La Voz desde Zona Esmeralda - Marzo 2013

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Periódico mensual editado en Zona Esmeralda, Atizapán, Estado de México.

Text of La Voz desde Zona Esmeralda - Marzo 2013

  • INAUGURAN AUTOPISTA

    Disputan trofeo de ftbol

    Se llev a Cabo la cuarta edicin de la Copa Me Late la Vida organizado por Familias Unidas

    El arte digital atraviesa difcilesmomentos

    La industria de la pantalla verde sufre prdidas millonarias

    Promueven la equidad de gnero

    El Ayuntamiento de Atizapn y AMAM regalan un billn de abrazos

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    Marzo 2013Ao 3 Nmero 6

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    Expresin y pensamiento desde 1996

    Levantan polmi-ca parqumetros

    Instalacin de dispositivos para el cobro de estacionamiento en Naucalpan genera controversia

  • 2 | EDITORIAL | marzo 2013 | vozesmeralda.com

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  • DirEctorioDirEctorA GENErAlMa. Esther Garca Miravete

    gmiravete@vozesmeralda.com

    DirEctor FUNDADorJoel A. Garca cuevas

    DirEctorA coMErciAlMara Fernanda Vivar | fvivar@vozesmeralda.com

    JEFA DE rEDAcciNAna regina Vzquez | rvazquez@vozesmeralda.com

    DiSEo EDitoriAlGerardo Snchez | gsanchez@vozesmeralda.com

    rEportEroSBerenice ortiz ZrateAna regina Vzquez

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    colABorADorESGastn talavera

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    EDiciN DiGitAl VoZESMErAlDA.coMGerardo Snchez

    rodrigo Vivar Garca

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    coNtActo

    5308 2512 | 04455 4352 9169

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    cErtiFicADo DE rESErVA DE DErEchoS Al USo ExclUSiVo

    No. 04-2011-012510455700-101

    la Voz desde Zona Esmeralda es una publicacin mensual de distribucin gratuita.

    tiraje: 10,000 ejemplares. El contenido de los artculos y las notas refleja

    exclusivamente la opinin de sus autores.

    impreso en Delta print

    EDITORIAL

    An recuerdo a Don Manuel, el polica de mi fraccionamiento que en su bicicleta lo recorra diariamente. El era conocido, querido y respetado por todos en una poca que la seguridad de nosotros como ciudadanos era implcita y una realidad que nos permita vivir en paz.

    Hoy, nos enfrentamos a una situacin totalmente distinta. Todos hemos sufrido en carne propia o de manera muy cercana un asalto, un secuestro o algn tipo de acto delictivo que impacta en nuestra persona, la de nuestros seres queridos o en nuestros bienes. Ello ha obligado que nuestra forma de vivir cambie y que enfrentemos esta situacin con ms previsin y cuidado a como ocurra en antao.

    Existen esfuerzos a nivel nacional, estatal y municipal, como lo es el Pac-to por Mxico que entre sus ejes se encuentra el de seguridad y justicia o la iniciativa de la creacin del Mando nico Policial. Tambin se promueven iniciativas ciudadanas, que en todos los casos buscan garantizar nuestra in-tegridad fsica, emocional y material. Sin embargo, los esfuerzos parecen no dar frutos, pues la delincuencia sigue creciendo, los ndices aumentan y los ciudadanos vivimos con miedo.

    No estamos seguros cual pueda ser la frmula que evite que la delincuen-cia organizada siga creciendo y contine en ese camino que parece no en-contrar obstculos. Creemos que cualquier iniciativa que busque garantizar la paz social y la seguridad pblica es buena. Sin embargo, muchas veces como ciudadanos tendemos en forma natural a cuestionar la eficiencia de estas polticas pblicas, sobre todo cuando hemos sido vctimas del crimen.

    Es as que, querido lector, consideramos debemos empezar por tomar nuestras propias precauciones como hbitos que formen parte ya de nuestra conducta, que seguramente apoyar la accin pblica para garantizar nues-tra integridad. Sigamos las reglas bsicas de proteccin personal indicadas constantemente por los expertos y contribuyamos con nuestra participacin a los distintos esfuerzos encaminados a lograr la tan deseada seguridad p-blica.

    Tambin, consideremos incuestionable el hecho de que la familia es y se-guir siendo siempre el principal promotor de culturas pro sociales, que es sta la que a travs de la formacin de sus integrantes la que lograr dismi-nuir la violencia y potenciar a los individuos mediante la capacidad natural de la que goza como transmisora de valores y conductas rectas.

