Amaranto, el nutre espíritus

Embed Size (px)

DESCRIPTION

Política y cultura

Text of Amaranto, el nutre espíritus

  • Tiempos de cambio y, durante la transicin, el te-mor a buscar nuevos caminos, a proponer, a encon-trar. Muy al contrario de lo que suele pensarse en momentos en los que parece que la oscuridad es ms

    intensa, a grado tal de transformarse lentamen-te en una infranqueable e invencible tiniebla, la propuesta y la bsqueda de nuevas formas de difun-dir el trabajo de artistas esos seres cuya labor

    se enfoca en la bsqueda de la sensibilizacin humana a travs de su arte- se nos presenta como

    una alternativa para contribuir en ese cambio.

    Despus de tres revistas: Enguardia, Vuelo de Voces y Lefod, hoy presentamos nuestro Amaranto, un peridico que se editar de manera mensual. En Amaranto reuniremos la opinin de ensayistas y pe-riodistas, la creacin de narradores y poetas; la propuesta de artistas visuales y los comentarios

    de reseistas y crticos literarios.

    No nos olvidaremos de la traduccin literaria y habr espacio para las artes visuales, la drama-turgia, el turismo e, incluso, la nutricin por-

    que, si de algo debemos estar orgullosos como mexicanos es, precisamente, de que el Amaranto es una de las herencias de nuestro pasado indgena.

    A travs de Amaranto buscamos el intercambio de opiniones con creadores de otras latitudes; ali-mentar el debate y la reflexin en torno a temas

    poltico-sociales y la retroalimentacin con cada uno de nuestros lectores. Sin lugar a dudas, son

    estos momentos en los que debemos fomentar el dilogo encaminado a la solucin de problemticas concretas; son tiempos de crtica, s, pero tam-

    bin urgen las propuestas que nos fortalezcan como sociedad, como ciudadanos, como individuos.

    Sea nuestro Amaranto el grano que gustosos cose-chemos en cada una de los nmeros que estn por

    venir.

    Sonia Silva-Rosas

    un alimento para tiempos de cambio

    divulgacin cultural / coleccionable octubre / No 1, ao 1

  • Ms que un artista, Jaik se considera a si mismo como un simple Comunicador Visual. Con la serie de fotografas Juegos de agua se propone un ejercicio visual. Para l la mirada comn observa el conjunto, el todo. El paisaje se le presenta como una suma de elementos y de luz que juntoscomunican, pero lo mirado, aunque bello cae en la imagen comn, en la foto de turista. Se propone pues la mirada parcial. Intenta captar en los detalles la esencia del todo. Se puede ver la belleza de un lago en unos centmetros cuadrados?, La fuerza del mar en un solo fragmento de ola? , Una selva abrumadora en un espejo de agua? Si el observador es capaz de adivinar la esencia de estos fragmentos de paisaje entonces se sumerge en el juego y se hace uno con el paisaje, con el todo.

    En este Amaranto te presentamos parte de esta serie.

    Direccin GeneralSonia Silva-Rosas / Jaime Garza G.

    SubdireccinGuillermo Martnez Estrada

    Jefe de RedaccinRene Acosta / Carlos Mackenzie

    DiseoJaime Garza G.

    Eventos Especiales y EnlaceGabriel Escrcega

    Distribucin y Relaciones Pblicasmago. Logstica y Comunicacin

    Consejo EditorialSergio Palacios Trejo, Federico Corral Vallejo,

    Natividad Terrazas Guevara, Will Rodrguez, Jorge Guerrero de la Torre, David Muoz.

    Amaranto es una publicacin mensual editada por mago. Logstica y Comunicacin. Los artculos firmados son

    responsabilidad de su autor. Impreso en Compaa Editorial de Mxico S.A de C.V. Ave. 16 de septiembre No. 116. Col. Agrcola Lzaro Crdenas. Metepec. Estado de Mxico.

    Telfono: (55) 65 45 91 49. TODOS LOS DERECHOS EN TRMITE. 2

    El canon de los clsicosCarlos Mackenzie

    3

    4

    Conversacin con Leopoldo Brizuela / Gerardo Crdenas

    Una misma nochede los vnculos entre literatura y memoria.

    5

    Cien pesos de Sol Pieza teatral / Toms Urtusstegui

    7

    Medir la violencia

    Por Mauricio Meschoulam

    9

    El muro10

    rea 8cientos

    11por la maga oscura

    El Distrito Federal merece ser una ciudad

    autnomaSergio Palacios Trejo

    Ser al fin una palabraFederico Corral Vallejo

    12

  • Podra ser extenssimo in-tentar hablar del canon universal de la literatura clsica, an ms extenso y en gran medida compli-cado. Quiero hablar, en concreto, de canon del teatro barroco espaol, y escasamente, del novohis-pano. No se trata slo de un capricho propio (pues al fin, amable lector, el que escribe estas lneas sufre de desvelos a cau-sa de la literatura dra-mtica), sino de hablar de un fenmeno peculiar a la vez que interesante en su fondo. A muchos de nosotros, durante la educacin secundaria y nivel medio superior, nos hacen leer clsicos caste-llano como El poema del Mio Cid, poemas de sor Juana, de Lope de Vega, de Francisco de Quevedo; en el mbito teatral ge-neralmente leemos Fuen-teovejuna, El castigo sin venganza, o de Caldern de la Barca La vida es sueo y El alcalde de Za-lamea, con algo de suerte, El burlador de Sevilla de Tirso. Es realmente redu-cido el corpus de obras que nos han enseado, y dudo que eso haya cam-biado hoy da.

