Para leer el Martín Fierro

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    10-Feb-2018

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<ul><li><p>7/22/2019 Para leer el Martn Fierro.</p><p> 1/16</p><p>Para leer elMartn Fierro.Literatura y poltica, economa y saber</p><p>Rogelio DemarchiCrdoba, Argentina</p><p>rogeliodemarchi@arnet.com.ar</p>mailto:rogeliodemarchi@arnet.com.armailto:rogeliodemarchi@arnet.com.arhttp://www.biblioteca.org.ar/mailto:rogeliodemarchi@arnet.com.ar</li><li><p>7/22/2019 Para leer el Martn Fierro.</p><p> 2/16</p><p>Resumen: Jos Hernndez pretende reescribir el gnero gauchescoimpugnando a los autores hasta entonces consagrados. El gaucho tiene unaimportancia econmica bsica porque posee un poder-saber hacer quegenera riqueza. Como es inculto, hay que educarlo para que pueda hacer unbuen uso de los derechos polticos que le corresponden como ciudadano yde la porcin econmica que se le asigne de la riqueza que ha producido.</p><p>Esta funcin la tiene que cumplir la literatura, fundamentalmente la poesagauchesca.Palabras clave: Martn Fierro, literatura gauchesca, literatura argentina,crtica literaria.</p><p>1. gnero.Jos Hernndez pretende reescribir el gnero gauchesco impugnando alos autores hasta entonces consagrados. En la carta a Jos Zoilo Miguens, editor de laprimera edicin del Fierro, toma distancia de lo que considera autorizado por el usoen este gnero de composiciones: l no se ha propuesto, como entiende que seacostumbra, hacer rer a costa de la ignorancia del gaucho; en su lugar, ha optadopor dibujar a grandes rasgos, aunque fielmente, sus costumbres, sus trabajos, sushbitos de vida, su ndole, sus vicios y sus virtudes.</p><p>Con una frmula que es a un mismo tiempo crtica, concreta, elusiva y englobante,afirma: Martn Fierro no va de la ciudad a referir a sus compaeros lo que ha visto yadmirado en un 25 de mayo, u otra funcin semejante (referencias algunas de lascuales, como el Faustoy varias otras, son de mucho mrito ciertamente).</p><p>Como ha anotado Eleuterio Tiscornia [Hernndez, 1943 (1872-1879): 23-24], laalusin a la fiesta del 25 de mayo remite al iniciador del gnero, Bartolom Hidalgo,autor de laRelacin que hace el gaucho Ramn Contreras a Jacinto Chano de todolo que vio en las fiestas mayas de Buenos Aires en 1822; con funcin semejanteengloba a Hilario Ascasubi, que en 1833 cont cmo Jacinto Amores le describa aotro paisano la celebracin de un nuevo aniversario de la Constitucin Oriental; y lamencin de Faustoremite, por supuesto, a Estanislao del Campo.</p><p>Esta ltima es muy significativa: Hernndez, como antes del Campo, coloca amodo de prlogo al poema una carta, y en ella se puede advertir lo que opina sobrealgunas de las cuestiones estticas y polticas que del Campo discuta con sus amigosseis aos antes; por eso, vale pensar la carta de Hernndez a Miguens como la quintacarta del Fausto.</p><p>Recurdese que el Faustoes de 1866 y la primera parte del Fierro, de 1872. Lascuatro cartas que all incluy del Campo estn firmadas por sus amigos Juan CarlosGmez, Ricardo Gutirrez y Carlos Guido y Spano, y l mismo. Por otro lado, Guidoy Spano tena relacin con Hernndez y particip de la redaccin del diario que stelanz en 1869, El Ro de la Plata, como plataforma de una nueva agrupacinpoltica que no lleg a formalizarse por su repentino cierre [cfr., Pags Larraya, 1952:54].</p><p>Si como han sealado Carlos Altamirano y Beatriz Sarlo [1990: 21-24 y 52-53],todo gnero discursivo es una convencin que establece ciertos lmites, o para decirlode otro, que regula lo que se puede representar y cmo representarlo, Hernndezapunta contra cada uno de los distintos tpicos que configuran ese acuerdo tcito alque conocemos como poesa gauchesca, segn la discusin sobre el particular que</p><p>prologa al Fausto.</p></li><li><p>7/22/2019 Para leer el Martn Fierro.