Moctezuma Xocoyotzin y Hernn Cort©spdf

  • View
    228

  • Download
    5

Embed Size (px)

DESCRIPTION

Al principio del siglo XVI el brillo de Tenochtitlan se irradiaba sobre toda Mesoamérica, cegando con supoder cualquier intento contestatario. Sin embargo, varias circunstancias harán que su luz se apague, dejandoen su lugar miseria y devastación.

Text of Moctezuma Xocoyotzin y Hernn Cort©spdf

Moctezuma Xocoyotzin y Hernn Corts:dos visiones de una misma realidad1Isabel BUENO BRAVOUniversidad Complutense de Madridibuenob@terra.esRecibido: 11 de abril de 2006Aceptado: 15 de junio de 2006RESUMENAlprincipiodelsigloXVIelbrillodeTenochtitlanseirradiabasobretodaMesoamrica,cegandoconsupoder cualquier intento contestatario. Sin embargo, varias circunstancias harn que su luz se apague, dejan-do en su lugar miseria y devastacin.Palabras clave: Moctezuma, Hernn Corts, conquista de MxicoMoctezuma Xocoyotzin and Hernn Cortes: two visions, the same realityABSTRACTAt the beginning of the 16thCentury, Tenochtitlan's brilliance radiated across all over Mesoamerica, blockingany rebellious attempt to usurp its power. Nevertheless, several circumstances eventually ended its gloriousreign, leaving in its place misery and devastation.Key words: Moctezuma, Hernn Corts, conquest of MexicoSUMARIO: 1. Los imponderables de la poltica exterior mexicana. 2. La expulsin de Tenochtitlan. 3. Lareorganizacin. 4. El asalto final. 5. El asedio. 6. Referencias bibliogrficas.1. Los imponderables de la poltica exterior mexicanaLapolticamesoamericanaprehispnicasecaracterizpordesarrollarseenunclimainestable,yenestesentidoelreinadodeMoctezumaElJovennofueunaexcepcin.Losproblemassesucedantantoenlapolticadomsticacomoenlaexterior. Existan graves conflictos en el seno de la Triple Alianza. Adems, la acti-tud centralizadora de Moctezuma aliment las revueltas de los tributarios y recrude-ci las hostilidades con la zona de Puebla-Tlaxcala y, en general, con aquellas regio-nes que haban permanecido independientes.De la zona del Golfo tambin llegaban noticias inquietantes y contradictorias queafectaban, muy directamente, a la estabilidad del rgimen. Los tributarios totonaca,confederados con unos extranjeros, se negaban a pagar tributo. Sus cinco recauda-dores haban sido apresados, aunque dos de ellos fueron liberados secretamente, porel capitn de los extranjeros, con la condicin de llevar hasta Moctezuma el mensa-Revista Espaola de Antropologa Americana2006, vol. 36, nm. 2, 17-3717ISSN: 0556-65331Agradezco sinceramente los sabios comentarios y sugerencias del Dr. Michel Graulich.je de su amistad (Daz del Castillo 2000, I [Cap. XLVII]: 185; Ixtlilxochitl 1985[Cap. LXXXI]: 234; Tapia 2002: 78).La actitud de Corts hizo dudar a Moctezuma si su respuesta deba ser militar ono. Acausa del doble juego del espaol (Lpez de Gmara 1987: 148) y a otros inte-reses posteriores, las fuentes ofrecen una actitud vacilante del soberano mexica, queha fomentado una imagen injusta y, en nuestra opinin, falsa, potenciada por los pro-pios mexica de cara a la nueva reordenacin que impona la administracin colonial,como trataremos de mostrar en un prximo trabajo.Los extranjeros llegaban en un momento polticamente delicado para el imperio.Moctezumapretendareduciralospueblosquepermanecanindependientesdehecho era un objetivo prcticamente logrado cuando irrumpieron los europeos yeliminar a Ixtlilxochitl, el prncipe texcocano disidente, con ello dominara sin cor-tapisas a la