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Area Lelia- Periodismo y frustración Album de Señoritas de Juana Manso

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LBUMPERIODISMO

DE

SEORITAS

DE JUANA

MANSO

Y FRUSTRACIN PARA UN PROYECTO DOMSTICO DE FUNDAR UNA NACIN

LELIA AREA es Doctora en Letras (UBA) y Profesora y Licenciada en Letras (UNR). Sus reas de inters acadmico y de investigacin son las miradas de gnero y la escenografa de lo familiar en la Literatura Argentina Siglos XIX y XX. Es Profesora Adjunta por concurso de la Ctedra de Anlisis del Texto, Escuela de Letras, Facultad de Humanidades y Artes as como Profesora Titular de Gramtica Teatral y Literatura Dramtica de la Escuela Provincial de Teatro y Tteres de Rosario y Coordinadora de Intercambio Acadmico de la Fundacin del Gran Rosario. Asimismo, es Coordinadora Acadmica de la Carrera de Posttulo de Actualizacin en las Artes Escnicas, Direccin Provincial de Enseanza Artstica, Ministerio de Educacin Provincia de Santa Fe y Coordinadora de Intercambio de Acadmico, Subsede UNR Ctedra UNESCO para el Mejoramiento de la calidad y Equidad de la Educacin en Amrica Latina con base en la lectura y escritura. Por otra parte, se desempea como Profesora Titular Permanente, en la Maestra de Anlisis del Discurso, Facultad de Filosofa y Letras, UBA y es Profesora Titular Permanente, Carrera de Especializacin en Literatura Hispanoamericana, Universidad Nacional del Comahue. Ha sido profesora invitada como conferencista y dictante de seminarios de su especialidad en las universidades de Copenhague, Aalborg, Odense, Aarhus (Dinamarca), Pittsburgh y The Ohio State University (USA), Ottawa y Montreal (Canad) y Lille3, (Francia). Es autora de numerosos artculos y ediciones nacionales y extranjeras en torno a la relacin ficcin / poltica en la literatura y cultura argentina y latinoamericana del siglo XIX.

LELIA AREA

lbum de Seoritas de Juana MansoPeriodismo y frustracin para un proyecto domstico de fundar una nacin

Coleccin ARCHIVOS

Area, Lelia Albm de seoritas de Juan Manso : periodismo y frustracin para un proyecto domstico de fundar una nacin. 1 ed. Buenos Aires : Feminaria, 2005. 88 p. ; 20x14 cm ISBN 987-21999-0-6 1. Estudio Literario. I. Ttulo CDD 801.95

Diagramacin de tapa:

2005 [email protected] 2005 Lelia Area [email protected] Buenos Aires, Repblica Argentina Queda hecho el depsito que marca la ley 11.723 Impreso en la Argentina - Printed in Argentina

Introduccin

Uno puede juzgar el grado de civilizacin de una nacin a travs de la posicin social de sus mujeres. D. F. Sarmiento

La Manso, a quien apenas conoc fue el nico hombre en tres o cuatro millones de habitantes en Chile y la Argentina que comprendiese mi obra de educacin y que inspirndose en mi pensamiento, pusiese el hombro al edificio que vea desplomarse. Era una mujer? (s/m) Domingo F. Sarmiento

Las dos citas de Sarmiento que encabezan este trabajo han sido privilegiadas con la aviesa intencin de dibujar los bordes del paradigma de contradicciones que caracteriz el mapa cultural en el que Juana Paula Manso de Noronha (1818-1875) instala su proyecto de publicar el peridico lbum de Seoritas. Peridico de Literatura, Modas, Bellas Artes y Teatros en los inicios del ao 1854. En este sentido, entiendo por mapa a esa seria ficcin que representa un paisaje intelectual particular desde un, no menos, particular punto de vista. Situada Manso en el Buenos Aires posCaseros y dando con ello fin a la proscripcin que protagonizara junto a su familia durante el rosismo, con escasos recursos, separada de su marido y teniendo a cargo a sus dos hijas pequeas,1 su tarea consistir en llevar a cabo la edicin del lbum. Esta propuesta tena como antecedente el O Jornal das Senhoras. Modas, Litteratura, Bellas Artes, Theatros e Critica (1852-1854),2 publicacin que la cont como redactora durante los primeros seis5

meses de esa revista cultural en la ciudad de Ro de Janeiro donde vivi la ltima etapa de su exilio, casada an con el violinista portugus F. S. Noronha.3 Una vez en nuestro pas destinar a sus compatriotas mujeres, el semanario lbum de Seoritas el que aparece, no obstante, durante tan slo las ocho primeras semanas del ao 1854, perodo suficiente para demostrar a esa incansable mujer que su empresa haba fracasado al perder todos sus suscriptores como reaccin a los tonos y temas que pusiese en escena. Su proyecto de reforma en el Buenos Aires de 1854 persegua el objetivo de actualizar el campo de conocimiento de las mujeres rioplatenses al mismo tiempo que pretenda lograr un modo de susbsitencia a travs de la venta del peridico. Como uno de los tantos emblemas poltico-literarios que Sarmiento supiera acuar, es mi intencin hacer jugar, en clave oximornica4 si se me permite utilizar un neologismo un tanto salvaje, los acpites mencionados con el objeto de exponer la controvertida escena pblica que tanto periodista como peridico revelan. En este sentido no deja de ser altamente llamativo que, cuando el escritor sanjuanino dcadas ms tarde elogia el compromiso intelectual de la Manso siente que deba modalizar a ste con un cambio genrico, con el solo fin de poder dar con el tono que ella supo desatar en su poca. De este modo, La Manso fue el nico hombre que... encarn las contradicciones irreconciliables de esta doble pertenencia genrica pagando, en una difcil trayectoria de obstculos, los costos que una subversin de tal tipo implica.5 En mi trabajo parto del presupuesto siguiente: escribir sobre el pasado no es simplemente decirlo sino que es igualmente producirlo dado que todo texto histrico participa de la experiencia de lo visto-percibido-comunicable sobre los dos planos simultneos y enclavados de un presente que se hace pasado y de un pasado que es rehecho. En este marco, los procesos de representacin simblica que integran la cultura son complejos y contradictorios y el diseo que visualizamos hoy es, en realidad, el producto de una larga trama narrativa producida como relato de la historia.6 La perspectiva del estudio del discurso histrico como operacin a la6

vez arqueolgica y taxonmica, es una violencia sobre la empiria histrica, un ejercicio del poder interpretativo, un proceso de seleccin donde la subjetividad se apoya en las coartadas narrativas ya codificadas que teatralizan los sucesos con arreglos a modelos que definen y legitiman la hegemona discursiva. Es tambin un sistema de preferencias, de otorgamiento y silenciamiento de voces que eleva o desplaza actores y proyectos sociales, delimita los espacios de lo privado y lo pblico, y opera como un proceso de produccin de significados donde el criterio de pertinencia o relevancia histrica releva al oscuro nivel de la cotidianeidad o del olvido los pequeos relatos o seres la intrahistoria que constituyen el basamento annimo de la epicidad.7 Sabemos entonces que, cuando una narracin se enuncia como historia, nos encontramos con una operacin que cuenta una cosa para decir otra, que no tiene un lugar propio porque el saber histrico es lo legendario. Mezcla de ciencia y de ficcin, podra pensarse como esa zona discursiva donde se dibuja el espacio, mientras se introduce el tiempo.8 El inters en conocer esta historia surge del hecho de que ella pueda ayudarnos a interpretar mejor las claves de la cultura en la que estamos inmersos y en la que participamos. En una dcada en la que los movimientos de mujeres han avanzado de modo significativo en nuestro pas y en nuestro continente, el tema del gnero, entendido como construccin cultural en torno a una diferencia biolgico-sexual, se convierte cada vez ms en una perspectiva a incorporar en la investigacin y en la vida cotidiana. Es esta una reflexin que pone sobre el tapete el tema de la reivindicacin del derecho de las mujeres a la voz y a la representacin que, en ltima instancia, es su derecho a ser activas participantes en la produccin de la cultura.

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I

Prefigurar una patria es soar un espacio y sus lmites; ello no siempre (o no slo) consiste en un espacio fsico concreto, sino que es mucho ms que eso: es imaginar una geografa cuyos accidentes asignan lugares, separan y jerarquizan posiciones mientras excluyen del mapa territorios no deseados. No debemos olvidar que este mapa es el mapa de una ideologa y que en toda cultura nacional coexisten y pugnan, a nivel del discurso social, mapas diferentes. Segn Marc Angenot, en el discurso social, existe una cierta hegemona transdiscursiva que tiende a homogeneizar las prcticas, a imponer las temticas comunes, a arbitrar entre los gneros y los sectores. Dicho de otra forma, la contemporaneidad de los discursos sociales debera ser percibida como una realidad compleja y parcialmente heterognea, donde se inscribe la historia misma de los discursos particulares, su relativa autonoma, sus tradiciones propias y su ritmo de evolucin. En otros trminos, el discurso social es visto como una yuxtaposicin de campos discursivos, de lenguajes marcados y de finalidades establecidas y reconocidas, donde un trfico ms o menos oculto hace circular los paradigmas mayores de una hegemona dada.9 Dado que los espacios arriba mencionados no son necesariamente fsicos, un determinado paisaje, una determinada topografa, pueden constituirse en metfora de una cierta identidad colectiva en un momento preciso; de este modo, ellos coexisten en nuestro imaginario a la manera de distintos escenarios y protagonistas. As, entre nostalgias y utopas cada poca va construyendo diferentes mapas de la patria ya que toda composicin de cartografas es,10 por supuesto, una cuestin poltica. Si nos ubicamos, explcitamente, en el siglo XIX vemos que8

ser el Estado nacional quien le de al pas, a las mltiples naciones que coyuntural y blicamente convivan en esos territorios, un dibujo de sus fronteras. El Estado crea el mapa y el mapa crea la nacin. Cuando las fronteras son delimitadas, los sentidos y, por tanto las identidades, sern finalmente normalizadas. Es precisamente en este contexto que Benedict Anderson considera a la nacin como una comunidad imaginada polticamente; es imaginada afirma Anderson porque los miembros hasta de las naciones ms pequeas nunca conocern a sus pares, ni los vern o hasta oirn sobre ellos y sin embargo en su pensamiento vive la imagen de su comunin.11 Por otra parte y del mismo modo que podemos imaginar a la nacin, como representada por una geografa, sea esta rural, urbana, o con aspectos ms especficos de estos paisajes, tambin podemos representarla desde una perspectiva de gnero, entendida como afirmramos anteriormente, como la construccin social que realiza cada cultura sobre la base de una diferencia biolgico-sexual. En este sentido, tambin existe un mapa de los gneros12 y este mapa tiene su historia porque cada cultura ha variado sus versiones sobre qu es lo masculino y qu es lo femenino y cules son sus relaciones o superposiciones, sus jerarquizaciones o dependencias; en definitiva: cules son sus espacios y qu lugar ocupan en las instancias fundacionales de la nacin.13 Es por todo ello que distintas retricas contestarn esta pregunta a lo largo de la historia; ellas son retricas que debaten entre s, disputndose el derecho a representar la nacin, o mejor dicho, a construirla. Precisamente es en este punto que deseara insistir sobre una marca que ir retomando a lo largo de este anlisis: en el caso de Juana Manso, veremos que su retrica tuvo el poder de fascinar por la brusquedad y la fuerza de la palabra publicstica; sin embargo, esa palabra dura, fuerte, sin ornatos, estuvo en boca de esa mujer condenada al fracaso.

