Del imperialismo pol­tico al neocolonialismo cultural: .Santiago Juan Navarro -Del imperialismo

  • View
    230

  • Download
    0

Embed Size (px)

Text of Del imperialismo pol­tico al neocolonialismo cultural: .Santiago Juan Navarro -Del imperialismo

  • Del imperialismo poltico al neocolonialismo cultural: El mito de la Madre Patria y sus proyecciones

    mediticas

    Santiago Juan Navarro Florida Internationa! University

    Espaa. puente tendido entre Europa y Amrica, punto de convergencia de dos mundos, viene cumpliendo desde el Descubrimiento esta gloriosa empresa de transvasar ntegros los valores espirituales que definen nuestra civfzacin. El mundo nuevo de /13 Hispanidad, lozano y maduro, se yergue hoy. .. como la nica salvaguardia, como fuerte esperanza de paz y salvacin ante un fufuro amenazado por la impiedad del error y por la desolacin de la materia.

    Francisco Franco (1950)

    Algo que empieza en 1492, pero va mucho ms all ..

    Slogan de la propaganda gubernamental del Quinto Centenario (1992)

    El mito de la Madre Patria ha alimentado dos siglos de retrica neocolonial: una vez liquidado el imperio, poda levantarse una comunidad cultural entre Espaa y las repblicas americanas, sus antiguas colonias. Surge as el concepto de Hispanidad como restauradnsimblica del vnculo perdido. Desde finales del siglo XIX, la proyeccin de Espaa hacia Amrica, articulada en tomo al discurso de la Hispanidad, ha sido una de sus seas de identidad ms visibles y uno de los valores ms rentables y sostenidos de su poltica exterior, por encima de regmenes y gobiernos. Estudiaremos a continuacin la forma en que se ha usado dicho discurso para presentar una escenografa nostlgica de la Espaa imperial y legitimar proyectos centralistas y autoritarios.

    La construccin de la doctrina de la Hispanidad est ntimamente asociada al surgimiento de un nacionalismo centralista y reaccionario a finales del siglo XIX y al fracaso en la construccin del Estado liberal (Seplveda Romero Salvad 130). Aunque s hubo un nacionalismo de signo progresista (protagonizado por krausistas, republicanos y socialistas), ste nunca lleg a tener la fuerza yel arraigo del nacionalismo conservador. La izquierda espaola estaba ms preocupada por la difcil consolidacin de las instituciones democrticas y la modernizacin del pas que por la creacin de mitos legitimadores de su propia ideologa. En su seno, adems, no hubo nunca un consenso sobre un proyecto de construccin nacional definido. Republicanos como Manuel Azaa se declaraban abiertamente antinacionalistas ("yo no soy patriota" lleg a afirmar). Otros, como Alejandro Lerroux se limitaban a identificar republicano con patriota y Repblica con "autntica nacin espaola", Tanto desde las filas del radicalismo republicano,

  • Santiago Juan Navarro - Del imperialismo poltico al neocolonialismo cultural

    como del socialismo oficialista, se condenaban a menudo los nacionalismos perifricos, pero sin llegar a contraponer un claro nacionalismo espaolista. 1

    El tradicionalismo, en cambio, hizo del nacionalismo, encarnado en la idea de la Hispanidad, una bandera que sera posteriormente clave en los procesos de legitimacin simblica del franquismo. Sobre la base ultranacionalista y esencialista de la historia de Marcelino Menndez Pelayo, clrigos como Zacaras de Vizcarra, Manuel Garca Morente, Zacaras Garca Villada y el cardenal Isidro Gom perfilaron una visin de la nacin espaola como comunidad, cuya identidad no se explicaba por razones tnicas o geogrficas, sino espirituales (Seplveda 53). Aunque a comienzos de siglo, el vocablo "Hispanidad" (de acuerdo con el diccionario de la Real Academia) era sinnimo de "hispanismo", Vizcarra le dio en 1926 una nueva acepcin: el conjunto de cualidades espirituales que distinguen a los pueblos de habla hispana 2

    Los antecedentes ms inmediatos de la Hispanidad se encuentran en la bsqueda de la esencia de lo espaol y su identificacin con un modelo autoritario que marca el debate intelectual de la primera mitad del siglo XX a raz del 98 y aparece unida a la reafirmacin de principios que se pensaban centrales al xito del imperio espaol: jerarqua, autoridad, centralismo, cruzada catlica e intolerancia frente al secesionismo en el pensamiento o en la sociedad (Blinkhorn 17). De acuerdo con esta visin reaccionaria, la recuperacin de estos valores en la Espaa de! siglo XX permitira tanto una regeneracin moral del pas, como una restauracin de su prestigio internacional. En su Idearium, Ganivet resuma tal empresa como la necesidad de "reconstruir nuestras fuerzas materiales para resolver nuestros asuntos interiores, y nuestra fuerza ideal para influir en la esfera de nuestros legtimos intereses externos, para fortificar nuestro prestigio en los pueblos de origen hispnico" (114-15).

