Elefante #13

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ELEFANTE es una revista multidisciplinaria realizada en Córdoba-Argentina, de la que participan distintos artistas, contenidos por un tema disparador. Cada edición un nuevo formato.

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  • elenfante (13) somos elefantes: [8] celeste onaindia . [1] lucas chami

    invitados: [3] santiago guerrero. [4] eugenia hadandoniau. daniela martin. gaston mallegri. [5] noes as. [6] pilar ortega. [7] manu egua. [10] jorge villegas. [11] luciano gimenez. [12] valeria uehara. [13] pini arpino. [16] french.

    DESCONF I A

    elefante

  • abandonar/

    huella

    silvestre

    Hacia la tierra, para alimentarLos pasos del que camina sin moverse

    Cinco a.m.Ojos que se abren

    Los pjaros pueblan el sonidoEl camino se hace ancho

    herido | el animal est herido | herido de muerte | herido de tiempo | el abismo | ancha la cama | dilatado el ocaso | el animal est herido | cansa el cansancio | la garganta rota | nada sale | nada | de nada | lquido de amapolas | calmando el dolor | el animal est herido | la cama hueco en el mundo | sbanas y reptiles | batallando una espalda cimbrada | infierno de hormigas | zanja de dinosaurios | el animal est herido | el combate una eternidad | calma en el borde de la habitacin | en el resto fuego | el fuego | los fuegos | herido | tan herido | desnudas las piernas | un poco de agua | pero el desierto | un poco de hambre | pero el desierto | alguien | pero el desierto | la cama hueco en el mundo | derrotero de movimientos aprendidos | huella del baile | un ojo | cclope de sbanas finas | tormenta de flores paganas | el animal est herido | herido de muerte | caballos negros en los espejos | lquido de amapolas | para calmar el dolor | juguemos un juego | un juego de a dos | juguemos los dos | el animal herido | est solo | de solo | de soledad | cansa el cansancio | la garganta rota | fractura en el olvido | a veces el deseo | puede ser | tan slo | un animal herido |

    Fue dejando caer las prendas adheridas a las primeras capas de piel, como quien se despoja de un atributo que nunca le cuadr en la nomenclatura de sus pliegues. A esa hora de la madrugada la avenida principal la ocupaban aquellos que, a plena luz del da, se escondan en las madrigueras de lo pacato y las buenas costumbres. Por lo tanto su desnudez no provoc en los deambulares de esos cuerpos negados, ms que el tedio propio de la noche que se repeta como un mantra: nada de qu alarmarse, nada por lo que llamar la atencin de las fuerzas del orden, tan preocupadas por seguir plantando pequeos envoltorios con harina tres ceros en los peatones ms jvenes, arrojados por la desidia familiar al crculo concntrico de lo que no deba verse.Al llegar al extremo norte del poblado, pendindole la ltima pilcha de los dedos entumecidos por el fro, gir la cabeza, clavndose sus ojos en el punto de fuga que vomitaba el asfalto hmedo. No voy a volver. Pueden seguir arrojando sus piedras a otros cuerpos. Gurdense el rencor en la parte ms endeble de sus espaldas e incinrense el tedio con hectolitros de la gasolina ms berreta; aquella que, seguramente, seguirn bebiendo cuando se celebre la prxima festividad de la santa en la que siguen creyendo, muy a pesar de lo consientes que son respecto a lo falso del lquido rojo que, juran, chorrea de sus ojos de porcelana.Se intern en lo profundo del bosque. En un claro, entre la languidez de unos largusimos rboles, dispuso su cuerpo en posicin fetal e intent conciliar el sueo. Algunas ramas cadas punzaba el costillar apesadumbrado de su flanco. Con un lpiz labial furiosamente rojo escribi en el hueco de su pecho: cmanme.Antes de cerrar los ojos pudo distinguir la figura de un nahual acercndose, hundiendo sus cuatro patas en el lodo. Sonri. No era un sacrificio, sino una ofrenda.

    Daniela Martn

    Gastn Malgieri

    Eugenia HadandoniouPara domarA los rbolesEl viento les soplaEn las hojasDeslizndose suaveSoltndolas una a una

    Para conciliarA las nubes con el ro

    La lluvia las descoseLos pjaros cinco a.m.