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II

Que despus de una ausencia de veinte aos, al volver a mi pas natal encuentre lo que iria conocer por vez primera. El lar Patrio! ese bienestar que solo conozco por las descripciones de Lamartine, por los cantos del Child Harold de Byron .... si as no fuese ..... si en vez de simpatias me volviesen indiferencia, si en vez de hermanos hallase enemigos, qu haria? Alzar el bordon del peregrino e ir buscar una Patria en alguna parte del mundo, donde la inteligencia de la muger no sea un delito. (Ultimo dia del ao y ao nuevo, lbum de Seoritas, N 1, 1/1/1854, p. 2)

Como hemos expuesto ms arriba, el diseo y configuracin de cartografas imaginarias ponen en escena espacios culturales donde modalidades discursivas abren (y se abren a) una multiplicidad de recorridos genricos al mismo tiempo que permiten atravesar los modos de decir de una poca. En este sentido, la nocin de espacios cartogrficos siempre implica una especfica topografa epistmica: un paisaje, una forma de conocer o de decir.14 En funcin de lo que viniramos proponiendo hasta el momento, me interesa hacer jugar el peridico lbum de Seoritas de Juana Manso como un mapa de los modos de decir los que indiscutiblemente ponen en funcionamiento tanto los modos de narrar cuanto los modos de leer de una de las ms controvertidas mujeres argentinas del siglo XIX Es necesario recordar aqu que, en el siglo XIX, la contribucin10

femenina a la cultura impresa se vio significativamente potenciada por las revistas literarias y los peridicos, una forma sugestiva para las mujeres de entrar en la res publica y brindar una voz propia a la nacin. A travs de la via de los peridicos culturales, las mujeres no slo se comprometieron en la discusin nacional sino que produjeron un lenguaje propio para poder ingresar en ese debate. 15 Estas publicaciones tenan por objeto considerar no slo las responsabilidades domsticas sino que tambin revisaban conceptos sobre la belleza femenina y patriotismo. En busca de un nuevo discurso sobre las mujeres que pudiese compensar la atencin puesta en la moda, estas revistas femeninas dirigan especialmente su atencin a la educacin formal. La verdadera conquista de las diferencias fsicas, que separaban a las mujeres de los hombres, afirmaban, deba lograrse a travs de la instruccin y el desarrollo moral. En este contexto, la propuesta16 de Juana Manso de Noronha fue particularmente abarcadora ya que pretendi realizar un cambio revolucionario tanto en la esfera pblica como en la privada; sus blancos fueron el autoritarismo de la religin y la familia y la injusticia social de la esclavitud y el racismo. Es interesante recordar que cuando Juana Manso, apenas levantado el sitio de la ciudad lleg al Buenos Aires pos-Caseros, no fue recibida por la sociedad portea con entusiasmo sino que por el contrario tuvo que enfrentarse a un ambiente que le fue abiertamente desfavorable. Sin embargo, como ya hemos afirmado, su objetivo era claro: introducirse en el mundo de la prensa, ejercer el periodismo como modo de vida en el marco de las necesidades de su casa las propias y las de sus dos hijas y sostener el espacio familiar, dado que haba sido abandonada por su marido durante la ltima etapa del exilio en Brasil. En un primer momento, busc empleo en peridicos de tendencia liberal sin xito a pesar de haber tenido como antecedente y experiencia la exitosa revista semanal O Jornal das Senhoras de Ro de Janeiro. No obstante los contratiempos y el escaso dinero que an posea, llev a cabo la riesgosa empresa de fundar el lbum de Seoritas, Peridico de Literatura, Modas, Bellas Artes y Teatros cuya primera entrega apareci en Buenos Aires el 1 de enero de 1854.11

El proyecto de Manso explicitado desde ese primer nmero aparece jugando un juego doble a travs del cual podemos observar cmo la palabra panfletaria se esfuerza por aparecer como domsticamente periodstica. ...quiero, y he de probar que la inteligencia de la muger, lejos de ser un absurdo, un defecto, un crmen, un desatino, es su mejor adorno, es la verdadera fuente de su virtud y de la felicidad domstica porque Dios no es contradictorio en sus obras, y cuando form el alma humana, no le di sexo --La hizo igual en su escencia, y la adorn de facultades idnticas Si la aplicacion de unas y de otras facultades difiere, eso no abona para que la muger sea condenada, al embrutecimiento, en cuanto que el hombre es dueo de ilustrar y engrandecer su inteligencia; desproporcion fatal que solo contribuye la infelicidad de ambos y alejar mas y mas nuestro porvenir. Y no se crea que la familia no es de un gran peso en la balanza de los pueblos, ni que la desmoralizacion y el atraso parcial de los individuos no influye en bien en mal de la sociedad colectiva. (La Redaccion, lbum de Seoritas, N 1, 1/1/ 1854, p. 1) No olvidemos que todo texto es, en realidad, un escenario armado por el autor o la autora para establecer su propuesta en el campo de un dilogo imaginario con el pblico lector, al que ubica como un cmplice, una autoridad, un objetador o un adversario. Es que ese autor juega a instalarse siempre como un lector social del rumor de discursos fechados, mientras se vuelve al mismo tiempoen un escritor o escritora de silencios pautados por la poca. En este sentido, el lbum de Seoritas puede ser pensado como un verdadero mapa desplegado a travs del cual es posible leer los temas y problemas que interesaban a la proscripta recientemente vuelta a su patria. A travs de sus pginas la Manso comentar las leyes en Estados Unidos, discutir la importancia de los nuevos aporte tecnolgicos, atacar la base de la iglesia catlica,17 insistiendo en la necesidad de la libertad de palabra:18 escenas12

discursivas que apuntan desde todos sus flancos a la soledad que protagonizara su proyecto dado que, salvo la colaboracin de Anarda en la seccin Correspondencia-Modas de la primera y segunda entregas, el resto de los artculos, como veremos a continuacin, llevan su firma:

LBUM DE SEORITAS. Peridico de Literatura, Modas, Bellas Artes y Teatros.Primer nmero (enero 1 de 1854): *La Redaccin. Juana Paula Manso de Noronha *Ultimo da del Ao y Ao Nuevo *Emancipacin moral de la muger por Juana Paula Manso *Viages del Conde de Castelnau por El Interior de Amrica Entrada al Per, Puno, Lago de Chucuito, Arequipa, Islay *Correspondencia - Modas (firma Anarda) *La familia del comendador. Novela Original por Juana Paula Manso de Noronha (La quinta de Bota Fogo) *Crnica Semanal (Poema: Una flor sobre la tumba de mi compatriota la Sra. Da. Mara Alvarez de la Pea por Juana Paula Manso de Noronha. Ro de Janeiro, Abril de 1850) *Ancdotas Segundo nmero (enero 8 de 1854): *Organizacin de las Escuelas (continuar). *Ilustracin de la Muger - Filosofa. Estudios - Primera Parte (continuar)13

*Mesas Giratorias *Correspondencia - Modas (firma Anarda). *La familia del comendador. Novela Original por Juana Paula Manso de Noronha (Cap. II: El novio) *Ancdota. Nombres Histricos Tercer nmero (enero 15 de 1854): *Educacin popular. De la Educacin de los Nios *Ilustracin de la Muger - Primera Parte - Filosofa (cont.) *Viages del Conde de Castelnau por El Interior de Amrica Entrada al Per, Puno, Lago de Chucuito, Arequipa, Islay (cont.) *La familia del comendador. Novela Original por Juana Paula Manso de Noronha (Todava captulo antecedente) *Crnica de la quincena *Variedades *Navegacin a vapor *Cristbal Coln Cuarto nmero (Enero 22 de 1854): *Ilustracin de la Muger. (Filosofa) *Educacin Popular. (continuar) *Los Baos de Cap-May *Clasificacin Artista *La familia del comendador. Novela Original por Juana P. Manso de Noronha (Cuadro de Interior) Quinto nmero (enero 29 de 1854): *Ilustracin de la Muger. Filosofa. Psicologa - Estudio del Alma Humana *La Homeopathia. Medicina Casera *Viages del Conde de Castelnau por El Interior de Amrica. Entrada al Per, Puno, lago de Chucuito, Arequipa, Islay *Al Cruzar la Equinoccial *La familia del comendador. Novela Original por Juana P. Manso de Noronha (Nuera y Suegra) *Las Misiones *Coincidencia Singular14

*Al Seor G. de la Tribuna *A Nuestras Subscriptoras. Juana P. Manso de Noronha *Modas - Mximas Morales Sexto nmero (febrero 5 de 1854): *Educacin Popular. Libros de enseanza primaria *Ilustracin de la Muger. Filosofia *La Homeopathia (Continuacin) *Casa de refugio del estado de Pensilvania *La familia del comendador. Novela Original por Juana Paula Manso de Noronha (Revelaciones) *Luisa Miller Sptimo nmero (febrero 12 de 1854): *Educacion Popular *Viages del Conde de Castelnaux por El Interior de Amrica. Lago de Chucuito Titicaca *La familia del comendador. Novela Original por Juana P. Manso de Noronha (Ernesto de Souza) *La Trenza de sus Cabellos *Desembarco en Buenos Aires *Libertad de Conciencia *Hechos de la vida humana *Promesas de Muger *Los comedores de arsenico Octavo nmero (febrero 17 de 1854): *Ilustracin de la Muger. Filosofa. (Estraido de un curso de filosofia de Geruzez) *Educacion de la Muger *Drama desconocido *La familia del comendador. Novela Original por Juana P. Manso de Noronha (Situaciones). (La Fugitiva) *Cierre del peridico LA REDACTORA) PIE DE IMPRENTA: (Imprenta Americana, calle Santa Clara nm. 66)15

