has visto parecidos muchas veces: una plataforma de madera sostenida por dos barcazas que en este caso llevan los nombres de los dos descubridores del submarino: Isaac Peral y Narcis Monturiol. Hay que hacer cola, porque solo caben tres coches en cada viaje, pero el desembolso es pequeo unos tres euros- y el trnsito merece la pena. En la otra orilla, entre olivos y frutales, te espera el impresionante castillo templario de Miravet, con preciosas vistas al Ebro. Entre el mar i la muntanya, que son tan importantes en el mapa de Tarragona como en su mesa, ese ro que tambin forma parte de su especialsima personalidad.

    el rastro centenario de uno de los ms singulares productos de esta tierra: el verm, que tiene su patria en Reus, capital del Baix Camp. Este alegre producto, que felizmente vuelve a estar de moda, se fabrica desde 1870 en esta ciudad, que lleg a tener

    ms de treinta bodegas de las que salan cien populares marcas. Hay mucha cultura mediterrnea en cada botella de verm y en el museo de Reus, para que te hagas una idea, exhiben ms de mil, que son mil razones ms para visitar esta tierra.

    En tu ir y venir debes recordar que el Ebro, que es nuestro rio ms caudaloso, poco antes de desembocar en el Mediterrneo, nuestro

    Tumba de la Necrpolis de Coll del Moro.

    Monasterio de Poblet.

    TARRAGONA - GASTRONOMA Y TURISMO

  • Entrega de los premios del II CONCURSO DE CEMENTERIOS DE ADIS CULTURAL

    Francisco Marco, presidente de Fu-nespaa, reivindic el trabajo anni-mo y callado pero imprescindible de las instituciones y ayuntamientos que trabajan para mantener dignos los cementerios espao-les. Hay una actuacin de muchas personas annimas que quieren hacer de esos lugares algo ms cercano y ms alegre donde podamos recordar a las personas que un da nos dejaron. A esa forma de trabajar para que nos sintamos mejor quiero hoy hacer un reconocimiento es-pecial porque, adems, estn trabajando para hacer un gran bien por el patrimonio de todos. Francisco Marco realiz esta declaracin du-rante la entrega de los premios del II Concurso de Cementerios de la revista Adis Cultural que se desarroll en la sala Siluro Concept de Madrid el pasado 28 de octubre de 2015.

    El presidente de Funespaa reivindic el importante trabajo annimo y callado para dignifi car los cementerios

    En el acto se entregaron los premios al Me-jor Cementerio para el de Montnchez (Cceres); Mejor Monumento Funerario para un panten neogtico del siglo XIX del sacramental de San Froiln (Lugo); Mejor Escultura para la tumba de los marqueses de San Juan de Nieva en La Carriona (Avils); y Mejor Historia Documentada para la conocida como la tumba de La Bella Durmiente en San Jos (Granada). Tambin se entreg el premio a la mejor iniciativa medioam-biental a Roques Blanques, en Barcelona.

    Francisco Marco explic que con actua-ciones como sta de hoy estamos normalizan-do algo consustancial con la vida misma y con la historia de la humanidad: enterrar a nuestros seres queridos. Hoy da los cementerios son la forma ms habitual de homenajear nuestros seres queridos y el lugar en el que de alguna manera los tenemos ms cerca de nosotros.

    El naturalista y escritor Joaqun Arajo, presidente del jurado tcnico que concede el premio medioambiental, intervino en el acto y califi c el rbol como smbolo de vida y principal instrumento para reunir a los seres queridos de los difuntos, al tiempo que cum-ple una funcin ambiental ante una atmsfera lisiada. Arajo sugiri la posibilidad de plan-tar uno por cada ao que vivi la persona que pierde la vida como forma de compensar la tala indiscriminada y los incendios que cada ao destruyen 24 millones de rboles, lo que permitira reforestar el planeta con 10 millones de ejemplares anuales.

    Jos Vicente Aparicio, subdirector de Funespaa, marc una nueva senda para los cementerios con la promocin de los re-cintos bajo el titulo de turismo emocional y el acercamiento de su valor artstico, pa-trimonial y natural a la ciudadana. En esta misma lnea se manifest Jordi Valmaana, presidente de la Asociacin de Funerarias y Cementerios Municipales, que agrupa a 35

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    La alcaldesa de Montnchez, Mara Jos Franco Snchez, tras recoger el premio de manos del presidente de Funespaa, Francisco Marco.

    ACTUALIDAD

  • nmero 116 www.revistaadios.es 17

    ACTUALIDAD

    empresas en toda Espaa y que colabora en este certamen. Valmaa explic que durante los ltimos aos ha crecido en-tre nuestros asociados la conciencia de que tenemos un gran y rico patrimonio fu-

    nerario que hasta el da de hoy no se haba valorado por parte de la ciudadana en toda su importancia. Sin embargo, en el transcur-so de esta ltima dcada se ha producido un cambio radical en esa concepcin. Todo

    esto nos permite hablar de un turismo de ce-menterios, expresin que, curiosamente, los propios gestores nos negbamos a utilizar, cuando en realidad era eso lo que estba-mos potenciando.

    Un momento del acto celebrado el pasado 28 de octubre en la sala Siluro Concept de Madrid.

    Foto de grupo de los premiados con los responsables de

    Funespaa y Adis Cultural.