Triple Alianza, abrindole un panorama poltico estable y unificado. Silos blancos venan en su contra, eran un peligro pero si, como a veces pareca, esta-ban de su parte, podra completar ms fcilmente su programa poltico hacia la cen-tralizacin.Corts, por su parte, tambin estaba en una situacin difcil porque, desde el ini-cio,suempresaestuvoagujereadaporlainsidiadelasfacciones,quemanejdemanera brillante unas veces sobornando a los descontentos (Daz del Castillo 2000,I[Cap.XXIII]:116),otrastomandomedidasejemplaressintemblarlelamano(Aguilar2002:159;Corts2000[2carta]:101;Tapia2002:78)y,enocasiones,absolutamentedesesperadas,comoladecisindehundirlasnaos.Aunqueestaactuacin, analizada en su contexto, no parece tal hecho troyano.TraslafundacindeVeracruzydelosnombramientosquesehabanhecho,Corts se desvinculaba de la autoridad de Diego Velzquez, gobernador de Cuba, ysecolocabadirectamentebajolaautoridaddelrey;porello,sivolvaalaislaoaEspaa,leesperabaigualmentelamuerte.Sinembargo,silograbalahazaaqueansiaba, caba la posibilidad de alcanzar la fama y hacienda que tanto anhelaba.Haballegadoaunenormeterritorioenelquedesconocacmofuncionabalapoltica, y parece razonable pensar que iba a ser manipulado por los indgenas; peroCortsbrillabaporsacarpartidodelassituacionesmsadversasyporcarecerdeescrpulos para manejar a los hombres y a las circunstancias en su propio beneficio.Francisco Hernndez (2000: 213) afirma que le daba igual apoyar a una u otra fac-cin indgena, con tal de que el resultado final fuera enseorearse de la situacin.Para ello, Corts mand apresar a los recaudadores mexica y oblig a los caci-ques a negarse a pagar el tributo (Ixtlilxchitl 1985 [Cap. LXXXI]: 234; Tapia 2002:78). Esto equivala a no reconocer el vasallaje que le deban a Moctezuma; pero almismo tiempo mantuvo el doble juego con los propios recaudadores, como si l notuviera nada que ver con su prisin (Daz del Castillo 2000, I [Cap. XLVII]: 185)Fue muy grande el gusto que de esto recibi Corts, porque vio que ya tena revuel-tatodalatierra,quequedabaporamigoentreambaspartes,yquepodaengaarloscon esta doblez, en cuya destreza y hazaa estuvo todo el punto de su buena ventura(Ixtlilxchitl 1985 [Cap. LXXXII]: 235)A nuestro juicio, los totonaca utilizaron a Corts para liberarse del yugo mexica,pues no era posible que el espaol entendiera cmo funcionaba la poltica mesoame-Isabel Bueno Bravo Moctezuma Xocoyotzin y Hernn Corts18Revista Espaola de Antropologa Americana2006, vol. 36, nm. 2, 17-37ricanaentanpocotiempo.Adems,aunqueactucontralosenviadosdeMoctezuma, lo hizo forzado por la situacin, ya que por el trato dispensado a los pri-sioneros se ve que no quiere enemistarse con l; pero por el momento el nico apoyoque tiene es el de los totonaca y lo necesita2.[] todos los caciques de Cempoal y de aquel pueblo e de otros [] prometierontodosaquellospueblosycaciquesaunaqueseranconnosotrosentodoloquelesquisisemosmandar,yjuntarantodossuspoderescontraMontezumaytodossusaliados (Daz del Castillo 2000, I [Cap. XLVII]: 186) Como era de esperar, Moctezuma respondi a esta provocacin atacando a los deCempoala, desde la guarnicin de Tizapantzinco, que reclamaron la ayuda de Corts(Ixtlilxochitl 1985 [Cap. LXXXII]: 235). ste se vio obligado a prestrsela en mediode la permanente crisis interna que tena con la faccin de Velzquez que, atemori-zada, quera volver a Cuba (Daz del Castillo 2000, I [Cap. XLIX]: 191; Ixtlilxochitl1985 [Cap. LXXXII]: 236). Corts los embauca y soborna con el oro