Al recorrer los ttulos que conforman las sucesivas entregas nos es posible observar las marcas explcitas de un modo de leer que pone en escena una versin-otra de la poca donde una voz de mujer polemiza con la imagen de la madre republicana instalada por la historia oficial, una imagen que destinaba a la mujer slo el lugar de ocuparse de las tareas domsticas y la instruccin hogarea de los futuros ciudadanos de la nacin. Esta voz tendr, entonces, por objeto sacar a la luz escenarios tradicionalmente ensombrecidos por las costumbres patriarcales,19 hecho ste que apunta a la intencionalidad de Manso de elevar los tonos de la polmica hasta convertirlos en ejemplares. Sin lugar a dudas esta ejemplariedad se propone, como fin explcito desde la primera entrega; en Emancipacin moral de la mujer Juana Manso planta (y se planta en) el plemos ejemplar al descorrer con extrema y militante claridad discursiva el velo que la sociedad patriarcal del Buenos Aires de 1854 pretenda mantener frente a sus ojos cuando del lugar de participacin que la mujer tena en la sociedad se trataba.20 Apelando en forma sostenida a cerrar las brechas aparentemente insalvables sostenidas por las dicotomas de la esfera pblica y privada con el objeto de organizar un dilogo acerca de la nacin, Manso propona reconsiderar el debate sobre civilizacin y barbarie, desde la casa. Al ubicar la escena de dicho debate en el mbito del hogar, es decir, al hacer que la instancia privada se convirtiese en una verdadera caja de resonancia de la pblica, invierte los polos emblemticos; hecho ste que tena por objeto revisar los temas y problemas polticos fundantes del imaginario del siglo XIX americano: Europa/Amrica, Civilizacin/Barbarie, Cultura/Naturaleza. El elemento americano dominar exclusivamente los artculos literarios. Dejaremos la Europa y sus tradiciones seculares, y cuando viagemos, ser para admirar la robusta naturaleza, los grmenes imponderables de la riqueza de nuestro continente: y no perderemos nada. All el pensamiento del hombre y el polvo de mil generaciones! aqu el pensamiento de Dios, puro, grandioso y primitivo, que no es posible contemplar sin16

sentirse conmovido. (La Redaccion, lbum de Seoritas N 1, 1/1/1854, p. 1). Sin embargo, no podemos dejar de observar que su gesto abre una brecha an mayor ya que el mismo politiza espacios en apariencia neutralizados por cdigos fuertemente arraigados en las costumbres de la poca. Recordemos que la representacin de la unidad familiar haba servido a la estabilidad de la nacin emergente. Ella no slo se haba convertido en un modelo para la reproduccin de los valores nacionales y para el avance de la ideologa del estado sino que haba contribuido a brindar una equilibrada versin de la vida domstica de la sociedad al desafiar toda evidencia de anarqua nacional o caos. As, la familia nuclear era utilizada para representar una Argentina normalizada donde el orden domstico pareca exponer tanto las pruebas como las bases de la prosperidad nacional. Es precisamente este orden el que amenaza ser desordenado por los sealamientos del lbum al tensionar hasta el lmite las posibilidades discursivas que pone en funcionamiento la escritura generada en el hogar; una escritura que se propone como un modo de extender el dilogo sobre la ausencia de una educacin21 adecuada que capacitara al futuro ciudadano del Estado.22 Asimismo, en esa poca, la estabilidad y el orden domsticos cumplan con una funcin poltica a travs de la cual los padres, al imponer la paz familiar, se mostraban capaces de tranquilizar el clima de la nacin. Es necesario, entonces, tener en cuenta que, cuando el paradigma de la civilizacin versus la barbarie defina el siglo XIX en tensiones polticas, la familia era pensada a partir de la imagen de un orden para la nueva sociedad cuyos extremos eran el caos y las reglas autoritarias.23 Es fcil observar as que, a travs de la propuesta de Manso y su lbum, esa paz del hogar corra el peligro de verse conmovida desde dentro por el cuestionamiento de los lugares sancionados y establecidos: el espacio de lo femenino/el espacio de lo masculino. De este modo, la casa, las tareas domsticas y un amplio mundo de sensibilidad y sentimientos se convertiran en el mapa ideal para juzgar los abusos del matrimonio, el acceso limitado a la educacin o los viajes.17

Si soy tan feliz que consigo la proteccion de mis compatriotas, desenvolver un plan de estudios que creo apropsito para mi objeto. Conocimientos fciles de adquirir que estuvieron hasta hoy en el recinto del misterio y en el dominio exclusivo de los hombres y que publicados en este peridico harn mas por el desenvolvimiento de la inteligencia que millares de reflexiones y de palabras. Todos mis esfuerzos sern consagrados la ilustracion de mis compatriotas, y tendern un nico propsitoEmanciparlas de las preocupaciones torpes y aejas que les prohiban hasta hoy hacer uso de su inteligencia, enagenando su libertad y hasta su conciencia, autoridades arbitrarias, en oposicion la naturaleza misma de las cosas... (La Redaccion, lbum de Seoritas, N 1, 1/1/1854). Las modalidades discursivas articuladas por la cronista del lbum son inequvocas: con un lenguaje duro, frontal y en ciertas ocasiones hasta amenazante llamaba a sus pares a hacerse cargo de una tarea que las ubicara en una centralidad inteligente. Acostumbradas a circular por la marginalidad de los bordes de una identidad (aparentemente) masculina, las funciones femeninas haban sido hasta ese entonces las de soportar el silencioso peso de la dependencia. Ese peso histrico y cultural hace que Juana Manso asuma el tono militante con el objeto de mostrar la pesada carga que las mujeres sostienen en el momento de ejercer su lugar de representacin en la sociedad. Sociedad que las ubicaba en una trastienda24 vivida y sentida por Manso como escenario subalterno y degradado. No obstante, su propuesta no pretende ubicarse en la mera denuncia plaidera de quien resiste dbil pero tozudamente con tretas oblicuas. Su apuesta es, por el contrario, desafiante: ...quiero, y he de probar que la inteligencia de la muger, lejos de ser un absurdo, un defecto, un crmen, un desatino, es su mejor adorno, es la verdadera fuente de su virtud y de la felicidad domstica porque Dios no es contradictorio en sus obras, y cuando form el alma humana, no le di sexo- -La hizo igual en su escencia, y la adorn de facultades idnticas Si18

la aplicacion de unas y de otras facultades difiere, eso no abona para que la muger sea condenada, al embrutecimiento, en cuanto que el hombre es dueo de ilustrar y engrandecer su inteligencia; desproporcion fatal que solo contribuye la infelicidad de ambos y alejar mas y mas nuestro porvenir. Y no se crea que la familia no es de un gran peso en la balanza de los pueblos, ni que la desmoralizacion y el atraso parcial de los individuos no influye en bien en mal de la sociedad colectiva (La Redaccion, lbum de Seoritas, N 1, 1/1/ 1854). En esta insistencia de la Manso por hacer emerger una identidad que fuese compatible con la dignidad nos vemos enfrentados a la configuracin de una dicotoma militante cuyos polos parten y reparten los bienes reales y simblicos que se dirimen en una nacin en formacin. Sin embargo no slo de bienes trata este alegato sino tambin y mucho ms importante de espacios de decisin donde era necesario, cada vez y con ms fuerza, insertar una imagen de mujer cuya dignidad operase sin escamoteos ni subterfugios. En este sentido vemos como la publicista destaca con slidos argumentos una visin distinta sobre la capacidad y presencia femeninas en la lucha por la vida. No es de extraar que dichos argumentos hayan sido percibidos como una abierta amenaza al civilizado nuevo orden nacional que se intentaba poner en marcha. Cmo habrn resonado en la sociedad posrosista estos planteos apartados en demasa de las decorosas modalidades que el buen gusto impona que los tonos discordantes orquestados por Juana Manso llevaron al semanario a ver su fin, por falta de suscriptores, tan slo ocho semanas despus de haber aparecido por primera vez. En la entrega nmero 8 del da 17 de febrero de 1854, en la ltima pgina casi nos asombra por lo escueto y descarnado de su tono la aparicin de una nota, carente de ttulo, que anuncia esta vez sin prembulo alguno el cierre del lbum. No obstante, no puede escapar a nuestra observacin las modalidades maternales con las que Juana Manso da por tierra con su proyecto y asume la frustracin del fracaso.19

Concluyen con este nmero mis tareas, y con el derecho del amor maternal, labro aqu el epitafio de este mi querido hijo,25 cuya muerte prematura es para su madre una decepcion de mas en la vida, una gota mas de acbar en el cliz, una espina de mas en el alma!(s/m) Vivi y muri desconocido como su madre lo fu siempre en la region del Plata; no bastaron ni cuidados ni sacrificios robustecerle una vida minada por la consuncion desde que naci en el desamparo y en el pramo de la indiferencia: ah quedas hijo mio, pgina de mi alma, que encierras mas de un misterio de dolor: en tu fosa solitaria quin depondr una flor? Nadie! (Nota final s/t en lbum de Seoritas, N 8, 17/2/ 1854, p. 64, s/ del texto.) Tampoco se nos escapa el sordo sarcasmo con el que increpa a sus lectoras en la despedida: cuestiones de pureza de lenguaje, utilidad y estilo, impuestas desde la normativa del deber ser de la lengua, han tenido siempre la funcin de disciplinar el desborde cacofnico de voces subalternas.26 En este sentido, Manso acusa el desafo, toma el guante y amargamente lo devuelve: Adios pues, lectoras, perdonad si acostumbrada escribir en otro idioma, no us un lenguage puro y castizo; si mi corta inteligencia nada cre que os fuere til, y si mi estilo no tiene la fluidez y la frescura de otros. (Nota final s/t en lbum de Seoritas N 8, 17/2/1854, p. 64, s/m.) Acaso, le falt tacto y le sobr coraje o tal vez cometi el error de creer que las mujeres de ese Buenos Aires que pretenda a toda costa tranquilizarse polticamente tras la cada de Rosas podran llegar a tener parecidas necesidades intelectuales a las suyas o similar empuje para ganar sus derechos naturales y asumir sus responsabilidades. No casualmente, al asumir el fracaso, sentencia con patetismo lo que podra ser caracterizado como el lema de su trayectoria pblica: No fu la voluntad la que me falt, pero cada uno es lo que es y no lo que debera ser.20

Anarda, esa nica colaboradora

Nuestra nica colaboradora, la seorita Anarda, nos ha enviado su primer artculo sobre la moda, hemos obtenido su cooperacion, bajo promesa solemne de conservarle el incgnito mas impenetrable. Cumpliremos nuestra promesa, pero recomendamos a nuestras compatriotas que la imiten enviando sus correspondencias al escritorio de la redaccion calle de Santa Clara nm. 11 (lbum de Seoritas, N 1, nota s/t, 1/1/1854, p. 5) (s/m).

