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Universidad de Chile Facultad de Ciencias Sociales Departamento de Antropología Magíster en Análisis Sistémico Aplicado a la Sociedad La Autoproducción del Conflicto Mapuche en las Semánticas del Estado de Chile y la Coordinadora Arauco- Malleco Investigación Documental de Medios Electrónicos (2000-2010) Tesis presentada para obtener el grado de Magíster en Análisis Sistémico Aplicado a la Sociedad. Alumno: Fernando Wladimir Silva Rivas Profesor Guía: Roelf Foerster Santiago, Enero de 2012

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  • Universidad de Chile

    Facultad de Ciencias Sociales Departamento de Antropologa

    Magster en Anlisis Sistmico Aplicado a la Sociedad

    La Autoproduccin del Conflicto Mapuche en las Semnticas del Estado de Chile y la Coordinadora

    Arauco- Malleco

    Investigacin Documental de Medios Electrnicos (2000-2010)

    Tesis presentada para obtener el grado de Magster en Anlisis Sistmico Aplicado a la Sociedad.

    Alumno: Fernando Wladimir Silva Rivas

    Profesor Gua: Roelf Foerster

    Santiago, Enero de 2012

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    Resumen

    A pesar del carcter histrico del conflicto entre el Estado de Chile y el Pueblo Mapuche, los cambios en la estructura de la sociedad, como la diferenciacin funcional y la consolidacin de una sociedad mundial, afectaron su comportamiento.

    El movimiento poltico mapuche, frustrado en un sinnmero de oportunidades, fue

    diferencindose, paralelamente con el escenario sociopoltico de Chile. Oscilando entre posturas nativistas y desarrollistas, criticando la integracin forzada a un proyecto poltico excluyente y denunciando el empobrecimiento que trajo para ellos la usurpacin de sus tierras.

    Luego de la pacificacin, la integracin respetuosa, la reforma y contrarreforma

    agraria, la divisin de las comunidades en dictadura, el retorno a la democracia y la creacin de una nueva ley indgena, el diagnstico persiste. Las expectativas mapuches fueron defraudadas nuevamente. Las polticas que el Estado de Chile ofreci al mapuche no fueron suficientes, la integracin al desarrollo amenaza con la destruccin de las formas de vida tradicionales.

    Es en este escenario que finalizando el siglo pasado, surge la Coordinadora Arauco

    Malleco. Intransigentes weichafes (guerreros) que asumieron el pasado como fuente de inspiracin para su accin poltica y desecharon toda instancia de dialogo con la institucionalidad. Para el Estado de Chile, una asociacin terrorista, duramente sancionada y altamente perjudicial para sus objetivos.

    En la contraposicin de sus observaciones puede esbozarse la estructura de

    persistencia del conflicto en la actualidad, pues un conflicto es un sistema autopoitico. De eso trata este estudio cualitativo de carcter documental que aborda la primera dcada del siglo XXI.

    Palabras clave: Semnticas, Conflicto Mapuche, Teora de Sistemas, Autopoisis

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    ndice de ttulos

    Resumen 2

    ndice de Ttulos 3

    ndice de Cuadros e Ilustraciones 5

    Agradecimientos 6

    Presentacin de la investigacin

    7

    1. Planteamiento de la investigacin 11

    1.1. Supuestos de la investigacin o hiptesis de trabajo 11

    1.2. Pregunta de investigacin 11

    1.3. Objetivo general 12

    1.4. Objetivos especficos 12

    Captulo I: Problematizacin

    13

    2. Antecedentes Generales del Problema de Investigacin 13

    3. Una Relacin de Alteridad 16

    3.1. La Sociedad Chilena: Entre el Paternalismo y la desconfianza 16

    3.2. La Poltica Mapuche En el Siglo XX: Entre el Nativismo y el desarrollismo 19

    4. Un Nuevo Marco Interpretativo 22

    4.1. La Sociedad Mundial 22

    4.2. El debate En Torno al Concepto de Cultura 24

    5. Evolucin Sociopoltica del Movimiento Mapuche 27

    5.1. La Sociedad Fronteriza y la Formacin del Estado de Chile 28

    5.2. El Siglo XX 33

    5.3. El Quiebre del Nuevo Trato y la Aparicin de la Coordinadora Arauco Malleco

    36

    Captulo II: Dispositivo Terico-Metodolgico

    46

    6. Comunicacin y Observacin de Segundo Orden 46

    6.1. Diferenciacin Funcional y Medios de Comunicacin Simblicamente Generalizados

    47

    6.2. Primaca Poltica y Econmica de la Diferenciacin Sistmica En Chile 49

    6.3. Medios Masivos y Semnticas 52

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    6.4. Conflicto 53

    7. Estrategia Metodolgica 55

    7.1. Tipo de estudio 55

    7.2. Recoleccin de Datos: Estrategia Documental. 55

    7.3. Muestra y Universo 56

    7.4. Tcnicas de Anlisis: Anlisis de Contenido y de Discurso 57

    Captulo III: Resultados del anlisis

    58

    1. Exposicin de resultados 59

    1.1. El Estado de Chile en el Diario La Nacin 59

    1.2. La Coordinadora Arauco Malleco en Weftun 66

    2. Interpretacin de los hallazgos 71

    2.1. Las semnticas y programas del Estado de Chile 71

    2.2. Las semnticas y programas de la Coordinadora Arauco Malleco 74

    Captulo IV:

    80

    1. Esbozo, a partir de las semnticas y programas analizados, de una descripcin de la determinacin estructural del conflicto mapuche en la primera dcada del

    siglo XXI.

    80

    2. Conclusiones: 83

    3. Proyecciones, debilidades y fortalezas de la investigacin 85

    Comentarios del Comit Evaluador 87 Bibliografa 90

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    ndice de cuadros e ilustraciones

    Cuadro 1: Factores internos y externos influyentes en la definicin de la poltica de ocupacin del territorio indgena

    31

    Cuadro 2. Medios de Comunicacin Simblicamente Generalizado

    48

    Ilustracin 1: Heterorreferencia y Autorreferencia a travs de la descripcin

    59

    Cuadro 3: Exposicin de oposiciones semnticas encontradas para la dimensin autodescripcin (Estado)

    60

    Cuadro 4: Exposicin de oposiciones semnticas encontradas para la dimensin entorno del sistema poltico (Estado)

    63

    Cuadro 5: Exposicin de oposiciones semnticas encontradas para la dimensin descripcin del conflicto (Estado)

    65

    Cuadro 6: Exposicin de oposiciones semnticas encontradas para la dimensin descripcin el entorno (CAM)

    67

    Cuadro 7: Exposicin de oposiciones semnticas encontradas para la dimensin descripcin del conflicto (CAM)

    69

    Cuadro 8: Exposicin de oposiciones semnticas encontradas para la dimensin Autodescripcin (CAM

    70

    Ilustracin 2: Semnticas del Estado de Chile respecto al Conflicto Mapuche

    72

    Ilustracin 3: Semnticas de la Coordinadora Arauco Malleco respecto al Conflicto Mapuche

    75

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    A mi familia por su paciencia y alegra.

    Por su respeto a mi profesin y el nimo para continuar.

    A mi negrita por todo su amor y su

    valenta, ejemplos que da a da me dieron la fuerza para sacar adelante esta empresa que pareci interminable.

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    Presentacin de la investigacin

    El conflicto mapuche se ha visto agudizado desde 1997 y ha entrado al siglo XXI como uno de los problemas ms importantes para el Estado de Chile que se ha visto contradicho en numerosas oportunidades respecto de su tratamiento y enfoque respecto del tema indgena. El surgimiento de una organizacin mapuche radicalmente distinta a las anteriores y la reaccin del Estado frente a este fenmeno es el motivo central del presente trabajo.

    La data del conflicto es tan antigua como el Estado de Chile, para el que siempre hubo contradicciones en la aceptacin de un pueblo distinto al interior del territorio que reclam como propio. Ante tal dilema busc una salida en la pacificacin de la Araucana. Desde ese entonces el conflicto actual comenz su incubacin. As, las tesis de inclusin forzada que sugiere Pinto (2000), o integracin respetuosa como seala Bengoa (1999) ilustran formas persistentes de acoplamiento poltico entre el Estado de Chile y el pueblo-Nacin Mapuche durante el siglo XX. La integracin al desarrollo econmico o la conservacin de la tradicin es central en los debates polticos de los Mapuche, y tiene directa relacin con la valoracin e interpretacin de propiedad de la tierra y, en definitiva, de la mantencin de las patrones sociales para la mantencin de lo mapuche (Menard & Pavez, 2005). Aunque histricamente este problema repercuti en los salones del Congreso Nacional con distintos nfasis, nunca ha logrado esbozarse una solucin satisfactoria para las demandas del pueblo Mapuche (Bengoa, 1999; Pinto, 2000). Se podra hablar de una interminable derrota. As ha transitado durante su historia un pueblo que terminada la guerra de pacificacin pareca condenado a la extincin. Las consecuencias estn a la vista, estereotipos racistas y pobreza parecen ser la constante en los estudios respecto de la situacin actual del pueblo mapuche y su cultura se ha reducido a la mera expresin folclrica de sus costumbres.

    Sin embargo, la persistencia y terquedad que se les atribuye positiva y negativamente (Silva, 2009) se ve reflejada en la revitalizacin tnica Mapuche y el enfrentamiento por sus tierras, agotando algunas vas y aprehendiendo otras. En este sentido, el caso de la Coordinadora Arauco Malleco representa el corolario de un Movimiento Poltico Mapuche presente durante todo el siglo XX. Su observacin contempla la sociedad mundial como imperialismo norteamericano, donde acusa el servilismo del Estado chileno a las estructuras neoliberales del sistema econmico. Es por esto que sus enemigos estratgicos, sumados a los poderes estatales, son los empresarios forestales, la industria turstica, agrcola y pesquera. Esta nueva etapa de protesta Mapuche se nutre del aprendizaje de experiencias polticas indigenistas en el mundo y de infructuosos esfuerzos de dilogo con las instituciones del Estado de Chile. A poco ms de un siglo del despojo, la Coordinadora Arauco-Malleco indica una ruptura con el Movimiento Poltico Mapuche del cual emerge, al menos en lo respectivo a la praxis y la tica del militante (Pairicn, 2004). A pesar lo anterior, consideramos que el diagnstico con el que la Coordinadora Arauco Malleco se plantea frente al conflicto, revela elementos de continuidad y desviaciones en cuanto al patrimonio conceptual de protesta mapuche y popular chilena. La acumulacin de experiencias de las organizaciones Mapuche y la maduracin de una elite intelectual mapuche en diversas disciplinas, han posibilitado que esta organizacin reivindique la cultura, reconstruyndola semnticamente en un contexto

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    donde la complejidad existente y la creciente individualizacin no permiten caracterizar al pueblo mapuche como culturalmente distinto del chileno.