  • Las CIFRAS del sector El nmero de nacimien-tos en Espaa ha vuelto a reducirse, continuando la tendencia descendiente iniciada en 2008 y, pese al repunte que hubo en 2014, en el primer semestre de este ao la natalidad ha bajado un 0,8 %, al tiempo que las muertes han aumentado un 10,5 %.

    As, segn la ltima Estadstica del Mo-vimiento Natural de la Poblacin publicada el pasado mes de diciembre por el INE, el crecimiento vegetativo de la poblacin (di-ferencia entre nacimientos y defunciones) se redujo en 19.268 personas entre enero y junio, periodo en el que nacieron 206.656 nios y murieron 225.924 personas.

    En 2014, el sector asegurador se hizo cargo del entierro de 245.629 personas. Es decir, el 62% de los fallecidos en el pas el pasado ao. Esta es una de las conclusio-nes que se desprenden de la ltima edicin de la Memoria social del seguro elaborados por la Unin Espaola de Entidades Asegu-radoras (UNESPA).

    Un total de 9.500 profesionales tra-bajan en las 1.700 empresas de servicios funerarios que hay en Espaa y que funcio-nan las 24 horas, los 365 das del ao, para proporcionar hasta 25 servicios diferentes.

    Otro interesante dato es que Espaa es el pas europeo con mayor nmero de cre-matorios, con 358, a pesar de contar con un porcentaje relativamente bajo de crema-ciones frente a otros Estados. Actualmente el 35 % de los fallecidos en Espaa son incinerados, la mayora en zonas urbanas, aunque se calcula que en el ao 2025 este porcentaje ascender al 50-60 %.

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    ACTUALIDAD

    Datos del Instituto Nacional de Estadstica (INE)

    El nmero de nacimientos en Espaa ha vuelto a reducirse, continuando la tendencia descendiente iniciada en 2008 y, pese al repunte que hubo en 2014, en el primer semestre de este ao la natalidad ha bajado un 0,8 %, al tiempo que las muertes han aumentado un 10,5 %.

    As, segn la ltima Estadstica del Movimiento Natural de la Poblacin publicada el pasado mes de diciembre por el INE, el crecimiento vegetativo de la poblacin (diferencia entre nacimientos y defunciones) se redujo en 19.268 personas entre

    enero y junio, periodo en el que nacieron 206.656 nios y murieron 225.924 personas.

    En su informe, el Instituto Nacional de Estadstica destaca que las muertes del primer semestre se concentraron, sobretodo, en los meses de enero, febrero y marzo, cuando muri un 16,9 % ms de personas que en el mismo periodo del ao anterior.

    Mientras, el nmero de nacimientos de madre extranjera supuso el 17,4 % del total, frente al 17,8 % del mismo semestre del ao pasado, con lo que se mantuvo

    una ligera tendencia descendente. Tambin destaca que entre enero y junio se registraron 69.671 matrimonios, un 1,2 % ms que un ao antes y, de ellos, un 2,6 % correspondieron a parejas del mismo sexo (1.803 matrimonios).

    Por comunidades autnomas, el nmero de nacimientos aument en 5 de las 17 y en Melilla en los seis primeros meses de 2015.

    Aragn (2,8 %), Galicia (1,5 %) y Andaluca (0,4 %) fueron las comunidades autnomas que registraron los mayores incrementos, mientras que Extremadura (-3,2 %),

    Catalua (-3,1 %) y la Comunidad Valenciana (-3,0 %) presentaron los mayores descensos.

    En el primer semestre de 2015 el nmero de defunciones se increment en todas las comunidades autnomas, y slo baj en Ceuta (-3,2 %). Los mayores aumentos se dieron en Baleares (15,4 %), Andaluca (14,7 %) y Murcia (13,9 %).

    El saldo vegetativo (nacimientos menos defunciones) fue positivo en cinco comunidades autnomas (Madrid, Murcia, Baleares, Andaluca y Catalua) y en las dos ciudades autnomas. En todas ellas, el saldo

    En Espaa vuelve a haber ms defunciones que nacimientos

    El saldo vegetativo (nacimientos menos defunciones) fue positivo en cinco comunidades autnomas (Madrid, Murcia, Baleares, Andaluca y Catalua) y en las dos ciudades autnomas.

  • funerario

    nmero 116 www.revistaadios.es 19

    ACTUALIDAD

    Espaa es el pas europeo con mayor nmero de crematorios, con 358, a pesar de contar con un porcentaje relativamente bajo de cremaciones frente a otros Estados, segn los datos de la asociacin nacional de servicios funerarios Panasef.

    Actualmente el 35 % de los fallecidos en Espaa son incinerados, la mayora en zonas urbanas, aunque se calcula que en el ao 2025 este porcentaje ascender al 50-60 %

    Inglaterra, con un 73 % de incineraciones, es el pas de la UE con un mayor porcentaje de cremaciones, a pesar de lo cual, cuenta con 260 hornos, un nmero sensiblemente inferior al espaol.

    Alemania (152 hornos), Francia (151), Italia (58) y Portugal (16) tienen unos porcentajes de cremaciones del 40 %, 30 %, 15 % y 6 %, respectivamente. En nuestro pas, uno de cada cuatro crematorios est en Andaluca (88 hornos), seguido por Catalua (48), Comunidad Valenciana (33) y Castilla y Len (31), mientras que las comunidades con menor nmero son Melilla (1), Ceuta (2), La Rioja (3) y Cantabria y Navarra (ambos con 4)

    Segn el Instituto Nacional de Estadstica, en 2014 fallecieron en Espaa 395.045 personas (193.816 mujeres y 201.229 varones), cifra que supone una tasa de mortalidad del 8,5 por mil sobre el total de la poblacin y supone un incremento del 1,2 % respecto a las muertes en 2013.