</p><p> 3/16</p><p>* Si hasta aqu, desde Hidalgo a del Campo, se ha representado a gauchosintegrados social, econmica, cultural y/o polticamente, Hernndez plantea con Laidade Fierro la situacin contraria: el proceso arbitrario e injusto de exclusin delgaucho por obra de los diferentes agentes del Estado.</p><p>* Si Guido y Spano designaba a los gauchos como los parias de nuestra</p><p>sociedad, es decir sujetos privados de derechos y rechazados por los dems,Hernndez los caracteriza como clase desheredada; y si Gmez anunciaba laprxima desaparicin del gaucho, Hernndez la relaciona con el avance de lasconquistas de la civilizacin.</p><p>* Si Gutirrez entenda que los giros de lenguaje y comparaciones del gauchoson un elemento tan accesorio como el paisaje, ya que lo primordial sera sucorazn y su preocupacin, lo que es decir su filosofa y su sentimiento,Hernndez, por el contrario, subraya en varias oportunidades cun importante esimitar su forma de hablar porque es all donde se revela esa especie de filosofapropia que, sin estudiar, aprende en la misma naturaleza, de modo que el ambienterural -no el urbano- es consustancial al gaucho.</p><p>* Si Gutirrez felicita a del Campo porque no ha dibujado la vestimenta (losuperficial) del gaucho ni ha intentado copiarlo, sino que -como Hidalgo- ha miradopor los ojos del gaucho y ha sentido por su corazn, Hernndez reivindica copiarfielmente el original: mi objeto ha sido dibujar a grandes rasgos, aunque fielmente,sus costumbres, sus trabajos, sus hbitos de vida, su ndole, sus vicios y sus virtudes.</p><p>* Si Gutirrez establece la genealoga y la excelencia del gnero en la lneaHidalgo-Ascasubi-del Campo, Hernndez la refuta de una manera muy curiosa: lesreconoce mucho mrito, en el sentido esttico del trmino, pero les niega veracidadporque el gaucho de esagauchesca no reflejala realidad social (no copia el modelooriginal) -con lo que determina, al mismo tiempo, su forma de entender la relacin</p><p>entre literatura y sociedad.</p><p>Y en un sentido ms amplio pero tambin ms especfico, en el que vale la penadetenerse, si del Campo inscribe al Faustoen una red intertextual que une la literaturaoral con la literatura escrita, la Edad Media con la Modernidad, las formas popularescon las formas cultas del arte, la leyenda con la pera, y a Europa con el Ro de laPlata, todo lo cual posiciona al gaucho como continuador de una tradicin culturaleuropea, porque tambin y en otro sentido esa misma red lo une a del Campo conHilario Ascasubi, Hernndez coloca al Martn Fierro en una trama interdiscursivalocal, donde el discurso literario parece una mera aunque lgica continuacin deldiscurso poltico -en palabras de Antonio Pags Larraya [1952: 57], La poltica es loms preponderante en la idiosincracia de Hernndez. Son impulsos, ideas e</p><p>inclinaciones polticos los que lo llevan a la creacin literaria. Lo esttico estinsumido en lo poltico.</p><p>La red intertextual de del Campo remite a la pera compuesta por Charles Gounod,con libreto de Jules Barbier y Michel Carr, en 1859; que remite a su vez al drama deJohann W. von Goethe, publicado en dos partes, en 1808 y 1832; que remite a su veza la Historia del doctor Juan Fausto el muy famoso encantador y nigromante,impresa por Johann Spies, en 1587; que remite a su vez a una vasta tradicin oralalemana, que afirma que ese sujeto llamado Fausto verdaderamente habra existidoentre 1480 y 1540 [cfr. Caeiro, 1997].</p><p>Esta cadena -que bien puede admitir ramificaciones para hacer ingresar a otros</p><p>msicos, como Richard Wagner y Hector Berlioz, y a otros escritores, comoChristopher Marlowe, que tambin se abocaron al tema fustico- permite observar</p></li><li><p>7/22/2019 Para leer el Martn Fierro.</p><p> 4/16</p></li><li><p>7/22/2019 Para leer el Martn Fierro.</p><p> 5/16</p><p>deduce una inclusin social de larga data. Ahora, cuando empiezan sus problemas,Fierro tiene hijos, hacienda y mujer (v. 290) y es arrendatario (v. 1035-36).