Baez, Fernando - La Hoguera de Los Intelectuales

  • View
    123

  • Download
    1

Embed Size (px)

Text of Baez, Fernando - La Hoguera de Los Intelectuales

Fernando Bez

La hoguera de los intelectualesENSAYOSPublicado por la Universidad de Carabobo Valencia, Venezuela Octubre de 2006 Impreso bajo la responsabilidad del profesor Rafael Simn Hurtado 2

En memoria de Roberto Bolao, maestro y amigo

3

Ils sont lequivalent des livres dont la cl fut perdue RENE CHAR, Le nombre

4

ADVERTENCIA

El presente libro no constituye, a saber, prueba de nada. No escribo sino para darle un sentido digno a mi soledad. Escribo para que la muerte no tenga la ltima palabra. Cada seccin, por eso mismo, es un talismn contra el olvido. Los textos fueron publicados entre 2000 y 2005, en revistas y peridicos de 12 pases: Letra Internacional, El Pais, La Vanguardia, Prensa Libre, El tiempo, La Nacin, Clarn, El Nacional, El Universal, El Mercurio, etc. Acaso algunos pueden ser inditos, pero no voy a insistir en esto porque es obvio que la virginidad literaria ya no tiene la mayor importancia. Ignoro qu unidad signa las pginas que siguen; no temo, sin embargo, confesar que son apenas coartadas contra el aburrimiento, contra la indiferencia, contra la vanidad y contra el temor al azar. No profeso, con fanatismo o apata, ningn credo poltico, 5

econmico, religioso o potico. No pretendo asimilar doctrinas por mera erudicin sino para comprender el universo que me rodea a travs de ellas. Lo nico que me interesa es encontrar preguntas ms que respuestas. Si las pginas que siguen promueven alguna hereja, advierto que se trata slo de una ortodoxia distrada. De lo que trata este volumen es de una actitud vital. Aseguraba Aristteles que la filosofa nace del asombro; en cierta medida, sospecho, estos ensayos nacen, probablemente, de la curiosidad ingenua que produce ese asombro.

Berlin, 2006

6

LA HOGUERA DE LOS INTELECTUALES

Los intelectuales han sido los ms grandes enemigos de los libros. Tras doce aos de estudio sobre el tema de la biblioclastia, he concluido que mientras ms culto es un pueblo o un hombre, est ms dispuesto a eliminar libros bajo la presin de mitos apocalpticos. Baste pensar que el libro no es destruido como objeto fsico sino como vnculo de memoria. John Milton, en Aeropagitica (1644), crea que lo destruido en un libro era la racionalidad representada: "[...] quien destruye un buen libro mata a la Razn misma [...]". El libro le da volumen a la memoria humana. Cuando se destruye un libro, se impone el nimo de aniquilar la memoria que encierra, es decir, el patrimonio de ideas de una cultura entera. La destruccin se cumple contra cuanto se considere una amenaza directa o indirecta a un valor considerado superior. Al establecer las bases de una personalidad totalitaria, el mito apocalptico impulsa en cada individuo o grupo un inters por una totalidad sin cortapisas. Curiosamente, los destructores cuentan con un elevado sentido creativo; poseen su propio libro, que juzgan eterno. Cuando el fervor extremista apriorstico asign una condicin categrica al 7

contenido de una obra (llmese Corn, Biblia o el programa de un movimiento religioso, social, artstico o poltico), lo hizo para legitimar su procedencia divina o permanente (Dios como autor o, en su defecto, un iluminado, un mesas). Sobran los ejemplos de estadistas, lderes bien formados, filsofos, eruditos y escritores que reivindicaron la biblioclastia. En Egipto, el gobernante y poeta Akhenaton, como buen monotesta, hizo quemar todos los libros religiosos anteriores a l para imponer su propia literatura sobre el dios Atn. En el siglo V antes de Cristo, los demcratas atenienses persiguieron por impiedad al sofista Protgoras de Abdera, y su libro Sobre los dioses fue llevado a la hoguera pblica. Segn Digenes Laercio, el filsofo Platn, no contento con impedir a los poetas el ingreso a su repblica ideal, intent quemar los libros de Demcrito y quem sus propios poemas al conocer a Scrates. En cierto momento de su vida, Hipcrates de Cos, cuyo juramento forma parte de la iniciacin de todos los mdicos en el mundo, quem la biblioteca del Templo de la Salud de Cnido. Alejandro Magno, discpulo nada menos que de Aristteles, en el ao 331 a.C., quem con sus propias manos el palacio de Perspolis junto con su biblioteca. Uno de los libros que se destruy fue el Avesta junto con miles de tablillas literarias o administrativas. Esta prdida hizo que los seguidores del zoroastrismo tuvieran que reconstruir la obra de memoria con el nombre de Zendavesta por orden del prncipe sasnida Ardasir I, en el siglo III d. C. No falta quien afirma que el libro original constaba de frases que podan dotar de inmortalidad a sus creyentes. Estos terribles incidentes no terminan aqu. En China, uno de los consejeros del emperador Zhi Huang Di, llamado Li Si, el filsofo ms original de la escuela legalista, propuso la destruccin de todos los libros que defendan el retorno al pasado, lo que, en 8

efecto, sucedi el ao 213 antes de Cristo. El cronista Sima Qian ha conservado el informe presentado al soberano:

