El callismo espiritista - Revista de la Universidad de Mé .Plutarco Elías Calles y Álvaro Obregón

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  • 16 | REVISTADE LA UNIVERSIDADDE MXICO

    Obregn no volvi a ser el mismo tras el asesinato de su gran

    amigo [Francisco] Serrano. Los muertos con que haba sem-

    brado su camino al poder empezaron a rodearlo de sombras.

    [] Lo cierto es que de [su] cadver se levant el PRI.

    JOS EMILIO PACHECO

    En cambio, a diferencia del caudillo invicto que mu - ri encima de un plato de pozole escuchando El Li -mon cito, su otra mitad, Plutarco Elas Calles, murien su cama. E incluso se dio el lujo de que las sombrasde los asesinados que tambin lo rodearon se difumi-naran y fueran substituidas por entidades luminosas,antes de transformarse l mismo en una de ellas cuan-do volvi del exilio en los inicios de 1941. Gracias a lamuerte de su rival, se abri la oportunidad para re -configurar la Re volucin en vas de institucionaliza-cin. Por lo pronto, con la fundacin del antecedentede lo que sera el PRI, el Partido Nacional Revolucio-nario (PNR).

    Nadie sabe para quin asesina, como fue el caso delcatlico Jos de Len Toral respecto de Obregn. O sea,que entre los antecedentes del PNR fue el asesinato acu-mulado as como tambin el de las conspiraciones tanto

    del lado de algunos sectores del rgimen,1 como de gru -pos minoritarios de catlicos para asesinar al presiden-te electo lvaro Obregn. Impedir de nueva cuenta lareeleccin implic pasar una vez ms por matar. Con locual, por mnimo setenta aos la no reeleccin de lapersona se transform en la reeleccin del partido quela postulaba, tanto en la presidencia, gobernaturas, se -nado, etctera.

    El asesinato de lvaro Obregn se convirti en unasunto para un personaje combinado que se podra de -nominar Sherlock Freud, ya que a estas alturas todavase especula si se cruzaron en el momento del asesinatode La Bombilla las dos conspiraciones que apuntabanal mismo hombre pero por distintas razones. Y eso queel asesino estuvo a vistas y a diez centmetros de su vc-tima.2 Pero el cuerpo del caudillo, segn la versin que

    El callismoespiritista

    Fernando M. Gonzlez

    Junto con lvaro Obregn, el general Plutarco Elas Calles fueprotagonista central de la escena poltica mexicana posrevolu-cionaria. Uno de los puntos de tensin ms importantes de superiodo presidencial, entre 1924 y 1928, fue el de los enfrenta-mientos con la Iglesia catlica. Qu ocurri con las ideas del JefeMximo frente a lo religioso una vez que dej el poder?

    A la memoria de Vicente Leero

    1 Por ejemplo, de Luis N. Morones. Vase por ejemplo el texto dePedro Castro, lvaro Obregn. Fuego y cenizas de la Revolucin Mexica-na, Era, Mxico, 2009, o el de Mario Ramrez Rancao, El asesinato deObregn: La conspiracin y la madre Conchita, SEP/UNAM-IIS, Mxi-co, 2014.

    2 Qu decir de los asesinatos colectivos, por ejemplo, de Tlatelol-co, del 10 de junio de 1971, de la llamada guerra sucia y sus desapare-

  • se elija, tendr ms o menos agujeros producto de lasbalas y, adems, de diversos calibres. Esto ltimo ha -blara de una notable coordinacin entre diferentes gru -pos de asesinos cuando menos en el momento preciso.A saber.

    Una conversacin escuchada por una joven de 15aos entre 1936 y 1940 en la residencia de PlutarcoElas Calles en San Diego durante su exilio polticoservir como ventana introductoria para detectar uncambio en la posicin del citado ex presidente de M -xico y ex Jefe Mximo, respecto DE la religin catli-ca. Se trata del relato de Guadalupe Zrraga Mart-nez, cuyo padre, el arquitecto Zrraga, le pregunta aquemarropa al ex presidente en un momento de lasobremesa:

    Mi general: Cul fue su mayor error poltico?Haber atacado a la religin catlica. Y el no ha -

    ber tomado en cuenta que hasta en la ltima rancherahay una Virgen de Guadalupe.3

    Si alguien hubiera esperado a que se refiriera porejemplo al enfrentamiento con el presidente Crdenas,que lo haba defenestrado, como su error poltico msserio, se sentira ms bien desconcertado. A diferenciadel cadver que ya no despert cuando los catlicos se -guan ah, Calles tuvo al parecer tiempo de reconside-rar su posicin, aunque no necesariamente para acer-carse al catolicismo sino a otra manera de encararse conel ms all. Cuando hablo de un cambio de perspec-tiva en relacin al catolicismo, me refiero a que si to -mamos en cuenta las dos posiciones previas del ex JefeMximo que se pueden situar con cierta precisin en elperiodo que va de 1926 a 1934, la mirada del generalCalles adquiere otro nivel de complejidad, que no eratan obviamente previsible. En cambio, su conservadu-rismo poltico en relacin a los obreros que se mostr aplena luz, por ejemplo en la segunda mitad de 1935, orespecto a Hitler, es otro cantar.

