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EL NEOESTATISMO MARXISTA (Theda Skocpol y Fred Block)

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Text of EL NEOESTATISMO MARXISTA (Theda Skocpol y Fred Block)

  • UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID

    FACULTAD DE CIENCIAS POLTICAS Y SOCIOLOGA

    Departamento de Ciencia Poltica y de la Administracin II

    MS ALL DE LAS MESAS SEPARADAS: EL DESARROLLO DEL CONCEPTO DE AUTONOMA

    POLTICA EN LAS TRADICIONES ESTRUCTURALISTA Y PLURALISTA CONTEMPORNEA

    MEMORIA PARA OPTAR AL GRADO DE DOCTOR

    PRESENTADA POR

    Miguel ngel Simn Gonzlez

    Bajo la direccin de la doctora

    Paloma Romn Marugn

    Madrid, 2004 ISBN: 84-669-2650-X

  • MS ALL DE LAS MESAS SEPARADAS.

    El desarrollo del concepto de autonoma poltica

    en las tradiciones estructuralista y pluralista contemporneas

    Miguel ngel Simn Gmez

    Directora: Paloma Romn Marugn

    Dept. de Ciencia Poltica y de la Administracin II

    Facultad de Ciencias Polticas y Sociologa

    Universidad Complutense de Madrid

    2004

    1

  • 2

  • A mis padres y a Naima.

    3

  • 4

  • NDICE

    ndice. 5

    Agradecimientos 13

    Nota sobre las citas. 15

    Introduccin. 19

    - Hiptesis iniciales. 23

    - Consideraciones preliminares. 29

    - La metateora en la ciencia poltica contempornea. 37

    - Autonoma, globalizacin y soberana. 40

    PRIMERA PARTE: GENEALOGAS

    Sociocentrismo y heteronoma en el pluralismo clsico y el primer estructuralismo neomarxista.

    CAPTULO I:

    Genealogas I: Cuando la proximidad se vuelve transparencia. El pluralismo clsico y la elipsis del Estado.

    - Introduccin. 53

    - El pluralismo, aproximaciones conceptuales. 57

    o Problemtica sobre el alcance y los orgenes del pluralismo 59 o La dinmica grupal en el pluralismo: grupo, grupo potencial, y

    poder compensador. 66

    o Afiliacin mltiple, solidaridades cruzadas y moderacin. 71 o Pluralismo y elitismo. 73 o Pluralismo, positivismo y behaviorismo. 78 o Modelos de Estado en el pluralismo. 82

    - Antecedentes directos del pluralismo clsico: Arthur Bentley y la

    5

  • recepcin del pluralismo ingls. 88

    o Bentley y el pluralismo. 88 o Hacia una ciencia poltica positiva. La mecnica social y el

    modelo de las ciencias naturales. 89

    o Interaccin grupal, la sociedad como agregado y el estado de equilibrio. 90

    o Problemas conceptuales y selectividad analtica: entorno e individuo. 93 o Estado y Gobierno. En los orgenes del pluralismo. 95

    - David Truman y el pluralismo dominante. 98

    o Truman y el xito del pluralismo como modelo analtico. 98 o Marco conceptual. 100 o Proposiciones suplementarias. 105

    - De lo descriptivo a lo prescriptivo. La democracia en Estados Unidos. 106

    - El cajn de sastre de los grupos potenciales, zonas de quiebra del

    modelo. 108

    - Pluralistas revisionistas. Los grandes ignorados. 111

    o Sacrificados en el altar del xito. 111 o Lneas de crtica revisionista. 113

    La paradjica hermandad entre normativismo e

    inductivismo ingenuo. 113

    Inconsistencia conceptual. 115

    Incapacidad explicativa. Las instituciones polticas cuentan. 116

    Los excesos del determinismo. 118

    El pluralismo revisado. 119

    - El establecimiento de un canon politolgico. La cosificacin del

    pluralismo y su edad de oro. 124

    o Influencia del contexto acadmico e intelectual interno y las disciplinas afines. 126

    o La versin normalizada del paradigma pluralista. 133 - Recapitulacin. 141

    6

  • CAPTULO II:

    Genealogas II: El neomarxismo estructuralista y la heteronoma poltica.

    - Introduccin. 143

    - La disputa sobre la pureza del marxismo contemporneo. 145

    - Estado e instituciones polticas. Aproximaciones desde el

    primer neomarxismo. 147

    o El modelo instrumentalista. 152 Pluralismo e instrumentalismo. Fragmentacin frente

    a elitismo. 154

    La quiebra del Instrumentalismo: del subjetivismo

    voluntarista al estructuralismo. 155

    Conclusin: el difcil encuentro entre autonoma

    relativa y subjetivismo. 158

    o El modelo estructuralista. 162 La estructura frente al sujeto. 162

    El Estado garantista y la autonoma relativa de las

    instituciones polticas. 164

    Abstraccin y antideterminismo. 165

    - Althusser, la formulacin inicial de la autonoma relativa de lo poltico. 167

    o El verdadero Marx. 167 o Sobredeterminacin, formacin social y autonoma de submbitos. 170 o Cosificacin de la sobredeterminacin en la causalidad estructural. 173

    - Poulantzas y la evolucin crtica del concepto de autonoma relativa. 174

    o La influencia gramsciana en Poulantzas. Del bloque histrico al bloque de poder. 175

    o La problemtica del sujeto. 179 o El desarrollo de la autonoma relativa. 180 o La clusula de ltima instancia y el papel de la poltica. 182 o Antideterminismo y, sin embargo, esencialismo epifenomenalista. 185

    - Conclusin de la primera parte. 189

    7

  • SEGUNDA PARTE:

    Del sociocentrismo a la autonoma poltica en el pluralismo y el estructuralismo.

    CAPTULO III:

    La incorporacin de la autonoma a la tradicin pluralista: del pluralismo clsico al neopluralismo

    - Introduccin. 203

    - Quiebra del pluralismo clsico. Contexto histrico e intelectual. 205

    - In terra incognita: dudas y ambigedades del pluralismo reformado. 209

    o La matriz pluralista de Richardson y Jordan. 210 o El abandono del pluralismo clsico. La recuperacin estricta de

    Truman. 212

    o El comienzo de un largo camino. Hacia la recuperacin de la autonoma poltica en el pluralismo. 213

    - La incorporacin de la estructura a la tradicin pluralista:

    El neopluralismo. 222

    o Reforma o ruptura. 223 o Del modelo de competencia perfecta al privilegio empresarial. 226 o La incorporacin del componente estructural al pluralismo. 228 o Los problemas del neopluralismo 232

    - Recuperacin del Estado en la tradicin pluralista. Pluralismo

    estatista y autonoma total. 234

    o Nordlinger y el pluralismo. 234 o Frente a los modelos sociocntricos. 236 o La divisoria sociedad-Estado. 237 o Perspectiva centrada en la agency. 239 o La autonoma del Estado. 242

    - Recapitulacin. 246

    8

  • CAPTULO IV:

    El neoestatismo en la tradicin estructuralista contempornea.

    - Introduccin. 251

    - Repensando el estructuralismo. Estado y autonoma en Theda Skocpol. 256

    o La escuela de la Sociologa Histrica. 256 o Insuficiencias de los modelos anteriores. 258 o La recuperacin del estatismo europeo continental. 262 o Reformulacin del estructuralismo. El modelo

    estructural no voluntarista. 264

    o La rehabilitacin de lo poltico. 267 o Capacidad poltica. Estados fuertes y Estados dbiles. 272

    - Fred Block. Del neoestatismo y la autonoma radical a la

    perspectiva del agente en la tradicin estructuralista. 280

    o Introduccin. El recorrido intelectual de Block. 280 o La disputa entre los tericos del capitalismo corporativo y el

    pluralismo. 281

    o Las primeras insuficiencias de los estudios de elite de poder. 283 o El encuentro con el estructuralismo. La influencia de Poulantzas. 286 o Uso del estructuralismo cuestionando el modelo de elite dominante. 289 o Hacia un nuevo enfoque. 291 o Diferencias con Skocpol. El modelo relacional. 293 o Relevancia de lo poltico en Block. Autonoma y posibilismo. 295

    9

  • Conclusin de la segunda parte. 300

    - De la sociedad al Estado I: incorporacin de la autonoma poltica

    al pluralismo. 300

    - De la sociedad al Estado II: origen y desarrollo del concepto de

    autonoma relativa desde el estructuralismo. 303

    - De los modelos unidimensionales al estudio de la complejidad. 308

    TERCERA PARTE:

    Ulises desatado y la quiebra de paradigmas en la ciencia poltica.

    Hacia una nueva modestia?

    - Introduccin. 313

    - Ms all del neoestatismo. 316

    CAPTULO V:

    El enfoque estratgico-relacional de Bob Jessop y la superacin del

    estructuralismo.

    - Introduccin. 323

    - Insuficiencias de los modelos anteriores. 325

    - Jessop y la herencia estructuralista. Ms all de la autonoma relativa. 329

    - La variable institucional y el antideterminismo. 334

    - La Escuela regulacionista y el principio de no correspondencia. 336

    - Los sistemas autorreferenciales y la teora del Estado de Jessop 340

    o La teora de sistemas autopoiticos de Niklas Luhmann. 341 o Jessop y la teora de sistemas autopoiticos. 347

    - El concepto de estrategia. 351

    10

  • - Superando el dualismo estructura-agencia. 352

    - El Estado y las instituciones polticas en la obra de Jessop. 355

    - De la autonoma relativa a la autonoma determinada. 359

    - La primaca de la poltica. 361

    - Recapitulacin. 363

    CAPTULO VI:

    Joel Migdal y el postpluralismo, el modelo de Estado en la sociedad.

