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Mimi Editado

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Text of Mimi Editado

Ust no sabe dijo que esta noche tenemos una reunioncita: un pequeo joropo de familia para celebrar el cumpleaos de Nievita que es maana

MIM

(Novela nacional)

Cabrera-Malo

1898

Oblacin,

A la memoria de mi eminente y llorado maestro,

el ilustre pensador colombiano Doctor

Digenes A. Arrieta.

C. M.

Voto

Exeat!

Amigos! Con dolores humanos hagamos libros criollos. Rico es el venero; el ideal augusto; la obra, obra de jvenes, obra patritica: obra santa.

El invierno no ha pasado todava. La voz de la trtola an no se escucha en el suelo. El tiempo de la cancin no ha venido. Pero qu hacer? Amemos nuestra angustia, y digamos a la tristeza, como a la novia remisa, con palabras del Inmortal Voluptuoso: Surge amica mea et veni!

Hay en las sociedades modernas, como en las Theurgas milenarias del oriente muerto, un mar tenebroso, un mar sin orillas, un vasto mar de lgrimas. Quin lo sondear jams? En la espantosa soledad, qu visionario gritar nunca la gran palabra: Esperanza!

Y diseminados en l hay escollos trgicos, arrecifes prfidos, rompientes ignoradas que nadie denuncia, que ningn prctico seala, que ninguna barca sorte. Arriba la nada! Abajo la desesperacin! Es lo Irremediable. Es lo Eterno. Es la Sombra...

Almas plidas, almas enfermas, almas dolientes lo surcan, atormentadas por la Ilusin, en pos de un reino ideal.

Las pobres almas!

En su ciclo no hay constelaciones; la ltima racha desquebraj el timn; su esperanza se ha ido; su fe est muerta y Dios... no oye!

Son las vctimas de la Ley Los que sufren persecuciones por la justicia...

Los mrtires!

Ah! Rompamos nuestros vasos de alabastro y antes que vender por los "treinta denarios y ms", el perfume preciossimo, derrammoslo todo entero, con profusin que alarme a los mezquinos, sobre las plantas que sangran, sobre las frentes que irradian

Desde la orilla, donde cantando aguardamos el esquife exaltemos el valor de los nufragos y hallen piedad en nuestros corazones el clamor de los agonizantes annimos, de los grandes espritus tristes que flotan entregados a los azares de la vida como el cadver a las negras aventuras de la ola, y que aguardan todava, todava, un rayo de luz de estrellas un tomo de aire una migaja de Justicia una tierra de promisin

La Inefable Quimera!...

Verdad! En el principio tu nombre es: "Escndalo;" mas, luego, cuando triunfas, te dicen: Luz!

A la obra, Amigos, Vamos a la obra.

En la caldera de abominaciones, en las "entraas infectan," hundamos los brazos hasta el codo, y, como las brujas de Macbeih, los sacaremos llenos de revelaciones y de hechizos.

Hay muchos vendajes encubriendo lacerias mortales.

Arranqumoslos sin vacilacin: hay desgarramientos piadosos. Y luego, cuando hayamos limpiado las lceras, lancemos al infinito el tejo de Job Se har estrella!

Disimular el mal es curarlo? Basta abrigar la llaga para hacerla desaparecer?

Una especie de complicidad inconsciente nos lleva a enmudecer ante la desgracia y a creer que, con apartar de ella la vista, ha dejado de existir y todos vivimos en Arcadia.

El inters y el miedo, he aqu los dos grandes mviles de este siglo, tan poco religioso, que no ha producido un Mahoma; tan poco filntropo que en l no florecen Conrados de Marbourg ni Torquemadas, uno siquiera de esos ilgicos que por sensibilidad, por caridad achicharraron hombres; pero tan sabio, que, al fin, ha descubierto la panacea contra todas las calamidades: El silencio!

S! Todas las bocas estn mudas!

"Los corazones se han endurecido", segn la frase evanglica; los odos no oyen, los ojos no ven porque muchos tienen miedo de que sus ojos vean, de que sus odos escuchen, de que sus corazones comprendan el convertantur et sanem eos.

Lo que ocultan? Lo que niegan? turpe es dcere turpe est dcere!

La abominacin invade ya el lindero temido del Profeta: el lugar santo!

Como el fariseo ciego muchos blanquean el sepulcro por fuera en vez de limpiarlo por dentro

Y ay el da en que mano osada eche a los perros los impuros huesos de muertos!

Como Myca dirn:

"Yo he perdido mis Dioses, yo he perdido mis Dioses."

Como el catecmeno del Monte Athos darn voces tristes, gritando en la desolacin:

"Me han arrebatado mis dioses y no s a cual adore!"

Y desgraciados, por haber visto la realidad, como la Casandra de Schiller nos rogarn as:

"Devolvedme mi ceguera!"

No haya misericordia, sin embargo!

Se necesitan ya voluntades viriles que alcen los puos en la oscuridad y apostrofen al mal que acecha y mata en la tiniebla como el vampiro.

Delatores austeros, Jueces. Redentores!

Voces roncas, voces expiatorias que clamen en el desierto: Libertad!... Igualdad!... Amor!

Oh! Las tres palabras inmensas que purifican los labios que las vierten como los ardientes carbones de Isaas!