El impacto que produjo el periodismo en el diseo del mapa cultural en la Argentina del siglo XIX ha sido fundacional e innegable. A mediados de este siglo, adems, era posible observar dos tipos de peridicos de mujeres27 : revistas editadas por hombres28 y dedicadas insistentemente a cambiar gustos femeninos en lo que a estilos y modas se refera y como venimos planteando ms arriba peridicos liberales republicanos, editados por mujeres, dedicados principalmente a demandar por la emancipacin femenina y por una voz en el debate nacional. Esta ltima clase de publicaciones, a menudo, se encontr con fuertes reacciones en contra, hecho ste que las enfrent a la constante amenaza de una existencia efmera. Asimismo, con el levantamiento de la censura tras la cada de Rosas en Caseros las mujeres comenzaron a participar activamente en los debates contemporneos sobre la reconstruccin del estado. Los diarios del perodo pos-rosista indicaban el creciente nmero de mujeres letradas y tambin sealaban la presencia femenina en una proporcin significativa de lectoras. En este21

contexto, las mujeres utilizaron la esfera domstica para desarrollar nuevos cdigos de aprendizaje y expandir la conversacin29 pblica a travs de redes intradomsticas que les eran propias. Esto se observa particularmente en la riqueza de dilogos sostenidos por los peridicos feministas del siglo XIX, que abarcan desde el comentario de modas y cosmticos hasta la especulacin filosfica y cientfica. En este sentido, las columnas de Modas pertenecientes a estos peridicos urgan a las mujeres a no imitar el estilo europeo sino a defender la autonoma americana en cuestiones de moda y de ideas. La vestimenta se converta, as, en una cobertura del cuerpo poltico, una forma de comprometerse en discusiones sobre ambientes, orden social, y ley. El tema de la moda, adems, funcionaba como una verdadera estrategia discursiva a partir de la cual no slo se trataban cuestiones que tenan que ver con el modo, el lugar y el tiempo que las mujeres, en una nacin del continente americano recientemente conformada, ponan en funcionamiento al vestirse sino que tambin operaba como un baremo del grado de recepcin y por ende de lectura que el peridico en cuestin lograba en la sociedad. No slo la columna Modas ser el espacio privilegiado para tratar sobre estos temas. En diversos momentos del lbum Manso plante con insistencia que la organizacin de la vida cotidiana afectaba todas las cuestiones del vestido. Segn sus planteos la distribucin social del espacio pblico y los conflictos en la ciudad emergente determinaban tanto los cdigos del vestido como la conveniencia de la moda. Finalmente, ella se precava en contra del excesivo nfasis en el estilo; la forma de remediar el sistema social era atender no lo que ella llamaba lo visible y lo falso sino los encum-brados valores del espritu, la tica y el intelecto. Es precisamente en este contexto que el lbum de Seoritas se vuelve emblemtico dado que a travs de algunas de sus entregas podemos dibujar el mapa discursivo del proyecto periodstico de Juana Manso y su fracaso. Mi deseo es hacer jugar aqu la historia de la seorita Anarda, nuestra nica colaboradora como dir la redactora del peridico, debido a que la misma se presenta a modo de una narracin particularmente interesante de enhebrar tanto explcita cuanto22

implcitamente a travs de la lectura de los nmeros uno, dos, cinco y siete de la revista. El relato comienza, entonces, en gnero epistolar30 desde la primera entrega del lbum donde la elegante portea de impenetrable incgnito,31 no lo olvidemos declara haber cedido a la invitacin de participar en el proyecto publicstico de Manso. Es por ello, agrega, que: os envio mi primer artculo para nuestro peridico que yo espero ser muy breve nuestro, quiero decir el del Bello Sexo Argentino que no podr sin alto crmen de indiferentismo sus propios intereses negaros la simpatia y proteccion que mereceis. (Modas, lbum de Seoritas, N 1, 1/1/1854, p. 5) (El nfasis pertenece al texto original) Deseara detenerme slo por un momento en la modalidad nuestro que con verdadera insistencia aparece tanto en la convocatoria del lbum que abre a modo de acpite esta seccin cuanto en el encabezamiento que hace Anarda en su artculo. A riesgo de hacer una lectura demasiado literal, creemos que ese nuestro incluye en su espacio enunciativo solamente a la Redactora y a la colaboradora lo que dara seales de un expreso rechazo por parte del Bello Sexo Argentino hacia la propuesta periodstica inaugurada por Manso. Asimismo se podra connotar en dicha modalidad un tono afectivo y, por ello, concluir que hasta ese momento tan solo el do protagnico se consideraba comprometido positivamente con el proyecto. Si bien en la primera entrega la modalidad de escritura de Anarda corre el riesgo de ser fcilmente homologada a la de Manso por lo crtico de su acento (no slo crtico, tambin y mucho ms irnico,32 si se quiere) y pretender que la Redactora hubiese podido ficcionalizar la puesta en escena de una colaboradora para su peridico, a medida que se van dando las sucesivas entradas de Anarda en la escena discursiva (y digo entradas y no entregas ya que el lbum la contar en sus pginas slo una vez ms) su distancia con Manso parece confirmarse. En este sentido asistimos a travs de la lectura de la segunda colaboracin de Anarda aparecida en el nmero dos del lbum (8/23

1/1854) a una puesta en escena cuyos tonos han desplazado tanto la modalidad afectiva nuestro cuanto al par crtico-irnico enunciados antes para privilegiar otro par de caractersticas verdaderamente diferentes: el reproche y el lamento. En esta segunda entrega observamos cmo la imagen periodstica de Anarda se desmorona y los tonos discursivos con los que haba, osadamente, asaltado el espacio de la seccin Correspondencia - Modas del nmero anterior desaparecen completamente para dar paso a los nuevos acentos con los que la compungida colaboradora intenta no tanto hacerse or sino -tal vez- hacerse perdonar por su osada a travs de una verdadera demarcacin de lmites y responsabilidades. Dir, entonces:

Mi querida Redactora. Mucha es la amistad que debo profesarle vd. cuando consiento en continuar la dificil tarea de ayudar vd. en la empresa de la publicacion de su peridico. Pregunt vd. como encontraba mi artculo antecedente, me contest vd. Perfectamente. Ay amiga mia, vd. me ha engaado por moderacion, porque su cario mismo ha sido el culpado!.... Es verdad seora Noronha qu cosa tan buena y tan mala es el incognito. Tan buena, porque oimos la verdad, desnuda de toda consideracion, porque esa Anarda a quien nadie conoce, que le es indiferente todos, de cuya capacidad nadie se cura, porque no hay un nombre que respetar, ni un respeto humano delante del cual inclinarse.... esa Anarda se le dice en su cara: Lo que vd. escribe no vale la pena. Cmo se atreve vd. poner en letra de imprenta sus necedades?... Y si esta Anarda, esta incgnita fuese la seorita D.a Fulana, rodeada del prestigio, del nombre, del lujo, de la fortuna, cosas todas que consienten la impunidad, tal vez seria espirituosa, chistosa &. &. Es bueno el incgnito mi querida redactora!.. Pero ay quite vd. all, que ruin y villana cosa es oir el fallo cruel de la opinion.(lbum de Seoritas, N 2, 8/1/1854, p. 12) (El nfasis pertenece al texto original)24

El fallo cruel de la opinion se hace oir coralmente;33 su contundencia en la desautorizacin es de tal magnitud que Anarda no tiene otra alternativa que darle un espacio preferencial en su nota. Aunque tensionando la lectura un poco ms all podemos arriesgarnos a figurar que las voces de la opinin invaden la columna del peridico, la contaminan con su juicio descalificante34 hasta sumir a la firmante en el ms absoluto silencio. Tan es as que Anarda se trastocar de seudnimo protector en epteto que disuelve la (pseudo) identidad de una firma apcrifa. Restan tan slo exponer las marcas de las dos ltimas entradas (o tal vez cabra mejor denominarlas salidas) de este personaje en el escenario del lbum; ambas de la mano de la Redactora, ambas, tambin, presentes para sealar su ausencia y silencio. Una aparece en la quinta entrega bajo el ttulo Modas donde Juana Manso lacnicamente anuncia: Nuestra colaboradora de Barracas, est enferma hacen tres semanas, razon esta por la cual no nos envia su apreciado contingente. (lbum de Seoritas, N 5, 29/1/1854, p. 40); la otra, teida con el peso del cansancio y la soledad en que la tarea de llevar adelante el peridico la haba embarcado hace que el recuerdo de la desercin de la colaboradora le arranque (casi) una malhumorada imprecacin. En Desembarco en Buenos Aires, nota perteneciente al sptimo nmero, Manso ya no puede enmascarar el grado de insatisfaccin y falta de respuesta que el lbum de Seoritas protagoniza: hacia media hora que revolviamos en la mente, mil proyectos confusos de artculos; ya queriamos una cosa, ya la otra, vaya, y qu le agradar al pblico, y qu le dirmos de bueno; esto es srio, aquello es chuzco por lo demas; ciencias? ay! es tiempo perdido; artes? s, pero sino las hay... modas? mal haya la colaboradora de Barracas que tan mal propsito se enferm! (lbum de Seoritas, N 7, 12/2/1854, p. 54. El nfasis es mo). Enfermedad y silencio sern, as, los componentes del ltimo par de acentos, encarnados por Anarda; acentos tan femeninos en la historia patriarcal de las ideas que no dejan lugar a dudas25

sobre el agujero negro que sealan en el espacio discursivo que haban intentado abrir. Enfermedad y silencio marcas explcitas del lenguaje dependiente en que la mujer queda sumida cuando se la inserta en un modelo sexual y psquico que no es el suyo propio y que constituye tradicionalmente la nica legitimacin que se le ha permitido como voz social. Dice a este respecto Anglica Gorodischer que:35 [C]uando se trata de la voz escrita, todos los lugares para nosotras siguen siendo hostiles lugares de silencio, ya que si se define el conocimiento como el conjunto de significaciones de que se dispone, y si se tiene en cuenta que todo ese conocimiento es una construccin de la sociedad patriarcal y que con l esa sociedad intenta dar sentido explcito a una existencia que usa la voz precisamente por carecer en apariencia de todo sentido, es entonces evidente que el quiz vasto, quiz inimaginable repertorio de las significaciones pertenecientes a las mujeres, que podran explicar y ordenar su visin del mundo y ampliar la de la sociedad, ese repertorio no existe, est borrado del lenguaje y como dijo Dale Spender, no hay lugares semnticos para la mujer en ciertas reas de experiencia codificadas como historia o arte o ciencias polticas. Adrienne Rich lo expuso de otra manera: en un mundo en el que el lenguaje y la adjudicacin de nombres pertenecen al poder, el silencio es opresin y violencia.

Anarda-nuestra colaboradora de Barracas-la colaboradora de Barracas finalmente calla porque est enferma o tal vez a fuerza de ser suspicaces y maliciosas podramos decir que se enferma para poder (a)callar el rumor que su palabra haba desatado. Tal vez, desde entonces, sus intercambios discursivos habrn adscripto al registro permitido y permisivo de la charla inofensiva y protectora. Claro que el trmino charla ya indica que estamos nuevamente ante una tipificacin despreciativa dado que charla no es conversacin sino que es el menosprecio de la conversacin. Es la conversacin que se les permite a ellas, es decir, el intercambio de palabras que se les consiente. Como dice el26

DRAE, charlar es hablar mucho, sin sustancia o fuera de propsito; esto llevara a concluir que dado que las mujeres no son mudas, permtaseles siquiera charlar, por supuesto, entre ellas y en la seguridad de que no van a arreglar el mundo. Sin embargo Juana Manso nunca charlar en cualquiera de los espacios en que tuvo que instalar su palabra sino que en ellos hablar, conversar, reflexionar y hasta arengar, cuando llegue el tiempo de su militancia educativa. El lbum de Seoritas es un emblema de los tonos discordantes que ella supo poner en escena en el mapa cultural de mediados de siglo XIX en la Argentina. Pero al mismo tiempo, es el paradigma de las reacciones con las que tuvo que enfrentarse a lo largo de su incansable tarea. No casualmente, algn tiempo despus, Sarmiento seguir aconsejndole: Baje U., pues la voz en sus discursos y en sus escritos a fin de que no llegue hasta aqu el sordo rumor de la displicente turba (Nueva York, 1867). 36

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29 de enero de 1854. Quinta entrega.