    Ese es el diagnstico de Mascareo (2007b, 2007c) para quien la cultura es una

    ficcin real, una autodescripcin con una funcin poltica. Clsicamente, los socilogos y antroplogos, imaginamos la cultura mapuche como una suma coherente de verdades, legitimidades, modos de produccin, estructuras familiares y formas de vida. Sin embargo, en la actualidad, luego de la divisin de comunidades, las migraciones y el contacto con la sociedad chilena, puede resultar empricamente inconsistente conceptualizar la cultura como unidad o totalidad (Mascareo, 2007b). Segn propone, no existe respaldo emprico para caracterizar satisfactoriamente a la poblacin Mapuche como distinta de la chilena y menos desde ah explicar el conflicto, los individuos participan distintamente en cado uno de los mbitos arriba mencionado. A pesar de ello, como seala Millaleo (2011) la cultura actuara como el eje comn, articulador de mltiples semnticas comparativas que estaran orientadas a la aceptacin o rechazo de cierto orden poltico, cierta legitimidad, ciertas formas de produccin y no otras, lo que el autor llama poltica de la identidad. De este debate se origina una idea central de esta tesis, poner a prueba esas semnticas y programas que participan en la reproduccin del conflicto, incorporando el papel que la cultura puede jugar en el mbito poltico.

    Otro antecedente que cabe considerar destaca las voces que sealan los hechos ocurridos en el sur desde diciembre de 1997, como una amenaza a la seguridad nacional, como una amenaza a la nacin chilena. Empresarios, polticos de derecha e incluso centros internacionales de estudios. Por ejemplo, en el trabajo de Sez (2005). Lo anterior motivara la criminalizacin de la protesta mapuche (E. Mella, 2008) Mediticamente, se sugiere tambin que las acciones mapuche fueron articuladas por terroristas infiltrados en las comunidades, venidos del extranjero o provenientes de los grupos armados revolucionarios que enfrentaron a la dictadura (Pairicn, 2004).

    Por otro lado, desde los noventa existiran contradicciones en la conduccin poltica

    del conflicto, ya que por un lado se discriminara positivamente a los indgenas y su cultura, mientras que por otro se instala un total consenso por la mantencin del modelo econmico neoliberal (Vergara, Gundermann & Foerster, 2006). Paradjicamente, segn los autores, el Estado (principalmente el gobierno) aparece como la solucin definitiva al problema indgena, en un contexto mayor donde su capacidad ha disminuido ostensiblemente. La sociedad chilena, contexto inmediato del desenvolvimiento del conflicto, y el sistema poltico, contexto ms general, no han sabido dar respuesta satisfactoria a las demandas mapuche, en parte por las restricciones de una democracia centralizada y binominal.

    Una de las razones que explican dicha estabilidad poltica es que el sistema electoral vigente privilegia claramente la formacin de dos grandes bloques que compiten entre s y tiende a excluir a los partidos pequeos y a los liderazgos regionales. Otra es que dentro de la coalicin hay consenso para mantener e incluso ampliar el modelo econmico neoliberal instalado en Chile bajo el rgimen de Augusto Pinochet (Vergara, Gundermann & Foerster, 2006, .331-332).

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    Lo anterior rene el consenso de quienes han estudiado la CAM y comprenden las razones de la agudizacin del conflicto. El diagnstico arriba citado es resumido como pax neoliberal (Pairicn & lvarez, 2011, p.47), periodo en el cual, el mapuche fue el nico movimiento que, con altos y bajos, logr un sostenido protagonismo social y poltico (Pairicn & lvarez, 2011, p.48).

    En este sentido, presenciamos la crisis del modelo con que mapuche y Estado se relacionaron durante el siglo XX, es el fin del Estado de compromiso (Foerster, 2004, p. 402). Aunque no se dimensiona como tal en los medios de comunicacin masivos, la CAM declar el 2009 la guerra al Estado de Chile. Los motivos estn profundamente arraigados en los innumerables fracasos de la oferta estatal respecto de las demandas mapuche. La Coordinadora Arauco Malleco representa un salto cualitativo que se apoy en la percepcin por parte de las comunidades indgenas respecto al agotamiento de una determinada forma de relacin con el Estado y la sociedad chilena, basada en el peticionismo y la negociacin (Pairicn & lvarez, 2011, p.46).

    En vista de lo anterior, se seala que el Estado carece de una poltica unvoca al respecto, que a su vez asegure la mantencin de ese equilibrio transicional donde seguridad nacional, crecimiento econmico y derechos humanos compiten en la definicin de los programas polticos orientados a la resolucin de conflictos. A todas luces el Estado prioriz por el crecimiento, la instalacin de represas en Alto Biobo lo evidencia. Todo esto, pese a gran apoyo de la sociedad civil chilena a la causa mapuche a finales de los aos 90 y a las sugerencias de organismos jurdicos internacionales.

    Por todo lo anterior, esta investigacin se plantea en primer lugar un desafo acadmico doble. Primero, para nutrir empricamente a la teora de sistemas sociales, sobretodo en el contexto latinoamericano, tan lejano de su origen y de su inspiracin, a nuestro juicio, el capitalismo tardo europeo. Por otro lado, el aporte de esta investigacin radica en que utiliza este marco terico para la descripcin del conflicto mapuche, lo que suma una nueva mirada a los denominados fenmenos culturales y toda la complejidad que estos implican. Pese a la cantidad de criterios involucrados, el enfoque tiene como centro el sistema poltico que es donde principalmente transcurre el conflicto.

    En segundo lugar, contribuye al estudio de la Coordinadora Arauco Malleco, organizacin ms relevante del movimiento mapuche actualmente. Sumamos nuestra apreciacin a la de Pairicn y lvarez, (2011) quienes la describen como protagonista central de la lucha del pueblo mapuche por sus derechos durante la primera dcada del siglo XXI (Pairicn & lvarez, 2011, p.45).

    En tercer lugar, al observar ambos polos del conflicto, apostamos a comprender la estructura de reproduccin del conflicto, al considerar al Estado y la CAM, y los textos que estos producen, como material de anlisis. Usando la metfora de un conflicto como un nudo (Gmez, 2008) el Estado de Chile y la CAM seran los extremos que jalaran la cuerda en direcciones opuestas, apretando el centro y dificultando la disolucin del conflicto. Ambas semnticas, en un contexto hipercomplejo, revelan elementos en la reproduccin y agudizacin del conflicto.

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    Esta tesis retoma ese desencanto con la poltica institucional y lo contextualiza a travs de cuatro captulos. Tomando en cuenta el carcter histrico del Conflicto Mapuche como primera certidumbre, pero encarando los cambios acaecidos sobre las condiciones que lo constituyen, debemos repensar las frmulas descriptivas ms comunes que se han propuesto en los dos centenarios del Estado de Chile. Nos situaremos entonces en un nuevo marco interpretativo, que considere a la vez las trasformaciones estructurales de la sociedad, como los cambios de paradigmas en las ciencias sociales y la consolidacin de instancias jurdicas supranacionales. Como bien seala el ttulo de Vergara y Foerster (2002) el conflicto mapuche se nutre de elementos permanentes y otros en constante transformacin, como las demandas territoriales y las formas organizacionales mapuche respectivamente. En el primer captulo (I) construimos el problema de investigacin, as consideramos la evolucin histrica del conflicto y los cambios en los paradigmas de interpretacin de ste, as como tambin a la relacin de alteridad entre el pueblo mapuche y la sociedad chilena, para finalizar con el relato del surgimiento de la CAM y situarnos en las actuales condiciones con que se observa el conflicto mapuche. En el segundo captulo (II), explicamos brevemente el marco terico y metodolgico con el cual abordaremos el conflicto, partiendo de la descripcin de los conceptos centrales en la teora de sistemas hasta otros ms especficos como el concepto de conflicto. Adems, relataremos sucintamente los criterios que guiaron nuestra eleccin muestral y detallaremos las caractersticas de las tcnicas de anlisis utilizadas. Sumado a ello el anexo I precisa una bitcora con la que se procedi a seleccionar el corpus del anlisis.

    El tercer captulo (III) constar de un anlisis semntico estructural que dar sentido a la interpretacin de los datos a travs de la oposicin de significados utilizados en los discursos de la CAM y el Estado de Chile. Tericamente inspirados, describiremos como a travs de la distincin entre sistema y entorno, la CAM y el Estado de Chile producen los elementos que forman la estructura y sentido del conflicto. En este apartado tambin relataremos una interpretacin de los hallazgos en funcin del material acadmico revisado.

    Finalmente, en el captulo final (IV) daremos a conocer las conclusiones de esta

    investigacin que se orientaran a una interpretacin, bibliogrficamente apoyada, de las semnticas de la Coordinadora Arauco Malleco y el Estado de Chile con el objetivo de esbozar la estructura del conflicto en la primera dcada del siglo XXI.

  • 11

    1. Planteamiento de la investigacin

    1.1. Supuestos de investigacin o hiptesis de trabajo.

    La investigacin actual es de carcter cualitativo, nuestras hiptesis son supuestos que guan la interpretacin del material observado a partir de la reflexin de la literatura consultada. As, los supuestos constan de premisas tericas, por ende, generales, y premisas temticas, particulares, estrictamente vinculadas al problema de investigacin, es decir al conflicto mapuche.

    En primer lugar, consideramos la idea de autopoisis de los sistemas sociales como

    base de la interpretacin del conflicto mapuche. El nfasis estar puesto en la descripcin de los quiebres y las contradicciones que constituyen los elementos del conflicto, no as en la bsqueda de solucin al mismo.

    En segundo lugar, partimos de la nocin de prdida de centralidad del Estado en la

    poltica. El avance de la sociedad mundial y la constitucin de regmenes de derecho que van ms all de la soberana de los Estados nacionales, nos obliga a considerar el mbito internacional como un elemento que presiona al Estado en su tratamiento del conflicto.

    Finalmente, se considera el quiebre al interior del movimiento poltico mapuche

    como marco de interpretacin del conflicto mapuche en la actualidad. Tal como la literatura sugiere, la frustracin histricamente observada en las expectativas mapuche, ya sean de integracin o de autonoma, origina la desviacin de las formas de dilogo hacia expresiones confrontacionales al poder del Estado. Es el caso de la Coordinadora Arauco-Malleco.

    1.2. Pregunta de investigacin

    La pregunta que queremos responder a travs de esta investigacin es la siguiente: Cmo se autoproduce el Conflicto Mapuche en la primera dcada del siglo XXI? De tal manera observaremos las semnticas y programas de la Coordinadora Arauco Malleco y el Estado Chileno.

    Se pretende observar directamente en dos medios electrnicos los discursos de la

    Coordinadora Arauco Malleco (www.nodo50.org/weftun/) y el Estado de Chile a travs del diario oficialista de los gobiernos de la Concertacin (www.lanacion.cl).

