Arte Hablar Escribir Rojas Soriano

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  • El arte de hablary escribir

    Experiencias y recomendaciones

    Ral Rojas Soriano

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  • RAL ROJAS SORIANO

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    En la fotografa superior derecha el autor imparte un curso en Argentina,en noviembre de 1994, y en la fotografa inferior dirige un mitin en EmilianoZapata, Morelos, en mayo de 1973.

    Primera edicin: febrero del 2001Segunda edicin: abril del 2001Tercera edicin: junio del 2001Cuarta edicin: marzo del 2002Quinta edicin: octubre del 2002Sexta edicin: marzo del 2003Sptima edicin: noviembre del 2003Octava edicin: agosto del 2004Novena edicin: mayo del 2006Dcima edicin: diciembre del 2007Dcimo primera edicin: julio del 2008Dcimo segunda edicin: septiembre del 2009Dcimo tercera edicin: mayo del 2011

    El arte de hablar y escribir.Experiencias y recomendaciones

    Ral Rojas Soriano Plaza y Valds, S.A. de C.V.

    Derechos exclusivos de edicin reservados paratodos los pases de habla espaola. Prohibida lareproduccin total o parcial por cualquier mediosin autorizacin escrita de los editores.

    ISBN: 968-856-892-9

    Impreso en Mxico / Printed in Mexico

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  • EL ARTE DE HABLAR Y ESCRIBIR

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    ndice

    En qu circunstancias escrib este libro?. . . . . . . . . . . 9

    Captulo IPor qu escrib este libro?. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 17

    Captulo IILa comunicacin como proceso socialy humano. El papel del hogar y de la escuela. . . . . . . . 19

    Captulo IIIEl papel del profesor y de los alumnosen el desarrollo de la expresin oral . . . . . . . . . . . . . . 29

    Captulo IVLa expresin oral en la vida cotidiana . . . . . . . . . . . . . 43

    Captulo VAlgunas ideas sobre el proceso educativopara facilitar la expresin oral . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 59

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  • Captulo VIHablar en pblico: temores, fracasosy satisfacciones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 67

    Captulo VIIAspectos a considerar antes de dictar unaconferencia o intervenir en una mesa redonda . . . . . . 85

    Captulo VIIIRecomendaciones para iniciar nuestra participacinen una mesa redonda, o al impartir un cursode actualizacin o conferencia . . . . . . . . . . . . . . . . . 93

    Captulo IXRecomendaciones para escribir un discurso . . . . . 111

    Captulo XFiguras de construccin, vicios y fallas al redactar . 129

    Captulo XIOtras fallas y dudas al expresarnos . . . . . . . . . . . . . 141

    Captulo XIIRecomendaciones para pronunciar o improvisarun discurso . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 161

    Captulo XIIIEl aspecto subjetivo antes, durante y al concluirla disertacin . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 179

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  • Captulo XIVAspectos fsicos a considerar para facilitarnuestra exposicin . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 195

    Captulo XVSituaciones adversas que pueden presentarse anteso durante nuestra disertacin . . . . . . . . . . . . . . . . . . 205

    Captulo XVIEstrategias para incitar la participacin del pblico . . . 211

    Captulo XVIISituaciones inesperadas que pueden sucederantes o durante la exposicin . . . . . . . . . . . . . . . . . . 227

    Captulo XVIIIEl final de la exposicin: momento decisivopara completar el xito . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 233

    Captulo XIXCuando el orador se convierte en polemista . . . . . . . 237

    Captulo XXGrupos difciles para el conferenciante . . . . . . . . . . 243

    Captulo XXIDesafos y satisfacciones en un curso-tallerimpartido en Palenque, Chiapas . . . . . . . . . . . . . . . . 251

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  • Captulo XXIICmo aprender a investigar. Pltica con alumnosy alumnas de cuarto ao de primaria . . . . . . . . . . . . . 261

    Captulo XXIIINecesidad de improvisar un discurso antesituaciones y temas desconocidos . . . . . . . . . . . . . . 271

    Captulo XXIVEl desafo de presentar un libro sobreel Che Guevara . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 277

    Captulo XXVEl oficio del socilogo. Charla de caf conestudiantes universitarios . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 305

    Captulo XXVIEl oficio del escritor. Cmo escrib este libro . . . . . 309

    Captulo XXVIIEl lector tiene la palabra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 327

    Apndice IReflexiones sobre el movimiento estudiantilen la UNAM, 1999-2000 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 329

    Apndice IIUn caso para ilustrar una conferencia o un curso . . . 335

    Glosario de trminos y modismos . . . . . . . . . . . . . . 337

    Bibliografa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 371

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  • En qu circunstanciasescrib este libro?