    Espaa es el pas europeo con mayor nmero de crematorios, con 358, a pesar de contar con

    vegetativo ya haba sido positivo en el primer semestre de 2014. El nmero de matrimonios se increment en 13 comunidades autnomas y en Ceuta. Navarra (18,3 %), Asturias (10,4 %) y Galicia (9,4 %) registraron los mayores crecimientos.

    En el extremo opuesto, La Rioja

    (-9,7 %), Madrid (-8,6 %) y Melilla (-3,8%) registraron los mayores descensos.

    Madrid La Comunidad de Madrid ha cerrado el primer semestre del ao con menos nacimientos (32.236, un

    0,2 % menos) y ms defunciones (-24.373, un 10,3 %) que en los seis primeros meses de 2014. La bajada de los nacimientos y el aumento de las defunciones entre enero y junio ha provocado que el saldo vegetativo positivo de la regin haya pasado de 10.218 a 7.863 personas, un recorte que no obstante no ha impedido que Madrid se mantenga con mucha diferencia como la regin con mayor saldo vegetativo. Los datos del INE apuntan adems que los matrimonios han cado en Madrid en el primer semestre del ao un 8,6 %. El instituto ha

    publicado adems los resultados defi nitivos del pasado 2014, que se cerr con 65.505 nacimientos y 43.064 defunciones (+22.441) y 23.815 matrimonios.

    2014Segn el Instituto Nacional de Estadstica, en 2014 fallecieron en Espaa 395.045 personas (193.816 mujeres y 201.229 varones), cifra que supone una tasa de mortalidad del 8,5 por mil sobre el total de la poblacin y supone un incremento del 1,2 % respecto a las muertes en 2013.

    Somos el pas europeo con mayor nmero de crematorios: 358

    La msica se va imponiendo poco a poco en los Homenajes a la vida que Funespaa ya celebra en varios de sus tanatorios.

    Numero de hornos crematorios existentes en Espaa

    El cuadro recoge, por Comunidades Autnomas, el nmero de hornos y el porcentaje sobre el total de los mismos:

    un porcentaje relativamente bajo de cremaciones frente a otros Estados, segn los datos de la asociacin nacional de servicios funerarios Panasef

    Actualmente el 35 % de los fallecidos en Espaa son incinerados, la mayora en zonas urbanas, aunque se calcula que en el ao 2025 este porcentaje ascender al 50-60 %.

    CCAA NMERO %Andaluca 88 24,58Aragn 12 3,35Asturias 14 3,91Baleares 7 1,95Canarias 8 2,23Cantabria 4 1,11Castilla Len 31 8,65Castilla-La Mancha 14 3,91Catalua 48 13,40Comunidad Valenciana 33 9,21Extremadura 6 1,67Galicia 20 5,58Madrid 28 7,82Murcia 11 3,07Navarra 4 1,11Pas Vasco 24 6,70La Rioja 3 0,83Ceuta 2 0,55Melilla 1 0,27

  • ACTUALIDAD

    20 adis nmero 116

    9.500 profesionales en 1.700 funerarias

    En 2014, el sector asegurador se hizo cargo del entierro de 245.629 personas. Es decir, el 62% de los fallecidos en el pas el pasado ao. Esta es una de las conclusiones que se desprenden de la ltima edicin de la Memoria social del seguro elaborados por la Unin Espaola de Entidades Aseguradoras (UNESPA).

    La inmensa mayora de las inhumaciones (163.310) se produjeron en la misma localidad donde ocurri el fallecimiento. En 81.599 casos, un tercio del total, fue preciso trasladar el cadver de una poblacin a otra dentro del territorio nacional. Asimismo, hubo 720 personas que fallecieron en el extranjero y cuyos cuerpos fueron repatriados.

    El seguro de decesos es, tras el de automviles, el ramo con mayor capilaridad en Espaa. No en vano, 20,9 millones de personas de los 46,5 millones de residentes en el pas estn protegidas por una de estas plizas, de acuerdo con datos recabados por ICEA. Un 45% de la poblacin.

    Su implantacin es particularmente destacada en Extremadura, donde el 65,5% de la gente se encuentra cubierta. Le siguen por relevancia Asturias (62,2%) y Andaluca (58,9%).

    Pero incluso en las regiones donde el seguro de decesos tiene un peso comparativamente bajo, su presencia sigue siendo perceptible. Es el caso de La Rioja (27,1%), Navarra (21,6%) y Baleares (21,3%). El seguro de decesos se caracteriza por su vocacin de prestacin de servicio. Los siniestros supusieron el pago por parte de las entidades aseguradoras de 753 millones de euros el pasado ao. La mayor parte de este importe fue entregado a empresas funerarias.

    Segn estos datos, el seguro de decesos ha aumentado en un ao en Espaa un 5 por ciento, segn el dato aportado por la propia UNESPA en octubre del pasado ao y en el que aseguraba que en 2013, el sector se hizo cargo del entierro de

    231.280 personas. Es decir, el 57% de los fallecidos en el pas el pasado ao, segn los datos publicados en la edicin correspondiente a ese ao de la Memoria Social del Seguro.

