Introducci³ Diccionario de Los Simbolos de Jean Chevalier

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Pàgines preliminars del diccionari de símbols de Jean Chevalier.

Text of Introducci³ Diccionario de Los Simbolos de Jean Chevalier

  • ' ..

    DICCIONARIO DE LOS SMBOLOS Bajo la direccin de

    lEAN CHEV ALlER Doctor en teologa. profesor de lilosofia

    con la colaboracin de ALAIN GHEERBRANT

    BARCELONA EDITORIAL HERDER

    1986

  • Es PROPIEDAD

    Versin castellana de MANUEL SILVAR y ARTURO RODRGUEZ. de la obra de J. CHEVALJER y A. GHEERBRANT: Dkrionnaire des ,~.vmboles.

    Ed. Roben LatTont et Ed. Juptter. Pars. adaptada y completada por JOS DUVES PUIG. Dr. en Fil.

    CI/h"'rra: Tapiz de la Creacin. Arte lextil romnico de finales del s. XI C"tedral di' GinU/u. Derechos reservados. Prohibida la reproduccin

    total o parcial. Edicin autorizada n." PL-23-CG-85

    1969 d. Robe" Laffonl el d. Jupiler. Paris /986 Editorial Herdf!r S.A .. Barcelona

    ISBN 84-254-1514-4

    DEPSITO LEGAL B. 29.193-1985 GRAFESA - Npoles. 249 - 08013 Barcelona

    PRINTED IN SPAIN

    CUADRO DE COLABORADORES PRINCIPALES

    BARBAULT, ANDR

    BA YLE, DOMINIQUE

    CHEV ALlER, MARGUERITE

    DAVY, MARIE-MADELEINE

    GRISON, PIERRE

    HEINTZ, GEORGES

    LE RouX-GUYONV ARC'H

    MEYEROVICH, EVA

    MOKRI, MOHAMMED

    PFEIFFER, HENRI

    PRIGENT, PIERRE

    ROCHETERIE. JACQUES DE LA

    SHIBATA, MASUMI

    VOLGUINE, ALEXANDRE

    Vicepresidente del Centro internacional de astrologa

    Bibliotecaria del Museo del hombre

    Profesora de letras clsicas

    Directora de investigaciones en el CNRS

    Escritor y crtico de arte, especialista en las civilizaciones del Extremo Oriente

    Profesor en la Universidad de Estrasburgo

    Director de OGAM, revista de estudios clticos

    Responsable de investigaciones en el CNRS

    Escritor, ex profesor en la Universidad de Tehern

    Doctor en ciencias y medicina, profesor de cromatologa

    Profesor en la Facultad de teologa protestante de la Uni-versidad de Estrasburgo

    Psicoterapeuta

    Profesor en la Universidad de Kyoto (Japn)

    Director de la revista Les Cahiers astrologiques

  • NDICE GENERAL

    Cuadro de colaboradores. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . 5

    Prlogo a la edicin castellana. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9

    Nota preliminar. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13

    Introduccin . '.' . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 15

    Cuerpo de artculos ... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 39

    Bibliografa ................................................................ 1093

  • PRLOGO A LA EDICIN CASTELLANA

    El smbolo, joya poco valorada por los que rechazan todo cuanto no responde a los postulados de un racionalismo estricto, es, sin embargo, paradigma del ser y posibilita en cierto modo que las cosas sean. Su prioridad frente a cualquier otra forma de significacin va siendo reconocida por todos cuantos no adoptan una visin del mundo slo inteligible desde un punto de vista racional.

    Este mundo racionalista moderno vale tan poca cosa como el mundo antiguo o el de maana, puesto que implacable la guadaa de Cronos ha de segar estas cabezas y estas voces, como otrora seg las del pasado y un da segar las por venir. La visin existen-cialista del mundo -que es la que nos sita de modo exclusivo en el plano del antes y del despus, del an y el todava- es abominable como han dejado bien patente los escritos de atareadas mentes como las de Sartre y Heidegger. La angustia y la nusea se apoderan del hombre inteligente cuando ste reconoce el mundo y la vida simplemente por lo que son en realidad, dejando a parte la fantasa.

    Sin embargo cabra preguntarse con los antiguos, hoy tan olvidados, si el mundo de la realidad concreta, el mundo de hoy -en el cual vivimos anhelando, haciendo y padeciendo una historia particular socialmente ubicada- tiene acaso el gran poder de coaccin sobre nos-otros que generalmente se le atribuye. El hombre moderno, que es el hombre histrico -aquel que se identifica absolutamente con la poca, el contexto cultural y la moda-, es un . fetichista porque cree en la existencia, es decir, en la realidad absoluta de lo espacio-temporal, realidad que por cierto el propio Einstein, con lo ms avanzado del mtodo positi-vista, ha dado en negar. Tambin hoy dice cualquiera que el mundo, la existencia y lo que se afirma en determinada situacin, es relativo, y as es en efecto. Pero icun lejos est el hom-bre moderno de poder encamar- esta verdad que con la razn vislumbra y que segn conve-niencia aserta!