</p><p>Durante gran parte del siglo xix, en esa unidad productiva a la que llamamos lapampa existi un sistema de ascenso social por acceso a la tierra que de abajo haciaarriba escalonaba los mecanismos de la agregadura, la aparcera y el</p><p>arrendamiento; por debajo del agregado se ubicaban los peones y por sobre losarrendatarios, los pequeos propietarios [cfr., Demarchi, 2007].</p><p>Segn Blanca Zeberio [1999: 315], el estanciero recurra a las opcionesintermedias para asegurarse una rpida puesta en produccin evitando la prdida delcontrol de la tierra, as como la realizacin de grandes inversiones de capital. Perode esa manera se termin generando un sistema de ascenso social que ha quedadoperfectamente registrado, sobre todo con anterioridad a 1880: un sujeto en 3-4 aosde duro trabajojunto a su ncleo familiar poda pasar del sistema de aparcera al dearriendo, y en 3-4 aos ms convertirse en propietario [ibid.: 317-ss.].</p><p>Osvaldo Barsky y Julio Djenderedjian [2003: 405-419] van ms all y aseguran</p><p>que durante la segunda mitad del siglo xix muchos arrendatarios estaban encondiciones de comprar las tierras que alquilaban, pero preferan destinar ese capitala la produccin en vez de inmovilizarlo; o sea que era ms conveniente alquilar tierraque comprarla. Para Eduardo Mguez [2005: 34], esto era as porque lo querealmente tena valor era el ganado, an la propiedad de la tierra no haba pasado aun primer plano.</p><p>Entonces, cuando Martn Fierro cae en la arriadaque provoca el juez de paz en lapulpera (v. 307-18), se encontraba en pleno proceso de acumulacin econmica. Porlo tanto, como ha sealado Tulio Halperin Donghi [1995 (1980): 89], en la lectura delpoema tenemos que advertir que el lugar del hroe en la sociedad ganadera [] estlejos de ser nfimo.</p><p>Fierro -y estos son los sentidos positivos que alcanza la palabra gaucho en Laida- es un vecino honrado, un productor que apuesta al progreso y que seencuentra en consecuencia en pleno proceso de capitalizacin. Pero la sociedadganadera a la que representa es victimizada por el gobierno (nacional y provincial), eljuez de paz, en una palabra, la autorid, en tanto representante del Estado.</p><p>El testimonio de Fierro implica un padecimiento en un tiempo histricoclaramente fechado: cuando huye del fortn, se habla de la prxima visita de unmenistro o qu s yo... / que lo llamaban Don Ganza (v. 953-54), que no es otro queMartn de Gainza, ministro de Guerra de la presidencia Sarmiento (1868-1874).</p><p>Por oposicin, hay un tiempo mticoen el que la comunidad rural viva en perfectaarmona, sin la ms mnima intervencin de los agentes del Estado. En esa vidacomunitaria, donde un grupo de varones y mujeres se mueve como si se tratase delpersonal de una estancia criolla tradicional (canto ii), el gauchajellega al extremo depercibir al trabajo no como una obligacin sino como un espectculo que losentretiene: Aquello no era trabajo / ms bien era una juncin (v. 223-24). Y aunqueexista y se reconozca una diferencia entre gaucho y patrn, ste, como lo trata aaqul de igual a igual, en medio de las tareas lo llama pa darle un trago de caa (v.227).</p><p>Pero ahora, dice Fierro, al gaucho se le va la vida en juir de la autorid (v. 258).As, el Estado aparece como el culpable de la destruccin de ese sistema productivo</p><p>armnico y de los ncleos familiares que lo sostenan.</p></li><li><p>7/22/2019 Para leer el Martn Fierro.</p><p> 6/16</p><p>La diferencia es radical: de un lado, la felicidad gaucha, esa utpica convivenciaentre gauchos y terratenientes sin la intervencin del Estado; del otro, la desgracia delgaucho, originada casualmente por la intervencin del Estado.