    - Introduccin. 367

    - La matriz conceptual pluralista de Migdal. 369

    - Influencias del contexto histrico e intelectual: los dficits del

    neoestatismo y del pluralismo contemporneo. 371

    - Crtica conceptual al modelo neoweberiano y la recuperacin estatista. 381

    - Hacia una nueva concepcin del Estado y una nueva

    imagen de la poltica. El modelo de Estado en la sociedad. 384

    - La deconstruccin de la sociedad civil y del

    Estado. Imgenes y prcticas. 390

    o Imagen del Estado. 392 o Prcticas del Estado. 394

    - Estrategia y relacin. 399

    - Perspectivas metodolgicas. Abstraccin, empirismo

    y la poltica como proceso estratgico/relacional. 403

    - Hacia una nueva modestia. 406

    - Gulliver en Lilliput: autonoma y poltica en Joel Migdal. 409

    Conclusin de la tercera parte. 419

    11

  • Conclusin general

    - Introduccin. 427

    - Correlaciones. 428

    o Neocorporativismo y pluralismo. Existe una teora del neocorporativismo? 430

    o Erik Olin Wright: la autonoma poltica en el estudio de las clases sociales. 437

    o Teora del Gobierno de Partidos y autonoma poltica. 443 - Ms all de las mesas separadas? Convergencia de teoras y

    superacin de dicotomas tradicionales. 453

    o Problemtica abstraccin/empirismo. 455 o Problemtica estructura/agencia. 459 o Problemtica Estado/sociedad. Poltica y autonoma. 461 o Cambio, evolucin y revolucin de paradigmas politolgicos. 469

    Bibliografa. 483

    12

  • AGRADECIMIENTOS

    En primer lugar quiero agradecer su ayuda, que tantas veces ha ido ms all del

    estricto deber profesional de la direccin de una investigacin, a Paloma Romn. Su

    consejo, orientacin, disponibilidad y su paciencia durante aos han sido pilares en los que

    he apoyado mi trabajo. No puedo olvidar el estmulo y consejo que en diferentes partes de

    este trabajo me han aportado Ramn Cotarelo, Vctor Abreu, Fernando Vallespn, Javier de

    Francisco, Jaime Ferri, Consuelo Laiz, Joaqun Abelln, Fernando Harto, Trinidad

    Noguera, ngeles Vicente, Bob Jessop, Robert Salisbury, George Taylor, Theda Skocpol y

    Hugh Ward. Del mismo modo quiero agradecer a Riva Kastoryamo, Gerard Choukroun y,

    especialmente, a David Garibay su consejo y orientacin en los aos de estancia en el

    Instituto de Estudios Polticos de Pars; y a Marc Sadoun el haberme permitido participar

    en el fructfero Diploma de Estudios Avanzados en Pensamiento Poltico que dirige en el

    IEP-Pars. Tampoco puedo dejar de agradecer la paciencia del personal de biblioteca de la

    Facultad de Ciencias Polticas y Sociologa de la Universidad Complutense de Madrid, de

    las bibliotecas del Instituto de Estudios Polticos de Pars y de la Widener Library de la

    Universidad de Harvard.

    Finalmente, esta investigacin no habra sido posible sin la financiacin del

    Ministerio de Educacin y Ciencia que, dentro del programa de Formacin de Personal

    Investigador y Profesorado Universitario, me concedi una beca para su realizacin entre

    los aos 1998-2002.

    A todos mi agradecimiento sincero, sin ellos no habra sido posible este trabajo. No

    obstante, finalmente, se escribe en soledad; slo yo soy responsable del contenido de las

    siguientes pginas.

    13

  • 14

  • Nota sobre las citas.

    1- Se ha procurado que las fuentes utilizadas sean identificables del modo ms cmodo

    e inmediato para el lector. Entiendo que, dada la naturaleza de este trabajo y la

    consecuente necesidad de realizar constantemente referencias, agrupar las citas al

    final de los captulos o del trabajo completo obligara a un continuo ir y venir a lo

    largo del texto dificultando la fluidez de la lectura, mientras que las citas siguiendo

    el modelo Harvard obligaran, dado el volumen de referencias, a ampliar el

    contenido de los parntesis ms all de lo aconsejable para mantener cierto ritmo.

    He optado por tanto por citar, siguiendo el modelo tradicional, a pie de pgina,

    atenindome por lo dems a los cnones acadmicos convencionales. Al final del

    texto figura una bibliografa completa exclusivamente de las obras utilizadas.

    2- Segn un acertado uso acadmico, al utilizar textos en otros idiomas se debe citar

    directamente en el idioma original, o bien traducir el texto reproduciendo a pie de

    pgina el mismo en su versin original. No obstante, dado que prcticamente la

    totalidad de las obras referenciadas en este trabajo no estn traducidas al espaol,

    ello incrementara de modo casi insoportable la ya extensa cantidad de citas y su

    volumen. Por lo tanto, se ha optado por traducir las referencias directamente,

    figurando, como es habitual, a continuacin, entre parntesis y en cursiva,

    nicamente aquellos fragmentos o trminos relevantes especialmente problemticos

    en la traduccin.

    15

  • 16

  • O suis-je? Et quelle heure est-il? Telle est de nous au monde la question inpuisable

    Paul Claudel. Art Potique. El problema no es lo que se ve, Sino el ver mismo. La mirada, no el ojo. Antepupila.

    Jos ngel Valente, No amanece el cantor.

    Toda palabra es una respuesta, especialmente cuando esa palabra es una pregunta. H.G.Gadamer, Arte y Verdad de la Palabra Cuando yo uso una palabra insisti Humpty Dumpty con un tono de voz ms bien desdeoso- quiere decir lo que yo quiero que diga..., ni ms ni menos. La cuestin -insisti Alicia- es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes. La cuestin -zanj Humpty Dumpty- es saber quin es el que manda..., eso es todo.

    Lewis Carroll, Alicia a travs del espejo.

    17

  • 18

  • Introduccin

    El objeto central de este trabajo es el anlisis de la evolucin del concepto de

    autonoma relativa en el pensamiento poltico contemporneo emanado de las tradiciones

    pluralista y neomarxista estructuralista, centrndonos especialmente en su desarrollo en los

    ltimos quince aos. Parto de la hiptesis, que puedo adelantar, de que, alrededor de los

    recientes desarrollos de concepto de autonoma relativa, se est produciendo una creciente

    convergencia entre estas dos tradiciones secularmente enfrentadas. Ms concretamente, esa

    convergencia se sustancia en el reconocimiento de que la actividad poltica no puede ser

    reducida a ningn tipo de explicacin determinista, ni a los tradicionales modelos de

    dependencia sociocntrica, sino que presenta un lenguaje y unos requerimientos propios

    que impiden toda explicacin que no reconozca un cierto grado de autonoma y

    autorreferencialidad (autopoiesis).

    Como es sabido, el concepto de autonoma relativa, alude a un modelo de

    articulacin de la sociedad y el Estado. Mientras que el pluralismo clsico, como veremos,

    renunciaba a todo uso del concepto de Estado recurriendo a perfrasis que detallar ms

    adelante, y, consecuentemente, en el perodo de predominio pluralista (desde los aos

    cincuenta hasta los setenta) el debate Estado-sociedad estuvo claramente sesgado (cuando

    no ausente) en nuestra disciplina, el estructuralismo se construye explcitamente sobre el

    concepto marxista de autonoma relativa como oposicin a esa corriente pluralista. No

    obstante, durante mucho tiempo el pluralismo sigui siendo la corriente principal [main

    stream] y el estructuralismo permaneca en los mrgenes de la ciencia poltica anclado en

    sus reductos europeos continentales.

    Pues bien, en los ltimos quince aos hemos asistido a una revitalizacin de este

    debate. Theda Skocpol indicaba ya en 1985 que asista en ese momento a un proceso

    caracterizado por:

    Un aumento del inters por el Estado en las ciencias sociales

    comparativas [...] el Estado en calidad de actor o de institucin viene ocupando un

    lugar destacado en una extraordinaria profusin de estudios de investigadores de

    diversas tendencias tericas procedentes de todas las disciplinas [...] se est

    19

  • operando un notable cambio intelectual, porque no hace mucho las teoras y los

    programas de investigacin dominantes de las ciencias sociales rara vez hablaban

    de los Estados1.

    Skocpol se est refiriendo al pluralismo y al neomarxismo. Y es que, ciertamente, el

    momento clave de la oleada neoestatista se ubica a mediados de los aos ochenta y an no

    se ha cerrado2. A partir de ese momento se reabre un debate sobre las relaciones entre la

    sociedad y el Estado y, ms en particular, sobre el estatuto de la poltica en la sociedad

    democrtico-liberal contempornea, toda vez que las imgenes sobre el Estado moderno,

    sobre su capacidad para transformar la sociedad y sobre su entidad como agente estn

    basadas en presuposiciones sobre el papel general de la poltica3. Ese debate dista de ser

    neutral y, desde luego, no aparece gratuitamente. Ms bien es el resultado de la quiebra del

    modelo pluralista desde los aos setenta como consecuencia de cambios histricos que

    producen disonancias entre el modelo terico y la realidad que pretendidamente describe.

    Se ve as cuestionado el paradigma dominante hasta el momento, y se buscan alternativas

    en otros paradigmas (producindose un primer acercamiento entre el pluralismo y el

    estructuralismo), abrindose un fructfero debate que an perdura y al que se dedica este

    estudio; un debate que ha sido sintetizado por uno de sus ltimos protagonistas del

    siguiente modo: Los escritos de las dos ltimas dcadas del siglo veinte produjeron una

    imagen del Estado que, como el dios Jano, era bifronte [...] algunos caracterizaban al

    Estado como autnomo y efectivo [...] mientras que otros indicaban que el supuesto

    activismo del Estado era ms ilusorio que real4.

    Esta problemtica, como tantas otras en las ciencias sociales, no es nueva. Lo

    relevante es que un concepto que sinceramente se crey definitivamente desterrado en el

    momento de apogeo del pluralismo, como es el concepto de Estado, retorn a mediados de

    los aos ochenta con una inusitada fuerza, reabriendo un debate que se crea acabado y que

    ha llevado a originales desarrollos en el trabajo tanto del neopluralismo como del

    neoestatismo estructuralista y, finalmente, en la superacin crtica o aproximacin de

    1 Theda Skocpol, El Estado Regresa al Primer Plano: Estrategias de Anlisis en la Investigacin Actual, Zona Abierta 50, enero-marzo de 1989, pp.71-122. 2 Para un anlisis de la profusa bibliografa sobre el tema en el momento que escribe Skocpol, y que nos da idea del alcance de la marea neoestatista, ver: Theda Skocpol, El Estado Regresa al Primer Plano: Estrategias de Anlisis en la Investigacin Actual, Zona Abierta 50, enero-marzo de 1989, pp.71-122. notas 1, 2 y 3. 3 Joel S. Migdal, State in Society, Studying How States and Societies Transform and Constitute one Another, Cambridge University Press, 2001. p.43. 4 Ibid., p.47.

