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TUPAC AMARÚ BOLESLAO LEWIN Ediciones elaleph.com

Lewin, Boleslao - Tupac Amaru

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OBSERVACION PRELIMINAR

Es legítimo considerar a Túpac Amaru una figura excep-cional en la historia de América. La razón de ello es eviden-te: ninguno de sus pares -teniendo los mismos motivos yparecidos sentimientos- tuvo el valor de rebelarse contra elrégimen colonial. Pero es lógico asimismo admitir que laépoca (últimos decenios del siglo XVIII) influyó decisiva-mente en sus planes cuyo desenlace, fatal para él, no por ellosignificó una pérdida menos sensible para sus enemigos.

Obviamente, es muy antiguo el debate en torno al in-flujo de la personalidad excepcional en los acontecimientoshistóricos y también acerca de su efecto recíproco. Queambos tienen su importancia y están inextricablemente uni-dos, es indudable., pero es muy difícil precisar su trabazóníntima. De suerte que, hay que dejar abierto el problema.Que hablen, pues, por sí los hechos. Primero, los generales;luego los singulares.

Y una observación final, las fuentes éditas e inéditas delpresente trabajo figuran en mi libro La rebelión de Túpac-Amaru y los orígenes de la independencia de Hispanoamé-

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rica, Buenos Aires, 1967. Por razones editoriales no se citanaquí.

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CAPITULO 1

REGIMEN SOCIAL EN LAS COLONIASESPAÑOLAS

1. Las castas en HispanoaméricaLos habitantes de las colonias españolas estuvieron apri-

sionados en densas mallas de ordenamientos feudales. Hastafines del siglo xvin el súbdito colonial, y en esto no se dife-renciaba del europeo, estuvo tan habituado al orden jerár-quico que no se imaginaba que los hombres fuesen algunavez jurídicamente iguales, que tuviesen en alguna épocaidénticos derechos civiles, de los sociales ni que hablar.

En las colonias españolas existían, conforme a las leyesdictadas por la metrópoli y aquí ejecutadas, seis -castas prin-cipales. 1) los blancos españoles, entre los cuales se distin-guían los españoles europeos y los españoles americanos,llamados simplemente criollos; 2) los indios; 3) los mestizos,mezcla de indios y blancos; 4) los negros, que podían serlibres o esclavos; 5) los mulatos, descendientes de negros yblancos, que también podían ser libres o esclavos; 6) loszambos o zambaigos, descendientes de negros e indios. Las

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castas hispanoamericanas en un aspecto fundamental sediferenciaban de los estamentos europeos que eran racial-mente uniformes: además de fijar jurídicamente las desigual-dades sociales establecían legalmente los desniveles raciales.

Si bien la casta fue la base del régimen social en todaHispanoamérica, puesto que todavía ella estaba gobernadasegún las mismas leyes y costumbres, en determinadas re-giones dejó mayores huellas documentales que en otras, loque -de ninguna manera - autoriza a expresar dudas acercade su vigencia.

En el litoral del Plata y en algunas otras comarcas depoblación predominantemente blanca, la jerarquización so-cial, equivalente a la racial, no fue tan rigurosa como en lasregiones donde la población de origen europeo estaba lite-ralmente sumergida en el extraño mar autóctono. En lascomarcas aludidas tampoco dominaba al ambiente el temor,confesado u oculto, ante imprevisibles reacciones de lacasto india (a veces también de la negra). En Buenos Aires,por ejemplo, los esclavos –por otra parte, sector minoritariode la población- sólo en 1795 llegaron a preocupar seria-mente a las autoridades, a causa de la sospecha, surgida poraquel entonces también en Montevideo, de que integrabanun complot jacobino. Diametralmente distinta fue la situa-ción en México, Guatemala, Ecuador, Perú, Bolivia y elnorte argentino. Aquí la minoría blanca - detentadora detodas las palancas del poder y de la economía - aplicaba se-veramente todas las restricciones, entre otros motivos, porcausas de seguridad, aunque ésta, después de la resistenciainicial a la Conquista, no fue minada hasta 1870, cuando

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estalló la rebelión encabezada por Túpac Amaru, que con-movió los cimientos más hondos del régimen español enHispanoamérica.

Y en lo que respecta a las tan ensalzadas por tirios y tro-yanos leyes de Indias, en vez de rebatir sus ditirambos conepítetos, formularé estos interrogantes: ¿Prohibían la escla-vitud? ¿Eliminaban la servidumbre de los autóctonos?¿Proscribían la Inquisición? ¿Declaraban la igualdad de losintegrantes tan de las castas de sangre mixta? Aunque meabstengo de toda respuesta, me permitiré aconsejar a los quedudan de mis afirmaciones que consulten los escritos deMariano Moreno. Allí encontrarán abundante material sobrelas verdaderas características de la legislación indiana.

2. El indio y el cacique. Pese a todo el esfuerzo en el sentido, digamos, de es-

pañolizar a los indios, su vida íntima, personal, escapaba alcontrol del conquistador. Salvo el tributo, la obligación pe-riódica de prestar servicios en la minería y la religión -másbien sus ritos externos y algunos conceptos generales - todoquedaba como antes. El indio seguía usando su antigua ves-timenta incaica (la que fue prohibida después de la subleva-ción tupamarista), hablaba su idioma vernáculo, estabasometido totalmente a sus caciques (curacas) y guardaba unhermetismo, en notable grado persistente hasta hoy, frente atodo lo foráneo, cuyo contacto con él le acarreaba siempredesdichas e incomodidades. Por lo tanto, procuraba evitarloen la medida de lo posible, aun en los casos en que podíaserle útil.

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En el engranaje social de la colonia los indios, básica-mente, constituían la capa labradora. Sobre ellos reposaba eltrabajo en la agricultura y la labor no especializada en la mi-nería. Su trabajo tanto en el agro como en otras ramas de laactividad productiva era obligatorio. A la minería le propor-cionaba su mano de obra en forma de mita, un servicio pe-riódico, en cierta manera parecido al reclutamiento militarmoderno. Nada hubo para el indio más odioso que la mita.Ésta lo arrancaba, por un tiempo de diez meses o para siem-pre, del ambiente que le era peculiarmente propio -no obs-tante las presiones motivadas por la Conquista-, lo arrojaba aun mundo extraño geográfica y socialmente, lo condenaba aun trabajo al que no estaba acostumbrado y lo entregaba amanos dé explotadores mucho más insaciables que los quehabía conocido en su comarca natal. Por esos motivos lamita causaba estragos entre los indios. Uno de los virreyesperuanos M siglo XVII, el conde de Alba, d sostener que lamita debía ser extinguida, afirmó "que las piedras de Potosí ysus minerales están bañados con sangre de indios, y que si seexprimiera el dinero que de ellos se habría de brotar mássangre que plata"... Y he ahí lo más notable: el cruel con-quistador general José Antonio de Areche, que con tantasaña procedió contra los esclavos indígenas rebelados bajo ladirección de Túpac: Amaru, en una carta particular del 17 dediciembre de 1777 dice de la mita, entre otras cosas, que "nohay corazón bastante robusto que pueda ver cómo se despi-den forzados indios de sus casas para siempre, pues si salenciento apenas vuelven veinte". Es altamente sintomático queun año antes de escribir Areche las líneas citadas, el 4 de

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octubre de 1776, don José Gabriel Túpac Amaru, que ya poraquel entonces preparaba su riesgosa empresa, presentó aJosé Palacios, escribano del Cuzco, un poder de los caciquesde su provincia que lo designaban para que prosiguiera enLima "la causa que tienen pendiente en el Real y SuperiorGobierno de estos Reinos, sobre que se liberten los natura-les de sus ayllus de la pensión de la mita que se despacha alReal Asiento de la Villa imperial de Potosí -.

Otra forma de trabajo obligatorio y periódico de los in-dios la constituían los obrajes, especie de primitivas fábricastextiles, donde, teóricamente, los indios debían permanecerun año. Las ordenanzas del virrey peruano del siglo XVI,don Francisco de Toledo, preveían que en los lugares dondehabía obrajes y, por consiguiente, obligación de servir enellos, los indios estuvieran exentos de mitar en los socavo-nes. Prescribían así mismo que los niños debían estar libresde trabajo forzado. Pero como el indio no estaba en condi-ciones de defenderse a sí mismo, caía víctima de la arbitra-riedad de los blancos, a quienes solían ayudar sanguijuelas desu propia casta.

Lo expuesto hasta ahora trata en realidad la situacióndel indio fuera de su ambiente propio. En esta célula prima-ria, el eslabón fundamental de la convivencia comunitaria,fue el ayllu (entre los incas) o el calpulli (entre los aztecas).El ayllu tenía una estructura muy parcida a la gens o clan,agrupación de familias de una misma ascendencia que, ennuestro caso, incluía formas colectivas de producción. Cadaayllu era gobernado por un cacique, pero también al gober-nador de varios ayllus le era aplicada la misma denomina-

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ción. Los conquistadores lograron introducir algunos cam-bios en la convivencia cosanguinea de los ayllus, pero eso notiene importancia para nuestro estudio. Interesa, sí el hechode que en la época de la rebelión de Tupac Amaru el aylluconstituía aun la célula fundamental de la casta indígena y elcuraca era el jefe indiscutible.

La oposición del cacique (curaca en el lenguaje indígena)fue, sin duda, muy singular en la vida social de la colonia. Enprincipio, era descendiente de la antigua aristocracia gentili-cea conservaba algunas de sus preminencias aun despuésdela conquist. A pesar dela degradación social de los indidos,el curaca – debido a su importancia para “el buen gobierno”y el hecho de ser imprescindible su intervención een el ma-nejo administrativo – gozaba de ciertas prerrogativas que nosólo lu ubicaban al margen de la casta indígena, sino tambiénde las castas en general, en una peligrosa y ambigua situaciónintermedia.

Conforme a la legislación española, el cacique y sus hijosmayores estaban exentos de la obligación de pagar el tributo(símbolo de sometimiento), y de hacer el servicio de la mita(expresión de sojuzgamiento). Además, según se desprendede algunas prescripciones oficiales, también a ellos los sier-vos indígenas debían abonar un tributo anual. En muchoscasos los curacas, a semejanza de los señores españoles, te-nían indios (pongos) a su servicio y podían usar cabalgadu-ras, lo que estaba prohibido -por motivos de ordenjerárquico y militara los indios y mestizos. También en for-ma similar a la nobleza española, los caciques debían seradmitidos -al menos así se ordenaba - en las funciones re-

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servadas para los que poseían "limpieza de sangre". No tieneinterés entrar en los pormenores de los privilegios de lascuracas, pero cabe destacar que gozaban de muchos de elloscon el beneplácito de los conquistadores. Sin embargo esapolítica no logró extirpar en la mayoría de ellos el apego alos valores autóctonos ni su oposición al régimen hispano.Por el contrario, su posición, en cierto modo privilegiada,tanto en el aspecto social como educativo, en la segundamitad del siglo XVIII, contribuyó a que surgiera en su senouna fuerte corriente anticolonial. Precisamente Túpac Ama-ru fue su representante más destacado.

Finalmente, la función pública de los caciques consistíaen cobrar el tributo anual de los indios y en regular el tra-bajo forzado de éstos. Ejercían también jurisdicción judicialen casos de menor gravedad.

3. Reparto de los corregidoresEs muy instructivo el hecho, por lo que al valor de las

leyes -de Indias u otras- como única fuente de interpretaciónhistórica se refiere que hasta mediados del siglo XVIII to-das las prescripciones legales prohibían a los corregidores laactividad comercial, es decir, el mal llamado reparto. A pesarde lo cual, a él se dedicaban en forma expoliatoria y mono-polista.

¿Cómo fue posible esto? La explicación que se da gene-ralmente es que, por una parte, el Estado español, y no sólopor razones mercantiles, estaba interesado en la distribuciónde mercancías entre la enorme masa cuyo consumo era muybeneficioso para la economía; y por la otra, la remuneración

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del corregidor era muy exigua para el tren de vida que teníaque llevar y para la jerarquía del cargo que desempeñaba.Pero ¿quién lo obligaba a solicitar tal cargo y gastar grandessumas en conseguirlo? La única explicación que se ofrece, esla angurria y falta de escrúpulos morales en muchos nobles.De tal modo se convirtieron en una de las peores lacras dela administración colonial.

Los corregidores que eran gobernantes en el sentidofeudal del término - de provincias enteras habitadas por in-dios, a juicio del virrey peruano Amat (1771-1776), fueron"verdaderos diptongos de comerciantes y jueces", puestoque efectuaban entre los indígenas un reparto anual de mer-cancías de origen europeo. Se valían del argumento, queaprobaban las autoridades metropolitanas, que de tal modoacostumbrarían a los indios a usar objetos 'civilizados' y de-salojar los habituales entre ellos. Pero el reparto se tornóuna verdadera plaga para los indios. De ello habla José Ga-briel Túpac Amaru en los siguientes términos:

"Este maldito y viciado reparto nos ha puesto en esteestado de morir tan deplorable con su inmenso exceso. Alláa los principios, por carecer nuestras provincias de génerosde Castilla y de la tierra, por la escasez de los beneficiosconducentes, permitió S. M. a los corregidores una ciertacuantía con el nombre de tarifa para cada capital, y que seaprovecharan sus respectivos naturales, tomándolos volun-tarios, lo preciso para su aliño en el precio del lugar; y por-que había diferencia en sus valuaciones se asentó preciodeterminado para que no hubiera socapa en cuanto a lasreales alcabalas. Esta valuación primera la han continuado

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hasta ahora, cuando de mucho tiempo a esta parte tenemoslas cosas muy baratas. De suerte que los géneros de Castillaque han cogido por montón, y lo más ordinario, que están ados o tres pesos, nos amontonan con violencia por diez odoce pesos. El cuchillo de marca menor que cuesta un real,nos dan por un peso; la bayeta de la tierra, de cualquier colorque sea, no pasa de dos reales, Y ellos nos la dan a peso.Fuera de esto nos botan alfileres, agujas de Cambray, polvosazules, barajas, anteojos. estampitas y otras ridiculeces comoéstas. A los que somos algo acomodados nos botan fondos,terciopelos, medias de seda, encajes, hebillas, ruán en lugarde olanes y cambrayes, como (si) nosotros los indios usára-mos estas modas españolas, y luego en unos precios tan-exorbitantes que cuando llevamos a vender no volvemos arecoger la veintena parte de lo que hemos de pagar al fin. Alfin, si nos dieran tiempo y treguas para su cumplimientofuera soportable en alguna manera este trabajo; porque lue-go que nos acaban de repartir aseguran nuestras personas,mujeres, hijos y ganados, privándonos de la libertad para elmanejo. De este modo desamparamos nuestras casas, fami-lias, mujeres e hijos."

Las autoridades españolas, tanto las civiles como laseclesiásticas, estaban en antecedentes de que el reparto equi-valía .a una de las peores extorsiones. Tenernos prueba deello en las siguientes hechos: en el período anterior al mo-vimiento rebelde .de Túpac Amaru, y acaso a instigación deéste, habían protestado contra el reparto de los corregidoresel obispo del Cuzco, -Agustín Gorrichátegui y el de La Paz,Gregorio Francisco de Campos,- los cabildos de La Plata

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(Charcas), Cuzco y Arequipa, y muchas otras corporacionesy personas de significación. Además, en el mismo período,tomaron cartas en el asunto la Audiencia de Chuquisaca ylos virreyes peruanos Amat y Guirior. Este último, en 1777,prohibió a los corregidores renovar el reparto que teníanderecho de hacer sólo cuando se posesionaban del gobiernode su provincia. El rey Carlos III, al aprobar esta medida,ordenó que se estudiara si convendría prohibir el reparto deltodo.

De lo poco que he dicho acerca de los corregidores po-dría parecer que se trataba de sujetos endemoniados por lacodicia. En efecto, así los presenta un documento que heexhumado del polvo de los archivos. Pero, por suerte, lanaturaleza humana no anda por senderos tan extraviados. Elcorregidor, en cierta medida, era recluso de su situación, dela ética social y del régimen imperante.

No se puede desconocer, sin embargo, que se necesita-ban ciertas particularidades psíquicas para el desempeño dela función de corregidor. Por ello muchas personas rechaza-ban tal oficio, al que se acogían los individuos menos escru-pulosos y más dispuestos a abrirse paso costase lo quecostare, creando con su modo de obrar dificultades a la au-toridad superior, con más amplia visión social y mayoresresponsabilidades.

Indudablemente, tiene razón el gran historiador españoldel siglo pasado, don Antonio Ferrer del Río, al afirmar que"sin la codicia de los corregidores no se explica la rebeliónde Túpac Amaru, en cuyo curso perdieron la vida más de

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cien mil personas, y se saquearon muchos millones de du-ros".

4. Mestizos y criollosA la casta mestiza, fundamentalmente perteneciente al

bajo pueblo y considerada infame aun por Solórzano, debi-do a que en su inmensa mayoría –en los primeros siglos dela conquista- fue fruto de uniones ilegítimas, se le vedó elacceso a la enseñanza, a los empleos públicos y hasta al sa-cerdocio. Salvo en casos excepcionales, a los mestizos tam-poco se los juzgaba apropiados para el ejercicio de las armasni dignos de la honra de andar a caballo.

La casta mestiza, más fluctuante y permeable que lasotras, pese a su degradación social durante la colonia, es laque en la actualidad más progresos ha logrado. Ya en el sigloXVIII, no obstante las discriminaciones raciales en algunosgremios, comenzó a integrar la baja clase media, que hoy, enalgunos países americanos, está casi exclusivamente formadapor el elemento mestizo.

La situación de los mestizos como grupo social, sobretodo por el temor de verse arrojados en el purgatorio de losindios, les imponía actitudes oportunistas con relación a lacasta gobernante. Sin embargo, en el seno de ellos surgieronalgunos demoledores del régimen. El propio Túpac Amarutenía sangre mixta.

Aunque los blancos formaban la casta privilegiada, huboentre ellos diferencias sociales y tremendos odios de grupo.En concreto, me refiero al encono entre los españoles eu-ropeos y españoles americanos o criollos. Este hecho es tan

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vastamente conocido y tan ampliamente documentado queme parece ocioso dedicarle espacio y tinta. Precisamente,Túpac Amaru se empeñó -pero sin mayor éxito - en aprove-char para sus fines el resentimiento entre los españoles ame-ricanos y los europeos.

Me doy cuenta de que he presentado un aspecto parcialdel régimen imperante en las colonias hispanas. Principal-mente, el que concierne a los indios y a las causas de su des-contento. Y aun cuando el tema del libro me impuso estalimitación, creo necesario hacer la advertencia correspon-diente.

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CAPITULO IISURGIMIENTO DE LA VOLUNTAD DE

INDEPENDENCIA

1. Sus primeras manifestacionesSéame e permitido comenzar este capítulo con una

anécdota: a don Marcelino Menéndez y Pelayo un amigo leobservó que su absorbente dedicación al estudio de los hete-rodoxos hacía pensar que su propia fe en la infalibilidad delos dogmas católicos -por otra parte, indudable tenía un ladoflaco, puesto que, de no ser así, se consagraría al estudio dela ortodoxia. A mí me parece que los que en la Argentina yen otras partes con tanto empecinamiento niegan carácteremancipador a la Revolución de Mayo, por más nacionalis-tas que se declaren, tienen un talón de Aquiles antipatriótico,porque de no adolecer de ese defecto dedicarían sus afanesal fin de demostrar lo contrario.

Nadie debe sentirse asombrado de esta afirmación. Haytestimonios en ambos sentidos, es decir, que hubo en 1810enemigos de la Independencia y entusiastas de ella. Pero nopuede ser objeto de dudas el hecho de que los segundosfueron mucho más numerosos e influyentes que los prime-

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ros. Lo confirman los documentos (véase, por ejemplo, laBiblioteca de Mayo, publicada por el Congreso Argentino) yla realidad de los hechos históricos: la Independencia. Peroni esto basta. De inmediato nuestros nacionalistas respon-den que la Independencia no fue una reivindicación cons-ciente sino una secuela, fatal e inevitable, del desarrollo delos acontecimientos políticos de la época, o sea, en el fondo,dudan de si debió ocurrir, pero, ya que sucedió, la aceptan.Con esa inclinación psíquica, coleccionan cada dato, pormás insignificante y desconexo que fuera, acerca de las bon-dades coloniales y de las taras nacionales. Llegan también alextremo ellos tan antiImperialistas, aunque generalmenteintegrantes de los núcleos "revisionistas" de derecha- denegar que los territorios españoles de América fueran colo-nias; sostienen que eran simplemente provincias de ultramar.¿Acaso no repitieron lo mismo ayer los franceses en Argeliay no lo dicen hoy los portugueses en Angola? El interro-gante ¿qué sentido tiene emplear una estratagema tan inge-nua en el actual período de liberación de los pueblos colo-niales? no requiere muchas explicaciones, puesto que graciasa ella el Brasil n todo lo otro ardientemente nacionalistaapoya a su antigua metrópoli en las asambleas internaciona-les y nuestros nacionalistas disponen de una teoría propia,aun cuando su promotor haya sido el liberal Levene. Por larazón expuesta, y porque están olímpicamente ignorados enlos cursos universitarios, secundarios y en las publicacionesacadémicas, me voy a extender un poco más en el tema de laemancipación que sobre otros tópicos.

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La idea separatista, y no meramente de oposición indí-gena a la Conquista, comienza a manifestarse cuando surgela primera generación de blancos y mestizos americanos. Nofue sólo una reacción contra las teorías degradantes, de fon-do racista, contra los americanos y lo americano, sino tam-bién una exaltación de los valores nativos. En este sentido esaltamente sintomático que ya en la primera conspiración(1565), encabezada nada menos que por los hijos de Cortés,se vio en la capital de Nueva España un espectáculo en elque aparecía Moctezuma llevando su corona, el suntuosomanto imperial y rodeado por vasallos que portaban incen-sarios. Para mayor simbolismo, no faltaban la música au-tóctona ni los platos típicos.

Dejando de lado los proyectos (generalmente ingleses)de conquista territorial, con la colaboración de hispanoame-ricanos ya cambio de algunas concesiones, voy a dedicaralgunas líneas al singular caso de Guillén de Lampart o Gui-llermo Lombardo.

Guillermo Lombardo (como fue castellanizado su nom-bre) era irlandés católico, de modo que el motivo confesio-nal -al menos visiblemente - no jugó un papel en suconducta y proyectos. Es de presumir, sin embargo, que laliteratura iluminista inglesa de la época, y las descripcionesacerca del desastroso estado de las colonias españolas, ejer-cieron una influencia sobre su espíritu aventurero. Pero sólohipotéticamente se puede afirmar tal cosa, y esto me impideseñalar la fuente de sus ideas tan adelantadas para su épocaque intentó llevar a la práctica en México.

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Lampart nació en el año 1616. Haya cursado o no lasmás célebres universidades británicas y españolas, es indu-dable -lo confirman los inquisidores - que fue un hombre deamplia cultura. En 1640, luego de una prolongada residenciaen España, que acogía con beneplácito a irlandeses, por suacendrado catolicismo y fiera oposición al predominio in-glés, se dirigió a México. Aquí concibió -según su biógrafo -"la más atrevida de las empresas, la de hacer la independen-cia del Reino y proclamarse, como él lo decía, rey de Améri-ca y emperador de los Mejicanos". En 1642 sus proyectosfueron denunciados al Santo Oficio mejicano por el capitánFelipe Méndez, quien informó a los inquisidores que Guillénle había dicho que a "los dos o tres meses de posesionarsedel Virreinato, con los quinientos hombres «que ya tenía asu devoción» y otros que habría reunido, daría un bandocuyo texto leyó al declarante D. Guillén, escrito de su letra,en el cual ofrecía la libertad a todos los esclavos, mulatos,negros, castas e indios, y hacerlos capaces para todos losoficios honrosos. Todos obligados lo aclamarían Rey, y losería de México, «levantándose con él, ofreciendo ponerloen libertad para obligarlos más a ello». Una vez proclamadoRey, abriría el comercio con Francia, Holanda, Inglaterra yPortugal, y su reino estaría abundantísimo, así de azoguescomo de los demás géneros y mercaderías que de aquellosreinos vendrían."

El osado soñador exhaló su postrer aliento el 19 de di-ciembre de 1659 en circunstancias horripilantes, pero con elmismo coraje con que afrontó todas las vicisitudes de suvida terrena.

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2. El factor telúricoEs de interés señalar que en lo aitinente a lo económico

y social, en conformidad con las autoridades coloniales, losindios estaban sometidos a las leyes autóctonas. Pero nota-ble es que en lo relativo a lo espiritual, la identificación conlo autóctono era considerado, primero, como oposición alrégimen imperante y, luego, como infidencia.

Que frente al esfuerzo de imponer la religión católica-generalmente con medidas drásticas- la fidelidad a los ritosautóctonos constituía una manifestación de resistencia, nopuede caber la menor duda. Pero tal actitud, en los siglosXVI y XVII y los primeros decenios del XVIII, era mera-mente opositora; todavía no infidente, de modo similar quelas representaciones al estilo inca o azteca en las festividadessolemnes. Este fenómeno comenzará a adquirir característi-cas diferentes en el siglo XVIII, cuando bajo el influjo defactores internos (criollos) y externos (las ideas igualitarias)comienza a surgir una conciencia nacional en la casta india.Pero, como en ella todo 1o que acontece es encauzado porlos caciques, también esto lo será.

No se puede decir si los curacas, capa intermedia ínti-mamente ligada a los 'ayllus" y en contacto también con loscriollos, influyeron en la afloración en éstos de sentimientosde identificación con los americanos, incluyendo lo autócto-no en el amplio sentido del término. Pero tal hecho-probablemente surgido en forma espontánea es indudableque se produce muy temprano, según lo hemos podido veren la conspiración separatista de los hijos de Cortés.

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Las expresiones imitativas o veneradoras de lo autócto-no aumentaron a medida que progresaba el tiempo, se des-prestigiaba el poder colonial, crecía la resistencia a susdesafueros y se formaban ideas nuevas. En las conspiracio-nes y rebeliones del siglo XVIII: en lo que fue el antiguoTahuantinsuyu, la reivindicación de los valores autóctonoses permanente.

Juan Vélez de Córdoba, el conspirador orureño de1739. se presenta como descendiente del inca Huáscar. Y loque es más importante, esgrime como argumento en favorde su causa el hecho -referido a sí mismo - de que figuraentre los conjurados "uno de la real sangre de los incas delCuzco en quinto, grado y con deseo de restaurar lo propio".

Juan Santos Atahualpa, el rebelde de las montañas deTarma (1742-1761), no sólo se denominaba legítimo Señordel Perú, sino que solía usar asimismo vestimenta incaica yafirmaba que "venía a componer su reino".

Después de la conspiración limeña de 1750 cuyo signifi-cado -por tener lugar en el asiento del poder español y de lamenor densidad relativa de indios hizo reflexionar a los go-bernantes españoles acerca del futuro de las Indias, el condede Superunda, virrey del Perú, en un escrito opinó que debíaprohibirse en las festividades solemnes el uso de la indu-mentaria autóctona, especialmente la "de sus antiguos re-yes", porque Esto hacía recordar su fenecido esplendor a losindígenas y provocar su llanto. Destacó Superunda que "tresque hacían cabeza en esta conspiración han pagado con susvidas las impresiones que les dejó aquella fantástica figura dela real dignidad".

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De los testimonios en el proceso del conspirador cuz-queño Lorenzo Farfán de los Godos (1780) nos llegamos aenterar de algo muy significativo para la época: "Citó a Gar-cilaso de la Vega y otros escritores diversos, diciendo queenseñaban mucho, y que esta ciudad debía aprenderlo".

Corresponde recordar que en el siglo XVIII los Co-mentarios Reales gozaban de popularidad en América y Eu-ropa, entre otros motivos, por su amalgama de elementos decultura provenientes de ambos continentes. En Europa lasideas de la bondad innata del ser humano no corrompidopor la civilización parecían hallar confirmación en la obraque describe brillantemente la felicidad de un pueblo primi-tivo bajo un gobierno paternal. En América, debido a lascondiciones políticas, este aspecto de la obra de Garcilaso,-sin desaparecer- cedía lugar al anhelo (le liberación de unadenigrante dominación extranjera y a su corolario: el espíritude reivindicación autóctona, que se manifestó inclusive enlos próceres argentinos. Tal inclinación espiritual -pero yano en su forma prístina, sino influida por la cultura hispa-no-católica que se manifestaba precisamente en Garcilaso-de modo especial coincidía con la personalidad de TúpacAmaru. Se manifiesta esto en el hecho de que cita a Garcila-so en su genealogía presentada a la Audiencia de Lima Y deque en su círculo estrecho se hace uso de los ComentariosReales para justificar su pretensión al incazgo.

La trascendencia de la tradición autóctona -real en otraspartes y más len simbólica en el Río de la Plata - es bien per-ceptible en el período de la más intensa lucha por la inde-pendencia y después de lograda ésta.

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3. Descomposición del régimen colonial.En la decimoctava centuria se opera un viraje en la for-

mación social y en la mentalidad hispanoamericana. La eco-nomía, en los siglos XVI y XVII, básicamente minera y deinmediata dependencia europea, en el XVIII comienza a sertambién agrícola y artesanal, cuyos intereses y mercados sonlocales. Es entonces que el mestizo y el cacique especímeneshispanoamericanos de clase media en formación - se hacensensibles a las reivindicaciones políticas. Al propio tiempolas ideas dieciochescas logran abrir brechas en las vallas res-trictivas y aparecen portavoces de la ¡libertad y de su corola-rio: la independencia. Su representante, en un sentidogeneral, es José Gabriel Túpac Amaru.

España no ignoraba del todo el estado en que se halla-ban sus colonias, aunque -como siempre ocurre a los másinteresados - no lo aquilataban suficientemente. La rebeliónde Túpac Amaru fue el toque de atención que le abrió losojos sobre el peligro que amenazaba a sus posesiones deultramar. A consecuencia de ello José de Ábalos, Goberna-dor Intendente de Venezuela, en 1781, redactó el Informeen el que aconsejó el establecimiento en América de cuatromonarquías confederadas con la metrópoli. Idea expuesta,en otros términos, por el famoso estadista ilustrado condede Aranda en 1783 y que involucra cambios en la estructurasocial.

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4. Trascendencia de la pérdida de las colonias america-nas por Francia y Gran Bretaña

La caída de Quebec en manos inglesas, en 1759, durantela Guerra de los Siete Años, tuvo decisiva importancia parael desarrollo de las relaciones anglo-españolas. La conse-cuencia inmediata del dominio inglés en el Canadá fue elestablecimiento en el Nuevo Mundo de una frontera comúnentre ambas potencias antagónicas, lo que significaba unapeligrosa aproximación de motivos de choque y una facili-dad aún mayor de penetración colonial para Gran Bretaña.A este estado de cosas respondía encarando el asunto desdeel ángulo hispano - la conclusión, entre los Borbones en lostronos francés y español, del Pacto de Familia de 1761, queera "una verdadera alianza entre las dos coronas para decla-rar la guerra a Inglaterra, humillar sus ambiciones y contenerpor la fuerza sus ventajas en América".

La activa intervención franco-española en favor de losseparatistas norteamericanos tuvo que tener consecuenciascatastróficas para la mayor potencia colonial que era España.Tal fue su impacto que incluso ciertos europeos residentesen las Indias -lo que consta en procesos de la Inquisición -se dieron cuenta de su incidencia sobre las colonias hispa-nas. Por algo dice un proverbio bíblico que Dios encegueceal que quiere perder. No deja de ser curioso que a alguien sele ocurrió, pese a las radicales diferencias entre ambos, esta-blecer un símil entre José Gabriel Túpac Amaru y JorgeWashington.

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CAPITULO III

JOSÉ GABRIEL TUPAC AMARU

1. El vástago incaA unas veinticinco leguas al sur del Cuzco, en un her-

moso valle andino coronado por altos y escarpados picoscon nieve eterna y en las estribaciones de las montañas, seencuentra la provincia (corregimiento) de Tinta. Esta pro-vincia tiene de largo, de norte a sur, treinta leguas y de an-cho quince. Su clima es muy frío, debido a la altura y a lavecindad de los cerros nevados de Vilcanota, de cuyas minasen épocas anteriores se extraía plata.

Por el valle de Tinta, que es una importantísima vía decomunicación e intercambio, serpentea el río Pilcomayo,con pueblos indígenas en sus orillas. El valle, en la épocaque nos interesa aquí, tiene 20.000 habitantes, casi todosellos indios y entre los cuales se mantiene latente la-tradición de su esplendoroso pasado incaico. Les hace re-cordar vivamente este pasado el templo de Viracocha, ladivinidad fundadora del Tahuantinsuyu, que se encontrabaen el distrito de San Pedro de Cacha, y la familia de los caci-

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ques de Surimana, Pampamarca y Tungasuca, descendientedel inca Túpac Amaru I. La grandiosidad del templo de Vi-racocha, con sus nueve puertas y las paredes de piedra la-brada en forma inigualada hasta hoy día, contrastaba con lamiseria de los edificios indígenas, del mismo modo que susituación en la época con la pretérita.

No todos los pueblos de Tínta, cuya capital tiene elmismo nombre que la provincia, están en el valle. Algunosse ubicaron en altiplanicies cuyo clima es aún más rigurosoque el del valle. Precisamente en una de las altiplanicies estáel cacicazgo de los Túpac Amaru, obtenido como mercedpor doña Juana Pilcohuaco, esposa de Diego Felipe Con-dorcanqui e hija del inca Túpac Amaru I, ajusticiado pororden del virrey Toledo en 1572. El cacicazgo, según ya sa-bemos se componía de tres pueblos: Surimana, Panipamarcay Tungasuca. En Surimana, que está a una. altura de 4.000metros sobre el nivel del mar, el 24 de marzo de 1740, nacióJosé Gabriel Túpac Amaru, descendiente por línea maternadel desventurado inca cuyo nombre, y no (Condorcanqui) elpaterno, usaron siempre él y su familia. Eso no me parecesimple apego al origen incaico, sino más bien proyección deanhelos íntimos; algo así como ciertos seudónimos moder-nos: Stalin, hombre de acero, Kemal Ataturk, padre de losturcos.

José Gabriel Túpac Amaru fue hijo de Miguel Condor-canqui y de Rosa Noguera. Quedó huérfano de madre ypadre a muy tierna edad, circunstancia que, conforme a al-gunos psicólogos, predispone a actitudes rebeldes, si bienéstas quedan como frustración cuando no arraigan en indi-

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viduos excepcionales que persiguen un ideal concordantecon anhelos multitudinarios. Con todo, corresponde decirque sus tíos, Marcos Condorcanqui y José Noguera, desem-peñaron dignamente su papel de tutores, entre otras prue-bas, procuraron al sobrino la mejor educación posible en sumedio.

Hasta la edad de doce años fueron maestros de TúpacAmaru el Dr. Antonio López de Sosa, cura de Pampamarcay hombre bastante instruido, al decir del meritorio america-nista inglés Markham, y el Dr. Carlos Rodríguez de Ávila,cura de Yanaoca. Desde ahora, pues, ya es notable la incli-nación religiosa en la educación de Túpac Amaru.

2. El colegio para caciques principalesEn 1753, por primera vez las pupilas de Túpac Amaru

se abren para admirar la capital imperial de sus antepasados,Cuzco, ubicada en una hermosa hondonada de los AndesCentrales, a la altura de 3.469 metros, acerca de la cual escu-chó, tantos relatos, cantos y leyendas nostálgicas. Pero leembarga la tristeza al ver el trato que los conquistadoresdieron a las reliquias autóctonas: donde antes se levantaba elpalacio llamando de Viracocha, el legendario fundador delincanato, se erguía ahora la catedral católica; el templo delsol, el más venerado santuario autóctono, estaba convertidoen convento de dominicos; el palacio de Huaina Cápac, pa-dre de Atahualpa y Huáscar, en cuyo período se llevó a cabola Conquista, estaba transformado en convento e iglesia delos jesuitas. Todo ello hecho con máximo desprecio de losvalores autóctonos y sobre los mismos cimientos de sus

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ciclópeas construcciones, a fin de simbolizar su aplasta-miento.

Pero el joven no tuvo mucho tiempo para rememoran-zas, puesto que le fue recordada por su tutor la urgencia enpresentarse en San Francisco de Borja, colegio regenteado ala sazón por los ignacianos y fundado en 1630 para "los hi-jos mayores de caciques principales y (a falta de éstos) se-gundas personas, sucesores en los cacicazgos", a fin de quese les enseñase "la doctrina evangélica y la política cristiana,quitándoles y apartándolos de sus idolatrías, para que a suimitación no la siguiesen los demás indios". En este colegioquedó matriculado Túpac Amaru y de inmediato se hizocargo de él el padre rector, quien le enseñó el lugar que du-rante seis años sería su alojamiento. Le indicó también laindumentaria que debía vestir en adelante: capa corta, pan-talón y camiseta de color verde de jergueta o paño, sombre-ro negro, calzado --obligatorio, para diferenciar a los indiosnobles de sus súbditos - y, "una banda -de tafetán carmesíde Castilla, atravesada por el hombro derecho, que caigadebajo del brazo izquierdo, con un escudo de plata con lasarmas de su Majestad y debajo de ellas, a un lado las del se-ñor Virrey y Príncipe de Esquilache, por ser quien dio prin-cipio a esta fundación, y al otro, las de su Excelencia, porhaberse acabado y ajustado a su tiempo". El cabello debíanllevarlo los colegiales hasta los hombros, también para queno fueran confundidos con las personas vulgares de su raza.

Así comenzó su vida en el colegio de San Francisco UBorja. Ésta, según una descripción del siglo XVII, aplicable-con algún insignificante cambio- a la época en que estudió

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Túpac Amaru (1753-1759), se desarrollaba de la manera si-guiente: los alumnos se levantaban temprano e "iban a dar-gracias a Dios en su capilla, que es una cuadra muy capaz,gastando en esto poco más de un cuarto de hora; toman dememoria la doctrina cristiana, a ayudar a misa y otras cosasde devoción por espacio de una hora; díceles misa y después-de misa van a almorzar (es decir, desayunar). Luego tocan ala escuela, en la cual gastan dos hora3 y media; pasan la doc-trina (cristiana) y a las once y media se van a comer, comenen el refectorio con toda policía, sirviéndose unos a otros yuno de ellos lee a la mesa la vida del santo de aquel día; tie-nen su recreación hasta las dos que les tocan a explicaciónde la doctrina (cristiana) o plática que se les hace dos vecespor semana en que se les instruye en cosas de la fe especial-mente- tienen .su ejercicio manual en que aprenden a bordary pintar. Aderezan sus aposentos, acuden al canto eclesiásti-co y enséñase en un clavicordio para el órgano.

