Click here to load reader

F. DAVID PEAT SINCRONICIDAD - Arteuna · PDF file Para investigar la relación entre Jung y Pauli, me ayudaron enormemente varios amigos, colegas y biógrafos de Pauli. Tuvieron mucha

  • View
    0

  • Download
    0

Embed Size (px)

Text of F. DAVID PEAT SINCRONICIDAD - Arteuna · PDF file Para investigar la relación entre...

  • 1

    F. DAVID PEAT

    SINCRONICIDAD

    Puente entre mente y materia

  • 2

    AGRADECIMIENTOS En cierto sentido, el origen de este libro se encuentra en un programa para la radio para cuatro voces, que escribí en 1974. Por esto, debo agradecer la perspicacia y creatividad del productor, Paul Buckley. Como resultado de este programa, y del ensayo que escribí inmediatamente después, recibí el estímulo adicional para seguir investigando el concepto de la sincronicidad de Arthur Koestler, Arnold Mindel, y M. L. von Franz. Diez años después, mientras escribía este libro, tuve numerosas conversaciones interesantes con Eduardo Casas, Sean Kelly, y Anthony Storr. También le estoy muy agradecido a David Bohm por las muchas conversaciones mantenidas so- bre la naturaleza de la realidad y la mente. Para investigar la relación entre Jung y Pauli, me ayudaron enormemente varios amigos, colegas y biógrafos de Pauli. Tuvieron mucha paciencia y me ayudaron especialmente respondiendo a todas mis preguntas y cartas. Finalmente, al llegar a esta versión del manuscrito, le doy las gracias a mi agente, Adele Leone, y a mi editor, Tobi Sanders.

  • 3

    1. EL FÍSICO Y EL PSICÓLOGO Sincronicidad: Una coincidencia significativa, patrones de la causalidad relacionados significativamente.1 Cada uno de nosotros se enfrenta con un misterio. Nacemos en este universo, crecemos, trabajamos, jugamos, nos enamoramos y, al final de nuestras vidas, afrontamos la muerte. Pero en medio de toda esta actividad, se nos presentan constantemente una serie de preguntas abrumadoras: ¿cuál es la naturaleza del universo y cuál es nuestra posición en él? ¿Qué significa el universo? ¿Cuál es su propósito? ¿Quiénes somos y cuál es el significado de nuestras vidas? La ciencia intenta proporcionar respuestas a estas preguntas, porque siempre ha sido competencia del científico el descubrir cómo está constituido el universo, cómo se creó la materia originalmente, y cómo empezó la vida. Las teorías sobre el mundo natural pueden ser especialmente eficaces en sus capacidades proféticas y hermosas en su estructuración abstracta interna. No obstante, las teorías científicas nunca pueden cobrar vida por su cuenta, sino que deben mantener siempre su calidad de tales, es decir, lo que son -teorías, relatos obje- tivos del mundo que se deben evaluar confrontados con el conocimiento próximo que nos brinda nuestra experiencia personal y esos raros instantes de penetración (insight) que sugieren una realidad más profunda que está más allá del mundo de las apariencias. La ciencia puede haber descubierto la estructura interna del átomo, estudiado la geometría de la molécula de ADN, y explorado los misterios de los agujeros negros, pero, ¿cómo podría interpretar la experiencia de T. E. Lawrence al viajar por el desierto una mañana temprano?

    Nos pusimos en camino una de esas madrugadas despejadas en que el sol despierta los sentidos. Durante alrededor de una hora, en esa mañana, los sonidos, olores y colores del mundo impresionaron individual y directamente al hombre, sin ser filtrados o tipificados por el pensamiento.2

    ¿Y se pueden aclarar los recuerdos de la infancia de Wordsworth?

    Hubo un tiempo en que el prado, la arboleda y el arroyo La tierra y cada visión común, Me parecían estar Ataviados de luz celestial, De gloria y de la frescura de un sueño.3

    Por un lado tenemos la inmediatez y el sabor de nuestras vidas, de la poesía, la música, el arte y el misticismo, y por otro, los descubrimientos y explicaciones objetivos de la ciencia. Por una parte existe la emoción, la belleza y la maravilla, y por otra, la posibilidad de que la conciencia sea un epifenómeno de determinadas reacciones electroquímicas complejas, de que la vida sea el producto de procesos moleculares fortuitos y que el universo sea un accidente.