    Para posibilitar el anlisis se procedi a realizar un muestreo intencionado del material

    encontrado, pues su gran cantidad haca imposible el trabajo de un solo investigador. Los procedimientos con que se redujo el material se encuentran anexados digitalmente en el CD que acompaa este documento.

    http://www.nodo50.org/weftun/http://www.lanacion.cl/

  • 12

    1.3.Objetivo general

    Esbozar la estructura que determina la autoproduccin del conflicto mapuche a travs de la observacin de las semnticas y programas comunicados por la CAM y el Estado de Chile en la primera dcada del siglo XXI.

    1.4.Objetivos especficos a) Describir la(s) semntica(s) y programas que utiliza la Coordinadora Arauco

    Malleco para describir el conflicto mapuche

    b) Describir la(s) semntica(s) y programas que utiliza el Estado de Chile para describir el conflicto Mapuche.

    c) Esbozar una descripcin de la determinacin estructural del conflicto mapuche en la primera dcada del siglo XXI, a partir de las semnticas y programas analizados.

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    Captulo I: Problematizacin

    2. Antecedentes generales del problema de investigacin

    La relacin del Movimiento Poltico Mapuche con la sociedad chilena ha tenido distintos matices, entre los cuales identificamos al menos cuatro modelos relacionales -generales, cclicos y no necesariamente cronolgicos:

    De dilogos con la institucionalidad chilena De resistencia a la ocupacin de territorios Mapuche De diferenciacin interna del Movimiento Poltico Mapuche De internacionalizacin de las demandas

    En un conflicto donde uno de los involucrados es el Estado, cabe mencionar el

    proceso de prdida de centralidad de ste frente a un sistema mundial de comunicaciones, a una economa globalizada y al surgimiento de regmenes jurdicos supranacionales (Mascareo 2007a). No obstante lo anterior, el Estado contina siendo el referente descriptivo del sistema poltico (Mascareo 2003). As lo asumen tambin Foerster, Vergara & Gundermann (2004). En el conflicto mapuche, los autores destacan la idea de centralidad del Estado, observado por diversos actores, como la fuente de solucin, en forma de alusiones al gobierno o a los tribunales. Por ello, no debe olvidarse que el Estado de Chile en las dcadas del setenta y el ochenta se reestructura para ceder terreno al mercado a travs de polticas neoliberales, que privilegian un modelo exportador por sobre un modelo de industrializacin por sustitucin de importaciones. Adems, no es menor la intervencin militar sobre el derecho bajo la forma de impunidad. Estas observaciones repercuten en nuestro tema, efectivamente, ya que entre los grandes favorecidos con este modelo estatal estn las empresas forestales, y entre los grandes damnificados, el pueblo mapuche, que previo a la dictadura, logr un avance considerable con la reforma agraria (M. Mella 2001).

    Tras el regreso a la democracia las cosas no cambiaron mucho. Si bien se pact en nueva imperial un Nuevo Trato, las herencias autoritarias en la constitucin y el congreso no permitieron la formulacin de una ley indgena adecuada (M. Mella 2001). En esta lnea, Foerster, Vergara y Gundermann (2004) analizan el rol de la CONADI frente al problema indgena en Chile, en especial, los aspectos relacionados al llamado conflicto Mapuche. Como supuesto de investigacin los autores consideran la ruptura del trato entre indgenas y el Estado en los aos ochenta, y se vuelcan a analizar el periodo posterior (1989-2004). Sus observaciones parten de la base de que las polticas indgenas orientadas por el gobierno de la concertacin tienen bases dbiles de acuerdo. Por un lado, por el desinters institucional en el tema indgena, y por otro, por los problemas de legitimidad de los lderes indgenas reclutados en la CONADI. Los autores sealan que desde el comienzo del periodo concertacionista hubo dificultades en lo que concierne a la definicin estatal frente a las demandas de autonoma de los pueblos indgenas:

    En primer lugar, la discusin y aprobacin de ley indgena en 1993, no estuvo exenta de ambigedades y disensos.

  • 14

    En segundo lugar, la CONADI no logra definirse como una institucin de representacin indgena sino que por el contrario se reconoce como una institucin estatal.

    En tercer lugar, la Subordinacin de la CONADI al Estado se evidencia en el caso Ralco, donde el rechazo del organismo fue omitido por la intervencin estatal (Namuncura 1999 citado por Foerster et.al, 2004, p.9). Por otro lado, Van Bebber (2002) analiza los discursos de los distintos segmentos

    polticos chilenos frente al conflicto Mapuche y seala las variaciones en el reconocimiento de la alteridad en las posiciones de izquierda, centro y derecha. Siendo comn entre estos tres sectores, la concepcin etnocentrista de la poltica.

    Respecto de los medios de prensa escrita, Segovia (2005) menciona la presencia de una semntica de la guerra en el conflicto mapuche. Esta semntica se caracteriza por la exaltacin, en diarios de amplia circulacin nacional (La Tercera, El Mercurio) de las bondades de los chilenos frente a los vicios del mapuche en este conflicto. El autor analiza los periodos 1992 y 1998-2003. Su anlisis plantea que el mapuche es representado como violento, brbaro, terrorista, etc. No as el gobierno chileno que dialoga, negocia, es atacado y rechaza la violencia, as tambin como los empresarios construidos como entidades pasivas, amenazadas. El autor destaca las metforas de carcter blico en los enunciados de los peridicos mencionados. La intencionalidad sera desacreditar las demandas indgenas, destacando la dimensin ideolgica del discurso meditico.

    Tambin en la lnea de anlisis de prensa, Gmez (2008), realiza un anlisis de

    contenido en los diarios el Mercurio y La Tercera entre 1994 y 2002 buscando describir los conflictos culturales en Chile. El autor notifica la emergencia del conflicto tnico como tema en los medios masivos desde el ao 1997, adems lo indica como el segundo en apariciones luego del tema medioambiental. Gmez (2008). Temas estrechamente vinculados si pensamos en la construccin de la represa en Ralco, detenida en un comienzo por CONAMA.

    En definitiva, hemos observado durante las ltimas dos dcadas el agotamiento de las formas de dilogo entre el Movimiento Poltico Mapuche y las entidades estatales orientadas a la proteccin de los pueblos originarios (Foerster, Vergara & Gundermann, 2004). La aparicin de la violencia es considerada una consecuencia de la frustracin de las demandas indgenas y como ideologa de un movimiento intelectualizado y rejuvenecido que asume como nico camino la formacin de weichafes, militantes comprometidos con la accin directa y conscientes de todos los fracasos que su etnia ha sufrido frente al Estado de Chile y al capitalismo como modelo econmico (Pairicn 2004).

    De tal manera, la radicalizacin del Movimiento Poltico Mapuche rescata sus races

    en un proceso histrico de despojo cuyos elementos datan de hace ms de un siglo, remontndose a la guerra por la Pacificacin de la Araucana 1. No obstante, de igual manera se recuerdan la contrarreforma agraria en la dcada del setenta y la divisin de las comunidades indgenas que desemboc en la ms o menos reciente arremetida del capitalismo en la otrora regin de la Frontera, en busca de la explotacin de los recursos

    1 Nombre que le da la historiografa liberal a la guerra de ocupacin de la Araucana. (J. Pinto, 2000)

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    hdricos y forestales por grandes grupos empresariales nacionales y extranjeros (M. Mella 2001). Sumado a lo anterior, la histrica represin de los activistas Mapuche modela un nuevo movimiento tnico, encabezado por una orgnica que construye una ideologa de la resistencia y la recuperacin productiva de territorios. Para conseguir dicha finalidad, se nutre de elementos tradicionales de la organizacin comunitaria Mapuche y elementos occidentales de la poltica (Pairicn 2004). Hablamos de la Coordinadora Arauco Malleco.

    Otra de las ideas fuertes en el periodo es la tesis de la amenaza a la seguridad del Estado (Sez, 2005) publicada en el sitio web de la Universidad de Defensa en Washington DC. Esta estara directamente vinculada a la tesis de criminalizacin de la protesta Mapuche de E. Mella (2008). Ambos autores citados dan cuenta del fenmeno de internacionalizacin del conflicto indgena con base en las expectativas econmicas y polticas de seguridad regional. El estudio arriba citado, reflexiona sobre el denominado conflicto mapuche y afirma que este ha sido abordado de mala manera por los gobiernos de Chile y Argentina. Tambin seala que la ratificacin del Convenio 169 de la OIT reforzar las demandas autonmicas de los indgenas en Chile (Sez, 2005). Para E. Mella el problema es otro, desde Estados Unidos se observa la protesta social como una amenaza para la seguridad y estabilidad democrtica de la regin (E. Mella 2008, p.1). El autor asevera que se estara llevando a cabo en Latinoamrica una poltica de securitizacin. Para al autor, el sistema judicial estara cumpliendo la funcin de proteger intereses polticos a travs de diversos mecanismos. Entre ellos, la reforma procesal penal y el recurso a leyes de excepcin como la ley de seguridad interior del Estado y la ley antiterrorista. Sumado a ello, el activista es estigmatizado por la prensa y frecuentemente abusado por las fuerzas policiales, denuncindose torturas, detenciones ilegales y violentos allanamientos. Lo anterior se contradice con la doctrina de los derechos humanos que reivindica como legtimas algunas acciones de desobediencia civil, destinadas a llamar la atencin del Estado y sus agentes sobre las justas y legtimas aspiraciones de los ciudadanos (E. Mella 2008, p.1).

    Sin embargo, desde el mbito internacional (sociedad mundial) tambin se ha

    puesto nfasis en los Derechos Humanos, a travs de los cuales es posible sancionar los procedimientos del Estado de Chile. Para el caso del conflicto Mapuche, se ha dictado sentencias por ejemplo en la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en contra del Estado Chileno (Foerster & Vergara, 2002, p. 37), y se han formulado diversas sugerencias, por ejemplo, para el tratamiento de la ley antiterrorista (Human Rigths Watch, 2004).

    Los fenmenos arriba indicados describen el advenimiento de un etnonacionalismo autonmico posibilitado por el cambio de paradigma en las reivindicaciones actuales del pueblo Mapuche y en las condiciones externas al movimiento (Gissi, 2006). El autor enmarca este proceso dentro de un debate jurdico y acadmico internacional sobre los derechos humanos.

    Este debate enfrenta posturas liberales que enfatizan los derechos individuales y

    posturas que enfatizan lo derechos colectivos como premisa del pleno ejercicio de los derechos individuales. El eterno dilema del huevo o la gallina. Sumado a ello se seala la relevancia de los convenios internacionales en materias de derechos indgenas para la

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    superacin del paradigma integracionista de los nacionalismos cvicos. Las demandas de reconocimiento constitucional y pluralismo etnonacional alarman a la sociedad mestizo-criolla y a la soberana del Estado de Chile sobre el territorio ancestral Mapuche (Gissi, 2006). En definitiva, el concepto de soberana debe ser reformulado y resituado dentro de nuevos lmites.

