o Espectador - Iliana Dieguez

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Teatro

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    CONFRONTADOS POR LAS IMGENES: NAUFRAGIO CON ESPECTADOR

    Ileana Diguez1

    La sensacin del espectador se deja intensificar hasta el duelo ms profundo y errtico, al cual no compensa ningn resultado conciliador todo cuanto se pretende de l; se deja elevar hasta el cuadro ms espantoso, para finalmente, de vuelta del tedio que puede procurarnos aquella reflexin del duelo, desvanecerse en las exigencias de la efectividad. El espectador puede apartarse de la indignacin del espritu bueno en l, sin con ello aplicarse ya a la razn en la forma de una interrogacin por el sentido del sacrificio. Puede retirarse tambin al egosmo que est en la tranquila orilla y desde el cual goza con seguridad, disfruta de la visin a distancia del catico amasijo de ruinas (BLUMENBERG, 1995, p. 66)

    1 Ileana Diguez. Profesora investigadora en el Dpto de Hu-manidades de la UAM-Cuajimalpa, Mxico, DF. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Trabaja sobre problemti-cas del arte contemporneo y escnico, as como sobre los pro-cesos de performatividad y desmontaje. Actualmente desar-rolla una investigacin sobre las relaciones entre cuerpo, arte, violencia y duelo. Entre sus ltimos textos Alegoras neobar-rocas. Escenarios de la violencia. Revista Afuera. Estudios de Crtica Cultural. 12- II. Junio 2012 y El cuerpo roto/Alegoras de lo informe. ILINX. Revista do LUME. Ncleo Interdis-ciplinar de Pesquisas Teatrais-UNICAMP. No. 2, noviembre 2012. Correo electrnico: insular5@yahoo.com

    En estas pginas quiero reflexionar en torno al lugar del espectador en el complejo tejido de relaciones que propone el arte contemporneo y actual.

    A partir de mis experiencias como espectadora -pero tambin como investigadora- ante el creciente nmero de artistas que exponen, trabajan y viven en sociedades en conflicto, que conciben sus creaciones en dilogo con el deterioro social, la muerte y el dolor, me han surgido nuevas inquietudes en torno al lugar del arte en contextos dominados por catstrofes sociales. Cul puede ser el lugar de la produccin y la expectacin artstica en contextos donde mirar significa implicarse, depende de lo que se mire. Me ha interesado escuchar las voces de aquellos creadores que afirman que el lugar del arte no es producir redenciones estticas, sino, tal vez acompaar el desasosiego humano, visibilizar el dolor e incomodar, indignar a los vivos para que [nos demos] cuenta de lo que permit[imos], de lo que soporta[mos] (CRDENAS PACHECO, 2010, p.105).

    Pienso que el carcter agonstico y dramtico que permea muchas de las obras producidas en nuestra contemporaneidad est vinculado con los adversos acontecimientos que han marcado nuestra

    Repertrio, Salvador, n 20, p.28-38, 2013.1

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    historia contempornea y actual. Ese registro de catstrofes que en buena medida ha sustentado al arte contemporneo est implcito en la expresin de Paul Virilio: Es imposible, en efecto, avizorar el arte de este siglo sin estimar la amenaza de la cual l es representacin, una amenaza sorda pero visible (VIRILIO, 2003, p. 68).

    A qu amenaza se refiere Virilio? qu horrores habitan las imgenes y los procesos del arte? hay una especificidad contempornea en los acontecimientos e imgenes artsticas? qu formas han sido tambin amenazadas y desplazadas del lugar del arte?

    Para acompaar estos tiempos el arte ha necesitado retar los procedimientos de representacin. Pero ha necesitado tambin trascender el lugar del arte, afirmar su condicin de acto tico y de prctica social. No slo porque las construcciones poticas y las arquitectnicas, como dijera Bajtn, son irremediablemente la forma potica de los actos ticos. Sino porque los creadores al menos aquellos que me han interesado- toman en cuenta el mundo en el cual producen, y en muchsimas ocasiones han creado sus obras como gestos, como intervenciones, visibilizaciones, rituales y reclamos que cuestionan o trascienden la dimensin artstica de sus propias acciones. Pero qu lugar ha tenido en todo esto el espectador, desde qu lugar mira o contempla, cul es su experiencia ante estos acontecimientos?

    Ms que indagar en torno al lugar del espectador en la produccin de significados de la obra de arte -planteado por la Teora de la Recepcin-, o la participacin activa en el proceso de expectacin de la obra problema central de la esttica de la participacin-, me interesa problematizar el acto de confrontacin que nos impone la experiencia antropolgica que atraviesa las imgenes en el arte actual. Ms que un contemplador pasivo, un participante activo, o un reconfigurador de significados, me interesa pensar el espectador actual como un sujeto interpelado por la huella antropolgica que habita en las prcticas artsticas, a la vez que deviene un cuestionador no slo de la obra, sino del papel cvico y poltico del arte, de los

    procedimientos y pertinencias del arte actual. La imagen de Lucrecio, Naufragio con espectador, retomada por algunos poetas y filsofos, en particular Hans Blumenberg y Didi-Huberman, me impulsa y provoca. Y ser una metfora que ms adelante retomaremos.