    El primer movimiento de apropiacin ideolgica de la Hispanidad lo form el grupo de catlicos integristas relacionado con la revista Accin Espaola y cuyo representante ms destacado fue Ramiro de Maeztu. En Defensa de la Hispanidad (1934) Maeztu sistematiz su visin de un nacionalismo mesinico y providencialista que usaba como ncleo ideolgico el mito de la Hispanidad. Ta! interpretacin se basaba en la sntesis entre unidad nacional y unidad catlica, de forma que todo cambio en esa relacin simbitica determinaba el curso de la historia espaola: "La decadencia nacional se produca como consecuencia del retraimiento en su misin providencial, contemplando como nica salida viable a la crisis presente el retorno al tradicionalismo imbuido del espritu religioso" (Delgado Gmez-Escalonilla, Diplomacia 28). Maeztu sugera que, mediante el resurgimiento de la espiritualidad, el orden social fracturado de Espaa podra ser sanado, poniendo al pas en condiciones de recuperar su autoestima y su prestigio internacional. La visin de Maeztu estableci las bases legitimadoras del discurso ideolgico del franquismo al intuir adems la posibilidad de que la espiritualidad catlica pudiera llegar a inspirar una contrarrevolucin que, a su vez, introdujera un sistema autoritario. Este hispanismo de raigambre catlica y reaccionaria era contemplado como alternativa al marxismo y al capitalismo, ideologas materialistas enfrentadas al espiritualismo que Maeztu identificaba con la esencia de Espaa.

    El fascismo espaol asumi las tesis de Maeztu, pero al imperialismo de orden religioso y cultural sum otro de signo poltico y militar, que no ocultaba una voluntad de expansin territorial. 3 El mito legitimador del imperio que reivindic el falangismo segua, en realidad, las pautas de los fascismos europeos. Si en Italia el fascismo adopt el Imperio Romano como

    1 El debate en torno a la idea nacional no llev a cabo entre los soclal,stas espaoles hasta la proclamac,n de la Segunda Repblica en

    1931 y, en gran medida. se produjo como reaccin frente al surgimiento de los nacionalismos perifricos.

    2Esta ltima significacin tena un claro precedente en un artculo de Miguel de Unamuno titulado "Hispanidad" (1909), si bien en el caS{)

    del autor salmantino el concepto careca del espiritualismo catlico y ultraconservador de Vizcarra (Bueno 388).

    3 Las pretensiones expans,onistas de la Falange son obvias en las siguientes palabras de uno de sus idelogos. Antonio Tovar:

    "Precisamente como reaccin contra esa idea imperialista, se ha admitido que nuestro imperio va a ser cosa puramente esp"itual, que

    nos vamos a confom13f con una expansin curtuml sobre determinados paises. Pero sabemos que ninguna razn vale como razn si no

    va acampanada de la fuerza. Nuestro Impeno tiene que ser un Imperio con base matenal, que conceda su importancia a la riqueza. y su

    categora a las cosas militares. Nuestro Imperio tendr que S8r por eso un instrumento para salvar. para sostener a los paises de

    Amrica y Filipinas en su lucha contra el imperialismo; porque nos mteresa salvar el alma de la Hispanidad. es decir, el catolie,smo, y la

    lengua espaola. nuestra manera de entender y de ser, la conciencia de nuestra sangre" (Delgado GmezEscalonilla. Imperio 124).

    - 2 -

  • Santiago Juan Navarro - Del imperialismo poltico al neocolonialismo cultural

    escenografa simblica, la derecha espaola recurri al catolicismo militante, las gloras de la Reconquista medieval y la experiencia de la Espaa imperial, todo ello visto dentro de un continuum que quera tener su prolongacin en la lucha contra los movimientos revolucionarios del siglo XX. La consagracin al mito del imperio fue especialmente agresiva en el pensamiento de Jos Antonio Primo de Rivera.4 El compromiso con el imperio era, de hecho, el tercero de los veintisis puntos programticos de la Falange: "Tenemos voluntad de Imperio. Afirmamos que la plenitud histrica de Espaa es el Imperio. Reclamamos para Espaa un puesto preeminente en Europa. No soportamos ni el aislamiento internacional ni la mediatizacin extranjera" (Primo de Rivera 339). Las caractersticas geopolticas de tal imperio no estn, sin embargo, tan daras. Cules eran las ambiciones territoriales de la Falange, al margen de la consolidacin de unos pocos enclaves coloniales en el norte de frica? Cmo se pretenda ayudar a los pueblos hispanos y a Filipinas "en su lucha contra el imperialismo" en pleno apogeo del expansionismo norteamericano? Esto es algo que en ningn momento llegaron a concretar los tericos del falangismo. Su demagogia tenda a caer demasiado frecuentemente en un tono trascendente: "Por su sentido de CATOLICIDAD, de UNIVERSALISMO, gan Espaa al mar continentes desconocidos. Los para incorporar a quienes los habitaban a una empresa universal de salvacin" (Primo Rivera 92). Aunque Falange insisti ms que ninguna otra faccin de la derecha en las aspiraciones imperiales, su visin est igualmente teida de nostalgia y vagas aspiraciones metafsicas. En el fondo, el falangismo no iba mucho ms all de las propuestas de Maeztu, salvo en la agresividad retrica de sus proposiciones.5

    El auge del autoritarismo y su proyeccin en el concepto de Hispanidad no fue un fenmeno exclusivamente espaol. En varios pases hispanoamericanos tuvo lugar el resurgimiento del catoli