    Nuestra investigacin est atravesada por los fenmenos arriba citados, el conflicto ha adquirido gran resonancia internacional y se refuerza con semnticas como la de los derechos humanos o la guerra contra el terrorismo desde el episodio de las twin towers. Como veremos ms adelante, discursivamente el Estado de Chile evidencia una serie de posibilidades contradictorias, por ende, su definicin respecto al conflicto mapuche es al menos, ambigua. Esto se condice con la visin que la sociedad chilena histricamente ha tenido respecto del pueblo mapuche.

    3. Una relacin de alteridad

    3.1. La sociedad chilena: Entre el sordo paternalismo y la desconfianza mediatizada

    Como contexto general, la descripcin actual de la poltica en Chile sugiere que la

    gobernabilidad y la estabilidad logradas tras la dictadura son valores intransables, consensuados entre la concertacin y la derecha. Los gobiernos socialistas de la ltima dcada, bajo el del crecimiento con equidad, han querido dar un sello social al modelo econmico, prometiendo la regulacin y la compensacin de las externalidades que ste produce. Por ello, consideramos muy acertada es la denominacin pax neoliberal de Pairicn y lvarez (2011, p.47).

    Dentro de la coalicin hay consenso para mantener e incluso ampliar el modelo

    econmico neoliberal instalado en Chile bajo el rgimen de Augusto Pinochet (Vergara, Gundermann & Foerster, 2006, pp. 331-332)

    El sistema poltico chileno de los ltimos veinte aos, conocido por su imagen moderada,

    consensual y democrtica, no slo signific la continuidad de una parte importante del legado de la dictadura neoliberal de Pinochet, sino tambin la exclusin social y poltica de importantes sectores del pas (Pairicn & lvarez, 2001, p.44)

    Esta pax neoliberal, ilustra la dinmica del sistema poltico, absolutamente

    intervenida por la constitucin del 80, implica una serie de restricciones al cambio y a la profundizacin de la democracia. Esto tiene directa relacin con el conflicto mapuche. Primero, porque como seala Mella (2001) es la ampliacin de la democracia lo que permitir de alguna forma la superacin del conflicto en el escenario nacional. Segundo, porque discrimina positivamente, y no se entera del motivo central del conflicto. Como diagnostico del problema, esto lo comparte tambin Vergara, Gundermann & Foerster:

    Una de las razones que explican dicha estabilidad poltica es que el sistema electoral vigente privilegia claramente la formacin de dos grandes bloques que compiten entre s y tiende a excluir a

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    los partidos pequeos y a los liderazgos regionales (Vergara, Gundermann & Foerster, 2006, pp. 331-332)

    Definido el contexto poltico, la sociedad civil, no exenta de disensos y

    contradicciones, complementa por medio de semnticas dicha estructura de indefinicin de las polticas y del enfoque con respecto al conflicto. Hace unos aos estudi los lmites tnicos (referidos al origen cultural) y nacionales (referidos al origen poltico) con los que la sociedad chilena construa su identidad tomando en cuenta diversos textos y el discurso de santiaguinos de tres niveles socioeconmicos. Pude llegar a la conclusin de que se construa un lmite simblico respecto del indgena, y particularmente respecto del pueblo mapuche, bajo la nocin de enemigo interno o hermano menor2. Los discursos analizados oscilaban entre un paternalismo ticamente fundado y una desconfianza de tipo poltico atribuida a la influencia de los medios masivos de comunicacin, en especial a la TV y los diarios (Silva, 2009).

    Como un aspecto esencial de nuestro problema reflexionamos acerca de lo que durante ms de dos siglos puede ser denominado la semntica de la chilenidad o el patrimonio conceptual de discursos con el que se construye lo chileno. Sobre todo desde la independencia como repblica de Chile, la identidad chilena puede encontrar su lugar distinguindose de espaoles y ms tarde, de los pueblos indgenas que histricamente han habitado el territorio que el Estado reclam como propio.

    La identidad chilena, ampliamente tratada por Larran (2001) ha fluctuado histricamente desde el esencialismo al modernismo. El autor seala que en contextos de modernizacin acelerada la fuente de identificacin se instala en la modernidad eurocntrica, al contrario, en periodos de crisis econmica ocurrira un regreso de la identidad hacia lo concebido como esencial de la nacin, la cultura.

    Es por ello que consideramos la identidad como un recurso histrico para aplicacin de ciertos programas, sean estos polticos, econmicos, jurdicos, etctera. Para ello nos apoyamos en el concepto de semntica como un conjunto de formas utilizables para cumplir la seleccin de los contenidos de sentido que surgen histricamente en una sociedad (Robles 2006, p.175). Esto tiene directa vinculacin con lo que Larran (2001) seala cuando habla del contenido especfico y el portador en la construccin de cada versin identitaria.

    El origen chileno, como contraposicin de lo espaol, contempla la valoracin del indgena araucano (Larran 2001). No obstante agrega el autor-, esto es un eufemismo, un instrumento ideolgico. Lo anterior se ve corroborado en el libro de Pinto (2000) en la tesis de la forzada inclusin en momentos en que se configuraba un discurso nacional chileno. Para el autor, dicha inclusin no se reflej en la construccin del Estado de Chile, donde nunca fueron considerados.

    2 Cabe mencionar que la pregunta que se lanz al grupo de discusin estaba referida al discurso sobre el indgena en general, la emergencia del personaje mapuche no fue buscada por el investigador.

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    En definitiva, para Larran (2001) las versiones ms importantes de la identidad chilena a lo largo de la historia son; la hispanista y la religiosa dentro del las tradicionalistas (de la oligarqua), la versin popular o mestiza (de los rotos), la modernizante (del marxismo), y finalmente, la individualista (post golpe militar). Por otro lado, agrega la versin militar-racial (del ejercito), donde el mapuche aparece de forma ambivalente, como valorable guerrero y como enemigo interno. No debe olvidarse el modo en que Pinochet se refera a los Mapuche y la mayora parcial que este tuvo en el plebiscito del 88 en las urnas de la Araucana3.

    Volviendo a la forma en que la sociedad chilena observa al pueblo mapuche, destacamos la discriminacin como uno de los fenmenos en esta relacin de alteridad (Merino, Quilaqueo & Saiz 2008). Por otra parte, a nivel discursivo podemos destacar distinciones de tipo cultural, psicolgico y poltico que utilizaron los entrevistados en grupos de discusin para diferenciarse del mapuche (Silva, 2009).

    En primer lugar, en el aspecto cultural utilizaron la distincin tradicionales/globalizados, donde se autodescriban como mejores, por el hecho de estar integrados al sistema global de comunicaciones, despreciando la cultura Mapuche y sealando, que sta es pobre en comparacin a la cultura global. En segundo lugar se destaca una suerte de racismo psicolgico, donde confluyen el paternalismo y la desconfianza. Mientras que por un lado se reconoce en el Mapuche la humildad y la sensibilidad, una valoracin positiva de su subordinacin, se construye por otro su imagen como violento y terco, adems de considerrseles no-inteligentes. En ese tiempo a la atribucin de caractersticas sicolgicas a un grupo tnico le llam la psicologizacin de la cultura. Finalmente, en el plano poltico se constitua claramente la nocin de amenaza, por su actuar violento y por otro lado se consideraba perjudicado el pueblo chileno por los beneficios vinculados a las becas y subsidios indgenas (Silva, 2009).

    En un posterior anlisis a los datos obtenidos en esa ocasin, se hallaron los siguientes fenmenos inscritos en la relacin de alteridad entre chilenos y el pueblo mapuche. Primero, un paternalismo basado en la asistencia econmica que el pueblo mapuche necesita para salir del subdesarrollo. Segundo, la imagen negativa del mapuche como activista poltico, es directamente atribuida al rol de los noticiarios en televisin (Silva, 2009). Sobre esto hay cierto consenso, lo que ms all de los crculos acadmicos se sabe en Chile de los mapuches, se sabe por los medios de comunicacin de masas (Mascareo, 2007b, p.82) Tercero, se valora positivamente al mapuche occidentalizado. Esto quiere decir, cuando se le observa vinculado al conocimiento y la tecnologa, y no a la actividad poltica. Cuarto, y lo ms importante, se niegan las demandas polticas mapuche. Se les considera chilenos como todos los dems, por ende, su adscripcin tnica se considera instrumental, criticando los privilegios en cuanto a becas y subsidios. Adems, se considera el conflicto por tierras en el sur, como un asunto originado por extranjeros. Finalmente, se considera que el conflicto, cuya raz es histrica y muy antigua, no es

    3 Respecto a esto, se habla de cohecho entre el gobierno militar y sectores Mapuche (Marimn, citado por M. Mella 2001, pp. 127-128)

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    responsabilidad de los chilenos en la actualidad (Silva, 2009). Lo ltimos dos hallazgos se relacionan con el principal argumento de lo que Mascareo denomin como la posicin filomapuche4, donde se critica a los medios de comunicacin de masas como responsables de las tesis de infiltracin extranjera y de dar a entender que el conflicto solo es algo de los ltimos aos (Mascareo 2007b, p.82).

    La conclusin en esa ocasin seala la existencia de un lmite etnonacional interno

    con el cual se invisibiliza, se niega, se rechaza el conflicto mapuche, al menos en el discurso de los habitantes de Santiago de Chile (Silva, 2009). Sin embargo esta conclusin se inserta en una proposicin de largo alcance que propone la siguiente frase: A lo largo de ms de tres siglos, la hostilidad y el conflicto con el otro mapuche -manifestados en los permanentes combates sostenidos incluso instaurada ya la Repblica independiente configuraron la construccin identitaria de la sociedad chilena basada en la contraposicin entre lo blanco y lo no blanco, sin reconocer al pueblo aborigen que viva en su interior (Waldman 2004, p.99).

    Los estudios realizados en esta materia sugieren que el reconocimiento es una

    diferencia que pudiera explicarse polticamente. Segn Van Bebber (2003) la disposicin a reconocer al otro es distinta en la derecha, en el centro y en la izquierda poltica. Mientras por un lado, la izquierda poltica reconoce la alteridad y considera el conflicto mapuche como un problema de la democracia chilena, el centro poltico rescata el valor de la unidad nacional que invisibiliza al mapuche al igual que la derecha chilena, aunque esta ltima va ms all y considera el conflicto mapuche como una amenaza separatista proveniente del extranjero (zapatistas) de la cual el gobierno de la concertacin es responsable por no aplicar mano dura para igualar a sus habitantes en trminos econmicos y culturales. Los tres sectores observan de manera paternalista al pueblo mapuche desde una visin etnocentrista de la poltica.