Nations themselves are narrations. Edward Said37

Si bien en la actualidad resulta difcil recrear en la imaginacin un estado de vida en que una nacin sea considerara como algo totalmente nuevo, ello no fue lo que sucediera en Occidente en general y en las Amricas en particular a lo largo de todo el siglo XIX. En este sentido nos encontramos con una idea altamente sugerente a travs de la propuesta de Benedict Anderson cuando plantea que fueron tanto el peridico cuanto la novela como formas narrativas las que brindaron los trminos tcnicos de re-presentacin del modo de comunidad imaginada que es la nacin. 38 Para tomar en consideracin la relacin imaginaria que existi entre lengua-impresa, conciencia nacional y estado-nacin, es necesario propone Anderson echar una mirada sobre el gran agrupamiento de nuevas entidades polticas que se dieron lugar en el hemisferio occidental en el perodo comprendido entre los aos 1776 y 1838, las que conscientemente se definieron como naciones y que con excepcin de Brasil decidieron darse la forma de repblicas (no-dinsticas). Ellas no slo fueron histricamente los primeros estados que emergieron en el escenario mundial, y por lo tanto inevitablemente proveyeron los primeros modelos reales de los que tales estados deberan ser sino que su nmero y nacimiento contemporneos ofrecen un rico campo para el trabajo comparativo. La verdadera posibilidad de imaginar la nacin slo surge histricamente cuando, y dnde, tres fundamentales concepciones culturales -en verdad antiguas- pierden su encuadre axiomtico en28

la mente de los hombres. La primera de estas fue la idea de que un particular lenguaje escrito ofreca acceso privilegiado a la verdad ontolgica, precisamente porque era una parte inseparable de esa verdad. En realidad, fue esta idea la que permiti la existencia transcontinental del cristianismo, el islamismo y el resto de las religiones. En segundo lugar nos encontramos con la creencia de que la sociedad estaba organizada naturalmente alrededor y bajo grandes centros-monarcas, los que al aparecer como personas distintas de los restantes seres humanos gobernaban a travs de alguna forma de dispensa cosmolgica (divina). En este sentido, las lealtades humanas se presentaban como necesariamente jerrquicas y centrpetas a causa del gobernante, as como las sagradas escrituras, se convertan en un nudo de acceso al ser y a la herencia. Y para terminar, exista en tercer trmino una concepcin de la temporalidad en la cual la cosmologa y la historia eran indistinguibles ya que los orgenes del mundo y de los hombres se conceban como esencialmente idnticos. Combinado con ello, estas ideas marcaron firmemente las vidas humanas en la naturaleza de las cosas, dando cierto significado a las fatalidades cotidianas de la existencia (sobre todo la muerte, las prdidas y la servidumbre) y ofrecieron, en varias formas, redencin de ellas. El lento declinar de estas certezas interconectadas, primero en Europa occidental, ms tarde en todas partes, bajo el impacto del cambio econmico, los descubrimientos (sociales y cientficos) y el desarrollo de las comunicaciones cada da ms rpidas, abri una ancha brecha entre cosmologa e historia. No sorprende entonces, que la bsqueda fuera la de un nuevo modo de relacionar fraternidad, poder y tiempo significativamente juntos. Tal vez nada precipit ms esta bsqueda, ni la hizo ms fructfera, que el capitalismo-impreso, el que hiciera posible que un creciente nmero de pueblos, pensaran en s mismos y se relataran unos a otros, en modos profundamente nuevos. En este sentido, la idea de un organismo sociolgico trasladndose por el calendario a travs de un tiempo vaco y homogneo es anloga precisamente a la idea de nacin, la que tambin es concebida como una slida comunidad movindose sostenidamente hacia un lado (u otro) de la historia.29

Me interesara ubicar en este momento una pregunta que pueda abrirse como interrogante en el estudio del peridico lbum de Seoritas, en la medida en que considero que ste se presenta como el emblema del proyecto domstico a travs del que Juana Manso imagina una nacin. Me refiero, en este contexto, a preguntarnos cul sera la convencin literaria esencial del peridico como modalidad genrica y discursiva.39 La respuesta podra ser ubicada en la idea de que todo peridico como tambin propone Anderson genera la ficcin de imaginar conexiones entre hechos que se daran en un aqu y ahora figurados narrativamente. Estos lazos imaginados derivaran de dos fuentes relacionadas oblicuamente: la primera es simplemente la coincidencia de calendario; la fecha en el encabezado del peridico proveera de la esencial conexin entre los hechos el estable reloj interno de un tiempo vaco, homogneo. Dentro del tiempo, es el mundo el que avanza tenaz y narrativamente, por lo que el formato novelstico del peridico asegurara la reaparicin de los personajes. Por otra parte, la segunda fuente de un lazo imaginado residira en la relacin que existe entre el peridico, como una forma de libro, y el mercado.40 En este contexto, los peridicos hispanoamericanos que surgieron hacia fines del siglo XVIII se escribieron con plena conciencia de sus provincianos editores y escritores acerca de la existencia de mundos semejantes al suyo. Los lectores de peridico de la ciudad de Mxico, Buenos Aires o Bogot, aunque no leyeran los peridicos de las otras ciudades, estaban muy conscientes de su existencia. As se explica la conocida duplicidad del temprano nacionalismo hispanoamericano, su alternancia de gran alcance y su localismo particularista. Por otra parte, en el siglo XIX, el surgimiento y evolucin de la prensa signific un sensible desarrollo para la literatura. El lenguaje interrumpido, discontinuo, de la conversacin encontr en la simultaneidad y el fragmentarismo periodstico una forma privilegiada para luego desplazarse tambin como forma a la literatura. Aunque sin duda la entrega semanal o mensual del material escrito debe haber causado dificultades a los escritores, en especial debido a la tensin y a la urgencia en la elaboracin del30

material creativo, tambin hay que reconocer que esta modalidad de escritura tena sus ventajas: la publicacin periodstica permiti una difusin de la obra hasta entonces pensada como imposible; como consecuencia de la urgencia por entregar el material escrito, los escritores tuvieron que acostumbrarse a hacer ms gil la labor, a combinar las acciones de tal manera que la atencin de los lectores pudiera mantenerse en suspenso hasta la siguiente entrega. Es decir que los escritores debieron alcanzar un gran dominio tcnico. El gnero folletn41 nace, entonces, a fines del siglo pasado cuando el periodismo, con el fin de mantener y aumentar suscriptores, se aparta de la pura funcin noticioso-crtica que le era propia e incluye la ficcin narrativa en sus pginas. Este tipo de literatura muestra el funcionamiento de mquinas montadas para retener la fidelidad consumidora del lector, funcionamiento que por imposicin de los mecanismos de la prensa abarcaba centenares de pginas y decenas de tomos. La modalidad folletinesca tiene por caracterstica poner en escena frecuentes cortes en la narracin los que provocan y prolongan el suspenso, el proceso de desplazamiento de un personaje principal y el paralelo ascenso de un protagonista secundario, las incongruencias y los paralogismos, las resurrecciones impuestas por las presiones del pblico, los juegos con las apariencias de las cosas, los puentes tendidos hacia el lector y las complicidades del narrador omnisciente. Hay elementos que desde el comienzo aseguraron al folletn el xito de pblico que siempre obtuvo, entre ellos se pueden destacar: la fragmentacin y el suspenso. Las novelas de folletn utilizaron el suspenso como el procedimiento privilegiado para mantener en vilo la atencin de los lectores entre un nmero y otro (que poda aparecer cada semana o cada quince das). El dejar abierta la narracin, con diferentes posibilidades de continuacin, reforzaba el contacto con el lector y posibilitaba una especie de juego de ajedrez entre autor y lectores, que tena por objeto lograr un grado extremo de tensin. En este contexto discursivo, es decir, el del gnero periodstico como puesta en escena de una comunidad imaginada y el del folletn como modo narrativo explcito e implcito de un relato31

fragmentario, analizar la quinta entrega del lbum de Seoritas fechada el 29 de enero de 1854. Dicho anlisis me permitir, a modo de sntesis emblemtica -y desde un ngulo-otro de lectura, que intenta posicionarse en un punto de vista oblicuo a los hasta aqu apelados- atravesar el proyecto periodstico de Juana Manso tanto temtica como problemticamente al mismo tiempo que har posible evaluar la imagen de nacin que el peridico sostuviera. De esta forma, no resulta en modo alguno ocioso reiterar aqu el hecho de que desde el punto de vista publicstico lbum de Seoritas ampla considerablemente la gama de temas de las revistas anteriores ya que habla del progreso argentino, la ciencia y el oficio de escritor/a, vistos exclusivamente desde la perspectiva de la mujer.42 Asimismo, es fcil notar que cuando Juana Manso se dirige a las mujeres de su poca a quienes con insistencia denomina compatriotas instala su propuesta a travs de la potenciacin de dos polos tambin temticos y problemticos; polos a los que les otorgara carcter de etapas para la consecucin de su proyecto. Ellos son: 1. la emancipacin moral e intelectual de las mujeres43 2. la integracin de esas mujeres as emancipadas en el proyecto de renovar el pas una vez que se hubiese logrado corregir las modalidades imperantes en la familia y en el Estado. En este sentido, la eleccin de la quinta entrega como objeto de anlisis tiene, a mi entender, varias razones operativas que deseara poner de manifiesto: a) considero que este nmero de la revista juega como una verdadera bisagra en el proyecto periodstico de la Manso en funcin de que objetivamente podemos ubicarlo en la mitad de esta empresa y leer tanto en sentido literal cuanto en el metafrico la evaluacin que realiza de la misma44 b) al mismo tiempo, dicha entrega cierra el primer mes de la publicacin y (nos) muestra los temas y tonos que la cronista haba privilegiado hasta entonces en su peridico c) por otra parte, en su nmero cinco, el lbum despliega una escena discursiva donde los tonos de la esperanza y el desencanto juegan un rol protagnico nunca repetido a lo largo de las entregas precedentes y posteriores.32