    Qu valor daremos, pues, al smbolo? Con qu nombre nuevo nombraremos hoy lo ya sabido? De ser concept o metfora el smbolo sera en verdad bien poca cosa, y no hara sino recargar los ya sobrecargados canales de la computadora cerebral del hombre de hoy. El smbolo no es una manera ms potica o hermosa de decir cosas ya sabidas, aunque tambin sea eso. El smbolo es el fundamento de todo cuanto es. Es la idea en su sentido originaro, el arquetipo o forma primigenia que vincula el existir con el Ser. Por l a modo de puente el ser se manifiesta a s mismo: crea un lenguaje, inventa los mundos, juega, sufre, cambia, nace y muere. Pues precisamente por el smbolo la existencia y la realidad del mundo sucesi-vo dejan de ejercer su tirana sobre la mente. Las ideas-fuerza, grabadas desde la antigedad en la piedra y la madera, cantadas y dichas en el mito con inspirada gracia, y escenificadas

  • Prlogo 10

    en el drama perpetuo de la naturaleza y la vida, operan en nosotros un retorno, una reubica-cin en lo atemporal anterior al tiempo. El smbolo y su desarrollo en forma de mito son otra historia, otra fantasa si se quiere, pero que tiene la virtud de acercarnos a la inmutable fuente oscura de donde surge toda luz y toda palabra. El smbolo es el instrumento de la creacin y tambin el instrumento del retorno. El conocimiento del smbolo, tambin llama-do gnosis, para distinguirlo del conocimiento conceptual, acumulativo o discursivo, nos pone en contacto con una fundamental ignorancia, que segn Scrates y los maestros de cualquier tiempo y lugar, es el objetivo de la filosofia. Filosofia que aqu ha de entenderse en sentido propio, como amor a la divina Sofia.

    La visin simblica del mundo, que fue la de los antiguos, los cuales unnimemente se expresaron nada ms mediante smbolos y mitos, es la visin ingenua y directa, que supe-ra las mediaciones culturales, por ms que tiempo y cultura influyan y condicionen la forma sensible del smbolo. Lo simbolizado no es de ningn modo el smbolo sino aquello inexpre-sable que no podra decirse de otro modo de no ser por aquella forma que en lo sensible lo manifiesta. El Cielo no es la Tierra, ni la diestra es la siniestra, ni la montaa es la cinaga, por ms que distintos pueblos y culturas y pocas hayan variado y mezclado los nombres de estas ideas-fuerza. Lo simbolizado est siempre ms all y por encima del vehculo sensible o formal que lo simboliza, de otro modo, Cielo y Tierra, montaa y cinaga, diestra y sinies-tra no seran sino agregados de molculas o de palabras, que no significaran ms que una in-definida cantidad de relaciones en la combinatoria horizontal de la lengua.

    Frente a las idolatras de la existencia y del devenir, el smbolo nos remite a lo atem-poral y supraconceptual. Por esto se lo llama idea-fuerza. El smbolo es factor de esencia y por ello est en el umbral del No Ser. Ver el smbolo supone por tanto morir, o quiz des-pertar de nuevo ai olvido, esta otra forma de la memoria>~ como dice Borges. Olvido del mundo y de cuanto sabemos, retorno del no saber, de la infancia, del silencio, del misterio, que literalmente significa quedarse mudo ante lo inefable, la absoluta transcendencia de lo humano inscrita en el corazn del hombre.

    Los smbolos son para soar, y el sueo, cuando es reparador, es siempre una partida que prefigura y actualiza la muerte. Soar para morir. Para recibir el smbolo, para que ocu-rra la cbala (pues kabbalh significa recepcin, del hebreo kibbel, recibir), supone necesaria-mente vaciar la mente de todo cuanto ella sabe, para que brille con todo su fulgor lo que ella desde siempre ha sabido y no ha querido ver, por este extrao y paradjico aferramiento a la vida y a su preocupacin, que los mitos describen como Cada. El smbolo no se puede en-tender. El smbolo se hace en nosotros cuando la mente, el sentimiento, el instinto y el cuerpo somtico, se ponen en consonancia de manera que haya orden en aquella Ciudad con mayscula que Platn describe con letras grandes en la Politeia. La recepcin del smbolo o su revelacin tiene, pues, como paso previo el orden en la Ciudad. Obedezca, trabaje y viva duramente el cuerpo como siervo que es. Produzca ricos y hermosos frutos y obras, y sea frugal el alma concupiscible, como buen artesano. Obre para darse y morir nuesiro nimo, que es la casta guerrera. Reconozca la mente. sabia su ignorancia y acalle en ella su inquie-tud. El orden en la Polis es la Gran Paz instaurada por Hrcules, hacedor de ciudades. La paz, como dice Dante en el inicio del De Monarchia, es premisa de la contemplacin, que es el estado natural del hombre. Cuando contemplamos algo, la cascada, el pjaro, el fuego, ocurre el smbolo en nosotros, e inadvertidamente se acerca el alma a s no ser. No hay en-tonces espectador, sino slo lo que hay. Reconocemos lo Uno en el Todo.

    Todo esto viene a completar la idea vulgar de smbolo, expresada segn es fama por Saussure y otros estructuralistas, en su versin primera, y desarrollada ms tarde por los constructivistas: Wittgenstein, McLuhan, Berger y Garca Calvo, por citar slo unos cuantos. La