    Menor de 40 aosPor otra parte, otro estudio de NorteHispana Seguros publicado el pasado mes de noviembre dice que ms del 50% de los que contratan una pliza de decesos son personas menores de 40 aos. De estos, casi el 20% corresponden a asegurados menores de 20, por lo que puede interpretarse como una medida de prevencin y proteccin a la que optan los progenitores.

    Del estudio se desprende que del total de asegurados un 54% son

    mujeres frente al 46% de hombres. Por lo que puede deducirse que la mujer es el segmento de poblacin que mayor preocupacin tiene ante las eventualidades y la ms activa a la hora de buscar medidas paliativas asegura la compaa.

    Esta tendencia se acenta a partir de los 80 aos, tramo de edad en el que el grupo de mujeres representa el 61% del total de asegurados en este segmento de edad frente al 39% de hombres. Ao tras ao aumenta la concienciacin de que el funeral no debe representar una carga familiar, ha afi rmado la compaa, que explica que en los ltimos ejercicios ha ido en aumento el nmero de personas que deciden asegurar su funeral y planifi car en detalle cmo quieren este servicio.

    Un total de 9.500 profesionales trabajan en las 1.700 empresas de servicios funerarios que hay en Espaa y que funcionan las 24 horas, los 365 das del ao, para proporcionar hasta 25 servicios diferentes --de tipo jurdico y administrativo, social, funcional y emocional-- a los familiares de los fallecidos para que estos puedan centrarse en despedir a su ser querido.

    Todos estos servicios, segn precisa la Asociacin Nacional de Servicios Funerarios Panasef, se deben organizar y poner en marcha en un espacio muy corto de tiempo que suele concentrarse entre 24 y 48 horas.

    Cuando se produce un fallecimiento, el familiar directo se ve desbordado por un cmulo de decisiones que tomar, y todo ello bajo un fuerte shock emocional. Tiene que abordar muchas tareas en muy corto espacio de tiempo y es aqu donde aparece la fi gura del profesional funerario, que le tiene que informar, asesorar y encargarse de solucionarle todo lo necesario para que se pueda centrar en lo realmente importante: despedir a su ser querido, subraya el presidente de PANASEF, Juan Vicente Snchez-Araa.

    Entre los servicios destacan los administrativos y jurdicos: Realizar autopsia si lo determina el juez, comunicacin al registro

    civil, donacin de rganos, certifi cado mdico de defuncin, tasas municipales, permisos de Sanidad, autorizacin de traslado y coordinacin con la aseguradora.

    Tambin surgen necesidades sociales: Elegir y contratar el velatorio para recibir a los amigos y familiares y velar al difunto, contratacin de la esquela para comunicar el fallecimiento y los actos, organizacin de la ceremonia religiosa o civil, catering para los familiares y allegados y msica para la ceremonia.

    Adems, las funerarias prestan otros servicios funcionales como la eleccin del atad, traslados del domicilio al cementerio o tanatorio, trabajos de tanatopraxia

    o tanatoesttica, incineracin o inhumacin y, en su caso, eleccin de urna para guardar las cenizas o gestiones con el cementerio para la eleccin o la apertura del nicho, sepultura o panten familiar.

    Asimismo, los trabajadores ayudan a los familiares en la eleccin de las fl ores para la decoracin del tanatorio, la capilla o la tumba, lpidas, el libro de recordatorios y productos para recordar al difunto. Adems, les prestan asistencia psicolgica y desde hace algn tiempo, como ya ofrece Funespaa, la posibilidad de realizar homenajes a la vida con msica, fotografas y vdeos de recuerdo en las despedidas.

    Los profesionales funerarios ayudan a los familiares en la eleccin de las fl ores para

    la decoracin del tanatorio, la capilla o con nuevos productos como en Alcal de

    Henares con velas acuaticas para recordar al difunto en el homenaje del Atardecer de

    las luces.

    El 62% de las personas fallecidas en Espaa tena un seguro de decesos

  • GLOBOS en Alcal de Henares

    C on la suelta de decenas de glo-bos por nios fi naliz el da uno de noviembre en el Cementerio Jardn de Alcal de Henares la fi esta para hon-rar y recordar a los difuntos enterrados en ese recinto. La ceremonia, abierta a la participacin de las familias para recordar con msica, men-sajes, fotografas, y velas en el lago emocion a las ms de seiscientas personas que se con-gregaron dentro y fuera de una gran carpa, y en los alrededores del parque del cementerio.

    La iniciativa, que se celebr por segundo ao consecutivo, pretende ofrecer una alternativa a aquellas personas que deseen hacer un homenaje diferente

    Bajo el nombre de El atardecer de las lu-ces, el acto comenz pasadas las cinco y media de la tarde con unas palabras del alcalde de la ciudad, Javier Rodrguez Palacios, agradeciendo la iniciativa que se estaba llevando a cabo como primer edil y como familiar de varias personas que se encuentran all enterradas. Tras explicar que el Ayuntamiento colabora con la empresa responsable de la gestin del cementerio en la organizacin del homenaje, dio por abierto el turno para que decenas de personas leyeran sus

    mensajes-homenaje a sus personas desapare-cidas. Mientras tanto, empleados del cementerio iban depositando en el lago del parque velas iluminadas en plataformas en forma de nenfar.

    La ceremonia fi naliz pasadas las siete de la tarde con la quema colectiva de los mensajes y la suelta de cientos de globos de colores por los nios que acudieron con sus familias al cemen-terio alcalano.

    La iniciativa, que se celebr por segundo ao consecutivo, pretende ofrecer una alter-nativa a aquellas personas que deseen hacer un homenaje diferente, en el que tengan ca-bida todas las creencias y criterios persona-les y familiares, segn los responsables de Funespaa, organizadora del evento.