    20

  • posiciones de Bob Jessop y Joel S. Migdal. Robert Dahl no puede ser ms acertado al

    sealar que desde mi punto de vista, la mayor parte de las viejas cuestiones an estn con

    nosotros, pero han tomado nuevos aspectos5. Lo que ms nos interesa es el porqu y el

    cmo de la reapertura de ese debate y de su evolucin hasta la actualidad, y de la mano del

    desarrollo del concepto de autonoma relativa de lo poltico alcanzaremos una comprensin

    de esas razones, ello nos dar cuenta de cmo se aproxima la ciencia poltica

    contempornea a uno de esos viejos problemas no resueltos: efectivamente, la dicotoma

    autonoma/dependencia remite al lugar que la poltica ostenta en los sistemas democrtico

    liberales, se trata de un problema que est hace mucho tiempo con nosotros y an me

    parece que se encuentra en una muy insatisfactoria situacin6. Existe una pregunta

    relacionada con la anterior que tambin es endmica en nuestra disciplina y ello porque no

    es posible solucionarla de una vez por todas, realmente es la pregunta que se encuentra en

    el origen de todo el pensamiento poltico y tiene un marcado carcter contextual: Quin

    manda? Dnde est el poder?. Esbozar las respuestas que se aportan desde estas teoras

    de la democracia contempornea, intentando entender las causas de la evolucin y

    remodelacin de los conceptos que utilizan.

    Ciertamente, como indica Robert Dahl, es un viejo problema el que se ha reabierto.

    Para muchos estudiosos de la poltica la propia existencia de nuestra disciplina, que como

    cualquier otra requiere un campo especfico de estudio, nos lleva a tomar como evidente

    que lo poltico tiene un mbito propio, unos principios que permiten identificarlo como

    objeto de estudio, unos rasgos identificables que hacen posible que se convierta en un

    campo independiente de escrutinio racional.

    No obstante, existe una difundida opinin, y esto tanto dentro como fuera del

    mundo acadmico, que seala que la poltica responde automticamente a intereses que

    vienen establecidos desde el entorno social y, desde este punto de vista, no existe el ms

    mnimo atisbo de autonoma en el mbito poltico. Generalmente las formulaciones

    popularizadas con referentes a los poderes fcticos apuntan en esa direccin, pero

    tambin sealan en el mismo sentido las ms sofisticadas teoras que conciben al mbito

    5 Robert Dahl, The Future of Democratic Theory. Estudio/ Working Paper/ 90, diciembre de 1996. Por su parte el propio Joel Migdal, un autor central en este trabajo, indica que En el curso del siglo XX, las cuestiones centrales de la ciencia poltica comparada han cambiado muy poco. De Weber y Gramsci a Almond, Verba, y Skocpol, sus preocupaciones centrales se han orientado a dilucidar por qu la gente obedece y qu tipo de estructuras y culturas facilitan la obediencia y el conformismo. Joel S. Migdal, Op. cit.2001. p.231. 6 Robert Dahl, Op. cit.,1996, p. 13.

    21

  • poltico como un receptor pasivo y neutral que se limita a procesar inputs y producir

    outputs. En el mbito acadmico su correlato han sido teoras de marcado carcter

    sociocntrico que o bien ponen el acento en la subordinacin automtica del mbito poltico

    al econmico (vanse todas las variantes marxistas que conciben a la poltica como

    superestructura determinada) o bien teoras que indican que realmente el Estado, el

    Gobierno y, en general, las instituciones polticas, nicamente reflejan y ejecutan

    mecnicamente demandas procedentes de la sociedad (variantes de la perspectiva pluralista,

    teoras sistmicas).

    As pues, Como seala Michael Hill7, probablemente hay tres modelos sencillos en

    los que el origen de las polticas son descritas, que aparecen en cada discusin y son

    propagados por los periodistas. stos son los siguientes:

    Emergen de las demandas sociales.

    Fuerzas generales externas al sistema poltico le obligan a incluirlas en la

    agenda.

    Gente del interior del sistema (el Gobierno en un sentido amplio) identifica

    necesidades o problemas que deben ser resueltos.

    Pues bien, las dos primeras perspectivas estn representadas en el mundo acadmico

    por dos modelos de teoras del Estado: El pluralismo y varias teoras del entorno, que

    incluyen versiones estructuralistas y variantes del marxismo8. Y es que, efectivamente,

    esas dos perspectivas comparten dos caractersticas dentro de nuestra disciplina: ambas son

    marcadamente sociocntricas, originariamente niegan capacidad explicativa a elementos

    centrales del mbito poltico (instituciones, ideologas, administracin), y ambas han sido

    las corrientes predominantes en la ciencia poltica durante el siglo XX. Pues bien, esas

    corrientes han evolucionado notablemente en los ltimos quince aos, y especialmente en

    el ltimo decenio, hasta un punto de encuentro constituido alrededor del desarrollo del

    concepto de autonoma relativa. Esta es la hiptesis central que se expone en este trabajo y

    que presento ms sistematizada a continuacin.

    7 Michael Hill, The Policy Process in the Modern State, Prentice Hall, 1997. p.vi 8 Ibid., p. vi

    22

  • Hiptesis iniciales.

    I

    Se est produciendo en la ciencia poltica y en particular en el mbito de la Teora

    Poltica, el paso de un paradigma sociocntrico en el que toda la actividad poltica tenda

    a ser estudiada como un reflejo de fenmenos que encuentran su mbito de explicacin en

    la sociedad civil, a un modelo en el que, siguiendo la formula de Skocpol, el Estado

    regresa al primer plano9. En torno a esa recuperacin del mbito estrictamente poltico

    como objeto de estudio, asistimos actualmente a una convergencia entre las corrientes

    principales de la Teora del Estado, el pluralismo y el neomarxismo, alrededor de un

    concepto de autonoma relativa notablemente sofisticado desde su formulacin original

    por el estructuralismo, destacando en tal evolucin los trabajos de autores como Bob

    Jessop, Fred Block, Theda Skocpol, Eric Nordlinguer y Robert Dahl.

    Tanto el marxismo como el pluralismo han sido modelos predominantemente, si no

    exclusivamente, societarios, es decir, se centraban en el estudio de las relaciones entre

    diversos mbitos de la sociedad (el mbito econmico especialmente) como ltima razn de

    lo poltico que era reducido a mero instrumento determinado, segn el caso, por el bloque

    dominante10 o bien por el libre juego de los diferentes y mltiples actores que, desde la

    sociedad civil, concurran a la formulacin de decisiones polticas, vistas como reflejos de

    ese encuentro de intereses. Desde estas perspectivas, el Estado apenas existe ms all de ser

    una arena de disputa o de encuentro y el Gobierno es reducido a instrumento o brazo

    ejecutor, veleta que seala hacia donde le indican segn la tradicin pluralista o consejo de

    administracin superestructural en la tradicin marxista, segn el smil sobradamente

    conocido.

    En ambos casos, la mencionada evolucin se ha traducido en lo que podramos

    denominar una desrradicalizacin de los postulados tradicionales y en una

    complejizacin de los modelos interpretativos y explicativos de la sociedad y del Estado

    contemporneos, que van de la mano de la explosin de los esquemas simplistas y

    unidimensionales tradicionales (economicistas en el marxismo y grupales en el pluralismo),

    9 Theda Skocpol. Op. cit. 1995. 10 Nicos Poulantzas. Estado, Poder y Socialismo. Madrid. Siglo XXI. 1980.

    23

  • en una mirada de modelos que pretenden dar cuenta de una sociedad que, de un modo

    similar a como es descrita en las difusas teoras de la posmodernidad, es considerada

    como una entidad fragmentada, con mbitos funcionalmente diferenciados y lgicas

    antinmicas. Entidad fragmentada en la que los diferentes mbitos (econmico, poltico,

    cultural, etc.) gozan de un margen de discrecionalidad en cualquier caso mayor del

    reconocido tradicionalmente y responden a principios y lgicas de actuacin relativamente

    autnomos.

    Desde esta perspectiva, y como se sealaba, la evolucin del pensamiento poltico

    emanado de la tradicin pluralista y el emanado de la tradicin estructuralista, han llegado a

    un punto de encuentro desde el cual las instituciones polticas deben ser entendidas como

    agentes, como sujetos, y no nicamente como objetos pasivos o, en la interpretacin

    pluralista tradicional, como una arena donde los diferentes grupos sociales dirimen sus

    diferencias y pujan por hacerse con el control de la cosificada maquinaria estatal.

    No obstante, esta tesis de la convergencia an est escasamente difundida en

    nuestro mbito acadmico. No existen trabajos monogrficos publicados en espaol y

    nicamente se puede encontrar una somera referencia a ella en la traduccin del libro de

    David Marsh y Gerry Stoker sobre Teoras y mtodos en la ciencia poltica11, as como en

    el reciente trabajo de Paloma Romn y Consuelo Laiz sobre Poltica Comparada12.

    II

    Se pueden indicar al menos tres lneas en las que la teora ha sostenido que el

    Estado en general y el ejecutivo en particular est sometido a una relacin de dependencia

    respecto a otros agregados sociales:

    Una primera lnea considera al Gobierno sometido a una funcin de mediacin entre

    diferentes grupos sociales. Este punto de vista ha sido sostenido, generalmente, por la

    perspectiva pluralista vinculada al estructural funcionalismo. Segn esta posicin el

    Gobierno era considerado como un terreno donde los grupos de inters de carcter

    econmico o los movimientos sociales disputaban entre ellos, o se aliaban, para determinar

    la adopcin de decisiones polticas13. El Gobierno, concebido como un ente neutral,

    11 David Marsh y Gerry Stoker. Teora y Mtodos de la ciencia poltica. Madrid. Alianza.1997. especialmente el captulo de David Marsh: La Convergencia Entre las Teoras del Estado. 12 Paloma Romn y Consuelo Laiz, Poltica Comparada, McGraw Hil, 2003. 13 Theda Skocpol. Op. cit.1995

    24

  • apareca ms bien como un brazo ejecutor de disposiciones adoptadas por otros, a lo sumo

    como un rbitro.

    Muy vinculada a este cuerpo de investigacin se ha desarrollado una lnea crtica

    que ha considerado que el Gobierno no acta como agente neutral, sino que representa a

    determinadas elites privilegindolas en su acceso al poder y discriminando a otras no

    legitimndolas para acceder al proceso de formulacin de polticas pblicas. En esta lnea

    han abundado los estudios sobre neocorporativismo y, especialmente, el neopluralismo. En

    cualquier caso el enfoque sigue siendo predominantemente societario y las instituciones

    polticas quedan relegadas a convidado de piedra o a moderador.

