REVISTA DEL OBISPADO CASTRENSE DE COLOMBIA 2014-10-14¢  Anggie Yuliana Velandia Durango Anggievelandia2901@

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  • 1Octubre - Noviembre 2014 EL PESCADOR

    Octubre - Noviembre 2014 ISSN 1692-7621

    Número 67

    REVISTA DEL OBISPADO CASTRENSE DE COLOMBIA

    Acompañando a las Fuerzas Armadas

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  • 2EL PESCADOR Junio - Julio 2014

    El Congreso Internacional de la Fa-milia, en su septima versión con- vocó a profesionales expertos de cinco países, que junto a un equipo interdisci- plinario de reconocidas organizaciones de Colombia, dieron una mirada a nivel mundial de cómo está nuestro país en materia de protección de la familia, nú- cleo de la sociedad.

    En el marco de este Congreso, tam- bién fueron reconocidas las Fuerzas Ar- madas de Colombia, por su importante labor en aras de fortalecer la institución familiar, así:

    • Dirección de Familia y Asistencia Social del Ejército, por brindar apo- yo a los militares y sus familias.

    • Programa de Formación Integral Humanística de la Armada Nacio- nal de Colombia, por articular es- fuerzos institucionales en pro de la ayuda a las familias.

    • Plan de Navegación familiar de la Fuerza Aérea Colombiana, por atender, orientar y apoyar a los fa- miliares del personal fallecido en especial a las esposas, en las áreas prestacional, jurídica, administrativa y psicológica.

    recibe reconocimiento por el trabajo con las familias de las Fuerzas Armadas

    Reconocimiento Actualidad

    El Obispado Castrense de Colombia,

    E l Obispado Castrense de Colombia, a través del Área Familia y Mu- jer, recibió el pasado 6

    de septiembre, El Premio Na- cional al Fortalecimiento Fa- miliar, otorgado por el Instituto de la Familia de la Universidad de la Sabana, como un reco- nocimiento a la labor realizada durante 8 años por el grupo de profesionales psicólogos y trabajadores sociales, que han aportado no sólo sus conoci- mientos, sino su actitud de ser- vicio y entrega generosa.

    La distinción fue recibida por Monseñor Fabio Suescún Mutis, Obispo Castrense de Colombia, en el marco del VII Congreso Internacional de la Familia: Hogar y Empresa ¡Sí se puede!, entregada por la Dra. Ana Margarita Romero de Wills, Directora del Instituto, quien manifestó su compla- cencia y admiración ante la labor realizada.

    Monseñor Fabio Suecún Mutis Obispo Castrense de Colombia

    Monseñor Jorge Hincapié Henao Vicario General

    Monseñor Javier Giraldo Rojas Ecónomo y Canciller Obispado Castrense

    Presbítero Luis Fernando Restrepo Vicario Episcopal para la pastoral

    Ana María Mariño Arévalo anammarevalo@gmail.com Delegada Pastoral Comunicaciones

    Intendente Jefe Nelson Cardona B. ncardona@gmail.com Coordinador de impresos

    Intendente James Guapacho james.guapacho@gmail.com Coordinador web

    Patrullera Anggie Yuliana Velandia Durango Anggievelandia2901@policia.gov.co Coordinadora Comunicaciones internas

    Interactúa con nosotros y con todos los miembros de la Fuerza Pública y sus familias

    de manera cercana y oportuna.

    ¡Haz parte de nuestra red de amigos !

    obispado.castrense @obispocastrense www.obispadocastrensecolombia.org

    Diseño y Diagramación Jose Cárdenas Gómez codigraf@yahoo.com codigraf.webs.com

    Impresión Panamericana Formas e Impresos S.A.

    Dirección: Transv. 28A No. 37-48 Barrio La Soledad - Bogotá Teléfonos: 4800011 - 3680311

  • 3Octubre - Noviembre 2014 EL PESCADOR

    Pena! TEMAS

    Indice de

    ¡Qué Temas Editorial

    Monseñor Fabio Suescún Mutis Obispo Castrense de Colombia

    El servicio religioso acompañando a las fuerzas Armadas desde sus inicios 4

    Papa Francisco 5

    Un Trabajador Social en familia, un constructor de los sentidos 6

    Nuestra Señora del Santo Rosario 7

    Tres motivos para Celebrar 8

    Poilicía Nacional 123 años 9

    Fuerza Aérea Colombiana 95 años 10

    De Superhéroes para Superhéroes... 11

    Y después de tu partida... 12

    Terminación e inicio del Año Liturgico 13

    El Pescadorcito - Niños - Entretenimiento 14

    Actividades Pastorales 15-16

    Los artículos publicados son responsabilidad exclusiva de sus Autores.

    Muchas cosas en la vida nos dan pena. La pena puede expresar un dolor pro-fundo, una aflicción interior. Así lo ma- nifiesta la canción española: ¡ Ay pena penita, pena, pena de mi corazón! Sufre una profunda pena la madre que llora la muerte de su hijo.