    Luego de varios das de vehemente dedicacin, hoy,13 de noviembre del 2000, termin de incluir en elarchivo de la computadora las correcciones plasmadasen la ensima versin del texto, la cual era supuestamentela definitiva. Son las 19:57 horas.

    La obsesin por escribir estas notas se dej sentirhace ms de tres aos. En las primeras semanas abordde manera breve algunas ideas para ahondar en ellas ul-teriormente; empero, poco despus descuid el proyec-to en vista de que otros deberes llamaron mi atencin.

    Faltaba algo, o quiz mucho, para madurar el plan deredactar un libro con las caractersticas anheladas? Enel fondo me negaba, ms bien, a reconocer la incerti-dumbre de afrontar los avatares* de nuevos desafos.

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    * Consltese el significado de los vocablos de uso poco frecuenteen el glosario que se incluye al final de la obra.

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    Con el decurso del tiempo dej de preocuparme porla cuestin. Muchos pensamientos me detenan; otrosalentaban mi nimo para persistir en dicho afn. Masnada ocurri.

    satisfacan del todo, y tal vez por ello olvid la intencin.Febrero de ese ao fue la ltima fecha registrada en laque contempl esos adelantos (o retrocesos?).

    El devenir de los meses sigui ineluctablemente,mostrando la marcha implacable de Cronos. Para tran-quilizarme ante la imposibilidad de proseguir, evocabala reflexin de Carlos Darwin apuntada en su celebrrimaAutobiografa:

    Gan mucho con mi demora en publicar el libro[sobre el origen de las especies], desde alrededorde 1839, cuando la teora fue claramente conce-bida, hasta 1859; nada perd con ello, ya que nodaba gran importancia a si los hombres me atri-buan ms originalidad a m o a Wallace (pp. 80-81. El nfasis es mo).

    Tal razonamiento sirvi de pretexto para desen-tenderme del mundo y de la obra, apenas en ciernes.

    Las escasas cuartillas que alcanc a escribir las in-troduje en un programa de computadora ya obsoleto,comparado con las recientes innovaciones tecnolgicas.Conservaba, igualmente, una copia impresa, pues siempre

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    Las cuarenta pginas escritas a principios de 1998 no me

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    he desconfiado de aquello que no veo con mis propiosojos, valga aqu el pleonasmo.

    Durante un largo periodo no me inquiet si un virustravieso o el transcurso del tiempo borraran esos vesti-gios de mi aspiracin remota por redactar un volumensobre la expresin oral y escrita.

    Careca de entusiasmo para volver al tema; el adveni-miento del supuesto nuevo milenio tampoco hizo mellaen m. En una oportunidad me anim a revisar los pre-suntos avances; ni el respaldo electrnico ni las hojasmal impresas aparecieron. Poco me import.

    La inspiracin no brotaba, o acaso en lo profundo demi ser deseaba no enfrentar los retos inditos que sur-gen al escribir un libro?

    Sin percatarme en qu momento ocurri, se confabu-laron al fin las circunstancias; anhel recuperar el lega-jo y, en consecuencia, los aos aparentemente perdidos.Podra conseguirlo? La fortuna se puso de mi parte poresas fechas, aunque creo que ayud un poco al eviden-ciar cierta disposicin por superar el marasmo en el queviva con relacin a dicho proyecto.

    Me afan por localizar el archivo y la copia impresa,expresiones de mi posible fracaso en las que, al mismotiempo, se encerraba la posibilidad de alcanzar el xito,con el que ahora soaba. Hall nicamente las cuar-tillas perdidas entre otros documentos, como si serehusaran a ser descubiertas; el disco lo encontr aban-donado a su suerte en los das subsecuentes, tras una

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    bsqueda frentica como si de tal proceder dependiesemi existencia.

    Por el lapso transcurrido medit la informacinprobablemente ya se perdi y, en consecuencia, la pre-tensin de culminar el empeo; mas ah permaneca in-tacta, como esperando que cristalizara mi numen. Estome incit, en tanto que estim era un buen preludio.

    Torn a discurrir sobre el particular a mediados delmes de septiembre del 2000. Examin meticulosamen-te las pginas redactadas. No me acabaron de convencercuando las le de nuevo; con todo, juzgu que serviran debase para cavilar otra vez con respecto al asunto, valo-rando la coyuntura en la que retom la iniciativa.

    Soport un ritmo de trabajo intenso pese a complica-ciones familiares, concretamente el agravamiento poresa fecha de la enfermedad de mi madre.

    Octubre hizo su aparicin y conserv el paso. A cadainstante avizoraba ms cercano el ignoto horizonte, aun-que en ocasiones acaeca lo contrario, toda vez que almirar ms prximo el final, el esfuerzo apasionante in-citaba la imaginacin; senta, por ende, que el camino seprolongaba de modo inexorable. Mientras, la desespe-racin se apoderaba, poco a poco,