Por la tarde tienen su escuela hasta las cinco y media,que se les toca a rosario y luego a ejercicio de lengua espa-ñola y oraciones breves, que se les da para que tomen dememoria. Con que enseñan a hablar y policía, cómo se hande tratar unos con otros; todos se llaman de Vuestra Mercedy se tratan con respeto para que se vayan enseñando cómohan de tratar con los demás cuando salgan del Colegio. Uncuarto antes de tocar, a cenar se les toca a letanía, que dicende Nuestra Señora y los domingos y fiestas cantadas. Des-pués de cenar se les da recreación hasta que tocan a examen.Después de acostados media hora se les visita si están acos-tados con modestia."

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El Dr. Ignacio Castro, rector de otro instituto educa-cional cuzqueño en la época en que Túpac Amaru estudiabaen San Francisco de Borja, informa que en este último lainstrucción que recibían los alumnos se limitaba "a los rudi-mentos de la doctrina cristiana, leer y escribir" Más o menoslo mismo que el autor de la detallada descripción citada arri-ba. De manera que la cultura general de Túpac Amaru, re-conocida por todos no procedía de las aulas del colegiojesuítico; pero sí, su formación religiosa. Porque dígase loque se diga, no hubo en Túpac Amaru deseo de reivindicarvalores confesionales autóctonos.

Ahora bien, al aludir a la cultura de Túpac Amaru noPienso, sin embargo, presentarlo como un intelectual, sinocomo una persona capaz de expresar sus anhelos programá-ticos en forma coherente y capaz también -llegado el caso-de confiar su formulación literaria a individuos competentes.

3. La forja del rebeldeJosé Gabriel Túpac Amaru se formó en un ambiente

impregnado de nostalgia por el antiguo esplendor incaico ypor el rechazo del dominio colonial hispano. Ésta era laatmósfera familiar y ambiental que aspiró; pero de ahí a to-mar la gravísima decisión de sublevarse contra el poder es-pañol con el fin de establecer una monarquía propia, hay unabismo muy grande. Túpac Amaru tomó sobre sí el riesgomortal de dar el salto sobre ese precipicio. ¿Cómo llegó aesta idea y cuáles fueron sus móviles? Naturalmente tuvomotivos personales y generales: la tentativa de desposeerlode su cacicazgo y del título incaico al que éste estaba unido,

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la prepotencia de los funcionarios coloniales aun en relacióna él que era descendiente directo de los antiguos monarcasdel país, la degradante condición de sus "paisanos", las ideasigualitarias de la época y el ejemplo de inmensas colonias delmismo continente que lograron su independencia. Pero pa-recidos o aún más graves motivos tenían otros vástagos in-caicos y, sin embargo, no se decidieron a asumir la direcciónde tan riesgosa empresa. De suerte -como ya he advertido-hay que buscar asimismo sus causas en la personalidad deTúpac Amaru. Éste, por lo que es sabido, se caracterizabapor una gran sensibilidad y no menor odio a las injusticias-tal vez influía en esto su temprana orfandad- y por un alto-acaso exagerado- sentido de su importancia como descen-diente de los incas. " último es fácilmente comprobable ensus escritos y testimonios judiciales. mas lo primero sólo esconjetural, si bien asimismo basado en pruebas documenta-les.

4. Micaela Bastidas, su esposa y lugartenienteMicaela Bastidas nació el 23 de junio de 1744 en el pue-

blo de Timburco, capital del corregimiento de Abancay.Contrajo enlace con Túpac Amaru el 25 de mayo de 1760.Ella contaba a la sazón dieciséis años y él veinte.

No puedo dar por confirmado lo que deponen algunostestigos acerca de que la energía y 'ferocidad" de la esposaeran mayores que las de Túpac Amaru. Lo que fluye de losdocumentos en forma indubitable es que, en materia dedirección del movimiento rebelde, Micaela Bastidas no sequedaba atrás de su marido. Por el contrario, toda la vida

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compleja de la retaguardia indígena estaba a su cargo. Y nosólo esto: la esposa del jefe rebelde fue su lugarteniente másinmediato y, a veces, su Inspiradora.

Para las relaciones entre la pareja principal rebelde -essingularmente característica la carta de Micaela Bastidas a sumarido fechada el 6 de diciembre de 1780. Se trata de laépoca en que Túpac Amaru ya había obtenido su resonantetriunfo militar de Sangarará (18 de noviembre de 1780) yemprendió tareas de orden político y administrativo en vezde marchar, con sus huestes enardecidas por la recientevictoria, sobre el Cuzco, en aquel momento prácticamentedesguarnecido. En verdad, éste es uno de los enigmas de sutáctica militar, el que ofrece tanto pábulo para hablar de susrecaídas en la típica pasividad indígena y de su falta de cono-cimientos imprescindibles para un jefe de ejércitos. No estoyen condiciones de dilucidar ese problema, además, creo no-tar en ello un prejuicio racista. Pero Micaela Bastidas queestaba al tanto de todo, en la carta aludida hizo amargosreproches a su esposo por no haber -según ella creía- aten-dido sus razones y marchado sobre el Cuzco. Parece queuna noticia que le envió Túpac Amaru tuvo el efecto detranquilizarla un poco. Pero nada más que eso, pues un díadespués de su mencionada carta, el 7 de diciembre, le escribeotra en un tono más reposado, aunque con iguales censurase insistencias sobre la necesidad de dirigir todo el poderíoindígena contra la vieja capital del Tahuantinsuyu. Comodoña Micaela no era una persona que se satisfacía con darconsejos únicamente, en la misma carta del 7 de diciembreanunció a su esposo el propósito de reclutar gente "para

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estar rodeando poco a poco al Cuzco". Llevó a medias supropósito a la práctica, puesto que una carta de Túpac Ama-ru con noticias sobre sus nuevas victorias le hizo tomar ladecisión de retornar a Tungasuca. Corresponde añadir queésta no fue la única acción netamente militar emprendidapor Mícaela Bastidas. Toda vez que peligraba la rebelión, olo creía necesario, acaudillaba huestes indígenas. En ciertaocasión, al recibir una noticia acerca del peligro que corría sumarido, exclamó subiendo a caballo: "¡Estoy pronta a morirdonde muriese mi esposo!" Tal fue el espíritu de esta mujersingular.

S. Actividad pública de Túpac Amaru entre los años1770-1780

Corresponde encarar como punto de partida de los es-fuerzos de Túpac Amaru para cambiar radicalmente el esta-do de cosas en la colonia el año 1770, cuando comienza susgestiones a fin de obtener la confirmación de sus derechosde descendiente principal de los "Señores que fueron deestos Reinos". Quizá en otra época, y tratándose de unapersona de diferente conformación mental que la suya, talesgestiones no hubiesen tenido las características que les atri-buyo; pero en su caso sí. Lo expresado no es sólo la opiniónde quien esto escribe, sino también la del Visitador Generalde los Virreinatos del Perú y el Plata, José Antonio de Are-che, quien en su tristemente célebre fallo sostiene que TúpacAmaru, al reivindicar sus derechos al incazgo, se consideraba"dueño absoluto y natural de estos dominios". También otrocoetáneo de Túpac Amaru de gran significación por el papeldesempeñado en los sucesos insurreccionales, el obispo del

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Cuzco Juan Manuel Moscos, en su carta del 17 de noviem-bre de 1780, afirma que "todos se hallaron prevenidos conuna especie de haberse declarado por esta Real Audiencia aese indio la descendencia legítima del rey Túpac Amaru",agregando que "la noticia es maligna para los indios fácilesde seducción; por ello se recelaba que todos los pueblosconspirasen a un fanatismo.. . " Y en una Relación de losprimeros sucesos insurreccionales se dijo que el reconoci-miento por la Audiencia de Lima de la "descendencia legíti-ma que decía tener de don Felipe Túpac Amaru" "le hicie-ron tener una alta idea de su prosapia.

que quizás la imprudencia de los que manejaron los do-cumentos de su alcurnia le hizo llegar adonde no debía".Agrega el documento citado que, al estallar la rebelión, Tú-pac Amaru se presentaba con las "¡insignias reales de losincas".

Confirman lo expuesto la rigurosísima orden del Visita-dor Areche, contenida en la afamada sentencia, de reservaral propio monarca toda información sobre nobleza india ylas reales órdenes, repetidas veces dictadas, que prohibían elotorgamiento de títulos a los indios, particularmente el"apelativo Inca".

Las gestiones de Túpac Amaru para obtener la confir-mación pública de su título de descendiente principal de losincas, evidentemente, tuvieron éxito. Se desprende esto,además de los numerosos testimonios impersonales, de lasexpresiones del obispo Moscoso y de las del enemigo mortalde éste, deudo del ajusticiado corregidor de Tinta Antoniode Arriaga, Eusebio Balza de Verganza, como también de

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los dictámenes favorables para Túpac Amaru del fiscal de laAudiencia de Lima, don Serafín de Leytán y Mola, y del ase-sor del virrey, doctor Francisco López, aunque no constaque el tribunal se haya expedido formalmente.

Es obvio que no dejan de impresionar como actitudegolátrica los mencionados trámites de Túpac Amaru; peroellos pierden bastante de su característica meramente perso-nal si se toma en consideración que había varios preten-dientes para el título que le correspondía a él. Mas en laperspectiva histórica, no en la reivindicación de un justoderecho residía el problema, sino en el hecho de que serreconocido como inca n la atmósfera de la colonia impreg-nada de elementos autóctonos- significaba obtener un as-cendiente enorme en la vida indígena y aun fuera de ella; eraigual a transformarse legal y automáticamente, y sin necesi-dad de agrias luchas con otros pretendientes, que no falta-ban y se unieron con los españoles para combatirlo, en jefeindiscutido de los indios. En la época, es decir, en la segundamitad del siglo XVIII, citando afloró un fuerte sentimientotelúrico entre los criollos, un inca podía aspirar incluso, co-mo lo hacía Túpac Amaru, a hablar en nombre de todos losnaturales de América.

A raíz de las gestiones aludidas, algunos cronistas de laépoca y ciertos escritores modernos gustan explayarse acercade los sentimientos aristocráticos de Túpac Amaru, lo que -asu juicio- indicaría su escaso interés por la situación de losindios y por la de las otras capas humildes. Hasta qué gradoes injusta esa imputación lo demuestra el hecho de que si-

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multáneamente con sus gestiones de indudable tipo genea-logista, bregaba por mejorar la suerte de los indígenas.

El 4 de octubre de 1776, José Gabriel Túpac Amaru,que ya entonces hace preparativos para su magna empresa,presenta al escribano cuzqueño José Palacios un poder delos caciques de su provincia que lo nombran con el objetode que prosiga en la capital del virreinato "la causa que tie-nen pendiente en el Real y Superior Gobierno en estos Rei-nos, sobre que se liberten los naturales de sus ayllus de lapensión de la mita". Con motivo de estas gestiones de Tú-pac Ainaru, el Visitador General Areche, en su dictamen del23 de setiembre de 1776, dic:

"La mita, según se practica en el Reino, es uno de losmales que es fuerza cortar brevemente, si queremos pobla-ción, civilidad y que se nos acerquen los indios a lo que de-ben y pueden ser.91

Agrega más adelante:,"La mita y los malos tratamientos que reciben los indios

son causas parciales, y acaso algo más para que no tengamostantos como tuvimos, y para que no prospere su estirpetanto como quieren las leyes y los ilustrados gobiernos denuestra nación."

Pero, ¿cuál fue la respuesta de Areche a Túpac Amaru?Típica de un burócrata que presiente algo grave y cree lomás prudente postergar el asunto. He aquí lo que dice:

"Al cacique que representa se le dirá que su escrito notrae la instrucción que era necesaria para hacer el recurso dela revelación de la mita que pretende; y que así se retire a suspueblos por ahora, esperando a la providencia que, no obs-

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tante, dará desde su destino el Señor Superintendente de laMita, a quien se remite por correo, como que será la másarreglada a la distancia de estos indios."

Aunque herido con esa resolución en su orgullo incaicoy afectado en su sensibilidad humana, Túpac Amaru no tuvootra salida que volver a Tinta. Pero desde allí supo influir enprelados y funcionarios para que protestasen contra la sevi-cia impuesta a los indios, y algún alivio para ellos efectiva-mente logró. Animado por tal hecho, se dirigió a Lima y el18 de diciembre de 1777 presentó al virrey un memorial enel que le decía que los imponderables trabajos que padecencon la mitad de Potosí en una distancia de más de 200 le-guas, y lo que es más, el gravísirno daño de la extinción delos pueblos en el visible, experimental, menoscabo de susindios, que obligados con sus mujeres y sus hijos hacen unadolorosa despedida de su patria y de sus parientes, porque larigidez y la escabrosidad de los caminos los mata, los ani-quila el extraño temperamento y pesado trabajo de Potosí, osu indigencia no les da arbitrio para regresar a sus puebloscuando la calamidad no ha acabado antes con su vida."

Agrega más adelante:"No es menos visible el vejamen que en aquella residen-

cia (centro minero de Potosí) padecen, porque ya parece quese ha hecho o naturaleza o sistema el mal tratamiento de losindios, al piso que se consideran y son útiles y necesarios.Por las diligencias practicadas ante los alcaldes de aquellospueblos consta la sevicia que sufren; las tareas indebidas conque son gravados y además abusos que experimentan, pre-sentados en debida forma por el suplicante, porque los in-

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dios tienen mal recomendada su verdad, después de todoson unos infelices, y son los que llevan el trabajo y la peorparte en su humilde condición, y la malicia para ponerse encubierto de las resultas de su mal procedimiento contra unosnaturales que tanta compasión merecen a S. M. y a V. E.sobre dar diversos coloridos a los sucesos practicados paraque tengan aceptación las quejas de su agravio."

Ningún resultado obtuvo Túpac Amaru de sus gestionesante los más encumbrados funcionarios españoles, y a éstosles incomodaba su presencia en los centros vitales de la co-lonia. De modo que, no sólo después de sus gestiones anteAreche se le ordenó que se retirara a sus pueblos y allíaguardase la correspondiente decisión, sino también luegode su representación ante el virrey. Efectivamente, a fines de1778 regresó Túpac Amaru a su provincia, pero no paraesperar la decisión española con manos cruzadas, sino paraintensificar la labor rebelde.

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CAPITULO IV

SU CONFORMACION INTELECTUAL

1. ¿Tuvo asesores políticos Túpac Amaru?El problema se plantea hoy y fue acuciosamente consi-

derado en la época por dos razones: primero, por lo insólitodel hecho, puesto que después de la ineficaz resistencia a laConquista los indios parecían estar completamente abatidosy, salvo ocasionales e inconexos estallidos de cólera, no ma-nifestaban oposición a la autoridad colonial; segundo, por-que a quienes conocen a los indios -tales que viven en supropio medio- no les resulta fácil concebir cómo esos seresapocados fueron capaces de luchar fieramente, durantetiempo prolongado, en un territorio muy extenso. Y esrealmente notable el caso de que en todo el continente ame-ricano, en el transcurso de tres centurias, lo hicieron unasola vez bajo el mando de Túpac Amaru.

¿Cómo explicar este fenómeno? El prejuicio racista, o lasubestimación del indio, dictan una respuesta bien simple:Túpac Amaru fue conducido por ingleses, jesuitas o el obis-po Moscoso, en una palabra, por hombres no de su raza.

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Corresponde, pues, analizar esos asertos, puesto que, a tra-vés de ellos, se trasluce el asombro causado por la vastedadde su movimiento.

Según ya he indicado, Túpac Amaru fue lo que se puedellamar un hombre instruido, pero no un intelectual. Y aunde haberlo sido, no hubiera podido -debido a sus múltiplesocupaciones como jefe rebelde redactar los numerosos y, aveces, muy extensos escritos que llevan su nombre.

Que haya aprobado o "fijado los puntos" de los másimportantes es seguro. Lo declara él mismo, pero que suredacción definitiva y su fundamentación jurídico-teológicaes de otra persona (o personas) es indudable. Pero quién eseste individuo (o individuos) no lo sabemos a ciencia cierta,aunque conocemos los nombres de sus secretarios. Entreéstos, don Francisco Cisneros es la persona señalada comoredactor, al menos, de uno de los más extensos escritos deTúpac Amaru y no sólo como un -escribiente suyo. ¿Peropuede él ser considerado inspirador de las ideas sustentadasen todos o la mayoría de ellos? Me parece imposible, porquese trata de un español -Túpac Amaru era extremadamenteantieuropeo-- de edad avanzada, hombre de confianza devarios corregidores, inclusive del último, Antonio de Arriaga,y detenido por ser uno de los peores enemigos de los indios.De él dice Balza de Verganza. sobrino del ajusticiado corre-gidor y enemigo mortal del obispo Moscoso, que por ser"algo duro de genio, está aborrecido de aquellos vecindarios,por cuya razón lo quisieron ahorcar tres veces y lo maltrata-roii muchas los rebeldes".

Y añade:

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"Chismeros tiene tal o cual instrucción, sabe manejarpapeles, con cuyo motivo ha dirigido las actuaciones de al-gunos corregidores de Tinta y las de mi tío, ayudándole confidelidad ,y constancia a defender vuestra Real Jurisdicción.El Obispo (Moscoso) lo aborrece extremosamente, por eso,por ser europeo y porque no le agrada que haya en su obis-pado quien se le oponga a sus sinrazones, 3, no ha podidoconseguir mejor ocasión para separarlo de aquí, aunque seaatropellando la gran compasión a que es acreedor Cisneros,por pobre, por anciano y por lleno de familia, precisado adejar su establecimiento en Sicuani y a hacer una peregrina-ción tan dilatada y costosa como a Chile, por una culpa ima-ginaria."

Así que Balza de Verganza, pese a su inextinguible odioa todos los que, real o presuntamente., colaboraron conTúpac Amaru considera a Cisneros inocente de tal cargo. Sepodría, tal vez, aducir un error de apreciación o alguna fla-queza humana de su parte. Pero las autoridades españolasque con una crueldad sin par castigaron a los rebeldes y suscómplices, ¿se hubieran dado por satisfechas con una meradeportación de Cisneros a Chile de haber realmente colabo-rado con Túpac Amarú? De ninguna manera y bajo ningunafaz. De suerte que se impone la conclusión de que Cisneros,individuo sumamente expuesto por su calidad de europeo yservidor de los corregidores, para salvar su vida, se esmerabaen dar forma literaria a algunos de los extensos escritos deljefe rebelde cuya derrota ansiosamente esperaba. Caso nodel todo extraño hoy y ayer.

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Ahora bien, el documento cuya redacción probable-mente le pertenece, fechado el 5 de febrero de 1781, tieneun tono de humildad desacostumbrado en otros escritosrebeldes. Acaso eso sea debido no sólo a la depresión enque se hallaba en aquel instante José Gabriel Túpac Amaru,sino también al hecho de que pasó por la pluma de Cisne-ros. (Véase su texto en el Apéndice, documento 4.) Peroaun así, contiene los cuatro elementos permanentes del pen-samiento del inca rebelde: 1) defensa del indio, 2) odio a loscorregidores, 3) exaltación de la fe católica y 4) enalteci-miento de su condición de inca.

El de Cisneros es el único caso en que se mencionaconcretamente, y hay alguna comprobación de ello, a unasesor de Túpac Amaru.

2. Influencias ideológicasHasta ahora no he dado con elementos que me permi-

tan precisar las influencias ideológicas en Túpac Amaru.Pero --como ya lo he advertido- está comprobado que co-nocía los Comentarios Reales de Garcilaso, de tanta impor-tancia, en la segunda mitad del siglo XVIII, en el despertarpolítico del sector letrado indígena y aun mestizo. Además,Túpac Amaru estaba íntimamente ligado con españoles eu-ropeos y americanos de las más diversas capas sociales y amenudo efectuaba viajes a Lima y Cuzco, centros de culturacolonial. Es fácil imaginarse, pues, su contacto con las co-rrientes de ideas nuevas, difundidas en la época entre losnúcleos que frecuentaba. Se percibe nítidamente el contactoen cuestión en sus formulaciones programáticas y en su tác-

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tica política, ambas de un nivel sorprendentemente elevadopara un movimiento que se supone n algunos casos- dirigidopor un cacique del montón. Induce a creer lo mismo laexistencia de toda una red de conspiraciones y levan-tanúentos, evidentemente influidos por las consignas iguali-tarias emanadas del pensamiento iluminista.

Se afirma en algunos documentos que la frecuentaciónde los Comentarios Reales -además de inspirarle fe en laayuda británica- habría influido decisivamente en la confor-mación intelectual de Túpac Amaru. Yo sólo he encontradoindicios indirectos de la aludida influencia. Pero aun así, esfácil darse cuenta de que se hallaba compenetrado de la tó-nica de los Comentarios. Y no sólo él frecuentaba las pági-nas llenas de evocaciones del esplendoroso pasado incaico,sino muchos de su clase, y que no estaban animados depropósitos como los suyos, para lo cual necesitaba funda-mentaciones más amplias y más acordes con la época. Sesabe, sin embargo, que entre las personas a él estrechamentevinculadas hubo lectores entusiastas de los Comentarios, quede ellos sacaban conclusiones peligrosísimas para la estabili-dad del régimen español en América. Me refiero a MiguelMontiel, "cajonero de la calle de los Judíos", coterráneo deTúpac Amaru y su apoderado en Lima. En la pesquisa judi-cial llevada a efecto en 1782, uno de los testigos, FranciscoFernández de Olea, declaró que Montiel leía con frecuencialos Comentarios; y haciendo su exégesis unos ocho díasantes de recibirse en Lima las noticias sobre el estallido de larebelión tupamarista, en presencia de él y de varias personasvenidas del Cuzco, afirmó que "serían expelidos de este Rei-

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no los españoles, por estar mal ganado por el rey de Españay ser legítimo el dicho Túpac Amaru como quinto nieto delinca". Además, Montiel sostuvo que a éste "brevemente se levería en silla de mano", es decir, en un palanquín incaico.

Pero lo que cabe destacar de manera especial, es que laconciencia de ser inca, o sea, cabeza. representante, dueño ydefensor de "sus" tierras daba a Túpac Amaru la fuerza inte-rior necesaria para proseguir sin desmayo en el duro batallary le inspiraba fe en su destino. Lo dice él mismo en el inte-rrogatorio a que fue sometido por Mata Linares. Ante lainsistencia de ese sanguinario juez para que declarara quéentendía Cuando, en momentos de excitación, exclamaba:"¿De qué me sirve que sea Túpac Amaru?", respondió:

"Así como si el reino fuese una hacienda, y él tuviera,derecho a ella, teniendo ésta indios y los viera tratar malsería preciso sacar la cara por ellos para que no los tratasenmal, así él, siendo descendiente de los incas, como tal, vien-do que sus paisanos estaban acongojados, maltratados, per-seguidos, él se creyó en la obligación de defenderlos, paraver si los sacaba de la opresión en que estaban."

Aquí se ve con más claridad -me parece que en cualquierotra parte qué pensaba de su misión Túpac Amaru, por idudablemente, él era misionero de la redención de su que, inraza (que era asimismo una casta) en la sociedad de la época.

3. Pretendida alianza anglo-jesuítica para apoyar a Tú-pac Amaru

No es ésta la primera vez que la orden de Loyola -fun-dada o malicíosamente aparece vinculada con sociedades no

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católicas y fines no meramente confesionales. Es sabido, porejemplo, que cuando España, Portugal y otros países católi-cos resolvieron desterrar la Compañía de Jesús, la seguíantolerando Catalina Il (ortodoxa) y Federico el Grande (pro-testante). La táctica de los jesuitas en China, y los conflictospor su excesiva adecuación de los ritos católicos a las con-cepciones asiáticas, asimismo tuvieron mucha resonancia.De modo que no resulta descabellado que se aluda a unaalianza de jesuitas -de determinados jesuitas- con una enti-dad política protestante. Pero no me parece lícito hablar deuna coalición entre ignacianos -como orden universal- conInglaterra.

Pero, ¿qué hay en los jesuitas que les hace sospechososde cosas de que no se acusa a otras órdenes religiosas? Susteorías, de notable flexibilidad en la aplicación, que, en de-terminadas circunstancias históricas, hacen pensar en la po-sibilidad de un acuerdo entre ellos y alguna potencia nonecesariamente católica. Precisamente la expulsión de losignacianos de España y sus dominios (1767) en un mo-mento en que la rivalidad colonial en el continente america-no llegaba a su punto culminante y aparecieron ya losprimeros movimientos emancipadores, hizo surgir la sospe-cha de que los resentidos y deseosos de venganza jesuitasentrarían en tratos con Gran Bretaña, enemiga principal delos Borbones. No deja de tener interés el de que se mencio-nara concretamente al padre Lavalette, un jesuita muy acti-vo, que fue administrador de las inmensas estancias jesuíticasen Martinica y Dominica, y entonces en Londres, comonegociador de la alianza anglo jesuítica. Pero salvo el caso

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-bien comprobado de Juan Pablo Viscardo y Guzman- nose puede hablar de negociaciones entre ignacianos e ingleses.

Juan Pablo Viscardo y Guzmán nació en Pampacolca(Arequipa) el 26 de junio de 1748. En 1767, cuando tuvolugar la expulsión de los jesuitas entre los cuales él estabainvolucrado- contaba 19 años y sólo había recibido las órde-nes menores. Tenía 21 años en 1769, cuando le fue concedi-da la secularización. Pero durante toda su vida quedó fiel a laCompañía de Jesús.

Después de secularizarse el joven Viscardo residía enMassacarrara, pequeña ciudad ligur, pero periódicamenteviajaba a Roma, Florencia y Liorna. A este puerto le llegabay en él obtenía la mayor parte de la información acerca delos acontecimientos políticos en Hispanoamérica, singular-mente de la rebelión de Túpac Amaru.

A mediados de 1781, habiendo adoptado para su actua-ción política el seudónimo Paolo Rossi, se entrevista conMr. John Udny, cónsul inglés en Liorna. A lo expresado enla entrevista, el 23 de setiembre del mismo año añade porescrito que es propósito de Túpac Amaru "liberar a los in-dios de la esclavitud de España y recuperar el imperio de susantepasados". Informa también a Udny que, según le escri-bían del teatro mismo de los acontecimientos, Túpac Amaru"tenía sus divisiones en todo el Perú, comprendiendo Quitoy parte de Tucumán (lo que forma una extensión de más de700 leguas en longitud de países); que en Quito se posesionóde 15 millones de pesos que mandaban a España y que pro-venían de los donativos, tributos e intereses de tres años;que hace un ejército de 40.000 hombres con oficiales ingle-

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ses, que la de los guardias está compuesta de 3.000 hombresde tropa bien arreglada. Finalmente, que ellos bloquean aLima, la última ciudad que hasta la fecha de la carta no leobedecía."

Aunque es errónea la mayoría de los datos, y aun cuan-do José Gabriel Túpac Amaru por la época ya no vivía, nodeja de ser notable el fervor de Viscardo por la causa delúltimo inca. Tal es su pasión que en su extensa epístola aUdny del 30 de setiembre ruega que se consideraran "lasventajas que resultarían para los ingleses si yo les acompaña-ra en la gran empresa" de prestar apoyo a Túpac Amaru.Pero el gobierno inglés estaba mejor informado que Viscar-do acerca del destino de Túpac Amaru, de modo que noaceptó su ofrecimiento, si bien continuó manteniendo con-tacto con él.

Como es sabido, la fama de Viscardo estriba en ser -elautor ,de la Carta a los Españoles Americanos (1792), el másdifundido y violento manifiesto separatista. Lo que llama miatención, es que en este documento, y en toda su actividad,posterior a la derrota del movimiento tupamarista, no sólojamás menciona sus postulados, sino que destaca siempre elinterés de los criollos.

4. Gran Bretaña y la sublevaciónNada autoriza a sostener que los británicos prestaron

ayuda a Túpac Amaru. Entiéndase bien: hablo de ayuda con-creta, en material bélico sobre todo, y no de conversacionessobre ella, ni de proyectos de expediciones militares. Talesproyectos -había varios- estaban concebidos con el fin de

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hostigar militarmente a los españoles, y no de apoyar direc-tamente a Túpac Amaru, si bien de hecho hubiese sucedidolo último. Cabe tener presente asimismo que toda ayudapara Túpac Amaru tendría que chocar con enormes dificul-tades porque en manos del inca rebelde no se encontrabaninguna ciudad portuaria. Pero no a eso se debe que las pro-yectadas expediciones no se realizaron; simplemente, Ingla-terra no tenía interés de llevarlas a cabo.

La cuestión de la ayuda inglesa a Túpac Amaru, como eslógico, preocupaba seriamente a las autoridades españolas.Por medio de una real orden del 3 de enero de 1782, semandó hacer una severa y prolija averiguación de cómo y dedónde llegaron a tener los indios armas de fuego, que -comonos es ya sabido- les estaba prohibido poseer. En respuestaa la citada real orden, el virrey Vértiz declaró que las armasque tenían los indígenas o eran conquistadas a los españoleso elaboradas por ellos mismos. Asienta también el virrey queno se descubrió ningún arma de procedencia extranjera.

Sin embargo, en la época de la rebelión y posterior-mente se habló mucho de cierto vaticinio de apoyo ingléspara Túpac Amaru que figuraría en los Comentarios Reales.

¿Contiene virtualmente la obra de Garcilaso algo quepodía servir para profecía de esas características? Un docu-mento de la época, datado en el Cuzco el 1 de diciembre de1780, opina al respecto:

'Lo anima mucho cierta profecía o vaticinio que se hallaen el prólogo (subrayado mío) de la historia de Garcilaso,-quien dice que se encontró grabada en una lápida del tem-plo principal de esta ciudad (Cuzco), que en suma dice que

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después de perdido este reino volverían los incas a posesio-narse de él mediante el auxilio de un pueblo que se llamaInglaterra, con quien actualmente mantenemos guerra."

De modo que el asunto se simplifica, ya que el docu-mento -alude concretamente al prólogo de los ComentariosReales y no el texto, que tantas veces es citado sin un cono-cimiento suficiente. Este hecho nos da la clave -al menosparcialmente del enigma que nos ocupa. Para ello, el puntode arranque inmediato, como hemos visto, no es una lápidaen el templo del Sol, sino el prefacio de los ComentariosReales. Hasta el año 1780, en que está fechado nuestro do-cumento, hubo dos ediciones españolas y varias extranjerasde la famosa obra del mestizo cuzqueño. ¿De cuál de ellas setrata? De la segunda edición española (Madrid, 1723) prolo-gada por don Andrés González de Barcia, que usaba el seu-dónimo Gabriel de Cárdenas. Este estudioso mencionairónicamente que Walter Raleigh (1552-1618) cita una profe-cía conforme a la cual los ingleses serían los restauradoresdel imperio incaico ... El infortunado explorador y escritoringlés efectivamente habla de ella en relación con su viaje ala Guayana. A través de Raleigh, probablemente, conoció laprofecía acerca del presunto papel de Gran Bretaña en laresurrección del incanato Thomas Gage, misionero domini-co en las Indias, primero, y después entusiasta puritano yconsejero colonial de Cromwell, a quien sometió, en 1654,un plan de conquista de Hispanoamérica en el que hace alu-sión a nuestra profecía.

El vaticinio que nos ocupa no sólo era conocido por losingleses; según hemos visto, tampoco lo ignoraban los espa-

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ñoles. Pero con el contenido de los Conentarios Reales estotiene -aparentemente poco nexo, salvo el de que en el pró-logo a la segunda edición española se cita la rara ocurrenciade Raleigh. Sin embargo, no es así. Existe- una auténticarelación entre las dos cosas, y no sólo la simulada (lápida enel templo del Cuzco). Este enlace reside en las profecíasautóctonas --que sin mencionar a Inglaterra- transcribióGarcilaso acerca de un pueblo lejano que vendría a con-quistar el ímperio incaico.

Con todo, sigue en pie el interrogante acerca del origende la fusión de ambas fuentes (Garcilaso y Raleigh) hastaahora conocidas. En cambio, es una verdad histórica que enel siglo XVIII núcleos separatistas interesados en el apoyode Gran Bretaña, o esta potencia, esparcieron la profecíametamorfoseada. Su origen inmediato -según hemos visto-son los Comentarios Reales, cuya lectura estaba difundída enHispanoamérica, sobre todo entre aquellos que se oponíanal régimen colonial. Pero deducir de ello que Inglaterrarealmente prestó ayuda a Túpac Amaru es una fantasía sinfundamento de ninguna especie.

5. La controvertida figura del obispo MoscosoPara poder entrar en el tema de nuestro interés es im-

prescindible hacer presente que lo que voy a relatar másadelante, las contingencias de uno de los tantos conflictosentre la autoridad civil y la eclesiástica, no tiene nada de par-ticular en el ambiente colonial. Desde los albores del colo-niaje hasta su ocaso, la vida, en apariencia tan apacible, erasacudida periódicamente por el estallído violento de tales

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conflictos. Y no sólo entre los dos poderes, sino tambiénentre las distintas jerarquías o corporaciones, digamos (elcaso de la Inquisición), de uno de ellos. Es mucho más fácil,porque tiene bases más objetivas y más lógicas, la dilucida-ción de las causas de un entredicho por motivos políticosque desentrañar el origen de una riña por razones persona-les, siempre entretejida de emociones incontroladas. Pero lomás difícil es cuando, como ocurre en este caso, se confun-den la razón personal, la competencia curialesca y el con-flicto entre poderes. Además, se atravesaba una situaciónpolítica grávida en extremo de sospechas de infidencia portres causas: 1) por haberse descubierto una conspiraciónseparatista criolla; 2) por la inesperada intensidad y exten-sión. de la rebelión de Túpac: Amaru, y 3) por el estado deguerra entre Gran Bretaña y España, que aumentaba en gra-do sumo las sospechas acerca de maquinaciones subversivas.

Agravaba esa situación harto compleja, daba pábulo aun sinnúmero de infundios que en condiciones normales nohubieran podido cuajar, el odio del nativo blanco contra éleuropeo que, en el período que estudiamos se aproximaba asu punto culminante.

En el ambiente saturado de odio entre españoles y crio-llos, y en medio de una situación política que hacía concebirsospechas de infidencia en todas partes, se enfrentaron dospersoneros (el obispo Moscoso era peruano 3 el corregidorArriaga español) de las dos capas antagónicas de la pobla-ción blanca de la colonia, representantes a la vez de dospoderes que no siempre vivían en paz, con el resultado de

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que estallase uno de los tan frecuentes peligros entre la auto-ridad civil y eclesiástica.

He aquí, someramente, los antecedentes formales delconflicto que -por razones independientes de ambos prota-gonistas- estaba destinado a tener -tanta repercusión históri-ca.

Haciendo abstracción de las razones estrictamente per-sonales del entredicho entre el obispo y el corregidor, queno son conocidas, pero cuya existencia es fácil imaginarse,vamos a dedicarnos a los aspectos que tienen confirmacióndocumental. Sin duda, el Dr. Moscoso tiene plena razón alafirmar:

"Aún no estaba el Obispo nombrado en la silla del Cuz-co, ni Arriaga en el corregimiento de la provincia de Tinta,cuando el Insurgente tenía ya proyectada la sublevación.Esteban de Zúñiga, casado con una sobrina de la mujer delRebelde, lo había ya denunciado de este delito en el año1777, ante el Justicia Mayor de Tinta, don Ildefonso Men-dieta."

Empero, es indudable que con la excomunión de Arria-ga favoreció -involuntaria e imprevistarnente- los designiosde Túpac Amaru. Pero de este hecho no cabe deducir, deninguna manera, que -provocó el incidente para favorecerlos planes de Túpac Amaru. únicamente en el ambiente co-rroído por sospechas de infidencia en todas partes., sólo enuna capa dominante histerizada ante el espectáculo del des-moronamiento de su estructura pudo surgir semejante acu-sación infundada, reñida, por lo demás, con la evidencia delos hechos. Esa tacha está estrechamente relacionada con el

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adelanto del sector más pujante de la población colonial: loscriollos, que en la segunda mitad de1,1 siglo XVIII estánformando su autoconciencia política, lo cual los pone, másque en cualquier otra época, en abierta oposición a los pe-ninsulares. Todo criollo, en la época, se hace sospechoso.De ahí también las acusaciones de infidencia contra el obis-po Moscoso a raíz de su origen americano.

El representante de los intereses del corregidor Arriagaen vida de éste y después de su ajusticiamiento por TúpacAmaru, Eusebio Balza de Verganza, en su extensa represen-tación al rey del 8 de setiembre de 1781 llega al extremo deafirmar que en la redacción de ella tuvo que valerse de supropia %insuficiencia, por la necesaria desconfianza de losletrados de esta ciudad, que todos son del país". En el mis-mo escrito exclama:

"Pero ciertamente, Señor, que ni ese Reverendo Obisponi cuantos eclesiásticos patricios hay en el Reino (excepciónde algunos pocos) son ni serán jamás buenos vasallos denuestro Monarca."

Benito de la Mata Linares, que dictó las horripilantessentencias contra los tupamaristas y por eso fue nombradoIntendente del Cuzco, coincide con el criterio de Balza deVerganza en lo tocante al obispo Moscoso y a los sacerdotescriollos en general. Además, opina, el 12 de abril de 1786,que el canónigo José Pérez Armendáriz, sustituto del doctorMoscoso en la silla episcopal cuzqueña, debe ser alejado deella debido a su calidad de criollo.

En la extensa "carta escrita a un Señor Ministro de Ma-drid por un vecino del Cuzco", el 1 de setiembre de 1782, se

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dice del obispo Mosc6si; que "so color de un hipócrita celodel desempeño de sus deberes, no ha respirado otra cosaque grillos, cadenas y sangre, para saciar sus pasiones ya enodio a los europeos, a quienes aborrece extremosamente".El acérrimo realista Jiménez Villalba, a quien no se le puedenegar cierto don profético, afirma lo siguiente respecto desu prelado -él era arcediano- y al destino del Perú:

es igualmente cierto el odio común de este gran vulgo,que sólo anhela por apoyo para explicarlo contra la religiosay feliz dominación que los gobierna - es preciso confesarque el buen vasallo debe sacrificar, hasta su misma vida, ho-nor y conveniencia, por apartar el más ligero peligro de sub-versión de movimiento y de infidencia al Soberano,- conque si Su Ilustrísima es amante del Rey, debió y debe hoysolicitar su retiro de estos Reinos, para dar fin con él a lainfluencia de una aprehensión universal, tan contraria a lapública tranquilidad, y tan arraigada (si hemos de hablar conbuena fe) en el corazón peruano que sólo Dios sería capazde variar su consentimiento."

El arcediano cuzqueño es también autor de uno de losdos documentos acusatorios contra Moscoso cuya impor-tancia es muy grande, puesto que los cargos en él contenidosson anteriores a la rebelión de Túpac Amaru. Jiménez Vi-llalba comenzó a hacer denuncias contra su obispo en mar-zo de 1780, es decir, con motivo de la conspiración criollade Lorenzo Farfán, pero aun después de descubierta éstaseguía con sus sospechas respectivas a la lealtad política delDr. Moscoso. Afirma -no dudo de su sinceridad- que de-

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nunció asimismo a José Gabriel Túpac Amaru y aconsejó suaprehensión a fin de aclarar los manejos del prelado.