    Relacionado a lo anterior, es constante dentro del sistema poltico conceptualizar el conflicto mapuche, como una problemtica de minoras tnicas (Foerster y Vergara 2002, p.36). As no ve (o no quiere ver) los derechos a la autodeterminacin como pueblo que reclama el colectivo mapuche. Esta visin reduccionista, considera el conflicto mapuche como sntoma de una enfermedad llamada pobreza, sin ver que en el origen del conflicto radica en los referentes territoriales para la conservacin de la memoria indgena.

    3.2.La poltica mapuche en el siglo XX: Entre el nativismo y el desarrollismo

    Integrarse a la sociedad chilena o mantenerse fieles a la tradicin mapuche y sus formas de vida? Luego de la pacificacin y la instalacin del rgimen reduccional, esta tensin ha estado presente en toda la historia sociopoltica mapuche. Las tendencias permanecen enfrentndose con predominios contextualmente determinados por los vaivenes polticos del siglo XX. No obstante, la distincin entre desarrollismo/nativismo no describe la totalidad de las expresiones mapuche, mas nos sirve como eje orientador si queremos entender el comportamiento poltico del pueblo mapuche hasta finales del siglo

    4 Donde incluye autores como Andrea Amolef y Reynaldo Maniqueo. Vase Mascareo 2007b, p.82

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    XX, donde radicalmente cambia sus premisas de dilogo con el Estado por la accin directa.

    En primer lugar, una definicin de dichas posturas: La desarrollista ha planteado que es preciso el desarrollo moderno del pueblo mapuche, entendido como progreso, como una cierta integracin respetuosa en la sociedad chilena (Bengoa 1999, p.122). Por su parte, el nativismo es una tendencia a volver a los orgenes, a los inicios, a lo nativo de la cultura (Bengoa 1999, p.122), esta postura busca hacer la diferencia con la modernidad, expresando su desconfianza, segn el autor. El discurso ms profundo de la cultura mapuche es antimoderno, va contra el desarrollo, se afirma en el conocimiento heredado de los antiguos, llama a la conversin, a arrepentirse por haber cado en el pecado mayor: ahuincarse, dejar de ser mapuche, no respetar la tradicin heredada (Bengoa 1999, p.127).

    Los orgenes de esta distincin se remontan a comienzos del siglo XX y se vinculan

    directamente a las polticas que buscaban regular la propiedad de la tierra. Luego de la derrota en la pacificacin, el pueblo mapuche busc reestructurarse y

    organizar la manifestacin de las demandas principalmente por sus derechos territoriales. Tras la derrota definitiva en 1883, la sociedad Mapuche sufre un proceso violento de restructuracin forzada (Menard y Pavez, 2005, p.212). El abatido pueblo Mapuche intent entrar en la institucionalidad chilena con el fin de reivindicar sus derechos, respetuosamente segn Bengoa (1999). Sin embargo, los propsitos buscados eran radicalmente opuestos. Los mapuche establecieron diversas alianzas con la poltica chilena, entraron en los partidos polticos y crearon organizaciones que se se inscribirn en el contexto histrico chileno ms general que coincide con la emergencia de las primeras formas de organizacin y movilizacin de base popular (Menard y Pavez 2005, p.212).

    En este proceso de adaptacin, la Federacin Araucana y la Sociedad Caupolicn Defensora de la Araucana, jugaron un importante papel al interior de los Congresos Araucanos (Menard & Pavez, 2005). Los dirigentes de stas organizaciones, Manuel Aburto Panguilef y el diputado Manuel Manquilef se sitan en los polos del debate respecto al posicionamiento poltico del pueblo Mapuche frente a la sociedad chilena. El Congreso Araucano cumpli la funcin de resituar polticamente al pueblo Mapuche tras el despojo sufrido aos antes. Las races de esta institucin mapuche se remontan a los parlamentos de los siglos XVIII y XIX. Su amplitud fue formidable, contando con autoridades Mapuche de diversas latitudes e incluso personas chilenas. En palabras de los autores, el Congreso Araucano constituy a la vez una institucin con vocacin representativa y carcter resolutivo, y un conjunto de manifestaciones polticas desarrolladas entre 1921 y 1950 (Menard y Pavez 2002, p.212). La continuidad de esta instancia en la reproduccin de las ideas Mapuche fue posible gracias a la poltica de la escritura como le llaman los autores, que les permite tener una idea del territorio que se buscaba recuperar, contrario a la etnografa colonizada o a los registros que el Estado tenia basado principalmente en los Ttulos de Merced. Cada Congreso se anexaba temporalmente a los otros a travs de la lectura de las actas, conectando textualidad y oralidad en lo que los autores llaman, la dimensin poltica de la escritura (Menard y Pavez 2005).

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    Como instancia de relativa autonoma, la conformacin del Congreso Araucano se orientaba principalmente a la bsqueda de soberana, al menos ritual. A travs de un estudio de las actas, acuerdos, cartas y documentos de dichos congresos, Menard y Pavez destacan el detalle en los registros, que trascienden la clsica transcripcin y van hasta la anotacin de la gestualidad y ritualidad indgena. El fenmeno puede ser entendido como una mixtura de la tradicin oral Mapuche con la escritura legal, tendiendo un puente entre el conducto estatal y la legitimidad cultural. As, definen los congresos araucanos como empresas de escritura tendidas entre los polos heterogneos de la escritura legal estatal y de la legislacin natural de la raza en tanto legalidad intranscribible (Menard y Pavez 2005, p229). El Congreso Araucano simboliz una suerte de enorme mquina de escritura tendida entre la escritura de las leyes y el sustrato nacional de una moralidad mapuche (Menard y Pavez 2005, p.217).

    Para nuestros propsitos resulta central el hecho de que en el Congreso Araucano tena lugar el conflicto por la representacin de la sociedad Mapuche (Menard y Pavez 2005, p.224) como sealan los autores, podan verse tensiones entre viejos y jvenes en la critica a la gerontocracia mapuche, entre mapuches urbanos y rurales en la eleccin de las sedes de los congresos, o en el tipo de lder que se buscaba, profesionales (modernos) o caciques (tradicionales). Puede considerarse entonces a los Congresos Araucanos dentro de las instancias donde primeramente se hizo patente la distincin entre nativismo y desarrollismo.

    Especficamente, para el ao 1926 se discuta en el mundo Mapuche un proyecto de

    divisin de las comunidades propuesta por el diputado Manquilef del partido Liberal Democrtico. Aqu, el Congreso Araucano adquiri una vital importancia como fuerza opositora. En el sexto Congreso Araucano surgen resistencias a la postura de Manquilef y a la divisin de comunidades, la propiedad indgena deba ser inajenable. Manuel Aburto Panguilef encabeza dicha postura. Mientras para Manquilef, la solucin de los problemas mapuches pasa por su disolucin como cuerpo en un cuerpo mayor que es el del Estado nacional chileno, para Aburto el cuerpo colectivo mapuche tiene que producirse a s mismo, usando para eso el Estado chileno (Menard y Pavez 2005, p.225).

    Manquilef, partidario de un nacionalismo cvico, ide una estratificacin de la sociedad Mapuche entre civilizados, semicivilizados e ignorantes. Buscaba otorgar a los primeros la libertad de hacer lo que estimasen con su propiedad y la incorporacin total a la nacionalidad chilena con sus derechos y garantas. Esto estimulara a los otros en una lgica del ascenso social. Opuestamente, la postura de Manuel Aburto Panguilef puede ser etiquetada como culturalista, donde la legislacin natural de la raza y la defensa de las costumbres son centrales. En este polo, las influencias espirituales tenan un rol relevante, en la formacin de alianzas, aadiendo legitimidad mstica al accionar del movimiento. Su reflejo en los congresos abogaba por lo consuetudinario y criticaba que lo legal externo resultaba letra muerta en su vida, inclinndose por una jurisprudencia de la moralidad mapuche para lo cual lo escrito resultaba fundamental (Menard y Pavez, 2005).

    Para Bengoa (1999) la postura desarrollista incluye alianzas con la derecha y la

    izquierda poltica chilena, es transversal. Por ejemplo, notorio es el caso de los tres Venancio Cooepn que hubo, vinculados a la derecha conservadora. Pero por otro lado,

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    tambin puede considerarse aqu a Martn Segundo Painemal quien como obrero citadino se uni al Partido Comunista, que en una suerte de ambivalencia, respetaba las costumbres indgenas, pero promova que estos se uniesen a la revolucin de los obreros. Se subordin el tema indgena a la descripcin de una sociedad de clases. En efecto, la cuestin tnica propiamente tal, esto es, el carcter de pueblo diferente, no fue nunca considerada por socialista y comunistas (Bengoa 1999, p.138).

    Posteriormente, existen un sinnmero de organizaciones mapuche que pueden ser clasificadas como desarrollistas o nativistas, a pesar de sus alianzas especficas (Mella 2001). Si nos volcamos a mirar los aos noventa, podemos observar una inclinacin hacia el nativismo, independiente del componente urbano que las organizaciones han incorporado desde hace ya tiempo. No obstante, tomando lo que la autora seala, es correcto considerar las reivindicaciones y demandas como desarrollistas o nativista, ya que pueden convivir en un seno de las organizaciones las dos tendencias.

    Para comprender el caso de la Coordinadora Arauco Malleco, la distincin entre

    desarrollismo y nativismo resulta limitada, precisamente la CAM es una organizacin excepcional (Foerster, 2004, p.386) por su quiebre con respecto a otras organizaciones mapuche que consideran el dialogo con el Estado Chileno. Detallaremos esto en el punto 4.3 de la presente tesis.

    4. Un nuevo marco interpretativo

    4.1. La sociedad mundial Luhmann (1998, 2007) considera a la sociedad como un sistema omniabarcador,

    criticando la nocin de territorialidad y las consecuencias epistemolgicas de aislar en el anlisis sociolgico a los Estados-naciones. As mismo, Mascareo llama a este obstculo nacionalismo metodolgico, su crtica apunta a la delimitacin de la unidad de anlisis en una sociedad compleja. Los problemas de equidad e igualdad, tanto como los problemas ecolgicos, financieros, de derechos humanos, de criminalidad, deben ser abordados especialmente con criterios supranacionales, es decir bajo el supuesto cognitivo (no normativo) de que se trata de problemticas complejas altamente interpenetradas territorialmente y donde la nacionalidad eventual de cada uno es un dato secundario (Mascareo 2009a, p.78).

    De acuerdo a lo anterior, consideramos la sociedad mundial como un aspecto

    importante en la evolucin del conflicto mapuche en la actualidad, mas aun considerando que su ya en su origen hubo factores internacionales que motivaron la ocupacin de los territorios mapuche. No obstante, nos centraremos en el periodo reciente donde la influencia de la sociedad mundial se hace cotidianamente evidente en muchos de los aspectos de la vida social.