Para finalizar, retomemos aqu el diseo explicitado ms arriba del nmero cinco de lbum de Seoritas para as, a continuacin, poner en funcionamiento los modos de leer que configuran los modos de narrar una imagen de nacin en conflicto: Quinto nmero (enero 29 de 1854): *Ilustracin de la Muger. Filosofa. Psicologa - Estudio del Alma Humana *La Homeopathia. Medicina Casera *Viages del Conde de Castelnau por El Interior de Amrica. Entrada al Per, Puno, lago de Chucuito, Arequipa, Islay *Al Cruzar la Equinoccial *La familia del comendador. Novela Original por Juana P. Manso de Noronha (Nuera y Suegra) *Las Misiones *Coincidencia Singular *Al Seor G. de la Tribuna *A Nuestras Subscriptoras. Juana P. Manso de Noronha *Modas - Mximas Morales Si nos viramos en la necesidad de apelar a una calificacin generalizadora para evaluar la actitud asumida por Juana Manso en lo que a publicar el lbum de Seoritas se refiere, sta nos llevara a retomar la de ejemplariedad propuesta ms arriba.45 En este contexto, el plan general del peridico, reiterado a lo largo de sus ocho nmeros, permite dibujar algunas zonas donde ese modo ejemplar polmicamente ejemplar como lo caracterizramos de la periodista trama su recorrido de intereses; zonas stas que pueden ser clasificadas de la siguiente manera: educacin para la mujer, informacin sobre temas no-convencionales (mesas giratorias, homeopata), viajes, relatos autobiogrficos, La familia del comendador46 (novela en folletn), modas,47 crtica teatral (con especial acento en el gnero operstico) miscelnea (poemas, ancdotas, mximas). A travs de ellas, podemos recorrer los temas que la cronista consideraba de inters para las lectoras argentinas de mediados de siglo XIX; sin embargo no podemos dejar de notar que la mencionada ejemplariedad debe haber resultado, en ms33

de una ocasin, demasiado aleccionadora para aqullas. En este sentido, es fcil percibir una escena discursiva en la que Manso aparece confundiendo (o tal vez podramos decir mejor: cofundiendo) tanto los temas cuanto los tonos de su poca al pretender hacer con y del lbum un gran espacio escolar en el cual podemos verla plantarse como nica enseante. Es precisamente en este contexto que desearamos arriesgar una conclusin (parcial) a lo expuesto hasta el momento: desde su lbum de Seoritas, ella (nos) propone un diseo de nacin entendido como gran escena ulica donde la comunidad es imaginada en el grado cero tabula rasa de la historia de un estado que aspira a ser moderno. De esta forma, el gesto de fundacin se piensa a partir de una ejemplar construccin del conocimiento a travs de la cual las mujeres deban tomar un rol protagnico tras haber aprendido a asumir su lugar en la nueva escena poltica que surgiera despus de la cada de Rosas. En funcin de lo planteado anteriormente podemos, entonces, observar cmo la quinta entrega se abre con la nota PsicologaEstudios del Alma Humana en el marco de la seccin Ilustracion de la Muger donde la cronista48 intenta con innegable dificultad imponer un conocimiento a sus lectoras: los fenmenos del alma como objeto de estudio de la psicologa. Desde una laicidad altamente significativa para la poca la que, por ello mismo, debe haber resultado no menos amenazante en la pluma de una mujer Juana Manso propone considerar la existencia personal como base y legtimo punto de partida de la ciencia. Dir entonces que:

Yo pienso, luego existo: el yo, piensa, siente y obra, y quien le d la certeza de que piensa, siente y obra, es la conciencia. El testimonio de la conciencia es irrecusable. El juicio puede extraviarse, la conciencia jams, porque sentimos como sentimos y queremos como queremos, y no hay argumentos que valgan persuadirnos de lo contrario, porque contra esos hechos ntimos y arcanos que pasan en el fondo de nosotros mismos, nada se puede decir. (Ilustracin de la Muger. Filosofa. Psicologa - Estudio del Alma Humana, lbum de Seoritas, N 5, p. 33. El nfasis pertenece al texto original).34

A continuacin podremos leer un artculo sobre Medicina casera en el marco de un tema para-cientfico: La Homeopathia donde nos enfrentamos a la apuesta discursiva que realiza la periodista para llegar a descorrer los velos que el saber comn cristalizara con respecto al tema. As, declarar sin embages que el error que generalmente condena la homeopathia sin conocerla, nos induce dar nuestras lectoras una idea verdadera de lo que viene ser la homepathia. Apelando a una cita de autoridad od lo que dice Jahrr, la mejor autoridad este respecto interesa a sus lectoras a informarse sobre la Naturaleza y forma de los remedios homeopthicos con vistas a desautorizar los numerosos prejuicios que invalidaran este saber. Viajes del Conde de Castelnau por el interior de America. Entrada al Per, Puno, lago de Chucuito, Arequipa, Islay es el ttulo que encabeza la siguiente nota, la que debe ser leda en el marco de la serie de notas similares iniciadas en el primer nmero. Inserta en la trama genrica narracin de viajes49 este artculo escenifica una mirada hacia el interior de Amrica de la mano de un ignoto Conde de Castelnau50 quien ofrece, en este nmero, informacin sobre la ciudad y el departamento de Puno. Aqu tambin podemos percibir que el tono puesto en escena evoca mucho ms los acentos de un manual escolar que el de las narraciones de viajes tradicionales dado que la nota se articula en el marco de una sucesin de datos sobre cantidad de habitantes,51 tipo de poblacin y produccin (tipo de animales, produccin agrcola) sin marcas explcitas de la subjetividad del viajero.52 Probablemente, en la eleccin de esta narracin, Manso haya pretendido alejarse de la exaltacin de ese tipo de subjetividad, el que haba dado como resultado los, a menudo, caticos relatos de navegantes y aventureros y por ello haya apelado a uno cuyas marcas ponan el acento en el aleccionador lenguaje proveniente de las ciencias naturales. No quedan dudas de que detrs de la mirada cientfica del viajero est el ojo atento de la periodista-docente pendiente de su superobjetivo:53 educar a las mujeres de su patria, decidiendo sobre qu, cmo y hasta dnde deben de informarse. En este sentido Manso es explcita por lo que finalizada la nota del Conde de Castelnau podemos leer lo siguiente:35

Sigue un mapa de las minas hoy en trabajo, su extraccion de mineral, azogue, sus gastos &c. &c. Esta noticia estadstica, como es probable que no agrade mis lectoras, la suprimiremos, tomando el hilo de la historia, mas adelante, en el prximo nmero. (Viajes..., lbum de Seoritas, N 5, 29/ 1/1854, p. 34. El nfasis me pertenece). No obstante, frente a la cuarta nota nuestra operacin de lectura (aparentemente) debe dar un giro de ciento ochenta grados para as poder percibir el cambio de tono que, Al cruzar la equinoccial, actualiza. Con este objeto, evocamos aqu una de las figuras54 discursivas que acuara alguna vez David Vias55 en su trabajo sobre Lucio V. Mansilla cuando propusiera pensar la metfora del crculo protagonizado por los gentlemen escritores con un adentro encarnado por aquellos que sostenan los valores de la genteel tradition y un afuera asumido por los que quedaban fuera de los mrgenes delimitados por el crculo mencionado. A partir de dicha delimitacin, Vias jugaba con diversas combinaciones las que, a su vez, con-figuraban espacialmente grados de cercana o lejana respecto de la centralidad; ellas eran: el afuera del adentro y el adentro del afuera. Precisamente es la gestualidad de estos dos entrecruzamientos figurticos la que deseara articular en la lectura de Al cruzar la equinoccial ya que si la impronta docente puesta en escena por Juana Manso en las dos primeras notas pareca referencializar una figura de centralidad ejemplar con lmites interiores y exteriores claramente demarcados por el saber y el no-saber, la modalidad montada en esta nota atraviesa esos bordes, confundiendo y co-fundiendo, como lo planteramos ms arriba lo privado en lo pblico. Al apartarse del (pblico) tono docente para adoptar el (privado) de la confidencia, la periodista atraviesa transversalmente, con movimiento zigzagueante, los bordes de las mencionadas fronteras mientras confa algunos acontecimientos de su vida privada a las lectoras del lbum. Desde un ngulo-otro al de la ejemplariedad, la figura de la confidencia56 evoca a veces el secreto, siempre lo privado dado que podra ser pensada como esa escena de lenguaje que,36

al poner en juego la intimidad, permite a la palabra transitar a media voz. Es precisamente esa tonalidad la que Manso articula en esta nota: la de una media voz a partir de la cual proceder a relatar(nos) las sensaciones que tuviera una noche de Diciembre de 1848 cuando junto a su marido e hijas regresaba al Brasil, por barco, y la disminucion progresiva de la latitud, [les] anunciaba que de un momento al otro [deban] cortar la lnea misteriosa que divide en dos los hemisferios del globo terrqueo. El tpico narrado ser una buena excusa para vehiculizar el tono elegido en funcin de que una ancdota menor nos permite descubrir, tambin, a una Manso-otra, protagonista de una escenografa de sentimientos privados: A bordo era un silencio profundo, ni mas que el ruido de la quilla cortando las aguas, ni mas que la brisa pasando por entre las cuerdas y amarras, que producia como el sonido de una arpa rolia, y la risa inocente de mis chiquitas, agenas todavia las diferentes escenas del drama de la vida.... despues, hasta esa inocente charla ces, ellas durmieron, y el silencio rein mas profundo. El capitan se habia ido la proa, alli con el anteojo de noche recorria siempre el horizonte. El otro capitan africano pasagero estaba un lado de la borda, en el tope del mastelero de descubierta un bravo marinero. Nosotros al pi de la puerta de la cmara, conversando en voz baja, palabras de un idioma que no es de este mundo, porque la augusta magestad del espactculo que teniamos la vista; aquel Oceano sin lmites, aquella luna tan luminosa, aquellos millares de astros que fulguraban, sobre nuestras cabezas, ese reposo y placides de una naturaleza que en solo un minuto podia trocar su faz y sumergirnos para siempre, ese espectculo pues, d una gravedad religiosa a los pensamientos, y un colorido singular las conversaciones, cuando esa proviene de dos corazones poetas, que saben sentir esas bellezas de la naturaleza, que no son para delinearse con los dbiles, incorrectos trazos de la pluma. (Al cruzar la equinoccial en lbum de Seoritas, N 5, 29/1/1854, p. 35. El nfasis me pertenece.)37

As, una lgica (femenina) del afecto aparece configurando una escena de rasgos romnticos, guios, complicidades, es decir, sutilezas. En este marco, memoria y recuerdo se posicionan en un espacio privilegiado, teatralizado, donde naturaleza y cultura se confunden en un murmullo, en un susurro. Vemos, entonces, que la privacidad de esta media voz pareciera como si operara entre paredes, mientras lo ntimo se muestra potenciando la confianza57 que toda confidencia estatuye en el otro, que en este caso es una confianza que Juana Manso deposita en sus eventuales lectoras. Tras este hiato confidente a travs del cual pareciera que la cronista hubiese querido dejar por unos instantes la sonora palabra militante para perder su mirada en el recuerdo y construirla, desde la memoria, en una media voz, la quinta entrega del lbum de Seoritas enhebra el captulo (tambin quinto) Nuera y Suegra perteneciente a la novela original (en folletn) La familia del comendador58 escrita por Juana P. Manso de Noronha. En su estudio de esta novela ya publicada en forma de libro, Lea Fletcher afirma que el tema principal es la injusticia del racismo y la esclavitud, tema que ella instala con el siguiente interrogante: Por qu crea e insista Manso en que las argentinas, primero en las pginas del lbum de Seoritas y despus en forma de libro, deberan leer La familia? La cultura dominante de la Argentina agrega Fletcher siempre se vanaglori de ser un pas blanco y la historia nos ensea que se hizo todo lo posible para que as fuera.59 Consideramos que dicho cuestionamiento puede ser fcilmente extendido a todo el peridico en la medida en que se muestra como el proyecto de una comunidad imaginada en discordancia mientras seala una imagen de nacin en conflicto. Si bien la lectura de un captulo en particular nunca puede dar idea de la temtica narrada en un texto, nuestra pretensin, aqu, no reside en llevar adelante el anlisis de la historia60 sino, por el contrario, detectar el eje problemtico de la narracin a partir de un golpe de sincrona61 que hemos operado en la lectura de la quinta entrega del lbum de Seoritas. Al atravesarla no podemos sino ratificar el38

