El Cantor Vagabundo

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Po Baroja

Po Baroja

EL CANTOR VAGABUNDO

PRIMERA PARTE

UNA NOCHE DE OTOOIEN LA TABERNA DE LA ALDEAUna noche de otoo, en la taberna del pueblo de una serrana andaluza, se hallaban reunidas ms de veinte personas, bebiendo y charlando.La taberna era pobre y angosta, estaba encalada, tena mostrador de cinc y varios carteles de toros en las paredes; mesas y bancos a su alrededor, la mayora de stos con un agujero en el centro del asiento.Se oa fuera, en la rambla limitada por casuchas bajas, un camin que pasaba con ruido ronco.Qu hay? preguntaron algunos de los reunidos en la tasca al dueo.Como las dems noches, deben de estar prendiendo gente.El tabernero era hombre plido, de cara larga, de unos cuarenta aos, enfermo, asustadizo, con el vientre abultado, las piernas delgadas, y la faja negra que le llegaba hasta lo alto del pecho.Tena la costumbre de abstenerse de opinar en todas las discusiones polticas que se suscitaban entre los parroquianos; le pareca esto meterse en un terreno resbaladizo y peligroso.Se cuidaba slo de los negocios de su casa, de su mujer y de sus hijos.Tena una mirada suspicaz y temerosa y hablaba con grandes precauciones.Iba vestido de negro, y pareca acorazado por la faja, tambin negra, que casi le llegaba hasta los sobacos.La gente que llenaba la taberna, por su acento popular, por su tipo cetrino y por su indumentaria astrosa, se vea que estaba formada por trabajadores del campo de la ms humilde condicin.Haba entre ellos cuatro hombres de aire extico y vagabundo.Cenaban en la mesa pequea del fondo. Uno de ellos haba dejado la guitarra apoyada contra la pared, y otro la cartera con un montn de papeles impresos, coplas y canciones.Se comprenda por su manera de hablar y por los motivos de su charla que eran forasteros y que no tenan las mismas preocupaciones de la dems gente, parroquianos habituales de la taberna.A uno de los forasteros le llamaban el Lince, a otro el Alumbrado y a otro el Raposo. Al ltimo de los cuatro le decan el Cornejo, lo que, al parecer, no era apellido, sino apodo.El Lince era hombre ya entrado en aos, alto, encorvado, con barba larga y blanca, que daba la impresin de haber sido rubia en su tiempo; anteojos azules para el sol, que no se los haba quitado al entrar en la taberna; sombrero ancho con las alas cadas, gabn y bastn de cayado.Hablaba castellano con un ligero acento andaluz. Vesta bastante desastrado, ropa muy usada y botas viejas.Llevaba, al parecer, al marchar por los caminos, una bolsa llena de pliegos de esa literatura que llaman de cordel: canciones impresas, historias de aventureros y vidas de santos.Sola entonar coplas en las plazas de los pueblos, acompandose de la guitarra.En algunas partes donde le conocan le llamaban el Loco de los Papeles.El otro forastero a quien decan el Alumbrado era tipo de paleto de aldea, de aire burln. Iba sin afeitar. Vesta pobremente, tena acento manchego, y cuando cantaba habaneras, tangos y canciones religiosas en las calles de los pueblos, lo haca con poca voz, pero con mucha afinacin. Venda libritos de historias antiguas. Usaba una larga capa, y llevaba alforjas con libros, estampas y escapularios. Se cubra la cabeza con gorra de piel.El tercero en importancia era el Raposo, que, al parecer, se haba unido a los otros recientemente. Conoca la regin por donde se mova mucho mejor que los dems. El Raposo, joven, flaco, arrugado, estaba encogido como una mona.El ltimo, al parecer, en importancia era un tal Negrete, apodado el Cornejo, tipo ridculo, con la voz aguda, atiplada. Este pareca ser como el criado de los dems de la cuadrilla.IIEL GRUPODaba la impresin, vindolos juntos, de que estos cuatro hombres no eran antiguos amigos. Se haban conocido por primera vez semanas antes, en el interior de la provincia, y por entonces marchaban reunidos hacia la costa del Mediterrneo, prxima.El ms fuera del ambiente de los que formaban la cuadrilla que descansaba en la taberna era el Lince, llamado tambin en algunos pueblos el Loco de los Papeles, hombre que tena cierta prestancia de seor, aunque venido a menos. Era bastante conocido en aquella aldea y tambin en otras varias de los contornos.Desde haca algn tiempo, con intermitencias de semanas o de meses, se le vea aparecer por aquellos parajes, siempre llevando en bandolera la bolsa de piel llena de libros populares, de a real y a dos reales pieza, y con la guitarra a la espalda.Era su tipo decado, pero elegante, de aire de seor; tena los ojos claros, la cara larga, la nariz bien perfilada, el color atezado, como natural a persona que anda a menudo a la intemperie; el pelo ms bien gris que blanco; las manos delgadas y nerviosas, de persona que no ha trabajado con ellas en labores toscas.Para leer usaba anteojos de plata.El otro, el Alumbrado, tena estampa destacada de aldeano malicioso; la cara redonda, nariz gruesa, ojos verdosos, las cejas muy pobladas, la boca de labios apretados. En cuanto a la edad, pareca hombre de unos cincuenta aos. Su expresin indicaba un tipo cazurro, amigo de bromas y de burlas.Tena la piel curtida por el sol, y entre sus apretados labios brotaba con frecuencia la sonrisa irnica y burlona. Hablaba de manera muy expresiva y siempre atentamente, cuando en la charla se diriga al Lince, como si se tratase de distinguirle, y sin ninguna consideracin cuando indicaba algo al Raposo o al Cornejo.El pantaln de pana y tosco en que encerraba sus piernas estaba lleno de remiendos. A pesar de que no haca fro, llevaba capa. Completaba su indumentaria unas botas bastas, de suela recia, grandes polainas, faja ancha y negra. Daba la impresin de campesino, pero no torpe y pesado, sino cuco, muy lleno de gramtica parda, de los que estn al file, como dicen los flamencos.Mostraba en el curso de la conversacin que saba tantos refranes como Sancho Panza, y sus refranes eran casi siempre malvolos y pesimistas.En la conversacin de aquel da en la taberna se le oy decir: Donde va ms hondo el ro hace menos ruido. Mal para el que calla y peor para quien habla. La primera parte del necio es tenerse por discreto. Daos a decir verdades, y moriris en los hospitales. Adonde quiera hay una legua de camino. La vida del grillo: la maana hambre y de noche ruido. Le dijo el mosquito a la rana: ms vale morir en el vino que vivir en el agua.Al parecer, el Alumbrado estimaba mucho al Lince: le consideraba sabio y le tena tambin por hombre misterioso, lleno de recursos, que ocultaba su vida anterior por algn motivo que l no alcanzaba a suponer.IIILOS TIPOSLos tres hombres, el Lince, el Alumbrado y hasta el Raposo, parecan tener en muy poca estimacin al Cornejo, de quien siempre que hablaban lo hacan en burla y con desdn.El Lince se explicaba como hombre de conocimientos y de cultura.El Alumbrado, que con dificultad saba leer, mostraba preferencia por ciertos libros, que deletreaba con algn trabajo, siguiendo con el dedo ndice de la mano derecha las filas de palabras impresas.Entre los papeles de ciegos y las coplas que venda, llevaba un librito que para l era un resumen de la ciencia. Se titulaba Fisonoma y varios secretos de la Naturaleza, compuesto por Jernimo Corts, natural de la ciudad de Valencia, impreso en Madrid en 1766.Era de este librito de donde el Alumbrado sacaba sus conocimientos. El era medio saludador. Segn deca, a los secretos que haba comprobado les pona al margen una cruz hecha con lpiz. El libro estaba encuadernado en pergamino, y el uso dej sus hojas amarillentas y abarquilladas. El Alumbrado ejerca tambin de zahor.Una de sus exclamaciones frecuentes era decir Maldito sea el veneno y maldita sea la vergenza! Como tambin se ganaba la vida cantando en las plazuelas y por las tabernas coplas de burlas, el Alumbrado repeta muy a menudo una cancioncilla que deba de proceder de alguna revista madrilea antigua, y que deca as:Vaya usted a saber