    La primera posicin se puede ver en las palabras emi -tidas por el presidente Calles el 30 de julio de 1926. Pa -labras que condensan lo que podramos denominar co -mo el periodo ideolgico-militar: Creo que estamos enel momento en que los campos van a quedar deslinda-dos para siempre; la hora se aproxima en la cual se va aliberar la batalla definitiva, vamos a saber si la Revolu-cin ha vencido a la reaccin, o si el triunfo de la Revo-lucin ha sido efmero (El Universal, 30 de julio de

    1926).4 Palabras que encontrarn su rpida contrapar-te en aquellas del quinto arzobispo de Guadalajara, mon -seor Francisco Orozco y Jimnez, cuando espet: nopodemos admitir componendas, ellos mismos estn ju -gando su ltima carta.5

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    cidos, de Ayotzinapa y su nico hueso, de en las cuales las evidenciasno son tan contundentes aunque tampoco estn borradas sin ms. O delos casos ms particulares del candidato Colosio de nuevo el PRIy del cardenal Posadas. En este ltimo caso se entreteji las trama conel narco Chapo Guzmn incluido y los Arellano Flix.

    3Testimonio que le transmiti al licenciado Eduardo Muoz su taGuadalupe Zrraga Martnez. El primero me lo hizo saber en Guada-lajara el 11 de septiembre de 2015.

    4 Gonzalo N. Santos, el cacique de San Luis Potos, con la creden-cial nmero 6 como miembro del PNR, en sus descarnadas memoriases cribe sobre los momentos fundacionales del PNR; retoma las palabrasde Calles pero ahora retrotrayndolas a su propio campo, en el con -texto de la contienda para elegir a Pascual Ortiz Rubio frente a AarnSenz: vamos a combatir unidos a los viejos cristeros y a los cristerosnuevos. Y celebrmoslo! Aqu terminar el problema! Porque los mili-tares traidores seguramente que ocuparn la vanguardia en los ejrcitoscristeros, y ahora tendremos oportunidad de obligarlos a combatir con -tra las armas de la autntica revolucin. [] Camaradas de la Revolu-cin, celebro que el PNR haya terminado de formarse sobre el crter deun volcn, porque aqu estamos puros hombres de pelea que no sa ben re -troceder ante ninguna amenaza. Gonzalo N. Santos, Memorias, Gri-jalbo, Mxico, 1986, p. 364.

    5 Observaciones sobre la reglamentacin del culto pblico, 5 dejunio de 1926, Archivo de la Catedral de Guadalajara.

    Plutarco Elas Calles y lvaro Obregn

  • Evidentemente, esta profeca con visos apocalp-ticos no se cumpli. Ni los campos quedaron deslinda -dos para siempre como dijo el entonces presiden te,ni se jug la ltima carta como pretendi el arzo-bispo. (Y visto en perspectiva, la palabra reaccinno slo abarcaba a los catlicos sino tambin a los re -volucionarios que tuvieron la desgracia de no coinci-dir con los dos generales sonorenses triunfantes). Eljuicio final se hara esperar una vez ms. De ah queocho aos despus, ya en pleno conflicto provocadopor la denominada educacin socialista, Calles, to -dava investido en Jefe M ximo, afirm con su con-tundencia habitual, el 20 de julio de 1934, en el de -nominado Grito de Guadalajara, lo siguiente: Larevolucin no ha terminado. Los eternos enemigos laacechan y tratan de hacer nugatorios sus triunfos. Esnecesario que entremos al nuevo periodo de la revo-lucin que yo llamara el periodo re volucionario psico -lgico. Debemos entrar y apoderarnos de las concien -cias de la niez, de las conciencias de la juventud,porque son y deben pertenecer a la revolucin []per tenecen a la colectividad (El Universal, 20 de ju -lio de 1934).

    En este segundo periodo, ahora revolucionario-psi-colgico, evidentemente el ciudadano como tal no se vis -lumbra. Los individuos y ms especficamente los niosy los jvenes, o pertenecen al Estado o a la colecti-vidad, o a la Iglesia catlica. Esta vez se trata de des-plazar el campo de batalla hacia el territorio denomina-do como la conciencia de los nios y jvenes porintermedio de la educacin socialista. Guerra psico-lgica que por fin derrote a los eternos enemigos dela heterognea Revolucin con mayscula. En sntesis,a la reaccin aunque sea con minscula.

    Es comprensible que algunos de los representantesde la reaccin hayan ledo estas palabras en cdigo so -vitico y pensado que, as como suceda en Rusia, seiban a robar a sus hijos apoderndose de su alma. Pa -labras que cualquiera de la generacin de la inmediataposguerra, que se haya formado a partir de 1945 en losterritorios de la reaccin, habr escuchado de sus pa -dres. En este contexto, se da el clima perfecto para quecontinen pululando las sociedades reservadas catli-cas con cdigo gentico de catacumba y juramentos antecalaveras y crucifijos, por ejemplo: Las Legiones (1930);Los Tecos (1934) y Los Conejos (1936), etctera. Si seto man las palabras a la letra efectivamente se poda crearla impresin de que una nueva escalada persecutoria seavecinaba con ms fuerza an y esta vez en el coraznde las almas atravesadas por la educacin denominadalaicista y socialista. Que no laica. Pero las cosas esta-ban lejos de ser as de evidentes por ms que ciertasdeclaraciones se prestaran a irse de largo, e incluso unconjunto de actos que se concibieron como desfanati-

    zadores entre 1932 y 1935. Las palabras de Calles re -sultaron ms bien el canto del cisne de una manera deenfrentar el eterno conflicto con la reaccin.

    Muy pronto, desde su propio cam