    Decenas de nios sueltan globos en el Cementerio jardn para recordar a sus familiares fallecidos durante el Atardecer de las luces 2015

    ACTUALIDAD

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  • CONCIENCIA

    nmero 116 www.revistaadios.es 23

    HUMORPedro [email protected]

    M e muero de risa. Cuando utiliza-mos esta frase lo hacemos sin concederle mayor im-portancia. En realidad no es que la tenga, tan slo es una frase hecha que en sentido literal puede parecer una exageracin. Pero es famoso el

    caso del fi lsofo griego Crisopo, que muri a consecuen-cia del ataque de risa que le produjo ver a un burro borra-cho. Existen tambin casos documentados ms reciente-mente de gente que ha muerto de risa. Un ataque de risa prolongado puede producir, en algunas circunstancias, un colapso respiratorio con fatales consecuencias. Una des-carga adrenalnica importante puede hacer que un cora-zn daado no aguante ms y sufra una parada. De modo que s, es posible morir de risa, aunque no es frecuente.

    Morir de risa, s, pero y si invertimos los trminos? es posible rerse de la muerte? Esto s es bastante fre-cuente. Tras la prdida de alguien cercano son normales el llanto y la tristeza, pero tambin la risa. Algo que puede parecer en principio poco apropiado, ocurre en muchas ocasiones en velatorios o ceremonias de despedida.

    El humor y la risaEl humor es algo especfi camente humano. Se necesita tener acceso al lenguaje, a lo simblico, para poder de-sarrollarlo. Es necesario para que podamos entender un chiste, para que pueda darse la risa, la carcajada. El sen-tido del humor est relacionado adems, segn algunos estudios, con la inteligencia del sujeto. Ayuda a relativizar y nos permite enfrentar mejor los contratiempos de la vida. Nos permite ampliar el prisma desde el que contempla-mos la realidad, de modo que esa realidad ampliada nos ofrece nuevas perspectivas, nuevos signifi cados que no son inmediatos. Jugando con esos nuevos signifi cados y cambindolos de sitio es como aparecen el chiste y la risa. sta, adems de liberar endorfi nas y hacernos sentir mejor, es buena para la salud. Disminuye el estrs y es un analgsico natural excelente. Mejora nuestra salud expul-sando del sistema respiratorio bacterias y virus, alivia do-lores musculares y es de gran ayuda contra la depresin. La gente que re con frecuencia es, en general, ms feliz y suele gozar de mejor salud.

    De qu nos remosPodemos rernos de casi todo, el humor puede dar cuenta de cualquier aspecto humano. El chiste suele incluir algn aspecto transgresor, o cuestionar lo establecido. En ge-neral, logra hacernos rer sacando de contexto una idea, una frase. La aparicin de un nuevo sentido inesperado que irrumpe bruscamente en nuestra conciencia hace que surja la risa. Hacemos chistes para todos los pblicos (chistes blancos o de saln), o de contenido sexual (chistes verdes). El chiste macabro o humor negro se burla de las

    cuando nos enfrentamos a la nuestra no es tan sencillo hacerlo. En palabras de Freud, la experiencia psicoana-ltica nos ensea que nuestro inconsciente no cree en la muerte propia, se conduce como si fuera inmortal. Dicho de otro modo, tal es la separacin que establecemos con ella que no nos la llegamos a creer del todo.

    Cuando el fi n se acerca, uno puede rerse de la propia muerte slo si realmente la ha aceptado como algo inhe-rente a la vida. Si la negamos, la separamos y no contamos con ella, la vida es una fi ccin, una representacin alejada de lo real. Y cuando llega el fi nal de la funcin, uno en-cuentra que esa parte no estaba en el guin. Ni la haba estudiado, ni haba trabajado el papel desde la perspectiva de una muerte cierta. Ms desde el momento en que uno la trabaja y asume la propia muerte, es posible tomrsela a broma. Deja de haber distanciamiento, pasa a formar parte de uno. Del mismo modo que slo quien se conoce bien puede rerse de s mismo, slo quien tiene integrada la muerte es capaz de rerse de ella sin hacerlo desde la negacin o el miedo. Quien es capaz de rerse de s mismo, normalmente es capaz de rerse de la propia muerte.

    Llegado el momento, cada uno hace lo que puede, y son muchos los que dejan escrito su epitafi o en tono sar-

    cstico o humorstico. Muchos son tambin los que bro-mean en los ltimos momentos de su vida. Es conocido el caso de Pedro Muoz Seca, dramaturgo espaol que fue capaz de bromear antes de ser fusilado durante la Guerra Civil. Cuentan que estando ante el pelotn de fusilamiento, sus ltimas palabras fueron: Me podris quitar la vida, mi hacienda, mi mujer. Podris quitarme todo eso y sin duda lo haris. Pero lo que nunca podris quitarme es... el miedo que tengo. Despedirse con sentido del humor es, sin duda, la mejor forma de decir adis. Y de ser recordado con una sonrisa.

    Como alguien llore en mi entierro, no lo volver a saludar Stan Laurel

    enfermedades, las discapacidades o la muerte. Otros se centran en estereotipos (chistes de leperos, de andaluces, de vascos, de mdicos, de borrachos), o en la funcin excretora del ser humano. Estos ltimos suelen hacer gracia sobre todo a los nios. Tambin los hay absurdos, surrealistas o que juegan con los distintos signifi cados de las palabras. Los chistes no dejan ttere con cabeza, los hay para todos los gustos.