</p><p>Hay que tomar distancia, entonces, de la opinin de Jos Pablo Feinmann [1986(1970-1982): 174-175), para quien no es importante dilucidar si esa descripcin de</p><p>la edad dorada del gauchaje [...] corresponde realmente a algn momento histrico oslo se trata del transitado tema literario del paraso perdido. Feinmann no quieredistinguir verdad histrica de relato mtico, pero quiere leer el poema en claveeconmica y sostener que Hernndez propone la tesis de que la civilizacin est en lacampaa, que produce lo que Europa considera valioso [ibid.: 176-178] -idea quetoma de Pags Larraya [1952: 73]. Esa mezcolanza es inadmisible.</p><p>Cuando el Estado manda al gaucho-arrendatario al fortn, la reconstruccin de lacadena productiva de la pampa le demanda al estanciero lo que ste no quiere hacer(retomo la cita de Zeberio): invertir su propio capital para percibir una renta. Demodo que lo que Hernndez denomina en su carta a Jos Zoilo Miguens clasedesheredada no es otra que aquella a la cual una intervencin del Estado le impidi</p><p>heredar la funcin social que le haba asignado la clase terrateniente.</p><p>En La vuelta (1879), Martn Fierro vuelve para eso, para ver si es posibleconvertirse en pen en alguna estancia (v. 136-144) y as ocupar la posicin que leadjudica el contrato social: como El trabajar es la ley, Debe trabajar el hombre /para ganarse su pan (v. 4649 y 4655-56) -admite ante sus hijos y el joven Picarda.</p><p>El regreso con ese objetivo est en consonancia con el proceso de conversin delgaucho en pen que por entonces lleva adelante la vanguardia ganadera fundadorade la Sociedad Rural Argentina, en 1866, imponindole a la estancia tradicional elritmo y la divisin del trabajo que impera en el modelo fabril [cfr., Sesto, 2005: 141-157].</p><p>Un punto clave de ese programa ganadero es la no violencia; en sintona con ello,en una de las ms famosas sextinas del poema, Fierro aconseja prescindir de la luchaentre facciones: Los hermanos sean unidos, / porque sa es la ley primera; / tenganunin verdadera / en cualquier tiempo que sea, / porque si entre ellos pelean / losdevoran los de ajuera (v. 4691-96). No debe olvidarse que los Fierro se separan yhasta cambian de nombre -aquel que su nombre muda / tiene culpas que esconder(v. 4797-98)-, o sea que la hermandad del consejo no es literal sino metafrica -remite a pueblo o nacin.</p><p>En medio de todas estas transformaciones, una que no es menor: si en La ida,Fierro decide primero desertar -porque el fortn es un mal que no tiene cura(v. 830)-</p><p>y ms tarde irse con los indios -para salirse de este infierno (v. 2186) y estar en unsitio adonde no llega la facult del gobierno (v. 2190)-, enLa vueltasostiene que elverdadero infierno son los indios, as que est dispuesto, llegado el caso, a volver alfortn: pues infierno por infierno, / prefiero el de la frontera (v. 1549-50).</p><p>Tngase presente que su retorno es contemporneo a la campaa de JulioArgentino Roca contra los indios, declarado nuevo enemigo de la Patria. Como diceHalperin Donghi [1995 (1980): 100], esa expedicin identifica a Roca con las msarraigadas ambiciones de la clase terrateniente portea. Lois [2003: 211] recuerdaque si bien la Conquista del Desierto tuvo lugar entre abril y mayo de 1879 (La vueltase public en marzo de ese ao), el general Roca, su comandante, haba dispuestouna ofensiva preliminar: a lo largo de 1878, pequeos contingentes de rpido</p><p>desplazamiento fueron desgastando a los indgenas antes de la expedicin final. Aello se refiere el relato del regresado Martn Fierro: pero, si yo no me engao, /</p></li><li><p>7/22/2019 Para leer el Martn Fierro.</p><p> 7/16</p><p>concluy ese bandalaje, / y esos brbaros salvajes / no podrn hacer ms dao. // Lastribus estn desechas; / los caciques ms altivos / estn muertos o cautivos / privaosde toda esperanza, / y de la chusma y de lanza / ya muy pocos quedan vivos (v. 669-678).</p><p>La confianza en el proyecto es tal que se da por descontada la victoria final. Con</p><p>todo, el poema no pierde la oportunidad de deshumanizar al indio hasta evaluarlocomo el reverso absoluto del cristiano: es duro con el cau...</p></li></ul>