que va obte-niendo de los indgenas (Daz del Castillo 2000, I [Cap. LIII]: 202).El Conquistador sigue firme en su idea de ir a Tenochtitlan, y por indicacin delostotonacasedirigenhaciaTlaxcala(Corts2000[2carta]:95,97;DazdelCastillo 2000, I [Cap. LXI]: 224), ya que le sealan que conviene confederarse paraenfrentarse al enorme poder del ejrcito de la Triple Alianza. Los miembros de estaconfederacin seran Tlaxcala, Huexotzinco e Ixtlilxochitl, hijo de Nezahualpilli deTexcoco, que haba formado un nutrido ejrcito (Ixtlilxochitl 1985 [Cap. LXXXII]:234).DesdeelprincipiosonlosindgenasquienesdanaCortslasclavesparamanejarseenunmundodesconocidoparal.LostotonacalesealanelcaminoyquindgenasestarandispuestosaenfrentarsealenormepoderdeMoctezumaII(Corts 2000 [2 carta]: 95; Ixtlilxochitl 1985 [Cap. LXXXII]: 237). Al llegar a los lmites de Tlaxcala son atacados, ya que Corts haba formado unejrcito de indgenas que eran tributarios de Moctezuma y, por lo tanto, sus enemi-gos(DazdelCastillo2000,I[Cap.LXII]:225). Trasrecioscombatesporambosbandos, que duran ms de 15 das, y a pesar de la intensa labor diplomtica que des-pliega Moctezuma (Corts 2000 [2 carta]: 105), los tlaxcalteca acceden a escuchara Cortes, pues corran el peligro de que ste se confederaba con Moctezuma y vinie-ra contra ellos (Ixtlilxochitl 1985 [Cap. LXXXIII]: 240). Yaqu llegamos a un puntonuevamentepolmico,nosotrosopinamosquelostlaxcaltecanofueronvencidosporelejrcitoindgena-espaol,sinoquetomaronladecisinpolticadeunirseaellos, con la intencin de mejorar su situacin frente a los mexica, si bien esta posi-cin no fue unnime (Daz del Castillo 2000, I [Cap. LXVII]: 243) y, como iremosviendo, la faccin tlaxcalteca que se opona se dejar or en mltiples ocasiones.Isabel Bueno Bravo Moctezuma Xocoyotzin y Hernn Corts19Revista Espaola de Antropologa Americana2006, vol. 36, nm. 2, 17-372En conversacin mantenida con el Dr. Michel Graulich opina que los totonacas se sienten intimidadospor la llegada de los recaudadores mexica y aunque fuera posible que Corts no entendiera los entresijos dela poltica mesoamericana, s conoca el miedo y el descontento que produca la dominacin mexica, y estehecho lo utiliz de la misma forma que lo hizo Pizarro en Per o siglos despus los ingleses en la India. Esdecir, estos invasores (el adjetivo es mo) aprovechan las disensiones internas y se presentan como protec-tores. Por lo tanto, desde el punto de vista del Dr. Graulich, Corts, en todo caso, manipulaba tanto como posi-blemente le manipularan a l.EnopinindeMichelGraulich(comunicacinpersonal)lostlaxcaltecafueronvencidos, porque en repetidos ataques, comandados por los mejores jefes militaresindgenas, no pudieron acabar con los espaoles y se vieron obligados a pedir la paz.Es cierto que la superioridad de las armas espaolas pona en jaque a los escuadro-nes tlaxcalteca, tanto por el propio poder ofensivo de las mismas, como por la formade combatir de los indgenas (Durn 1967, II [Cap. LXXII]: 531); tambin es ciertoque en ste ltimo bando las bajas eran mucho mayores que entre los espaoles, peronoesmenosciertoque,cuandolosindgenasseretiraban,losespaolesnolosseguanporquenopodamostenerenlospies,decansados(DazdelCastillo2000, I [Cap. LXIII]: 231). Tambin es cierto que son los tlaxcalteca quienes solici-tan la paz pero en innumerables ocasiones, cinco segn Daz del Castillo, tambin lapide Corts.La paz tlaxcalteca es una paz decidida (Hernndez 2000: 220; Ixtlilxochitl 1985[Cap. LXXXIII]: 240), no obligada