    Existen tambin situaciones que nos hacen rer y que tienen que ver con las desgracias ajenas. Una cada suele hacernos gracia y una tarta estampada en la cara de otro suele hacer que se nos dibuje, al menos, una sonrisa. El sentido del humor nos permite separar, aislar signifi cante y signifi cado, cam-biarlos y relacionarlos de otro modo. Sin reglas fi jas.

    Humor y muerteComo decamos, la temtica central del humor negro son las enfermedades, las discapacidades o la muerte. Pero, desde donde se re uno de la muer-te? Desde donde hace uno chistes o bromas con la familia del fi nado en un velatorio? Lo primero que pensamos es que lo hace desde la intencin de ayudar a quien est sufriendo, tratando de distraerle y que mire hacia otro lado durante un momento. Sin duda esa es la intencin primera, pero es slo eso, o hay algo ms?

    El humor aparece siempre ante situaciones lmite. Durante las guerras, los soldados bromean y cuentan chis-tes con mayor frecuencia de lo que uno esperara. Del mismo modo, los civiles agudizan su ingenio y aumenta el n-mero de caricaturas, vietas y chistes con la guerra y la muerte como temas centrales. De alguna manera, se niega la realidad por medio de la broma, por medio del chiste. Lo que est haciendo nuestra mente es tomar distancia, separarse de ella, mi-nimizar su importancia. Superamos la crueldad y lo dra-mtico de la muerte alejndola de algn modo de nuestra conciencia, dotndole de un sentido nuevo, menos doloro-so. Resignifi cando la muerte. De este modo, el humor y el chiste actuaran como defensa. Convertir el miedo en risa nos ayuda a tolerarla mejor.

    La ltima bromaVemos que es posible rerse de la muerte cuando se cruza en nuestro camino (o ms bien en el camino de otro), pero

    Grafi ti realizado por El nio de las pinturas en el barrio del realejo de Granada en 2009

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  • En la quietud del MRMOL

    De qu mun-d o remoto nos llega esta voz extraa cargada de siglos y juventud?, con esta cita comienza el prlogo que escribi Ramn Mara del

    Valle-Incln al libro Anuar, de la enigmtica escritora chilena Teresa Wilms Montt (Via del Mar, 1893-Pars, 1921). La vida de esta mu-jer inquieta e independiente se aleja mucho, muchsimo, de las convenciones de una po-ca pacata que dejaba pocas opciones a una mujer de su clase y posicin, especialmente si

    VERSOS PARA EL ADIS

    caminada a hacer de ella una esposa y madre perfecta, pero no ms que eso, y mucho ms que eso era lo que la joven ansiaba. Con solo 17 aos decidi casarse, contraviniendo los deseos de sus padres, que la dieron de lado para siempre, con Gustavo Balmaceda Valds, un joven ocho aos mayor que ella y de familia prominente, sobrino del presidente de Chile Jos Manuel Balmaceda, pero en cargo de funcionario con un sueldo ms bien bajo, lo que pudo motivar la negativa de los padres de Teresa a aceptar su matrimonio.

    Al tiempo de casarse, cuando la familia Bal-maceda Wilms ya tena dos hijas, Silvia y Elisa, los celos empezaron a afl orar en la mente de Gustavo, acrecentados por su alcoholismo. En

    Seccin coordinada por Javier Gil Martn

    ANUAR (fragmento)FINAnuar! Anuar!Espritu profundo, vuelve del caos.Torna en misteriosa envoltura, husped de mis noches glaciales.Que tus dedos de sueo posen sobre mis prpados desvelados.Cirralos, Anuar.Veneno sublime, da muerte a mi cerebro aterrado.Qudate sobre mi fosa sonriendo enigmtico.Sonrisas de ultratumba, sombra y luz, sonrisa tremenda que me ha aniquilado.Espritu profundo, vuelve del caos!Se han muerto todas mis fl ores, slo queda para tu hambre la sangrienta herida de mi corazn partido.Anuar, Anuar. Sucumbo en el torbellino de los astros locos que se precipitan!Vuelve del caos!

    Teresa Wilms Montt (Via del Mar, Chile, 1893-Pars, 1921) De Anuar (Torremozas, Madrid, 2009)

    Portada de En la quietud del mrmol.

    24 adis nmero 116

    esta era, adems de independiente e inquie-ta, como decamos, brillante. Su vida, marcada por la tragedia y la desdicha desde su juventud hasta su prematura muerte, con solo 28 aos, pero tambin por sus viajes, conocimientos y relaciones artsticas, fue llevada al cine en 2009 en la pelcula Teresa: crucifi cada por amar, ba-sada en la biografa de la poeta, escrita por Ruth Gonzlez-Vergara, que lleva el signifi cativo ttu-lo de Teresa Wilms Montt, un canto de libertad.

    La poeta de Via del Mar fue la segunda de siete hijas de una pareja de la alta burguesa chilena, la formada por Federico Guillermo Wilms Montt y Brieba y Luz Victoria Montt y Montt. Por su posicin, recibi una esmerada educacin en-

    Retrato de la poeta por Julio Romero de Torres.