Pero, ¿en qué se basa el arcediano? En las siguientespruebas: 1) "que así corría sin contradicción en la ciudad"; 2)que el corregidor de Paucartambo, Tiburcio Landa, en abrilde 1780 le remitió una esquela relacionada con la conspira-ción de Farfán en la que se decía que un tal Túpac Amarumanifestó una carta "por la que se le convoca"; 3) que, es-tando en capilla, José Gabriel Túpac Amaru le dijo "clara ydistintamente, que el Obispo tiene la culpa de todo"; 4) queestando en capilla Diego Cristóbal Túpac Amaru -víctima dela traición española que pudo llevarse a cabo únicamentegracias a los buenos oficios de Moscoso- en estado de im-penitencia, con lo que no se avenía Jiménez Villalba, influyóen el obispo para que junto con él procurara ablandar elánimo del desdichado continuador del inca rebelde. Según elarcediano, sucedió en aquella ocasión lo siguiente:

"Luego que entramos en el aposento del reo, nos sen-tamos y comenzó el Diego (Cristóbal) a reconvenirle conque había sido su enemigo; con que le había desamparado,que había escrito contra su vida, y con otras reflexiones deesta naturaleza; noté una y otra vez que se suspendía en laexpresión y volvía a mí la vista, receloso de estos pasajes, ycon una especie de indeliberación natural volví el rostro auno de ellos, y vi a su Ilustrísima, en el mismo acto, de estarhaciéndole seña de que callase. Disimulé, como era regular, yaproveché el rato en disiparle el temor de las tenazas (conque a Diego Cristóbal le fue arrancada la carne viva), la

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aprensión de que querían saber el paradero del tesoro. y deque no buscábamos nosotros otro que el de su salvación."

El quinto motivo que aduce el arcediano es el siguiente:que el provisor Juan Antonio Tristán, autor formal de laexcomunión de Arriaga, se quiso suicidar cuando Areche sehallaba en el Cuzco dictando sus horripilantes sentencias.'Pasé a visitarle -dice Jiménez Villalba-, y preguntándole yo¿qué era aquello y cómo hacía se hallase en la ciudad? Merespondió: «El obispo me ha condenado y se ha condenadoa sí mismo>." El sexto motivo del arcediano es el de que"estando desahuciado y de los médicos el sucesivo provisor,don José Domingo Frías habiéndose estrechado conmigo,me dijo en el canapé de su aposento: «Amigo arcediano, estehombre (por el Señor Obispo) me ha muerto, y ha de per-der todo el Reino»". Es el séptimo el de que una noche,según se expresa el arcediano, "tomó, el arbitrio de tocarle laespecie dominante en aquellos días, que era la de Arriaga ylos curas Martínez; apenas dije había oído. hablar de ella, Yque sería bueno componer ese negocio por medios suaves,no había acabado ésta o igual proposición, cuando se enfu-reció su Ilustrísima extrañamente, habló más de una hora delmismo modo, y, entre otras cosas, me acuerdo, bien, medijo: «Usted no conoce a Arriaga. Arriaga es un pícaro, lo hede traer a mis pies»." Y es el octavo motivo el empeño delobispo Moscoso de entrar en negociaciones con TúpacAmaru después de su resonante victoria de.Sangarará, hechode armas que azoró a los españoles.

Analizando los cargos de Jiménez Villalba contra Mos-coso, en lo que hay en ellos digno de tenerse en cuenta, se

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llega a la conclusión de que se relacionan con fenómenos deorden psíquico- sospechas vagas, unas veces,y concretasotras, de ser el obispo infidente, sobre todo debido a suorigen americano. Lo destaca con particular fuerza el corre-gidor Arriaga antes de. su trágica muerte; usa términos mássuaves, más indirectos antes y después de la rebelión de Tú-pac Amaru- el arcediano Jiniénez Villalba. Ningún hechoconcreto es aducido, sin embargo, en respaldo de la su-puesta infidencia del obispo Moscoso. Todo se basa en de-ducciones de ciertas expresiones o actitudes del obispo. Encambio, sobre su actuación militante, conforme a la vehe-mencia extrema de su carácter, en la defensa de la causa real,hay pruebas tan categóricas que no cabe la más mínima dudaacerca de su verdadera posición respecto del movinúentopopular encabezado por Túpac Amaru. Y eso que paso poralto su papel en el espionaje realista y su empeño por lograrel sometimiento de los indios, señalando solamente queMoscoso formó desiacamentos militares del clero bajo susórdenes y convirtió la casa episcopal -según dice uno de susentusiastas de la época- en "cuartel en que adiestran (lossacerdotes) a un ejercicio proporcionado, quedan sólo losinválidos para los Divinos Oficios, a fin de que con unas yotras amas, como Moisés, obliguemos al Dios de la Victorianos -la conceda completa del traidor Túpac Amaru".

Cabe destacar que muchos coetáneos del obispo -como,dice él mismo- le reprocharon verbalmente y por escrito suactividad belicista, pero sobre él eso no tuvo ningún efecto.Todo lo contrario, según se expresa:

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no perdonando arbitrio, ni medio que contribuyese adefender la patria y cortar la rebelión, me metí a soldado, sindejar de ser Obispo; y así en lo más grave de este conflictoarmé al clero secular y regular, como en el último subsidio,nombré al deán, don Manuel Mendieta, por comandante delas milicias eclesiásticas, dispuse cuarteles, alisté clérigos ycolegiales, seminaristas de ambos colegios, y en cuatro com-pañías, con sus respectivos oficiales, armas y municiones quecosteé, comenzaron el tiroteo militar, sujetándose al ejerciciode las evoluciones a la voz de un oficial secular, que se en-cargó de su instrucción. Ya tiene V. S. I. al clero del Cuzcocon espada ceñida y fusil al hombro, esperando por instan-tes las agonías de la patria de la religión y la corona, paradefenderla del insurgente Túpac Amaru".

Pero si a alguíen le parecen jactanciosas las desacostum-bradas palabras del obispo Moscoso, voy a citar una relaciónde la época que las confirma. Dice el aludido documento entono de honda satisfacción, que el clero formó destaca-mentos militares "sin que embarazase a ello la dignidad de sucarácter, la inexperiencia de ese mane3o, y la prohibiciónque los cánoues hacen para que no derramen sangre ajenalos que sólo deben estar dispuestos a verter la propia", yagrega:

"Sería un manifiesto agravio al mérito del IlustrísimoPrelado (Moscoso), pasar por alto la resolución que tomócon riesgo de su persona, a la tarde (durante el ataque contrael Cuzco) en que combatieron últimamente nuestro batallóny el de Túpac Amaru. Él mismo quiso autorizar la causa delRey, asistiendo a la batalla, sahó a mula, acompañado del

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deán de esta iglesia catedral, el doctor don Manuel de Men-dieta, el pro-vincial de la Merced, Padre Nuestro Fray Pedrode la Sota. Era un objeto agradable a Dios y a los hombresfieles a SU Monarca, ver a este príncipe atravesar la plazapasando por el cuartel que llenó de bendiciones episcopalesy convidar a lo vítores pronunciando él rnismo con el vivazRex in eternum."

Como vemos, la actuación de Moscoso durante la rebe-lión no sólo no tiene nada de infidente, sino, por el contra-rio, es más decididamente realista que la de otros preladosque tampoco se mantuvieron neutrales. Y sin embargo, elDr. Moscoso -según dice él mismo- fue "extraído violenta-mente de su diócesis por orden del virrey Jáuregui del 6 dediciembre de 1783, conducido con escolta de tropa a Lima,detenido allí por tiempo, de dos años, transportado de allícon igual violencia a España, donde arribó en 15 de agostode 1786% todo debido a las sospechas vehementes contraél.

Ahora bien, creo que lo expuesto hasta ahora, pese a subrevedad, permite formarse una idea acerca del verdaderopapel del obispo Moscoso en los acontecimientos de1780-1781. Lo que confirma su rehabilitación y su nombra-miento como arzobispo de Granada en 1789.

En resumen, nada autoriza a sostener que Túpac Amarucontaba con "asesores" extraños a su ambiente'que dirigie-ron sus acciones. Que tuvo consejeros por él elegidos conquienes trataba los asuntos de importancia, no cabe duda.Entre ellos figuraba, probablemente, alguno de sus secreta-rios. Pero su nombre es desconocido. Tampoco contó Tú-

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pac Amaru con ayuda extranjera. Se investigó todo lo quepodía arrojar luz sobre el particular; pero sin nuigún resulta-do. De suerte que corresponde afirmar qué él -con su espo-sa, familia y algunos jefes naturales y criollos- es elresponsable de las grandezas y miserias de la única vastarebelián indígena en la historia del continente americano.

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CAPITULO V

EL FIN SOCIAL Y POLíTICO DE TUPAC AMARÚ

1. La táctica del inca rebeldeHe señalado ya que la confirmación oficial del título de

inca y su gran difusión pública equivalían, en el caso de Tú-pac Amaru, a un acto político de suma importancia. Su sen-tido más profundo era el de aparecer con suficienteantelación como jefe nato e indiscutible de los naturales delantiguo imperio incaico, para tener menos obstáculos quevencer en el momento crítico. Por esa causa, aun antes deresolverse su pleito, se presentaba en público como inca yhacía presentarse así a sus familiares. Vicente José Garcíadenunció a José Gabriel Túpac Amaru -Presentando el tes-timonio del escribano público- de que el hijo de éste, Maria-no, se exhibía en público con el símbolo real <le los incas, lamascapaicha, en las procesiones efectuadas en Cuzco el 29de abril y el 15 de agosto de 1778. Hasta qué extremo resul-taba ya natural, a la sazón. la ascendencia incaica -de TúpacAmaru, lo demuestra el hecb,, de que en las ocasiones-citadas Mariano caminaba entre el juez, don Francisco Ja-

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vier ,de Olleta, y el Protector de naturales, don Pedro Ma-nuel Roidríguez. Según se vio después, los esfuerzos de Tú-pac Amaru tendientes a poder asumir la jefatura de las masasindíaenas en el momento en que lo creyera oportuno tuvie-ron éxito, puesto que, al declararse la rebelión, sus órdenesfueron acatadas por la inmensa mayoría de lob indios y desus curacas, sin los cuales nada sucedía en la vida de aquéllos,y pese a la exis-, tencia de otros pretendientes para el incaz-go.

Ahora bien, al producirse los sucesos insurreccionalesTú pac Amaru decía obrar autorizado por una cédula deCarlos III edictos, cuando los dirigía a los indios, comenza-ban infaliblemente con la frase de "Tengo órdenes reales"...¿Las tenía virtualmente? No cabe ninguna duda que no lasposeía y que ningún gobierno confiaría misiones oficiales dela mayor ¡ni ortancia a un súbdito particular, por más des-cendiente directo de incas que fuese.

¿Por qué este procedimiento?Sin entrar en un análisis psicológico o sociológico, y

sólo comprobando un hecho fácilmente perceptible, porqueel cándido sentir popular veía en las testas coronadas sím-bolos de la justicia humana. Tan grande fue la fe en los jefessuperiores, invisibles e inalcanzables, (jae cuando no secomprendía de dónde emanaban las órdenes injustas se lasatribuía a los ejecutores con quienes se estaba en contactodirecto. Baste decir en nuestro caso que en América circula-ban siempre leyendas fantásticas entre los indios y los escla-vos sobre supuestas -cédulas favorables para ellos, que losmalvados funcionarios coloniales mantenían ocultas...

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Los caudillos rebeldes de naciones estructtiradas sobrela servidumbre de la gleba aprovechaban para sus fines talestado de conciencia popular. Los ejemplos, aun los refe-rentes a la época que aquí es tratada, abundan, singularmenteen-la historía del pueblo ruso, tan llena de insurrecciones decarácter agrario, y en la historia francesa del período de lagran Revolución. Enulián Pugachov, por ejemplo, que en1773 se sublev& contra la "déspota ilustrada" Catalina II, sepresentó como Pedro III redivivo. Decía este famoso caudi-llo campesino ruso que él era el emperador que logró huirde los asesinos mandados por su mujer. Pugachov publicóun edicto en el que concedía libertad a los súbditos "fleles".A un expediente similar recurrieron los revolucionarios de laNarodna¡a Volia de fines del siglo xix: con el fin de ganar alos campesinos brutalizados de) Volga para la sublevaciónque organizaban contra la servidumbre feudal, falsificaronun edicto del zar, contrario a los nobles y burócratas.

Durante la Revolución Francesa, los campesinos de Au-vernia, cuando iban a un palacio a quemar los archivos,anunciaban al señor que lo hacían por orden del rey. Algu-nas veces, en el mediodía de Francia, en las luchas por latierra, los campesinos ponían la siguiente inscripción: "Deorden del Rey y de la Asamblea Nacional, finiquito final delas rentas". En la sesión de la Asamblea Nacional del 5 dejunio de 1790 se tuvo noticia de los motines agrarios deBourbon, Lancy y del Charolais, donde se esparcieron falsosdecretos oficiales.

El procedimiento de Túpac Amaru fue idéntico. Te-niendo noción clara del atraso de las masas indígenas, cono-

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ciendo las leyendas circulantes entre los indios y negros so-bre supuestas cédulas reales de una generosidad entemece-dora, y en antecedentes de su temor pánico a lasautoridades, en los días iniciales de la rebelión creyó oportu-no presentarse -él inca- corno representante del rey Carlos111 y obrar en su nombre.

2. Su política frente a los españoles europeos -y ameri-canos

Es cierto que Túpac Amaru repetidas veces expresó supropósito de extirpar a los españoles europeos del suelo deAmérica, pero excluía de semejante trato a los eclesiásticospeninsulares. RecuiTió también a los servicios dé algunoseuropeos cuando no tenía con quienes reemplazarlos.

Túpac Amaru es considerado adalid de las reivindicacio-nes indígenas exclusivamente. Y aunque tales reivindicacio-nes consti.tuían algo inmanente al movimiento rebelde porél dirigido, es erróneo presentarlas como sus fines únicos. Éltenía propósitos más vastos, para cuyo logro necesitaba im-periosamente del curso de todos los que podían favorecer-los, en primer término, los criollos, que eran factorpoderoso en la vida (urbana) colonial, poseían cierta culturay conocían el manejo de las armas de fuego, cosa que losindios ignoraban. De ahí que Túpac Amaru hiciera tan gran-des esfuerzos por conquistar a los españoles americanos ylos españoles europeos no menores para evitar semejantecontingencia. Es necesario dejar en claro que empleaba to-dos los medios a su alcance para dar por tierra con la creen-cia -fomentada por los españoles- de que se proponía

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redimir a los hombres de su raza en detrimento, también, delos españoles americanos, y no sólo europeos. Precisamentea causa de esa maligna, pero eficaz, propaganda, destacabatanto el inca rebelde su amor por todos los hombres, sin.distinción, nacidos en suelo de América.

Pero, ¿logró sus propósitos? Según el obispo Moscoso,si los mestizos del Cuzco vieran "ventajoso al enemigo" seunirían a él. Conforme a las afirmaciones de Jiménez Villalba3, de Eusebio Balsa de Verganza hubo criollos, incluso deposiciones muy encumbradas que favorecían los designiosde Túpac Amaru. Se dio también el caso, una vez durante eltranscurso de la rebelión, de que los criollos -en Oruro- die-ran pasos en el sentido de la realización del programa tupa-marista. Empero, la masa. de los españoles americanos no seplegó al movimiento dirigido por el último inca. Al principiode la rebelión sintió simpatía por Túpac Amaru la plebecriolla (mestiza), pero después, como sus congéneres deestratos superiores y de cutis blanco, prefirió no tomar par-tido por ningún bando.

La posición de Túpac Amaru frente a los españolesamericanos no era una cosa de por sí comprensible a lasmultitudes indígenas que lo seguían. Por el contrario, éstas,por inclinación xenófoba propia de las gentes de todas lasépocas, odiaban a los blancos (y a los que se les parecían) sindistinción de origen, porque gozaban de privilegios especia-les y eran corresponsales parciales de su sevicia. El jefe re-belde tuvo que interponer todo el peso de su autoridad a finde obligar a sus subordinados que siguieran esa línea política.La logró imponer, aunque chocaba con la resistencia de sus

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gentes, exacerbadas por actos de barbarie cometidos porcriollos al servicio de la causa realista. Lo notable es que lafundamental idea política de Túpac Amaru penetró tanto enla conciencia de los jefes superiores de la rebelión que, aundespués de su muerte, fue seguida fielmente; y 110 sólo porlos miembros de su familia y sus allegados más cercanos,sino también por todos los caudillos principales.

3. Túpac Amaru y la IglesiaCorresponde destacar desde ahora mismo que en nin-

gún instante Túpac Amaru se pronunció contra la Iglesiacatólica o su sacerdocio. Todo lo contrario, cor, una firmezaque nada pudo doblegar, ni siquiera la beligerante adhesiónde la clerecía al partido realista, siguió fiel a los principios delcatolicismo, obligando a sus subordinados a hacer lo mismo.

En su política frente a la Iglesia -según interpreto- nojugaba papel preponderante el deseo de ganar al clero para lacausa insurreccional, sino el de no alejar a los indios creyen-tes y a los criollos. La adhesión de estos últimos -según ya lohe advertido- tenía importancia. decisiva para el movimiento

tupamarista, hecho perfectamente comprendido porambas"" partes contendientes. Precisamente por ello, lasautoridades otorgaron a los españoles americanos concesio-nes en materia fiscal. P-stas y el temor de los criollos de lacapa pudiente, especialmente de los grandes hacendados, deque los victoriosos indios reivindicarían las posesiones que lefueron arteramente quitadas, los arrojaren al bando realista,a pesar de todo el empeño de Túpac Amaru, él mismo cató-lico ferviente.

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Cabe destacar que donde el último inca y sus subordi-nados directos conducían las guerras a ningún eclesiástico sele toc4 un pelo en la cabeza. Donde murieron cinco, es en elAlto Perú, y por supuesto, que no por haber ejercido suministerio, sino a causa de la resistencia activa a los tupama-ristas. El nuismo obispo Moscoso reconoce que en la tansangrienta rebelión de 1780-1781 las pérdidas del clero fue-ron insignificantes. Él ve en esto la mano de Dios. Más lógi-co, me parece, suponer que era la de Túpac Amaru.

4. Los propósitos sociales del último incaEl movimiento tupamarista es la rebelión social y políti-

ca más grande en la historia colonial de América y su pro-grama en este aspecto es desde el primer momento -sihacemos abstracción de un punto solo- claro y definido. Ensu carta al cacique Diego Chuquiguanca, lo formula TúpacAmaru con las palabras siguientes:

"Tengo comisión para extingruir corregidores en bene-ficio del bien público, en esta forma que no haya más corre-gidores en adelante, como también con totalidad se quitenrnitas en Potosí, alcabalas, aduanas y otras muchas introduc-ciones perniciosas."

A su vez, el español europeo Bernardo de la Madrid,que inicialmente fue prisionero de Túpac Amaru, luego suembajador y después lo traicionó, informa que al estallar larebelión su jefe mandó pregonar 4ue el rey le había dadoorden de quitar repartos, obrajes, alcabalas, mitas y estancosde tabaco.

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De modo que uno de los postulados básicos de la rebe-lión fue la eliminación de las primitivas manufacturas textilesllamadas obrajes, donde también el trabajo de los indios eraobligatorio.

Refiere un documento fechado el 12 de noviembre de1780, es decir, cho días después del Grito de T-Anta, queTúpac Amaru mandó abrir en su presencia el obraje de Po-macanchi, ordenó que se abonara a los operarios lo que eldueño les adeudaba y los bienes restantes los repartió entrelos indios.

Cabe destacar que en el aspecto social no se nota la dis-paridad, tan característica en la faz política, entre los finesconfesados y las finalidades perseguidas por el jefe rebelde.En el bando real de Túpac Amaru II se formulan los mis-mos postulados que en los principios de la rebelión. Paranuestro asunto tiene interés el siguiente trozo ale un poemácolonial de un español europeo, en el que se formulan conplasticidad sorprendente los fines sociales de los indios:

"Nos hicieran (los victoriosos indios) trabajardel modo que ellos trabajany cuanto ahora los rebajan, nos hicieran rebajar;nadie pudiera esperarcasa, hacienda, ni esplendores,ninguno alcanzara honores,todos fueran plebeyos,fuéramos los indios de ellosy ellos fueran los señores."

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El obispo Moscoso, cuyo papel destacado en los suce-sos de la época es obvio destacar a esta altura de la exposi-ción, describe así los comienzos de la rebelión:

"Luego que concluyó la muerte del corregidor, pasó contodas sus tropas al obraje de Pornacanchi, en que abiertas laspuertas dio libertad a todos los presos y echó la demás genteque administraba las oficinas; éstas fueron quemadas, y todala ropa y materiales que había en los almacenes se abandona-ron al pillaje de los indios, cuya pérdida, asegura el interesa-do don Isidro Guizasola, pasa de cien mil pesos, y donSebastián de Ocampo más de treinta mil pesos."

Agrega el obispo:"De este pueblo (de Quiquijailai, que está situado en el

camino Real, a distancia de diez ¡eguas de la ciudad (de Cuz-co), pasó el indio a verificar el estrago que había hecho en elobraje de Pomacanchi, en el Parapuquio, que también que-mó y destruyó, entregando al saco de su gente toda la ropalabrada y los materiales que había."

Cabe destacar que la destrucción de los obrajes, esaforma de servidumbre indígena parecida a la mita, no sólotenía el 1 propósito de dar una satisfacción a sus huestesarmadas sino lambién fue producto de la honda sensibilidadhumana de Túpac Amaru. Ya su primera aparición en elescenario de la bistoria -según nos es sabido- está ligada conla brega por mejor suerte de los hombres de su raza: la su-presión de la mita de Potosí. Pero lo más notable de su po-lítica social es su promesa -que no podía contar con laentusiasta aprobación de la masa indígena- de otorgar lalibertad a los esclavos. No nos olvidemos que es en 1780

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que se formula una promesa que aun después de 1810 no seatrevieron a llevar a la práctica los próceres de la Indepen-dencia (Artigas inclusive) más decididamente roussonianos.

5. Sus fines políticosLa rebelión de Túpac Amaru comnovió los cimientos

del edificio español en las Indias levantado tres siglos atrás yfue el jalón más importante en el camino de la independen-cia de Hispanoamérica.

Lo expresado precedentemente halla su confirmaciónen las palabras de dos personajes de la época tan altamenteautorizadas en la materia de nuestro interés como el célebreestadista español Manuel Godoy y el famoso sacerdoteporteño Jua-n Baltasar Maciel.

Escribe Godoy en sus Memorias:"Nadie ignora cuánto se halló cerca de ser perdido, por

los años de 1781 a 1782, todo el virreinato del Perú y unaparte del de la Plata, cuando alzó el estandarte de la insu-rrecci6n el famoso Condorcanqui, más conocido por elnombre de TupacAmaro, correspondido y ayudado en laprovincia de La Paz por el sanguinario Tupa-Catari. El oleajede esta borrasca se hizo sentir con más o menos fuerza en laNueva Granada, y hasta en Nueva España. Los ejércitosrebeldes llegaron a contar hasta con ochenta mil indígenas,veinte mil por lo m~nos bien armados, con no pocos crio-llos y mestizos que se unieron a su causa. Dos años largosfueron necesarios para superar la rebelión peruana, y aúndespués de quebrada, no se logró domarla enteramentehasta después de otros dos años."

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Afirma el canónigo Maciel:"Ninguna cosa, a la verdad, es más digna de la general

abominación de este nuevo mundo que el origen o causa dela sublevación del Perú. Por mucho que ésta se quiera reba-jar, es preciso confesar que el reino más rico del universo,aquel de ,quien dependían estas vastas provinciab (se refiereal Río de la Plata, aunque existía ya a la sazón el Virreinatode Buenos Aires), no sólo se vio a dos dedos de su pérdida,sino que, aun después de reprimido el movimiento con quese precipitaba a, su total ruina, ha quedado en un estado tandeplorable que apenas el espacio de un siglo será capaz derestablecerlo."

Ahora bien, los autores que han escrito sobre el movi-miento acaudillado por Túpac Amaru, basándose exclusiva-mente en las enunciaciones públicas dé éste, no se atrevie-ron .a asignarle tendencias emancipadoras, porque en losdocumentos que llevan su firma, con excepción de uno, nofigura de manera clara e inequívoca, el propósito de romperlos lazos con España. Sin embargo, hay que tener en cuentaque la actividad de Túpac Amaru -como es perfectamentelógico- se caracterizaba por la exposición gradual de lospropósitos que lo animaban, de manera que respondieran alas circunstancias concretus. De suerte que, cuando obtuvosu resonante victoria de Sangarará (18 de noviembre de1780) y su dominio estaba extendiéndose a todo el altiplanoPerú-boliviano y a algunas legiones argentinas, al dirigirse asu!, "vasallos (criollos) de Arequipa" se refirió a las "amena-zas hechas por el Reino de Europa" y les prometió que "enbreve se verían libres del todo". Además, les exigió que ex-

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clamaran "¡Viva el dueño principal, muera el usurpador delmal gobierno!"

Este documento (se publica en el Apéndice número 2)indica con bastante claridad el propósito de romper los lazoscon España y no se asemeja a ninguna de las piezas firmadaspor Túpac Amaru, si hacemos abstracción de su Bando Re-al, cuya autenticidad es puesta en duda por, varios historia-dores, incluso uno bien peruano y bien moderno. Sucontenido confirma lo sostenido más arriba: que TúpacAmaru adecuaba su lenguaje a las circunstancias concretas.En el caso que tratamos empleó este tono, porque se dirigíaa los habitantes de la ciudad mistiana que durante los albo-rotos criollos de enero de 1780 mostraron notable madurezpolítica.

Hay una curiosa confirmación del contenido separatistade nuestro documento en un pasquín fijado en Arequipa deltenor siguiente:

"Y.pues el Indio há exhortadoa criollos, atrevido,a seguir el vil partidoque alevoso ha fraguadopara que entienda el alzadoque a todas luces se engañacriollo es el que desengafiay exhorta a la necia plebeque sólo conocer debepor Padre y Rey al de España."Pero, acaso, de mayor importancia aún que su exhorto a

Arequipa es su misiva, del 24 de enero de 1781, al canónigo

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Paredes, de la catedral pacefia. Dice en ella, luego de narrarlas injusticias que padecen los indios y sus infructuosas ges-tiones ante las autoridades a fin de hallarles una solución,que envista de tal estado de cosas, "todo esto se ha procura-do por mi parte ser obligación hacerlo, por último descen-diente del Rey Último del Perú y su heredero".. . Ladeducción me parece clara: el último descendiente de unmonarca y su único heredero es asimismo rey.

Un coronel de las milicias de Azángaro, que en el co-mienzo mismo de la rebelión, durante cuatro días fue prisio-nero de Túpac Amaru, sostiene en su carta del 20 de no-viembre ,de 1780 al corregidor de Larecaja, que "tuvo lugar ymodo para averiguar y penetrar sus. designios y disposicio-nes, aun las más secretas. El principal fin de este indio Tú-pac Amaru es coronarse".

En la Relación de la expedición runitiva emprendida porel corregidor de Puno contra los indios, se dice que éstosconsideraban a Túpac Amaru rey y señor del Perú, no reco-nociendo por "soberano al rey de España". Se. afirma, ade-más, lo siguiente:

"De hecho (Túpac Amarul, llevado a estas temerariasideas de impedir que se organizara la defensa del Cuzco),discurría como un rayo por los pucblos, cometiendo atroci-dades inauditas y matando a todo europeo aue encontraba, yaun a todos aquellos que se le resistían. Con estas bárbarascrueldades quedaron tán atemorizadas las provincias quesólo esperaban a que entrase en ellas el traidor para rendirleobediencia: bien sea que con una resignación forzada de los

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efectos de su tiranía lo aclamaban Rey, Redentor y Señor,Propietario de los Reinos del Pérú."

En la Relación de lo acaecido con las tropas que salieronde Arequipa se hace mención de este detalle: "se encontróen la horca un papel que decía: Manda el Rey Inga que nin-guno de sus traidores y enemigos pase por estos caminos,cuyo auto lo certificaba su capitán Juan Mamani".

En su declaración ante Mata Linares del 17 de abril de1781, José Esteban Escarcena, escribiente de la jefatura su-prema de la rebelión, revela lo siguiente sobre los propósitosde Túpac Amaru:

"Que su palacio (lo) había de hacer (en el Cuzco) o endicho Colegio de la Compañía o en S. Boria, y que de allíhabía de imponer sus leyes, y esto no sólo lo dijo una vez,sino varias, y especialmente cuando fue a Tmita en compa-ñía del confesante, quien habiendo hallado unos bellos librosde leyes, le dijo aquí he encontrado una cosa buena, y di-ciéndole esto al Rebelde, le preguntó éste qué era, y le res-pondió el confesante unos bellos libros de leyes, a lo que lerespondió dicho Túpac Amaru como enfadándose, ¿quéestá Vnid. con leyes? Esos libros no sirven sino para empa-nadas o bizcochuelos, yo he de imponer unas leyes fuertes."

No obstante todo ello, hay divergencias de opinión y selucubran extravagantes teorías sobre los propósitos políticosde Túpac Amaru. Corresponde declarar categóricamenteque las opiniones divergentes acerca de la finalidad separa-tista de Túpac Amaru son posteriores a la época de la rebe-lión y parecen producto --cuando no son efecto de algunaofuscación- de un conocimiento insuficiente del tema. Co-

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mo hemos visto, a os coetáneos del gran acontecimientohistórico de 1780, tanto a los españoles europeos y america-nos como a los indios, no les cabía duda de que se trataba deun movimiento tendiente a romper los lazos con España. Elmismo Túpac Amaru, tan cuidadoso en sus procederes, aello daba púbulo desde los conúenzos de la rebelión, ha-ciéndose recibir por los sacerdotes con capa de coro, cruzalta y palio, es decir, como rey. Cabe destacar asimismo quecon la correspondencia con su esposa Túpac Amaru es titu-lado Soberario Señor.

No deja de ser sintomático que también la generacióninmediatamente posterior a la rebelión. o la que la presencióen su infancia, le atribuyera carácter separatista. En este sen-tido es típica la opinión de don Justo Apu Sahuaraura, quiena la edad de siete años vio entrar en el Cuzco el triste cortejointegrado por el inca Túpac Amaru II y sus familiares.Sahuaraura se refiere al engrillado jefe rebelde como a des-cendiente de los soberanos incas que "quiso reasumir el im-perio del Perú".

En términos que tienen mucho de parecido se expresannumerosos viajeros de la misma época, quienes, obviamente,recogieron tal información de fuentes nativas.

Ahora bien, la autenticidad de la única pieza documentalque demuestra en forma indubitable el propósito de TúpacAmaru de declararse rey de América es puesta en duda porvarios historiadores, quienes llegan al extremo de atribuir alos españoles la falsificación de ella para justificar la horripi-lante sentencia contra el inca rebelde. Aun haciendo abs-tracción de que hay una prueba convincente de la existencia

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de un retrato de Túpac Amaru II con insignias reales, elargumento de marras es insostenible. Pues si bien es ciertoque se suele poner en duda la autenticidad del bando en-contrado, según los historiadores aludidos, en uno de losbaúles de Túpac Amaru, y, según la confesión de éste, en supropic, bolsillo, no menos verídico es que nadie atribuye alas autoridades españolas la falsificación del mismo bandoque sirvió para proclamar al rey inca en el pueblo de Silos(Nueva Granada), el 24 de mayo de 1781, durante la suble-vación de los comuneros. ¿Será que se desconoce este do-cumento? Es muy posible, pues si nos atenemos a ciertasopiniones, debemos concluir que los indios de Silos copia-ron el bando en cuestión de la falsificación que fraguaron lasautoridades coloniales y con suma rapidez les entregaron(entre la detención de Túpac Amaru y la proclamación deSilos transcurrió algo más de un mes), a fin de infundirlesideas de independencia. Cosa absolutamente incongruente ysobre la cual no vale la pena insistir. Corresponde insistir encambio en que Túpac Amaru confirmó la autenticidad deldocumento, aunque procuró -por razones bien comprensi-bles- desvirtuar la importancia de su contenido. Es de mu-cho interés la respuesta que dio a la insisiente pregunta deljuez Mata Linares sobre el alcance del bando real. No sepuede menos que pensar que, en vista de la imposibilidad denegar el cuerpo del delito, aun en el momento supremo desu vida, Túpac Amaru se desahoga poni.endo en ridículo eláfán de sus inquisideres -de conocer lo que él tenía resueltono revelarles. He aquí su forma de obrar:

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"Manifestósele un borrador que se halló en los bolsillosdel cónfesante, según aviso del señor don José del Valle, ins-pector general y comandante de las columnas destinadaspara la pacificación de las provincias, en el que, agregado aestos autos, aparece titularse con el nombre de José primeroy queriendo se publique la jura que ha hecho, responde queno ha escrito ni leído hasta lo que se le manifiesta, que escierto que su mujer le dio noticia que le habían escrito unpapel el cual le había leído a dicha su mujer Diego Ortigosa,y le dijo también dicha mujer haberse encontrado este papelen un bólsillo de un indio alcalde de Marcapata, que muertoen el camino, varios indios lo encontraron muerto en elcamino y le entregaron a su muíer, y leído por Ortigosa dijoque estaba bien puesto, y le parece al confesante que la obrade este borrador es de un tal Higinio de Marcapata, español,minero, blanco, pelo rubio, ojos azules, que estuvo conel.confesante en una blanca. . .

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CAPITULO VI

LA REBELION

1. Primeros pasosEl 4 de noviembre de 1780 es la fecha del estallido de la

sublevación simbolizada por el nombre de Túpac Amaru.Los acontecimientos políticos dentro de las fronteras delimperio español y fuera de ellas se desarrolleron de tal ma-nera que parecían favorecer los designios rebeldes. Españaestaba en guerra con Gran Bretaña, afectada seriamente porel alzamiento de sus colonos, y el descontento de los criollos-precisamente soliviantados por el ejemplo norteamericano-adquiría las características de movimientos armados en casitodos los centros urbanos de Hispanoamérica.

¿Pero había planeado Túpac Amaru dar comienzo a larebelión el 4 de noviembre? Me parece que no, porque sien-do jefe previsor, seguramente buscó el apoyo de Inglaterra,como lo hicieron todos los rebeldes hispanoamericanos delsiglo XVIII. Sin ayuda británica, en condiciones normales,presumiblemente, no se hubiera lanzado a la lucha no dis-poniendo de suficiente armamento y no teniendo asegurado

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el apoyo de los criollos. Por eso me parece atinado lo queafirman ciertos cronistas, que el prematuro estallido de suce-sos sangrientos en Chayanta, villorrio indígena cercano aPotosí, el 26 de agosto de 1780, le obligó a acelerar el pro-nunciamiento, para evitar el fracaso de la trama revolucionaria en vías de ser puesta al descubierto.

No están los cronistas de acuerdo entre sí en la descrip-ción del primer acto de rebeldía abierta del último inca. Enlo que sí coinciden casi todos, es en asegurai que en la citadafecha Túpac Amaru y el corregidor de la provincia de Tinta,Antonio de Arriaga, se reunieron en la casa del doctor Car-los Rodríguez, cura de Yanaoca, para "celebrar el -día denuestro soberano". Antes de terminar la comida, fingiendohaber recibido un urgente firmado del Cuzco, Túpac Amaruse retiró de la casa del eclesiástico, y oculto con un grupo desus partidarios en el camino que conducía a Tinta, esperabael retorno de Arriaga a su sede. Cuando esto sucedió fueapresado junto con su escolta y llevado a Tungasuca. Seguardó tal secreto que "absolutamente se ignoraba dónde sehallaba el corregidor; a unos se decía que había caminado aotros pueblos de la provincia, y a otros que estaba actuandociertas diligencias de importancia que lo negaban a otraatención".

Túpac Amaru llevó al corregidor a Tungasuca y estable-ció allí su cuartel general, y no en Tinta, porque la situaciónestratégica de Tinta es mucho menos favorable que la deTungasuca, que se halla en la cordillera y es de difícil acceso,mientras el otro pueblo está en el valle y al alcance de cual-quier acción punitiva o militar. De acuerdo con el plan que

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se había previamente fijado, obligó al corregidor a dirigir unacarta a su cajero, en la que le ordenaba remitirle todos losfondos disponibles y todas las armas alcanzables. Explicabasu apremio con la urgente necesidad que tenía de enviar unaexpedición al puerto de Aranta, amenazado por corsarlos.La fingida carta produio su efecto, el jefe rebelde que riece-sitaba tan premiosamente armas, sobre todo de fuego, ydinero, gracias a su ardid obtuvo 22.000 pesos, algunas ba-rras de oro, 75 mosquetes, bestias de carga y mulas.

Pero el corregidor no sólo se vio obligado a signar esacarta; también tuvo que poner su firma bajo la misiva a sudependiente Manuel de San Roque que no le podía- presa-giar nada bueno, En ella le ordenaba "fuese a Tungasucallevando dos pares de grillos, su cama y llaves de las princi-pales viviendas del cabildo". El antes tan soberbio funciona-rio colonial, bajo el dictado de Túpac Amaru, el 8 denoviembre de 1780, tuvo que extender órdenes a todos lospueblos de la provincia para que sus habitantes, en el térmi-no de veinticuatro horas, se presentasen en Tungasuca.

Naturalmente, la rigurosa orden del corregidor de laprovincia fue ejecutada con puntualidad. En Tungasuca sehicieron presentes miles de criollos, mestizos e indios, y aunalgunos europeos. Un genovés residente en Sicuani, denombre Santiago Bolaños y de oficio "salchichero", en sudeclaración judicial, ofrece detalles interesantes sobre losmomentos iniciales de la gran rebelión. Según dice, ya el díaocho comenzaron a afluir a Tungasuca muchas personas.De inmediato fueron puéstos en pie de guerra por TúpacAmaru, quien montado en un caballo blanco y vestido de

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terciopelo negro, dirigía los ejercicios militares en la pampavecina a Tungasuca. Daba órdenes en los dos idiomas: a loscriollos y mestizos, en castellano; a los indios, en quechua.

El 10 de noviembre, reunidas las multitudes en la plazade Tungasuca, se llevó a cabo la ejecución del odioso fun-cionario superior de la provincia de Tinta. Para dar a esetrágico acto carácter solemne, digno de una misión especialconfiada por el propio monarca, Túpac Amaru rodeó ellugar de la ejecución con tres cordones de hombres arma-dos: dos compuestos por criollos y mestizos armados defusiles y uno por indios con hondas y palos. Antes de subiral cadalso a Arriaga, se pregonó una fingida cédula real en laque a éste se le declaraba "dañino" al reino y se anunciaba lasupresión de las alcabalas, aduanas y mitas. Al conducírsele ala horca, el pregonero repetidas veces anunció en castellanoy quechua: "Manda el Rey Nuestro Señor quitar la vida aeste hombre por revoltoso."