    Partamos por el fenmeno de desnacionalizacin del derecho (Mascareo y

    Mereminskaya, 2005) que implica cambios en las nociones de soberana, posicionando al Estado como un instrumento auxiliar de un sistema poltico mundial. Mascareo (2007a)

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    seala los alcances de la sociedad mundial en los regmenes jurdicos, distinguiendo, el derecho nacional, el internacional, el supranacional y el neoespontneo.

    En particular respecto al conflicto mapuche, la sociedad mundial se ha constituido

    en una presin jurdica importante para el Estado de Chile. Se ha dictado sentencias como por ejemplo la Corte Interamericana de derechos humanos (OEA) en contra del Estado Chileno (Foerster & Vergara, 2002, p.37), y sugerencias, para el tratamiento por de la ley antiterrorista en el contexto nacional (Human Rigths Watch, 2004). Smese a eso, el convenio 169 de la OIT, que Chile ratific el 2008 y puso en prctica el 2009, que refleja las presiones para el cambio del paradigma integracionista de los nacionalismos cvicos (Gissi, 2006). En especial referido al concepto de tierras o territorios:

    Los gobiernos debern respetar la importancia que para las culturas y valores de los

    pueblos interesados reviste su relacin con las tierras o territorios, o con ambos, segn los casos, que ocupan o utilizan de alguna otra manera, y en particular los aspectos colectivos de esa relacin () deber incluir el concepto de territorios, lo que cubre la totalidad del hbitat de las regiones que los pueblos interesados ocupan o utilizan de alguna otra manera (Convenio 169 OIT, articulo 13).

    Por otro lado no olvidemos un contexto mundial de movilizaciones por demandas

    etnonacionales e indigenistas: Las noticias sobre las reivindicaciones nacionalistas y territoriales en Chechenia, Bosnia,

    Kurdistn, Palestina, Euskadi; unidas al ascenso del movimiento indgena en Mxico, Bolivia y Ecuador, fueron seguidas por las nuevas camadas de militantes mapuches (Pairicn & lvarez, 2011, p. 50)

    Otro aspecto relevante es el estrictamente poltico, la tesis de la amenaza a la

    seguridad del Estado (Sez, 2005) publicada en el sitio web de la Universidad de Defensa en Washington DC revela cierta preocupacin extranjera sobre lo que acontece en Chile. Por ejemplo, al sealar que la ratificacin del Convenio 169 de la OIT reforzar las demandas autonmicas de los indgenas en Chile (Sez, 2005). Esto es evidente tambin para E. Mella, para el que problema claro, desde Estados Unidos se observa la protesta social como una amenaza para la seguridad y estabilidad democrtica de la regin (E. Mella 2008, p.1). Desde esa preocupacin se motivara en Latinoamrica una poltica de securitizacin. En consecuencia, el sistema judicial estara cumpliendo la funcin de proteger intereses polticos a travs de diversos mecanismos. Entre ellos, la reforma procesal penal y el recurso a leyes de excepcin como la ley de seguridad interior del Estado y la ley antiterrorista.

    Lo anterior se contradice con la doctrina de los derechos humanos que reivindica

    como legtimas algunas acciones de desobediencia civil, destinadas a llamar la atencin del Estado y sus agentes sobre las justas y legtimas aspiraciones de los ciudadanos (E. Mella 2008, p.1). Esta contradiccin entre seguridad y derechos humanos se ver reflejada en la estructura del conflicto mapuche como veremos en el captulo IV.

    Finalmente, la presencia de la telecomunicacin y los medios digitales expone la

    inexistencia de lmites territoriales de la comunicacin. En nuestro caso se habla de una creciente ciberpolitizacin de las descripciones tnicas. Para el movimiento mapuche del

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    Wallmapu, los nuevos medios, especialmente Internet, han llegado a ser un sustrato privilegiado para la poltica tnica (Millaleo 2001, p.70).

    4.2.El debate en torno al concepto de cultura Aunque es un caso particular y metodolgicamente cuestionado para hablar de

    cultura, un tema eminentemente cualitativo, la encuesta realizada por CEP titulada Estudio de opinin pblica: Los Mapuche Rurales y Urbanos Hoy (2006) inici un debate muy relevante para nuestros objetivos. Fue realizada tanto a personas Mapuche como a no-Mapuche, tanto del campo como de las ciudades. Buscaba caracterizar a la poblacin mapuche y la chilena en cuanto a ciertas opiniones sobre la realidad del pas y, especficamente, sobre la problemtica del pueblo mapuche.

    Inspirado en presupuestos de la teora de sistemas y el postestructuralismo, Aldo Mascareo realiza una lectura de la encuesta buscando probar la tesis que seala la inutilidad del concepto cultura para explicar las diferencias de opinin entre los mapuche y los no-mapuche. A su juicio, la diferenciacin e individualizacin de la sociedad moderna ha hecho cada vez ms carente de rendimiento analtico el concepto de cultura como indicacin de unidad y coherencia de constelaciones simblicas (Mascareo 2007b, p.61). Su aseveracin abre un interesante debate con Jorge Larran (2007), al cual recientemente se ha incorporado Salvador Millaleo (2011). Las siguientes pginas tratan de resumir los puntos ms importantes de aquella discusin.

    Mascareo critica las tradiciones antropolgicas al referir con este concepto la manera total de vivir de un pueblo (Kluckhohn, 1957, p.27 citado por Mascareo 2007b, p.66). La cultura ha sufrido en el devenir de las ciencias sociales una prdida de potencial explicativo 5 . En particular, cabe destacar la poca en que civilizacin y cultura eran distinguidas para estratificar niveles de modernidad alcanzada, interpretando de manera lineal y eurocntrica la cultura de los otros. Mascareo seala que no existe un fundamento actual por el cual ese concepto pueda ser utilizado para describir un grupo, argumentando las diferentes trayectorias de inclusin y exclusin que un individuo atraviesa en la sociedad actual. En sus palabras, en el caso de las sociedades diferenciadas ya no hay una inclusin sistmica exclusiva, se participa de modos distintos en los rendimientos de distintas esferas (salud, educacin, poltica, economa) (Mascareo 2007b, p.71). Seguido de eso, considera la cultura como una construccin sealando que describir una cultura es seleccionar fragmentos arreglados y cortados a propsito para que encajen (Geertz, 1996, p.69 citado en Mascareo 2007b, p.68). El autor entiende que la cultura es una ficcin real tanto para los especialistas como Jorge Larran, como para la persona que se describe culturalmente. En el caso del pueblo mapuche, la pertenencia cultural se refleja en objetivos polticos. La cultura es una ficcin del que habla de la cultura, hay cultura mapuche cuando se la indica en funcin de un objetivo (Mascareo 2007b, p. 67).

    5 Mascareo seala los hitos que debilitaron el concepto de cultura: estos hitos son los siguientes: la distincin entre civilizacin y cultura que enfrento en el siglo XIX a la tradicin humanista francesa con la alemana, la tecnificacin de la tradicin alemana en el siglo XX a cargo de Franz Boas, el influjo sociolgico liderado por Parsons en el department of social relations de Harvard con un concepto simblico y normativo de cultura, la desnormativizacin del concepto con Geertz y Schneider y, finalmente, la disolucin de la solidez de la cultura en la antropologa postmoderna (Mascareo 2007b, p.64)

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    Para Salvador Millaleo (2011) el enfoque de la teora de sistemas queda limitado y

    falla al no apreciar que la movilidad y el poder de las identidades colectivas pertenecen a las caractersticas principales de la moderna y funcionalmente diferenciada sociedad mundial (Millaleo 2011, p.53). El autor lamenta el desinters de Luhmann hacia el concepto y considera que la cultura pone a prueba los programas de los sistemas sociales con informaciones de sus entornos (Millaleo 2011, p.54). Por lo anterior, encuentra su lugar en la arquitectura terica de Luhmann en el concepto de memoria, cuya funcin es vincular las nuevas operaciones del sistema con las antiguas (Millaleo 2011, p.55)6. La reintroduccin del pasado en el presente. Sin duda este smil es de utilidad si pensamos en que muchas de las definiciones de cultura colindan con el concepto de tradicin, y deja espacio para definirse por la unidad o la diferencia. Millaleo enfatiza que el valor del concepto reside en la comparacin. La cultura ya no consistira en patrones o valores sociales, sino que en diferencias y la operacin de comparacin sobre la base de esas diferencias [...] el contenido y la forma de las comparaciones culturales permanecen siempre contingentes (Millaleo, 2011, p.54).

    Opuestamente, Mascareo seala que hablar de cultura es hablar de un vaco. Mantener su pretensin analtica es esforzarse hoy por hacer que el concepto indique precisamente lo contrario de aquello que en su origen destacaba: antes se trataba de la totalidad y coherencia de los mundos de sentido, ahora es la fragmentacin e inconsistencia de los mismos. Es difcil ver la razn por la cual a dos situaciones opuestas habra que seguir llamndolas del mismo modo (Mascareo, 2007b, 69). El mismo Luhmann da una definicin bastante ambigua que, si bien se basa en la contingencia, no descarta la idea de totalidad. La concurrencia conjunta de efectos de todos los medios de comunicacin lenguaje, medios de difusin, medios de comunicacin simblicamente generalizados condensa aquello que con una expresin complexiva podra llamarse cultura (Luhmann 2007, p.320).

    Mascareo (2007b) critica tambin el concepto de identidad donde Jorge Larran es un referente cercano. Para l, identidad y cultura estn relacionadas ntimamente. La identidad es una manera de movilizar algunas formas simblicas presentes en la cultura para construir un relato sobre el s mismo tomado como objeto. Mientras la cultura es la estructura general de significados incorporados en las formas simblicas en contextos precisos, la identidad moviliza slo algunos de esos significados para contar la historia del s mismo, normalmente en funcin de algunos intereses o con alguna intencionalidad poltica (Larran 2007, p.17). Segn Mascareo, Larran ha intentado salvar el concepto de identidad con un movimiento terico similar a lo que la antropologa postmoderna ha hecho con el concepto de cultura (Mascareo 2007b, p.72). A su juicio, quienes hablan de cultura, incluidos quienes la teorizan, la describen como unitaria, consistente e integrada (Mascareo, 2007c). Su crtica se enfoca en el esfuerzo por definir la identidad como algo fijo, sin embargo enfrentado al tiempo, el espacio y otras identidades que haran de la identidad algo dinmico.

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    El concepto de iterabilidad simblica es ocupado por Mascareo (2007b) para indicar que en una perspectiva donde sociedad e individuo son realidades autnomas, el sentido de la comunicacin no depende de quin sera el sujeto, en trminos convencionales, sino que adquiere significacin intertextual. Por ello cuando se habla de cultura no se puede afirmar certeramente algo que es permanente y puro, sino que debe ser considerado como cambiante y transversalmente modificado por el contacto con otras culturas. En palabras ms exactas, la idea de iterabilidad tiene algunas fuentes conocidas que, a partir del supuesto que todo signo debe ser repetible, le ponen lmites a la intencionalidad del autor como responsable de la significacin. Existira una especie de ley de la contaminacin que impedira decidir entre actos intencionales y repeticiones parasticas que nunca pueden ser excluidas (Larran 2007, p.115).