[...]En pocas anteriores el imperio se desintegr y cay en desorden, y nadie era capaz de unificarlo. Por esto, los seores feudales se alzaron con energa. En sus discursos elogiaron el pasado para desacreditar el presente, y adornaron sus palabras vacas para confundir la verdad. Cada uno adopt su escuela particular de conocimiento, impugnando lo que las autoridades instituyeron. En el presente, Su Majestad posee ahora un imperio unificado, ha regulado las diferencias entre lo negro y lo blanco, y ha establecido firmemente una posicin de supremaca unitaria. Pero los que profesan los conocimientos de estas escuelas particulares, se ponen de acuerdo en sus falsas enseanzas para criticar los cdigos de leyes. Cuando oyen que se ha promulgado un decreto, lo critican, cada uno desde el punto de vista de su propia escuela. Dentro de la corte, lo desaprueban en sus mentes; y en el exterior, lo critican en las calles. Ellos buscan ganar reputacin al desacreditar al Soberano; consideran superior expresar opiniones contrarias; y conducen a sus seguidores a decir infamias. Si tales licencias no se prohben, el poder soberano declinar arriba, y las facciones se formarn abajo. Debera prohibirse esto. Su servidor solicita que el historigrafo imperial queme todos los libros, aunque no los del reino de Tsin. Excepto las personas que ostentan el cargo de letrados en el vasto saber; aquellos que en el imperio osen esconder el Shi King y el Schu King o los discursos de las Cien Escuelas debern ir a las autoridades locales, civiles y militares para que aqullos los quemen. Aqullos que osen dialogar entre s acerca del Shi King y del Schu 9

King sern aniquilados y sus cadveres expuestos en la plaza pblica. Los que se sirvan de la Antigedad para denigrar los tiempos presentes sern ejecutados junto con sus parientes[...]Treinta das despus de que el edicto sea promulgado aqullos que no hayan quemado sus libros sern marcados y enviados a trabajos forzados[...]

Este desprecio por la tradicin no era infrecuente. En el Tao Te Ching, el venerable Laozi, mejor conocido como Lao-Tse, haba propuesto: Eliminad a los sabios, desterrad a los genios y esto ser ms til al pueblo. Asimismo escribi: Suprimid los estudios y no pasar nada. Li Si, por su parte, consideraba un peligro los libros de poesa, historia y filosofa. Le inquietaba la posibilidad de que el pueblo se rebelara al conocer las stiras que escriban los poetas sobre las decisiones del Emperador. Resulta interesante saber que fue el Csar Augusto, el protector de Virgilio, Augusto, quien prohibi el ao 8 la circulacin de Ars Amatoria de Ovidio y se dedic a hacer torturar a numerosos escritores y ordenar la quema de sus obras. El erudito Tefilo, patriarca de Alejandra, orden atacar el Serapeum, una de las instalaciones de la biblioteca de Alejandra, en el ao 389 y la biblioteca el 391, con una multitud enfurecida. Al concluir la toma del Templo, los cristianos llenaron de cruces el sitio y demolieron las paredes. Tefilo era un hombre resentido, mezquino y oportunista: tras haber sido lector fantico de los escritos de Orgenes, pas a ser enemigo de todo cuanto le pareca derivado de la obra de este autor y conden sus escritos en el Concilio del ao 400. Fray Diego Cisneros, fundador de la Universidad de Alcal y gestor de la llamada Biblia Sacra Polyglota, en griego, hebreo y caldeo, con traduccin al latn, quem los libros de los musulmanes en Granada. Fray Juan de Zumrraga, creador de la primera biblioteca 10

de Mxico, quem en 1530 los cdices de los mayas. El Corn, en rabe, en la edicin de Paganini, de 1537, fue destruido por una instruccin directa de uno de los Papas ms cultos de su tiempo. El caso excntrico del veneciano Andr Navagero no deja de ser interesante. Como se sabe, era un adorador de la obra del poeta romano Catulo y no pasaba un da sin leerla, sin traducirla y discutir lnea por lnea sus ambigedades. Crea, como les sucede a muchos con Homero, con Shakespeare o Neruda, que toda la literatura resida en Catulo. Lo increble es que lleg al extremo de encender todos los aos en su honor una hoguera, donde quemaba, impaciente, libros con los Epigramas de Marcial; culminaba con una lectura en voz alta de los textos de su autor venerado. Nachman de Bratslav venerado por su santidad y sapiencia, peda a sus discpulos que quemaran libros para probar su fidelidad. Su aforismo ms recordado dice as: [...]Quemar un libro es aportar luz al mundo[...]. Ren Descartes, seguro de su mtodo, pidi a sus lectores quemar los libros antiguos. Un hombre tan tolerante como el filsofo escocs David Hume no vacil en exigir la supresin de todos los libros sobre metafsica. No debe olvidarse nunca que Hitler, un biblifilo reconocido, permiti que el fillogo Joseph Goebbels, junto con los mejores estudiantes alemanes, quemaran el 10 de mayo de 1933 unos 25.000 libros. Martin Heidegger, rector designado, sac de su biblioteca libros de Edmund Husserl para