Es notable que antes de llevarse a cabo la ejecución deArriaga nadie conocía los verdaderos propósitos de TúpacAmaru ni sus fines ulteriores, salvo, naturalmente, sus cola-boradores más inmediatos. Aun después de la ejecución delcorregidor, las multitudes que presenciaron su triste fin ig-noraban el tremendo alcance de este acontecimiento y esta-ban convencidas de que realmente cumplía una orden real elinca Túpac Amaru II. Éste, habiendo ejecutado al corregi-dor de su provincia, anunció en la arenga con que dio fin ala manifestación pública de su gran autoridad, que la cemi-sión real que le fue confiada no se reducía al caso Arriaga,sino que abarcaba a los corregidores en general; todos ellos

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culpables de la sevicia de los indiob y de la explotación delos criollos.

Con la ejecución de Arriaga comienza, en realidad, lagran rebelión de 1780. Desde ese momento no hay carninode retorno iii sirve de nada ocultar los propósitos inmedia-tos. Todo lo contrario: lo que importa, es asestar golpes conla mayor rapidez posible. En efecto, al día siguiente de laejecución de Arriaga, el 11 de noviembre de 1780, TúpacAmaru marchó sobre Quiquijana, capital de la provincia deQuispicanchi, en el valle de Vilcomayo. Llegó allí e. la ma-drugada del día doce. El corregídor Fernando Cabrera, dequien quiso hacer justicia, había huido, así que, después deoír devotamente la misa, contramarchó a Tungasuca. En sucamino de regareso era recibido Túpac Amaru por los curasen su preiendido carácter de representante real- con capasde coro, cruz alta y palio. Disponemos, afortunadamente, deun relato auténtico de tal recepción.

"Corista -se dice allí- cómo habiendo llegado al pueblode Andaguailillas lo salió a recibir el cura, y llegando al pie delas gradas del cementerio subieron cuatro o cinco sacerdo-tes, todos vestidos de capas de coro con una. cruz y, el ace-tre de agua bendita, con palio, bajo el cual lo recibieron,haciéndole besar la cruz y dándole el agua bendita, y entróde este modo hasta el altar mayor, y le descubrieron a nues-tro Amo y Señor Sacramentado, rezando la estación mayorlos sacerdotes y cantando otras oraciones, y para cerrar anuestro amo le tomaron la venía al rebelde."

Recepción, realmente, de un monarca. Pero un tal Gre-gorio Sánchez, cura osado, como solían serlo los de aquella

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época, le envió una insolente carta en la cual le negaba elderecho de ser recibido, con honores de monarca poniendotambién en duda el carácter real que se atribuía. Túpac Ama-ru, que en los comienzos de la rebelión, a toda costa quisoaparecer como representante de su Majestad Católica. creyónecesario contestarle. Se le atribuye por ello falta de sentidopráctico, puesto que, cuando todo apremiaba para obrar conmáxima celeridad, perdía tiempo en recepciones pomposas yen escribir -más bien en ordenar que se escribieran- cartassobre asuntos sin importancia. Empero, de lo dicho másarriba resulta algo, en cierto sentido, diferente y acaso nadabaladí.

De vuelta a Tuñgasuca, su capital, Túpac Amaru dirigíala actividad insurreccional enviando cartas a los caciquesprincipales en las cuales les encargaba, en nombre del rey, ladetención de los corregidores y la declaración de que esta-ban extinguidos estos empleos y los repartos a ellos inhe-rentes.

2. La victoria de Sangarará y la retirada del CuzcoDe los sucesos acaecidos en el valle de Vilcomayo y en

el autoridades del Cuzco se enteraaltiplano que lo circundalas ron el 12 de noviembre de los fugitivos el corregidor deQuispicanchi, Fernando Cabrera, y el cacique de Acomayo,Evaristo Delgado. Es fácil imaginarse que la noticia provocóla agitación máxima del ambiente y fue motivo de una acti-vidad febril en la antigua capital del incanato, convertida encentro administrativo y eclesiástico hispano de unos 25.000habitantes. El corregidor del Cuzco, ~ernando Inclán Val-

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dez, en vista de la gravedad de la situación, formó una Juntade Guerra y confió el mando de las armas al sargento mayorJoaquín de Valcárcel, uno de sus miembros. Este últimoinstaló su cuartel general en el convento de los jesuitas ex-pulsos, pues temió un asalto por parte de los elementossimpatizantes con Túpac Amaru, y, estableció un servicio devigilancia en torno a la ciudad y en sus barrios habitados porindios. De inmediato también fue avisado el virrey de losucedido. A las 3.15 del día trece -según lo destaca un do-cumento- un emisario especial salió a Lima llevando el oficioen el que "toda la Junta y todos los vasallos fidelísimos" leprometían no escatimar ningún sacrificio en defensa del"dominio del Rey". Pero, como suponían que la: rebeliónabarcaba varios corregimientos, pedían urgente socorro.

Paralelamente- con esa febril actividad de las autorida-des civiles, obraban las eclesiásticas. En una reunión del cle-ro secular y regular, convocada por el obispo Moscoso yefectuada en su residencia, como primera medida, se resol-vió reunir la suma de 25.000 pesos fuertes para los fines dela guerra contra Túpac Amaru. El prelado y gestor delacuerdo contribuyó con 4.000 pesos, el prefecto de losbetlemitas con 2.000 y otras corporaciones religiosas condiferentes sumas cuyo monto, sin embargo, me es descono-cido. Pero así como el obispo no limitó su actividad a laayuda pecuniaria al rey, tampoco la restringieron a ella lascorporaciones religiosas. Los betlemitas, por ejemplo, cons-truyeron varios rejones para armar a sus sirvientes y, ademásde su contribución ya mencionada, donaron o prestaron1.000 pesos y 100 vacas.

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En lo que se refiere al obispo Moscoso, cabe señalar eneste lugar que se dirigió, el 14 de noviembre de 1780, conuna carta circular a los curas, cuya recepción por éstosconsta en el mismo documento, ordenándoles que perma-neciesen en sus parroquias a fin de combatir la rebelión. Noobstante ello, con una rara predilección maquiavélka, se si-gue hablando del "tupamarismo" de Moscoso y de su apa-rente actividad en favor de las armas reales que en realidadtraicionaba.

Según se ve, Cuzco estaba he¿ho un hormiguero en elque se tomaban las más diversas medidas contra TúpacAmaru. "Dio cimas a estas activas diligencias -según un au-tor bien informado.- la resolución que se adoptó de impedirque la rebelión tomase mayores proporciones. Al efecto seordenó a Cabrera, corregidor de Quispicanchi, que juntasesus milicias y esperase en Oropesa a D. Tiburcio Landa conuna compañía. Los caciques de ese lugar, Sahuaraura y Chi-llitupa, reunieron 800 hombres entre indios y mestizos, yalgunos vecinos distinguidos del Cuzco se plegaron tambiéna la expedición. Landa llevaba la orden de esperar en Hua-yrapata los refuerzos que se estaban organizando; pero lasexcitaciones de Cabrera, que lo acompañaba y que estabaansioso de recobrar lo que había perdido, así como la impa-ciencia imprudente de los soldados, que se sentían «movidosdel espíritu y valor queles alentaba, o envidiosos de la gloriade triunfar de un enemigo que no consideraban poderoso asus esfuerzos» indujeron a Landa a avanzar sin tardanza alencuentro del enemigo, así lo hizo, llegando el 17 a la aldeade Sangarará, a cinco leguas de Tinta. La división compuesta

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de 1.200 hombres (debe tratarse de un error, luego se da lacifra de 604) pernoctó acampada en la plaza,- se colocaronvigías y centinelas, pero como los exploradores regresarondiciendo que todo estaba tranquilo, todos se abandonaron aldescanso. con la resolución (le batirse al día siguiente. A las4 de la mafiana del 18, los centinelas dieron el alarma. habíanevado, y cuanio Landa reconoció el campo, vio que se en-contraba rodeado por una fuerza considerable de indioshostiles. Landa se replegó con sus fuerzas a la iglesia dondetambién se refugiaron eÍ cura, su ayudante y 30 mujeres, casitodas indias. Túpac Amaru lo intimó que capitulase, lo queLanda rechazó. «Segunda ~,ez escribió c-arta al cura paraque saliese de la iglesia con su compañero, consumiendo aNuestro Amo. Viendo que no había respuesta. mandó decirTúpac Amaru saliesen de la iglesia todos los criollos y muje-res. Con esta propuesta quisieron practicar la salida muchosde los criollos y la embarazaron con espada en mano, ha-ciendo muchas muertes y violando el templo del Señor detal modo que el cura se vio obligado a enviar recado a TúpacAmaru para que contuviese aquel desorden. Poco después lapólvora que tenían dentro de la iglesia se prendió y no sesabe si con la ayuda de algún cañón voló una parte de latechumbre y se desplomó un pedazo de pared. Descubiertaésta, dispararon un cañón a la parte donde estaba TúpacAmaru, inmediata al lienzo caído y murieron siete indios deltiro. Pelearon valerosamente los europeos y particularmenteEscajadillo y Landa- el primero saliendo de la iglesia conpuñal y pistola con igual destreza, hasta que le faltaron lasfuerzas por los muchos garrotazos que caían sobre él- y el

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segundo murió atravesado por una lanza, en la porfía dequerer sacar con violencia al que se había pasado él en resis-tir este impulso. De los 604 sólo quedaron 28 heridos, todoscriollos, a los que hizo curar Túpac Amaru, dándoles libertadpara que se fuesen: los restantes 576 murieron, entre ellosveinte y tantos europeos, de los conocidos apenas se darazón. De los indios murieron 15 y quedaron heridos treintay tantos». Después de la lucha que duró hasta las once deldía mandó Túpac Amaru 200 pesos al -cura para que ente-rrase los cadáveres ofreciendo que él se encargaría de restau-rar el templo. El capellán de la expedición, don JuanMollinedo, cayó prisionero con otros, pero Túpac Amaru lodejó en el acto en libertad y le permitió regresar al Cuzco."

He citado el precedente relato no sólo por su vívidadescripción del hecho de armas más resonante en los co-mienzos de la rebelión, sino también porque ofrece caracte-rísticos detalles de la estrategia de Túpac Amaru. Si ésta fueexcesivamente formulista o producto de la indecisión delrepresentante de la progenie quechua, difícil es decij. Si bienno cabe duda que perseguía fines propagandísticos.

Ahora bien, a consecuencia de la batalla de Sangararádurante la cual -como hemos visto- los realistas deshonraronel templo, el obispo Moscoso excomulgó a Túpac Amaru ysus partidarios, dando por motivo "el atroz delito de incen-diarios de Sangarará y sus profanadores". La jefatura realistaadvirtió bien el efecto que podía tener el anatema contraTúpac Amaru y su causa. De inmediato, pues, mandó publi-car un bando en cuya parte inicial decía:

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"Que por cuanto es preciso sostener por cuántos me-dios se nos presenteñ la Religión Católica que por la miseri-cordia del Altísimo profesamos, y como cristianosprotestamos vivir y morir por ella, dando el culto divino alas imágenes sagradas, las que se sabe haber sido ultrajadaspor José Gabriel Túpac Amaru y sus faccionarios, y se veri-fica por el suceso acaecido en la iglesia del pueblo de Sanga-rará, la que con desacato e irreverencia notoria, estandocolocado el Santísimo Sacramento, vio incendiar y la dejópor la efusión de la sangre."

A renglón seguido de tan grave acusación que, por símisma, debía bastar para restarle fuerzas al caudillo rebelde,el jefe español creyó conveniente y digilo atiaerse a los in-dios y los mestizos mediante promesas dadivosas, las mis-mas que infructuosamente gestionó Túpac Amaru antes delanzarse a la actividad insurreccional. les decía:

"Y en atención a que los naturales indios los ha tratadoy nurado nuestro Rey Católico con benígnidad y piedad,como lo manifiestan sus leyes y, ordenanzas reales, se pro-testa en su Real Nombre que se les guardarán sus privilegiospuntual y exactamente, cumpliendo con la intención de suMajestad, la cual es que no paguen diezmos en este obispa-do, porque así se declaró por sentencia definitiva en vista yrevista' de esta Real Audiencia de Lima y después se confir-mó por su Majestad, lo cual está en los libros de este cabil-do. Asimismo quedarán libres de repartimientos decorregidores desde ahora, ni están obligados a pagar lo quese ha repartido por dichos corregidores, y en lo posterior noserán vor ningún motivo presos en obrajes, puesto que así lo

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previener. las disposiciones legales que hablan sobre la mate-ria; ni pagarán obvenciones en observancia de la real cédulapublicada en estos dominios, la que no se ha abolido y antesexiste su tenor y fuerza. Y se les promete a los mestizos elbeneficio de que no paguen alcabala, ni derechos de aduana,y que gozarán de esta franqueza 3, libertad los susodichos,sus hijos y descendientes."

Túpac Amaru asimismo aquilató el peligro que para élsignificaba la excomunión. Por una parte, pues, se servía dela fuerza contra los curas que contra él predicaban y arran-caba los cedulones sobre su excomunión,- y por la otra,usaba métodos persuasivos y propagandísticos. El 22 denoviembre dirigió una circular a los curas del territorio quehabía conquistado, asegurándoles solemnemente que su po-lítica, de ningún modo, era contraria a la Iglesia o el sacerdo-cio. Insistió también en que ella tendía solamente a "destruirel temerario abuso y perversa costumbre de repartos y de-más pechos que amenazaron a todos, sin contravenir nimenos invertir nuestra santa fe y costumbres cristianas, aque estamos obligados todos". Su empeño propagandísticosolamente fue eficaz en el campo indíge na. En cuanto a loscriollos, su posición se hizo aún más vacilante que en losprimeros días de la rebelión. Y la Iglesia, pese a todo, nosólo lo repudió sino que lo combatió con todos los medios asu alcance. No se trataba de tal o cual crimen realmentecometido o atribuido a los indios, sino del hecho mismo derebelarse contra un rey católico y un poder establecido. Elobispo Moscoso, en su carta del 17 de noviembre de 1780,expone esto claramente al virrey Jáuregui: "Exhorté a todos

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los eclesiásticos seculares y regulares, diesen a entender a losfieles, en púlpitos y conferencias, la obligación que tienen deinantenerse obedientes al Monarca, no entrando en la crimi-nosa facción; les hice presente sus deberes de tomar, en estecaso, las armas todos los eclesiásticos para resistir al rebelde,y ofreciendo las rentas de la Mitra para comprarlas y losdemás gastos que fuesen necesarios."

Luego de la batalla de Sangarará -como afirmari varioscronistas y según creía Micaela Bastidas, su esposa- TúpacAmaru hubiera podido apoderarse del Cuzco, lo que equi-valdría a un triunfo militar muy grande para su causa, aunqueno decisivo. Pero después de la victoria del 18 de noviem-bre, teniendo abierto el camino hacia la capital del antiguoimperio incaico, regresó a Tungasuca, llevando los despojosde la victoria sobre los españoles: 400 fusiles, pistolas, esme-riles y sables. No creo que este hecho se deba únicamente alespíritu poco práctico del representante de la raza quechua.Seguramente intervinieron en su resolución razones militaresy políticas, en primer término, la esperanza de obtener elsometimiento del Cuzco por medios pacíficos, puesto queallí contaba con muchos adherentes.

Ahora bien, desde el 24 de noviembre en que el virreyde lima recibió las alarmantes noticias acerca de la rebelión ylos urgentes pedidos de socorro, éstos conienzaron a serenviados. Además, en vista de la gravedad de los sucesos,Jáuregui formó una Junta Extraordiriaria presidida por élmismo e integrada por el Visitador general José Antonio deAreche, por el Inspector general José del Valle y por miem-bros de la Real Audiencia. La Junta -que en aquel entonces,

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sin embargo, no apreciaba todavía la magnitud del peligro-no se decidía a tomar medidas extremas. Con todo, resolvió-sin esperar la decisión del rey- declarar abolido el reparto delos corregidores, considerado la causa principal de la rebe-lión. Aceptó también el ofrecimiento del Visitador generalde encabezar personalmente la campaña contra Túpac Ama-ru y designó al mariscal José del Valle comandante militar.El oidor Benito de la Mata Linares fue nombrado auditor,don Fernando Saavedra comisario y el coronel AntonioBorda quedó encargado de una bien provista caja militar.

Mientras en Lima se deliberaba y se enviaban refuerzosmilitares, el pánico cundía en el Cuzco, que desde el 28 dediciembre estaba acosado por Túpac Amaru. En la viejacapital del incanato se formaron dos bandos: uno, dispuestoa aceptar las exhortaciones del jefe rebelde y entregarle laciudad; y otro, decidido a no cederle terrerio. La Junta Ex-traordinaria, avisada de la existencia de una corriente tanpeligrosa, incluso en el seno de la Junta cuzqueña, ordenótomar las más enérgicas medidas contra los contemporiza-dores y adherentes delinca.

Esto, mientras no llegaban grandes refuerzos, influyópoco en el ánimo de la población, una parte de la cual pro-curaba huir del lugar del peligro y otra engrosaba las filasrebeldes. La Junta Extraordinaria ordenó, pues, que no sepermitiera "salir de la ciudad, ni ausentarse de ella, duranteestas turbaciones a ningún vecino, haciendo publicar penade la vida al que lo contrario hiciere".

Mentras tanto Túpac Amaru, en el deseo de no enaje-narse la voluntad de los criollos cuzqueños por causa de una

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acción bélica, y alentado por la esperanza de lograr una ren-dición incruenta, perdía un precioso tiempo en enviar em-bajadas al obispo y al cabildo de la ciudad. Además de lasrazones ya dichas, Túpac Amaru, jefe de un ejército sitiador,cumplia con una costumbre de la época, porque así se loimponía su conciencia de inca y porque tenía sumo interésen obtener el mismo trato. Lo que, por supuesto, no logró,porque los españoles no lo consideraban parte militar, sinosimplemente sublevada. La embajada enviada por TúpacAnlaru al cabildo del Cuzco el 3 de enero de 1781, cuandolos realistas ya habían recibido el primer refuerzo militar,llevaba un oficio en el que, además de insistir en la impor-tancia de su persona, conlo "la única que ha quedado de lasangre de los incas, reyes del Perú", destacaba que ello lo "haestimulado a procurar por todos los medios a que cesen lasabusivas introducciones", mencionarido concretamente "laesclavitud en que se hallaban los naturalez, de este reino,causada por los corregidores y otras personas, que apartadasde todo acto de caridad, protegían estas extorsíones contrala ley de Dios".

Cómo los embajadores de Túpac Amaru fueron trata-dos por el cabildo no lo sabemos. En cambio, conocemoslo que sucedió en la entrevista de uno de ellos, don Bernar-do de la Madrid, con el obispo Moscoso. Nos informa deello un documento de la época en los términos siguientes:

"Para el avance primero a la ciudad, adelantó el rebeldesu embajador. Este individuo así caracterizado, le habló alIlustrísimo Sr. Obispo en estos términos: -Que venía departe del Sr. D. José Gabriel Túpac Amaru Inca, a decirle

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que desea no proceder contra ninguno de los patriotas, niinferir agravio en aquella ciudad- pero siempre que una neciapreocupacion dirigiese sus paisanos contra él, tenía resueltopasarlos a cuchillo; así se explicó D. N. La-Madrid les unerror, su nombre era Bernardo de la Madrid de.naciónmontañés. E incorporándose aquel Ilustrísimo Prelado, des-pués que no le perdió una palabra de su razonamiento, lecontestó: -Que se quitase de delante antes que el fuego de suindignación pegase en un individuo tan atrevido: y que se ledijese a ese rebelde que la ciudad tenía vasallos muy fieles aS. M. para castigar su atrevimiento, como lo -experimentaríamuy en breve. Con esto lo despidió."

Tan convencido estaba Túpac Amaru de su enorme as-cendiente en el Cuzco que, pese al fracaso de sus primerosenviados, mandó segundos. Pero tampoco obtuvo resultado.Quedó, pues, sólo el camino de la guerra,

El combate decisivo por la posesión del Cuzco comen-zó el 8 de enero de 1781. Transcurrió en la forma siguiente:

"El 8 se dio una batalla sangrienta en los suburbios y enlas alturas, que duró dos días y en la cual se distinguió unfraile dominico, fray Ramón Salazar, que parapetado detrásde un peñasco, prestó servicios positivos cor su fusil, con-tribuyendo a introducir confusión entre los indios. El cabil-do del Cuzco da cuenta de este combate en los términossiguientes: «Se pusieron todas las tropas sobre las armas paraocupar los puestos convenientes, y a las once del día co-menzó el combate con aquella anticipada y prevenida gente,se aprontó luego la compañía del Comercio, que se le man-dó subir al cerro (de Picchu) con el coronel agregado D.

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Isidoro Guisasola y D. Francisco Morales, que la habíaninstruido. Esta compañía se manifestó dispuesta a operarcon valor y esfuerzo, de que se tuvo satisfacción, por com-ponerse la mayor parte de ella de hombres de honor, co-merciantes de alguna posibilidad y otros dependientes deeste gremio, toda gente española que tenía ya acreditado sudesempeño, y hallándose municioriada, quiso anticipar sumarcha con conocido ardor, que no se le permitió hastacomunicar a su, Jefes el orden que debía observar, y recibidoéste se dirigió al cerro, en cuya subida guardó la unión y lasosegada forma con que debía hacerlo, por no rendir lasfuerzas con que necesitaba ponerse al frente del enemigo,operar luego con su inayor vigor. Mandóse guarnecer con lacompañía de voluntaríos, que constaba de 80 fusileros, elimportante sitio y puente de Puquín, al cargo y cuidado desu capitán, el coronel D. Pedro Echave, y apostándose Jatropa de caballería del regimiento de la ciudad, del mando desu coronel marqués de Rocafuerte con el cuerpo de caballe-ría ligera del coronel Allende y la gente que se retiró de laprovincia de Quispicanchi, con D. Pedro de Concha, en losparajes de Belén y Guancaro, se formó una línea que abra-zaba los sitios por donde el ejército enemigo podía intentarsus avances, quedando las demás compañías del regimientode infantería de esta plaza al cargo de su coronel D. ManuelTorrejón con los de Tardos de Lima' y demás tropas auxilia-res de resguardo a los movimientos que pudiese intentar elcrecido vulgo. Llegó repentinamente y se presentó en el sitionombrado Guancaro el numeroso auxilio de 8.000 hombresque aprontó el corregidor de Paruro, D. Manuel de Castilla,

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con el fiel cacique de Huariquite, D. Antonio Pardo de Fi-gueroa y Eguiluz, sujeto digno de aprecio por su lealtad, queacompañando siempre a su coiTegidor con sus indios, cum-plió con sus deberes en todas las expediciones. Este gravisocorro, en tiempo tan oportuno, alentó a nuestras tropas yobservándolo todo el enemigo aminoró su arrogante denue-do; mantuviéronse en el mismo paraje de Guancaro y sirvie-ron de cuerpo de reserva. Subió al cerro mucha gente sueltade esta ciudad, sin reservarse muchachos y mujeres, queauxiliaban con piedras, bastimento y bebidas a huestros in-dios fieles que acompañaban a Laysequilla, quien alentando asu tropa y la de los famosos caciques, hacía una vigorosadefensa contra la muchedumbre de los indios que lo fatiga-ban. Llegó a la cumbre del cerro la compañía del Comercio,y tomando la formación que convenía para operar contra elenemigo, adelantó una cuarta parte de ella por el más aco-modado sitio para hacer sus descargas desde donde alcanza-se el fusil Y la ejecutó tan pronta y acorde que logró suempeño, lo que puso en confusión al enernigo»."

Éste, al día siguiente, se retiró de los alrededores delCuzco. La "fuga" del ejército indígena el 10 de enero de1781, y el hecho de no haber atacado la ciuJad del Cuzco afines de noviembre de 1780, por lo general, son presentadosde la misma manera: como efecto del carácter "soñador ypoco práctico" del representante de la progenie incaica. Lainclinación de ciertos autores de exagerar desmedidamentela importancia de factores psíquicos hereditarios, al agregar alos relatos históricos -con frecuencia mu3, parciales- unanota propia, deforma aún más los hechos.

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Hay algunos enigmas en la conducta del inca rebelde.Pero el misterio de su retirada del Cuzco puede ser aclarado,gracias a un documento muy importante redactado, proba-blemente, por un actor tan destacado de aquellos sucesoscomo el oidor Tadeo, Diez de Medina, quien afirma que aTúpac Amaru "se le presentó toda la fuerza que no pensabatuviésemos, y al mismo, tiempo divisó del alto la tropa denueve mil indios y mestizos en el precedente documento sehabla ocho mil) con que nos ha socorrido la provincia deParuro, cue a su vista entró conmovida del cura de Colcha,el doctor Feliciano Paz".

La aparición del destacamento del cura Feliciano Paz enel transcurso de la batalla del Cuzco no sólo preocupó al jeferebelde, sino que provocó una deserción de sus filas. Ade-más, esto era no menos grave, experimentó toda una seriede reveses causados por actos de sabotaje. Tales actos ha-cían ineficaces numerosas de sus previsiones más seguras,provocando el desaliento entre su indiscip1miada tropa,Pero hubo algo más, algo que tiene sabor a una moderna,proselitista, explicación de los hechos, y que, sin embargo,figura en el documento atribuido a Tadeo. Diez de Medina.Según este duro juez, Túpac Amaru dio al cura de Acomayola siguiente explicación sobre su retroceso del Cuzco:

"Que se había retirado de la ciudad, porque le pusieronen las primeras filas por carnaza a los indios, y por haberseacobardado los mestizos que manejaban los fusiles."

Con el revés que experimentaron las armas de TúpacAmaru en el Cuzco, la sublevación estaba lejos de extinguir-se. Por el contrario, abarcaba cada vez regiones más vastas

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de los virreinatos del Perú y del Plata y comenzaba a expan-dirse en el Virreinato de Nueva Granada.

3. El Visitador español y el inca rebeldeSe acercaba la batalla definitiva de Tinta, Tenía Túpac

Amaru alrededor de su capital un ejército numeroso,- perosin disciplina, fácilmente desbandable y cun muy pocas ar-mas de fuego. En el asedio del Cuzco su ejercito era numéri-camente superior, mas adolecía de los mismos defectos, loque no se toma, generalmente, en cuen ta cuando se desta-can las vacilaciones del último inca.

La acción bélica de los realistas en gran escala comenzóel día 23 de febrero, con la llegada al Cuzco del Visitadorgeneral José Antonio de Areche y del Inspector general Josédel Valle. Tenían éstos a su disposición un ejército de 17.116hombres, y ya se respiraba otro aire en la ciudad, aunque-según he advertido- la rebelión seguía expandiéndose conun ardor inusitado.

Los jefes superiores de las fuerzas realistas, que queríanreprimirla lo más rápido posible, no se satisfacieron con lasmedidas militares solamente. Para mejor éxito de estas me-didas, trataban 'ustamente de introducir un cisma entre lossublevados.

No era la primera vez que ensayaban semejante método.Ya lo había practicado la Junta de Guerra del Cuzco despuésde la derrota de Sangarará, según lo hemos visto más arriba.Ahora, confirmando el band3 de la Junta de Guerra sobre lasupresién del reparto de los corregidores y de los diezmos,se publicó un perdón general para todos los comprometidos

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en los sucesos insurreccionales, menos los cabecillas. Caberecordar que para el mismo fin de sembrar cizaña entre losindios y los criollos había excomul gado el obispo Moscosoa Túpac Amaru. Pero el rebelde no se quedaba atrás én estesentido y declaraba siempre que su lucha no iba dirigidacontra los españoles americanos, sino contra los "europeosladrones"; y que el clero y las órdenes gozarían de todas susprerrogativas, aunque los otros europeos no serían tolera-dos.

Túpac Amaru tuvo más éxito en la propaganda que losespañoles; lo confirman muchos escritos de la época. Perorara vez estaba en condiciones de transformar el éxito pro-pagandístico en hechos reales. En cambio, los realistas, gra-cias a su buena organización, sabían aprovechar bien lamenor brecha abierta en las filas indígenas. Mas no cabeduda que Túpae Amaru tuvo excesiva confianza en el poderpersuasivo de sus argumentos, o creía que proviniendo de éltenían valor especial. Pero r,"erto es que, al ser expuestos alos dignatarios españoles, servían también para los finespropagandísticos, según surge del extenso escrito del 6 demarzo de 1781, analizado en el primer parágrafo del capítulocuarto. Este escrito, que redactó su secret¿rio FranciscoCisneros sirviéndose de argumentosdesacos 1 ~ rnbrados enel lenguaje tupamarista, pero cuyos "puntos" fijó TúpacAmaru, si bien muestra la elevación de su espíritu, evidenciaasimismo un desconocimiento del carácter duro e inhumanode Areche, como también de la misión que éste, como jefede las fuerzas destinada-, a reprimir la rebelión, tenía quecumplir.

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Son insólitos, además, los argumentos del aludido es-crito, en que Túpac Amaru aparenta ignorar -cosa absoluta-mente imposible- que la ejecución del corregidor Arriaga ylas otras medidas de guerra, gobierno y justicia por él toma-das contradecían las más elementales reglas de cualquierorden establecido. Y sin embargo, finge que nada reprensi-ble legalmente hay en sus actos. Incluso afirma que en sutentativa de apoderarse del Cuzco -su más resonante hechode armas- el propósito que lo animaba no fue "maltratar niinquietar sus moradores; mas los interesados corregidoresfiguraron que yo iba a demoler la ciudad, cuyo hecho eradirectamente contra la real corona de España del Rey miSeñor", en una palabra, no él, sino los malditos funcionarioscoloniales procedieron en contra de los intereses de la mo-narquía, evidentemente, para el representante de esa monar-quía, un argumento totalmente falto de sentido. Pero en loque Túpac Aniaru muestra verdadero sentido humanitario yautélitica pasión por la causa que su nombre simboliza, es enla defensa de los indígenas. Dice:

"Un humilde joven con el palo -y la honda -,- un pastorrústico, por providencia divina, libertaron al infeliz pueblode Israel del poder de Goliat y Faraón: fue la razón porquelas lágrimas de estos pobres cautivos dieron tales voces decompasión, pidiendo justicia al cielo, que en cortos añossalieron de su martirio y tormento para la tierra de promi-sión. Mas ¡ay! que al fin lograron su deseo, aunque con tantollanto Y lágrimas. Mas nosotros, infelices indios, con mássuspiros y lágnimas que ellos, eri tantos siglos no hemospodido con seguir algún alivio- y aunque la grandeza real Y

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soberana de nuestro monarca se ha dignado librarnos con sureal cédula, este alivio y favor se nos ha vuelto mayor sosie-go, ruina temporal y espiritual. Será la razón porque el Fa-raón que nos persigue, maltrata y hostiliza no es uno solo,sino muchos, tan inicuos, de corazones tan depravados,como son los corregidores, sus tenientes, cobradores y de-más corchetes,- hombres por cierto diabólicos Y perversos,que presumo nacieron del lúgubre caos irifernal, y se susten-taron a los pechos de arpías más ingiatas, por ser tan impíos,crueles y tiranos, que dar principio a sus actos infernalessería santificar en grado muy supremo a los Nerones y, Ati-las, de quienes la historia refiere sus iniquidades, y de sólooír se estremecen los cuerpos y lloran los corazones. Enéstos hay disculpa, porque al fin fueron infieles; pero loscorregidores, siendo bautizados, desdicen del cristianismocon sus obras, y más parecerían ateístas, calvinistas y lutera-nos, porque son enemigos de Dios y de los hombres, idóla-tras del rro y la plata. No hallo más razón para tan inicuoroceder que sei los más de ellos pobres y de cunas muy ba-jas.

Luego de esa afirmación aristocratizante, y de la referen-.cia a las protestas de obispos y cabildos contra la seviciaindígena, cita las leyes de Indias en que se manda que, encaso de rebelión, se procure atraer con suavidad a los natu-rales. A pesar de que, a primera vista, puede parecer quepide un trato misericordioso pensando entregarse a las auto-ridades españolas, en realidad, nada de eso hay, salvo unnuevo argumento contra los corregidores y otros funciona-rios coloniales. A continuación pasa a examinar los. cargos

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que se le formulan: 1) de que él y los suyos se proponpnapostatar de la fe cristiana y volver a la antigua religión incai-ca y 2) de que su finalidad es declararse rey.

Al primer cargo contesta que no él sino los corregidoresson quienes "del todo desechan los preceptos del Decálogodesprecian los preceptos de la Iglesia y sus santos sacramen-tos, vilipendian las disciplinas y penas eclesiásticas. nunca seconfiesan porque están con el robo en la mano", etcétera,etcétera.

Al segundo asimismo responde que son los corregidoresquienes se oponen al rey de España, porque "tienen indiosyanaconas asistentes, de éstos tales y cuales pagan tributos, ylos más son vagos tienen, además, otras granjerías ilegales.Naturalmente, Túpac Amaru se escapa por la tangente, sindar una respuesta más o menos concreta a las acusacionescontra él lanzadas, lo cual no le impide sostener lo siguiente:

"De estos dos capítulos infiera US. si los indios o loscorregidores son apóstatas de la fe, traidores al Rey. Mal secompadece de que seamos como ellos nos piensan, cuandoen ellos se verifican las razones predichas, luego ellos debenser destruidos a fuego y sangre en el instante; luego matandonosotros a los corregidores y sus secuaces hacemos grandesservicios a su Majestad, y somos dignos de premio ycoi-espondencia; mas como ellos con sus cavilaciones y em-peños figuran las cosas a su paladar, sierrpre nos hacen dig-nos de castigo."

Ciertamente, extraño razonamiento en un oficio a unVisitador general que viene a terminar con la justicia queTúpac Amaru ejecuta por sus propios medios y sin tomar en

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cuenta la legislación vigente. Pero más contradictoria aúnresulta -tal vez debido a la redacción de Cisneros- la conclu-sión final:

"Para mayor prueba de nuestra fidelidad que debernosprestar a nuestro Monarca, ponemos nuestras cabezas ycorazones a sus reales plantas, para que de nosotros deter-mine y haga lo que fuere de su real agrado y tuviese porconveniente; que como somos sus pobres indios «que he-mos vivido y vivimos debajo de su real soberanía y poder,no. tenemos adonde huir, sino sacrificar ante estas sobera-nas aras nuestras vidas, para que con el rojo tizne de nuestrasangre quede sosegado este real pecho». Y si en el de haberenviado embajadores con papeles que se quieran juzgar co-mo disonantes a las regalías del Rey mi Señor, castíguesemea mí sólo, como a culpado, y no paguen tantos inocentespor mi cqusa; que como hasta hoy no había ninguno departe de mis paisanos que pusiese en práctica todas las realesórdenes, me expuse yo a defenderlos, poniendo en peligromi vida- y si esta acción tan heroica que he hecho en aliviode los pobres provincianos, españoles e indios, buscando deese modo el sosiego del Reino, el adelantamiento de losreales tributos, y que no tenga en ningún tiempo opción aentregarse a otras naciones infieles, como lo han hecho mu-chos indios, es delito; aquí estoy para que me castiguen, sóloal fin de que otros queden con vida y yo solo con el castigo;pero ahí está Dios, quien con su grande misericordia meayudará y remunerará mi buen deseo."

A pesar de sus flagrantes contradicciones, a la aparentehumildad y fingida fe en el monarca y su enviado, un docu-

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mento lleno de dignidad. A ello le contestó Areche el 12 demarzo de la manera más dura. Le decía que era conducidopor un "mal consejero" -sin precisar, empero, a quién serefería, y que no le restaba otra cosa que entregarse incondi-cionalmente para recibir el castigo correspondiente, en talcaso quizá menos duro. Al propio tiempo le enrostraba:

"Toda esta carta la veo puesta sin aquella sinceridad ydeclarado buen fin que debía traer; y deduzco de sus expre-siones que está Ud. mal gobernado; que tiene aún muy tibioel conocimiento de sus crímenes, y que aún no le pesan lascadenas que arrastra, como espero será muy en breve, masno obstante me haré cargo de algunos de sus artículos, opuntos por menor, pues son a Ud. muy útiles los instantes,si quiere volver a Dios y restituir al Rey la obediencia que letiene violada, sustrayéndole de ella los vasallos que le haconcedido el cielo, para que los mire, como los ha miradosiempre. derramando sobre ellos sus piedades."

A continuación lo apostrofaba:"Usted ha fingido, según sus edictos y seducciones con-

vocatorias, que tiene auténticas órdenes para matar corregi-dores, sin oírlos ni hacerles causa, para quitai a los indiostoda pensión, aun las justas. Usted ha promulgado bandosobre la muerte de los europeos, y U. en fin ha señalado entoda la clase de sus papeles unas cláusulas llenas de horror yde injusticia, de inhumanidad y de irreligión; y con todo noquiere que se le tenga por sacrílego, por apóstata y por re-belde. Además de esto, U. por una sentencia tan terrible, ytan severa y respetable, se halla privado de la comunicaciónde los fieles, y se trata como si no lo fuera, haciendo escar-

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nio de unas armas eclesiásticas con que defiende sus inmu-nidades la religión, el santuario, su iglesia y sus venerablespastores; y al ver que no se corrige y arrepiente, quiere queno se le note y tenga por apóstata de la comunión de lossantos y de los hijos de Jesucristo. Despierte U. Túpac Ama-ru Y aconseje al traidor, que abusa de su índole, que no lehaga pisar tan escandalosamente como pisa las líneas santas,que separan la virtud del crimen, la fe del honor y la venera-ción de la desobediencia."

Y se atrevió a exhortarlo:"Túpac Amaru: vuelva U. la cara a la desolación en que

ha puesto a todo el territorio invadido. Cuente U. con laimaginación de los muchos miles de muertos que ha causa-do. Medite U. el fin que habrán tenido estas miserables al-mas, seducidas con tantos errores como les han inspiradosus jefes a su nombre,y U. por sí propio para atraerlos a sudesgracia, y acaso a su condenación eterna, como es casipreciso pensar a la vista de su causa y del estado en que loscogió la muerte, y combinando todo con seriedad y circuns-pección que merece, deduzca U. luego si hubiera sido mejorsufrir un poco más los males antiguos, interceder con Diospara que los remediase e informar a los altos íefes de la Na-ción, con el fin de que no pasasen adelante."

Luego le informa que ya está suprimido el reparto de loscorregidores y que ya hay dadas órdenes "para extinguir mi-tas, para que los obrajes sean unos laboratorios abiertos ydonde nadie esté sin voluntad, siendo -ustamente pagado”de lo que gane.

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Al final de su carta tiene el valor de aconsejar a TúpacAmaru que traicione a su gente. Concretando su vil pro-puesta, le dice: "Si usted toma este consejo, y este medio, lepuede servir para venirse en derechura seguro, y sólo con sufamilia, o con alguna persona de ella."