    Los resultados de la encuesta parecen darle la razn a Mascareo que afirma que no se puede hablar de unidad cultural mapuche, siendo las variables polticas y la diferencia urbano/rural lo que se retrata en las diferencias de opinin (Mascareo, 2007b). El autor expone as una serie de interpenetraciones e inconsistencias que muestran la fragmentacin de constelaciones simblicas tanto para la muestra mapuche y no mapuche.

    Mascareo (2007b, p.77) observa una interpenetracin en el aspecto econmico ya que tanto la poblacin mapuche y no-mapuche consideran los problemas de pobreza y empleo como prioridades a las que el gobierno debiese dedicar un mayor esfuerzo. Segn Larran esto no significa que no pueda haber diferencias culturales entre ambos grupos, pues la encuesta no explica la forma de vivir la pobreza de uno y otro (Larran 2007, p.118). Cuando se pregunta por las causas de la pobreza los individuos mapuche y no mapuche, urbanos y rurales se inclinan por causas individuales y familiares, pero no culturales como podra ser la discriminacin, los vicios o la flojera (Mascareo, 2007b, p.81).

    Otro hallazgo de Mascareo indica que no existe mayor diferencia de opinin en cuanto a los medios de comunicacin, siendo la confianza en la radio el medio que da mayor confianza entre mapuches y no mapuche, urbanos y rurales. En este tema Mascareo destaca que la categora meditica de conflicto mapuche no opera como factor relevante en la evaluacin de los medios para la generalidad de los mapuche (Mascareo 2007b, p.85).

    Por otro lado, la distincin entre mapuche y no mapuche no explica las diferentes

    valoraciones de las estructuras familiares como si lo hace la distincin urbano/rural. Pese a lo que uno pudiese pensar basndose en las diferentes cosmovisiones, no se reflejan un diferencia significativa en las cifras de matrimonio civil o por la iglesia.

    El autor interpreta esta interpenetracin simblica sin dramas conceptuales, como parte de los movimientos de sentido en una sociedad mundial compleja y diferenciada, e invita a entender las diversas constelaciones simblicas heterrquica y contingentemente, es decir, reconociendo el hecho de que por sus constantes encuentros y desencuentros estn siendo permanentemente de otro modo (Mascareo 2007b, p.91). No as, teoras como la del control cultural, de Guillermo Bonfil Batalla, cercana al concepto de aculturacin, en esta se destacan la imposicin, la supresin y la enajenacin de recursos materiales y

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    simblicos por parte del grupo dominante, y la resistencia, la apropiacin y la innovacin por el lado del grupo dominado (Bonfil, 1991).

    Por otro lado, Mascareo (2007b, pp. 91-98) seala tambin inconsistencias en las respuestas de los mapuche, inspirado en el concepto de la differance derridiana, afirma la iterabilidad de las constelaciones simblicas. El autor se detiene en la preocupacin por la mantencin de la cultura, donde los resultados indican que el elemento principal para su mantencin es hablar la lengua mapuche. Sin embargo, aunque un 85% se declara preocupado por la mantencin de la cultura mapuche, en los cruces con otras variables surgen interesantes resultados. La preocupacin no se relaciona directamente con la participacin en nguillatunes o machitunes, aspectos a priori considerados centrales en la descripciones mapuche. As igual, se acepta la presencia de la bandera chilena en un nguillatn, aun por quienes se preocupan por la mantencin de la cultura mapuche. Finalmente, llama la atencin la relacin inversa entre la preocupacin por la cultura y la expectativa por mayor autonoma mapuche. aquellos a los que preocupa la mantencin de la cultura esperan una mayor integracin a la sociedad chilena (Mascareo 2007b, p.96).

    Pese a la iterabilidad de la cultura, sta como concepto poltico tiene un gran potencial, puede entregar mucho como herramienta gua de reivindicaciones polticas para los actores que lo emplean, es decir, de lucha por inclusin social [] los individuos se autodescriben culturalmente con el fin de dar a sus demandas un sentido particular, trascendente y una proyeccin histrica que aumente su potencial de reconocimiento (Mascareo 2007b, .p72) En la argumentacin se aade que puede interpretarse un nivel de inviolabilidad que no se puede trascender sin perder la cultura (Mascareo 2007b, p.73) en el caso mapuche, el referente de esta inviolabilidad es el territorio ancestral.

    La cultura como ficcin anula la diferencia en distintas constelaciones de significado al interior del grupo que se describe culturalmente, en este sentido afirmarse como unidad y diferencia con respecto al otro cuando lo ajeno se puede convertir en un obstculo para la posibilidad de o lo propio, lo que transforma la observacin en un problema de inclusin y exclusin (Mascareo 2007b, p.99). Cuando la cultura se interpreta como instrumento poltico la diferencia entre mapuche y no mapuche se manifiesta en relacin a la interrogante de si el pas debe reparar a los mapuche y si se justifica el uso de la fuerza en las demandas territoriales. Adems, la consistencia se incrementa, si se piensa que se debe reparar a los mapuches, se justifica en alta proporcin el uso de la fuerza en relacin al reclamo de tierras (Mascareo 2007b, p. 103)

    5. Evolucin sociopoltica del movimiento mapuche

    De acuerdo a nuestros propsitos, el nfasis en el aspecto poltico de la historia del

    conflicto es evidente, mas cabe reconocer otros mbitos intervinientes en la evolucin de ste. Entre los aspectos relevantes podemos mencionar en primer lugar, las expectativas econmicas depositadas sobre los territorios en pugna. Tambin presentes respecto del empobrecimiento de la poblacin Mapuche. Por otro lado, las ms recientes crticas de la disciplina historiogrfica ponen en jaque la interpretacin oficial del conflicto que la sociedad chilena por dcadas acept, en este cambio de paradigma resulta central la conformacin de una elite intelectual Mapuche autonmica que busca desarrollar una

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    epistemologa propia como destaca Pairicn (2004). En el caso de la CAM la historia mapuche resulta central como argumento de justificacin de la accin por sobre la negociacin:

    La nueva generacin mapuche reinterpret su pasado, retomando lo que estimaron como legado de sus antiguos hroes, como Leftrar, Callfolican, Pelantar, Lientur, Main Wen, Kilapan (Pairicn & lvarez, 2001, p.50)

    Este apartado consta de un breve repaso a los orgenes del conflicto y tendr como

    eje central la tesis de Pinto (2000). El autor indica que el pueblo Mapuche fue reconocido en un primer momento como parte de la repblica chilena, de la identidad nacional, como parte de su mito fundacional. No obstante, luego fue excluido de toda participacin en la organizacin estatal chilena, sufriendo la ocupacin de sus territorios en virtud de objetivos de soberana poltica y explotacin econmica. Cabe recordar que el pueblo Mapuche fue reconocido como Nacin por la corona espaola en el tratado conocido como las paces de quiln en 1640, y que luego, en tiempos de relativa paz, logr su insercin efectiva en el sistema econmico colonial, lo que perdur hasta la mitad de siglo XIX.

    5.1. La sociedad fronteriza y la formacin del Estado de Chile Pinto (2000) retrata el escenario previo a la exclusin del pueblo-Nacin Mapuche

    del Estado de Chile como un escenario de relativa prosperidad. Bengoa (1999) rescata de los relatos mapuche la misma idea, el pasado aorado se describa a travs de la expresin de abundancia en contraste con la situacin post ocupacin.

    Pinto describe la conformacin de una sociedad fronteriza que, luego de un siglo de guerra de conquista, vio articularse las redes indgenas con las redes capitalistas. Segn el autor, demostraba una notable integracin interna y clara articulacin con el resto de la sociedad colonial () las redes indgenas y las redes capitalistas que se unieron en el cono sur de nuestro continente dan cuenta de un proceso econmico muy interesante que se tradujo en la integracin interna y externa de la regin (J. Pinto, 2000: p.34)

    El fenmeno descrito por el autor se debe a los siguientes facilitadores: Primero, la brava resistencia indgena termin por mermar econmicamente al ejrcito espaol. Tambin se describe un nuevo trato del europeo frente al indgena producto de la autocrtica respecto de los abusos cometidos en la conquista. Finalmente, los objetivos econmicos, tanto la focalizacin de la corona en la explotacin minera en Potos, como la necesidad de pacificar un territorio con gran potencial comercial (debido a su gran costa), hicieron que las relaciones con los indgenas del sur fueran repensadas (J. Pinto, 2000, p.18).

    Dicha articulacin desencaden la mutacin en el sistema de vida Mapuche y de su modo de produccin. La conexin de las redes indgenas con las redes capitalistas (J. Pinto: 2000, p.31) era visible en instancias de intercambio como los conchavos7, gracias a

    7 Ferias indgenas donde se intercambiaban productos con espaoles. Para una caracterizacin ms detallada vase: J. Pinto, 2000, p. 22

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    esto, indgenas y espaoles desarrollaron nuevos consumos y establecieron relaciones laborales que beneficiaron a ambos grupos. Se viva un escenario econmico de complementariedad y paz relativa que permita la circulacin de los productos locales de la frontera por todo el territorio colonizado por los espaoles y tambin la importacin de productos desde distintos puntos del conosur (J. Pinto, 2000: p.20).

    Una vez establecido el sistema fronterizo que articulaba las redes indgenas y capitalistas, ste se estabiliz y logr sobrevivir dos embates externos. Nos referimos a las arremetidas imperiales e independentistas que haban puesto su mirada en la frontera, en ambos casos, se hizo evidente el compromiso con un proyecto regional que se consideraba beneficioso por quienes participaban en l (Pinto, 2000): Primero, las reformas borbnicas amenazaban a la regin. Sin embargo, el intento de la corona por modificar su burocracia fracas pues las autoridades regionales haban desarrollado relaciones de confianza con los indgenas a travs de parlamentos. La contraposicin de la visin regional e imperial respecto de la participacin indgena residi en que los espaoles asentados en la regin consideraban exitoso el mercado construido y no cedieron frente al intento de control pretendido por la corona. El segundo embate fue el proceso independentista de Chile, pues la sociedad regional se vio amenazada con un proyecto nacional en especial en lo referido a los circuitos comerciales establecidos. En el nacimiento de la repblica de Chile y la formacin de una elite poltica se haca necesaria la delimitacin de un territorio. Se haca igualmente necesario incluir a la poblacin indgena en este proyecto.