    Esto es slo el ini-cio del planteamiento. En las libreras, las ca-sas editoriales (salvo ca-sos muy particulares), la situacin no es muy distinta; en la seccin de teatro, he encontrado hasta diez ejemplares de distintas editoriales de La vida es sueo, de El alcalde, quiz uno o dos ejemplares de otras obras selectas. Unas cinco o seis obras distintas de Calde-rn, frente a un corpus de ms o menos ciento veinte obras. Si lleva-mos la idea al plano de los autores, el fenmeno es el mismo; conocemos a Lope de Vega, Caldern de la Barca, Tirso de Mo-lina, Juan Ruiz de Alar-

    cn, Francisco de Rojas Zorrilla, Agustn Moreto, Luis Vlez de Guevara, Miguel de Cervantes y Antonio Mira de Amez-cua; pero, y Felipe God-nez, Gerardo Lobo Lasso de la Vega, Juan Vlez de Guevara, Juan Prez de Montalbn, Diego Hurta-do de Mendoza, Francisco Bances Candamo, Guilln de Castro y un largo et-ctera? Sin contar, claro, a los grandes entremesis-tas y los pocos autores que pusieron su nombre a las comedias burlescas del Siglo de Oro.

    Qu sacamos de esta aparente intil enu-meracin? Lo que cono-cemos de los clsicos es realmente irrisorio, pero, por qu? A esta pregun-ta, hay varias respuestas interconectadas entre s. Los especialistas, los inves-tigadores dedicados a res-catar y hacer accesible el teatro espaol y novohis-pano de los Siglos de Oro, rescatan esos pocos tex-tos para su publicacin o su estudio; pocos de los interesados rescatan ese material para acceso ge-neral. Por otro lado, hay poco inters por dirigirse a un pblico amplio, ms bien tanto estudios como obras para especialistas (sobre todo los proyectos publicados por Reichen-berger). Pocas editoriales, hay que agregar, salvo las especializadas en tex-tos crticos y colecciones de literatura clsica, es-tn interesadas en publi-car textos que quiz no sea consumible, ya sea en ediciones crticas, o mera-mente de fijacin textual para su distribucin ge-neral. El punto raz, por lo menos en trminos de lectura, recepcin y con-sumo, es la educacin y la cultura de la lectura, y ms especfico an, de la lectura de los clsicos. No nos dan herramien-tas para acercarnos a los

    libros, ni nos ensean a leer bien, a comprender lo que nuestros ojos cap-tan, haciendo la lectura aburrida y alejando a la gente de los libros; el problema es an mayor al enfrentarse con una literatura cuyo lengua-je presenta ms comple-jidad porque utiliza un lenguaje arcaico difcil de comprender porque a veces las palabras tienen un significado distinto al actual, en otras ocasiones, hacen referencia a cosas o circunstancias que ya nos son ajenas.

    Son algunos retos, quiz no sean todos los problemas que acaecen los textos clsicos espao-les y novohispanos, y qui-z no explique del todo el fenmeno de contar con uno escassimo corpus li-terario en general, y tea-tral y potico en particu-lar.

    Hoy da, el inter-net es una herramienta que nos ayuda solven-tar el problema, diversas instituciones y bibliote-cas, como la Biblioteca Nacional de Espaa, el Fondo de la Universidad de Burgos, y otras ms, han digitalizado un cor-pus bastante amplio de obras en general del Si-glo de Oro que es posible descargar en pdf; asimis-mo, grupos de investiga-cin han puesto a dispo-sicin del internauta, en el mismo formato, la fija-cin de textos y algunos estudios sobre el teatro, la lrica y la prosa de los Siglos de Oro, entre ellos, es considerable el trabajo del GRISO (quiz el gru-po de investigacin ms importante), el grupo valenciano de Parnaseo o el Grupo de Investiga-cin Calderoniana. Ante esta nueva realidad en la que ya es posible acceder a un corpus mucho ma-yor que el ofrecido por

    las editoriales, queda pre-guntarse, cmo acercar al pblico lector a estas obras? Y an ms impor-tante, cmo acercar a la gente a la literatura? Increiblemente, la poesa, y ni se diga el teatro (de todas las pocas) es poco ledo.

    Otro aspecto igual de importante, es acabar con la visin reacciona-ria y de conservaduris-mo a los autores clsicos, y comenzar a compren-der su obra como produc-to cultural de una poca ajena a la nuestra.

    Queda mucho por hacer y por compren-der, hace falta franquear las barreras ideolgicas, las limitantes que puede la misma gente pondra para acercarse a los li-bros; pero sobre todo, hay que comprender los fe-nmenos que hacen que esas barreras se constru-yan. Si logramos com-

    prender estas limitantes, ser ms fcil contrarres-tarlas, pero, hace falta primero, arreglar nues-tros hbitos, nuestras lec-turas, adecuar el canon de lo que se ensea; quiz haya personas que, como yo, no considera la obra cumbre de Caldern de la Barca La vida es sue-o, y, como yo, considere an ms acabada y per-fecta Amar despus de la muerte, una obra poco conocida y recientemen-te editada, la tercera edi-cin que se hace de ella. Hay que repensar, pues, el canon al que estamos sujetos conforme a crite-rios nuevos