  • este tiempo, Teresa no haba dejado de relacio-narse con los crculos intelectuales y artsticos de las ciudades en las que se iba instalando la familia, como Santiago o Iquique, donde des-lumbraba con su carisma, belleza y talento. Esto aument la envidia y el recelo en su marido. La gota que colm el vaso lleg cuando Gustavo se enter de que su mujer, harta de su alcoholismo y sus infi delidades, haba empezado una rela-cin con su primo y amigo Vicente Balmaceda Zaartu, el Vicho, como era conocido, y Jean para la poeta.

    En una sociedad machista, como la chilena de entonces, que la propia Teresa describi como aeja, rancia y retrgrada, este comportamien-

    ETOLOGA Todos los animalessabrn bramar en el momento de mi carne

    cada cual a su alaridosu graznido su relinchoel eco de ulular el lobo entre las peasel rebuzno de los machos en lo hondo de las cuadrasla batiente ala del rapaz por las almenas el aviso sinuoso de la abeja que atraviesa el silencio de los prados Crculo siringe abdomen celoT has perdido la voz criatural Tambin el olfatoEllos en cambio no olvidan

    Todos los animalessabrn bramar en el momento de mi carne

    Carmen Camacho (Alcaudete, Jan, 1976)De Campo de Fuerza (Delirio, Salamanca, 2012)

    carmencamacho.net

    VERSOS PARA EL ADIS

    Teresa Wilms Montt.

    nmero 116 www.revistaadios.es 25

    sus das se produjo en la propia Buenos Aires, cuando uno de los admiradores que mencion-bamos antes, en este caso, ms que un simple admirador, Horacio Ramos Meja, se suicid ante la poeta por su negativa a seguir con la relacin que mantenan. La fi gura de Horacio se convirti en el imaginario de Teresa en una personifi cacin del amante/amado perdido. As, su fi gura colma sus dos siguientes libros, En la quietud del mr-mol y Anuar. El ttulo de este ltimo proviene, de hecho, del nombre que asign en su mitologa personal al amante desesperado que muri por ella. Todos los textos dedicados a la memoria de Horacio, bajo la mscara de Anuar, estn fuer-temente marcados por la sombra de la muerte. Es por un lado aquello que se lo arrebat (Des-apareciste, y qued sola, los ojos nufragos en noche de lgrimas), y tambin el ansiado lugar de encuentro, donde por fi n los amantes habrn de reencontrarse para siempre.

    Despus de su estancia argentina, la chile-na embarc camino de Nueva York para unirse a la Cruz Roja y colaborar como enfermera en la Gran Guerra. Su intencin qued abortada en un episodio rocambolesco: no pudo bajar del barco en el que iba al ser acusada de espa alemana por funcionarios de EE. UU. Ante la imposibilidad de quedarse all, Teresa decidi partir a Europa. Su periplo europeo la trajo a Espaa, donde se relacion intensamente con algunos de los gran-des escritores del momento, como Valle-Incln, de quien traamos unas palabras ms arriba, Ra-mn Gmez de la Serna o Juan Ramn Jimnez, y pintores, como Julio Romero de Torres, que la retrat en todo su esplendor.

    El principio del fi n de esta vida atribulada, lo sabemos ahora, lleg cuando tuvo noticia de que sus suegros se iban a vivir a Pars por motivos laborales. Esto implicaba que tambin sus hijas arribaran a la capital francesa. Decidida a en-contrarse con ellas, Teresa Wilms Montt parti a Pars, donde el encuentro pudo hacerse realidad. Estos se repitieron hasta que las nias volvieron a Chile con sus abuelos. Desde ese momento, Teresa qued devastada, ya defi nitivamente, y esta desesperacin fue la que al fi nal pudo con ella, despus de una vida atormentada como pocas con la que decidi terminar a fi nales de 1921, cuando ingiri una sobredosis que la llev al cementerio del Pre-Lachaise, en Pars, don-de se encuentra su sepultura, junto a la de otros grandes escritores como Grard de Nerval, Ger-trude Stein u Oscar Wilde. Poco antes de morir, escribi en su diario estas palabras que podran servir como epitafi o perfecto de la poeta: Nada tengo, nada dejo, nada pido. Desnuda como na-c me voy, tan ignorante de lo que en el mundo haba. / Sufr y es el nico bagaje que admite la barca que lleva al olvido, o estas otras con las que termina su libro En la quietud del mrmol: Solo existe una verdad tan grande como el sol: la muerte.

    Nos acompaa en este nmero, junto a Teresa Wilms Montt, Carmen Camacho con su poema Etologa, que nos recuerda la distancia entre nuestro comportamiento, alejado de la na-turaleza, de nuestras races, y el de los animales, con esa memoria ancestral an presente: T has perdido la voz criatural / Tambin el olfato / Ellos en cambio no olvidan.

    to en una mujer era imperdonable (no as en un hombre, por supuesto), y Teresa fue recluida en un convento, el Convento de la Preciosa Sangre, y alejada as de sus hijas por decisin de un tri-bunal familiar, formado por los hombres de la familia de su marido. Esta era una prctica fre-cuente con las mujeres de alta cuna, la de ser recluidas en un convento cuando, por algn mo-tivo, podan ser un factor desequilibrante en una familia, o que dieran que hablar en los crculos a los que la familia perteneca: fuera de la vista, el problema, en una sociedad volcada en la apa-riencia, dejaba de serlo. Para ello, las familias ha-ban de hacer un generoso donativo al convento en cuestin, que quedaba as al cuidado de la mujer encausada.