    Dentro de nuestra manera común de ha- blar se usa este término para hacer alusión a algo que nos causa vergüenza, por no haber cumplido una promesa o por haber causado daño o molestia a alguien.

    Los bogotanos dicen: “me muero de la pena” por haber llegado tarde, a causa de los trancones de esta ciudad.

    Pero también “por pena” muchas veces ca- llamos y no decimos lo que debemos decir o testificar. Es la pena que surge de la vergüenza ante los demás por llevar la contraria o por la burla y descalificación que causan nuestras po- siciones: ¡Qué pena llevarles la contraria!

    Tememos a veces la burla o la reacción airada del otro o de los otros. Por miedo nos escondemos en un silencio cómplice que ter- mina en una aparente aprobación de aquello con lo que no estamos de acuerdo.

    Parece que los creyentes en Jesús y miem- bros de la Iglesia hemos caído actualmente en el síndrome de la pena. Tal vez por falta de con- vicción o por miedo a aquellos que disparan dardos contra lo que descalifican como cosas de la religión, moralismos o posiciones retarda- tarias.

    La pena nos mete en una gran masa que “aprueba” lo que unos pocos imponen. Princi- pios o sentencias que nos hieren y con los que no estamos de acuerdo. Los creyentes y los que queremos ser personas de bien podemos estar dando la impresión de ser unos confor-

    mistas que sen- timos pena de profesar aquello que decimos creer.

    ¿Cómo decir que creemos en Dios en un mun- do que quiere arrinconarlo y escribirlo con mi- núscula para manifestar su desprecio?

    ¿Cómo superar la pena de confesar que creemos en la vida y que no estamos de acuer- do con el crimen de los niños en los vientres maternos?

    ¿Cómo seguir a Jesús que perdona y en- seña a perdonar en medio de gentes con cora- zón lleno de odio y con deseos de venganza?

    ¿Cómo afirmar, sin sonrojarnos, que para nosotros el matrimonio es la unión de un hom- bre y una mujer que genera vida y crea hogar?

    Para superar la pena de ser creyentes en un ambiente propicio a la crítica contra la Igle- sia con base en la limitación humana, se requie- re el poder del Espíritu que fortalezca nuestro interior y dé fundamento a la fe en Dios.

    No les de pena, de ser mis discípulos, no tengan miedo que no los he dejado solos: es la voz de Jesús ante esta realidad en la que juega el bienestar de la sociedad.

    “Yo os digo: Al que me confiese delante de los hombres, el Hijo del hombre lo confesará delante de los ángeles de Dios; pero al que me niegue delante de los hombres, él lo negará de- lante de los ángeles de Dios. (Lc 12,8).

    Es muy posible que nos tenga que “dar pena” por la pena que nos da no defender los valores indispensables para una sana vida fa- miliar y social.

  • 4EL PESCADOR Octubre - Noviembre 2014

    H ablar del Servicio Religioso y atención pastoral en las Fuerzas Armadas del País, nos remonta a la Época de la Independencia

    donde encontramos Religiosos y Clero Re- gular, que imbuidos del Espíritu de Liber- tad recibido de Vitoria en la vieja España sembraron en los Criollos el anhelo de salir de la esclavitud y forjar una patria sobera- na y libre. Bolívar y Santander, Córdoba y Nariño en sus batallas libertadoras conta- ron no sólo con la asistencia espiritual, sino también con el apoyo de párrocos de los pueblos por donde pasaban llevando en su pobreza sólo la riqueza de su anhelo de libertad, comida y ropa que los fortaleciera en el paso por los páramos camino a la Ba- talla del Puente de Boyacá, que selló para siempre la libertad y rompió las cadenas opresoras del Imperio Español.

    A través de los años en el siglo XIX Sacerdotes celosos y buenos, cuyo único lema era sembrar el Evangelio en los nati- vos acompañaron nuestros Ejércitos y con- servaron en esos puñados de héroes la fe en Cristo y el amor a María.

    Quizás en reconocimiento de ello, en 1.930 el Ejército de Colombia nombró como Capellán de la Escuela Militar al Pa- dre Pedro Pablo Galindo Méndez, quien acompañó a las tropas en la Guerra con Perú y luego llego como Capellán al Esta- do Mayor; se encargó de dotar de Capella- nes a las Unidades y organizar la asistencia espiritual en las tropas a lo largo y ancho del País, a tal punto que para el 13 de octu- bre de 1.949 la Santa Sede creó el Vicariato Castrense, nombrando como Vicario al Ar- zobispo de Bogotá en ese entonces el Ex-

    65 Años Acompañando a las Fuerzas Armadas

    celentísimo Señor Ismael Perdomo. El Pa- dre Pedro Pablo Galindo siguió al frente de las Capellanías durante los periodos de los Señores Cardenales Arzobispos de Bogotá: Crisanto Luque y Luis Concha Córdoba; El Cardenal Aníbal Muñoz Duque tomo las riendas del obispado a la par que el Carde- nal Mario Rebollo Bravo. En 1.986 El Papa Juan Pablo II expidió una nueva legislación con la Constitución “Spir