    Para Pinto, este proceso se divide en dos etapas. Inicialmente, se desarroll un discurso de inclusin del indgena en el mito fundacional de la Nacin chilena. Sin embargo, ese intento fue resistido por los Mapuche aliados a grupos realistas en virtud de los acuerdos alcanzados en los parlamentos y en defensa de los circuitos comerciales instaurados. Para el autor se trataba de la resistencia de una sociedad regional frente a un proyecto poltico en cuya gestacin no haba participado (J. Pinto, 2000, p.55). sta, que abarc la costa, las llanuras y la cordillera cont con la participacin de diversos estamentos entre los que se cuentan comerciantes, comunidades indgenas, mercaderes, misioneros y hacendados, lo que ilustra su transversalidad.

    Segn Pinto (2000) las comunidades indgenas no se involucraron de manera unvoca en el enfrentamiento entre patriotas y realistas. Algunos, propensos a la causa republicana, reconocan los abusos del ejrcito espaol. Entre ellos, resulta clave la figura del primer Venancio Cooepn que medi entre el rudimentario gobierno del Chile y las comunidades Mapuche que se debatan entre la resistencia y el apoyo a la nueva repblica.

    El rgimen de relaciones fronterizas logr adaptarse al nuevo contexto, en gran parte esto se debi a que el inters econmico del Estado se inclin hacia el norte del pas, identificando un serio enemigo en la confederacin Per-Boliviana, frente a la que deban disputar el ocano pacifico y recursos minerales. El ejrcito en consecuencia era incapaz de asumir campaas en el sur paralelamente. Esta paz transitoria con el gobierno conservador de Chile era viable por factores externos, siendo las misiones y la educacin los medios de

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    comunicacin entre estos dos mundos, que desde el lente occidental se describa como una relacin entre barbaros y civilizados. El discurso de la elite considera chileno al Mapuche a su vez que como parte de una Nacin distinta. Pinto (2000) destaca que la clase dirigente ensalzaba la idea del libertador Mapuche y que en parte eso ratific la vigencia de la frontera y las formas comerciales desarrolladas en ella. Se intentaba construir una comunidad imaginada basada en la hermandad de los pueblos Mapuche y chileno, con el fin de despejar todo vestigio de lealtades con el antiguo rgimen.

    En la dcada de 1850, ya lejana la influencia de Espaa, la elite chilena comienza a desarrollar seriamente el proyecto de Estado ya esbozado en 1833 por Portales. Territorio, poblacin, legalidad, burocracia, educacin y ejrcito son los ejes de esta consolidacin segn Pinto (2000). Es en este momento en que la situacin en la Araucana se visualiz como problema ante las expectativas econmicas desarrolladas por la clase poltica. Integrarse al capitalismo mundial era el objetivo, a travs de un modelo basado en exportaciones de recursos naturales que abundaban en los territorios Mapuche.

    Conforme a lo anterior, se necesitaba poblar grandes extensiones de territorios donde la soberana no era la deseada, pero no con cualquier poblacin, la idea era desarrollar productivamente la regin y los paradigmas econmicos provenan de los grandes centros de pensamiento de occidente. Ideas positivistas rondaban los crculos de poder dentro del Estado de Chile, as la inmigracin europea se proyectaban en la regin. Era el preludio de la ocupacin.

    Desde el punto de vista jurdico, varios fueron los medios que utiliz el Estado para consolidar el orden interno. Ya en los ensayos constitucionales de 1818 y 1923 se vislumbraba un fuerte tinte autoritario que intentaban vincular la moralidad del Estado con las costumbres de la vecindad. Bajo ese prisma se conceban las inspecciones y prefecturas, la premisa era no daar la individualidad de las provincias. Las autoridades locales se vincularan con el gobierno central a travs autoridades regionales, sin embargo, en la Araucana los caciques eran la autoridad local y no se convertiran cmodamente a esta nueva modalidad. Como era de esperarse, la inspiracin consuetudinaria de Egaa no encontr resonancia en las costumbres indgenas. Los parlamentos que haban servido como instancia de dialogo slo tendran vigencia hasta mitades del siglo XIX. En el plano legislativo el debate trataba de subsanar la paradoja del territorio y la poblacin, anexando el territorio de la Araucana al Estado de Chile y sin reconocer al indio como chileno. Ya se conceba como parte de otra Nacin8. Y aunque el gobierno declaraba su respeto por los originarios, reclamaba para s la soberana de esos territorios con al argumento de defenderlos de intereses extranjeros, como implicaba la constitucin de 1833 (Pinto, 2000).

    La educacin, fue un medio eficaz en la promocin de los valores fundamentales de la Nacin. La idea era sacar a la poblacin de la ignorancia y desarrollar una sociedad civil empoderada 9 y, en referencia a los Mapuche, erradicar la barbarie. Muchos caciques insertaron a sus hijos en el sistema educativo chileno. Sumado a ello, la oralidad Mapuche fue reemplazada. La funcin presumible tras estos esfuerzos era homogeneizar a la

    8 Vase las consideraciones de Jos Gaspar Marn al respecto en J. Pinto (2000, p.87) 9 A este respecto vase el discurso de Andrs Bello documentado en J. Pinto (2000, p. 91)

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    poblacin (Pinto 2000, p.179). Por otra parte, el Estado deba configurar una memoria nacional institucional, censal y cientfica.

    En el contexto configurado, un discurso anti indigenista se fue fortaleciendo en los medios escritos con la idea de poblar con europeos los campos del sur. El proyecto de fuerte connotacin eurocntrica se fue alejando de una realidad demogrfica con gran presencia mestiza e indgena. El diario el Mercurio fue vital en dicho proceso (Pinto 2000).

    La idea de sentar soberana en la regin fronteriza se consolida en la creacin de la provincia de Arauco (1852). A pesar de que se prometa el respeto de las poblaciones indgenas, se asentaban cada vez ms mestizos y se consolidaba la burocracia chilena en Los ngeles. Aquello implicaba entre otras cosas, la llegada de la polica, la aplicacin de leyes (entre ellas la ley de propiedad) y la comunicacin de las autoridades de la zona con la presidencia de Chile. Esta ciudad, entre otras fue construida con el propsito de civilizar y conectar la regin con los mercados externos, tambin a travs los medios de comunicacin y el transporte que en la segunda mitad de XIX se ubicaron en la regin.

    Finalmente se asegura el panorama necesario para iniciar la ocupacin de la

    Araucana, tambin llamada pacificacin por la historiografa liberal. La decisin de avanzar es justificada por factores tanto internos como externos. Chile tuvo, luego de la crisis econmica mundial de 1857, bajos niveles de productividad y alta especulacin. Sumado a ello, se denunciaba el gran gasto de los empresarios en costumbres ostentosas. Econmicamente, dos frmulas buscaban explicar este trance: una crisis de circulante y un alto consumo aparejado a una baja exportacin (Pinto 2000, p.115). Esta ltima frmula centr el foco del sistema poltico en la Araucana, observada como el potencial granero de exportaciones del pas en vistas de que los recursos mineros del norte no dejaban recaudos al Estado por ser de propiedad inglesa. El control de la Araucana, dotada de recursos pero no de mano de obra, se converta en una necesidad para la clase poltica y el empresariado.

    Cuadro 1: Factores internos y externos influyentes en la definicin de la poltica de ocupacin del territorio indgena

    Factores internos Factores externos Demandas alimenticias Crisis de 1857

    Inters en el carbn Apoyo indgena a revolucin de 1859 Cierres de California y Australia Discurso anti indigenista

    Fuente: Elaboracin propia, basado en J. Pinto (2000, p.125)

    Ya es llegado el momento de emprender seriamente la campaa contra esa raza soberbia y sanguinaria (J. Pinto, 2000, p.122). El Mercurio no tard en crear un clima para que la opinin pblica validase la incursin creando la necesidad econmica de explotar la regin ms rica de del territorio nacional, discurso que fue reforzado por la vinculacin de comunidades Mapuche a la revolucin de 1859. Este alzamiento enfrentaba a crucistas y montistas y tena el carcter de resistencia regional como se mencion anteriormente. El centralismo del gobierno no era bueno para la regin, los Mapuche en medio del conflicto no distinguieron que ambos bandos tenan intereses en la regin que no les involucraban. El autor documenta como el pasqun de los empresarios representa la idea del enemigo interno, asegurando que estos ultrajaban al pueblo chileno impidindole progresar, as

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    justificaba poblar la zona con una raza superior, moralmente beneficiosa para la sociedad chilena.

    El Estado de Chile consideraba a los Mapuche como mano de obra y nuevos cristianos en su afn de modernizar y civilizar la Araucana, su inclusin quedaba limitada a estos roles y la amenaza blica se haca patente. Aunque algunos sectores pro indigenistas cuestionaban la ocupacin violenta, no haba mayor disenso en los referido al valor de esas tierras para el progreso de Chile. Se consideraron alternativas como la compra de tierras y el nfasis en las misiones para educar al indgena. El debate parlamentario era fuertemente dominado por Vicua Mackenna, cuyas ideas son de gran relevancia en el devenir de la ocupacin. Vicua Mackenna autor emblemtico de la historiografa liberal encabeza los esfuerzos por borrar al indgena de la historia de Chile, restndole valor o simplemente omitiendo su intervencin en el curso histrico (Pinto 2000, p.150). Su influencia como poltico y educador fue amplia y representaba fielmente las intenciones de la elite poltica chilena, salvo excepciones contadas10.

    Los Mapuche fueron fuertemente reprimidos desde esta poca, Pinto (2000 p.157) documenta relatos que hablan de torturas, asesinatos y detenciones injustificados. Frente a una ocupacin en curso los Mapuche volcaron sus esfuerzos en tres direcciones, inconexas segn el autor: Las quejas pbicas, la negociacin y la resistencia. Por un lado, Kilapn gui la frrea resistencia de los Mapuche, mientras los ya disminuidos parlamentos buscaban alternativas para negociar con el Estado de Chile (Pinto 2000, pp.205-206). El autor seala que la dispersin de la sociedad fronteriza no permiti que esta desarrollara una identidad colectiva capaz de resistir los cambios instruidos desde el centro de Chile.

    Sumado e ello, un fuerte anti indigenismo decimonnico justific sendos genocidios contra indgenas en todo Latinoamrica, en virtud del fortalecimiento de los proyectos nacionales. La alianza chileno-argentina no fue la excepcin, la incursin contra los Mapuche fue enfatizada por sobre los problemas limtrofes que como Estados vecinos pudieran tener. (Pinto 2000, p.181).

    Como resultado de una guerra sostenida entre 1881 y 1883, pero cuyos movimientos preparatorios se documentaron durante todo el siglo XIX, Chile pacific la Araucana y consolid un modelo hacendal que lejos de lograr la abundancia prometida empobreci una regin que gozaba de cierta autonoma econmica producto de la maduracin de antiguos circuitos comerciales que incluan a los Mapuche como parte importante d