    Dado que el pensamiento de la Esttica de la Recepcin abarc el mbito de los estudios literarios y de las gramticas textualistas, un posible aprovechamiento de estas ideas en el campo del arte y la produccin de imgenes implicara trascender los marcos literarios para pensar la problematizacin que ha ido ganando el lugar del espectador en las prcticas artsticas desde la segunda mitad del siglo veinte y sobre todo a partir de las demandas participativas que el arte contemporneo ha planteado, implicando situaciones que ya no son las de un contemplador de obras ante las proposiciones de un creador nico. La experiencia esttica, tal y como la hemos ido aprehendiendo, trasciende el mbito de la produccin y se extiende hasta los espacios liminales de la experiencia de recepcin, catarsis, participacin e interpretacin; lo que en palabras de Paul Ricoeur llamaramos como proceso de reconfiguracin.

    Adolfo Snchez Vzquez deca: Podemos hablar, por tanto, con referencia a todo arte, de una triada constituida por el sujeto productor o creador, el producto u obra artstica y el [sujeto] receptor(2005, p.13). Pero es la atencin prestada a cada uno de los elementos que integran esta trada la que ha variado a lo largo de la historia del arte. Como bien ha sealado Snchez Vzquez, se trata de pensar la participacin del receptor no slo en un sentido ideal o mental, que es el que reivindica la Esttica de la Recepcin, sino en el de una participacin [] sensible del receptor en su relacin con la obra(2005, p.7)

    Algunas de las preguntas que sustentan estas pginas son: qu experiencias de la teora de la recepcin estn presentes en la dinmica arte/ espectador, sobre todo cuando la relacin no es la del espectador sino la del participante o colaborador? Qu vnculos pueden existir entre

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    la esttica de la recepcin y la esttica relacional, si ambas proponen figuras y lugares distintos para el espectador? Qu sucede cuando en el arte contemporneo el supuesto espectador puede devenir cmplice responsable o interrogador activo, sobre todo al enfrentarse a las prcticas artsticas que trabajan con experiencias de violencia y que estn atravesadas por la disputa representacional e iconoclasta? Existe la posibilidad de pensar la expectacin en el arte actual como un tipo de contrato social? Tomar como referencia las problemticas que al acto de expectacin plantean obras como las de Teresa Margolles y Rosa Mara Robles en Mxico, o Erika Diettes en Colombia. Cul puede ser el lugar de los espectadores ante imgenes y prcticas contaminadas por experiencias de restos y naufragios humanos? Cmo contemplar esas imgenes sin sentirnos cmplices porque se ha estetizado la desgracia de otro, y a la vez sin ser conscientes de que somos tambin parte de ella?

    La esttica moderna, particularmente despus de Kant, ha concebido la obra de arte como aquello que es digno de ser contemplado, de manera que la contemplacin es la actitud por excelencia que impone la nocin de arte autnomo. A la supuesta autonoma de la obra le corresponde su recepcin contemplativa con el consecuente papel pasivo del espectador, nos recuerda Snchez Vzquez (2005, p.16 y p.17). Tal concepcin ser tericamente cuestionada por la Esttica de la Recepcin que nace hacia finales de la dcada de los sesenta en la Universidad de Constanza, con Robert Hans Jauss y Wolfgang Iser como sus tericos principales. Pero en el campo del arte este pensamiento habr tomado cuerpo mucho antes, desde los aos cincuenta, con la emergencia del Happening, los performances y eventos que caracterizaron la escena de la postvanguardia. En las acciones producidas o coordinadas por Alan Kaprow, el espectador era un participante, un jugador sin el cual no aconteca el acto.

    La atencin que la escuela de Constanza, y en especial Jauss daran al papel del receptor, se desarrolla en un contexto en el cual se planteaba la necesidad de atender la funcin social de la literatura y el arte. Jauss ubica los procesos de recepcin de la obra entre diferentes horizontes de expectativas

    el del autor y el del lector-, concepto que toma de Karl Mannheim. El horizonte de expectativas, idea central de la Esttica de la Recepcin es: "...un sistema referencial, objetivable, de expectativas que surge para cada obra, en el momento histrico de su aparicin, del conocimiento previo del gnero, de la forma y de la temtica de la obra, conocidos con anterioridad, as como del contraste entre lenguaje potico y lenguaje prctico" (JAUSS cit. en SNCHEZ VZQUEZ, 2005, p.39).

    Esa fusin de horizontes propuestos por Jauss implica al horizonte previo que trae el texto y al que aporta el lector con su prctica vital y su cmulo de experiencias.

    Otra de las tesis fundamentales de la Esttica de la Recepcin fue la planteada por Iser a partir de lo qu