Este libro no es libro de concupiscencias ni ha sido escrito para regalo de liviandades.

Es libro cruel. Y como el Gran Vargas Vila, yo tendra el derecho de decir a los tmidos, a los vacilantes, a los cobardes, a los que se doblan a todo viento de doctrina: No lo leis!

Leedlo! les digo sin embargo. Leedlo! les ruego. Leedlo! les ordeno, en nombre de la extraa rebelda de una mujer humilde que vivi segn el corazn y sobre cuya sepultura crecen hoy los jaramagos amarillos, lloran los sauces y se enredan los salvajes cundiamores

El contagio de la fe es grande; y Cristo dijo que la fe transporta las montaas.

Pueda el soplo candente, el vaho fervoroso que se escapa de estas pginas, fecundar al fin, esos espritus tocados de esterilidad, esas consciencias muertas para las rebeliones, para el sacrificio, para la humanidad.

Sursum!...

Este libro es libro doloroso, porque es libro humano y libro de carne y de sangre.

Es la historia de una desdicha de amor y viene a pedir dos almas entre las rosas, junto a las palmas, en el llano verde y romntico.

Es libro acusador. Y como todos los acusadores si sonre, su sonrisa es irnica: efectismo oratorio y nada ms. Creedlo.

En la gran contienda de los fuertes y de los dbiles, mi libro es yo lo proclamo alegato vivido, desnudo, palpitante a favor de los ltimos.

Juro haber dicho todo lo que era necesario decir!

Ahora mis adversarios tienen la palabra

Exeat!

Cabrera-Malo

Caracas, 1898.

MIM

(OJO debe ir como portadilla)

Libro I

(Ojo, esta es otra portadilla)

Mim

Mim!... Mim!... Qu dulce nombre tienen tus dolientes hijas, plido Murger! Os acordis, poetas silvestres de mi pueblo; cigarras enamoradas que cantis ebrias de sol y de perfumes vrgenes, a la sombra de las altas palmeras rumorosas, en los ardientes mediodas de la pampa, de Mim, sonrosada y frgil, toda luminosa y rtmica? De Mim, os digo, que, a los quince aos, acoga con sonrisas irnicas y bah! despreciativos, los que creais vuestros ms ardientes y primorosos versos: vuestros versos sensuales y clidos; y quin, si la hablabais de amor, os miraba indiferente, impasible, con la mirada vaga y enigmtica de sus grandes ojos de pedrera, o mordiendo distrada ptalos de rosa; despus de lo cual se quedaba fra, escultural y augusta cual una viviente estrofa de Lecomte de Lisie?

Yo s! Su nombre, su dulce y fugitivo nombre recuerda a mi musa enferma el da de sus primeros cantos: el da en que me trajo en su delantal blanco, sonreda y ruborosa, el primer manojo de flores tropicales: acacias purpreas y blancas, claveles rojos y pensativos aleles, para ella, s, para ella la que creas muerta por siempre para los ardores juveniles; para ella la ardorosa, la atormentada, la apasionada Mim.

Fuego y nieve! Eso era. Sabedlo ahora, oh poetas, frescos y sanos muchachos que en la misma lira querais cantar las glorias del milagroso patrono del pueblo y de Mim, alma, luz y voluntad!

Sabedlo tambin, amigos: Mim os detestaba. Pero, qu fros y necios sois! os decan sus labios rojos y sensuales en su mohn delicioso! Pero qu fros y necios sois! Queran deciros sus pupilas multicoloras que tenan del oro muerto de las filigranas exticas, del prfido azul de las ondas, del bronce de los camafeos babilnicos. Pero qu fros sois! os decan los temblorosos globos de sus senos, duros y cndidos con la albura sonrosada de los mrmoles pentlicos; pero inertes, insensibles, all, en lo secreto del corpio, siempre adornado con flores de la montaa, en las cuales vuestras estrofas melenudas y llorosas no se atrevieron a libar jams.

Ah! pero estbais sordos y ciegos, canta que canta los xtasis de vuestro devoto, por lo que, vuestras flores, Mim lo deca, os resultaban de trapo y olan a incienso, caballeritos; por lo que vuestros versos, pulidos, y acicalados segn la manera del viejo y regan maestro Hermosilla, eran dignos, por ms que lo creyseis unos vivos pecados mortales, de ser cantados en el harn por otros labios que no por los del Sultn... Oh! los amores celestiales, los plidos rayos de la luna, las calladas celosas, los ruiseores de la arboleda. Se rea! se rea al escucharos. Nunca pudo comprenderos.

Poetas de mi parroquia! que peinis vuestros versos con cosmtico: una maana en que Mim vena del campo olorosa a verbena, con las mejillas sonrosadas y los cabellos empapados de roco matinal, djome:

He pensado toda la noche en los enamorados celestiales, y no he podido adivinar cmo son... Sabes t si son los mismos para quienes los ngeles traen expresamente del cielo, en cesticas, los chicos que les nacen algunas veces?

Y despus:

Qu poetas! qu poetas! Beben su vino con agua, no pueden pasar las comidas picantes! Cmo me fastidian, ay! cmo me fastidian! Comprendes ahora por qu los odio?