fuerte sentimiento anti-esclavista puesto juego en el relato, lo que nos permite percibir que Juana Manso y su novela estaban indiscutiblemente a la vanguardia de los nuevos aires y los nuevos lderes que tenan en sus manos la reconstruccin nacional. Detengmonos tan slo en un fragmento de este quinto captulo para escuchar una mirada valga el oxmoron a todas luces acerbamente crtica que seala sin concesiones y a travs de la metfora narrativa que escenifica toda novela las crueldades de un sistema de relaciones perverso basado en el sometimiento del otro. Doa Maria das Neves nunca dormia en su cama; vivia el da y la noche reclinada en un inmenso sillon de ruedas, y cuatro esclavas en derredor suyo, no tenian otra ocupacion que la de velar de continuo las necesidades y comodidad de su seora. Ya movindola del sillon, ya rodando este con esfuerzo donde aquella ordenaba, ya lavndola, peinndola, hacindole aire, dndola de beber. En premio de tan mprobo trabajo, cuando doa Maria estaba en sus dias de mal humor, las araaba, las maltrataba y les decia mil improperios. La comida fu suntuosa, y servida con aquel requinte de delicadeza y buen gusto de una mesa brasilera de buen tono, en que los manjares son siempre escogidos, y en que una multitud de esclavos atentos y vigilantes procuran adivinar el pensamiento de los blancos!.... Mseros! menos felices que los perros, ni aun asi suelen recibir un elogio una mirada benvola! (La familia del comendador: Nuera y Suegra. lbum de Seoritas, N 5, 29/1/1854 p. 36. El nfasis me pertenece). El fragmento privilegiado ms arriba dibuja emblemticamente el diseo de una nacin autoritaria y por ende, injusta en la cual los sometidos quedaban reducidos a un estado de naturaleza, presocial. Gesto aleccionador el de Manso! Aleccionador, adems, porque no se detiene tan slo en este sealamiento -el que podra haber sido considerado hasta previsible para el imaginario de la39

poca- sino que se atreve y osadamente da un paso ms adelante cuando, algunos prrafos despus, decide homologar implcitamente el estado de esclavitud a la situacin de precaria subsidiariedad que deban soportar las mujeres en una sociedad patriarcal: Creo, continu doa Maria, que vosotros harais bien en casar Gabriela con Juan. Es el modo mas simple de reunir bajo un mismo nombre toda nuestra fortuna. Gabriel puede ser el tutor de su yerno, la muchacha, tal vez repugne, pero eso no viene al caso; en mi tiempo no se consultaban caprichos de muecas, yo me cas sin querer mi marido, lo conoc el dia que fuimos la Iglesia; despues demas de dos aos es que me resolv levantar los ojos para mirarlo, pues no lo hall ni feo ni bonito, antes le tenia rabia que no amor. Ni creo que el amor sea necesario para casarse, qu amor ni qu sonsera! (La familia del comendador: Nuera y Suegra, lbum de Seoritas, N 5, 29/1/1854 p. 37. El nfasis me pertenece). Como lo planteramos ms arriba, toda sociedad organizada bajo presupuestos patriarcales se consolida a partir de una figura paterna, la que al mantener y conservar el poder absoluto sobre los miembros de la casa, actualiza una modalidad que puede ser fcilmente homologada a algunos sistemas de esclavitud. Esto es precisamente lo que dice Juana Manso en su peridico: lo dice a travs de las modulaciones de un relato de ficcin y en tono novelado como modo de narrar. En este contexto, una forma cultural como la novela es considerada de suma importancia en la formacin de los imaginarios simblicos de los modos sociales a travs de los cuales -y finalmente- se inscriben (y se escriben) las naciones. No digo que slo la novela sea importante sino que la considero como el objeto esttico cuya conexin con esas sociedades (naciones) en formacin es particularmente interesante de estudiar desde su emergencia como prctica simblica. Esta afirmacin parte, obviamente, de considerar a la (forma)novela en sentido extendido, es decir, como esa forma cultural que funda actitudes, referencias y experiencias en el imaginario de una poca al mismo tiempo que realiza el gesto de decirlo. Desde su(s) trama(s)40

narrativa(s) organiza el espacio de la historia modalizndola como ficcin, bloqueando otras narraciones emergentes o en formacin. Gran parte de la crtica reciente se ha concentrado en la ficcin narrativa, no obstante muy poca atencin se le ha otorgado a la posicin que esta ficcin narrativa tiene en la constitucin de la historia y en el mundo de la nacin. Lo narrativo es crucial dado que los relatos estn en el centro (digamos mejor, en el corazn) de lo que viajeros y novelistas dicen (es decir, miran) acerca de los espacios que narrativizan. Como un crtico ha sugerido, las naciones en s misma son narraciones y como decamos hace un momento, el poder de narrar, o de bloquear otras narrativas en formacin o en emergencia, es muy importante para la relacin entre cultura/nacin dado que constituye una de las principales conexiones entre ambas. En este sentido cultura es una suerte de teatro donde varias causas polticas e ideolgicas se comprometen entre s. Lejos de ser un plcido dominio de una amable convivencia, la cultura puede ser hasta un campo de batalla donde las causas se exponen a s mismas a la luz del da mientras compiten unas con otras. Sabedora de estar encabezando un espacio combativo en ese campo de batalla, Juana Manso de Noronha seala con el dedo los lugares que han sido invadidos por el silencio y los descubre sin compasin. Al homologar la esclavitud con la situacin real de la mujer en una sociedad patriarcal debe haberse enfrentado con el desagrado explcito de sus lectoras. No contenta, sin embargo, con la homologacin ficcionalizada decide rematar tanto en sentido literal cuanto en el metafrico su planteo, por lo que suspende el relato hasta la prxima entrega con el siguiente planteo: Despues, la abuela se dirigi Gabriela, hacindole mil elogios, enumerando un largo catlogo de lo que le tocaba en suerte, sobre alhajas, esclavos &a. &a. y el prrafo final fu el anuncio de su casamiento con su tio D. Juan el loco! A ese anuncio fatal Gabriela se puso en pi, abri los ojos espantada, se puso plida como la muerte, y despues de un momento de silencio en que su cuerpo temblaba, como el vstago de una tierna planta sacudido por el huracan, dijo con voz firme:41

-Antes ser monja que casarme con mi tio. Muchas reflecciones se le hicieron, y muy brillantes fueron las promesas. Gabriela oy todo en silencio. Como todos los caracteres resueltos, usaba pocas palabras. Creia que habia contestado y reuna sus fuerzas para la lucha. (La familia del comendador: Nuera y Suegra, lbum de Seoritas, N 5, 29/1/ 1854, p. 38. El nfasis me pertenece).Nuevamente, el silencio, aparece con toda su sonoridad. Si en el caso de Anarda, la nica colaboradora del lbum, nos enfrentbamos a la dupla enfermedad y silencio como nica alternativa a la respuesta que generara su palabra escrita, en este captulo de La familia... aparece otra posibilidad sonora para el silencio: la del claustro, es decir, la del encierro como nica salida para un caracter resuelto que utiliza pocas palabras y rene sus fuerzas para la lucha. En este contexto, la denuncia ficcional de la narradora nos conduce a confirmar que el silencio a menudo, se sostiene como nica respuesta cuando ese otro se ve sumida en un modelo de legitimaciones que no le pertenecen.62 Sin embargo, se puede elegir no hacer silencio, es decir, no (a)callar resignadamente la propia voz, sabiendo eso s que dicha eleccin implica salirse de madre o tal vez, para ser ms justos, deberamos decir salirse de los bordes fronterizos que el paternalismo que ejerce el control simblico en una sociedad traza como mrgenes insalvables para todo aquel(la) que quiera ser reconocido/a dentro del grupo63 protector. Con Juana Manso es fcil observar cmo ella decide atravesar esos bordes ruidosamente; ruido que va in crescendo a medida que saltamos de un artculo a otro, es decir, de un tema a otro; ruido que hasta, en alguno casos, se vuelve ensordecedor y nos renueva el recuerdo de aquel (casi) ruego que le dirigiera Sarmiento: Baje U., pues la voz en sus discursos y en sus escritos.... Pretensin intil en lo que a esa mujer se refiere... En Las Misiones, nota que sigue a continuacin, somos espectadores de un salto a un metafrico vaco en la pluma de alguien que pretende decir lo que no se debe y tanto peor si ese42

alguien, adems, viste polleras y escribe. El tpico tratado en este artculo asume el tono de la denuncia a travs de la cual se puede inferir que el proyecto poltico que, en ese ao 1854, impulsaba la construccin de una nueva nacin adoleca de parecidas injusticias de las que tan acerbamente se le haban criticado a Rosas. Recordemos, por ejemplo, una de las tantas acusaciones dirigidas al Restaurador de las Leyes, esta vez en la pluma de Esteban Echeverra, cuando en la polmica que sostuviera con Pedro de Angelis a propsito de los ataques de ste al Dogma Socialista, credo y programa de la Generacin del 37 el escritor replicaba: Estais oprimiendo, profanando, barbarizando vuestra tierra, la estais convirtiendo en una toldera donde no se reconoce ms ley que la fuerza, ms razn que el instinto o el capricho bruto, ms pena que la confiscacin o el degello.64 En un tono similar, pero esta vez ya no dirigido al gobierno de Rosas sino a los representantes del proyecto civilizador, Juana Manso muestra su preocupacin frente a una inminente campaa contra los indios: va correr la sangre de nuevo nos dice, mientras articula un cuestionamiento poltico Ser que no haya otros medios de persuasin para esos desventurados, sino el sable y el plomo? El interrogante abre mucho ms que el espacio de una pregunta retrica ya que el estado de beligerancia permanente en que se haba visto inmersa la regin del Ro de la Plata en los pasados treinta aos haba sido lo suficientemente doloroso como para ser olvidado. Sin embargo, Manso realiza una nueva torsin en su apelacin hasta llevarla al corazn de la denuncia y, es entonces cuando ya no quedan dudas sobre el hecho de que la periodista ha cruzado ciertos mrgenes con respecto a lo que estaba permitido/no permitido decir a una mujer en su poca. Al trasponer con enorme valenta esos umbrales, hace que su palabra se muestre investida de una voz que lleva sobre s todas las marcas de la marginacin que sufrir en poco tiempo. Asaltando el espacio pblico, la cronista toca con su pluma zonas discursivas que han permanecido insistentemente tonas a lo largo de la historia patria y dice:43