    Necesitamos muchas otras acciones para lograr la paz, como es el acceso a la educacin, salarios justos, promocin de valores, justicia social, entre otras, pero mientras todo ello se logre, empecemos por cuidarnos y cuidarnos bien.

    vozesmeralda.com | marzo 2013 | EDITORIAL | 3

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  • 4 | EN VOZ ALTA | marzo 2013 | vozesmeralda.com

    Los grupos de autodefensa deben des-aparecer porque en nuestro pas esa figura no existe, seal el secretario Osorio Chong. Advertencia o comen-tario? Si bien el surgimiento de esos grupos, que al momento de escribir esto suman ya 60 en todo el pas, re-vela la desaparicin real del Estado en zonas especficas del territorio nacio-nal, tambin es justo anotar que su tratamiento oscila entre concederles el beneficio de la legitimacin, o la condena de la criminalizacin En ambos casos, las consecuencias son graves. Me explico

    Para nadie es un secreto queEl Estado se ha visto superado por

    las circunstancias de inseguridad y violencia que vive el pas Si bien ha sido el Estado mismo, por su negligen-cia, corrupcin y connivencia con los grupos delictivos, el principal factor que merma su propia efectividad (si alguna vez la tuvo), tambin es cier-to que el hartazgo y desesperacin de los ciudadanos y las comunidades se han visto incrementados ante la indefensin creciente a la que, por consecuencia lgica, queda sometido cualquier ciudadano en este pas. El

    tema no es menor se trata de la vi-gencia y operatividad del estado de de-recho. Algo que est en la base de una sociedad plural y democrtica, como aspira a ser la nuestra.

    Las aristas del fenmeno son ml-tiples, complejas y delicadas pero todas apuntan a la crisis del Estado Mexicano y sus instituciones, como garantes eficaces de la libertad y los derechos de los ciudadanos. Las auto-defensas han sido una constante en la historia de Mxico, son la respues-ta natural de las comunidades ante la rapia de diferentes tipos de explota-dores y expoliadores de su riqueza na-tural: gobierno, empresarios, extranje-ros, grupos delictivos, etc. Tambin se las ha visto como grupos paramilita-res que, reclutando personal de las le-gendarias guerrillas anti-gobiernistas, forman grupos armados que se hacen con el poder local y adquieren capaci-dad negociadora en lo inmediato. Es decir, oponen un poder equivalente al de aquellos que les amenazan

    Sin embargo, lo novedoso hoy,en estas manifestaciones, radica

    en su visibilidad abierta y franca. An-tes, se cuidaba que no trascendiera

    enfatizando el control que se tena sobre estas manifestaciones. Hoy, su proliferacin es noticia diaria.

    Si se legitima a estos grupos, el mensaje ser el de confirmar que el Estado ha desaparecido en aquellas zonas. Y entonces la guardia armada habr de asumir un control de facto sobre la regin o la localidad Con ello, los derechos humanos pasarn a mejor vida, y el terror habr de ser la norma La ancdota del relato La muerte tiene permiso, ser una reali-dad cotidiana juicios a mano alzada, condenas unnimes, vengadores vul-gares, ms que autoridades capaces de impartir justicia.

    Si se les condena como criminales, la ofensiva har del gobierno uno ms de los poderes rapaces que enfrentan ahora los grupos y la clandestinidad ser su refugio natural. La virulencia del fenmeno no desaparecer, sino que se intensificar.

    Y ante la epidemia de autodefen-sas en todo el pas cul podra ser el justo medio?

    Figura o realidad?

    Un partido en transformacin

    ENVOZALTA

    VoX PoPULi Ernesto Uranga

    LoS DicHoS Y LoS HEcHoS csar camacho Quiroz

    Los partidos polticos del mundo en-tero estn en crisis. Los procesos de desarrollo econmico y cultural, en general, y de masificacin de las tec-nologas de la comunicacin en parti-cular, han contribuido a que las socie-dades sean cada vez ms complejas, urbanizadas, informadas, inestables y exigentes, lo que ha implicado cam-bios radicales, como la emergencia de nuevas demandas que los partidos po-lticos parecen incapaces de encauzar; planteamientos que las organizacio-nes tradicionales no alcanzan a en-tender o interpretar, y mucho menos a procesar con eficacia, ante los cuales, paradjicamente, suelen reaccionar con prcticas obsoletas.

    Lgicamente, uno de los partidos polticos que ms tiempo ha goberna-do, pero tambin sometido al desgaste natural de ese ejercicio en un contexto democrtico, el Partido Revolucionario Institucional, no es ajeno a dicho fe-nmeno.

    An en el clima generado por la