4. La derrotaA mediados de marzo salió del Cuzco el ejército desti-

nado para terminar con la rebelión a sangre y fuego. Secomponía de 17.116 hombres, divididos en cinco columnas,bajo el mando supremo del mariscal de campo José del Va-lle. No deja de ser sintomático que este ejército se compu-siera en su aplastante mayoría de indios "fieles".

El grueso del ejército realista avanzaba paulatinamentepor la región montañosa hacia el oeste del valle de Vilcoma-yo. Túpac Amaru, fingiendo estar decidido a concluir lacontienda el día de San José, en homenaje a su santo quetambién lo era del comandante español, avisó al mariscal quese preparaba a dar el golpe decisivo, lo que obligó a éste apasar sobre las armas la noche del 18 de marzo. Al amanecerdel día siguiente no se encontró huella alguna del ejércitoindígena, cuyo jefe empleó ese ardid para levantar secreta-mente el campo y ocultarse con su gente en las profundida-des de una escondida quebrada. El objeto de Túpac Amaruera dar un golpe de mano contra el ejército realista. Todoparecía contribuir a que su plan -tuviera éxito, pues hastauna tormenta se desencadenó favoreciendo sus planes. PeroDel Valle fue advertido a tiempo por un traidor del campotupamarista, Yanuario Castro, quien -según lo elogia el ma-

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riscal- "huyéndose de los altos cerros de Pucacasa que ocu-paba José Túpac Amaru con su ejército, con peligro de suvida, me avisó la noche del 21 de marzo que el rebelde seproponía sorprenderme, proponiéndose otra catástrofe co-mo la de Sangarará". De tal suerte el ejército español se sal-vó de un desastre seguro, en cambio, el indígena sufrió uncolapso completo el 6 de abril. En vista de esto Túpac Ama-ru intentó ponerse a salvo. Salió con precipitación del cerrode Sangarará hasta la cumbre, a fin de bajar por la parteopuesta y cruzar el río, según parece, de Combapata, a nado.

"Mas habiendo tenido noticia de los mismos indios undocumento muy importante dieciocho mulatos. de la in-fantería de Lima de la retirada del rebelde lo fueron siguien-do con el mayor empeño, pero antes que llegasen a la ori-lla-se echó al río, digo al agua, el Insurgente; y los mulatosempenados en la consecución de su arresto, con el fin deganar los 20.000 pesos (en otro documento se habla de2.000 pesos "con los demás premios y honores que experi-mentará de la magnificencia, quedando, si fuese Webeyo, sinmás que este hecho, por noble con toda su familia") que lossuperiores habían ofrecido al que lo trajese vivo, se arrojaroncon barbaridad al río, cuya corriente rapidísima ahogó a dosde ellos, y los restantes dieciséis llegaron a la otra batida altiempo que el Traidor había hecho fuga en aquellas malezas.Los rrulatos apresaron uno de sus capitanes que lo habíanseguido, y éste, por su libertad, ofreció entregarlo, previ-niéndoles a los soldados que le siguiesen con silencio mien-tras él se adelantaba a llamarlo, para que -viendo su voz sedetuviese. Así se ejecutó, pues a media legua poco mas de

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distancia lo alcanzó, y entretanto consultaba su desgraciacon su capitán, lo asaltaron nuestros mulatos, llevándolopreso a nuestro campo, de donde se -va a conferir con bue-na guardia al Cuzco. Y se le previene al señor Visitador ge-neral remita tropa o salga, si gusta, con ella al pueblo deCalca, a cuyo puesto llegará el lunes 8 del corviente (abril); ydespués que le hayan tomado sus confesiones veremos losresultados de esta tragedia.

“La mujer del Rebelde, sus dos hijos, otros cinco de sufamilia experimentaron la misma suerte de aquél, pues hu-yendo por el camino de Livitaca para salir al de La Paz, fue-ron arrestados todos, con doce cargas de plata sellada, por latropa de la quinta columna al mando de don Francisco Lay-sequilla y el coronel don Domingo Marnara. Sólo falta deesta maldita raza aprisionar a Diego Túpac Amaru, hermanodel traidor; pero se puede inferir con prudencia que susmismos indios lo hayan de entregar, para que paguen todostan enormes delitos que han perpetrado."

Ahora bien, el documento refiere los hechos acaecidoshasta la caída de Túpac Amaru en manos de los mulatos dela Infantería de Lima, debido a la traición de un subordinadoiuyo, pero no menciona el nombre de éste ni da detalles dela trama urdida para llevar a cabo la felonía. Esto se explicaperfectamente, porque se trata de una descripción hecha enel campo de batalla, contadas horas después de la capturadel inca rebelde. Los detalles de nuestro interés figuran, encambio, en el documento atribuido a Tadeo Diez de Medi-na. De tal modo sabemos que el nombre del sujeto que en-tregó al inca era Francisco Santa Cruz, además de capitán de

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las fuerzas indígenas, compadre de Túpac Amaru. El mesti-zo cuzqueño Santa Cruz tuvo como cómplice de su feloníaal cura del pueblo de Langui Antonio Martínez, quien, en sucarta del 6 de abril de 1781 al mariscal Del Valle, se jacta dehaber preparado la emboscada, terminando su misiva conlas palabras "vea useñoría qué bien eché el cartabón".

Del desastre que experimentaron las fuerzas rebeldes sesalvaron, entre otros, los siguientes jefes principales y fami-liares del último inca: Diego Cristóbal Túpac Amaru, AndrésTúpac Amaru (Mendigure) y Miguel Túpac Amaru (Basti-das). Éstos, juntos con el hijo de José Gabriel, Mariano,establecieron su residencia en Azángaro y prepararon fe-brilmente un ejército para apoderarse de los prisioneros,cuando fuesen conducidos a la ciudad del Cuzco.

Del Valle, que tuvo aviso de ello, resolvió asumir perso-nalmente el mando del destacamento que conducía a lospresos. Los llevó hasta el pueblo de Urcos, provincia deQuispicanchi, distante ocho leguas del Cuzco, donde losentregó al Visitador Areche, que había salido especialmentea recibirlos, para dar a su entrada, efectuada el 14 de abril, elcarácter solemne de un acontecimiento extraordinario. Enefecto:

"La milicia se extendió a dos alas desde la plazuela inme-diata a Santo Domingo, que se llama de Limapampa, hasta lapuerta del cuartel (convento de la Compañía de Jesús, luegoUniversidad), logrando toda la ciudad la satisfacción de ver aTúpac Amaru, su mujer, sus dos hiíos y demás aliados queentraron destacados por orden del señor Visitador general.El primer objeto que se les presentó a la vista y se les hizo

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reconocer bastante, fue la horca que les recordó sus malda-des, y castigos que también los han merecido."

Esto en cuanto al espectáculo ofrecido por el Visitadorgeneral, que no quiso ser menos que los inquisidores, quetambién preparaban funciones públicas en ocasión tétricas.Por lo que a los protagonistas del espectáculo se refiere, suaspecto en ese trance supremo lo conocemos a través de ladescripción de un testigo presencial que contaba a la sazónsiete años de edad. He aquí lo que dice:

"Don José Gabriel Túpac Amaru venía sentado comomujer, er un sillón, con grillos a los pies, la cabeza descu-bierta, para que todos lo vieran, traía un unco de terciopelonegro con sobrepuesto de oro, en el pecho tenía pendientepor una cadena una cruz de oro con su Santo Cristo, lasmedias de seda blancas y el zapato de terciopelo negro, elsemblante sereno y el color propio de inca.

"Tras el desgraciado inca venía su mujer, doña MicaelaBastidas, en una mula blanca, sentada sin sillón, sin sombre-ro, para que la conozcan."

El 19 de abril el oidor de la Audiencia de Lárna, doctorBenito de la Mata Linares, en su calidad de auditor de guerradel Visitador general, le tomó a Túpac Amaru la primeradeclaración, sin lograr arrancarle nada de lo que tanto leinteresaba saber, o sea ¿tuvo cómplices entre los criollosprominentes? ¿Contó con la ayuda británica? ¿Quién conti-nuaba la rebelión por él iniciada? ¿De qué manera la organi-zó y en cuánto tiempo?

Los interminables interrogatorios y careos no lograronabatir su espíritu. Y mientras estos continuaban él procuraba

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ponerles fin evadiéndose. El 27 de abril, de noche, cuandoen el antiguo convento jesuítico había cesado la actividadcotidiana, Túpac Amaru entró en conversación con el sol-dado Guevara, su centinela, proponiéndole -a cambio deuna gran suma de dinero-- que entregase a cierta persona untafetán con algunas palabras escritas con su propia sangre.Le pidió también una lima, para poder quitarse los grilios enel momento oportuno. Sea porque otros centinelas lograsenescuchar la conversación, o porque el propio Guevara deinmediato la comunicó a sus superiores, de todos modos, lamisma noche del día 27 supo de lo sucedido el juez pesqui-sidor Benito de la Mata Linares. Éste, el 28 de abril, lo so-metió a un riguroso interrogatorio. Le interesabasobremanera saber a quién el tafetán estaba dirigido. Pero suempeño fracasó como otras veces. Según Túpac Amaru, eldestinatario le era desconocido de nombre, pero si lo vieralo reconocería. Francamente, aun en la mente sádica deMata Linares no cabía la idea de un castigo condigno de unarespuesta tan desenfadada en un momento tan crítico. Peronada pudo hacer, salvo someterlo a la prueba del tormento.Procedimiento que se llevó a cabo a las 4 de la madrugadadel 29 de abril. Salvo interjecciones de dolor, nada salió de laboca de Túpac Amaru.

A pesar de que le fue dislocado un brazo durante la se-sión de tortura, Túpac Amaru no cesaba en sus empeños dedeslizarse de las garras terriblemente vengativas de la justiciacolonial. Pero no tuvo éxito, debido al terror que imperabaen todas partes e imponía un miedo pánico ante cualquiertrasgresión de las órdenes oficiales.

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El 14 de mayo de 1781 fue dictado el bárbaro fallo (sutexto completo se publica en el Apéndice, documento 3)contra el hombre que después de siglos de sometimientoosó levantar el estandarte de rebelión caído de manos de susantecesores. En las líneas iniciales de su inhumana sentenciaAreche habla del "horroroso crimen de rebelión o alza-miento general de los indios, mestizos y otras castas". Luegomanda extirpar todo vestigio del pasado autóctono y ordenauna serie de medidas a f In de irrponer a los indios el modode vivir hispánico. Subraya luego de manera muy especial latrascendencia del título ¡ncaíco asumido por Túpac Amaru yse refiere a la creencia de los indios de "que es imposible sele ímponga la pena capital, por lo-elevado de su carácter,creyéndolo del tronco principal de los incas, como se titula-ba, y por eso dueño absoluto y principal de estos dominios".Sin embargo, la sentencia de Areche, que figura en los analesuniversales de la barbarie, fue ejecutada:

"El viernes 18 de mayo de 1781 -refiere un testigo ocu-lar-, después de haber cercado la plaza con las milicias deesta ciudad del Cuzco, que tenían sus rejones y algunas bo-cas de fuego, y cercado la horca de cuatro caras con.el cuer-po de mulatos y huamanguinos, arreglados todos con fusilesy bayonetas caladas, salieron de la Compañía nueve sujetosque fueron los siguientes: José Verdelo, Andrés Castelo, unzambo, Antonio Oblitas (que fue el verdugo que ahorcó algeneral Arriaga), Antonio Bastidas, Francisco Túpac Amaru,Tomasa -Condemalta, cacica de Acos, Hipólito Túpac Ama-ru, hijo del traidor, Micaela Bastidas, su mu3er, y el insur-gente José Gabriel. Todos salieron a un tiempo, y uno tras

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otro venían con sus grillos y esposas, metidos en unos zu-rrones, de estos en que se trae yerba del Paraguay, y arras-trados a la cola de un caballo aparejado. Acompañados delos sacerdotes que los auxiliaban, y custodiados de la corres-pondiente guardia, llegaron todos al pie de la horca, y se lesdieron por medio de verdugos las siguientes muertes:

"A Verdejo, Castelo y a Bastidas se les ahorcó llana-mente a Francisco Túpac Amaru, tío del insurgente y a suhijo Hipólito se le cortó la lengua antes de arrojarlos de laescalera de la horca; y a la india ¡Sondemaita se le dio ga-rrote en un tabladillo, que estaba dispuesto con torno defierro que a este fin se había hecho, y que jamás se habíavisto por acá, habiendo el indio y su mujer visto con susojos ejecutar estos suplicios hasta en su hijo Hipólito, quefue el último que subió a la horca. Luego subió la india Mi-caela al tablado, donde asimismo a presencia del marido, sele cortó la lengua y se le dio garrote, en que padeció infinito,porque teniendo el pescuezo muy delicado no podía el tor-no ahogarla, fue menester que los verdugos, echándole lazosal pescuezo, tirando de una y otra parte, y dándole patadasen el estómago y pechos, la acabasen de matar. Cerró lafunción José Gabriel, a quien se le sacó a media plaza allí lecortó la lengua el verdugo y despojado de los grillos y espo-sas lo pusieron en el suelo- atáronle a las manos y pies cua-tro lazos, y asidos éstos a la cincha de cuatro caballos, tira-ban cuatro mestizos a cuatro distintas partes; espectáculoque jamás se había visto en esta ciudad. No sé si porque loscaballos no fuesen muy fuertes o el indio en realidad fuesede fierro, no pudieron absolutamente dividirlo, después que

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un largo rato lo tuvieron tironeando, de modo que lo teníanen el aire en un .estado que parecía una araña.. Tanto que elVisitador, movido de compasión, porque no padeciese más,aquel infeliz, despachó de la Compañía (desde la cual dirigíael "espectáculo") una orden, mandando le cortase el verdugola cabeza, como se ejecutó. Después se condujo el cuerpodebajo de la horca, donde se le sacaron los brazos y los pies.Esto mismo se ejecutó con la mujer, y a los demás se lessacó las cabezas para dirigirlas a diversos pueblos. Los cuer-pos del indio y su mujer se llevaron a Picchu, donde estabaformada una hoguera en la que fueron arrojados y reducid¿sa cenizas, las que se arrojaron al aire y al riachuelo que porallí corre. De este modo acabaron José Gabriel Túpac Ama-ru y Nlicaela Bastidas, cuya soberbia y arrogancia llegó atanto que se nominaran reyes del Perú Chile, Quito, Tucu-mán y otras partes, hasta incluir el gran Paitú, con locuras aeste tono.

"Este día concurrió un crecido número de gente, peronadie gritó, ni levantó una voz: muchos hicieron reparo, yyo entre ellos, de que entre tanto concurso no se veían in-dios, a lo menos en el tiraje mismo que ellos usan, y si huboalgunos, estarían disfrazados con capas o ponchos. Sucedenalgunas cosas que parece que el diablo los trama y dispone,para confirmar a estos indios en sus abusos, agüeros y su-persticiones. Dígolo, porque habiendo hecho un tiempomuy seco y días.muy serenos, aquél amaneció tan toldadoque no se le vio la cara al sol, amenazando por todas partes allover; y a hora de las doce, en que estaban los caballos esti-rando al indio, se levantó un fuerte refregón de viento y tras

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éste un aguacero, que hizo que toda la gente, y aun los guar-dias se retirasen a toda prisa. Esto ha sido causa de que losindios se hayan puesto a decir que los cielos y los elementossintieron la muerte del inca, que los españoles inhumanos eimpíos estaban matando con tanta crueldad."

Por el fracaso del descuartizamiento de Túpac Amaru,es decir, por haber deslustrado el sangriento espectáculo,Areche mandó detener al corregidor de la ciudad. Pero loque no pudo atajar, es que la cólera de los indios estallasecon más vigor que antes, alunque bajo otra jefatura y sinesperanza de éxito.

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CAPITULO VII

LA SEGUNDA ETAPA

1. Diego Crístóbal Túpac Amaru, jefe supremoEl desastre de Tinta no fue el punto culminante de las

victorias realistas, ni mucho menos el fin de la rebelión. Rá-pidarnente los indios rehicieron sus fuerzas y bajo el mandode Diego Cristóbal Túpac Amaru, el valiente medio herma-no del inca, que se destacó ya en vida de éste, trasladaron elcentro de la rebelión al Collao, abarcando parte considerabledel sur del Perú y el Altiplano boliviano. Los hechos de ar-mas de esta etapa son más importantes que los de la ante-rior, contándose entre ellos la conquista de Sorata y ladesolación casi completa de La Paz. Pero ya declinaba elmovimiento; ya le faltaba alma. Carecía de la cabeza aureola-da de José Gabriel Túpac Amaru que cohesionaba todo eimponía un respeto casi religioso a las órdenes por él firma-das.

Diego Cristóbal estableció su capital en el pueblo deAzángaro, vecino al lago de Titicaca. Según Markhara-

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"Azángaro está situada a 13.000 pies sobre el nivel delmar, en medio de una llanura cubierta de vegetación; por ellado oeste el terreno tiene algunas ondulaciones, por elnorte una cadena de cerros rocallosos, y por el sur un her-moso y agudo cerro cuyas laderas están casi a la salida de laciudad; un río que corriendo en dirección sur va a desembo-car en el lago de Titicaca, está a pocas leguas de la parteoriental de Azángaro. La iglesia con sus torres bajas y casicuadradas, construidas con tejas o ladrillos de barro cocido,contenía en su interior inmensas riquezas; las paredes esta-ban cubiertas de pinturas y cuadros de grandes maestros, enriquísimos marcos dorados; y el altar mayor estaba tapizadode macizas planchas de plata. Cerca de la iglesia se encon-traba la casa de Diego (Cristóbal) Túpac Amaru, en cuya salase celebraban grandes reuniones. Se cree que en esta casa omuy cerca de ella se enterraron tesoros, que hasta la fechano han sido encontrados."

Diego Cristóbal dirigía la rebelión desde Azángaro, te-niendo a su lado al hijo de José Gabriel, Mariano, y al hijode Antonio Bastidas -hermano de NEcaela-, ~el TúpacAmaru. El otro sobrino suyo, Andrés Túpac Amaru, hijo dePedro Mendigure y de Cecilia Túpac Amaru -prima hermanade José Gabriel-, al frente de un poderoso ejército conquistóSorata y tomó parte muy activa en el segundo asedio de LaPaz.

Se sostiene que Diego Crist-5bal Túpac Amaru, exaspe-rado por el horripilante suplicio del inca, abandonó la tácticade éste de dirigir la lucha únicamente contra los españoleseuropeos. De tal manera habría perjudicado mucho el movi-

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miento. Sin embargo, los edictos de Diego Cristóbal, envia-dos desde Azángaro, su capital, en su parte programática, sediferenciaban muy poco de los escritos similares de la etapaprecedente; cabe decir lo mismo de sus procedimientos, ysus lugartenientes asimismo se ajustaban a ellos.

Fue Diego Cristóbal Túpac Amaru quien firmó la pazentre ambas partes contendientes. En este hecho, y en suei2" trega a una muerte horrorosa, tuvri intervención desta-cadísima el obispo Moscoso, en quien algunos quieren verun cómplice en la rebelión. Como Diego Cristóbal, despuésde la muerte de José Gabriel, personalmente no mandabaejércitos, pero en su calidad de jefe supremo del movimientotupamarista, los supervisaba y dirigía, a fin de no interrumpirel orden del relato esa fase de su actividad será tratada másadelante.

2. Conquista de Sorata por Andrés Túpac AmaruSostienen los cronistas que Andrés Túpac Amaru, alias

Noguera, Mendigure, Mendiguren, Mendaguere o Madague-re, era hijo de la hermana de Diego Cristóbal, Felipa, y de unfraile. La verdad es que nació en el hogar de Pedro Mendi-gure Cecilia Túpac Amaru, prima hermana del ¡rica JoséGabriel. Andrés Túpac Amaru, no obstante su juventud, sedestacó como eficaz jefe militar durante el asedio de Sorata,capital del corregimiento (provincia) de Larecaja, pertene-ciente al obispado de La Paz. Sorata, situada a la altura de2.647 metros, al pie del majestuoso Illampu, fue asiento delgobierno del coronel Segurola, antes de su nombramientocome, comandante militar de La Paz. Reemplazó a Segurola

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en la comandancia de la plaza el coronel Anastasio Suárez. Aél le correspondió organizar su defensa contra las huestesmandadas por Andrés Túpac Amaru, que iniciaron su asedioen mayo de 1781 y la conquistaron en agosto del mismoaño.

El asedio de Sorata duró tres meses. Como siempre, fuela superioridad en armamentos la que permitió a los realistasdefenderse contra ejércitos indígenas muy numerosos. PeroAndrés Túpac Amaru fue bastante perspicaz para sobrepo-nerse a esa desventaja. En efecto, mediante represas espe-cialmente construidas desvió el curso normal de los ríosChilicaní, quilimbaya y Lakathia y los dirigió sobre la infelizvilla.

Aunque fracasó en el primer intento de inundarla, logrósu propósito en el segundo. A los defensores de Sorata noles quedó otra solución que ceder ante su empuje bélico.

Ebrios de triunfo y llenos de deseos de vengarse de susenemigos, las huestes de Andrés Túpac Amaru se adueñaronde Sorata. Después de los saqueos, matanzas e incendios,salvo la iglesia parroquial, poco quedó de la antes prósperavilla. Una vez introducido cierto orden en ella, el joven jefe-en compañía de Gregoria Apasat, hermana de Julián TúpacCatari- tomó asiento a la entrada del templo y ordenó quesalieran los asiliados de su interior. Los criollos fueronpuestos en libertad; los españoles europeos ultirnados sinmisericordia. A las mujeres, según un testigo presencial, An-drés ordenó "que comiesen coca, vistiesen cotón, menoscamisa, que anduviesen descalzas y se llamasen collas".

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Aunque es extraña esa orden del caudillo rebelde quetanto destacaba el carácter americano, y no índígena sola-mente, del tupamarismo, ella está confirmada por otrafuente documental, que en tono quejumbroso dice que que-daron "desnudas y transformadas en trajes de indias las se-ñoras, sin más abrigos que los que escasamente cubrían suscarnes aquellas burdas e indecentes mantas o trapos que sepusieron, bajo cuyas condiciones quedaron vivas, pero sintener otro amparo ni otro albergue que la inclemencia; por-que ya sus casas veían hechas cenizas, sus caudales, vestua-rios y utensilios saqueados y perdidos en manos de losrebeldes".

Habiendo terminado exitosamente su empresa en So-rata, Andrés Túpac Amaru resolvió colaborar en la con-quista de La Paz. El 18 dé agosto sus batallonesemprendieron la marcha hacia su nuevo destino. Su llegadaallí fue notada inmediatamente, aun cuando ya no pudocamb-lar el curso de los acontecimientos.

3. El caudillo altoperuano Julián Apasa (Túpac CatafflLas primeras noticias acerca de la rebelión en las regio-

nes altopéruanas no mencionan para nada a Julián Apasa oTúpac Catari, que desde el asedio de La Paz, en marzo de1781, aparece como su caudillo más destacado. En cambio,desde el coMienzo se subraya en los documentos que losindios obran en nombre de su rey inca Túpac Amaru.

En las páginas del muy importante Diario de SegurolaTúpac Catari comienza a aparecer en el mes de marzo de1781, cuando se relatan los sucesos acaecidos entonces.

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Antes de esta fecha Segurola ignora su nombre y, comootros cronistas de la época, se refiere solamente a TúpacAmaru. ¿Corresponde deducir de ello -como lo hacen algu-nos cronistas- que Túpac Catari asumió la jefatura de lasmasas indígenas altoperuanas por un osado golpe de sorpre-sa? Aun en el caso de no contar con una prueba en sentidocontrario, deberíamos desechar semejante suposición, por-que no cabe imaginarse que los curacas -sin los cuales nosucedía nada en la vida indígena, plasmada conforme a leyesconsuetudinarias- hubieran permitido que un indio ignaro,sin ningún ascendiente ni ninguna garantía en cuanto a sucapacidad militar y administrativa, asumiera la responsabili-dad tan grave como la de encabezar ejércitos contra el reyde España y el orden establecido. Es también imposiblecreer que el cholo paceño Bonifacio Chuquimamani se hu-biera unido a un insignificante indiejo para ser --como afir-ma Segurola- su guía político. En efecto, no fue así. Lodeclara repetidas veces Bartolina Sisa, esposa de Túpac Cata-ri, ante los jueces españoles, cuando ya estaba en manos, esdecir, cuando ello agravaba su causa.

Son asimismo absolutamente inconsistentes las afirma-ciones acerca del escaso desarrollo espiritual de Túpac Cata-ri, de su embriaguez constante y de su lubricidad casipermanente. ¿Cómo un jefe así pudo llevar a la batalla dece-nas de miles de hombres y de qué manera -por más rudir-nentaria que fueselos alimentaba, vestía y albergaba? Esto nose puede explicar con semejantes argumentos, que Fon pro-ducto del sentimiento denigrativo del indio, en general, deTúpac Catari, en particular.

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En lo que se refiere a las relaciones entre el jefe supre-mo de la rebelión en su segunda etapa, Diego Cristóbal Tú-pac Amaru, y el más destacado caudillo indígenaaltoperuano, Julián Apasa, según parece, no se diferenciabanmucho de las mantenidas por éste con el inca José Gabriel.Lo prueba el hecho de que Apasa se haya dirigido a DiegoCristóbal en solicitud de "cornisiones", a fin de que "lo res-petasen los indios". Confirma lo mismo el envío de armasde fuego a Azángaro, capital de la sublevación después ¡e lacaída de Tirita, por parte de Túpac Catari, como también lasconsultas entre ambos, sobre todo durante el período previoa la firma de la paz. Los "incas" consideraban tan unido sudestino al de Túpac Catari que recogieron al hijo de éste,Anselme, y lo ocultaron de los ojos ávidos de los españoleshasta que fue descubierto por Segurola.

4. El asedio de La FazEl 13 de marzo de 1781 comenzó el primer sitio de la

principal ciudad boliviana. Bajo el mando de Túpac Catari,40.000 indios mantuvieron cercada a La Paz, la primera vez,durante 109 días, y la segunda, durante 64. Según el cálculodel comandante Reseguín, no menos de 10.000 de sus habi-tantes perdieron la vida como consecuencia del largo asedio.El sitio de La Paz, abstracción hecha de la batalla del Cuzco,es el acontecimiento militar más importante de la gran rebe-lión de 1780-1781.

La Paz es una ciudad ubicada a una altura de 3.800 me-tros sobre el nivel del mar. Se encuentra en un hueco perfo-rado por milenios de acción neptúníca en la mole andina

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que la rodea. En la época de la rebelión tenía 23.000 habi-tantes mestizos y blancos. Para asediar La Paz, en realidad,no es necesario rodearla; sólo es preciso cerrar sus caminosobligados en medio de la naturaleza que la tiene atrapada.Efectivamente, así lo hizo Túpac Catari, estableciendo sucampamento en la vía de acceso más importante -antaflo yhogaño-, llamado Alto de La Paz. En la inmensa pampayerma del Alto los indios permanecieron largos meses lu-chando denodadamente contra la supenoridad bélica de susenemigos, a quienes favorecía la anfractuosidad del terreno,aunque el hambre y las enfermedades causaban estragos ensus filas. El presidente de la Audiencia de Charcas, coronelIgnacio Flores, al tener noticias del peligro que corría La Pazde caer en manos de los tupamaristas, organizó un ejércitopara socorrerla. Con él se presentó en las inmediaciones dela ciudad sitiada el 1 de julio de 1781, rompiendo con supresencia -sin combate- el cerco de 109 días. El ejército in-dígena se retiró intacto y acampó en los cerros próximos a laciudad.

Mientras Flores estaba en La Paz, los indios no se atre-vían a lanzar un ataque contra ella. Se conformaban conhacer una guerra de guerrillas. Pero cuando Flores 1 30 dejulio-, obligado por la escasez de víveres y las enfermedades,trasladó su campamento a La Ventilla, Túpac Catari inme-diatamente ocupó los altos de la puna, y ya sólo destaca-mentos bien armados se atrevían a abandonar la ciudad enbusca de víveres, cuya escasez seguía siendo muy grande.

El 4 de agosto, con el explicable pesar de los habitantesde La Paz, Flores emprendió la retirada, obligado a ello por

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la gran deserción de sus filas. El refuerzo que dejó a Segu-rola se componía de apenas 80 soldados veteranos y cuatrocompañías de inilicianos. Cuando Flores se puso en marcha,los indios completaron la ocupación de sus antiguas posi-ciones, desde las cuales lanzaron vigorosos ataques contra laplaza fortificada.

La incorporación de las huestes de Andrés Túpac Ama-ru al sitio de.La Paz de inmediato fue notado por sus defen-sores, porque las aguas del río que pasan por la ciudad,imprevistamente se enturbiaron, lo que les reveló que eljoven caudillo tramaba algo. Efectivamente:

"Por varias noticias se sabía (el 12 de octubre que) in-tentaban los enemigos arruinar la ciudad, del mismo modoque lograron hacerlo con el pueblo de Sorata; y que con estamira formaban a las cabeceras del río, distante más de tresleguas, y donde hay una angostura entre dos peñas, y detrásde un grueso remanso, una represa para contener el agua, ysoltándola repentinamente, según acostumbran para el tra-bajo de las minas, conseguir inundar la ciudad, o muchaparte de ella; y aunque estas noticias no dieron el mayorciudado, así por la variedad de implicancias con que venían,como porque la situación de la ciudad, especialmente laparte que hoy existe, no es muy peligrosa para el efecto,siempre se estuvo a la mira de lo que podía resultar. Enefecto, a las 11 de la noche se sintió el ruido e impulso delagua que bajaba por el cauce del río, la que vino con tantoímpetu y abundancia, que llegó a subir puentes de piedra,que tiene la ciudad para comunicarse con los arrabales, mal-trató en gran manera los de San Sebastián y Recogidas, y se

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llevó del todo el de San Francisco, y por consiguiente elfuerte atrincheramiento que sobre él se había formado, cau-sando mucho daño en varias casas de las que están pegadasal río, y la muerte de un hombre y tres mujeres que se hun-dieron con parte de una de ellas. Duró la función del agua 1hora, y después fue cediendo poco a poco."

La inundación no dio el resultado esperado no sólo porlas causas que se indican en la nota precedente, sino tambiénporque la compleja obra hidráulica, ejecutada por 10.000indios en la cabecera del río Choqueyapu (hoy entubado)que cruza la ciudad en un lugar donde había un pedrán lla-mado Achachi Kala, reventó inesperadamente. Los cons-tructores de la represa no estuvieron en condiciones deacondicionarla de nuevo, porque 1e llegó a la ciudad sitiadael auxilio bajo el mando del teniente coronel Reseguín. Sedesvaneció, pues, el más caro deseo de Julián Túpae Catari,pese a que La Paz ya había estado a un paso de su rendición.

Reseguín llegó al Alto de La Paz el 17 de octubre de1781. Dio un descanso de tres días a sus tropas y luego em-prendió la campaña contra las raleadas huestes de TúpacCatari. Conio resultado de ella, y a pesar de la desesperadaresistencia de este aguerrido caudillo altoperuano, lo derrotó.Túpac Catari intentó rehacer sus fuerzas, pero fue entregadoa traición por uno de sus allegados de nombre Tomás IncaLipe. Éste recibió una medalla por su "lealtad y el gobiernodel pueblo de Achacachi", de donde era oriundo y dondeejecutóla alevosía.

El Dr. Francisco Tadeo Diez de Medina, oidor de laAudiencia de Chile, en su carácter de auditor de guerra, fue

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encargado por Reseguín de formar la causa al jefe indígenaaltoperuano. El interrogatorio de éste no-demuestra la for-taleza de espíritu de José Gabriel Túpac Amaru. Julián Apa-sa, como la mayoría de los caudillos indígenas presos, noasurnió la defensa de sus actos ni alegó por los postuladosde la rebelión. Por el contrario, pretendió ganarse la buenavoluntad de sus inexorables enemigos atribuyendo todas lasculpas a los "incas", es decir, a la familia de Túpac Amaru.De nada le sirvió su astucia. El oidor originario de La Pazfue tan inexorable como el Visitador general procedente deEspaña. Según su fallo, díctado el 13 de noviembre de 1781en el Santuario de las Peñas (su texto completo se publica enel Apéndice, documento 7), Túpac Catari o Apasa "asidopor unas cuerdas robustas" debía ser "descuartizado porcuatro caballos que gobernaran los de la provincia del Tu-cumán, hasta que naturalmente muera, y hecho sea transfe-rida su cabeza a la ciudad de La Paz". .

Voy a ahorray al lector más detalles de esa sádica sen-tencia. Sólo me permitiré agregar que. según se ve de ella, eldescuartizamiento no sólo fue ejecutado -como algo -desco-munal- en el inca José Gabriel, sine también, y en formaordinaria, en algunos de sus lugartenientes.

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CAPITULO VIII

TRASCENDENCIA CONTINENTAL DEL GRITODE TINTA.

I. Repercusión de las "turbulencias del Perú" en Bue-nos Aires, Córdoba, La Rioja y Tuctunán

Es sintomático el hecho de que la rebelión de TúpacAmaru no sólo halló eco en la,región andina --habitada en-tonces mayormente por indios , sino que repercutió en otrasgobernaciones, e, incluso, en la capital del Virreinato delPlata. En un documento de 1781 dice el virrey- Vértiz quepercibe en todas partes "si no una declarada adhesión a lasturbulencias que hoy agitan al Perú, por lo menos una frial-dad e indiferencia al oír los horrores que se cometen". Enuna carta al ministro, de Indias del 30 de abril de 1781 Vértizconfiesa:

"La capital de Buenos Aires y sus costas de Norte a Sur,si se verifica la expedición de los ingleses, no tiene otro re-curso para su defensa que este cuerpo de milicias disgusta-das, y vacilante su obediencia por imitar a las gentes del

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Perú, por lo que no se ha tenido por conveniente trasladaralguna parte de ellas a esta plFza" (de Montevideo).

En la capital y en la región litoralense, no obstante laexistencia de "ánimos inquietos", que tanto preocupaban alvirrey Vértiz, no se llegó a producir ningún movimientoinsurreccional. Tampoco en Córdoba, centro del país, seoriginó, aunque se hicieron públicas las protestas contra lasexacciones fiscales. Las expresiones de descontento, en vistade la situación general, tenían muy preocupadas a las autori-dades cordobesas. Su ¡riquietud subió de punto J recibir laorden del virrey Vértiz respectiva a la movilización de lasmilicias, porque temían que se insubordinaran, de igual mo-do como lo hicieron las de La Rioja y Tucumán.

2. Atracción del "maldito" nombre de Túpac Amaru enJujuy y Salta

La oposición al régimen hispano, y la fascinación de lafigura del inca rebelde entre las. masas indias y plebeyas deJujuy y Salta, se destacan particularmente debido a la resis-tencia que existe en reconocer tal hecho. Tal vez por esacausa tiene algo de sorprendente el nimbo que rodeaba aTúpac Amaru en las regiones norteñas argentinas. Lo últimoes resaltado incluso por los actores y observadores españolesde la época.

Fray Pedro José de Parras, en un informe al virrey Vér-tiz, sostiene que "el alboroto de éstos ha emanado del malejemplo de sus semejantes (y) de la infame voz: ya tenemosRey-Inca". El gobentador Andrés Mestre, quien dirigió lacruel represión del movímiento tupamarista en el norte ar-

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gentino, afirma que los indios y la plebe urbana estaban"impresionados del eco que les ha hecho el nombre de Tú-piac Amaru".

Los núcleos rebeldes en la región de Jujuy fueron capi-taneados por el mestizo José Quiroga, de unos cuarentaaños de edad e intérprete en la reducción de San Ignacio deindios tobas. Quiroga aprovechó sus relaciones con los to-bas y con los indígenas del Chaco, donde había- servidocomo soldado, para organizar n febrero de 1781- un vastoalzamiento tupamarista.

Sobre sus propósitos concretos informa Gregorio Ze-gada, comandante militar de Jujuy, en los términos siguien-tes:

"Los indios tobas han esparcido la voz, por su intér-prete y caudillo José Quiroga, cristiano que se ha aliado conellos, diciendo que los pobres quieren defenderse de la tira-nía del español, y que muriendo éstos todos, sin reserva decriaturas de pecho, sólo gobernarán los indios por disposi-ción del Reyinca, cuyo maldito nombre ha hecho perder elsentido a estos indios."

Evidentemente, Zegada deja pasc a su fantasía cuandohabla del gobierno exclusivo de los indios anunciado por elcriollo Quiroga y de la matanza de criaturas españolas, asi-mismo por él anunciada. En ningún documento rebelde seafirmaba tal cosa. Se postulaba en ellos, eso sí, la expulsiónde los españoles europeos -salvo los sacerdotes de ese ori-gen- y la eliminación de desigualdades e injusticias.

Las autoridades jujeñas fueron informadas de lo que seproyectaba a fines de febrero. Naturalmente, de inmediato

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se dieron a la tarea de descubrir la trama rebelde. Juan Oso-rio, residente en el lugar llamado Ias Ozas", les informó queun día, muy temprano, pasó cierto individuo que le pidiódesayuno. En la conversación que mantuvieron, le dijo elviandante que iba a la reducción de los tob3S para traerlos aJujuy, "porque ya ellos sabían que tenían Rey-Inca".

Las denuncias recibidas por las autoridades corrobora-ron que la conmoción en los Virreinatos del Perú y el Plata"ha sido trascendental no sólo a la mucha gente plebeya-deque se compone esta ciudad, sino a los indios que están enlas inmediatas reducciones". Confirmaron *también que elasalto a Jujuy debió efectuarse el 28 de marzo. Tomaron,pues, las medidas correspondientes. En efecto, fueron cava-das trincheras, armadas las milicias con sesenta bocas defuego y colocado un cañón a la entrada principal de la ciu-dad. De tal modo se evitó un ataque por sorpresa.

Con el fracaso del asalto a Jujuy el día 28 de marzo, se-ñalado como la fecha de la sublevación en toda la comarca,ésta aun estaba lejos de extinguirse. Durante el mes de abrilseguia extendiéndose en Salta, que también resultó seria-mente amenazada por los sublevados. La movilidad de losindios asombraba a los jefes españoles, y uno de ellos, PedroCorbalán, dice que para los sublevados recorrer 14 leguas eslo mismo que recorrer 14 cuadras. Pero la superioridad enarmamento, permitió a los españoles obtener -victorias des-de los primeros pasos de la sublevación. Las autoridadestenlan facilitada la tarea, porque la rebelión annada estallósólo en Jujuy y en algunas partes de Salta lindantes con elChaco.