  • 4

    Parece, por lo tanto, que hay un vacío que no se puede llenar entre los plantea- mientos objetivos y subjetivos de la cuestión del universo y nuestro rol en él. Es como si, a primera vista, no existiese ningún modo de sazonar las teorías de la ciencia con el sabor de la experiencia humana, o de transformar una penetración (insight) poética en el rigor de la objetividad científica. Simplemente parece que estos dos mundos estén demasiado alejados el uno del otro. No obstante, se propone en este libro que se puede construir efectivamente un puente entre los mundos interior y exterior y que la sincronicidad nos proporciona un punto de partida, dado que representa un pequeño defecto en la estructura de todo lo que hasta ahora hemos considerado como la realidad. Las sincronicidades nos ofrecen la posibilidad de ver más allá de nuestros conceptos convencionales del tiempo y la causalidad, de los patrones inmensos de la naturaleza, de la danza fundamental que conecta todas las cosas y del espejo que está suspendido entre los universos interior y exterior. Con la sincronicidad como punto de partida, es posible empezar la construcción de un puente que atraviese los mundos de la mente y de la materia, de la física y de la psique. Las realidades de la naturaleza Considerar el mundo en términos de patrones e interconexiones de sucesos individuales no les habría parecido extraño a los habitantes de la Edad Media ni a los de la China antigua. El tapiz de Bayeux, que muestra la conquista normanda de Inglaterra en 1866, anuncia esta invasión dramática con la aparición de un cometa nuevo en el cielo. Y de este modo, la coronación de reyes, inicios de guerra o epidemias y el nacimiento de hombres famosos siempre iban acompañados de variados presagios naturales. Según esta visión del mundo, existen afinidades entre cosas y comprensiones aparentemente distintas, que actúan entre el cuerpo, el alma y el mundo exterior. En efecto, se consideraba que la naturaleza era un solo organismo gigantesco en que cada persona tenía su propio lugar. El convertirse en una parte de esta armonía del universo era la clave para la acción correcta y engendraba una forma de conocimiento que nunca estaba separada de los valores y creencias subjetivos. Con el desarrollo de la ciencia, sin embargo, se descubrió que el universo se podía describir de otras maneras. La materia celestial y la terrenal ya no eran de órdenes distintos, dado que ambas se podían explicar bajo la ley newtoniana de la gravitación universal. En lugar de las afinidades y comprensiones misteriosas estaba el concepto científico de la fuerza que se podía cuantificar con precisión y relacionar matemáticamente con cambios de movimiento. La anatomía y una comprensión de la circulación de la sangre sustituyeron a los humores y correspondencias astrológicas y finalmente condujeron a penetraciones (insights) médicas como la teoría bacteriológica de la enfermedad, la vacunación y una hueste de medicamentos modernos. La ciencia, ayudada por la matemática, fue capaz de describir el universo en términos cuantitativos que tuvieron un poder profético impresionante. Utilizando el planteamiento científico, se podía aislar y

  • 5

    analizar cualquier fenómeno bajo condiciones repetibles hasta que, incluso los procesos más complejos fueron reducidos a una colección de unidades elementales conocidas que actuaban de un modo previsible como consecuencia de las fuerzas entre ellas. En su punto culminante, hacia finales del siglo XIX, la mecánica newtoniana se había convertido en modelo para todas las demás ciencias, y el gran Lord Kelvin, dirigiéndose a la Sociedad Real de Inglaterra, mantenía que la física estaba llegando a su fin, un fin en el que todo fenómeno se podría explicar en términos de un puñado de leyes físicas, reduciendo, en principio, los campos más complejos de la biología y la química, a la certidumbre de la física. Para Lord Kelvin, el universo se había transformado de un organismo vivo en algo que era mucho más parecido a una máquina, una máquina de enorme ingenio en cuanto a su construcción y funcionamiento, pero que no obstante, era mecánica, dado que su comportamiento se podía reducir al funcionamiento de partes que se movían, cada una obedeciendo unas cuantas leyes básicas. Dentro de dicha máquina, sin embargo, hay poco lugar para los valores y el significado o para los hechos interiores de la experiencia y la revelación. E incluso la naturaleza humana aparentemente se podía reducir al funcionamiento de los instintos y las represiones que, alternativamente, tuvieron sus orígenes en co- rrientes de energía que eran consecuencia de reacciones electroquímicas del sistema nervioso. La teoría cuántica y la relatividad produjeron un efecto revolucionario sobre este planteamiento newtoniano, no sólo en la transformación del formalismo de la física sino también en el cambio de la visión del mundo que se relacionaba con él. Neils Bohr, por ejemplo, recalcó que la teoría cuántica había revelado la indivisibilidad esencial de la naturaleza mientras que el principio de la incertidumbre de Heisenberg indicaba el punto hasta el que un observador interviene en el sistema que observa. Un físico contemporáneo, John Wheeler, ha expresado este nuevo planteamiento en términos particularmente gráficos:

    Teníamos una antigua idea de que había un universo allí fuera, y aquí está el hombre, el observador, protegido seguramente del universo por una plancha de vidrio cilíndrica de seis pulgadas. Ahora aprendemos del mundo cuántico que, incluso para observar un objeto tan minúsculo como un electrón, tenemos que romper ese vidrio cilíndrico; tenemos

Search related