    Por su parte, desde la tradicin marxista, no hace falta insistir en ello, es conocido

    que partiendo de un modelo tambin societal en el que prima la interpretacin clasista de la

    accin de gobierno de la mano del determinismo histrico, el Gobierno no es ms que la

    cristalizacin superestructural de las relaciones de clase dominantes.

    Por tanto, segn los modelos tradicionales de interpretacin terica de la accin de

    gobierno y las principales escuelas sobre Teora del Estado, los actores de la sociedad que

    ejercen una influencia sobre la definicin de objetivos de la poltica son los grandes grupos

    de inters y los grupos de accin polticamente organizados, que encuentran su expresin

    institucional en los vnculos establecidos entre el sector pblico y el sector privado.

    No obstante, estas perspectivas son insuficientes si consideramos la particular

    posicin institucional desde la que acta el Gobierno y en la que se ubican las instituciones

    polticas y administrativas. Efectivamente, el Gobierno se ubica en el escaln ms alto de la

    lnea representativa y a su vez es la cabeza de la administracin. El resultado de su posicin

    privilegiada es que se sita en medio de un conjunto de relaciones que, dada la expansin

    de su dominio, le constituyen como el ltimo objetivo de los inputs y de todas las

    presiones14.

    As, el Gobierno y las instituciones poltico-administrativas ocupan un lugar de

    clara superioridad en el sistema poltico que le permite, de este modo, controlar gran

    nmero de recursos, dirige la burocracia y es tambin el depositario de la legitimidad

    representativa. Por esta razn cabe dudar de los modelos que consideran al Estado como un

    instrumento que depende de la voluntad de otros actores. Esa razn de fondo se ubica en el

    14 Jean Blondel y Maurizio Cotta. Party and Government. An Inquiry Into the Relationship Between Governments and Supporting Parties in Liberal Democracies. Londres. Mcmillan Press. 1996.

    25

  • origen de nuestro deseo de volver la mirada hacia una conceptualizacin de la accin

    poltica que recalca la autonoma relativa del Estado15.

    Desde el interior del propio pluralismo, la correccin que supuso el reconocimiento

    del elitismo por la obra de Charles Lindblom, e incluso del propio Robert Dahl, ha acabado

    en un pluralismo contemporneo que, lejos de afirmar la neutralidad del ejecutivo, reconoce

    que este privilegia a unos grupos sobre otros y presenta intereses propios, a la vez que se

    reconoce que las instituciones polticas tienen un peso especfico propio y actan como

    agentes no determinados exteriormente16, lo que era negado por la corriente principal del

    pluralismo resistindose a analizar toda entidad ms all de los grupos sociales.

    Desde el marxismo, la revisin, ya clsica, que supuso la obra de Poulantzas desde

    la matriz althusseriana del marxismo estructural y, especialmente, las aportaciones

    contemporneas de Bob Jessop17 y su enfoque estratgico-relacional y de Fred Block desde

    su temprano postulado de radical autonoma de las elites polticas (La clase dominante no

    domina18), enriquecen la conceptualizacin que el estructuralismo francs realiz de la

    idea de autonoma relativa del Estado y abunda en la misma lnea que el pluralismo desde

    presupuestos, evidentemente, diferentes.

    En este trabajo pretendo examinar, y esa es la hiptesis central, la eventual

    existencia de un lugar de encuentro, alrededor de los ltimos desarrollos del concepto de

    autonoma relativa, entre diferentes ramas de las teoras principales del Estado, que,

    sustentadas por el aparato emprico aportado por las investigaciones sobre toma de

    decisiones a nivel gubernamental y Gobierno de Partidos nos llevan a asumir la existencia

    de fallas en las que ahora aparecen como rgidas concepciones tradicionales sobre el

    Estado y sobre el Gobierno en particular.

    15 Razn tanto ms comprensible cuanto que la reciente ola de estudios sobre la globalizacin retrotrae los trminos del debate politolgico, en buena medida, a conceptos y elementos metatericos que, como veremos, parecan superados y de los que, aparentemente, no se ha extrado ninguna lectura que permita su aplicacin en otros terrenos de reflexin politolgica. La significacin de la reflexin a la que se dedican estas pginas para los estudios sobre globalizacin se analiza ms adelante. Podemos adelantar que el debate sobre la globalizacin comienza de nuevo a plantearse todos los interrogantes que se consideraron en el estudio de la temtica de las relaciones sociedad/Estado, autonoma/dependencia, etc., que subyacen a la argumentacin de estas pginas. As, la ciencia poltica, si ciertamente no avanza superando paradigmas anteriores tampoco lo hace por acumulacin; ms bien, en el nivel epistemolgico, nos encontraramos ante algo as como el eterno retorno de lo idntico. 16 E. Nordlinger. On the Autonomy of the Democratic State. Cambridge. Harvard Univ. Press.1981. 17 Bob Jessop. State Theory: Putting the Capitalist State in its Place. Cambridge. Polity Press. 1990. 18 Fred Block, The Ruling Class does not Rule, Socialist Revolution,3, 1977, pp. 6-28. Origen de lo que ser su desarrollo a lo largo de los aos y cuya obra ms acabada tenemos en: Fred Block, Revising State Theory. Filadelfia. Temple University Press. 1987.

    26

  • Para ello, analizar la evolucin de ese concepto a partir de tres problemticas

    metatericas que han capilarizado a las ciencias sociales desde sus inicios y que constituyen

    una parte esencial de la urdimbre de ambas tradiciones, a la vez que se constituyen como

    las lneas de quiebra fundamentales entre el pluralismo y el estructuralismo. La tres

    problemticas a las que me refiero toman la forma de tres dicotomas caractersticas:

    - Estructura / agencia.

    - Sociedad / Estado.

    - Abstraccin / empirismo (y asociada a sta, aunque no solapndose, la dicotoma

    micro / macro).

    As pues, a travs de esos tres parmetros, tradicionalmente diferenciadores del

    pluralismo y el estructuralismo, seguiremos la evolucin del concepto de autonoma

    relativa, partiendo de la hiptesis de que a su alrededor se esta produciendo una creciente

    convergencia entre el pensamiento poltico heredado del pluralismo y el de raz estructural-

    marxista.

    El cuerpo de este trabajo se dividir en tres partes. Cada una de ellas a su vez se

    subdivide, simtricamente, en dos captulos (uno centrado en la evolucin del pluralismo y

    otro en la herencia estructuralista) que responden a lo que considero tres perodos

    claramente marcados en la evolucin de las ideas que estamos estudiando:

    Primera parte: Genealogas: sociocentrismo y heteronoma en el pluralismo clsico y

    el primer neomarxismo estructuralista.

    La primera parte se orienta al estudio de los antecedentes del debate contemporneo,

    en ella analizar los postulados bsicos del pluralismo clsico y del primer estructuralismo.

    Lo que caracteriza a ese primer momento, y pretendo destacar, es el marcado cariz

    sociocntrico de ambas tradiciones, negndose la posible existencia de un grado

    significativo de autonoma poltica. As, esta primera parte se dividir (como dos

    siguientes) en dos captulos:

    - Uno dedicado al pluralismo. En el que se tratar el origen, evolucin y desarrollo

    del pluralismo clsico, sus conceptos bsicos tal y como fueron articulados por lo

    que denomino el paradigma Bentley-Truman y, tras revisar algunas correcciones

    que quedaron de lado en el apogeo del pluralismo clsico y cobraran vigencia al

    cabo de treinta aos, termina en la edad de oro del pluralismo clsico, con la

    27

  • configuracin de un modelo reificado alrededor de los postulados que del trabajo

    seminal de David Truman recalcan Nelson Polsby, Earl Latham o el primer Robert

    Dahl.

    - La segunda parte, dedicada al estructuralismo, se orienta, siguiendo la misma

    vocacin que caracteriza a esta primera parte, a estudiar la genealoga del concepto

    de autonoma relativa en el estructuralismo de la mano de Louis Althusser y su

    desarrollo posterior, y, como veremos, enormemente influyente, por Nicos

    Poulantzas.

    Quiero destacar que esta primera parte no tiene otra pretensin que la de establecer

    los puntos de partida del debate contemporneo, se trata de estudiar antecedentes

    directos que nos permitan ubicar los desarrollos elaborados en las dos partes siguientes,

    que seran en buena medida incomprensibles sin esta elaboracin inicial.

    Segunda parte: Del sociocentrismo a la autonoma poltica en el pluralismo y el

    estructuralismo .

    Los dos captulos de la segunda parte (uno dedicado a la evolucin y reformulacin

    del pluralismo y otro al estructuralismo) muestran como en ambas tradiciones se han dado

    unos desarrollos, desde la crisis de finales de los aos sesenta y por las causas que veremos,

    que llevaron, a mediados de los aos ochenta, a una recuperacin del Estado como variable

    explicativa de primer orden, mientras que se produca una evolucin del concepto de

    autonoma relativa que acentuaba los componentes autorreferenciales del dominio poltico.

    La mxima expresin de este proceso la encontramos en los trabajos fundacionales de

    Theda Skocpol y Fred Block (dentro de la tradicin estructuralista) y del segundo Robert

    Dahl, Charles Lindblom y, especialmente, Eric Nordlinger (en la tradicin pluralista).

    Reabriendo un debate y unas perspectivas absolutamente novedosas que suponen una clara

    ruptura con las lneas de partida de ambas tradiciones y que, como veremos, siguen

    constituyendo potentes perspectivas politolgicas que encuentran sus ms recientes

    aplicaciones de la mano de Charles Tilly, Michael Mann, o en el Neoinstitucionalismo.

    28

  • Tercera parte: Ulises desatado, la quiebra deparadigmas en la ciencia poltica.

    En esta tercera y ltima parte, se analizan los ltimos desarrollos de las lneas

    anteriores. Se sostiene que, tras los excesos neoestatistas, asistimos al surgimiento de una

    nueva modestia que encuentra su mayor expresin en la tradicin estructuralista en el

    trabajo de Bob Jessop, mientras que desde la matriz pluralista se ha dado una evolucin

    paralela con Joel Migdal. En esta ltima etapa, puedo adelantarlo, ambos autores proceden

    a un cuestionamiento de las dos tradiciones de las que proceden y a una revisin del

    neoestatismo inmediatamente anterior, planteando la necesidad de superarlos mediante un

    desarrollo del concepto de autonoma relativa que, sin renunciar a algunos de los postulados

    del neoestatismo, suavice en cierto modo sus aristas. Y para ello proponen precisamente, y

    de un modo especialmente significativo dado su desconocimiento mutuo, la desarticulacin

    de las dicotomas fundacionales del estructuralismo y del pluralismo (podramos decir de la

    ciencia poltica moderna) como son los mencionados binomios estructura/agencia,

    sociedad/Estado y abstraccin/empirismo19.