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Ahora bien, si en los meses de marzo y abril el movi-mienta tupamarista se extendió desde la reducción de SanIgnacio hacia el Oriente, en los de mayo y junio tomó ladirección del Occidente, hacia los pueblos de la puna, pormil lazos unidos con el Alto Perú, y donde llegaron losedictos de Túpac Amaru y las convocatorias de sus aliadosen el actual territorio boliviano. Con el fin de cortar el peli-gro de rebelión, fue enviado allí un destacamento militar almando de Félix Apolinario Arias 3, compuesto de cien mili-cianos. Éstos efectuaron prolijos reconocimientos en lospueblos de Casavindo, Cochinoca, Santa Catalina, Guaca yYavi, haciendo un círculo de más de doscientas leguas. Entodos ellos -según informó Arias- tuvo que imponer casti-gos, "porque en todos advertí disposición de adherir a losperversos intentos de los rebeldes del Perú".

La actividad de los insurrectos en el actual territorio ar-gentino terminó, prácticamente, a fines'de junio, aunqueseguían ardiendo algunos focos rebeldes, que sin embargo,pronto quedaron extinguidos.

3. Represión bárbara del alzamiento tuparamrista en elactual territorio argentino

No menos cruel ni menos bárbara que en otras partesfue la represión del alzamiento tupamarista en el actual te-rritorio argentino, a la -sazón bajo el mando del ilustradoamericanoJuan José de Vértiz. Destaco este necho, porquela generosidad de los historiadores, con buena fe pero sin unconocimiento suficiente de la documentación, dicen que

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Vértiz fue totalmente, ajeno al terror bestial desencadenadocontra los insurrectos.

En la región norte de la Argentina, al producirse losmovimientos insurreccionales, ejercía la autoridad supremael gobernador Andrés Mestre. Precisamente del informe deMestre del 24 de abril de 1781, dirigido a Vértiz, procede elsi,guiente párrafo, que constituye un elocuente testimoniodel "humanitarismo" de los ilustradis funcionarios colonialesen el Plata:

"Estas novedades -dice Mestre- me hicieron apresurarmi salida de Salta, y habiendo llegado a ésta (Jujuy), el 16, seme dio noticia que el comandante don Cristóbal López y elgobernador de arinas don Gregorio Zegada habían logradoavanzar a dichos matacos y apresar el número de 65 bien ar-mados, 12 pequeños y 12 mujeres, la vieja que traían poradivina y que los conducía a la ciudad. Pero considerando eldisgusto de este vecindario, las ningunas proporciones paraasegurarlos y transportarlos al interiorde la provincia sin uncrecido costo de la real hacienda, y que:- en caso de traerlosera inevitable que escapándose uno u otro, se volviesen a suspaíses y, sirviesen de guías para conducir a los otros porestos caminos que hasta hoy los tienen ignorados, coll loque tendrían en continua alteración esta ciudad, inalmenteque la intención de éstos fue la de ayudar a los tobas y ponera la obra sus proyectos, incurriendo en la ingratitud queotras ocasiones, sin tener aprecio de la compasión (con) quese los ha mirado siempre, manteniéndolos aun sin estar su-jetos a reducción, y que su subsistencia sería sumamenteperjudicial, los mand¿ pasar por las armas y dejarlos pen-

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dientes de (los) árboles en los caminos, para que sirva deterror y escarmiento a los demás." (Subrayado mío.)

Esas muertes ejecutadas por Mestre, subordinado di-recto de Vértiz, solamente para amedrentar a los que quisie-ran sublevarse, son uno de los innumerables actos debarbarie que rara vez se mencionan; en cambio, se habla sincesar de la ferocidad indígena, sin embargo circunscripta alas acciones de guerra, a diferencia del terror desencadenadopor los españoles después de ella y en procesos instituidoscon toda calma.

El mismo Andrés Mestre, en su sentencia contra los re-os de Jujuy (criollos), reconociendo que su fallo no está dic-tado ,&por los términos de derecho", sin embargo, lo dicta yejecuta bárbaramente la pena de muerte en diez presos.Además, recurre al inhumano expediente de quintar a losveinte reos que no condena a muerte; y a los dieciséis quequedan con vida les manda estampar a fuego la señal R. (re-belde), en la mejilla.

A pesar de ser un virrey ilustrado, Vértiz no tomó nin-guna medida contra los excesos --conforme al criterio de laépocade Mestre y de su flagrante violación del derecho in-diano. Cabe suponer, inclusive, que elogió su actuación anteel núnistro de Indias José de Gálvez, pues por intenredio deéste Mestre fue cumplimentado por el rey por su eficaz ac-tuación en el sometimiento de los sublevados.

4. Conspiración tupamarista en QuitoEn el momento de llegar a Quito las noticias sobre los

progresos de la insurrección en los Virreinatos del Perú y el

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Plata, y del estallido de la revolución de los comuneros deNueva Granada (Colombia, Venezuela), el presidente de laAudiencia, José García de León y Pizarro, estaba muy preo-cupado por el informe sobre los combates navales habidosen la costa de México con la armada británica. Y he aquí lainquietud de Pizarro subió de golpe, al recibir la denuncia deJacinto Fajardo, ebanista de oficio, acerca del propósito deMiguel Tovar y Ugarte, empleado judicial, de enviar unacarta al inca rebelde Túpac Amaru, "animándole a que sigasu empresa y que se traslade a aquella provincia".

Precisamente el delator Fajardo debió llevar al Perú estacomunicación y otros materiales, escondidos en la suela desus zapatos. A causa de la denuncia, Tovar inmediatamentefue detenido y luego de un breve proceso, el 24 de octubrede 1781, condenado a diez años de presidio en el castillo deChagre, lo que equivalía a una muerte a corto plazo. Enefecto, allí falleció en diciembre de 1783.

5. Túpac Amaru y los comuneros de Nueva GranadaNo es posible afirmar que el movimiento tupamarista

tuvo vínculos permanentes con Colombia y Venezuela. Perohacen pensar en ello, además de las afirmac iones de caráctergeneral, la proclamación de Túpac Amaru como rey deAmérica en Silos, las informaciones transmitidas a los ingle-ses por el aventurero Vidal y el testimonio de la Junta deGuerra de Nueva Granada.

Ahora bien, de Luis Vidal el presunto o verdadero re-presentante de los comuneros neogranadinos en Londres-se puede creer cualquier cosa, puesto que se trata de un su-

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jeto inescrupuloso que deseaba dar importancia a su misión.Pero existe un documento oficial que alude al contacto entrelos comuneros de Nueva Granada y el inca Túpac Amaru II.Me refiero a los argumentos con que el Intendente de Cara-cas, José de Ávalos, justificó la suspensión de los nuevosgravámenes.

'Todo debido -según dice a la fermentación que se haproducido en la capital con motivo de. los alborotos deSanta Fe (de Bogotá), de las exorbitantes gracias obtenidaspor los sublevados y de las noticias comunicadas de Limasobre los progresos del rebelde Túpac Amaru, de quien su-ponen tener enlace y proceder de acuerdo con los descon-tentos de Santa Fe (de Bogotá)."

En su respuesta a los cargos contra ella formulados porel Visitador general de Nueva Granada, Juan Gutiérrez dePifieres, la Junta de Guerra, además de justificar su conductacon la extrema gravedad de la situación, agrega que "tuvotambién .a la vista lo que ocurría en la provincia del Cuzco yluces de que con ésta se tenía correspondencia, y aun apode-rado, de que hay papeles en la Junta."

Don Salvador Plata, cuyas declaraciones judiciales pro-porcionan importante material para el estudio de la revolu-ción de los comuneros, sobre el tema de nuestro interés,dice:

"Que en la villa del Socorro, de donde es vecino, se es-parcieron con mucha anticipación los progresosy ventajasque en el Perú conseguía Túpac Amaru contra las armas delRey, cuyas noticias se sabían y esparcían por el Dr. D. Fran-cisco Vargas, cura párroco de aquella villa. a quien las dirigía

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desde esta capital (Bogotá), don Manuel García Olano, ad-ministrador de la renta de correos. v las tenía también deCartaaena y de .otros puntos."

Agregó Salvador Plata que consideraba como -una- delas causas principales de la revolución de los comuneros 1asnoticias remitidas de los progresos de Túpac Amaru contralas armas del Rey".

El juez Ignacio Sánchez de Tejada escribió al virrey quelos revoltosos neogranadinos obtenían éxitos "esparciendovoces falsas del indio Túpac Amaru, fingiendo los muchospueblos y sujetos que lo seguían".

Estos testírnonios muestran la trascendencia de la rebe-lión de Túpac Amaru en la parte septeritrional de las colo-nias españolas. En lo que se refiere a la austral, habiendo yatratado los sucesos insurreccionales en la Argentina, sóloagregaré que Ambrosio O'Higgins informó al ministro Gál-vez el 25 de setiembre de 1781 que logró impedir que larebelión re extendiera a Chile, porque detuvo a tiempo alcacique Chicaguala de Repocura, embajador -según dice- deTúpac Amaru. Surge de todo esto que el movimiento tupa-marista adquirió características continentales.

6. Las grandes acciones bélicas de Julián Túpac Catari(Julián Apasa)

Las primeras noticias acerca de la gran rebelión indígenaen el actual territorio boliviano no mencionan para nada aJulián Apasa o Túpac Catari, que desde el asedio de La Paz,en marzo de 1781, aparece corno su caudillo más destacadoy figura en todos los documentos que están relacionados

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con los acontecimientos insurreccionales de la época. Encambio, desde el comienzo, en los documentos se destacaque los indios enarbolan el estandarte de su rey José GabrielTúpac Amaru.

En el Diario de los sucesos del cerco de la ciudad de LaPaz en 1781, uno de, los documentos fundamentales paranuestro tema, Julián Tupac Catari comienza a ser citadocuando se describe los sucesos acaecidos en el mes de marzode 1781. Antes de esta fecha, Sebastián de Segurola, coman-dante de armas de La Paz, ignora su nombre y, a ejemplo delos cronistas de la época, solamente se refiere a Túpac Ama-ru. ¿De ello corresponde deducir que Túpac Catari asumió-según afirman algunos contemporáneosla jefatura de lasmasas indígenas mediante un osado golpe de sorpresa? Aunen el caso de no contarse con una prueba documental ensentido contrario, deberíamos desechar -conforme lo sos-tiene un investigador- semejante suposición, porque no cabeimaginarse que los curacas hubieran accedido a que un indiodel montón, sin ningún ascendiente y sin ninguna garantíaen cuanto a su capacidad militar y administrativa, asumieratan grave responsabilidad como la de encabezar ejércitoscontra el rey de España y el orden establecido. Es imposibletambíén creer que el cholo paceño Bonifacio Chuquimamanise hubiera unido a un insignificante indiejo para ser su ase-sor político. En efecto, no fue así. Varias veces lo declaraBartolina Sisa, su esposa, a los jueces españoles. Dijo:

-Que había andado muchísimos pueblos y lugares, y pa-sado grandes trabajos, en conmover y persuadir a los indiosa semejante sedición. Que asimismo ignora el paraje donde

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se congregaban a conferir estas materias, si bien le consta laintimidad y estrechez que mantenía en el pueblo de Sicasicacon Diego Líquez, que en el día está en su compañía, conCarlos Licuay, que se entró en la ciudad por el amor de unahija que tiene, de cuyo paradero no sabe, y con CasimiroLiqui, quien pasó de Sicasica a Oruro en compañía del doc-tor Bario, de quienes se persuade, por razones de los mu-chos secretos que tenían con su marido y los viajes quehacían de unos lugares a otros, que estos fueron los queconvocaron a la gente y sembraron la cizaña, que aunque apunto fijo no puede dar razón de quiénes otros hicieroncabeza en este movimiento, pero por lo que observó entreaquella gente, hace juicio que fueron los parientes de su ma-rido, que son Nicolás Apasa, su padre; su hermano, MartínApasa; su hennana, Gregoria Apasa; y también el finadoMarcelo Calle; un indio de Ayoayo nombrado GabrielVázquez y otro del mismo pueblo que se llama Santos Qui-to.

De lo expuesto -a nuestro juicio- corresponde deducirque Julián Apasa, cuya actividad de conspirador debía per-manecer en riguroso secreto hasta el estallido de la rebelión,al tomar cuerpo ésta recién se reveló como su jefe y or-ganizador.

Julián Túpac Catari (Apasa) nació alrededor de 1750 enel pueblo de Sicasica de la provincia del mismo nombre, enel obispado de La Paz. Al estallar la rebelión contaba, pues,unos treinta años. Su padre se llamaba Nicolás Apasa y sumadre Marcela Sisa. Dos de sus hermanos, Martín y Grego-ria, activamente participaron en los acontecimientos insu-

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rreccionales. Tenía tres hijos, dos varones y una mujer. Elmayor de ellos, Anselmo, tenía ocho años de edad cuandode él se apoderó el comandante realista Sebastián de Segu-rola.

Son absolutamente inconsistentes las afirmaciones acer-ca del escaso desarrollo espiritual de Túpac Catari, de suembriaguez constante y de su lubricidad casi permanente.¿Cómo un jefe así pudo llevar a la batalla decenas de milesde hombres y de qué manera -por más rudimentaria quefuese- los alimentaba, vestía y albergaba? Esto no se puedeexplicar con tales consejas, que son producto del senti-miento denigrativo del indio, en general, y de Julián Apasa,en particular. Con las aludidas patrañas tampoco puede seraclarada la causa del enorme ascendiente de Túpac Catarísobre las masas indígenas, de cuyas vidas y haciendas dis-ponía en forma limitada durante muchos meses, por másque hubo tentativas individuales de destituirlo de su cargo.Además, no puede no llamar la atención el hecho -ya men-cionado- de que el mestizo paceño Bonifacio Chuquima-mani, según los detractores de Apasa su mentor político, sehaya unido con un indio bruto y de baja-extracción parallevar a cabo una empresa tan tremendamente peligrosa co-mo la que nos ocupa. Parece, sin embargo, que ese indioademás de otras cualidades, era conocido por su rebeldía ysu oposición a los desmanes de los corregidores. En estocoincidía con Túpac Amaru y Tomás Catari, que tambiéncomenzaron su brega luchando contra los odiosos funciona-rios coloniales. Y lo que corresponde tener muy en cuenta,es que por más autoridad que tuviera Túpac Catari, estaba

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sometido al control de los indios principales, agrupados enveinticuatro cabildos, que deliberaban sobre todos los im-portantes problemas atinentes a la paz y a la guerra.

En lo que respecta a su supuesta actitud mistificadora,consistente en presentarse como -comisionado- de TúpacAmaru sin siquiera haberlo conocido, según veremos de laconfesión de Bartolina Sisa, ante los jueces españoles, tam-poco es cierta. He aquí sus palabras textuales:

-Quehace el término de diez años que ha estado su ma-rido meditando en esta empresa, lo que comprendió la con-fesante con motivo de las largas ausencias que hacía dicho sumarido quien, cuando estaba de regreso a su pueblo, le co-municaba que era venido de Tungasuca, donde había ido aver a Túpac Amaru, de quien supo se carteaba con un indiocompadre suyo del pueblo de Caracato nombrado RoqueUrueña. De suerte que cuando acaeció la desolación de estepueblo, estaba Apasa recién llegado de el de Tungasuca, encuyo viaje se tardó el espacio de dos años, dejando a la con-fesante en esta ciudad-.

Más adelante dice Bartolina Sisa que supo que su esposo-se había metido en este asunto por complacer a TúpacAmaru, persuadiendo a los indios que se habían de quedardueños absolutos de estos lugares-.

El propio Túpac Catari, en su confesión judicial, se re-fiere repetidas veces al respeto que inspiraba el nombre deTúpac Amaru en las filas indígenas y al carácter inapelable desus órdenes. En determinado momento, cuando la declara-ción de que el propósito de los rebeldes no fue el exterminiode todos los hombres de raza blanca es categóricamente

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negada, responde que tan cierto es esto que por la mencio-nada causa ciertos indios lo quisieron matar; pero él los "sa-tisfizo con una orden de José Gabriel Túpac Amaru, quemantenía en su poder Juan de Dios Mullupuraca-. Nombratambién a Túpac Amaru como responsable de la consignasobre la supresión de la mita de Potosí. El estudiante paceñoBasilio Angulo Miranda, uno de los escribientes de JuliánApasa, afirmó que los indígenas que asediaban" Paz conside-raban a José Gabriel Túpac Amaru auténtico comisionadoreal, tal como el gran rebelde lo decía en sus edictos. La feen la importancia del papel de José Gabriel Túpac Amaru yel prestigio de su nombre en el campamento bajo el mandode Túpac Catari, su lugarteniente altoperuano, fluye tambiéndel hecho de que éste, al recibir la extensa y sentida carta delinca al visitador, ordenó tres días de fiesta.

En lo que se refiere a las relaciones entre el jefe supre-mo de la rebelión en su segunda etapa, Diego Cristóbal Tú-pac Amaru, y el más destacado caudillo indígena altope-ruano, Julián Apasa -según parece no se diferenciaban mu-cho de las mantenidas por éste con "el inca José Gabriel. Loprueba el hecho de que Julián Apasa se haya dirigido a Die-go Cristóbal en solicitud de -comisiones- a fin de que –lorespetasen los indios-. Confirma lo mismo el envío de armasa Azángaro, capital de la rebelión después de la pérdida deTinta, por parte de Túpac Catari, como también las consul-tas entre ambos, sobre todo en el período previo a la firinade la paz. La familia de Túpac Amaru consideraba tan unidosu destino al de Túpac Catari que recogió al hijo de éste, y lo

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ocultó de los ávidos ojos de los españoleslasta que fue des-cubierto por el comandante Segurola.

Como ya hemos mencionado, uno de los más resonan-tes hechos de armas en todo el transcurso lo fue el asedio deLa Paz. El 13 de marzo de 1781 comenzó este sitio. Bajo elmando de Julián Túpac Catari, 40.000 indios mantuvieroncercada La Paz, la primera vez, durante-109 días. El coman-dante de armas y presidente de la Audiencia de La Platal,Ignacio Flores, al tener noticia del peligro que corría La Pazbajo la arremetida india, al frente de un ejército se dirigió asocorrerla. Se presentó en las inmediaciones de la ciudadsitiada el 10 de julio de 1781, rompiendo el prolongado sitiosin combate. El ejército indígena retiróse de las posicioneshasta entonces ocupadas y acampó en los cerros próximos ala ciudad. Mientras Flores estaba en La Paz (en las afueras dela ciudad), los indios no se atrevieron a lanzar un ataquefrontal contra ella. Pero cuando Flores trasladó su campa-mento -el 30 de julio- a La Ventilla, inmediatamente TúpacCatari ocupó los altos de la puna y ya sólo bien armadosdestacamentos se atrevían a abandonar la ciudad en busca deviverés, cuya escasez seguía siendo muy grande.

El 4 de agosto de 1781, con el explicable dolor de loshabitantes de La Paz, Flores empren'dió la retirada. Cuandoel comandante militar del Virreinato del Plata se puso enmarcha, los indios completaron la ocupación de sus antiguasposiciones, desde las cuales lanzaron vigorosos ataques,contra la plaza fortificada, pero sin un resultado decisivo.

A mediados de agosto al ejército de Túpac Catari se in-corporó Andrés Túpac Amaru, lo cual es otra prueba de la

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estrecha vinculación entre los "incas- y el caudillo altope-ruano. Se notó en seguida la presencia de Andrés TúpacAmaru, pese a su juventud jefe emprendedor, porque lasaguas del río que pasaban por la ciudad repentinamente seenturbiaron, lo que reveló que los indios tramaban algo.Efectivamente:

-Porvarias noticias se sabía (el 12 de octubre de 1781}que intentaban los enemigos arruinar la ciudad, del mismomodo que lograron hacerlo en el pueblo de Sorata; y quecon esta mira formaban a las cabeceras del río, distante másde tres leguas, y donde hay una angostura entre dos peñas, ydetrás de un grueso remanso, una represa para contener elagua, y soltándola repentinamente, según acostumbrabanpara el trabajo de minas, conseguir el inundar la ciudad omucha parte de ella; y aunque estas noticias no dieron elmayor cuidado, así por la variedad de implicancias con quevenían, como porque la situación de la ciudad, especialmentela parte que hoy existe, no es muy peligrosa para el efecto,siempre se estuvo a la mira de lo que podía resultar. Enefecto, a las once de la noche se sintió el ruido impulso delagua que bajaba por el cauce del río, la que vino con tantoímpetu y abundancia, que llegó a subir puentes de piedra,que tiene la ciudad para comunicarse con los arrabales, mal-trató en gran manera los de San Sebastián y Recogidas, y sellevó del todo el de San Francisco, y por consiguiente elfuerte o atrincheramiento que sobre él se había formado,causando mucho daño en varias casas de las que están pega-das al río, y la muerte de un hombre y tres mujeres, que sehundieron juntamente con parte de una de ellas. Duró la

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función del agua una hora, y después fue cediendo poco apoco-.

La inundación no dio el resultado esperado no sólo porlas causas que se indican en la cita, sino también porque lacomplicada obra hidráulica, ejecutada por 10.000 indios en lacabecera del río Choqueyapu (hoy entubado) que cruza laciudad en un lugar donde había un pedrón llamado AchachiKala, reventó inesperadamente. Los constructores de la re-presa no estuvieron ya en condiciones de acondicionarla denuevo, porque se acercaba el auxilio para la ciudad sitiada, almando del teniente coronel José Reseguín. Mientras tanto,las cosas dentro de la ciudad llegaron a tal extremo debido alhambre, que un consejo de guerra reunido el 15 de octubreresolvió abandonarla si el socorro no llegaba inmediata-mente. Pero éste ya estaba muy cerca y el 17 de octubre sus10.000 integrantes acamparon en el Alto de La Paz, jubilo-samente recibidos por la población de la ciudad. De tal ma-nera, fue roto el dilatado asedio y frustrado el másambicioso plan de Túpac Catari.

El previsor caudillo, tan vilipendiado-por los autores delas Relaciones, al ocupar La Paz el ejército de Reseguín, sedirigió a Achacachi, en la costa del lago Titicaca, para reor-ganizar las raleadas filas de ejército. No es posible dar a co-nocer el resultado de sus empeños, puesto que los realistas-al no lograr su propósito por vía directa- recurrieron a laperfidia sirviéndose para tal fin de Tomás Inca Lipe, uno delos colaboradores más allegados de Túpac Catari según laúnica descripción conocida de la entrega del caudillo, éstafue ejecutada en las condiciones siguientes:

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-Inca Lipe entretenía a Túpac Catari entre los regocijosde un gran festín, y el capitán Ibáñez con cien hombres seacercaba a sorprenderle al abrigo de la noche. Cuando máscreía (Tomás Inca Lipel que se hallaba adormecido en elplacer, un presentimiento secreto de su infortunio velaba ensu seguridad. Repentinamente rompió la fiesta, y dijo a losconcurrentes que era prudencia retirarse, pues Miguel Bas-tidas lo vendía. No hubo persuasión que le hiciese renunciarsu partida, y el traidor Inca Lipe se contentó con observar laruta que tornaba.

Por esa ruta, en la noche del 9 al 10 de noviembre de1781, condujo Inca Lipe el destacamento del capitán Ibáñez.Túpac Catarí fue aprehendido en el lugar llamado Chinchayay el entregador recibió, entre otras recompensas, la medallapor su-lealtad-.

El oidor Francisco Tadeo Diez de Medina, en su carác-ter de auditor de guerra, por Reseguín fue encargado deformar la causa del jefe indígena altoperuano. El interroga-torio de éste no demuestra la fortaleza de espíritu de un JoséGabriel Túpac Amaru. Julián Apasa -como la mayoría de loscaudillos indígenas presos- no asumió la defensa de sus actosni abogó a favor de los postulados de la rebelión. Por elcontrario, pretendió ganarse la buena voluntad de sus impla-cables enemigos, atribuyendo culpas a los-incas-, es decir, lafamilia de Túpac Amaru. De nada le sirvió su astucia. Eloidor nacido en La Paz fue tan inexorable como el visitadororiginario de España, y como éste cruelmente se vengó deljefe de los siervos indígenas sublevados después de centuriasde sometimiento. Según su fallo, dictado el 13 de noviembre

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de 1781 en el Santuario de Nuestra Señora de las Peñas,Túpac Catari fue sacado de la prisión donde se hallaba,-arrastradoa la cola de un caballo, con una soga de esparto alcuello, una media corosa o gorreta de cuero, y que a voz depregonero se publique sus delitos, a la plaza de este Santua-rio, en que deberá estar la tropa tendida con las armas de SirMajestad y convocarse los indios concurrentes de dichasprovincias, de modo que antes de la ejecución, se les expli-que por mí lo agradable que será ésta a Dios y al Réy comopropio de la justicia, y del beneficio y sosiego de ellos mis-mos, para que aquí se repare cualquiera conturbación y re-celo que puede haber. Y que asido por unas cuerdasrobustas sea descuartizado por cuatro caballos, que goberna-rán los de las provincia de Tucumán, hasta que naturalmentemuera".

De manera que, tal como lo hemos indicado en el capí-tulo sexto, la inusitadamente cruel sentencia contra JoséGabriel Túpac Amaru, asimismo aplicada a Túpac Catari,confirma que no sólo fue dictada por vesánicos o sanguina-rios jueces, sino también -trágico es decirlo- estaba basadaen alguna prescripción legal.

7. Ecos de la gran rebelión en UruguayLa perduración del nombre de Túpac Amaru en la Re-

pública Oriental del Uruguay es mayor que en el Paraguay ola Argentina, a pesar de que en su territorio no se conocenhechos de guerra. Pero las causas, más bien contingentes deese hecho, hasta ahora no están' suficientemente conocidas.Se puede, sin embargo, admitir que en el territorio orienta),

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debido a las medidas militares tomadas por el virrey de) Ríode la Plata Juan José de Vértiz, con motivo de la gran rebe-lión indígena, el nombre de su jefe estaba más difundido queen otras comarcas de la región. Es también fácil imaginarsela expectativa que provocó la llegada a Montevideo dé Mi-guel Túpac Amaru y veintiocho' de sus coroneles en 1782 ysu posterior embarque a España.

Trascendencia similar, indudablemente, tuvo tanto la re-solución, fechada el 14 de mayo de 1781, del cabildo deMontevideo que condenaba los hechos simbolizados por elnombre de Túpap Amaru corno el agradecimiento, datadoel 22 de noviembre de 1781, del rey de España por tal gesto.

A esto se reducen las noticias, coetáneas con el aconte-cimiento, sobre la trascendencia de la gran rebelión indígenaen la tierra de Artigas, calificado él mismo de "tupamarista-.

8. Medidas tomadas en ParaguayDe similar modo que en el caso uruguayo, también en el

paraguayo fue el virrey del Río de la Plata quien tomó medi-das tendientes a impedir la extensión del movimiento tupa-marista a esta comarca. A su gobernador, Pedro Melo dePortugal, ya el 22 de diciembre de. 1780 le aclaraba que-hallándose muchas partes de las Provincias del Perú su-blevadas, y en la precisión de sujetarlas como igualmentedefender las costas y puertos adyacentes a Buenos Aires yMontevideo, con respecto de hallarnos en guerra viva con laCorona de la Inglaterra y con recelos de ser atacados poresta Potencia, le ha sido preciso recurrir a esa fiel provinciadel Paraguay, a fin de que se envíen mil hombres de armas

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escogidos para defender la causa de nuestro católico monar-ca-

Unos cinco meses después de formulado ese pedido, el8 de mayo de 1781, se dirigió al teatro de las operacionesbélicas un contingente paraguayo comandado por el tenientecoronel José Antonio Yegros. Pero también en la propiaprovincia comenzaron a producirse hechos que preocupa-ban a su gobernador. Melo de Portugal mandó, pues, el 3 demayo, pregonar un bando en el que advertía:

-Por cuanto estoy cerciorado por personas verídicas queen la Provincia corre una estampa, que se dice ser del traidorfingido rey Túpac Amaru, y varias copias de monitoríos yconvocaciones, cuyas novedades no obstante que se tienenpor ficciones entre los hombres cuerdos y prudentes, haceneco entre la plebe ignorante y gente rústica, suscitando di-versos sentimientos en los ánimos y turbando la uniformi-dad de espíritu, con que debemos estar dispuestos a seguir ydefender hasta el último extremo de la vida los derechosindisputables de nuestro Católico Monarca. Por tanto, orde-no y mando que cualquiera persona de la calidad, estado,condición y sexo que fuese, que tuviese en su poder o supie-se quien tenga la dicha estampa y monitorios y convocacio-nes, hagan manifestaciones de ellos en este Gobierno dentrode seis días de la publicación de este auto, so pena de multade quinientos pesos de plata aplicados en forma ordinaria,hablando de gentes decentes, y de cien azotes con el rollo,siendo de calidad baja; y en calidad y consideración de quelas conversaciones públicas y conferencias que se muevensobre las alteraciones del Reino son conocidamente perjudi-

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ciales, ya por lo que alteran los ánimos con la diversidadvarias de especies que se tocan, ya porque pocas veces setienen sin nota desatenta y ofensiva al Gobierno Supremodel Reino, prohíbo en adelante se tengan tales conversacio-nes ni conferencias públicas ni secretas, ni se formen críticassobre las ocurrencias, con apercibimiento de que procederécon el mayor rigor contra los que en adelante se mostrasenen operaciones tan turbativas de la paz y sosiego públicos dela Provincia, para atajar así a las fatales ruinas que se causanen la gente ignorante en quienes hacen más infección lasvoces más siniestras-.

Mas, por lo visto, la gente de "calidad baja- y a causa deello, "ignorante-, no sólo seguía interesada en los hechosrelacionados con la rebelión de Túpac Amaru, sino que asi-mismo recibía información al respecto. Por lo tanto, el go-bernador Melo de Portugal, el 5 de mayo de 1781, mandóque -todos los que tuviesen papeles que traten del traidorTúpac Amaru, los presenten, y no se trate en público ni ensecreto-.

Pero no todo se redujo a conversaciones, asimismo tu-vieron lugar hechos más graves: gran parte del contingenteparaguayo al mando de Yegros desertó de su acantonamien-to en el puerto de Santa Lucía y cruzando el territorioorienta se internó en el Paraguay.

9. Hechos sucedidos en ChileEn ambos extremos del actual territorio chileno tuvie-

ron lugar acontecimientos motivados por la rebelión de Tú-pac Amaru.

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En Arica, en la época estrechamente ligada con la mi-nería potosina, a fines de 1780, se conocieron-lascríminalespropuestas que le hacía aquel fenómeno de torpe iniquidad,José Gabriel Túpac Amaru, por medio de sus emisarios-. Envista de ello, fueron movilizadas las milicias cuyos jefes eranlos tenientes Joaquín García, José Reguera y Luis de Mante-rola. Estos, sin embargo, no se vieron en la necesidad deenfrentar a los indios; en cambio sí el cacique Diego Cañipade los Altos del villorrio. Cañipa fue ejecutado por los su-blevados al negarse a proclamar-elinfame nombre de JoséGabriel (Túpac Amarul-.

10. PanamáLos sucesos revolucionarios- colombianos y peruanos

fueron citados en Panamá como si fueran movimientos pa-ralelos. Un documento del 15 de setiembre de 1781, cuandoaún persistían el movimiento tupamarista y el comunero,inforína:

"Se escribe de Lima que los alzados de Santafé entraronen capitulaciones, que se formaron a su antojo, y fue precisoconcederles y que, no obstante, se hallan aún con miedo losrealistas. En las inmediaciones de Popayán se habían levan-tado tarribién por las aduanas, y aun en Quito se veían susmovimientos. En Panamá se levantaron gritando contra losmuchos impuestos y aduanas. Quemaron la Casa de Taba-cos, que ardié, con dos islas o cuadras más. En ninguna deestas partes hay repartímientos (sic) de corregidores-.

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A esta altura de la exposición huelga decir que la refe-rencia al reparto de los corregidores está íntimamente vin-culada con el movimiento tupamarista.

11. MéxicoEn Izúcar, villorrio cercano a Puebla, el 21 de mayo de

1781, estalló un motín de típico carácter tupamarista. Ade-más de la violenta protesta contra el reparto de los corre-gidores, la plebe -en su aplastante mayoría indígena llegó-aromper el dosel donde se encontraba el retrato de Su Ma-jestad-, según comunicó al monarca el virrey de Nueva Es-paña. Le informó asimismo que luego que conoció lacaptuiik y el ajusticiamiento de José Gabriel Túpac Amaru,en setiembre de 1781, publicó un bando sobre el particu-lar,para que cundiera el temor entre los amotinados y sirvie-ra de ejemplo-.

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CAPíTULO IX

FIN DE LA TRAGEDIA DE 1780-1781

1. Comienzo de las gestiones de pazDos factores gravitaron en el establecimiento de tratati-

vas de paz entre los bandos en lucha: uno, interior, consistíaen la ruina económica de los virreinatos del Perú y el Plata(año sin cosecha y de paralización comercial que afectó in-cluso el hinleland platense por el cese del envío de mulas)que exigía una solución inmediata; otro, exterior, se fundabaen varios avisos sobre los preparativos de una invasión in-glesa a las costas sudamericanas.

Que el problema inglés no es traído por los pelos, sinoque constituía una auténtica preocupacióri de la política es-pañola, lo demuestra nada menos que un escrito de Florida-blanca. El estadista español revela también entretelones de lapolítica internacional de su época. Sostiene que por el trata-do de 1771 con la corte de Lisboa, España obtuve que Por-tugal "ofreciese la garantía y seguridad del Perú y demásprovincias de la América meridional no sólo contra losenemigos externos, sino también contra las sublevaciones

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internas. Parece que se preveía la inminente guerra con losingleses, que prorrumpió en 1779; pues queriendo en ella lacorte de Undres formar una expedición contra las provinciasdel Perú Y Río de la Plata, pudieron atajar este daño losfuertes oficios del ministro portugués, para no verse com-prometido en virtud de la garantía. Considérense los funes-tos efectos que habría producido una expedición inglesa enaquellas provincias al tiempo que estaban muchas de ellassublevadas por el famoso Túpac Amaru y por otros sus par-tidarios y descontentos. La mano de Dios había formado,por una protección especial de Vuestra Majestad y de estamonarquía, los articulos del tratado en la corte de Lisboa,para preservarnos de la pérdida de aquellos vastos dominios.

Por las causas señaladas el virrey del Perú, don Agustínde Jáuregui, el 12 de setiembre de 1781, promulgó un in-dulto general y ofreció a los sublevados numerosas mejoras;adhírió a este temperamento para "no discordar" de su cole-ga limeño el virrey de Buenos Aires, Juan José de Vértiz.

Advertía Jáuregui a los tupamaristas "que de persistir enel vil partido que siguen han de perecer trágicamente, sin elconsuelo de auxilio alguno corporal ni espiritual, defraudán-dose de los grandes beneficios que han debido a la inmensapiedad de Dios nuestro Señor, en haberlos sacado de lastinieblas de la gentilidad e idolatría, que detestaron en elbautismo y profesión de la Santa Ley Católica, puestos bajode la religiosa profesión y suave dominio de un Rey suma-mente benigno, que imitando a sus gloriosos predecesoresen los piadosos sentimientos hacia su nación, los ha colma-do de privilegios y otros beneficios, que próvida y liberal-

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mente les dispensa en obsequio de la religión y de la huma-nidad, a fin de que sean perfectamente instruidos en lossagrados misterios de la misma fe y de que vivan cómoda-mente en paz y justicia, exentos y libres de toda otra contri-bución que la muy corta y primitiva del tributo, en señal yreconocimiento del señorío y servicio que deben hacer a suMajestad, como sus súbditos y vasallos."

En consonancia con los beneficios enumerados, queasombran por su infantilismo, y luego de afirmar que TúpacAmaru con engaños había movilizado a los neturales, sostie-ne, lo que sorprende- por su insipidez, que éstos no "per-manecen en verdadera obstinación y rebelión", agregandoque el no "haberse ya restituido a la verdadera obediencia asu Majestad procede en los actuales caudillos del temor delcastigo, conociendo sus execrables crímenes, y que no se haexpedido a ellos el perdón ofrecido en los bandos que sehan publicado hasta ahora".

Por lo tanto, y siempre mostrando el mismo paternalamor a los indígenas que se vieron en la triste necesidad dedesamparar sus familias y quehaceres, e impelido por la ruinageneral, en nombre del rey concedía "absoluto perdón nosólo a los secuaces, sino también a los caudillos de la rebe-lión que se restituyan a sus pueblos y casas, protestando viviren lo sucesivo obedientes y fieles, sin exceptuar de esta gra-cia a Diego y Mariano Túpac Amaru, Andrés Noguera yNina Catari, a quienes igualmente otorgó el perdón que nomerecían sus detestables delitos, bajo de la misma calidad deretirarse a sus casas y observar fidelidad al rey".

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El virrey, ahora generoso y bondadoso, a la suprtsión.del reparto de los corregidores ofrecido al comienzo de larebelión, agrega "la libertad de tributos por tiempo de unaño", y finaliza ordenando "a todos- los jefes y demás ofi-ciales, así de tropas tomo de milicias, a los corregidores ydemás jueces territoriales, que con motivo ni pretexto algu-no, pena de perpetua privación de empleos y oficios y per-dimiento de bienes para la Real Cámara y Fisco, infieran elmás leve castigo, extorsión ni vejación a los que en la debidafe y crédito de este solemne y circunstanciado indulto vol-vieran a sus pueblos o lugares de antigua residencia".

Diego Cristóbal Túpac Amaru fue notificado oficial-mente de la promulgación del indulto general. en la cartaque le escribió el mariscal José del Valle el 1 de octubre de1781. Esa misiva quedó, por el momento, sin respuesta. Elsupremo jefe de la rebelión, en su segunda etapa, conocíademasiado bien los pérfidos procedimientos de sus adversa-rios para aceptar sus ofrecimientos sin sólidas garantías. Enel sentido de inclinar su ánimo en favor de la aceptación delindulto influyó mucho el obispo Moscoso. El prelado escri-bió a Diego Cristóbal y a Mariano (hijo de José Gabriel Tú-pac Amaru) una carta fechada el 13 de octubre de 1781 quecontiene frases dignas de ser recordadas, en vista del poste-rior destino de ambos protagonistas:

"Oíd, pues, hijos míos, el silvo de este Pastor que osbusca y solicita, no para exponerlos al cuchillo, no para de-rramar vuestra sangre, no cori el designio que se os castigue,sino con la lenidad y dulzura que es tan propia del caráctereclesiástico."