    Le tocan con las puntas de susPicos haciendo que explote

  • DIME QUIN

    FU A TU VELORIO

    Y TE DIR QUINERES

    militantes de la iglesia, del partido radical, militares, enriquecidos profesionales, oligarcas, burgueses varios y a su ms preciado instrumento de represin, la polica, a perseguir a los anarquistas hasta hacerlos desaparecer. Dos aos despus del asesinato vil y cobarde de Wilckens llega a una crcel de la patagonia el artculo sobre el crimen aparecido en el diario Crtica, donde ya escriba Roberto Arlt. Lo lleva entre sus ropas un anarquista que hace entrar el artculo a una crcel de las hoy llamadas de mxima seguridad donde cumpla su condena a cadena perpetua el crata ruso Wladimirovich, quien haba sido acusado de asesinato al realizar una tarea de bandolerismo expropiador, como l llamaba a sus actividades. Wladimirovich haba nacido en Rusia, haba militado con Lenin y Trosky, haba participado de varios congresos polticos de juventudes en Europa y se haba recibido de mdico, luego decidi venir a amrica para hacer la revolucin aqu. Una revolucin que diese sentido a una nueva era, una nueva era poltica, donde el hombre no sea el lobo del hombre, y donde como sostena Wilckens, la ciencia, el arte, los nuevos conocimientos y los nuevos saberes sean usados para crear una sociedad justa, una sociedad nueva.Los ataques de locura, frecuentes, preocupantes, que comenz a tener Boris Wladimirovich-una estrategia poltica-llevaron a que el director del penal donde se alojaba lo que quedaba de l, a trasladar al recluso al Hospicio de las Mercedes, en Buenos Aires, nico hospital psiquitrico con un pequeo pabelln para presos con problemas mentales devenidos seguramente del destrato.En el artculo que el camarada hizo llegar a Wladimirovich sobre el crimen de Wilckens, se

    destacaba que el joven y aristocrtico asesino de obreros, Milln Tmperley, haba fingido locura y que por eso un juez amigo haba dispuesto permaneciera en el Hospicio de las Mercedes en lugar de ir a una prisin . El plan del ruso todava deba esperar un tiempo. El asesino de anarquistas estaba separado de los enfermos y Boris apenas si poda caminar a pesar de recin tener 50 aos. Los malos tratos, el duro confinamiento en celdas muy pequeas, las palizas, lo haban dejado casi paraltico. Debi esperar varios aos para que su sueo de justicia crata se cumpla. Finalmente la amistad de Boris con un loco llamado Lucich, jorobado y conversador, que tena acceso a todos los sectores del Hospicio, una amistad que inclua confidencias acerca de los horarios, las visitas y detalles de la vida carcelaria de Milln Tmperley, fue la llave que us Wladimirovich para hacer justicia con Wilckens. Una maana, como quien reparte el correo del Hospicio, un 9 de Octubre de 1925, entr Lucich a la habitacon de Tmperley y tras alcanzarle una carta le espet: a esto te lo manda Wilckens y le dispar un tiro en el pecho. La muerte del joven integrante de la Liga Patritica fue acompaada por cientos de jvenes fascistas, policas y militares, miembros de agrupaciones polticas varias, curas y parte de la familia de Varela. Un ao despus muri Wladimirovich, el crata que haba soado con una sociedad distinta. Y mora como un perro. Slo. Hizo justicia con Wilckens. Su ciclopeo plan justiciero se haba cumplido. No tuvo velorio. Ni Lucich, el jorobado, al que ataron hasta su muerte, asisti al mudo y annimo adis del mdico Boris Wladimirovich. A veces es mejor estar slo que mal acompaado. An muerto. Dime quin fue a tu velorio y te dir quin eres.

    Cruz corriendo la calle, decidido a una accin, una accin poderosa, llena de ira, pero se sabe, la ira no es buena, la ira no es mala, la ira simplemente ES. Y la ira de quien cruza la calle tiene fondo, tiene sentido, quien cruza corriendo se llama Carl Gustav Wilckens, obrero y anarquista alemn quin arroja sobre el cuerpo del genocida de obreros, Hctor Varela, una bomba de fabricacin casera y luego le dispara cuatro veces. Lo mata. Hace justicia. Por todos aquellos que Varela asesin en la patagonia trgica dos aos antes. Por ellos esta bomba, don Varela. Al entierro del militar no asisten los pobres, asisten los ricos, los garcas de una sociedad enferma. Entre ellos Torcuato de Alvear e Hiplito Irigoyen, el presidente que di la orden de solucin final y orden fusilar a 1500 obreros que luchaban por no ser explotados. Wilkens, a su vez, fue asesinado cobardemente en su celda y mientras dorma. Su verdugo fue un joven de clase alta y miembro de la Liga Patritica-organizacin paramilitar que financiada por la oligarqua golpeaba y mataba obreros y todo tipo de disidentes-que adems de pariente de Varela haba estado en los fusilamientos del sur. Milln Tmperley. se es el nombre del cobarde que dise la treta e ingres disfrazado de guardia crcel y mediante el muy conocido mtodo de zona liberada camin hacia la celda donde dorma Wilckens: obrero y anarquista. El anarquismo era en aquellos aos del centenario la nica expresin poltica que poda perforar y lastimar a las intenciones siempre espantosas de las burguesas. La incorruptibilidad de sus hombres y mujeres, la violencia entendida como la respuesta a la violencia del rgimen, la claridad ideolgica de los cratas, llevaron a los cancerberos del poder:

    ( la extraa historia de una actuacin justiciera. De cmo muri

    violentamente el asesino de Wilckens) Jorge Villegas