    Esas son las lneas bsicas en las que se articula este trabajo, pero, antes de entrar en

    su estudio propiamente dicho debo dedicar unas pginas a realizar algunas puntualizaciones

    metodolgicas y conceptuales que permitan ceir ms estrechamente el posterior discurrir

    de la argumentacin.

    Consideraciones preliminares.

    Como en la cita con la que se abra este trabajo, a veces no cabe duda de que

    realmente las palabras dicen lo que uno quiere que digan, y en muchas ocasiones, lo

    veremos repetidamente a lo largo de las siguientes pginas, el uso que de las palabras se

    19 Tambin en el mbito de la Teora Sociolgica, y de un modo significativo, algunos autores mencionan la posibilidad de una posible convergencia entre diversas escuelas de pensamiento, as Corcuff (P.Corcuff. Las Nuevas sociologas. Alianza. Madrid. 1998. P 9.) seala que en la Teora Sociolgica contempornea se han manifestado convergencias inditas, aunque no siempre claramente percibidas, entre investigaciones que tienen puntos de partida y recursos conceptuales muy diferentes. As, los socilogos ms imaginativos intentan por diversos medios superar las antinomias clsicas (como material/ideal, objetivo/subjetivo, colectivo/individual o macro/micro). En la misma lnea Ritzer seala que durante los ltimos aos la teora sociolgica ha comenzado a alejarse de la estrechez de miras de las teoras analizadas en la segunda parte (clsicas), y ha empezado a seguir una orientacin ms integradora y sinttica. La integracin implica el esfuerzo por aunar niveles o dominios diferentes del anlisis social. La sntesis supone el intento de unir ideas extradas de una serie de teoras diferentes (G. Ritzer. Teora Sociolgica Contempornea. Mc Graw Hill. Madrid, 1999, p. xxii)

    29

  • hace, dista de ser neutral o de tener consecuencias. Este problema evidente presenta

    conocidas dificultades en el mbito de las ciencias sociales, en las que el proceso de

    afinamiento conceptual, y precisin y modulacin de conceptos constituye una parte

    esencial de la labor cotidiana de cualquier aproximacin a nuestra disciplina.

    Esta investigacin presenta su propia problemtica conceptual, y en este caso se

    manifiesta de forma aguda. Quizs tambin tena razn Lewis Carrol al decir por boca de

    Humpty Dumpty, y mucho antes que Foucault, que en el significado de las palabras lo

    importante es quin manda. En todo caso, lo evidente en este trabajo es que nos

    enfrentamos a una clara falla conceptual; de hecho todo el debate que veremos a lo largo de

    las siguientes pginas presenta un marcado carcter conceptual. Pero quizs lo ms

    relevante es que, como veremos, las diferentes conceptualizaciones del Estado, Gobierno,

    sistema poltico, sociedad, etc., que capilarizan buena parte del debate politolgico desde

    los aos cincuenta, y que han cobrado especial relevancia en los ltimos quince aos

    (perodo del que me ocupo especialmente) lejos de la eventual candidez cognitiva que se

    supone marca distintiva de la ciencia moderna, y que Nietzsche calific custicamente

    como el dogma de la inmaculada percepcin, han determinado en gran medida las

    consecuencias que de las investigaciones se extraan; mientras que, a su vez, ese aparato

    conceptual de partida ha estado profundamente marcado por el entorno intelectual e

    histrico en el que tales conceptos se han desarrollado. Dicho de otro modo: las respuestas

    dependan de los conceptos que se usaban en las preguntas, y tanto los conceptos como las

    preguntas estaban enormemente influidos (que no determinados) por el entorno intelectual

    y el contexto histrico en el que se desarrollaban.

    Lo anterior no es ninguna novedad para quien este acostumbrado a lidiar con la

    problemtica conceptual de las ciencias sociales, no obstante hay que destacarlo toda vez

    que en nuestra argumentacin se recurre a algunos conceptos, que podemos denominar

    conceptos esencialmente disputados20, propios de la ciencia poltica. Lo significativo de

    este tipo de conceptos es que, como seala Barrow, casi cada utilizacin que de ellos se

    haga puede tener su razn de ser ya que ningn uso del concepto es evidente por s mismo

    ni excluye necesariamente otros usos en diferentes contextos21 debido a que es imposible

    20 W.B.Gallie, Essentially Contested Concepts, Proceedings of the Aristotelian Society 56, 1956, pp.167-98. Ver tambin: John Gray, On the Contestability of Social and Political Concepts, Political Theory 5, 1977, p.333. y Robert Grafstein, A Realistic Foundation for Essentially Contested Political Concepts, Western Political Quarterly 41, 1988, p.26. 21 Clyde W. Barrow, Critical Theories of the State, Marxist, neo-Marxist, Post-Marxist, University of

    30

  • establecer un criterio metaterico (superior a las teoras) de validez22 desde el que tratar los

    diferentes usos de los conceptos en disputa, en este caso, desde el que sealar que una

    determinada concepcin de la actividad poltica o de las relaciones Estado/sociedad es

    valida y otra falsa. Hay que sealar por tanto, y en primer lugar, que es imposible establecer

    una gran sntesis en la teora del Estado. Una de las causas fundamentales es que, como

    se ver a lo largo de este trabajo, los conceptos esencialmente disputados son

    caractersticos de contextos sociales cargados ideolgicamente23 y no cabe duda de que el

    razonar sobre poltica y el estudio de la poltica no son ajenos a tal caracterizacin.

    Efectivamente, las aproximaciones politolgicas que aqu tratamos no son, lo veremos,

    neutrales valorativamente (en la ms que dudosa medida en que, como ya indicara Weber,

    esto sea posible). As pues, como seala Robert Grafstein, la disputabilidad esencial no

    caracteriza a los conceptos polticos accidentalmente [...] los conceptos son esencialmente

    discutibles porque son polticos24.

    En cualquier caso, contrariamente a la nocin asptica del saber que encuentra una

    expresin contempornea en la corriente falsacionista heredera de Popper y Lakatos25, la

    elaboracin conceptual en el mbito politolgico no es axiolgicamente neutral ni es ajena

    al contexto en el que se desarrolla; muy al contrario, est profundamente marcada por ese

    entorno tanto en la elaboracin de las preguntas que se realizan como en el modelo terico

    que se utiliza para contestarlas y por tanto, como veremos, las respuestas dependen en gran

    medida de cmo se hayan formulado esas preguntas. As, el debate esencial que late bajo

    muchas de las polmicas abiertas en los ltimos aos tiene un marcado carcter metaterico

    pese a que frecuentemente tal problemtica ha sido ignorada cuando no abiertamente

    rechazada26.

    Wisconsin Press. 1993.p.11. 22 Para un desarrollo de la relacin entre conceptos esencialmente disputados, ausencia de paradigma dominante y actividad metaterica, ver: Mark J. Smith, Rethinking State Theory, Routledge, 2000. A los efectos de este trabajo es especialmente relevante el anlisis que realiza del trabajo de Bob Jessop y de Robert Dahl. 23 John Gray, Op. cit. 1977, p.333. 24 Robert Grafstein, Op. cit. 1988, p.26. 25 Alan F. Chalmers, Qu es esa Cosa Llamada Ciencia?, Siglo XXI, 1984. Frente a esa posicin se encuentra el modelo sociolgico heurstico de Kuhn y el anarquismo epistemolgico de Feyerabend. El primero de stos se mostrar, como veremos al final de este trabajo, especialmente fructfero para dar cuenta del cambio y evolucin de paradigmas en la ciencia poltica. 26 Theda Skocpol, The Dead End of Metatheory, Contemporary Sociology, 16, 1987, pp. 10-12. Comentario al clsico aunque ya anticuado intento de sntesis metaterica de Robert Alford y Roger Friedland, Los Poderes de la Teora, Manantial, 1985.

    31

  • En el desarrollo de la argumentacin tendremos oportunidad de constatar que, por

    ejemplo, al tratar los antecedentes del debate sobre la autonoma poltica, en el pluralismo

    (segn el modelo reificado del paradigma Bentley-Truman y cuya mxima expresin

    podemos encontrar en el trabajo de Earl Latham y del primer Robert Dahl) no utilizan el

    concepto de Estado al que consideran monista, poco cientfico, ajeno a nuestra

    tradicin, etc., pero se ven obligados a recurrir a perfrasis como Gobierno en sentido

    amplio, instituciones poltico-administrativas, sistema poltico, etc, para, finalmente,

    referirse al mismo fenmeno. Por ejemplo, Robert Dahl y Charles Lindblom, en su

    momento destacados pluralistas y posteriormente cabezas de lista de la reforma

    neopluralista, escriben que:

    Todos los gobiernos, en sentido amplio, que se llaman

    habitualmente democrticos, son en realidad una mezcla de jerarqua

    (particularmente en la administracin), negociacin (particularmente en la

    legislacin) y poliarqua (particularmente en las relaciones que existen entre

    los lderes elegidos y los ciudadanos comunes) [...] sin embargo, puesto que

    es til y habitual distinguir a los gobiernos por su elemento predominante,

    resulta conveniente referirse a algunos gobiernos denominndolos gobiernos

    polirquicos27.

    Es decir, al hablar de Gobierno aluden no slo al Gobierno tout court [cabinet], sino

    a las instituciones poltico-administrativas en sentido amplio y eventualmente a los

    procesos que se producen en su interior (aunque stos han sido ampliamente ignorados por

    el pluralismo clsico) y en sus relaciones con el exterior. En la misma lnea, el propio

    Almond indica que: Conforme el concepto de Estado fue cayendo en desuso en la

    corriente general de la ciencia poltica, vinieron a sustituirlo trminos tales como Gobierno

    y, ms adelante, sistema poltico28.

    En su momento analizar con detenimiento las causas de esa negativa a incluir al

    Estado y hasta qu punto tienen xito en tal proyecto. Lo que me interesa recalcar en esta

    introduccin es que, precisamente tomando como objetivo explcito y declarado, el

    oponerse a tal concepcin estrecha de lo poltico, Nicos Poulantzas entabla un debate con

    Ralph Miliband por un lado y con el pluralismo por otro en el que adopta como punto de

    27 R.A.Dahl y Ch. E. Lindblom, Poltica, Economa y Bienestar, Paids,1971. Cursiva ma. 28 G.Almond The Return to the State, American Political Science Review, Vol.82, n 3, 1988,. pp.853-874. Cursiva ma.