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Evidentemente, los esfuerzos del Dr. Moscoso no fue-ron vanos, ya que el 18 de octubre Diego Cristóbal dio elpaso trascendental, tan anhelado por los españoles y de tantrágicas consecuencias para él y sus familiares. El citado díaenvió a Del Valle la respuesta a la misiva de éste del 1 deoctubre y un amplio Informe al virrey del Perú sobre lossucesos insurreccionales y sus causas. En éste no sólo no senota ninguna clase de arrepentimiento, sino que se toma ladefensa del programa de la rebelión e, inclusive, se criticaásperamente la "inicua avaricia" de los "malvados europeos"y, se alude a las traiciones al comienzo de la Conquista, cuyorecuerdo perdura, provocando justificados recelos. Luego,pese a todo lo sucedido y sabiendo, naturalmente, que el reyno pudo comisionar a José Gabriel Túpac Amaru para queejecutara corregidores, destruyera obrajes y expulsara a eu-ropeos, asume su defensa y llega al extremo de afirmar quelos españoles son "apóstatas y prófugos". De inmediatoarremete contra los corregidores, se arrojamente porque sedirigía a un virrey que asimismo era "chapetón"-, DiegoCristóbal pasa a una de las peores lacras de la colonia:

"Los padecimientos de los naturales en la mita de Poto-sí, a beneficio y lucro de los azogueros, y el ningún premioque reportan, son dolorosos y lamentables; y sin embargo,los que no saben, o no pueden ejercitarse en estas labores,ponen en su lugar a otros, pagándoles sus jornales, en quegastan sus facultades en el todo y en que se consumen yquedan por puertas a mendigar, porque los infelices, dejandode cultivar sus chacras, para el natural sustento, el de sushijos y mujeres, se encaminan a tan remota distancia, sin que

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se les paguen los leguajes; y llegados al destino, comienzancon aquellas pesadas labores, desvelándose y aniquilándoseen ellas. De tal suerte, que pocos son que no mueren o salencon la salud quebrada y arruinada en el largo tiempo de unaño o dos que trabajan, por cuya razón se quedan muchosen él, ya por enfermizos o tullidos, ya por no tener con quécostear el regreso, a causa de que sus respectivos patronesno les satisfacen sus jornales, corno es correspondiente ymanda S. M.; sucediendo lo mismo con los destinados altrabajo a Huancavélica. Mientras cuyas ocupaciones se aga-rran los corregidores lo poco que dejan los naturales y losrematan por repartos, y no por tributos, que los cobran a loscaciques; que siendo de buen obrar y no usureros como losotros, salen quebrados Y destruidos en pagar por los que nopueden, por diferentes cargos hechos a los naturales."

Continúa Diego Cristóbal criticando los abusos de loscuras y, lo que es asombroso, de los propios curacas e invo-ca al inca José Gabriel:

"Todo lo cual consta de.haber observado mi hermano,don José Gabriel Túpac Amaru, con motivo de haber sidocacique y gobernador de Tungasuca, según lo acreditan susmismas actuaciones, a que me remito, en las cuales aparecenotros mayores excesos, que omito para mejores ocasiones,contrayéndome por ahora solamente a los puntos arribaexpresados, porque no se detenga por más tiempo este me-dio informe, que lo hago con la veneración y respeto debidoa un Sr. ministro superior como V. E., demostrando inge-nua y siniestramente los mucLos y diversos padecimientosde los infelices vasallos, por ser dignos de la primera aten-

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ciór, que claman por sumo, correspondiente y pronto rer-nedio, el que quitándose corregidores y sus repartos, conotras pensiores, en que más atesoran ellos y sus administra-dores, se reconocerá mucho aumento en el real patrimoniode S. M. con sólo el ramo de tributos, a que aun los (espa-ñoles) americanos se hallan prontos a concurrir gustosos,con tal de liberarse de la pesada carga de corregidores, encuyo lugar pudieran nombrarse gobernadores para cadaprovincia, con el objeto de distribuir justicia a las partes yquedar con la ejecución y cargo de tributos que produjeraiimuchos adelantamientos a favor del real erario, y esto con ladiferencia de los naturales, que en copioso número hanarruinado los corregidores y varios españoles, que por sumisma causa habían muerto. Y sin duda casi se hubieranarruinado, si mi prudencia, a fuerza de castigos y apercibi-mientos, no hubiese contenido a los naturales ofendidos, locual ha sido bastante para aquietarse ellos, y que se hallalogrado la existencia y libertad de muchos españoles criollos,de que varios se hallan en MI compañía, sostenidos conpaternal amor, y acariciados como a propios hijos, según semanifestarán a su debido tiempo. Y lo que únicamente hasucedido, es el castigo a la obstinada rebeldía de los oposito-res desobedienles a la ejecución de lo ordenado por S. M. elSr. D. Carlos III, encargando su cumplimiento, según dichoes, a don José Gabriel Túpac Amaru.Diego Cristóbal finalizasu Informe volviendo a hablar del inca Túpac Amaru comosi no se tratara --según el concepto del virrey- de un exeora-ble reo de Estado, pidiendo concesiones nobiliarias y terri-

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toriales, pero no olvidándose tampoco de otro atropello quesufrían los indígenas:

"En conclusión de esta representación, debo exponer ala piadosa rectitud de V. E. los muchos agravios que pade-cen los trajinantes arrieros, así por parte de los aduaneros ycobradores de nuevos impuestos, como también de los ha-cendados, que por razón de yerbajes cobran lo que les pare-ce. Y de esta suerte padecen infinitos agravios, en especialpor las partes del Cuzco, donde al pasar y volver por losobrajes de Parapujio, Pichuichiro y Taray, robaban los pesospara mantenerse, cuando podían, de los pasajeros, porquejamás les pagaban los jornales, pues todo se los engañabanlos dueños de dichos obrajes. Y por esta razón, resentidoslos naturales, les habían metido fuego a instancia de losmismos presos. Y sin embargo, de esta experiencia, correcon más exceso lo practicado de Pmacanchi y otros quesubsisten. Lo que, no siendo conveniente, sería menos malque en su lugar sólo hubiese chorrillos, como más útiles ymenos perjudiciales a los oriundos del reino.

"En suma, y respecto de que con suma obediencia mehe sujetado y acogido al indulto general que V. E. se ha dig-nado franquear a todos los vasallos de S. M., y bajo su realpalabra, suplico rendidamente a su noble generosidad sesirva adjudicarme el marquesado de Urubamba, sito en elvalle de Oropesa, con sus respectivas fincas, cuyos instru-mentos se hallan en esta capital, con motivo del injustopleito que siguió N. García- y asimismo los cocales de SanGaván en la provincia de Carabaya, que todo era pertene-ciente a mi hermano, D. José Gabriel Túpac Amaru, y por él

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a mí, su hijo Mariano y sobrino Andrés, que necesitamospara nuestra sustentación. En todo lo cual espero de la pro-tección de V. E. su patrocinio, de que imploramos lusta-mente el remedio de todos males, que clamamos con lasvoces del profeta Isaías. DomÍne, vim patior, responde prome patientibus." (Señor, padezco violencia, responde pormí. La extensión, la forma literaria y los términos latinos deeste Informe muestran que fue redactado por una mano ex-perta, compenetrada hondamente de la situación indígena yconocedora erfecta de la estrategia tupamarista. Que no fueobra de Diego Cristóbal Túpac Amaru no cabe duda, por-que hasta gor sus múltiples tareas de gobernante y jefe mili-tar no tenía tiempo para ello. Pero, ¿quién lo redactó? Heaquí otra vez el problema de los consejeros de los caudillosindígenas aún noaclarado.

2. El tratado de paz y los buenos oficios del obispoMoscoso

A pesar del indulto general, y de las trabajosas negocia-ciones previas a la firma del tratado de paz, algunos coman-dantes realistas en el territorio del Virreinato de BuenosAires cometieron actos de alevosía contra ciertos caudillosindígenas. A Diego Cristóbal el pérfido trato dado a MiguelTúpac Amaru lo afectó particularmente y avivó su descon-fianza en la sinceridad de las solemnes promesas de los es-pañoles. El incansable obispo Moscoso se tuvo, pues, queesforzar nuevamente para disipar sus temores. El 10 de di-ciembre le escribió, empleando todo el arsenal de sus argu-mentos a fin de vencer sus recelos. Diego Cristóbal se dejó

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persuadir, demostrando una debilidad poco propia de supersona y sólo explicable por el cansancie y la ruina provo-cados por la larga guerra. Pagó caro su pacifismo- la traiciónya estaba en acecho cuando firmó el importante documentofechado el 11 (le diciembre de 1781. ~Se publica en elApéndice, número 5.)

Tanto por la imposición de -los españoles --que exigíanun acto de acatamiento público de parte de Diego CristóbalTúpac Amaru- como por la voluntad de éste --que tenía susserias dudas en lo respectivo a las intenciones de los jefesrealistas- todo lo obrado en materia de pacificación debióser confirmado con la mayor publicidad y solemnidad. Pesea ello, inmediatamente después de estampar su firma sobreel tratado de paz y semanas antes de verificarse- el acto desu solenme confirmación, Diego Cristóbal se sentía asaltadopor dudas y sospechas. Las comunicaba, pidiendo aclaracio-nes, al obispo Moscoso, que por su investidura y por lo queafirmaba con tanta vehemencia, parecía ser la parte. desinte-resada y la que estaba, en apariencia, por encima de la sospe-cha de abrigar sentimientos o proyectos alevosos. Cuatrodías después de la firma de la paz, el 15 de diciembre, DiegoCristóbal escribía al obispo:

"Por mi parte aseguro a V. S. I., a fe de cristiano, no fal-taré a lo que tengo proferido, aunque en términos veo salentropas por todas partes contra mí y estos pueblos. Si se mequebrantase la fe prometida V. S. 1. ha de ser responsable,pues se arriesga mi persona y familia, fiada en su protección.Ella más que sus errores me docilita, y no dudo me cumplirácomo promete mirar por esta errante oveja."

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En el agregado a la carta citada precedentemente -comosi presintiera alguna traición de parte del obispo- DiegoCristóbal protesta porque éste le llama "rebelde" en unaorden a ciertos eclesiásticos y afirma que él nunca se sublevócontra el rey de España. No deja, empero, de añadir que"todo ha sucedido por disposición divina que inspiró al pri-mer autor, José Gabriel Túpac Amaru, que comenzó conuna operación que me vi obligado a continuar por motivoslegítimos de precaver la vida".

En su inniediata respuesta a la carta de Diego CristóbalTúpac Amaru, el obispo nuevamente emplea toda su capa-cidad persuasiva con el fin de convencer al jefe rebelde deque contra él no se prepara ninguna celada. Y para disiparlas dudas que los argumentos bíblicos y escolásticos dejan enla mente de Diego Cristóbal, Moscoso apela a su recursosupremo:

"Yo -dice me he constituido garante para promovervuestros intereses, los representaré, como lo he ofrecido, yllevaré vuestros servicios al Superior Gobierno, como ya loestoy haciendo, y no desistiré hasta ponerlos al pie del Tro-no."

Después de este intercambio epistolar Diego CristóbalTúpac Amaru tuvo nuevos motivos de zozobra. Dirigió,pues, otra vez una carta al obispo que se constituyó "en ga-rante" de la buena fe española. Es, probablemente, contes-tación a ella la extensa misiva de Moscoso del 1 de eneio de1782. Aparentando un santo enojo, un sentimiento alta-mente altruista y unas profundas miras de elevación espiri-tual, el obispo omo si sobrellevara una nueva cruz de

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Cristo-- se queja de la ingratitud de su protegido, "sin em-bargo, como yo estoy llamado por Dios para vuestra quietudy salvación, paso por todo, y condescendiendo con vuestradebilidad, teniendo para ello el ejemplo de Moisés".

Como se ve, fue muy importante el papel del obispoMoscoso en el logro de la paz. Pero cabe dudar de sus repe-tidas e insistentes afirmaciones de que se debió únicamente asus esfuerzos. En realidad de verdad, el maquiavelismo deldiocesano cuzqueño fue exitoso gracias a la situación generalque atravesaban el Virreinato del Perú y parte del de BuenosAires: cansancio de la guerra sangrienta y miseria horribledebido al abandono del agro por enormes masas indígenas,sus únicos labradores. Por las causas señaladas, pese a todaslas vacilaciones de Diego Cristóbal Túpac Amaru, el solem-ne acto de confirmación oficial de las condiciones de paz ydel acatamiento público de la autoridad establecida se llevó acabo. Tuvo lugar el 26 de enero en el pueblo de Sicuaní,perteneciente al corregimiento de Tinta. El mariscal José delValle, comandante militar del Virreinato del Perú, que man-tenía informado de todo a su colega del Virreinato de Bue-nos Aires, coronel José Reseguín, describe ese trascendentalacto para el destino de los Túpac Amaru y para el futuro delas colonias españolas, en los términos siguientes:

"Conceptúo a Ud. informado, por la última que le escri-bí desde el Cuzco, de la favorable disposición en que se halladon Diego Cristóbal Túpac Amaru de darle obediencia alRey Nuestro Señor en este pueblo de Sicuani, que el Ilustrí-simo Sr. Obispo de la Santa Iglesia del Cuzco y yo le seña-lamos para efectuarla, en cuya consecuencia emprendimos

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nuestra marcha el 10 del que rige, y, la concluimos el 17,escoltados de una columna de 1.500 hombres veteranos yprovinciales. Túpac Amaru llegó ayer con una pequeña es-colta de 50 hombres, armados con fusiles y rejones y, tresbanderas, las dos blancas y una amarilla, pues aunque salióde Marangani con 200 indios, lo fueron dejando en el cami-no llenos de temor hasta averiguar la suerte de su jefe, quecreían bárbaramente venir a sufrir el último suplicio. Alacercarse Túpac Amaru a mi tienda, rindieron sus oficialeslas banderas y apeándose de su caballo entró en ella tan tur-bado que no podía articular una palabra, se iba a poner derodillas a mis pies, y yo lo levanté con mis brazos, asegurán-dole la protección del Rey, la seguridad de la vida y que ad-quiría gran mérito con S. M., siempre que dedicase laautoridad que tiene sobre los rebeldes para que se restituye-sen a sus casas a vivir pacíficos y perpetuamente subordina-dos al poderoso, legítimo y único Señor de estas Américas.Ofrecióme con señales nada equívocas de su sinceridad queemplearía todos sus esfuerzos al indicado fin y que de-rramaría la última gota de sangre, si fuese preciso, por re-conquistar todos los pueblos que hasta ahora no se hubiesensometido a la obediencia del Rey de las Españas, que reco-nocían por su verdadero Señor, y me entregó un papel deque acompaño a Ud. una copia certificada.

"Pasamos desde mi campo al pueblo de Sicuani, con elobjeto de que tributase sus respetos al Ilustrísimo Sr. Obis-po, como lo ofreció con la mayor sumisión postrado a suspies. Al siguiente día fue absuelto de la excomunión, quedesde el principio del alzamiento había impuesto Su Ilustrí-

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sima a todos los que siguieren su infame partido, y en lamisa de pontifical que el expresado prelado celebró después,hizo el juramento de fidelidad con las ceremonias acostiun-bradas, al frente del estandarte real de la ciudad del Cuzco ydos banderas de este ejército, que se le pasaron encima, es-tando tendido en el suelo. Finalizado ese acto con repetidosvítores al Rey y de triplicadas salvas de artillería y fusilería,empezar sin a bajar de los montes una multitud de indiosque los coronaba, no sólo de las provincias del Collao, sinotambién de las de Larecaja, Pacajes, La Paz y hasta de losAndes, a pedir perdón y dar la obediencia a S. M.

Ma mujer, madre y sobrinos del expresado Túpac Ama-ru deben llegar este campo, en cumplimiento de las órdenesque les ha dirigido, mañana o pasado mañana, y no lo hanefectuado ya por puro temor y desconfianza.

"Túpac Amaru me ha ofrecido, en presencia de este Se-ñor Ilustrísimo, con señales ciertas de la realidad de suspromesas, que se sujetará en todo a mis consejos y a las ins-trucciones que le prevenga al pronto logro que deseamos dela total pacíficación de estos afligidos países.

"Nuestro Señor guarde a Ud. muchos años. Sicuani, 27de enero de 1782."

Aun del doctimento precdente, que es un relato oficial,fluye el respeto con que fue tratado "don Diego CristóbalTúpac Amaru". Una descripción particular informa que lefue dispensado el trato de un monarca vencido. He aquí loque dice, juego de narrar su llegada a Sicuani:

"Pasaron todos a la casa episcopal, y dándose ambos je-fes del mariscal Del Valle y el obispo Moscoso los plácemes

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gratificaron a Túpac Amaru en nombre del rey, mandándoseal mismo tiempo, con pena de la vida, que nadie infamase alrendido, ni a alguno de su familia o séquito con palabras quetocasen en cosa de la pasada rebelión, para extirpar de estemodo enteramente el receló que a los naturales asiste de suindulto. Previniéndose alojamiento para todos los de la co-mitiva de Diego, su hermana Cecilia y demás, con las provi-siones respectivas a expensas del corregidor Salcedo, y parael consabido Túpac Amaru en un departamento de la casade Su Ilustrísima, así para autorizarlo con este honor, comopara hacerle concebir la realidad de la gracia (que aún duda-ba). Comió este día a la mesa del prelado en unión del Sr.Inspector, oficiales y demás personas a las tres, y en el es-pléndido banquete que se dispuso, todos brindaron por lasalud del rey, con el mayor aplauso, medios todos los máseficaces para quitar los nublado's que ofuscaban aquella almarecién convertida."

Prosigue el relato describiendo la misa solemne del día26 de enero y agrega:

"Concluido tan plausible regocijo se retiraron a la casaepiscopal donde se sirvió un gran refresco y después unmagnífico banquete, en que los brindis no respiraban sinogozos y amor al rey; verdaderamente que el amor del Sr.Obispo ha manifestado en esta ocasión, su sobresalientelealtad y distinguido celo al real servicio, cerrando con llavede oro el infatigable trabajo que emprendió desde los prin-cipios de la rebelión, para que se practicase sin derrama-mientos de sangre de unos vasallos que, obsecrados (sic) asu ignorancia, vuelven hoy al seno de su monarca, que se ha

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compadecido de su infidelidad y desdicha, que como ovejassin pastor volaban por el aprisco."

Acerca del alcance del acto celebrado en Sicuani hablaelocuentemente la orden del virrey Jáuregui del 20 de febre-ro de 1782, en que manda iluminar las casas durante tresnoches consecutivas 'en todas las ciudades del Virreinato delPerú y decir una misa de gracias en todas las iglesias.

Esa orden, como las solemnidades de Sicuani, provoca-ron un disgusto entre casi todos los funcionarios realistas y"chapetones". Opinaban que sólo una victoria sobre unapotencia europea correspondía solemnizarla de semejantemanera. Además, expresaban el temor de que refirmarían enlos indios la creencia de su gran poder. Tampoco les satisfa-cía la paz lograda a costa de tantos esfuerzos y tan deseadapor ambos bandos. Vivían únicamente con la idea de tomarvenganza cruel de los siervos indígenas que, después de tressiglos de sumisión, tuvieron la osadía de levantarse en armascontra ellos. Sigilosa, pero metódicamente, fue preparado elcamino para los luctuosos sucesos de 1783, en los cuales-como otras veces- el obispo Moscoso tuvo una participa-ción muy destacada.

3. La violación del tratadoPese a haber logrado la paz mediante negociaciones for-

males, las autoridades se dieron rápidamente a la tarea deextirpar del suelo de América a todos los "incas", es decir alos familiares de José Gabriel Túpac Amaru, por más lejanoparentesco que tuvieran con éste, y aun a las personas vin-culadas con ellos. Aunque se hayan mostrado premedita-

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mente infieles a su palabra, no cabe atribuirles en este casouna felonía especial.

Poco hubiera podido cambiar en esto la sincera adhe-sión de los familiares del último inca al régimen colonial,porque su sola existencia constituía una amenaza constantepara su estabilidad. Ya Maquiavelo, el reconocido maestrode la metodología política, decía que para asegurar el poderen los pueblos conquistados es necesario "borrar la línea delos príncipes que los gobernaban". Y los españoles, basán-dose o no en las teorías del autor de El Príncipe, ya proce-dieron así en los comienzos de la Conquista.

La opinión de la generalidad de los funcionarios colo-niales ya nos es conocida bastante; no vale, pues, la penainsistir en ello; pero la propia corte española, cuyos repre-sentantes juraron las cláusulas de paz en mayo de 1782, ad-vertía al virrey del Perú "sobre la ninguna fe que se debe dara las palabras y ofertas de los traidores Diego y Andrés Tú-pac Amaru". La misma corte ya en abril de 1782 expresó laconveniencia de apoderarse de los jefes indígenas, y en se-tiembre de 1783 ordenó al Visitador Jorge Escobedo que nodejara "restos ningunos de la infame y vil familia de los Tú-pac Amaru". Orden que ese celoso funcionario había cum-plido antes de recibirla... Y cuando la traición fueconsumada, la misma corte, en una real orden reservadadirigida al virrey Vértiz, decía así:

"Leída esta carta al Rey con la nómina que V. E. acom-paña de los individuos que se han preso en esta ocasión, leha causado una completa complacencia, pues con la prisiónde Diego y sus tres sobrinos, su familia y secuaces, regula ya

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S. M. como asegurada la tranquilidad y ebediencia interioresdel Perú."

Además de lo expuesto, obraba en el ánimo de las auto-ridades españolas el temor, que expresó el virrey Jáuregui ensu carta a Gálvez del 1 de abril de 1784, ante la posibilidadde que "alguna potencia enemíga" se apoderase de esta "ini-cua fanália" y se sirviera de ella para "perturbar la tranquili-dad de su soberano ánimo y la de estos dominios". Perorecién cuando quedaron extinguidos los últimos focos de laresistencia armada tupamarista los españoles se hallaron encondiciones de llevar a cabo la venganza contra DiegoCristóbal y sus famihares. No se trataba de una tarea muysiemple que se diga, pues Diego Cristóbal Túpac Amarugozaba de un enorme ascendiente entre los indios y éstosseguían acatando sus órdenes. Además, constituía un pro-blema de muy difícil decisión el quebrantamiento del indultopara todos los comprometidos en los sucesos insurreccio-nales y la soienme firma de la paz. Pero ya la perfidia organi-zada con los medios de un Estado poderoso allanó losobstáculos en el camino de la traición.

Después de lo dicho más arriba creo obvio entrar en elanálisis de los cargos formulados contra Diego CristóbalTúpac Amaru y los incas". Por lo demás, tal análisis seríacompletamente superfluo en vista de que el propio juez de lacausa, el oidor Benito de la Mata Linares, en su informe alvirrey Jáuregui del 31 de mayo de 1783, expresa sus dudasacerca de los fundamentos jurídicos de la causa. (Se publicaeste documento en el Apéndice, número 8.) Y el virrey pe-ruano, a quien Mata Linares presentó su informe, en su carta

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al ministro de Indias del 5 de mayo de 1783, varias semanasposterior al desenlace de la tragedia, decía que los jefes in-dios "no habían dado unas pruebas positivas y claras de sureincidencia". En otra carta a su supenor jerárquico, le co-munica que inmediatamente después de lograda la paz pidióal obispo Moscoso que se valiera de su ascendiente personal,a fin de convencer a Diego Cristóbal Túpac Amaru y a sussobrinos que accedieran a fijar su residencia en la capital delVirreinato. Sin embargo, Diego Cristóbal no se dejó envol-ver por las mañosas palabras del obispo, mas Andrés y Ma-riano sí. Pero desde el momento en que abandonaron Tintase hallaban bajo la más estrecha vigilancia. Estaba a cargo deella el alférez de caballería Andrés Navarro, que, incluso,ocupó una habitación contigua a la de los dos Túpac Amaruen el colegio de San Pedro en Lima.

Según se ve, la trama estaba perfectamente urdida y nocabe duda que al obispo Moscoso le correspondió un papeldestacadísimo en su ejecución. Sin embargo, después de ladetención de Diego Cristóbal y los otros jefes indígenas,tuvo el valor de dirigir una Carta Pastoral a los fieles con lasmás graves y pérfidas acusaciones contra ellos.

Ahora bien, por más que el arcediano Jiménez Villalbapretendía atribuir un significado extraordinario al últimoencuentro entre Moscoso y Diego Cristóbal Túpac Amaru,en la víspera de la ejecución de éste, nada de misterioso hayen la escena que presenció y describió así:

"Luego que,entramos en el aposento del reo, nos sen-tamosy comenzó el Diego a reconvenirle con que había sido

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su enemigo, que había escrito contra su vida, y con otrasreflexiones de esta naturaleza."

¡Qué menos pudo decirle Diego Cristóbal al hombreque tan fatalmente pesó en su destino!

Diego Cristóbal Túpac Amaru fue detenido en Tinta el15 de febrero de 1783. Sus familiares, desde los más cerca-nos hasta los más lejanos, como también sus servidores y losotros jefes de la rebelión -menos Andrés Túpac Amaru,sobrino de José Gabriel, y el hijo de éste Mariano, apresadosen Lima el 27 de febrero- fueron cayendo en manos de losespañoles durante los meses de febrero, marzo y abril. Lahorrorosa, sin par, sentencia contra Diego Cristóbal y losprincipales jefes indígenas fue pronunciada el 30 de julio o el1 de agosto de 1783. (Se inserta en el Apéndice, documentonúmero 5.) Ese documento, y el publicado por el virrey Jáu-regui para justificar su alevoso proceder, confirman una vezmás la total falta de motivos concretos para ejercer una ven-ganza tan cruel. Ni un solo hecho probado de rebeldía pudoser citado en apoyo de la supuesta infidelidad". Todos loscargos se reducían a acusaciones vagas de proteger a losindígenas y de conservar la supremacia sobre ellos, a fin delograr la separación de la metrépoli. Y con una motivacióntan insustancial se quiso justificar el monstruoso asesinato,con métodos sólo aplicados en la Antigüedad, de DiegoCristóbal Túpac Amaru. Éste, conforme al fallo del sangui-nario Mata Linares, fue "arrastrado de la cola de una bestiade albarda, llevando soga de esparto al pescuezo, atados piesy manos, con Voz de pregonero que manifieste su delito;siendo conducido en esta forma por las calles públicas

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acostumbradas al lugar del suplicio, en el que, junto a la hor-ca estará dispuesta una hoguera con sus grandes tenazas,para que allí, a vista del público sea atenaceado y despuéscolgado por el pescuezo". . .

Similar a la bestialidad de esa sentencia fue la orden enella contenida: de ejecutarla en todo su alcance, pese a laposible "apelación, súplica u otro recurso".

Ahora bien, tiene estrecha relación con esa sentencia lacondena a destierro perpetuo y diez años de presidio deAndrés y Mariano Túpac Amaru, dictada por la Audienciade Lima el 16 de marzo de 1784. Está también vinculadocon ella el destierro de un centenar de familiares y allegadosde Túpac Amaru, entre ellos el de su hijo Fernando, que a laedad de nueve anos presenció la muerte de sus padres en laplaza mayor del Cuzco.

Los presos, después de infinitos sufrimientos, el 13 deabril de 1784, fueron hacinados en las inmundas cubiertas delos navíos de guerra El Peruano y San Pedro de Alcántara,que los transportó a España. Da prueba del trato que reci-bieron el hecho de que los veintinueve presos que fueronembarcados en El Peruano. murieron en la travesía diecio-cho de ellos, tres años después de su arribo a España, que-daron con vida cuatro.

Más triste aun fue la suerte de los embarcados en el SanPedro de Alcántara. Este navío naufragó frente a las coltasde Portugal y la mayor parte de los presos americanos pere-cio en las olas.

De los familiares más cercanos de José Gabriel TúpacAmaru, iban en El Peruano su hijor mayor Mariano y su

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hermano Juan Bautista. El primero murió durante la travesíaa Río de Janeiro; el segundo, después de cuarenta años decautiverio en los presidios de España y de África, en 1822,llegó a Buenos Aires y obtuvo de Rivadavia (véase el docu-mento 6 del Apéndice) una pensión vitalicia, con la condi-ción de describir sus padecirnientos. De ahí justamente eltan famoso. y debatido opúsculo publicado con su nombre.El anciano desvalido en él dice que su "hermano, mártir dela libertad y de su amor a los hombres pasará por un perver-so y su tentativa por un crimen”.

En esto está profundamente errado, ni José GabrielTúpac Amaru es considerado un perverso, ni la rebelión porél encabezada un crimen. Todo lo contrario, su figura y suobra son aquilatadas cada vez con mayor comprensión. Delo cual, espero, también son prueba las páginas cuyo puntofinal pongo aquí.

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APENDICEDOCUMENTOS

1.Bando que se encontró en los bolsillos de Túpac Ama-

ru

D. José I. por la gracia de Dios, Inca, Rey del Perú,Santa Fe, Quito, Chile, Buenos Aires, y continentes de losmares del Sud, duque de la Superlativa, Señor de los Césaresy Amazonas con dominio en el gran Paitití, Comisario Dis-tribuidor de la piedad divina por erario sin par, etc.

Por cuanto es acordado en mi Consejo por junta prolijapor repetidas ocasiones, ya secreta, ya pública, que los Reyesde Castilla me han tenido usurpada la corona y dominio demis gentes, cerca de tres siglos, pensionándome los vesalloscon insoportables gabelas, tributos, piezas, lanzas, aduanas,alcabalas, estancos, cadastros, diezmos, quintos, virreyes,audiencias, corregidores, y demás ministros, todos iguales enla tiranía, vendiendo la justicia, en almoneda con los escriba-nos de esta fe a quien más puja y a quien más da, entrandoen esto los empleos eclesiásticos y seculares, sin temor de

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Dios; estropeando como a- bestias a los naturales del reino;quitando la vida a todos los que no supieron robar, tododigno del más severo reparo. Por eso, y por los clamoresque con generalidad han llegado al Cielo, en el nombre deDios Todo Poderoso, ordenamos y mandamos, que ningunade las personas dichas, pague ni obedezca en cosa alguna alos ministros europeos intrusos, y sólo se deberá tener todorespeto al sacerdocio, pagándole el diezmo y la primicia,como que se da a Dios inmediatamente, y el tributo y elquinto a su Rey y Señor natural, y esto con la moderaciónque se hará saber, con las demás leyes de observar y guardar.Y para el pronto remedio de todo lo suso-expresado, man-do se reitere y publique la jura hecha a mi Real Corona entodas las ciudades, villas y lugares de nñs dominios, dándo-me parte con toda la verdad de los vasallos prontos y fielespara el premio igual, y de los que se rebelaren, para la penaquejes compite remitiéndonos la jura hecha, con razón decuanto nos conduzca, etc.

Bando de Túpac Amaru publicado en SilosD. José I por la gracia de Dios, Inca, Rey del Perú, de

Santafé, Quito, Chile, Buenos Aires y Continente de losmares del Sud. Duque de la Superlativa, Señor de los Césaresy Amazonas, con dominio en el gran Paitití, comisionado ydistribuídor de la piedad divina, por el Erario sin par. Porcuanto es acordado por ¡ni Consejo, en junta prolija, porrepetidas ocasiones, ya secretas y ya públicas, que los Reyesde Castilla han tenido usurpada la corona y los dominios demis gentes cerca de tres siglos, pensionándome los vasallos

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con insoportables gabelas y tributos, sisas, lanzas, aduanas,alcabalas, estancos, contratos, diezmos, quintos, virreyes,audiencias, corregidores y demás ministros, todos iguales enla tiranía, vendiendo la justicia en almoneda, con los escriba-nos de esta fe, a quien más puja y a quien más da, entrandoen esto los empleados eclesiásticos y seculares del Reino,quitando vidas á sólo los que no pudieron o no supieronrobar, todo digno del más severo reparo, por tanto, y porlos justos clamores, que con generalidad han llegado al Cielo,en el nombre de Dios Todopoderoso, mando que ningunade las pensiones se obedezca en cosa alguna, ni a los minis-tros europeos intrusos, y solo se deberá todo respeto r alsacerdocio, pagándole el diezmo y la primicia inmediata-mente, como se da a Dios, y el tributo y quintos a su Rey ySeñor natural, y esto con la moderación. debida, y para elmás pronto remedio, y guarda de todo lo susodicho, mandose reitere y publique la jura hecha de mi real corona, en to-das las ciudades, villas y lugares de mis dominios, dándonosparte con toda brevedad de los vasallos prontos y fieles, parael premio, e igual de los que se rebelaren, para la pena queles compete, remitién donos la jura hecha.

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2(Manifíesto de Túpac Amarua los habitantes de Arequipa)

El Señor Don José Gabriel Tupa Amaro Inga, descen-diente del Rey Natural de este Reino del Perú, principal yúnico Señor de él.

A los vecinos de la ciudad de Arequipa les hago saber decómo el regreso de mis empresas que he tomado y di noticiaa por cartel que libré, ha sido con las mayores felicidades, elS logro de las provincias de Paucartambo, Urubamba, lasocho parroquias del Cuzco, Quispicanchi, Parusa (sic), Tin-ta, Belille, Lampa, Azángaro, Carabaya, Puno, Chucuito ysus contornos, que hoy se hallan a mi cargo ya libres detantos ladronicios que por una hacían los malvados, corregi-dores y por otra la caja de la aduana y otras pen-ersas impo-siciones y amenazas hechas por el reino de Europa, por lasque vivíamos hostilizados en sumo grado, y porque mi áni-mo no es otro sino el de arruinar a los ladrones de los co-rregidores y arrasar de raíz el mal gobierno y pechos hastadejar el común vecindario de este mi reino libre de estoscargos, y que puedan vivir en sosiego, les doy esta noticia, y

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de tener innumerable gente con la que. evacuadas mis dili-gencias por acá pasaré a ésa (-a) horrarles el cautiverio enque se hallan, encargándoles por ahora que estén con el ma-yor celo y vigilancia a precaverse de este ladronazo de Se-manat y ver si le pueden apresar y tener hasta mi bajada paradarle el castigo correspondiente. Por último lo que les pro-meto es que en breve se verán también libres de todo, y asívalor vasallos míos y a toda voz digan ¡Viva el dueño prin-cipal, muera, muera el usurpador del mal gobierno! y enco-mendándome a Dios. Tungasuca y diciembre 23 de 1780.Don José Gabriel Tupa Amaro.

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3(TRATADO DE PAZ)

En el campo de Lampa, en 11 de diciembre de 1781. ElSeñor Comandante de la columna de Arequipa, D. RamónArias, se congregó en compañía de varios oficiales suyos aparlar con D. Diego Túpac Amaru, a fin de que por suspartes, y todos los individuos de la columna, se observara ycumpliera religiosamente el perdón e indulto general que lapiedad del Exmo. Señor Virrey de Lima tiene concedido aldicho Túpac Amaru, como igualmente a todos los naturalesde ambos sexos y edades, sin excepción de personas, segúnconsta del bando. En cuya virtud prometo en nombre delRey, el Señor Carlos III (que Dios guarde), que no ofenderé,ni perjudicaré a ningún natural, que guardaré exactísima-mente las órdenes del Señor Virrey, dirigidas a tratar consuavidad y blandura a todos los naturales de estas provincias,bien entendido que los dichos Íiaturales deben observar lamisma armonía, sin causar insultos ni extorsiones al ejércitode mi mando, ni a ningún español. Y en caso de que no secumpla por parte de los naturales esta buena corresponden-

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cia referida, no se extrañará la defensa natural y que procureel honor de las armas del Rey.

Al mismo tiempo yo, dicho Túpac Amaro, ofrezco co-mo verdadero rendido, que mandaré y no permitiré queningún natural ofenda a los españoles y al mismo, tiempoque se recojan a sus pueblos y vivan con los españoles enpaz y unión, como Dios manda, y quiere tiuestro CatólicoMonarca, de modo que, cesando las hostilidades 3, todos losperjuicios ocurridos hasta ahora, sea todo tranquilidad ybuena correspondencia entre españoles e indios, para quegire el comercio, se repueblen las estancias, se trabajen lasminas, se doctrinen los indios por sus respectivos curas, ypor último vivamos todos como verdaderos vasallos delCatólico Rey de las Españas. En cuya virtud, y para queconste, firmamos este papel, en señal de la buena fe. queambos debemos observar. Lo firmamos con los SeñoresCuras, Comisarios del Ilustrísimo Señor Obispo de Cuzco, yde varios Oficiales de plana Mayor y Capitanes de esta co-lumna en dicho campo. Ramón Arias. - Diege CristóbalTúpac Amarú. - Dr. Francisco de Rivera. - Dr. José de Zú-ñica. - Dr. Antonio Valdés. - Maestro Marcos Palomino. -Mateo de Cosio - Francisco Antonio Martínez. - VicenteFlores. - José Domingo Bustamante. - Juan Antonio Montú-far. - Vicente Noriega.- José Medina. - Esteban de Chaves. -Eugenio Benavídez. - Pedro de Echeverría. - Dr. VicenteMartínez Atazú, cura de Atorialla. Pablo Ángel de España. -Ramón Bofill.

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4(SENTENCIA)

Pronunciada en el Cuzco por el Visitador don JoséAntonio de Areche, contra José Gabriel Túpac Amaru, sumujer, hijos y demás reos de la sublevación.)

En la causa críminal que ante mí pende, y se ha seguidode oficio de la Real Justicia contra José Gabriel Túpac Ama-ru, cacique del pueblo de Tungasuca, en la provincia deTinta, por el horrendo crimen de rebelión o alzanúento ge-neral de los indios, mestizos y otras castas, pensado más háde cinco años, y egecutado en casi todos los territorios deeste virreinato y el de Buenos Aires, con la idea (de que estáconvencido) de quererse coronar Señor de ellos, y libertadorde las que llamaba miserias de estas clases de habitantes quelogró seducir, a la cual dio principio con ahorcar a su corre-gidor D. Antonio de Arriaga.