S, creemos [...] que esta expedicion armada debe ser la ltima que parte contra los indios. El fanatismo ha muerto, no es posible resucitarlo; el espritu verdadero del cristianismo resplandece sobre todas las quimeras, ambiciones y combinaciones humanas, el impulso est dado y no es posible retroceder. Padres de la Iglesia que llevais el nombre de cristianos, cumplid el precepto del Evangelio Id y predicad diciendo que se acerc el reino de los cielos. ......................................................................................................................... No poseais oro ni plata, ni dinero en vuestras fajas. No alforja para el camino, ni dos tnicas, ni calzado, ni baston; porque digno es el trabajador de su alimento. Evangelio segun San Mateo S, reunios que no os faltar proteccion y partid para la pampa. En vuestro trnsito encontrareis cristianos que solo llevan este nombre, cuya alma est seca y descreida, de cuyos ojos no acostumbra correr ni una sola lgrima de piedad, esos tambien es necesario acudir. Con todo, ved que no os pido que vyais fanatizarlos, no lanzar anatemas, y pavorizarlos con el infierno. Habladles de caridad, de f de esperanza, de la misericordia divina; ceid vuestras palabras al espritu puro y luminoso de la doctrina del divino maestro. De todos los materialismo, el de la religion es el mas funesto... (Las Misiones, lbum de Seoritas, N 5, 29/1/1854, p. 38. El nfasis pertenece al texto original) Llegados a este punto no podemos dejar de reconocer que, en su osada empresa, el lbum de Seoritas era una apuesta intelectual demasiado lcida 65 para un 1854 conflictivo y en construccin. Asimismo, es fcil percibir el profundo desagrado que planteos como los anteriormente expuestos deben haber provocado en los integrantes de la gran aldea portea pos-Caseros dado que todos conocan el hecho de que cosas como esas no podan decirse, menos escribirse y menos an aparecer ante los ojos de un pblico lector femenino quien no deba ser turbado ni por la duda44

ni por el cuestionamiento sobre las decisiones poltico-institucionales que los lderes de la construccin nacional (padres, esposos, hijos, hermanos) estaban llevando a cabo. Ms an, en el espacio del hogar se impona la calma para esos hombres a la hora de tomar las decisiones y esa calma slo se proveera si los lugares pblicos y privados -por ellos sancionados- sostenan las valoraciones que se les asignaban (bueno/malo; permitido/prohibido). Qu hacer, entonces, frente a la posibilidad de que madres, esposas, hijas o hermanas pudiesen llegar a ser con-movidas por reflexiones del tipo de la que a continuacin transcribimos? La experiencia nos ha demostrado que el indio tiene inteligencia, y cuando civilizado, hemos visto desenvolverse en ellos mil sentimientos nobles y generosos, mil tendencias que muestras que su corazon solo est pervertido por la ignorancia: tendamos, pues, la mano esos desgraciados para sacarlos de la densa noche que los envuelve. Esta patria es de ellos como nuestra. La conquista los esclaviz, los arroj de sus lares los despedaz, y nosotros despues de la independencia no hemos hecho mas que continuar la obra que comenz la conquista. Para atraerlos nuestra amistad no hemos tenido otros arbitrios que, subyugarlos con el hierro mortfero, halagarles su vanidad con zarandajas, orgen de discordia entre ellos, licores perniciosos con que hemos acabado de viciarlos. Buenos Aires empieza una era nueva; es necesario que todo elemento de progreso entre en el cuadro de su nueva marcha. (Las Misiones, lbum de Seoritas. N 5, 29/1/1854, p. 39. El nfasis me pertenece). Qu hacer frente a la insolencia de esa mujer que se atreva a sealar, criticar y hasta invalidar espacios pblicos tradicionalmente sacralizados tales como el proyecto poltico para un Estado en construccin, la Iglesia catlica, el lugar subsidiario y servil de la mujer en la sociedad? Qu hacer, adems, con una mujer que era fea, pobre, abandonada por su marido y protestante? La historia como relato nos ha mostrado que la respuesta a45

parecidos interrogantes ha sido siempre coherentemente homognea: la reaccin que provoca el diferente, en una sociedad, asume las modalidades del descrdito, la indiferencia cuando no actitudes mucho ms violentas que tienen como objetivo y finalidad el (a)callar toda voz que pretenda desacomodar un orden66 establecido. En el caso Juana Manso, la respuesta de la sociedad portea no slo fue el descrdito67 (el que si bien apela a la devaluacin de la palabra ajena por lo menos permite ciertas instancias de defensa (parcial) por parte del desacreditado) tambin y con mucha ms fuerza fue el rencoroso y displicente mutismo que vaca al otro de toda posibilidad sonora mientras lo ubica en el doloroso registro de la inutilidad de su palabra. Y digo mutismo y no silencio, precisamente, porque considero que existen diferencias entre ambas categoras; el mutismo tendra mucho ms que ver con una decisin personal mientras que el silencio implica que la presin la ejerce el otro,68 siempre desde un lugar de poder institucional. Silenciar a Juana Manso fue una tarea imposible a lo largo de su altisonante y luchadora existencia, sin embargo s fue posible responderle con extrema violencia y que cada una de esas respuestas significaran ejercer sobre ella diversas modalidades de silenciamiento,69 todas ellas verdaderamente feroces. La falta de suscriptoras, en lo referente al lbum de Seoritas, sera el modo adoptado en esta ocasin; falta que no slo implicaba (de)mostrarle a la Redactora la inutilidad de su palabra inteligente sino que, al mismo tiempo, ubicaba a la mujer en la precariedad y desamparo econmicos al condenarla a un trabajo sin retribucin. La quinta entrega del peridico contina, tras Las Misiones, con el relato de una pequea ancdota70 para seguir con otra nota que es una dura respuesta Al Seor G. de la Tribuna donde la periodista defiende su mirada crtica con respecto a lo que deba considerarse un artista; se defiende y se desborda como si la presin ejercida sobre ella por las palabras del Seor G. hubiesen abierto una compuerta verborrgica difcil de contener. Manso se enoja, polemiza, grita, alza la voz, tal vez, porque sabe que escasamente ser escuchada mientras se atreve a enrostrale al crtico de la Tribuna que:46

He defendido el nombre de artista contra el ridculo que se quera lanzar sobre l, porque era un deber mo no solo como muger de un artista, sino porque es odioso dejar profanar aquello que merece respeto. Si yo fuese estpida creeria que mi marido es el nico artista que existe. Felizmente no lo soy y tengo nociones mas claras que el Sr. G. de lo que es arte para cometer error tan craso. He llamado Robbio de charlatan, porque lo es, y como l, hay centenares de tocadores, quienes no es permitido equivocarlos con un Sivori, con un Viemtemps &a. &a., ni con otros que se respeten s mismos, lo bastante para no prostituir el arte al oficio de pallazos. Sino fu modesta en callarme, y curvar mi frente ante los fallos augustos de la clasificacion artstica del Sr. G. lo siento mucho, y doy los parabienes al Sr. G. si l sabe ser tan inteligente como modesto. Sus obras lo dicen mejor que podra hacerlo yo. (Al Seor G. de la Tribuna , lbum de Seoritas, N 5, 29/1/1854, pp. 39-40. El nfasis pertenece al texto original) Tal vez y precisamente por todo lo anteriormente expuesto es que A Nuestras Subscriptoras se vuelva la marca privilegiada para evaluar el proyecto periodstico del lbum de Seoritas y su frustracin. Con una mirada responsable y profesional que habla, tambin, del lugar de soledad que toda decisin implica, J. P. M. de Noronha como firma la nota, hace el balance parcial de su empresa (podramos decir, tanto en sentido literal cuanto en el metafrico): Hemos llegado al 5 y ltimo nmero del Album en este primer mes de su existencia. Ningun sacrificio he ahorrado para darle vida y consistencia. Toda mi ambicion era fundar un periodico dedicado enteramente las seoras, y cuya unica mision fuese ilustrar; lo habia conseguido asi en el Rio Janeiro donde El Jornal das Senhoras est en el tercer ao de su publicacin. Las simpatias que merec en aquella corte, los testimonios todos de deferencia y de apoyo, con que me favorecieron, me indugeron 47

esperar otro tanto en mi pais... Infelizmente mis esperanzas fueron flores pasageras, que el viento del desengao deshoj al querer abrir... (A Nuestras Subscriptoras, lbum de Seoritas, N 5, 29/1/1854, p. 40). Este balance hubiera ocupado varias columnas de un libro domstico de gastos diarios cuyos debe y haber descubran los costos reales y simblicos de una empresa que se resista a adocenadarse pero que, al mismo tiempo, se resenta en su falta de apoyo. Juana Manso apela al corazn de sus queridas subscriptoras instalando la palabra de una mujer que habla a otras: antes que escritora yo soy madre de familia, es este un cargo que trae inmensa responsabilidad, y que me impone deberes muy srios! [...] Mi ambicin no es la plata, [dir] No tengo fortuna pero tampoco abrigo deseos dispendiosos. Tengo f en la Providencia y cuando me inquieto no es personalmente por m, y s por aquellos quienes soy necesaria. El debe y el haber como propusiramos ms arriba arman dos escenarios para la evaluacin de un mismo proyecto. Por una parte, la trayectoria de Manso en Brasil, el xito de su O Jornal das Senhoras, el claro objetivo intelectual (y tambin poltico) del lbum son los antecedentes pblicos de una mujer comprometida no slo con su poca sino con el espacio geo-poltico en que le haba tocado nacer y al cual haba elegido retornar. Pero, al mismo tiempo, la Manso es una mujer que lleva sobre sus hombros el mandato cultural de la responsabilidad materna, tarea privada e inalienable. Lo insoportable en ella ser, entonces, el hecho de que intente ocupar ambos espacios sin tener ninguno de los respaldos tradicionales a sus espaldas: dinero, familia, nombre o marido. Era insoportable tanto para los hombres como para las mujeres del Buenos Aires posrosista porque sus pretensiones la mostraban carente y solvente, a la vez. Carente, solvente e insolente dado que no tena reparos en exponer tanto sus crditos como sus rditos sin maquillaje alguno: Con todo, si puedo conformarme con no ganar, y si nunca he considerado la fundacion de este peridico como un medio de48

especulacion, tampoco ha podido nunca entrar en mis clculos de presupuesto mensual y de economa domstica, gastar una fuerte suma por mes en imprimir papel cuyo destino mas prximo ser ir para alguna taberna envolver azcar y arroz. Cont siempre con obtener la proteccion de la clase ilustrada y del crculo abastado de Buenos Aires.... Nada he conseguido! Con todo, har el sacrifico un mes mas, y si en este tiempo no se reuniese una subscripcion suficiente cubrir los gastos de la publicacion, no tendr otro remedio que despedirme de mis lectoras, agradecindoles su proteccion y deseando que otra mas feliz que yo sea mejor sucedida. J. P. M. de Noronha (A Nuestras Subscriptoras, lbum de Seoritas, N 5, p. 40. El nfasis me pertenece)Dos breves notas cierran esta quinta entrega; la referida al tema de Modas que informa sobre la enfermedad de la colaboradora de Barracas 71 y otra denominada Mximas Morales que despliega una serie de enunciados ejemplares, todos ellos sentenciando acerca de la adversidad y la desposesin. 72 Sin embargo este nmero del peridico no termina aqu sino que tras las notas arriba mencionadas aparecen dos avisos altamente significativos en la medida en que ambos completan y cierran el balance realizado por la Redactora-mujer. Este cierre, tomado como dato al margen que apunta directamente a la centralidad del problema tiene la claridad de informarnos acerca de la ubicacin (tanto pblica cuanto privada) que la fallida empresa de publicacin del peridico le haba destinado a Juana Manso a fines de ese enero de 1854. Dos avisos, entonces, que se sostienen en los diversos presupuestos y sobreentendidos que hemos intentado explicitar a lo largo de nuestro anlisis. As, ellos anuncian que:

Graves ocupaciones, nos impiden