    32

  • partida el concepto de Estado, al que recurre profusamente en toda su obra29. Pero el

    problema se vuelve an ms agudo toda vez que desde mediados de los aos ochenta

    asistimos a la recuperacin del concepto de Estado desde el proyecto Bringing the State

    back in, heredero de la tradicin estructuralista; pero paralelamente se produce una

    recuperacin del Estado desde la matriz pluralista (Eric A. Nordlinger) tras el

    reconocimiento por el neopluralismo (Jeremy Richardson y Grant Jordan, Charles

    Lindblom, segunda etapa de Robert Dahl) de que hay que tener en cuenta a las estructuras.

    Todo este abigarrado mapa conceptual quedar algo aclarado, as lo espero, a

    medida que vayamos avanzando en este trabajo. Ahora slo quiero destacar que un

    problema al abordarlo radica en que diferentes definiens han sido atribuidos a un mismo

    definiendum, lo que plantea un problema metodolgico serio a la hora de escribir un texto

    que se refiera a ese debate. La opcin que he tomado es la de respetar en la medida de lo

    posible, medida marcada por el mantenimiento de cierta coherencia en el discurso, la

    diferente conceptualizacin que del mismo fenmeno han realizado las diversas corrientes

    que aqu considero. As, al tratar el pluralismo clsico recurrir preferentemente, aunque no

    de modo exclusivo, a conceptos como Gobierno (en sentido amplio, como indicaban Dahl y

    Lindblom), instituciones poltico-administrativas, sistema poltico, etc. Mientras que, al

    tratar los antecedentes del concepto de autonoma relativa en el neomarxismo

    estructuralista, el referente conceptual claro es el Estado, del mismo modo que en el

    neoestatismo, tanto de raz marxista como de raz pluralista, al que se dedica la segunda

    parte. Finalmente, los representantes de lo que he denominado la nueva modestia (tercera

    parte) pretenden precisamente superar la dicotoma sociedad/Estado pero recurren sin

    preocupacin a ambos conceptos (sociedad y Estado) como tiles, aunque muy limitadas,

    herramientas heursticas30.

    De lo anterior se desprende una segunda problemtica que es necesario destacar

    antes de embarcarnos en los vericuetos de la evolucin de la idea de autonoma relativa.

    29 Baste citar entre sus obras ms relevantes: Poder Poltico y Clases Sociales en el Estado Capitalista, (Siglo XXI, 1968). Estado, Poder y Socialismo (Siglo XXI, 1979), Sobre el Estado Capitalista (Laia, 1974) y Hegemona y Dominacin en el Estado Moderno (ed. Pasado y presente, 1973). Hay que sealar que, pese a ello, el modelo de Poulantzas sigue siendo esencialmente sociocntrico y ello da lugar a la evolucin del neoestatismo estructuralista de Skocpol y Block que veremos en la segunda parte de este trabajo. 30 Es interesante observar a lo largo del trabajo como el paso del pluralismo al neopluralismo se traduce en modificaciones conceptuales que denotan una paulatina incorporacin del elemento estructural (Jeremy Richardson y Grant Jordan, Charles Lindblom, Robert Dahl) y culmina en el neoestatismo de Eric Nordlinger, mientras que en el estructuralismo se da el proceso inverso pasando de una aceptacin del Estado como elemento conceptual por Nicos Poulantzas y an ms clara por Theda Skocpol y Fred Block a un cuestionamiento del propio concepto de Estado por Jessop.

    33

  • Veamos hace un momento, y el sentido comn parece confirmarlo, que cualquier trabajo

    de comprensin de un autor, corriente, ideologa, etc., es, en buena medida, deudor del

    contexto en el que surge31. As pues, pese a que este trabajo se centra en comprender la

    evolucin intelectual de determinadas corrientes del pensamiento poltico contemporneo, y

    por tanto el recurso fundamental es la obra de sus autores representativos, se evitar una

    historia textual tradicional con captulos dedicados a la exposicin aislada de las ideas de

    diferentes pensadores que se suceden como mnadas. En este trabajo, el contexto social y,

    sobre todo, intelectual en el que esos autores elaboran sus propuestas se convierte en un

    elemento fundamental toda vez que con lo que trato es con la evolucin de las ideas y no

    solamente me limito a su descripcin. Parto as de la evidente consideracin de que, como

    veremos abundantemente, ni los pensadores polticos escriben en el vaco, ni es por tanto

    lcito intelectualmente pretender comprender cabalmente sus trabajos abstrayendo

    extemporneamente las ideas de su entorno intelectual y social. Sus modelos de

    investigacin, sus programas tericos y metodolgicos, sus hiptesis de partida, estn

    condicionadas tanto por el contexto histrico general como por su dilogo con autores

    contemporneos o anteriores, que en ocasiones son verdaderos gigantes de anchsimos

    hombros, y as deben ser estudiados.

    As pues, seguir, en cierta y prudente medida, el consejo de Quentin Skinner,

    prestando atencin a la matriz social e intelectual general en la que se elaboran tales

    trabajos a la vez que a sus principios tericos32, y hago ma su opinin al sealar que esto

    nos permitir penetrar en el pensamiento del autor ms de lo que podramos haber

    conseguido contentndonos con leer y releer el texto mismo, como habitualmente nos

    invitan a hacer los partidarios del modelo textualista33, con la conviccin de que mientras

    los estudiosos de las ideas polticas se limiten a interpretar un canon de textos, ser difcil

    estrechar los vnculos entre teora poltica y vida poltica34.

    No obstante, las precedentes afirmaciones requieren ulteriores matizaciones, toda

    vez que el posicionamiento favorable a las tesis de Skinner puede llevar a una fcil

    asimilacin directa de este trabajo con las pretensiones heursticas de la New History, y no

    es tal el caso.

    31 A este respecto, y como se sealaba en una nota anterior, la referencia hermenutica evidente es Thomas Kuhn. Sobre ello volveremos ms adelante. 32 Quentin Skinner, The Foundations of Modern Political Thought, Cambridge University Press, 1978. 33 Ibid., p.14. 34 Ibid., p. 14.

    34

  • Como indica Vallespn, aunque nadie puede ser tan necio como para pretender que

    [un texto] pueda hacerse inteligible como ente aislado en su soledad de cuerpo inerte. El

    problema estriba precisamente en definir los contornos de ese algo35. Nos encontramos as

    frente a una de las problemticas ms agudas en los ltimos aos en el mbito de la historia

    de la teora poltica, la problemtica sobre la hermenutica y el contextualismo, o la

    dialctica texto/contexto36. Una temtica cuyo problema bsico que es preciso aclarar no

    es otro que el de la dependencia del pensamiento37, y que toma cuerpo en los trabajos de

    Quentin Skinner, Pocock y otros representantes de la corriente que ha dado en llamarse

    New History, quienes, poniendo un especial nfasis en un contextualismo no determinista

    se ubican radicalmente frente al estudio de las ideas polticas propio del enfoque tradicional

    (textualista) centrado, prcticamente de modo exclusivo, en autores.

    Efectivamente, ese modelo tradicional textualista toma la forma de un estudio

    hermenutico del trabajo de pensadores concretos atenindose estrictamente (con mayor o

    menor fortuna) al sentido de lo escrito. Subyace a tal concepcin la evidente idea de que el

    pensamiento de los grandes o los clsicos tiene unas virtudes que trascienden las

    barreras de la temporalidad al participar de lo esencial a todo el genero humano, su

    grandeza radica precisamente en que captan lo imperecedero y tratan de dar respuesta a las

    preguntas eternas38. Pues bien, el modelo de la New History parte de un postulado

    radicalmente distinto y entiende que todo verdadero esfuerzo por comprender un texto debe

    participar de una comprensin de las circunstancias en las que est escrito. No obstante, hay

    que advertir inmediatamente de que el contextualismo de Skinner es antideterminista, el

    entorno social, econmico, intelectual es un factor influyente pero no determinante en el

    discurrir histrico de las ideas polticas. No se trata tanto, entiendo, en centrarse en el

    estudio de las ideas polticas explicadas como una pura imagen especular de factores

    socialmente determinantes; ni tampoco, claro est, se defiende la alternativa de recluirse al

    texto estudiado como corpus autosuficiente y autorreferencial. El modelo que propone

    Skinner podra describirse como el del estudio de los sndromes que se presentan en la

    aparicin de determinados sistemas de pensamiento poltico; factores sociales, econmicos, 35 Fernando Vallespn, Aspectos Metodolgicos en la Historia de la Teora Poltica, En Fernando Vallespn (ed.) Historia de la Teora Poltica. Alianza. 1990. p. 25. 36 Ibid.,p.24. 37 Ibid.,p.25. 38 En el mbito de la historia de las ideas polticas y de la teora poltica, posiblemente el ejemplo ms acabado de esta posicin lo encontramos en el trabajo de Leo Strauss, mientras que en al mbito de la filosofa del conocimiento la defensa ms perfeccionada de la estricta hermenutica, en este caso asociada a una posicin heurstica relativista, encuentra un innegable eco actual en Richard Rorty y el giro lingstico.

    35

  • polticos, histricos, ideolgicos, intelectuales, pueden encontrar, en la comprensin de

    ideas polticas, su lugar al sol, al lado de los puramente textuales (coherencia interna, lgica

    del discurso, etc.). El objetivo es tratar de aprehender cules son las intenciones del autor, y

    los miembros de la New History dedican una especial vehemencia a sealar lo necesario, a

    este respecto, de proceder a un cuidadoso anlisis lingstico.

    No obstante, como nos seala con acierto Vallespn, existe una limitacin en ambos

    enfoques, una limitacin que es especialmente infausta para los objetivos de este trabajo.