Observados los testimonios de las leyes en que ha he-cho de acusador fiscal, el Dr. D. José de Saldívar y Saavedra,abogado de la Real Audiencia de Lima, y defensor, el Dr.Miguel Iturrizarra, también abogado de la propia Audiencia:vistos los autos y lo que de ellos resulta. - Fallo, atento a su

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mérito, y a que el reo ha intentado la fuga del calabozo enque se halla preso, por dos ocasiones, como consta de fojas188 a fojas 194 vuelta, y de fojas 231 a fojas 235 e igualmentea lo interesante que es al público y a todo este reino del Pe-rú, para la más pronta tranquilidad de las provincias subleva-das por él, la noticia de la ejecución de la sentencia y sumuerte, evitando con ella las varias ideas que se han extendi-do entre casi toda la nación de los indios, llenos de supersti-ciones, que los inclinan a creer la imposibilidad de que se leimponga pena capital por lo elevado de su carácter, creyén-dole del tronco principal de los Incas, como se ha titulado, ypor eso dueño absoluto y natural de estos dominios y suvalallaje: poniéndome también a la vista la naturaleza, condi-ción, bajas costumbres y educación de estos mismos indios,y las de las otras castas de la plebe, las cuales han contribui-do mucho a la mayor facilidad en la egecución de las depra-vadas intenciones del dicho reo José Gabriel Túpac Amaru,teniéndolos alucinados, sumisos, prontos y obedientes acualquiera orden suya, habiendo llegado los primeros hastaresistir el vigoroso fuego de nuestras armas contra su naturalpavor, y les ha hecho manifestar un odio implacable a todoeuropeo o á toda cara blanca o pucacuncas, como ellos seexplican, haciéndose autores él y estos de innumerables es-tragos, insultos, horrores, robos, muertes, estupros, violen-cias inauditas, profanación de iglesias, vilipendio a susministros, escarnio de las más tremendas armas suyas, cuales, la excomunión: contemplándose inmunes o escentos deellas, por asegurárselo así, con otras malditas inspiraciones,el que llamaba su Inca; quien, al mismo tiempo que publica-

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ba, en las innumerables convocatorias, bandos y órdenessuyos, (de que hay bastantes originales en estos autos) queno iban contra la iglesia, la privaba, como, va dicho de susmayores fuerzas y potestad, haciéndose legislador en susmás sagrados arcanos y ministerios: cuyo sistema, seguía delpropio modo contra su legítimo Soberano, contra el másagusto, más beningno, más recto, más venerable y amable decuantos monarcas han ocupado hasta ahora el trono de Es-paña y de las Américas; privando a una y a otra alta potestadde sus más particulares prerrogativas y poder: pues ponía enlas doctrinas curas, se recibía en las iglesias bajo de palio,nombraba justicia mayores en las provincias, quitaba losrepartimíentos o comercio permitido por tarífa a sus jueces,levantaba las obvencíones eclesiásticas, extinguía las aduanasreales y otros derechos que llamaba injustos: abría y quema-ba los obrages aboliendo las gracias de initas, que concedenlas leyes municípales a sus respectivos destinos: mandabaembargar los bienes de los particulares habitantes de ellas y.no contento con esto quería egecutar lo mismo,lomando loscaudales de las arcas reales; imponía pena de la v¡da á losque no obedecían, plantaba o foimaba horcas á este fin entodos los pueblos egecutando á muchas: se hacía pagar tri-butos; sublevaba con este miedo y sus diabólicas ofertas laspoblaciones y provincias, substrayendo á sus moradores dela obediencia justa de su legítimo y verdadero Señor -aquelque está puesto por Dios mismo para que las mande en cali-dad de soberana: hasta dejar pasar en sus tropas la inicuailución de que resucitaría, después de coronado, á los quemuriesen en sus combates: teniendo, o haciéndoles creer

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que era justa la causa que defendía, tanto por su libertador,como ser el único descendiente de tronco principal de losIncas; mandando fundir cañones, como fundió muchos,para oponerse a la autoridad del Rey, y sus poderosas ytriunfantes armás, reduciendo las campanas de las iglesias, ycobre que obó a este uso. Asignaba el lugar de su palacio, yel método de su legislación para cuando fuese jefe universalde esta tierra, y quería hacer patente su jura á toda su nación,atribuyéndose dictados reales, como lo comprueba el papelborrador de fojas 139, que se encontró en su mismo vestido,que lo convence. Se hizo pintar y retratar en prueba de estosdesignios torpes, con ínsignias reales de unco, mascapaicha yotras, poniendo por trofeos el triunfo que se atribuía haberconseguido en el pueblo de Sangarará, reprecentando losmuertos ó heridos con las llamas que abrazaron la iglesia deél, y la libertad que díó a los que se hallaban presos en suscárceles y últimamente, desde el principio de su traiciónmandó, y mandaba como rey, bajo el fríbolo y falso pretextode ser el descendiente legítimo y único, según va indicado,de la sangre real de los emperadores gentiles, y con especia-lidad del Inca Felipe Túpac Amaru cuya declaración se usur-pó desde luego sin facultad pues el tribunal de la RealAudiencia de Lima, donde pendía esta causa, no le habíadeclarado ningún derecho a esa descendencia, antes por elcontrario había fundamentos bien seguros para denegársela,cuyas persecuciones de entroncamiento. no obstante dehallarse en este tan dudoso estado, han hecho tal impresiónen los indios, que llebados de esta, le hablaban, y escribíanen medio de su rudeza, con la mayor sumisión y respeto,

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tratándole a veces de Señoría, Exccelencia Alteza, y Mages-tad, viniendo de varias provin~las á rendírle la propia obe-diencia y basallaje: faltando eii esto a las obligaciones tanestrechas fidelidad y religión que tiene él y todo vasallo consu rey- natural: prueba clara, evidente y dolorosa del estra-viado espíritu con que se gobierna esta infeliz clase tambiénde cuán poco conoce la subordinación y acatamiento debidoá la legítima potestad de nuestro adorable Soberano deján-dose persuadir maliciosamente de los ofreciinientos de esetraidor ingrato y mal vasallo suyo, de quien, y de su RealAudiencia de Lima, de su Exmo. Sr. Virrey- y de mí, fingióque tenía órdenes para ejecutar lo que tan bárbaramentee'ecutaba, y debió no creer lícito el más idiota: fuera de queen cuanto á sus efectos, no podían ignorar los indios de losrepartiMientos o enunciado comercio de Tarlifa permitido ásus jueces territoriales, se iba a quitar tan en breve como haseñalado la esperiencia, constándoles así esto, como quevuestro respetable Soberano deseaba, y procuraba, según hedeseado y procurado siempre, su alibio. También sabían a uelas obenciones no les pagan ni han pagado sino por su pro-pia voluntad, libre y espontánea, apeteciéndolo y anhelán-dolo muchos de ellos mismos por los entierros de pompa, yuso de los demás sagrados sacramentos, con la ostentaciónque les ocasiona crecidos gastos: pues á sus respectivosdoctrineros o curas, se les satisface y ha satisfecho el corres-pondiente sínodo, sin que tengan estos derechos y acción áemolumentos ú obenciones. Tampoco ha debido ignorareste insurgente, sus malvados secuaces, para unírsele por suspromesas, que conforme á la ley del reino, están excentos de

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alcabala, según se observa escrupulosamente en la que es desu crianza, labranza propia é industria de estas: pero desuerte, que para este beneficio y, liberalidad no lo convier-tan, como lo suelen convertir, en agravio de nuestro Rey ySeñor, sirviendo ellos mismos de defraudadores del derechode alcabala, llevando en su cabeza y á su nombre, con guíassupuestas, á las ciudades o pueblos de consumo N- comer-cio, lo que no es suyo y no les pertenece, siendo de otros noexcentos: contraviniendo en esto a todas las leyes de cristia-nos, de vasallos, y, de hombres de bíen y verdad, justicia yrectitud. A cuyo fin, y para que cumplan con estas cualidadesy, aquellas soberanas decisiones, se ha procurado siempreque dichas guías se examinen y vean con cuidado, y las sa-quen, las lleben, y se las den, sin costo ni detencíón alguna,los ministros recaudadores de este real derecho, y celadoresde tales fraudes, que han cometido y cometen con repeti-ción esta clase de privilegiados, cuyo celo justo y diligenciadebida llama este traidor escandalosamente opresión, y gra-vamen, sin conocer que son los indios quienes lo han for-mado, si es que lo es, y no se mira a que de otro modo estánaventurados los caudales, 6 sagradas rentas del estado. Sa-biendo igualmente él y los de su mal educada nación, queningunas otras pensiones reales pagan, y aun cuando laspagaran, la religión y el vasallage les dicta, enseña y dernues-tra el cumplimiento de lo mandado en este punto por loslegítimos superiores, atendiendo a que estos no anhelan aotra cosa, que abirlo á su mayor y más completa felicidad, 3,que estos derechos son precisos e indispensables, para ladefensa de nuestra amada y venerada, Santa iglesia católica,

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para amparo de ellos, y de los otros, sus convasallos, mante-niéndolos en justicia o para defenderlos, contra toda potes-tad enemiga, o cualesquiera persona que les insulte, oinsultare, perjudique o perjudicare en sus vidas, en sus bie-nes, en sus hacíendIps, en su honra, en su quietud o sociego.

Considerando, pues, a todo esto, y las libertades, conque convidó este vil insurgente a los indios y demás castas,para que se les uniese, hasta ofrecerá los esclavos la de suesclavitud: y refleccionando juntamente el infeliz y miserableestado en que quedan estas provincias que alteró, y con difi-cultad subsanarán, o se restablecerán en muchos años de losperjuicios causados en ellas por el referido José G. TúpacAmaru, con las detestables máximas esparcidas, y adoptadasen los de su nación y socios, y confederados á tan horrendofin; y mirando también a los remedios que exige de prontola quietud de estos territorios, el castigo de los culpados, lajusticia, subordinación a Dios, al Rey y a sus Ministros, debocondenar, y condeno a José G. Túpac Amaru, á que seasacado á la plaza principal y pública de esta ciudad, arrastra-do ha.3ta el lugar del suplicio, donde presencie la ejecuciónde las sentencias que se diesen a su mujer, Micaela Bastidas,á sus dos iiijos, Hipólito y Fernando Túpac Amaru, á su tioFrancisco Túpac Amaru, y á su cuñado Antonio Bastidas, yalgunos de sus principales capitanes y auxiliadores de su ini-cua y perbersa intención o proyecto, los cuales han de moriren el propio día, y concluidas estas sentencias, se le cortarápor el verdugo la lengua, y después amarrado o atado porcada uno de los brazos o pies, con cuerdas fuertes y de mo-do que cada una de estas se pueda atar, 6 prender con facili-

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dad a otras que prendan de las cinchas de cuatro caballos;para que, puesto de este modo, ó de suerte que cada uno deestos tire de su lado, mirando á otras cuatro esquinas,opuestas de la plaza, marchen, partan o arranquen á una vozlos caballos, de forma que quede dividido su cuerpo en otrastantas partes, llebándose este, luego que sea hora, al cerro oaltura llamada de Picchu, á donde tuvo el atrevimiento devenir á intimidar, citiar, y pedir que se le rindiese Psta ciu-dad, para que allí se queme una hoguera, que estará prepara-da, echando sus cenizas al aire, y en cuyo lugar se pondráuna lápida de piedra que exprese sus principales delitos ymuerte.

Para solo memoria y ecrable acción. Su cabeza se remiti-rá al escarmiento de su exe pueblo de Tinta para que estan-do tres días en la horca, se ponga después en un palo a laentrada más pública de él: uno de los brazos al de Tungasu-ca, en donde ljlk casique, para lo mismo, y el otro para quese ponga y ejecute lo propio en la capital de la provincia deCarabaya: enviándose igualmente, y para que se observe lareferida demostración, una pierna al pueblo de Libitaca en lade Chumbivilcas, y la restante al de Santa Rosa en la deLampa, con testimonio y orden a los respectivos corre-gidores, o justicias territoriales, para que publiquen esta sen-tencia.con la mayor solemnidad por bando, luego que lleguea sus manos, y en otro igual dia todos los años subsiguientes:de que darán aviso instruido a los superiores gobiernos, yquienes conocen dichos territorios. Que las cosas de estesean arrazadas ó batidas, y saladas a vista de todos los veci-nos del pueblo ó pueblos donde las tuviesen. Que se confis-

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quen todos sus bienes, a cuyo fin se dá la correspondientecomisión a los jueces provinciales. Que todos los individuosde la familia, que hasta ahora no han venido, ni vinieran ápoder de nuestras armas, y de la justicia que suspira por ellospara castigarlos con iguales rigorosas y afrentosas penas,queden infames e inhábiles para adquirir, pciseer u obtenerde cualquier modo herencia alguna o sucesión, si en algúntiempo quisiesen. o hubiese quienes pretendan derecho áella. Que se recojan los autos seguidos sobre su descenden-cia en la expresada Real Audiencia, quemándose pública-mente. por el verdugo en la plaza pública de Lima, para queno quede memoria de tales documentos: y de los que se lehubiese en ellos testimonios, se reconocerá y averiguará ádónde paran sus originales, dentro del término que se asig-ne, para la propia ejecución. Y por lo que mira á la ilusa na-ción de los indios, se consultará á S. M. lo oportuno con elfin de que, si ahora ó en algún tiempo quiere alguno de estospretender nobleza, y descendencia igual y semejante, de losantiguos reyes de su gentilidad, sea, con otras cosas que leconsultaran, reservado este permiso y conveniente a su RealPersona, con inhibición absoluta, y bajo de las más graves yrigurosas penas a cualquiera juez o tribunal que contraviniereá esto, recibiendo semejantes informes, y que las recibidashasta ahora sean de ningun valor ni efecto hasta que el Reylas confirme, por ser esta resolución muy conforme a estor-bar lo que se lee a fojas 34, vuelta, de estos autos, reservan-do del propio modo á su Soberana determinación loconveniente que es y será, atendidas las razones que vanindicadas, y á que este traidor logró armarse, formar ejército

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y fuerza, contra sus réales armas valiéndose ó seduciendo yguiando con sus falsedades a los casíques, segundas personasde ellos, en las poblaciones, el que estas, siendo de indios,no se gobiernan por,tales caciques, sino que las dirijan losalcaldes electivos anuales que voten o nombren estos: cui-dando las mismas comunidades electoras, y los corregidorespreferir á los que sepan la lengua castellana, y á los de mejorconducta, fama y costumbres para que traten bien y conamor á sus súbditos, y dispensando cuando más y por ahoraque lo sean aquellos que han manifestado justamente suinclinación y fideliciad, anhelo, respeto y obediencia, por lamayor gloria, sumisión y gratitud á nuestro gran Monarcaexponiendo sus vidas, bienes o haciendas, en defensa de lapatria o de la religión, oyendo con bisarro desprecio lasamenazas y ofrecimientos de dicho rebelde principal, y susjefes militares, pero advirtiendo de que estos únicamente sepodrán llamar casiques, o gobernadores de sus aillos o pue-blos, sin trascender a sus hijos ó resto de la generación delcargo. Al propio fin se prohibe que usen los indios los tragesde la gentilidad, especialmente los de la noble raza de ella,que solo sirve de representarles los que usaban sus antiguosincas. recordándoles memorias que nada otra cosa influyen,que en conciliarles más y más odio a la nación dominante:fuera de:;er su aspecto ridículo, y poco conforme á la purezade nuestras reliquias, pues colocan en varias partes el sol,que fue su primera deidad: estendiéndose esta resolución átodas las provincias de esta América meridional, dejando deltodo extinguidos tales trages, tanto los que directamenterepresentan las bestiduras de sus gentiles reyes, con sus in-

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signias, cuales son el unco, que es una especie de camiseta-yacollas, que son unas mantas muy ricas de terciopelo negroo tafetán mascapacicha, que es un círculo á manera de coro-na, de que hacen de descender cierta insígnia de noblesaantígua, significada en una mota o borla de lana de alpacacolorada, y cualesquiera otros de esta especie o significación.Lo que se publicará por bando en cada provincia, para quedeshagan o entreguen a sus corregidores cuantas vestidurashubiesen en ella de esta clase, como igualmente todas laspinturas ó retratos ,de sus Incas, en que abundan cón ex-tremo las casas de los indios que se tienen por nobles, parasostener o jactarse de su descendencia. Las cuales se borra-rán indefectiblemente, como que no merecen la dignidad deestar pintados en tales sitios, y á tales fines borrándoseigualmente, o de modo que no quede señal, si hubiese al-guilos retratos de estos en las paredes ú otras partes de fir-me- en las iglesias, monasterios, hospitales, lugares pios ocasas particulares, pasándose Icks correspondientes oficios álos Reberendos Arzobispos y Obispos de ambos virreinatos,por lo que hace á las primeras: sustituyéndose mejor seme-jantes adornos por los del rey, y nuestros otros soberanoscatólicos, en caso de necesitarse. También celarán los mi-nistros, corregidores, que no se representen en ningún pue-blo de sus respectivas provincias comedias u otras funcionespúblicas, de las que suelen usar los indios para memoria desus dichos antiguos Incas: y de haberlo ejecutado, daráncuenta certificada á las secretarías de los respectivos gobier-nos. Del propio modo, se prohiben y quiten las trompetas oclarines que usan los indios en sus funciones, á las que lla-

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man putulos 1 y son unos caracoles marinos de un sonidoextraño y lúgubre con que anuncian el duelo, -- lamentablememoría que hacen de su antigüedad; y también el que useny traigan vestidos negros en señal de luto, que arrastran enalgunas provincias como recuerdo de sus difuntos monarcas,y del día o tiempo de la conquista, que ellos tienen por fatal,y nosotros por feliz, pues se unieron al gremio de la IglesiaCatólica: y a la amabilísima y dulcísima dominacióti (lenuestros reyes. Con el mismo objeto, se prohibe absoluta-mente en que los indios se firmen Incas, como que es un.dictado que lo toma cualquiera, pero que hace infinita im-presión en los de su clase: mandándose, corno se manda átodos los que tengan árboles gencalógicos o documentosque prueben en alguna manera sus descendencias con ellos,el que los manifiesten o remitan certificados, y devalde porel correo, a las respectivas secretarías de ambos virreynatos,para que allí se reconozcan sus solemnidades, por las perso-nas que disputen los Exrnos. Sr. Virreyes, consultando a S.M. lo oportuno, según sus -casos: sobre cuyo cumplimientoestén los corregidores muy a la1 mira solicitando o averi-guando quien no la observaba, con el fin de hacerlo ejecutar,ó recoaerles para remitirlos, dejándoles un resguardo. Y paraque estos indios se despeguen del odio que han concebidocontra los españoles, y sigan los trajes que les señalan lasleyes, se vistan de nuestras, costumbres españolas, y hablenla lengua castellana, se introducirá con mas vigor que hastaaquí el uso de sus escuelas bajo las penas más rigurosas ycontra los que no las usen, después de pasado algún tiempo

1 Los -Pututos- son cornetas de cuernos de toro.

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en que la puedan haber aprendido: pasándose con esta pro-pia idea oficios de ruego y encargo á los muy reberendosprelados eclesiásticos, para que en las oposiciones de curatosy doctrinas, atiendan muy particularmente a los opositoresque traigan certificaciones de los jueces provinciales, delmayor número que hablen en ellas dicha lengua castellana,poniendo en las ternas que remitan a los señores Vi-ce-Patronos, esta circunstancia respectiva a cada uno de lospuestos: dándose, para hablar perfectamente ó de modo quese espliquen en todos sus asuntos, el término de cuatroaños, y que los señores Obispos y Corregidores den cuentaen cada uno de estos al respectivo Superior. gobierno, que-dando al Soberano arbitrio de S. M. el premiar y distinguir áaquellos pueblos cuyos vasaflos hubiesen correspondido enlas circunstancias presentes a la justa lealtad y fidelidad queles es debida. Finalmente queda prohibido el obsequio dedichas cautelas, la fábrica de cañones de toda especie, bajo lapena a los fabricantes nobles de diez años de presidido encualesquiera de los de Africa, y siendo plebeyos doscientosazotes; y la misma pena por el propio tiempo, reservandopor ahora tomar igual resolución en cuanto a la fábrica depólvora que se seguirá luego. Y porque hay en muchas ha-ciendas trapiches y obrages de estas provincias, y variedadde ellos de casi todos los calibres, se recogerán por los co-rregidures, acabada íntegramente la pacificación de este al-zamiento, para dar cuenta a la respectiva Capitanía General,con el fin de que se les dé el uso que parezca propio. Así lopreveí, mandé y firmé, por esta mi sentencia deffijitivamentejuzgando. - José Antonío de Areche.

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Dió y pronunció la anterior sentencia el muy ilustre se-ñor Dn. José Antonio de Areche, Caballero de la real y dis-tinguida orden española de Cárlos.II, del Consejo de S. M.en el Real y Supremo de Indias, Visitador General de lostribunales de justicia y real hacienda de este reino. Superin-tendeilte de ella. Intendente dél ejército, Subdelegado de lareal renta de tabacos, comisionado con todas las facultadesdel Emo. Virey de este reino para entender en los asuntosde la rebelión, ejecutada por el vil traidor Túpac Amaru. Enel Cuzco, el 15 de mayo de 1781: siendo testigos Dn. Fer-nando Saábedra Contador de visita, Dn. Juan de Oyarzabal yDn. José Sasin, de que certifico. -Manuel Espinarete Lopez.

Así mismo certifico, que por Juan Bautista Gamarra,Escribano de S. M. público y de Cabildo de esta ciudad, sedió un testimonio, que agregado á los autos que correspondedice así: - Yo Juan Bautista Gamarra, Escribano de S. M.público y de Cabildo de e~ta ciudad del Cuzco, certifico,doy fe y verdadero testimonio á los señores que el presentevieren, como hoy día viernes, que se cuentan 18 de mayo, yano corriente de 1781; se ejecutó lo mandado en la sentenciaantecedente, con José Gabriel Túpac Amayu, sacándolo a laplaza principal y pública de esta dicha ciudad, arrastrándolehasta el lugar del suplicio un caballo, donde presenció laejecución de las sentencias que se dieron a Micaela Bastidas,mujer de dicho Túpac Amaru y a los demás princiales de suinicua y perversa tropa. Y, habiéndose concluido por losverdugos las sentencias con todos los reos en este estadouno de los citados verdugos le cortó la lengua al dicho JoséGabriel Túpac Amarti, y después le Arnarraron por cada

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uno de los brazos y piernas con unas cuerdas fuertes: demodo que estas reataron á las cinchas de cuatro caballos queestaban con sus ginetes mirando las cuatro esquinas de laplaza mayor y habiendo hecho la seña de que tirasen dividie-ron en cuatro partes el cuerpo de dicho traidor destinándosela cabeza al pueblo de Tinta, un brazo al de Tungasuca, otroá la capital de provincia de Carabaya: una pierna al pueblo deLivitaca en la de Chumbivilcas., y otra al de Sta. Rosa en lade Lampa; y el resto de su cuerpo al cerro de Picchu pordonde quiso entrar a esta dicha ciudad; y en donde estabaprevenida una hoguera, en la que lo echaron juntamente conel de la muger, hasta que convertido en cenizas se esparcie-ron por el aire. Lo que se ejecutó á presencia del SargentoJosé Calderón, y un piquete de soldados que fueron guar-dando los dichos cuerpos muertos. Y para que de ellosconste donde convenga, doy el presente de mandato judicial,en dicho dia mes y año. -En testimonio de verdad. - JuanBautista Gamarra, Escribano de S. M. público y de Cabildo.

Así consta de dicho testimonio á que me remito.Cuzco y mayo 20 de 1781. Manuel Espinarete López.

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5SENTENCIA CONTRA EL REO DIEGO CRIMBAL

TCPAC AMARU Y DEMÁS COMPLICES,PRONUNCIADA POR LOS SEÑORES, D.

GABRIEL DE AVILPIS Y EL SEÑOR D. BENITODE LA MATA LINARES

Yo, D. Francisco Calonje, escribano habilitado para laformación de las causas que se están siguiendo a Diego Tú-pac Amaru y demás cómplices, por el Señor D. Benito de laMata Linares, el Consejo de S. M., su Oidor de la Real Au-diencía de Lima y Juez connúsionado por el Lxcmo. SeñorVirre de estos y reinos, para proceder en ellas de acuerdocon el Señor D. Gabriel de Avilés, Coronel de los realesejércitos de S. M., y Coniandante general de las armas deesta ciudad y sus provincias. Certifico que en la causa for-mada al referido Diego (Cristóbal) Túpac Amaru y demáscómplices, se halla a fojas de ella la sentencia pronunciadapor dichos señores, de la que hice sacar y saqué el testimo-nio que previene, y copiado al pie de la letra, es del tenorsiguiente:

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En la causa que ante nos pende, por comisión delExcmo. Señor Virrey de estos reinos, y se ha seguido deoficio de la real justicia contra Diego Cristóbal Túpac Ama-ru, Marcela Castro, Manuela Tito Condori y Lorenzo Con-dori, en que ha hecho de solicitar fiscal el Dr. D. José deSaldívar, abogado de la Real Audiencia de Lima; y procura-dor del reo, el Protector de naturales, Vista, etc. Fallamos,atentos a los autos, 3, a resultar de ellos los gravísimos deli-tos, en que ha incurrido el reo Diego Cristóbal Túpac Ama-ru, acreditando en su conducta la falsedad y engaño, con queadmitió el indulto, concedido a nombre del benignísimoSoberano que felizmente reina por muchos años, pues, sinrespeto a él mantenía correspondencia con los naturales deestos países, acariclándolos, agasajándolos. ofreciéndoles supatrimonio y defensa, usurpando en las cartas que les escri-bía los dictados de Padre, Gobernador e Inca; atrayéndolosa su partido con el suave y dulce nombre de hijos, con elque y sus promesas engañadas le contribuian, no sólo los dela provincia de Tinta, sino de algunas otras, con víveres:manifestando en su respeto y sumisión el suino Y- perjudi-cial afecto que le conservaban, dando títulos de Goberna-dor, Justicia Mayor y otros, administrando cierta especie dejurisdicción entre ellos; introduciendo el que recurriesen a élcon sus querellas y pedímentos por escrito; ocultando loscaudales substraídos a sus legítimos dueños, sin haber resti-tuido cosa alguna, como igualmente las armas; condicionesprecisas bajo las que se concedió y admitió el índulto. Que-riendo últimamente substraer a nuestro augusto y legítimoSoberano estos dominios, dando ordenes a los indios para

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que guardasen las armas, a fin de estar prontos con ellas,para cuando les avisase; advirtiéndoles desconfiasen de los esáñoles, a quienes no entregasen las haciendas, por deberserepartir éstas entre los ayllos. Que no habría corregidores,sino solos Justicias Mayores, inspirándoles le ayudasen encualquier trabajo o prisión en. que se hallase, tumultuándosetodos, dejándose victorear con los dictados de padre; recor-dándoles los beneficios que le habían debido en exponer suvida por ellos, libertarlos de tantas opresiones, y sacándolesla espina que tenían clavada, permitiendo así las aclamacio-nes que le daban. Los en que se halla convicta Marcela Cas-tro, por haber presenciado la conversación relativa alalzamiento verificado en Marcapata, sin haberse opuesto nidado cuenta, manteniendo en desafecto y desconfianza a losindios, poniendo en sus cartas los dictados de hijos. Eigualmente los perpetrados por Simón Condori y LorenzoCondori, haciendo de cabeza de la rebelión en Marcapata,concitando a los indios a ella, llevando por insignia, la bandaremítida por Mariano Túpac Amaru, a fin de que los creye-sen mensajeros suyos y les obedeciesen; poniendo en prácti-ca sus inicuas ideas que han confesado, en las que se hallanconvictos y confesos Atendiendo igualmente a hallarse re-novados todos los delitos anteriores al índulto, debemoscondenar y condenamos al referido reo, Diego CristóbalTúpac Amaru, en pena de muerte, y la justicia que se mandahacer es que sea sacado de la cárcel donde se halla preso,arrastrado de la cola de una bestia de albarda, llevando sogade esparto al pescuezo, atados pies y manos. con voz depregonero que manifieste su delito; siendo conducido en

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esta forma por las calles públicas acostumbradas al lugar delsuplicio, en el que, junto a la horca, estará dispuesta unahoguera con sus grandes tenazas, para que allí, a la vista delpúblico, sea atenaceado y después colgado por el pescuezo,y ahorcado hasta que muera naturalmente, sin que de allí lequite persona alguna sin nuestra licencia, llevada la cabeza alpueblo de Tungasuca, un brazo a Lauramarca, el otro alpueblo de Carabaya, una pierna a Paúcartambo, otra a Calca,y el resto del cuerpo puesto en una picota en el camino de laCaja de Agua de esta ciudad, quedando confiscados todossus bieres para la Cámara de S. M., y sus casas serán arrasa-das y saladas, practicándose esta diligencia por el corregidorde la provincia de Tinta.

A Marcela Castro debemos igualmente condenar, enque sea sacada de la cárcel donde se halla presa, arrastrada ala cola de una bestia de albarda, llevando soga de esparto alpescuezo, atados pies y manos con voz de pregonero quemanifieste su delito; siendo así conducida por las callesacostumbradas al lugar del suplicio, donde esté puesta lahorca, junto a la que sele cortará la lengua, e inmediatamentecolgada por el pescuezo y ahorcada hasta que muera natu-ralmente, sin que de allí la quite persona alguna sin nuestralicencia; y con ella será después descuartízada, poniendo sucabeza en una picota en el camino que sale de esta ciudadpara San Sebastián, un brazo en el pueblo de'Sicuani, otroen el puente de Urcos, una pierna en Pampamarca, otra enOcongate, y el resto del cuerpo quemado en una hoguera enla plaza de esta ciudad, y arrojadas al aire sms cenizas.

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A Simón Condori debemos condenar, y condenamosen pena de muerte, y la justicía, Qne Sse manda hacer es quesea sacado de la cárcel donde se halla preso, arrastrado a lacola de una bestia de albarda, llevando soga de esparto alcuello, atados pies y manos, con voz de pregonero que ma-nifieste su delito; siendo conducido en esta forma por lascalles públicas acostumbradas, al lugar del suplicio, dondeesté puesta la horca, de la que será colgado por el pescuezo yahorcado hasta que muera naturalmente, sin que de allí lequite persona alguna sin nuestra licencia; y con el ella serádespués descuartizado, llevando su cabeza a Marcapata, unbrazo a la capital de la provincia de Azángaro, otro al aylIode Puica, una pierna en Apo, junto al cerro de Quico, y otraen el cerro nevado de Ansongate, que dando confiscadossus bienes para la Cámara de S. M.

A Lorenzo Condori debe'rnos también condenar, con-denamos en pena de muerte, siendo sacado de la cárcel,donde se halla preso, arrastrado a la cola de una bestia dealbarda, llevando soga de esparto al cuello, atados pies ymanos, con voz de pregonero que publique su delito; siendoconducido en esta forma por las calles públicas acostumbra-das de esta ciudad, al lugar del suplicio, donde esté puesta lahorca, de la que será colgado por el pescuezo y ahorcadohasta que muera naturalmente, sin que de allí le quite perso-na alguna sin nuestra licencia; y con ella será después des-cuartizado su cuerpo, llevada la cabeza al sitio de Acobamba,una pierna a Lampa, otra a la estancia de Chilca, doctrina dePiturnarca, un brazo en el puente de Quiquijana, y otro en elpueblo de Tinta, confiscados igualmente sus bienes. Ejecu-

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tándose todo, sin embargo de apelación, súplica u otro re-curso, y de la calidad del sin embargo, remitiéndose copia deesta sentencia a los Corregidores de las provincias, a fin deque la publiquen por bando en ellas, y re, lo en ella preve-ejecutar cada uno, en la parte que le toca nido, de que envia-rá testimonio, acusando todos su recibo. Y por lo respectivoa Manuela Tito-Condori, debemos condenarla en perpetuodestierro de estas provincias, reservando su destino fijo a ladisposición del Exmo. Señor Virrey de estos reinos, a quiense da cuenta de todo.

Gabriel de AvilésBenito de la Mata Linares

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(PETICION DE JUAN BAUTISTA TúPAC AMARUA BERNARDINO RIVADAVIA DEL 22 DE

OBTUBRE DE 1822)

Exmo. Señor:Don Juan Tupamaro, natural de Canasicanchi, Provincia

del Cuzco, a V.E. con el debido respeto expone: Que en 15del corriente arribó a esta capital desde la Plaza de Gibraltaradonde se trasladó desde la de Ceuta donde estuvo conde-nado a morir civilmente por el gobierno déspota y tiránicode la España, de resultas de la ruidosa rebelión (llamada) delPerú, promovida por su hermano D. José Gabriel, en el añode 1781, desde cuya época ha padecido toda suerte de malesy privaciones. No es su ánimo, Exmo. señor, hacer un relatode las prisiones aflictivas que ha padecido en su persona enel dilatado espacio de cuarenta años, pero sí le es indispen-sable referir la pérdida de su caro hermano destrozado por 4potros; la de su primo hermano descuartizado y colocadossus miembros en distintos puntos. El asesinato cometidocon su consorte y cuñada.la muerte dada a su sobrino de

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edad de 16 años en un cadalso; la de sus dos sobrinos demenor edad que fueron conducidos a Europa, habiendomuerto uno de ellos en la navegación y el otro en Madrid; lamuerte de tantos inocentes en la navegación, que sin másdelito que ser deudos y dependientes de la casa han sidotambién perseguidos y arilquilados. Este conjunto de malesafligían en extremo su angustiado corazón en medio de susadversarios; pero era aun más acerbo cuando contemplabaque los sacrificios de su hermano y familia hubiesen sidoinfructuosos, y que sobre los cadáveres de sus ascendienteshubiere erijido su trono con más rigor el despotismo, bajolas leyes bárbaras e inhumanas del capricho de un Carlos IIIy de sus descendientes, y que el peso de las cadenas se hu-bieren aumentado para los naturales de este vasto y fértilsuelo, a proporción de la codicia de los bárbaros satélites deldespotismo. Pero, ¡oh, Dios!, cuál fue su júbilo cuando llegópor primera vez a sus oídos el eco de libertad proclamadoen todo el continente americano; entonces fue cuando vol-vió a nueva vida, a pesar de sus largos años y de los trabajosque ya lo tenían agobiado; nueva esperanza renació en sucorazón al ver que ya los hijos pacíficos del Sol habían co-nocido sus derechos y deberes revestidos de la alta dignidad,hoy hombres libres, con que Dios y la Naturaleza los hadotado, y que la (s) cadenas se habían roto para siempre.Animado de esta haIagüeiía idea se elevó su alma anodadadahasta los más remotos siglos y resolvió restituirse a su amadapatria en cuanto se lo permitieran las circunstancias que sonbien notorias, desenteridiéndose de las penalidades y riesgosque ofrece,una larga navegación; pero al fin venció todos los

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obstáculos y consiguió pisar el suelo donde tuvo la dicha denacer, que por tal lo tiene, y la felicidad de venir a morarentre sus compatriotas y bajo la protección de un gobiernolibre y benéfico que sabe equilibrar la justicia con la edad; enesta atención.

A V.E. suplica se digne, atendiendo a sus largos. padeci-mientos y a su edad de 85 años, y la penuria en que se en-cuentra, mandar se le proporcione alojamiento donde vivir yalgunos auxilios para su manutención y decencia, ínterin leproporciona la providencia llegar a su país natal; es graciaque espera alcanzar del benévolo corazón de V.E. que le estan característico.

Buenos Aires, 22 de octubre de 1822.Emno. señor

Juan Tupa Maro

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7(FALLO CONTRA JULIAN TUPAC CATARI)

Fallo atento al mérito que resulta de la notoriedad de lasumaria, de la confesión y de los papeles por mí habidos,que debo condenar y condeno al dicho Julián Apasa (aliasTupacatari), en pena ordinaria de muerte y último suplicio, yen su conformidad, usando de las facultades privativas'delSuperior Gobierno de Buenos Aires, que me están trasmisaspor esta Comandancia General, mando que sea sacado de laprisión donde se halla, arrastrado a la cola de un caballo, conuna soga de esparto al cuello, una media corosa o gorreta decuero, y que a voz de pregonero se publiquen sus delitos a laplaza de este santuario, en que deberá estar la tropa tendidacon las armas de' Su Majestad y convocase los indios concu-rrentes de dichas provincias, de modo que antes de la ejecu-ción se les explique por mí lo agradable que será ésta a Diosy al rey como propia de la justicia y del betieficio y sosiegode ellos mismos, para que así se repare cualquier conturba-ción y recelo que pueda haber, Y que asido por unas cuerdasrobustas sea descuartizado por cuatro caballos que goberna-rán los de la provincia del Tucumán hasta que naturalmente

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muera, y hecho sea transferida su cabeza a la ciudad de LaPaz, para que, fijada sobre la horca de la Plaza Mayor ypuesto de Quillquili, donde tuvo la audacia de fijar la suya ysitiar los pedreros para batirla, bajo la correspondiente cus-todia se queme, después de tiempo y se arrojen las cenizas alaire. La mano derecha en una picota y con su rótulo corres-pondiente a su pueblo de Ayoayo, después al de Sicasica,donde se practique lo mismo; la siniestra al pueblo capital deAbacachi en igual conformidad, para lo mismo la piernaderecha a los Yungas y cabecera de Chulumani y la otra al deCaquibíri de la Pacajes, para lo propio; y por lo respectivo alos bienes que se han hallado y puedan hallar, declárase dé-bense confiscar para la Cámara, sin perjuicio de tercero. Yconforme la naturaleza y calidad de sus delitos de infamealeve traidor, sedicioso, asesino y hombre feroz o monstruode la humanidad en sus inclinaciones y costumbres abomi-nables y horribles, y por esta sentencia definitivamente juz-gando, así lo pronuncio, mando y firmo, con expresa conde-nación de costas que se pagarán inmediatamente al actuario.

Francisco Tadea Diez de (Medina)

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8(EL INFORME DE MATA LINARES AL VIBREY

JÁUREGUI DEL 31 DE MAYO DE 1783)

Exmo. señor:Muy venerado señor mío; con motivo de habérseme pa-

sado las dos listas de presos que acompaño con los números1º y 2º, se impondrá Vuestra Excelenci.- ser su número 133,y habiendo deseado imponerme de los delitos o causas de suprisión, no hay otro documento ni razón, sino lo que desig-nan ellas mismas. Deseando proceder wn la justificación queexige cada delito, porque no todos han de merecer igualcastigo, muchos habrá inocentes de los no comprendidos enla familia rebelde, y de los de ésta los más no tendrá otrodelito que el de llevar este desgraciado apellido o el enlaceque tengan con él por consanguinidad y afinidad, he puestolas respectivas órdenes a los corregidores de las provinciasde Quispicaínchi y Tinta de donde se han remitido todospara que íormen las correspondientes sumarias a cada unode los que hayan enviado, siendo más natural y más fácilpracticar estas diligencias en los parajes donde habían residi-do y cometido sus excesos, como que allí muchos podrán

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deponer de vista y ciencia, sin causar a los testigos el perjui-cio de haber de bajar a esta ciudad, con dispendio de suscortos bienes y pérdida de sus chacras, siendo ahora eltiempo de las cosechas, según reconocerá Vuestra Ex-celencia de la copia nº 3; pero yo que conozco cómo se pro-cede por estos países en asuntos de esta naturaleza, y quetodos los más que han preso, fuera de aquellos que se dicenser de la familia de los Tupamaru, los han remitido sin másque se sepa hayan dado posteriormente causa nueva; com-prendo que los corregidores no han de poder formar lasprevenidas causas sumarias, excepto uno u otro, y así el co-rregidor de Quispicanchi dice no haber remitido otros que alos Cóndori, de quienes hay en los autos la correspondientejustificación, sin que se pueda reconvenir si ha enviado máscomo verá Vuestra Excelencia en la copia nº 4; y el de Tinta,no obstante estar bien claro el oficio mío, me. contesta elque va con el nº 5, y he vuelto a escribir el nº 6. Bien creoque en este caso procedan de buena fe, porque llevados delcelo de precaver cualquier accidente, remitan a aquel que seles informaba, podía ser perjudicial, temerosos de quedarexpuestos a las resultas, y los demás cuidados que tendríarlen sus provincias les impediría el formarles o encargar for-mar la necesaria justificación, y ya aun el corto tiempo queha pasado había oscurecido los hechos, o faltaran quienesdepongan por la confusión que ofrecen estas circunstancias,y esto me tiene con las manos ligadas para obrar, pues aunen la formación de la causa principal de Diego y demás desu familia no puedo fijar pie en cosa sustancial, particular-mente en causa de nueva sublevación. . .