    En el caso de Teresa Wilms Montt, su fami-lia se haba desentendido de ella a partir de su matrimonio no aceptado por sus padres, pero s hicieron la necesaria aportacin econmica pa-ra la manutencin de su hija encerrada. En el convento permaneci casi un ao, entre 1915 y 1916, y su salud mental se resinti hasta el punto de intentar suicidarse. De hecho, la obse-sin por la muerte, como un enigma atrayente y subyugante, recorri toda su obra desde ese momento, tanto sus textos literarios como sus diarios: Ven, muerte, a libertar mi cuerpo de su yugo espiritual. / Quiero volver a la tierra, con-fundirme con el polvo, fecundar sus entraas con mi sangre, y sentir sobre mi piel su noble caricia perfumada. (...) Ven, muerte, acname en tus huesudos brazos; dadme el beso del ol-vido!, dej escrito en La noche, parte fi nal de su poemario Los tres cantos, recogido en 1922, al poco de morir Teresa, en un libro llamado Lo que no se ha dicho..., pero los ejemplos de esta obsesin por la muerte son una constante en toda la obra de la chilena.

    Su reclusin en el convento termin cuando escap ayudada por el poeta Vicente Huidobro, joven entonces, con el que parti en 1916 para Buenos Aires, donde este deba dar una confe-rencia. A partir de ese momento, comenz otro captulo en la vida de Teresa Wilms Montt. En la capital portea encontr un mbito proclive a sus inquietudes intelectuales y artsticas, donde pu-do desarrollarlas. All public, en 1917, sus dos primeros libros, Inquietudes sentimentales y Los tres cantos, recibidos con muy buenas crticas, y se encontr tambin con un squito de admi-radores y aduladores: Teresita fue popular en Buenos Aires: todos queran conocer a esa joven fra como los arcngeles y los nihilistas, hermo-sa y fuerte, con ojos maravillosos pero un poco indiferentes al amor, con algo de masculino en toda su personalidad, escribi su amigo Joaqun Edwards Bello.

    Pero las cicatrices ya haban comenzado a inscribirse en su alma de una manera indeleble y dolorossima; la primera de ellas, y posiblemente la ms profunda, fue la separacin de sus hijas desde ese funesto tribunal familiar, pero que se sostuvo en el tiempo hasta su muerte: De mi matrimonio no conservo ms que tristezas y dos hijas, dos hermosas niitas, para las cuales vivo, dijo en una entrevista, pero lo dijo a dis-tancia, obligada a vivir lejos de aquellas por las cuales viva.

    Otra cicatriz que la acompa por el resto de

  • Infa

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    TANATOVERBO

    Jadiya vive en Espaa con su familia y, siempre que puede, cruza el mar para visitar a su abuela en Marruecos. Las dos comparten una hermosa relacin en la que se entretejen la ternura, la admiracin, la transmisin de valores interculturales y la fascinacin de la nia por el idioma

    casi mgico en el que la abuela le canta canciones y le habla.

    Un da, una noticia triste cruza el mar: la abuela ha muerto. Pero ha dejado a Jadiya un regalo muy especial: Una bella tnica azul que fue tejiendo mientras le contaba historias durante sus visitas. Este objeto casi mgico se convertir en

    Mi miel, mi dulzura

    Michel Piquemal/Elodin Neouel Edelvives, 2005

    una suerte de amuleto que ayudar a la nia a recordarla y asimilar su ausencia. Al fi nal, adems, regalar a Jadiya y a todos los lectores una bella enseanza sobre el peso del apego y la necesidad de no aferrar-se. Las cosas, por muy hermosas que sean, no duran para siempre y hay que aprender a despedirse de ellas cuando ya han cumplido su funcin.

    Una historia emotiva que intercala textos en rabe. Esto la dota de un halo de belleza y misterio

    Frits vive en msterdam con su madre, junto a uno de sus canales. Es un nio alegre, inquieto, lleno de vida y energa, al que le falta una pierna. Este detalle le hace diferente y lleva a su madre a sobreprotegerle. Frente a su casa, en una barcaza, viven los seores Dussel, dos indigentes con los que Frits trabar una bella relacin de amistad pese

    a los reparos de su madre y los prejuicios sociales que hacen que la gente ignore a los Dussel y que cuando se fi je en ellos lo haga para criminalizarlos. Los ojos del nio, sin embargo, limpios de prejuicios, solo ven a dos personas que, como l, tiene que vivir con algo que, a pesar de que ellos no lo sienten as, les hace diferentes y marca su relacin con el resto de la gente.

    Luces en el CanalDavid Fernndez Sifres/Puo SM, 2013

    Se trata de una breve novela llena de sensibilidad y sutilezas, que habla de la muerte social, en ocasiones mucho ms dura que la fsica. Por diferentes causas, los per-sonajes principales de la historia son rechazados, ignorados, desprecia-dos o sobreprotegidos. Pierden, en defi nitiva su identidad y su libertad ante los prejuicios y temores de una sociedad timorata y poco solidaria, que es capaz de alimentar a las cigeas e ignorar la pobreza de las personas.

    Este desolador escenario se acompaa, en contraposicin, de unas ilustraciones coloristas y nada

    LDDDS

    Edad:

    +8

    La muerte y el duelo a travs de los cuentos

    Una completa recopi-lacin de cuentos de diversas culturas que nos ayudar a entender mejor la relacin de la vida y la muerte. La lectura de esta obra nos descubre que la vida no sera igual sin la muerte y que el dolor y el duelo tienen un profundo sentido transfor-mador para el ser humano.

    La autora, Carmen Moreno Lorite