quin habr inventadoque los pobrecitosvivan fastidiados.Caracoles! Lo que pasaen este ro de Madrid!El Alumbrado era hombre curioso de todo y, principalmente, de las palabras. Pareca tener un lxico para su uso particular. Deca cualisquiera, enantes, muradal por muladal; llamaba parcioneros a los aparceros, humero a la campana de dentro de la chimenea, vesperada al amanecer, sobretarde al atardecer; tambin deca coquear por cojear, espumajo por espumarajo y remanecer por presentarse. Cuando se refera a un borracho, afirmaba que marchaba como una equis, y hablaba de las personas atarantadas, que eran la gente aturdida. Al canal de agua le llamaba aguaducho; a la piedra de amolar, aguzadera; al martillo grande usado para cortar los gruesos troncos de lea, almadena; a la mujer callejera la llamaba mujer andorra.El Alumbrado afirmaba:Yo creo algo en la magia y en las supersticiones.Sabiendo que son mentira? le pregunt el Lince.Hombre, yo dudo. A veces creo en ellas y a veces no, pero siempre me divierten.No slo le divertan, sino que le daban algn dinero como saludador.El Lince aseguraba que haba que tener ms rigor en el pensamiento.Para qu? contestaba el otro. No vale la pena.El Alumbrado se senta bromista e irnico, sobre todo con el criado Cornejo.Bien haya el que a los suyos parece, amigo Cornejo le deca, en burla.Cornejo pensaba que l poda intervenir en la poltica.Te haces ilusiones le deca el patrn. Esos que estn ahora comiendo a diestro y siniestro son unos perros, no lo niego, pero tienen pupila y conocimientos que t no tienes.Empleaba el Alumbrado procedimientos de curandero: la imposicin de las manos, el recomendar el agua, el aceite y el sol, y, cuando se despeda de sus crdulos enfermos, sola decirles muy seriamente:La fe es lo que salva.Con lo que ya evitaba el posible fracaso de un remedio recomendado por l.El Raposo, que haba sido descaradamente saludador, aseguraba que tena la cruz en la lengua, por haber nacido en Navidad; alardeaba de sentir un gran culto por Santa Quiteria. Como todo ello lo afirmaba subrayado por una sonrisa maliciosa, los que le oan le tomaban a broma y no le daban crdito. Era,