    En ninguno de los dos modelos mencionados (textualista, New History) se pretende dar

    cuenta de las causas que explican el surgimiento de determinadas ideas polticas, el porqu

    de su surgimiento y su evolucin, el porqu de su aparicin en un momento y un contexto y

    no en otro, y finalmente, el porqu de su ocaso y su superacin39. Pues bien, como he

    indicado, este estudio de la evolucin del pluralismo y el estructuralismo en los ltimos

    quince aos (atendiendo tambin a su genealoga en la primera parte) se plantea como

    objetivo precisamente la comprensin de ese proceso de cambio, del porqu de la mutacin

    y de la evolucin de ambos sistemas de ideas alrededor de la concepcin que presentan de

    la autonoma del mbito poltico. As pues, an suscribiendo las virtudes del modelo

    contextualista, prefiero mantenerme alejado de algunos de sus excesos, que tambin se

    constituyen en limitaciones a nuestros efectos, y proceder con cautela a un intento que ane

    los deseos de comprensin propios de la New History, con los propiamente descriptivos, lo

    que, en definitiva nos remite a la antigua caracterizacin weberiana de la naturaleza del

    conocimiento en las ciencias sociales como el resultado de la comprensin (verstehen) y la

    explicacin (erklaren). Intentando conjugar en la medida de lo posible texto y contexto

    pretendo cumplir con ese consejo weberiano de explicar comprendiendo; a la vez que el

    propio sentido comn y cierta prevencin ante el inestable suelo paradigmtico en el que

    nos movemos aconsejan cautela ante posiciones extremas. Suscribo as plenamente, y hago

    mo, el sentido que se extrae del mencionado texto de Vallespn: En un objeto tan

    matizable y escurridizo como ste es preferible no dejarse llevar por un excesivo

    radicalismo epistemolgico y conviene apostar por una postura eclctica que sepa integrar

    las mejores intuiciones de cada enfoque40.

    En todo caso, y como veremos, en nuestro objeto de estudio sern los propios textos

    los que nos remitan a la influencia de esos factores ambientales tanto histricos como

    39 Fernando Vallespn, Op. cit.1995. p.52. 40 Ibid., p.23.

    36

  • intelectuales, bien por la referencia directa a ellos o bien por el, en ocasiones estruendoso,

    sonido del silencio con que se castiga a algunas problemticas sociales contemporneas de

    los autores a los que se dedica este trabajo41. No se tratar tanto de analizar lo idneo,

    correcto o acertado de las diferentes formulaciones tericas que se estudian, sino de

    examinar la evolucin del concepto de autonoma relativa en esas dos tradiciones y, sobre

    todo, realizar una reflexin sobre cmo se han articulado los conceptos politolgicos de

    ambas tradiciones con el entorno (histrico e intelectual) en el que son formulados, es en

    este sentido en el que, como indicaba, constituye un ejercicio de reflexividad, de pensar

    sobre cmo se piensa en la ciencia poltica.

    Lo que si est claro es que todo el debate de los ltimos quince aos al que me

    refiero, y sus antecedentes desde la posguerra, debate y antecedentes al que se dedican estas

    pginas, se refiere de un modo casi exclusivo a los sistemas democrtico liberales (slo Joel

    Migdal hace incursiones en otros sistemas en sus estudios de desarrollo que no son objeto

    de este trabajo). As pues, podemos concluir, en todo caso, que el objeto de estudio de este

    trabajo, dentro del estudio de la historia de la ciencia poltica, es la teora que se dedica al

    anlisis de los modelos democrtico-liberales contemporneos. Ese elemento de

    reflexividad introduce en este trabajo un fuerte componente metaterico, an ms necesario

    en un entorno intelectual marcado por la ausencia de un paradigma universalmente

    aceptado o tan siquiera dominante (tras la cada del behaviorismo).

    La metateora en la ciencia poltica contempornea.

    Tras el perodo de dominio pluralista, dominio casi absoluto en Estados Unidos y

    ms matizado en otras latitudes, se ha introducido en nuestra disciplina un cierto

    componente de relativismo. As Almond, califica a nuestro mbito acadmico

    contemporneo como una disciplina segmentada42, en un trabajo que constituye la

    ampliacin de un famoso artculo en el que aluda al estado de nuestra disciplina acudiendo

    a una expresiva metfora literaria que desde entonces ha gozado de gran difusin, 41 Veremos como el pluralismo clsico ha presentado, al menos desde los orgenes en la posguerra hasta los aos setenta, un bloque monoltico en torno a algunas premisas y silenciaba significativamente a algunos procesos e incluso agentes, el ms destacado de ellos el Estado, y slo la acumulacin de pruebas contrarias y, especialmente, los cambios histricos de los aos setenta propiciaron la cada del pluralismo clsico. Por su parte, los silencios y las ausencias en los conceptos estructuralistas son igualmente significativos, si el pluralismo desterraba al Estado el estructuralismo destierra especialmente al sujeto. 42 G.A. Almond, Una Disciplina Segmentada: Escuelas y Corrientes en las Ciencias Polticas, Fondo de Cultura Econmica, 2000.

    37

  • convirtindose en una referencia casi ineludible en todo trabajo que trate de la evolucin de

    este campo del saber, la ciencia poltica contempornea era caracterizada como un conjunto

    de escuelas y sectas que realizan su trabajo en mesas separadas43. As, mientras que,

    desde el pluralismo, y junto a otros autores, Almond lamenta la prdida del paradigma

    dominante y de la unidad de la disciplina44, con la cada del paradigma pluralista y el

    cuestionamiento del empirismo asociado a l se pierde tambin el monopolio conceptual

    del mapa cognitivo pluralista. En adelante Ninguna interpretacin o explicacin del Estado

    est definitivamente probada por la evidencia histrica y emprica utilizada para ilustrar

    las diferentes aproximaciones45. Incluso puede sealarse que los recientes desarrollos

    postpositivistas de las ciencias sociales apuntan a un reconocimiento por los tericos

    polticos de que los hechos no hablan por s mismos46. La labor metaterica se convierte

    as en una herramienta fundamental de estudio en la ciencias sociales, la reflexividad, el

    preguntarnos sobre cmo nos aproximamos a nuestros objetos de estudio se convierte en

    una tarea ineludible como elemento de reduccin de la complejidad de los datos empricos

    y de justificacin intelectual de determinados objetos de estudio en detrimento de otros, con

    ello no hacemos ms que establecer las razones por las que entendemos que determinados

    temas merecen ser investigados y nos aproximamos al modo en que esa investigacin debe

    realizarse.

    Como sealan Robert Alford y Roger Friedland, la teora siempre precede, en esa

    labor de reduccin de la complejidad emprica y de indicacin del campo que se estudia, al

    trabajo emprico. Si unos datos empricos se vuelven relevantes es porque una teora se

    centra en un factor como histricamente importante, [as] la manifestacin emprica de ese

    factor deviene importante y es establecido como objeto de investigacin47.

    43 G.Almond, Separate Tables: Schools and Sects in Political Science, PS:Political Science, 21 (4), 1988, pp. 828-42. En el desarrollo del artculo se alude a diferentes escuelas de pensamiento poltico contemporneo, entre ellas a los discpulos de Leo Strauss, que con cierta frecuencia han sido calificados de sectarios, de ah la alusin a escuelas y sectas. Con cierta mordacidad Rafael del guila sealar que no slo trabajamos en mesas separadas sino que la comida que se sirve y los temas de conversacin en cada mesa son completamente diferentes. R. del guila Crises of Parties and Legitimacy Crises: a View from Political Theory. Paper presentado en el Center for Advanced Study in the Social Science. Instituto Juan March, diciembre de 1994. 44 Ver en este sentido: David Easton, The Political System Besieged by the State, Political Theory, Vol.9, N 3, 1981, 303-325 G.Almond The Return to The State, American Political Science Review, Vol.82, n 3, 1988, pp.853-874. 45 Clyde W. Barrow, Op. cit. 1993, p.9. 46 Richard Bernstein, Beyond Objetivism and Relativism, University of Pennsylvania Press, 1983, p. 32. 47 Robert Alford y Roger Friedland, Powers of Theory : Capitalism, the State and Democracy, Cambridge University Press, 1985.

    38

  • La metateora consiste por tanto en la adopcin, como parte sustancial del trabajo de

    investigacin en las ciencias sociales, del consejo de Mark Warren: los cientficos

    polticos deben desarrollar una amplia conciencia de cmo sus teoras constituyen sus

    problemas e incluso sus hallazgos48. Y el mejor modo de alcanzar este objetivo es

    convirtiendo a las propias teoras en objeto de estudio49.

    As pues, la labor metaterica tiene una clara dimensin analtica50 que alude a los

    conceptos que una teora poltica adopta como clave interpretativa, su consideracin de

    determinados objetos especficos y determinados fenmenos que selecciona como vlidos

    para la investigacin. En todo caso, al seleccionar determinados fenmenos polticos, las

    teoras avanzan, simultneamente, una especfica comprensin de cmo esos fenmenos

    estn relacionados entre s. Todo ello requiere, finalmente, que esas proposiciones no sean

    aceptadas como presuposiciones, sino que deben ser consideradas como hiptesis

    posteriormente corroboradas o falsadas por la investigacin, y por tanto las teoras polticas

    deben incluir propuestas metodolgicas que permitan la investigacin, las teoras polticas

    deben avanzar una posicin metodolgica que permita a los acadmicos especificar qu

    tipo de investigacin y evidencia es necesaria para contrastar esas proposiciones tericas51.

    Este trabajo tiene por tanto evidente corolarios metatericos. El primero es que se

    renuncia a alcanzar una sntesis entre los diferentes modelos aqu expuestos, ni siquiera est

    claro que tal sntesis sea deseable, en cualquier caso es imposible de alcanzar ya que

    carecemos de criterio metaterico desde el que establecerla, como seala Barrow a falta de

    una improbable revolucin paradigmtica, no existe ningn principio metaterico desde el

    que arbitrar esas disputas metodolgicas [...] en ausencia de un consenso intelectual o

    incluso de una ortodoxia, no es posible ponerse de acuerdo ni tan siquiera sobre qu debe

    ser considerado como una teora del Estado adecuada52.

    No obstante, renunciar a la elaboracin de una teora sinttica del Estado a partir de

    las rivales aproximaciones aqu presentadas no supone renunciar a la comparacin entre

    ellas, al contrario, este trabajo pretende mostrar cmo, partiendo de premisas metodolgicas

    y axiolgicas marcadamente diferenciadas, dos de las ramas principales del pensamiento

    poltico contemporneo han alcanzado, en los ltimos diez aos y especialmente en la 48 Mark E.Warren, What is Political Theory/Philosophy?, PS: Political Science and Politics 22, 1989, p.607. 49 Clyde W. Barrow, Op. cit.1993.p.9. 50 Ibid.,p.9. 51 Ibid., p.10. 52 Ibid., p.11.

    39

  • actualidad, un grado de aproximacin en sus formulaciones y conclusiones que permiten

    hablar de la existencia de amplias zonas de contacto, de encuentro o de superposicin entre

    el marxismo contemporneo evolucionado desde la matriz neomarxista estructuralista y el

    neopluralismo53. As pues, recientemente se ha comenzado a sealar la posibilidad de que

    estemos asistiendo a una cierta convergencia entre modelos tericos secularmente

    enfrentados, en este trabajo se pretende considerar tal posibilidad a travs de un anlisis de

    la evolucin del concepto de autonoma relativa en el pensamiento poltico contemporneo

    heredero de las tradiciones pluralista y estructuralista.

    Autonoma, globalizacin, soberana y Estado.

    No obstante, en algn sentido, y a primera vista, este trabajo va a contracorriente ya

    que en los ltimos aos asistimos a una marea de estudios sobre la globalizacin, y en

    general esos estudios indican que la globalizacin supone una prdida de soberana y una

    perdida de capacidad poltica y de autonoma por parte de los Estados. Sin embargo, mirado

    ms de cerca, podemos comprobar que las ideas que emanan de este trabajo pueden

    constituir un sustrato de anlisis pertinente para los estudios sobre globalizacin. En todo

    caso unas precisiones conceptuales previas y una ubicacin ms estrecha del objeto de

    estudio son clarificadoras a este respecto.

    El concepto de autonoma aparece frecuentemente unido a otros conceptos, entre

    ellos suele aparecer mezclado con el de soberana54. Efectivamente, bajo la tan actual

    rbrica de la prdida de soberana, generalmente se alude a la prdida de capacidad del

    poder poltico, y en ese sentido a la prdida de la autonoma de la poltica, o a la

    sobredeterminacin de la poltica por alguna otra instancia. Como he indicado, y como se 53 La primera referencia que he encontrado a la existencia de una cierta convergencia entre las teoras del Estado data de 1989, en un working paper de Hugh Ward sobre Fred Block (Beyond Fred Blocks Theory of the Structural Power of Capital, Essex Papers in Politics and Government, 63, 1989). Posteriormente se han realizado alusiones a esa posible convergencia en un pequeo grupo de trabajos. As, en The Elite Connection, Eva Etzioni-Halevy, alude a la posibilidad de ese encuentro entre diferentes teoras del Estado (The Elite Connection, Cambridge, Polity Press, 1993), del mismo modo John Schwarzmantel alude brevemente a esa misma posibilidad (The State in Contemporary Society, Nueva York, Harvester, 1994), Patrick Dunleavy y Brendan OLeary dedican algunas pginas a la posibilidad de que se d cierto solapamiento (Theories of the State, Londres, Mcmillan, 1987), mientras que, en el nico trabajo que alude a esa tendencia y que est disponible en espaol, David Marsh dedica algunas pginas a estudiar esa posible convergencia entre varios modelos que trascienden el pluralismo y el estructuralismo (La Convergencia entre las Teoras del Estado, en: David Marsh y Gerry Stoker, Op. cit., 1997). 54 Para la relacin entre el concepto de soberana y el de autonoma ver: Daniel H.Deudney, The Philadelphian System: Sovereignty, Arms Control, and Balance of Power in the America States-Union, circa 1787-1861, International Organization, 49, pp. 191-228.

    40

  • ver desarrollado ms adelante, para el marxismo instrumentalista la poltica no es en

    absoluto soberana, no goza de autonoma ni de independencia, en la medida en que est

    determinada socialmente, por la economa. Para el pluralismo clsico, la poltica tampoco

    goza de autonoma ya que nicamente es concebida como reflejo especular a las fuerzas

    que actan en la arena social. Tambin he mencionado, y veremos desarrollado, que esas

    perspectivas tericas han sido ampliamente matizadas y revisadas en la evolucin del

    pensamiento poltico en estos ltimos aos.

    Lo relevante en este punto, es que de un modo similar al pluralismo clsico, muchas

    de las teoras defensoras de la globalizacin tienden a presentarla como un fenmeno

    natural ineludible que implica, tambin de un modo natural, que la poltica queda

    drsticamente eliminada del terreno de juego. Por otra parte, muchos de los crticos de la

    globalizacin, de un modo similar al marxismo instrumentalista, reducen sta al

    economicismo55, y por tanto inciden tambin en que la globalizacin supone una merma de

    la capacidad poltica, una eliminacin de la poltica, de su capacidad para actuar con

    autonoma relativa.

    Nos encontramos as con que la mayor parte de los trabajos sobre globalizacin se

    encuentran, como sealan Michael Hardt y Antonio Negri, entre dos extremos opuestos: en

    primer lugar, la nocin de que el orden presente de algn modo surge espontneamente de

    las interacciones de fuerzas globales radicalmente heterogneas, como si este orden fuera

    un armonioso concierto orquestado por la mano oculta, natural y neutral del mercado

    mundial56; y, en segundo lugar, la idea de que quien dicta el orden es un poder nico y un

    nico centro de racionalidad que trasciende las fuerzas globales y gua las diversas fases

    del desarrollo histrico de acuerdo con su plan consciente y omnividente, algo as como

    una teora de la conspiracin de la globalizacin57.

    Pues bien, precisamente esas son las opciones definidas metatericamente por el

    neomarxismo instrumentalista y el pluralismo clsico, y en ambas tradiciones se trata de

    unas tesis que han sido superadas y han quedado obsoletas por falta de capacidad analtica

    y por debilidades lgicas que a lo largo de este trabajo veremos.

    As pues, una primera zona de contacto entre este trabajo y los estudios sobre

    globalizacin radica en el componente metaterico de los modelos aqu tratados. 55 Vase la distincin que realiza Ulrich Beck entre globalizacin y globalismo. En U.Beck, Qu es la Globalizacin?, Paids, 1998. 56 M.Hardt y A.Negri, Imperio, Paids, 2002.p.21. 57 Ibid.,p.21.

    41

  • Efectivamente, los anlisis de la sociedad global reproducen buena parte de los modelos

    tericos utilizados para el estudio de la autonoma de la poltica en el mbito interno. La

    labor metaterica realizada en ese mbito, el anlisis de lo pertinente del uso de un modelo

    u otro, es evidentemente fructfero en su aplicacin al estudio de la globalizacin.

    As, por una parte, y como veremos, el debate sobre la globalizacin est siguiendo

    literalmente los mismos pasos metatericos que ya han sido recorridos y en este sentido

    observar la evolucin de esa temtica subyacente a gran parte de las preguntas que nos

    planteamos en las ciencias sociales puede ser instructivo.

    Pero, por otra parte, adems de esa razn por la que el estudio de esta temtica

    puede ser pertinente para los estudios sobre globalizacin debido a su naturaleza ejemplar,

    hay otra razn de carcter analtico estrechamente relacionada con las consideraciones que

    acabo de plantear. Una de las principales lneas de articulacin que subyacen a este trabajo

    consiste en la exposicin de la evolucin que ha tenido, en el pensamiento contemporneo

    emanado de la tradicin pluralista y de la tradicin estructural marxista, el debate

    estructura-agencia, un debate que capilariza cualquier anlisis realizado desde las ciencias

    sociales. Pues bien, en este punto, no poda ser de otro modo, los estudios sobre la

    globalizacin reproducen los mismos presupuestos ontolgicos del debate estructura-

    agencia y por lo tanto el estudio de la evolucin de ese debate es absolutamente pertinente

    para la problemtica de la globalizacin58.

    En primer lugar, podemos comprobar que los trabajos sobre globalizacin se pueden

    dividir en dos grupos: uno que incide en los actores y otro que incide en las estructuras.

    Como seala Stephen Krasner hay una clara divisin entre las teoras basadas en los

    actores, que consideran sus supuestos ontolgicos, y las teoras sociolgicas (a falta de un

    vocablo mejor), para las que los supuestos ontolgicos seran las estructuras institucionales.

    Ambos enfoques entienden de manera diferente la naturaleza de los actores y la de las

    58 Evidentemente no es casual que recientemente se haya empezado a recuperar el debate entre estructura y agencia aplicndolo a la globalizacin. En este punto incluso se ha destacado recientemente, y en una lnea altamente significativa para la temtica de este trabajo, lo pertinente de recuperar el que pareca anticuado debate entre la concepcin instrumentalista de la poltica asociada a Miliband y la estructuralista asociada a Poulantzas. A este respecto destaca el reciente trabajo de Stanley Aronowitz y Peter Bratsis, Paradigm Lost: State Theory Reconsidered, University of Minesotta Press, 2002. En la misma lnea y muy recientemente Antonio Negri tambin se hacia eco de la necesidad de recuperar el debate sobre la autonoma de lo poltico y en La Forma Estado remite al lector al debate originado por la polmica Poulantzas/Miliband; (Antonio Negri, La Forma Estado, Akal, Madrid, 2003). Mientras que, por otra parte, Chantal Mouffe, desde presupuestos diferentes y que escapan a este trabajo, no ha dejado de acentuar la necesidad de reconceptualizar la poltica desde una perspectiva que acente su autonoma (vanse: El Retorno de lo Poltico, Paids, 1999 y La Paradoja Democrtica, Gedisa, 2003)

    42

  • instituciones. Ms an, trminos tan bsicos como el de actor o el de institucin slo

    pueden entenderse dentro de un contexto terico determinado59. Pues bien, como deca, la

    dinmica estructura-agencia es otro de los ejes centrales de este trabajo, si bien me centrar

    fundamentalmente en el mbito interno, y como veremos a lo largo de este trabajo, la

    profundizacin del estudio de esa dinmica ha llevado, recientemente, a sostener la

    necesidad de que se produzca una integracin terica de ambas perspectivas.

    As pues, en el estudio del mbito internacional se da una repeticin de las lneas

    principales de anlisis y de las disputas metatericas y metodolgicas que ya se han

    producido entre los analistas del mbito interno de los propios Estados; as nos

    encontramos con posturas claramente estructuralistas y con otras claramente subjetivistas o

    centradas en los agentes. Con dos ejemplos ilustrar las posiciones a las que me refiero:

    Michael Hardt y Antonio Negri60 representan de un modo explcito y claro la aproximacin

    metodolgica estructuralista en el ms reciente estudio de la globalizacin, mientras que

    Stephen D. Krasner61 representa la aproximacin centrada en el agente o subjetivista.

    Para la perspectiva subjetivista de Krasner queda claro el enfoque idneo para el

    estudio de la soberana en el mbito de la globalizacin: El p